Traducir

sábado, 5 de abril de 2014

BREVE RESUMEN DE LOS ESCANDALOS DE “FRANCISCUS” BERGOGLIO

           
         

BREVE RESUMEN  DE LOS ESCANDALOS DE “FRANCISCUS” BERGOGLIO (Extractos de Syllabus)

"En estas terribles circunstancias ¿cuál es el deber de los católicos de los últimos tiempos? ¡Debemos mantenernos en la fé, apartarnos del pecado y cumplir nuestras obligaciones como soldados de Cristo denunciando y desenmascarando al enemigo que socava a la única y verdadera religión y amenaza con la destrucción de la cristiandad!

   1.- Bergoglio, siendo Cardenal, participó el día 14 de diciembre, en la fiesta judía de Hannuka, y se prestó a encender los siete cirios de este ritual.




   2.- Se presume que la renuncia de Benedicto XVI fue forzada. Luego, significa que no fue válida. La sede papal nunca quedó vacante; por tanto, la elección de   “Franciscus” por el Cónclave es nula.


   3.- “Franciscus” está negando los milagros de Nuestro Señor Jesucristo. Afirma,  que  "los panes no se acabaron”, que no tal milagro no existió.


   4.- “Franciscus” declaró que el trabajo de Pontífice “es insalubre”. Sin embargo, no sintió ninguna repugnancia en inclinarse ante la reina Rania de Jordania, quien es de religión musulmana.




   5.- En Brasil, “Franciscus”, hizo públicamente el saludo masón.

  6.- “Franciscus” reiteradamente se proclama socialista y liberal. Dijo que en esta época, “quien no es revolucionario, no es cristiano”.

   7.- “Franciscus” emite comentarios heréticos sobre los homosexuales, divorciados que se vuelven a casar, y sobre los suicidios. Dice que “la mujer es más importante en la Iglesia, que los mismos obispos y curas”.

   8.- El periódico Daily News de Nueva York comenta:  Francisco tiene una “visión revolucionaria”; es decir, que propende a la subversión y trastorno del  orden social establecido por Dios.

   9.- Bergoglio “Franciscus”, escribió un libro en el que destroza la Doctrina Católica, afirmando que quienes buscan regresar al pasado (de la Iglesia) son “tercos y tardos de corazón” y quieren “domesticar” al Espíritu Santo. En el citado libro, “Franciscus” declara: “el pecado no existe”.

   10.-“Franciscus” porta en el pecho “una cruz con Osiris, la diosa egipcia”;   pero no la   Cruz de    Nuestro Señor Jesucristo.



   11.- Dijo “Franciscus”: si un sacerdote se enamora, “puede dejar el sacerdocio”; eso no es problema.

   12.- “Franciscus” no piensa convertir a nadie al catolicismo. Dice que “cada quien tiene su propia idea del bien y del  mal” y que “cada uno piense lo que quiera”. No le importan, pues, los Mandamientos  de la Ley de Dios.

   13.- A “Franciscus” no le importa que a los niños les enseñen cualquier otra religión. Lo importante, dice, es que “les den de comer” y ya.

   14.- En los documentos papales, Bergoglio no firma como “Papa”. PP, solamente escribe: “Franciscus”.

   15.- Los papas adeptos al Concilio Vaticano II, incluído “Franciscus” usan el crucifijo torcido, prohibido por la verdadera Iglesia (veáse Decreto Papal de 1924).



   16.- El Vaticano tiene proyectado “canonizar” cuanto antes a Juan XXIII y Juan Pablo II, para así fabricar a los “neo santos” de su nueva iglesia modernista. (Nos preguntamos: ¿podrán considerarse santos, aquellos que admiten la “falsa libertad religiosa”, el falso ecumenismo, la destrucción de la liturgia, que han adulterado el Santo Sacrificio de la  Misa?)

   17.- El 10 de mayo de 2013, “Franciscus” pidió al patriarca ortodoxo Tawadros que le diera “su bendición”.



   18.- “Franciscus” dice: “… la Iglesia se ha abierto al mundo; pero muchos pasos deben ser cumplidos todavía…”

19.- “Franciscus” en su discurso, el 20 de marzo 2013, hizo elogios y agradecimientos al cismático André, a los representantes del pueblo judío y a los musulmanes, típico discurso de un impostor, no católico.

 COMENTARIO: Los cardenales Suenens y Ratzinger, así como el neo teólogo Congar, son los padres del Concilio Vaticano II. Ellos declararon: este Concilio es la revolución en la Iglesia, y la Nueva Religión. Tal revolución consistió en “adoptar los valores de los dos siglos que siguieron  a 1789. La Iglesia ha hecho su Revolución de Octubre de 1917 (como en Rusia)” dijeron. Nuestra Señora en Fátima profetizó cuatro días antes, lo acontecido en Moscú. Juan XXIII (alias “El Bueno”) se negó a revelar el Secreto de Fátima como tenía obligación de hacerlo en 1960; y, en cambio, les prometió a los comunistas que el Concilio  no formularía condena ninguna en contra del comunismo –intrínsecamente perverso-. Benedicto XVI, estando ya en el papado, para desviar la atención sobre lo que hizo y dio en tiempos del Concilio, inventó su llamada “hermenéutica de la continuidad”, diciendo que los cambios heréticos del Concilio Vaticano II, y los que le siguieron son acordes con la Tradición de la Iglesia, que no hay ruptura, sino que existe continuidad, y que deben interpretarse como simples adaptaciones, y nunca en oposición a la Doctrina, y todo porque el Papa así lo dice, debiendo ser aceptado por todos. Ellos deciden lo que significa Tradición. Punto.



   

viernes, 4 de abril de 2014

EL SANTO ABANDONO (continuación)


Continuación del Libro El Santo Abandono


    La Providencia sacude recios golpes y la naturaleza se lamenta. Hierven nuestras pasiones, el orgullo nos reduce, nuestra voluntad se deja arrastrar.  Profundamente heridos por el pecado,  nos parecemos a un enfermo que tiene un miembro gangrenado. 

Estamos persuadidos de que no hay para nosotros remedio sino en la amputación, mas no tenemos valor para hacerla con nuestras propias manos. Dios, cuyo amor no conoce la debilidad, se presta a hacernos este doloroso servicio. En consecuencia nos enviará contradicciones imprevistas, abandonos, desprecios, humillaciones, la pérdida de nuestros bienes, una enfermedad que nos va minando: son otros tantos instrumentos con los que liga y aprieta el  miembro gangrenado, le hiere la parte más conveniente, corta y profundiza bien adentro hasta llegar a lo vivo.

 La naturaleza lanza gritos; mas Dios no la escucha, porque este duro tratamiento es la curación, es la vida. Estos males que de fuera nos llegan, son enviados para abatir lo que se subleva dentro, para poner límites a nuestra libertad que se extravía y freno a nuestras pasiones que se desbocan. He aquí por qué permite Dios se levanten por todas partes obstáculos a nuestros designios, por qué nuestros trabajos tendrán tantas espinas, por qué no gozaremos jamás de la tranquilidad tan deseada y nuestros superiores harán con frecuencia todo lo contrario de nuestros deseos. Por esto tiene la naturaleza tantas enfermedades; los negocios, tantos sinsabores; los hombres, injusticias, y su carácter, tantas y tan inoportunas desigualdades. A derecha e izquierda somos acometidos de mil oposiciones diferentes, a fin de que nuestra voluntad, que es demasiado libre, así  probada, estrechada y fatigada por todas partes, se despoje al fin de sí misma y no busque sino la sola voluntad de Dios. Mas ella se resiste a morir, y esta es una de las causas de los disgustos.


   La Providencia emplea a veces medios desconcertantes. “Dios comienza por reducir a la nada a los que encarga alguna empresa”. Mas adoremos la divina Sabiduría que ha combinado perfectamente todas las cosas, estemos bien persuadidos de que los mismos obstáculos le servirán de medios y que llegará siempre a sacar de los males que permite el invariable bien que se propone, es decir, los progresos de la Iglesia y de las almas para la gloria de su Padre.


   En consecuencia, si consideramos las cosas a la luz de Dios, llegaremos a la conclusión de que muchas veces los males en este mundo no son  males, los bienes no son bienes, hay desgracias que son golpes de la Providencia y éxitos que son un castigo.


   Citemos algunos ejemplos entre mil, para poner estas verdades en todo su esplendor. Dios se compromete a hacer de Abraham el padre de un gran pueblo, a bendecir todas las naciones en su raza, y he aquí que le ordena sacrificar al hijo de las promesas. ¿Olvidó acaso la palabra dada? Ciertamente que no: mas quiere probar la fe de su servidor y a su tiempo detendrá el brazo. Se propone someter a José la tierra de los faraones, y comienza por abandonarle a la malicia de sus hermanos; el pobre joven es arrojado a una cisterna, conducido a Egipto, vendido como esclavo, después pasa en la cárcel años enteros, todo parece perdido, y, sin embargo, por ahí mismo es por donde le conduce Dios a sus gloriosos destinos. Gedeón es milagrosamente elegido para librar a su pueblo  del yugo de los medianitas, improvisa soldados que apenas serán uno contra cuatro. En lugar de aumentar su número, el Señor despide a la mayor parte, no conservando sino trescientos y, armándolos de trompetas, de lámparas, con cántaros de barro, les conduce, ¿a dónde, diremos, a la batalla o al matadero? Y con este inverosímil ejército es con el que asegura a su pueblo una sorprendente y segura victoria.


   Después de las ovaciones de los ramos, Nuestro Señor es traicionado, prendido, abandonado, negado, juzgado, condenado, abofeteado, azotado, crucificado y pierde su reputación. ¿Es así como asegura Dios Padre a su Hijo la herencia de las naciones? Triunfa el infierno y todo parece perdido, no obstante, por ahí mismo nos viene la salvación. Para confundir lo que es fuerte, Jesús escoge lo que es débil. Con doce pescadores ignorantes y sin prestigio se lanza a la conquista del mundo; nada son, pero Él está con ellos. Deja a la persecución  campear durante tres siglos, y, según su palabra profética, aquélla apenas ha de cesar; renueva a la Iglesia en lugar de destruirla y la sangre de los mártires es aún hoy día  semilla de cristianos. Los reyes y los pueblos bramarán contra el Señor y contra su Cristo, que es, sin embargo, su verdadero apoyo, mas llegado el momento que Él ha escogido, el “Hijo del carpintero, el Galileo”, siempre vencedor, encerrará a sus perseguidores en una  ataúd y los citará a su tribunal. Mientras la tierra se agita en un sin fin de revoluciones, la cruz se mantiene enhiesta, indestructible y luminosa sobre las ruinas de los tronos y de las nacionalidades.


   Quédanle medios propios suyos, medios inverosímiles, que Dios escogerá para salvar a un pueblo, conmover las muchedumbres, instituir familias religiosas.   Hubo un tiempo en que daba pena el reino de Francia; para arrancarlo de una pérdida total e inminente, Dios va a suscitar no poderosas armas, sino una inocente niña, una pobre pastorcilla de ovejas, y con este débil instrumento libra a Orleáns y conduce triunfalmente al Rey a Reims para ser consagrado. Conmueve países enteros a la voz del Cura de Ars, el más humilde sacerdote rural, y a excepción de la santidad, hombre de menguado valer.


    Abrumado por el peso de los negocios, San Pedro Celestino suspira por su amada soledad y abdica al Sumo Pontificado para volverla a hallar. Dios se la concede, mas en forma del todo contraria a la que él había pensado, pues fue puesto en prisión.


   ¿No es así cómo día tras día la mano de Dios nos hiere para salvarnos? La muerte deja claros en nuestras filas y nos arrebata las personas con las que contábamos; abundan las penas interiores, desaparece nuestra salud, las dificultades se multiplican por dentro y por fuera la amenaza está siempre suspendida sobre  nuestras cabezas. Llamamos al Señor, y hacemos bien. Quizá le pedimos que aparte la prueba; y a semejanza de un padre amante y tierno, pero infinitamente más sabio que nosotros, no escucha nuestras súplicas si las halla en desacuerdo con  nuestros verdaderos intereses, prefiriendo mantenernos sobre la cruz y ayudarnos a morir más por completo a nosotros mismos, y a tomar de ella una nueva savia de fe, de amor, de abandono; de verdadera santidad.


Continuará..


MODOS DE LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO


MODOS DE LA PASION DEL SEÑOR
Estos modos  o “modalidad de la pasión de Cristo son cuatro, a saber: el mérito, la satisfacción, el sacrificio y la redención. El Angélico (Santo Tomás de Aquino) declara la diferencia de estos modos al final de la cuestión 48 de la tercia pars, por estas palabras: “La pasión de Cristo, considerada en cuanto a la voluntad de Cristo, fue causa de la salvación por vía de merecimiento; si se considera la carne de Cristo que sufre, por vía de satisfacción, que nos libra del reato de la pena; por vía de redención, en cuanto que nos libra de la servidumbre de la culpa, y por vía de sacrificio, en cuanto que nos reconcilia con Dios”. Y completa estos cuatro puntos, expuestos en otros tantos artículos, con dos más que vienen a explicar otras modalidades más generales que alcanzan a los cuatro precedentes.

Como fundamento de todo esto es preciso asentar la doctrina que San Pablo nos propone en la epístola a los Romanos, donde compara la obra de Adán y la de Jesucristo: “Pues como por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte paso a todos los hombres, por cuanto todos habían pecado…” Las palabras que preceden nos declaran como Adán, cabeza del género humano, todos sus hijos pecaron, es decir, fueron constituídos pecadores y, en consecuencia, fueron privados de los privilegios que Adán había recibido al ser creado.

 Las palabras del Apóstol quedan en suspenso, orígenes las completa de este modo: “Así también por un hombre entró la justicia en la vida, y así paso a los hombres todos la vida, por la cual todos son vivificados”. San Pablo declara ampliamente su pensamiento en lo que sigue del capítulo: “Porque hasta la ley (de Moisés) había pecados en el mundo; pero como no existía la ley (positiva), el pecado no existiendo la ley, no era imputado. Pero reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun sobre aquellos que no habían pecado como pecó Adán (quebrantando un precepto positivo) que es el tipo del que había de venir. Más no es el don (de la gracia) como fue la transgresión. Pues, si por la transgresiones de uno solo mueren muchos, mucho más la gracia de Dios y el don gratuito de uno solo, Jesucristo, se difundiera copiosamente sobre muchos. Y no fue el don (de Jesucristo) lo que fue la obra de un solo pecador, pues por el pecado de uno solo vino el juicio de condenación, más el don, después de muchas transgresiones, acabo en la justificación.

Si, pues por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más los que reciben la abundancia de la gracia y del don de justicia reinarán en la vida por obra de uno solo. Por consiguiente, como por la trasgresión de uno solo llego la condenación, así también por la justicia de uno solo llega a todos la justificación de la vida. Pues como por desobediencia de muchos fueron hechos pecadores, así también por la obediencia de uno muchos serán hechos justos. Se introdujo la ley para que abundase el pecado: pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, para que como, reinó el pecado por la muerte, así también reine la gracia por la justicia para la vida eterna, por Jesucristo nuestro Señor”. (rom. 5,12-21) Aquí San Pablo sienta los principios que luego desarrolla, cuando trata de Cristo como cabeza del cuerpo místico.

LOS MERECIMIENTOS DE CRISTO. Santo Tomás dice que Cristo fue causa de nuestra salud por vía de merecimiento pues nos las granjeó por medio de sus grandes obras en honor del Padre, pero no solo mereció para sí la exaltación suprema, sino también para nosotros, con todas las gracias que para llegar allí eran necesarias. Pero aquí se plantea esta cuestión. Es evidente que Cristo en atención a la dignidad infinita de su persona divina, mereció todo esto para sí y para todos los hombres con la sola humillación de la encarnación y luego de nuevo, con una pequeña de sus obras o sufrimientos. ¿Cómo, pues, se atribuye a la pasión sola esta obra de salud? Porque el Padre, en sus planes sobre el remedio de los hombres, había puesto esta salvación en la vida penosa y afrentosa de Cristo, consumada en la cruz. Por otra parte, las cosas en esta materia dependen de la disposición divina,  a ellas nos hemos de atener. Dice Santo Tomas: “desde el principio de su concepción nos mereció Cristo la salud eterna, pero que de nuestra parte existían ciertos impedimentos, que dificultaban la consecución del efecto  de los precedentes meritos” (ad 2) Cuales son esos impedimentos y qué ventajas tiene la pasión sobre las otras obras meritorias, nos lo declara el mismo doctor en la cuestión 46, que ya hemos expuesto en el anterior articulo al que remito al lector. 

Y el mismo santo sobre este tema dice: “Fue dada la gracia de Cristo, no solo como a persona singular, sino como a cabeza de la Iglesia, a fin de que aquellas redundase sobre los miembros, de la misma forma que las obres de un hombre constituido en gracia son principio de merito para el mismo. es evidente que quienquiera que, constituido en gracia, padece por la justicia, merece por eso mismo la salud para sí mismo, según lo que leemos en San Mateo: “Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia”. De suerte que Jesucristo mereció la salud por su pasión, no solo para sí mismo, sino también para todos los miembros”.

LA SATISFACCION DE CRISTO. Uno de los efectos del pecado es el ser ofensa de Dios como supremo legislador. Con el pecado, el hombre ultraja el honor de Dios, al condescender con sus propios gustos y pasiones en el derecho humano, al que así obre se le impone una pena: de muerte, de trabajos forzados, de cárcel, de multa, etc., para satisfacer a la ley y la sociedad ultrajada por el delincuente. Ni más ni menos, la justicia divina exige también una satisfacción, impone alguna pena. Pues la pasión de Cristo fue la satisfacción plenísima de los pecados, no propios, que no tenía sino de aquellos por quienes había sido constituido fiador. Sobre esto dice Santo Tomas de Aquino: Propiamente hablando, satisface por la ofensa el que devuelve al ofendido algo que el ama tanto o más cuando el aborrece la ofensa. Ahora bien, Cristo, padeciendo por caridad y obediencia,  prestó un servicio mayor que el ofrecido para la recompensación de todas las ofensas del género humano: primero, por la grandeza de la caridad con que padecía; segundo, por la dignidad de la vida, que en satisfacción entregaba, que era la vida del Dios-hombre; tercero, por la generosidad de la pasión y la grandeza del dolor que sufrió, según queda arriba declarado. De manera que la pasión de Cristo no solo fue suficiente por los pecados del género humano, según la sentencia de San Juan: “El es la propiciación por nuestros pecados, y no solo por los nuestros, mas por los de todo el mundo”.

EL SACRIFICIO DE CRISTO. La tercera manera de realizar nuestra salud es la del sacrificio. Es este el acto principal de la religión. Si miramos a la obra material, el sacrificio propiamente tal es la inmolación de una víctima, cuya sangre, recogida por el sacerdote, se derrama sobre el altar. En la sangre esta la vida del animal sacrificado, y esa vida se ofrece por la vida del oferente; la sangre y la vida de la víctima, la sangre y la vida de éste, la expresión de la plena devoción a Dios. Por esto, Dios dice por su profeta que rechaza los sacrificios donde falta esta devoción sincera (Is. 1. 11ss) y, en cambio, acepta como verdadero sacrificio el de la alabanza cuando va acompañado de la devoción. El sacrificio, sólo intentado, de Isaac, sustituído luego por un carnero, es la mejor declaración de la naturaleza del sacrificio, tal como nos lo declara la Sagrada Escritura. El sacrificio se ofrece para aplacar a Dios ofendido, para expiar los pecados del oferente, para dar gracias a Dios por las gracias recibidas, para alcanzar nuevos favores y, sobre todo, para reconocer el soberano dominio del Señor sobre el oferente. 

Pues la muerte de Jesucristo, dispuesta por el Padre, aceptada por el Hijo desde el principio, PEDIDA POR LOS JUDIOS, ejecutada por los romanos y soportada por el salvador en conformidad con la voluntad del Padre, es un verdadero sacrificio, el único acepto a Dios Padre, y en atención al cual tenían valor los sacrificios antiguos de la ley como las figuras suyas. En la Epístola a los Hebreos el Apóstol nos habla extensamente del sacerdocio de Cristo, del sacrificio que hizo de sí mismo y de los frutos de ese sacrificio: “Dios ha puesto a Cristo, escribiendo a los romanos, a Cristo Jesús como sacrificio de la propiciación, mediante la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, por la tolerancia de los pecados (3. 25s). y a los Efesios señala como una prueba del amor de Cristo hacia nosotros “en que se entregó por nosotros en oblación y sacrificio a Dios en olor suave” (5.9) Y San Juan nos declara que el amor de Dios se muestra en que “envió a su Hijo víctima expiatoria de nuestros pecados”.

Santo Tomás sobre este tema escribe: “Propiamente hablando, se llama sacrificio una obra realizada en honor de Dios y a El debida, para aplacarle. De ahí dice San Agustín: “ es verdadero sacrificio toda obra realizada para unirnos a Dios en santa sociedad y en orden a obtener aquel fin con cuya posesión somos bienaventurados”. Ahora bien, Cristo, según añade después el mismo santo “se ofreció a sí mismo en la pasión por nosotros” y el hecho de haber soportado la pasión voluntariamente, fue en sumo grado acepta a Dios, como proveniente de la mayor caridad. De donde resulta claro que la pasión de Cristo fue un verdadero sacrificio. Y, como el mismo santo añade luego, “de este verdadero sacrificio son muchos y variados signos los antiguos sacrificios de los santos. Estos lo figuraban como una verdad que se declara con variadas formas para que sin fastidio sea más recomendada”. “Y siendo cuatro las cosas que en cada sacrificio se han de considerar” según dice el mismo San Agustín, a saber “a quien se ofrece, quien lo ofrece, que ofrece y por quienes ofrece, el mismo único y verdadero Mediador, reconciliándonos con Dios por medio de este sacrificio pacifico, permanecía uno con Aquel a quien lo ofrecía, hacia en sí mismo a aquellos por quienes lo ofrecía, y era uno el mismo que lo ofrecía y lo que ofrecía”
Continuará….


miércoles, 2 de abril de 2014

GOTITA DE SANGRE (Meditaciones sobre la Pasión de Nuestro Señor)

GOTITA DE SANGRE



En mi país existe un pajarillo de una singular rareza, su tamaño es como el de un gorrión, de color  rojo oscuro semejante a una gota de sangre y su copete de color negro. Tiene un trino suave. Esta especie parece estar en extinción pues solamente he visto unos quince o veinte de ellos en mi vida. Cuando por primera vez lo vi, lo observé por un largo rato pensando: "Cuán grande es la sabiduría divina al crear estas insignificantes avecillas para mostrarnos que, por medio de ellas, podemos llegar al conocimiento de su existencia. Pero ¿por qué Dios N.S. le dio ese color y no otro? ¿Quieres saber por qué? Ármate de paciencia y lee en estas pocas páginas la razón de su color rojo oscuro y su copete negro.

     Era la última Pascua que Jesús pasaría con sus discípulos en Jerusalén. El jueves santo Jesús se trasladó de Betania a Jerusalén; por el camino sus discípulos le preguntaron dónde le gustaría que dispusieran lo necesario para la cena, Jesús les dio las instrucciones pertinentes y ellos se adelantaron para cumplirlas. Los últimos rayos del sol iluminaban  el cielo azul de aquella región dándole un color rojizo, varias parvadas de pájaros surcaban el cielo buscando refugio pues la noche se acercaba. Una de esas bandadas cruzó el camino por donde iba Jesús con sus discípulos; a uno de ellos, de color café oscuro se le conmovió el corazón de compasión al mirar a Jesús tranquilo, sereno, pero con una profunda tristeza. Detuvo su vuelo posándose en uno de los tantos arbustos que rodeaban el camino; uno de sus compañeros, al ver cómo se separaba de ellos, lo siguió hasta donde estaba.

--- ¿Por qué te has apartado de nosotros? Pronto caerá la noche, el contestó:
--- He detenido mi vuelo porque ese hombre de blanco llamó poderosamente mi atención.
---  No sé qué miras en él; además, de ellos debemos cuidarnos, como lo sabes.
--- Lo sé; pero Él es muy diferente a todos, es incapaz de hacernos daño o desearnos mal alguno.
--- ¿Por qué estás tan seguro?
--- Su rostro sereno y apacible refleja una gran bondad; sin embargo percibo en él un gran dolor y una profunda tristeza que oprime su bondadosísimo corazón; quisiera saber la causa y no pienso dejarlo solo.

--- Bueno haz como quieras. Y sin reflexionar en todo cuanto le dijo su compañero emprendió el vuelo. En ese momento Jesús pasó cerca de él, le miró y agradeció su gesto de compasión; él se estremeció profundamente  ante su dulce y serena mirada. Desde ese momento quedó más íntimamente unido a Él, le siguió; pero lo perdió de vista cuando entró al cenáculo con sus discípulos. Volando de un lado a otro, con suma inquietud le buscaba hasta que por fin lo vio en la primera planta de la casa; se acercó a una de las ventanas del cenáculo y pacientemente esperó.

La disposición del cenáculo era al estilo romano, es decir, en el centro estaba una mesa baja y en tres de sus lados unos lechos a modo de divanes casi al ras del suelo quedando un lado vacío para el servicio. La voz de Jesús llegaba claramente a los oídos del pájaro; con sus ojitos muy abiertos seguía cada uno de sus movimientos. Veía cómo, conforme pasaban los minutos, la aflicción poco a poco anegaba cada vez más su santísimo corazón sumergiéndolo en un mar sin fondo de amargura. Con palabras y gestos buscaba quien entre sus discípulos lo consolara pero ellos también estaban tristes y soñolientos; esta incomprensión aumentaba su amargura. La pobre avecilla nada podía hacer para consolarlo, con todo se decía a si mismo:
 ----Quisiera ser uno de ellos para derramar, en su afligido corazón, algunas palabras alentadoras.

Presenció el lavatorio de los pies, la traición de Judas, la institución de la Santa Eucaristía y las sentidísimas palabras de su último sermón. Después se dirigió al Huerto de los Olivos. Salieron de la ciudad y bajaron por el valle hondo y sombrío; en lo más profundo de él pasaba un arroyo llamado Torrente Cedrón. Del otro lado de este arroyo, en la falda del monte de los olivos, se hallaba el huerto de Getsemaní o Huerto de los Olivos a donde Jesús solía ir  con mucha frecuencia por ser un lugar solitario y apartado. Una vez ahí dejó a sus discípulos y se retiro a orar. El pájaro buscó un lugar cercano para mirar todo. Desde ese allí vio cómo se apoderó de Jesús un gran temor, un gran desaliento y una inmensa tristeza. Tanto el temor como el desaliento y la tristeza oprimían su corazón causándole una congoja mortal. El pájaro, muy preocupado y sumamente consternado, veía cómo sufría sin poder mitigar un poco su dolor.

Jesús se arrodilló en el suelo desnudo orando unos instantes. Luego se levanto y fue hacia sus discípulos a quienes hallo dormidos. Volvió al mismo sitio orando de nuevo, por segunda vez interrumpió su oración y se dirigió de nuevo a sus discípulos encontrándolos dormidos con sentidas palabras, les reprochó su actitud:
---- Pedro ¿No pudiste velar una hora conmigo? Velad y orad para que no entréis en tentación, porque el espíritu está pronto pero la carne es flaca.
Después retornó al lugar, elevando por tercera vez su plegaria, más larga y fervorosa que las anteriores. Fue tan intensa que, por los poros de su santísimo cuerpo, sudó sangre que corría hasta el suelo mojándolo con ella. Los ojitos del pequeño pájaro se llenaron de lágrimas y su corazoncito se estremeció al mirar la sangre de Jesús y con voz entrecortada preguntó:
---- Señor ¿cuáles son las causas de semejante dolor?
Jesús, con una gran mansedumbre, contestó:

---- ¡Oh, pequeña y compasiva criatura! Son muchas las causas de mi inmenso dolor; pero te diré algunas: es tan grande mi amor por mi Padre Eterno que mi gran deseo es que también los hombres lo amen. Mas, por desgracia, son muy pocos los que lo aman y muchos los que lo odian y le ofenden. ¡Si se dieran cuenta de su gran bondad y paternidad ciertamente no le ofenderían tanto y le amarían mucho! Pero no se dan cuenta y por eso siento un entrañable dolor al verlo relegado, olvidado e incluso ofendido. Mi Padre y Yo creamos al hombre a nuestra imagen y semejanza y él, como agradecimiento, se enemistó con nosotros y eso me duele mucho porque no sabe el gran mal que a sí mismo se ha hecho al no tener, para siempre, mi gloriosa visita y compañía. No soporté verle enemistado y condenado para siempre y, compadeciéndome de su infortunio, tomé sobre Mí todos sus pecados para satisfacer  la Justicia de mi Padre y pagar la deuda que él hombre había contraído y, no sólo salí fiador de los pecados ajenos, sino que los he tomado como propios. Mi congoja crece aún más al ver su ingratitud y su pésima correspondencia a mi amor; pero no todos serán ingratos algunos para conseguir el fruto de la redención, sufrirán mucho pues veo sus tentaciones, luchas, ayunos, vigilias, penitencias, cansancios, trabajos, persecuciones, deshonras, dolores y martirios. Todo lo siento como mío. Ahora entiendes parte de mi tristeza, pavor.

--- Sí, amado Señor mío.
El Padre Eterno escuchó, con solicitud paternal, la suplica de su amado Hijo y, si bien no apartó el cáliz de dolor, sí le consoló enviándole un Ángel quien lo reconfortó y lo animó. Al terminar su oración se retiró del huerto.

El pajarito bajó al lugar donde Jesús derramó su preciocísima sangre; inclinó su cabecita en señal de adoración y, con su pico, revolvió esa tierra impregnada de sangre. Sus ojitos estaban cargados de sueño y cansado, dobló sus patitas quedándose dormido en ese bendito lugar donde se realizó la segunda efusión de sangre del Salvador. Al amanecer emprendió el vuelo en busca de Jesús. Se dirigió a la casa de Caifás, pero no estaba ahí; fue al templo y no lo encontró; cansado y triste preguntó a uno de sus compañeros:

--- ¿No has visto a un hombre de tés trigueña vestido con una túnica blanca?
---- He visto muchos hombres gritando como locos en la casa del procurador y nunca he tenido tanto miedo como el de esta mañana. Presiento que algo muy grave va a suceder: ¡No pensarás ir a ese lugar! Bien sabes que en todo momento debemos temer al hombre porque, sin Dios, es malo y perverso, siempre nos espía para matarnos o nos pone trampas para atraparnos y vendernos. Y en este día los veo como endemoniados.

--- No me interesa eso; quiero encontrar a Jesús de quien me consta que es bueno e inocente. Además, es mi Dios y creador.
--- ¿Y cómo lo sabes?
--- Ayer por la noche, mientras oraba allá en el huerto de los olivos, escuché que lo llamaba "Padre mío" a Dios con una confianza filial poco común entre los hombres cuando se dirigen a Dios y vi cómo un ángel bajó del cielo para consolarlo. Ahí supe que Él es el Hijo de Dios.
Su compañero movió la cabecita como dudando de la veracidad de sus palabras.
--- Por lo visto no me crees.
--- La mera verdad no, quizá no pasaste muy bien la noche; por qué no descansas un poco.
--- No me importa que no me creas; gracias por tu información.

Se dirigió sin demora al palacio de Poncio Pilato. La gente, reunida en el palacio, vociferaba pidiendo la muerte de Jesús, mas a Él no se le veía entre ellos.
Las carcajadas y el alboroto provenientes del interior del palacio le facilitaron la búsqueda. Voló al lugar de donde procedía tal alboroto, se puso en un rincón seguro por temor a esa chusma que, tan entretenida en su maldad, no notaron su presencia. Miró unos instantes a Jesús y con gran indignación exclamó:

--- ¡Pobre, Jesús mío, cómo se han atrevido a poner sus malvadas manos sobre ti, despojándote de tus vestiduras y exponiendo tu purísimo cuerpo a las burlas y sarcasmos de esta plebe infame, salvaje y endemoniada!

Una vez despojado de sus vestiduras lo ataron, con violencia inaudita, a una columna con la intención de flagelarlo según la orden del procurador.
La flagelación era uno de los crueles suplicios usados por los romanos. Los instrumentos utilizados para tan cruel suplicio eran varios: el Flagelum o látigo que se componía de tres correas de cuero sujetas a un palo corto; las Virgas que eran varas flexibles de cualquier árbol; los Fustes o simples correas de cuero y, finalmente, el Flagrum o látigo de correas guarnecidas de bolitas de plomo, de huesecillos o de puntas de hierro llamadas escorpiones. De todos, este último era el más inhumano pues penetraba en el cuerpo de la víctima desgarrándolo.

Amarrado a la columna esperó pacientemente a sus despiadados verdugos quienes no tardaron en presentarse llevando en sus manos los instrumentos antes mencionados. El pobre e impotente pajarillo sintió que un escalofrío recorría su pequeño cuerpo al pensar en el daño que le causarían a Jesús los verdugos, exclamó:

--- ¡Por caridad, no lo hagan! ¿No les basta con quitarle sus vestiduras? ¿por qué quieren flagelarlo? ¿qué mal les ha hecho para que le paguen con este denigrante castigo?
Nadie lo escuchó. Los verdugos iniciaron su ingrato trabajo golpeando el purísimo cuerpo de Jesús con tal precisión que no golpearon dos veces en el mismo lugar dejando muy amoratado su santísimo cuerpo, luego emplearon el Flagelum magullando su purísima humanidad, finalmente desgarraron su cuerpo con el Flagrum. La sangre corrió hasta el suelo empapándolo completamente.
La plebe, que lo rodeaba, al ver la sangre de Jesús pedía a los verdugos prolongaran más tiempo el castigo.

Todo lo soportó Jesús sin la más leve queja o gesto de dolor y sin pedir clemencia a sus verdugos quienes, asombrados por el silencio de la víctima inmaculada, se alejaron del lugar sin proferir palabra. El pájaro, desconcertado ante la actitud callada y sufrida del divino maestro y la ferocidad de los verdugos, dijo:
--- Si mi Jesús no les pide clemencia yo sí se las imploro ¡Oh, hombres, tengan compasión de Él! Miren cómo lo han dejado, bien veo que no hay parte de su cuerpo donde no lo hayan dejado signos de tormento. ¡Oh, mi buen Jesús, eres todo una llaga viviente!  ¡Oh, mi Señor, cómo desearía ser hombre para padecer algo por ti! ¡Oh, Ángeles, vengan en auxilio de nuestro Dios y Señor!

Una voz serena y apacible se escucho en su interior:
--- ¡Oh, compasiva criatura hechura de mis manos, agradezco mucho tus palabras pero es necesario que padezca estos tormentos porque así lo pide la Justicia Divina, así lo pide el pecado que cometió el primer hombre prefiriendo a la criatura que a su Dios; a la vez quiero demostrarle cuánto lo amo mediante esta flagelación dolorosa y atroz!

Estas palabras la consolaron. Mientras tanto la plebe, con renovada saña, seguía torturando a Jesús. Ella no soportando por más tiempo tan inhumano suplicio con sus alas se tapó sus ojitos. Luego se llevaron a Jesús quedando solo el lugar. El pajarito voló hasta la columna y de ahí hasta el piso:
--- ¡Cuánta sangre hay en el suelo y cuántos pedacitos de carne mezclados en ella! Los reuniré en un lugar seguro.

Con su pico y patitas reunió los pedacitos de carne sin percatarse de que su plumaje se estaba tiñendo de rojo. Una vez terminado su trabajo, no reparando en su cansancio, se fue directo al Calvario: allá sin duda lo encontraría. Cuando llegó le estaban clavando la mano izquierda a la cruz. Un enorme clavo atravesó su mano produciéndole un dolor indescriptible. Brotó abundante sangre de ella. Como su mano derecha no llegaba al hoyo, con una cuerda, se la ataron y tiraron sin miramiento de ninguna índole descoyuntando el brazo hasta que llegó al orificio y otro clavo la atravesó.  otro tercer clavo perforó sus pies. Todo lo sufrió en silencio, sin recriminación alguna y sin maldecir a sus verdugos. Para humillarlo más lo pusieron en medio de dos ladrones. El pájaro, ante espectáculo sin igual en la historia de la humanidad, no se quedó quieto como en las anteriores ocasiones. Llevado por el noble deseo de aligerar en algo los sufrimientos del Salvador, voló hasta el vértice de la cruz,  miro detenidamente a Jesús y, con voz triste dijo:

--- ¿Con esta muerte tan ignominiosa pagan todo lo que has hecho por ellos? ¿Qué forma tan extraña y nueva utilizan los hombres para agradecer? ¡Oh, mi amado Jesús, siento una profunda indignación contra estos hombres tan ingratos!

--- Avecilla querida, aleja tal indignación, son ciegos y no saben lo que hacen. Mi corazón compasivo ya ha rogado por ellos ante mi Padre Eterno para que les perdone este gran pecado. A este tormento atroz me refería cuando te lo mencione allá donde me flagelaron. Si me apoyo en mis pies traspasados para mitigar un poco los dolores de mis manos siento un indescriptible dolor en ellos y si levanto mi cuerpo apoyándolo en mis manos éstas se me desgarran renovándose centuplicadamente los dolores en todo mi cuerpo; por más que los hombres se los imaginen nunca tendrán una idea acabada de estos terribles sufrimientos. He derramado casi toda mi sangre y una sed espantosa me devora. ¡Oh, criatura mía, a pesar de encontrarme inmerso en este piélago de grandes sufrimientos quisiera padecerlos aún más intensos para salvar al mayor número de almas para que no vayan a parar a aquel lugar de tormentos eternos llamado infierno.

--- Señor mío, con todo permítame aligerar en algo la pesada carga que injustamente soporta. Sin esperar respuesta, voló a la mano derecha tratando de sacar con su pico el clavo mientras la sangre de Jesús caía sobre su plumaje. Cansado y desalentado voló a la otra mano, pero tampoco logró extraer el clavo y su cuerpo se empapó de sangre. Finalmente, cansado, se paró cerca de su santísima cabeza. Un escalofrío recorrió su cuerpo al ver cómo la corona de espinas se hundía en ella. Dejando a un lado su cansancio se dio a la tarea de sacar algunas espinas, buscó y encontró una manera fácil de extraerlas sin causarle dolor alguno; tironeó de una y la tiró lejos. retornó al Calvario para reanudar su tarea; pero Jesús levantando la cabeza pronunció aquellas memorables palabras:
--- "Todo está consumado; Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" E inclinando la cabeza expiró.

La naturaleza entera se estremeció manifestando dolor y luto por la muerte de su creador. Ante aquel fenómeno natural el pajarillo quiso volar y esconderse pero luego pensó que no encontraría mejor lugar sino en la cruz de Jesús y se quedo ahí. Cansado y triste por la muerte de su Señor se durmió. El ruido de unos caballos lo despertó: eran los soldados que, cumpliendo órdenes del procurador, venían a dar muerte a los ajusticiados y a quitarlos de ahí antes de que anocheciera. Muy a su pesar se retiró de su amado refugio. Los soldados cumplieron con su ingrato oficio sin muestras de compasión alguna. Rompieron las piernas del primero, quien lanzo ayes de dolor; luego lo hicieron con el buen ladrón, quien suspiró profundamente y expiró. Uno de ellos miró atentamente a Jesús y, al comprobar que estaba ya muerto, con su lanza  asestó un golpe fuerte y seco al costado derecho del pecho del Salvador.

--- Pobre Señor, se decía el pajarillo, aun después de muerto lo siguen ultrajando. Mas ¿para quién es esta afrenta dolorosa? No ciertamente para Él, pues ya está muerto; sino para su santísima Madre. ¡Oh miserable hombre traspasaste dos corazones intrínsecamente unidos, el del Hijo y el de la Madre; agregaste a los dolores de su Madre otro dolor no menor a los que padeció durante la pasión de su Hijo sintiendo ese golpe hasta la última fibra de su maternal corazón. ¡No sufrió el Hijo, pero esta fue la gota que derramó el cáliz de amargura de la madre! ¡Oh, María, perdónelos como su Hijo los perdonó antes de morir pues no saben lo que hacen!
Estas y otras reflexiones inundaban el corazón de la avecilla, cuando vio cómo tres hombres, con suma delicadeza, bajaban el cuerpo de Jesús de la cruz depositándolo en el regazo de su madre anegada en lágrimas, quien a pesar de su inmenso dolor, no perdía su compostura y dignidad; su rostro reflejaba una paz y tranquilidad en medio de ese mar de amargura en el que se encontraba inmersa. Las disposiciones de su bendita alma no pasaron inadvertidas por la avecilla y no aguantando se acercó a ella y con sus trinos lastimeros, a su modo, le daba su más sentido pésame por la muerte de su amadísimo Hijo. La Virgen santísima le dijo:

¡Oh, avecilla del campo, mira cómo han dejado a mi Jesús! Este es aquel niño que en mi seno virginal concebí, tiernamente alimenté y otras tantas lo recliné en mi pecho. Ahora mira cómo han dejado su santísimo cuerpo desgarrado por los azotes, amoratado por los golpes, agujereados sus pies y manos por los clavos y esa corona cómo hundió sus espinas en su cabeza.

Calla la madre adolorida inclinando su bello y sereno rostro sobre el cuerpo exánime de su Hijo. La avecilla reanuda su lúgubre trino como diciendo: ¿Qué lengua podrá describir o qué entendimiento podrá comprender la profundidad de su dolor? Porque si bien su Hijo padeció para satisfacer a la justicia divina y por compasión al hombre, también lo hizo por su santísima madre y compasión mayor tuvo por el hombre al dejársela como madre. 

La santísima Virgen María tocó la cabecita de la avecilla en señal de profunda gratitud dándole permiso para retirarse del lugar. Ella voló inmediatamente a una de las tantas fuentes con el fin de quitarse la sangre que tenía del Salvador, se zambulló por unos minutos, pero grande fue su sorpresa al comprobar que todo su plumaje hasta la cabecita, excluyendo el copete, se tiñó de rojo oscuro semejando una gotita de sangre y su copetito quedó de color negro.
Ahora sabes por qué la avecilla es de color rojo oscuro. Cuando alguna vez la veas acuérdate de la pasión de nuestro Señor  y dale gracias a Él por la misericordia que manifestó al dar su vida por nosotros.
                                               
FIN DEL CUENTO GOTITA DE SANGRE.
( A. M. D. G.)





martes, 1 de abril de 2014

POESIA: No hago nada (Pbro Leonardo Castellani)

No hago nada:

Corazón, tente en pie sin doblegarte
de la injusta opresión a la insolencia
aunque estoy loco, tengo yo mi arte.

“Nam furor saepe fit laesa patientia.”
Luchando sin más armas que mi triste
corazón contra el peor mal que existe
¿no hago yo nada? Lucho, sangro y no
caigo al suelo. No hago mucho pero
hago   más  de  lo  que  puedo…

Centinela  aterido
no dejo sospechar que estoy herido
ni dejo conocer que tengo miedo…

Herido helado aguanto la bandera
no  deserto  la  inhóspita  trinchera
y aunque sé que la muerte me ha podido
estoy  de pie y estoy ante ella erguido
marcando  el  SOS  de  la  brega
a un auxilio que no me llegará
sino un momento tarde si es que llega
y que muerto de pie me encontrará…

La otra mitad la hará sobre mi tumba
otro infeliz después que yo sucumba…
Corazón, tu  mitad se ha hecho ya.

AUTOR: LEONARDO CASTELLANI.


LOS ACONTECIMIENTOS MUNDIALES A LA LUZ DE LOS SECRETOS DE LA SALETTE Y DE FATIMA (3a)

LOS ACONTECIMIENTOS MUNDIALES A LA LUZ DE LOS SECRETOS DE LA SALETTE Y DE FATIMA



Tercera parte:

Cuando se quiere utilizar al ejército en 1917 ya es tarde, la revolución comunista de ya había ganado la partida contra el Zar Nicolás II. Lo que sigue es una matanza atroz contra las facciones que no colaboraron con el movimiento comunista incluyendo a la Iglesia Ortodoxa que fue el principal blanco puesto que sus enemigos no eran otros que los Judíos como lo demuestra fehaciente-mente el libro “Complot contra la Iglesia” de cuya obra solo extraemos aquello que compete a la Iglesia Ortodoxa Rusa: “Murieron veintiocho Obispos, 1,219 sacerdotes” ya no hablemos de los feligreses porque toda cantidad que se mencione de ellos es inexacta entre obreros y campesinos. Con esta inhumana cacería se pensó en dar un golpe demoledor a los ortodoxos rusos, pero no fue así.

Todo esto acontecía paralelamente a las apariciones de Nuestra Señora en Fátima que concluyeron precisamente el mismo mes en que la revolución bolchevique ocupo el poder en Rusia. Desde ese momento se sucedieron persecuciones atroces contra el clero y los fieles ortodoxos llevadas a cabo aun por los propios líderes de tal revolución bolchevique como Lenin y troski, con el famoso tren de la muerte, y después José Stalin quien, a pesar de los pesares, pactó una tregua con ellos y, además, pidió la colaboración del clero para que acompañara en la II guerra mundial, a sus 350 brigadas que contaban con muchos rusos practicantes, a cambio les prometió que, al fin de la campaña, abriría cinco santuarios más famosos en todo Rusia, palabra que cumplió. De esta manera el pueblo ruso tenía ya oficialmente cinco santuarios en donde manifestar su fe aunque fuesen estrechamente vigilados por el líder en turno.

No cabe duda que la consigna primera y principal, por no decir la esencia, del marxismo-leninismo o también llamado “socialismo práctico” es la lucha antirreligiosa que consiste en la erradicación de todo rastro de religiosidad. No tan solo la guerra contra las sectas sino principalmente contra la Iglesia Ortodoxa, que es su principal enemiga y que es la más numerosa dentro del territorio ruso, esta lucha se ha asumido como el signo de una verdadera empresa contra Dios mismo. Cierto es que, durante varios años, las iglesias se mantuvieron desiertas pues la autoridad eclesiástica había ordenado a los fieles que no se empeñaran en buscar el martirio, salvo en caso de absoluta necesidad para la salvación de su alma a pesar del “concordato”. 

Con todo esto en 1967 se hizo un censo o “investigación sociológica” que arrojó como resultado 50 millones de gran rusos, de ucranianos y de bielorrusos se creían ortodoxos creyentes ya que no todos practicaban por falta de sacerdotes o en razón de “circunstancias exteriores a su voluntad.” Esto causó un verdadero espanto en la Nomenklatura y el especialista en asuntos religiosos del comité central Leonid Iliichev recibió consignas drásticas de erradicación. También se había descubierto, en efecto, que no pocos miembros del partido comunista hacían bautizar a sus hijos, intentaban casarse religiosamente y pedían consuelo religioso en articulo mortis. A este panorama desalentador de por sí, habrá que agregar a unos quince millones de musulmanes, que frecuentan la mezquita aun cuando se apuntan en el Comité Central o actúan como primeros secretarios del partido comunista.

En 1986 comienza la caída de la Unión Socialista de Repúblicas Soviéticas más conocida por (U. R. S. S.) PERO NO DEL COMUNISMO COMO TAL, como muchos contemporáneos piensan e incluso afirman. Y en 1991 se da la transición de la sovietología como término político, pero NO DE LA POLITICA COMUNISTA (de la cual hablaremos más abajo) como nos quieren hacer creer. 

Ahora bien, ¿como en medio de este vaivén de la Unión Soviética La Iglesia Ortodoxa se mantuvo incólume ante sus enemigos? Sí, Gracias a una profunda conciencia nacional, fruto de aquella sincera conversión al catolicismo. El pueblo ruso, que proviene de una fuente genuina religiosa y que sigue alimentando las almas sin agotarse jamás, continua adelante. Debemos concluir necesariamente que sin la intervención de la reina del cielo, a quien ellos le tienen una tierna devoción, no los abandonó nunca y que, conserva y mantiene su devoción. 

Ahora, que Nuestra Señora, a pesar del cisma, los siga sosteniendo y que ese mismo deseo tanto de Nuestra Señora como de ellos, de convertirse a la fe católica, es el resultado de una mención especial por la cual  Nuestra Señora en Fátima los haya mencionado señaladamente y nos pidiera, por medio de las oraciones, sacrificios y penitencias la conversión de esta gran Nación.  Si, por desgracia, somos ingratos esta misma nación está sobre nuestras cabezas como la espada de Damocles, en donde se nos presenta no solo como un castigo sino como la iniciadora de una gran catástrofe mundial que puede terminar con las tres cuartas partes de la humanidad.


LA TRANSICIÓN 1991

En este año tienen especial importancia varios acontecimientos muy importantes:
La derrota desastrosa de la Unión Soviética en Afganistán, en la cual tuvo mucha participación Estados Unidos quien apoyo decididamente a los Talibanes, recordemos este antecedente porque esa será y es en la actualidad su forma de actuar que no quieren colaborar con sus intereses, que la forzó a retirar sus tropas del frente.
El 9 de Noviembre de 1989, después de varias manifestaciones en Alemania Oriental, es destruido el muro que dividía a las dos Alemanias y con ella cayo el bloque del este.


La muerte de Leónidas Breznev acaecida unos años antes el 10 de Noviembre de 1982.


 En 1985 Mikail Gorvachov es nombrado presidente de la Unión Soviética sus impopulares medidas de gobierno unidas a un sistema colapsado llevaron a que en el año 1989 se llevara a cabo un referéndum donde el 78% de la población opto por El “SI” a la continuidad de la Unión Soviética. Pero con el tratado de Belovesh...