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martes, 25 de agosto de 2026

Las consagraciones de la FSSPX de 2026 no cambian el hecho de que ¡La FSSPX sigue siendo liberal!

 


FUENTE: Catholic Candle

Las consagraciones de la FSSPX de 2026 no cambian el hecho de que…

¡La FSSPX sigue siendo liberal!

La mayor parte del mundo católico se ha enterado de la noticia de que la FSSPX consagró a cuatro nuevos obispos el 1 de julio de 2026, en Ecône, Suiza.

En *Catholic Candle* nos preocupa que incluso muchos católicos que se consideran tradicionales, y que han tratado de no transigir, puedan verse confundidos o incluso engañados por estas nuevas consagraciones. Algunos podrían argumentar lo siguiente: «Al fin y al cabo, ¿no necesita desesperadamente el mundo católico más obispos católicos tradicionales? Existe una gran escasez de obispos que celebren la Misa en latín y que no sean liberales. ¡Al menos estas consagraciones han sido algo maravilloso!». De hecho, los medios «conservadores», los amigos de la «nueva» FSSPX (como *LifeSiteNews*), bullen con noticias y coberturas que respaldan las consagraciones.

Es más, algunos podrían incluso adoptar una postura más firme, algo así: «Roma es claramente aún más malvada y modernista hoy que en 1988, bajo el pontificado de Juan Pablo II. Por tanto, estas nuevas consagraciones no solo están justificadas, sino que son una señal inequívoca de que la FSSPX ha abandonado su liberalismo de décadas pasadas, ha dejado de intentar llegar a un acuerdo práctico con una Roma modernista e inconversa, y ha recuperado la actitud firme y sin concesiones del arzobispo Lefebvre hacia el final de su vida. Siendo así las cosas, tal vez deberíamos considerar volver a asistir a la FSSPX».

A continuación, presentamos un artículo en dos partes que demostrará que las conclusiones anteriores son grandes errores. He aquí un resumen:

PRIMERA PARTE: Comenzaremos con un breve recordatorio de las lecciones críticas que el arzobispo Lefebvre aprendió al tratar con la Roma conciliar y los papas modernistas, así como de la mentalidad y las convicciones —militantes pero caritativas— que de ello se derivaron.

SEGUNDA PARTE: A continuación, contrastaremos el sabio enfoque del Arzobispo Lefebvre durante los últimos años de su vida con la conducta y las palabras de los «nuevos» dirigentes de la FSSPX, desde la muerte del Arzobispo Lefebvre hasta la actualidad. Veremos que el grave liberalismo de la FSSPX persiste hasta el día de hoy (2026).


PRIMERA PARTE: El arzobispo Lefebvre aprendió lecciones y adquirió sabiduría.

En cualquier relación entre padre e hijo, resultaría muy difícil y doloroso para el hijo ver a su padre hacer y decir cosas malvadas y desquiciadas. Sin embargo, sería muy improbable que un hijo de 16 años «se marchara de casa» de repente la primera vez que su padre llegara a casa completamente borracho y empezara a arrojar muebles. Más bien, lo más probable es que el hijo amoroso mantuviera la esperanza a pesar de más episodios y peligros de este tipo, no solo defendiéndose cada vez, sino intentando una y otra vez ayudar a su padre a ver las cosas con claridad posteriormente. La situación probablemente continuaría así hasta que la propia vida del hijo corriera peligro, o bien hasta que la esperanza y la confianza del hijo en la recuperación del padre prácticamente desaparecieran. En ese momento, el hijo se daría cuenta —por su propio bien— de que debe librarse del control práctico de su padre poniendo distancia física entre ambos.

Mudarse no significaría, por supuesto, que el hijo piense que su padre ya no tiene autoridad alguna sobre él. Más bien, el hijo se marcha simplemente porque comprende que no debe permitir que ese padre peligroso lo ponga (al hijo) en peligro real, consintiendo que abuse de su autoridad mediante acciones malvadas, órdenes y malos ejemplos.

El caso del arzobispo Lefebvre y los papas conciliares es similar a esta analogía, pero incomparablemente más grave. En el caso del padre borracho, solo estaba en juego el hijo, y únicamente su vida física corría peligro. Pero con los papas conciliares, es todo el elemento humano de la Iglesia el que se pone en peligro; y no solo físicamente, sino con el riesgo de perder sus almas inmortales para toda la eternidad. Pues, al menos, el padre borracho nunca se sentó a insistir en que su hijo ...también se emborrachan y pecara.

Pero eso es precisamente lo que la Roma modernista ha hecho con el elemento humano de la Iglesia durante más de 60 años, intentando que los católicos acepten los documentos heréticos del Vaticano II, la nueva misa y todos los demás frutos podridos del Vaticano II.

Durante el Concilio Vaticano II y a lo largo de las décadas de 1970 y 1980, el arzobispo Lefebvre se sentía atónito ante los innumerables y escandalosos actos de los papas modernistas (especialmente Pablo VI y Juan Pablo II). Estos papas implementaban metódicamente lo que el Vaticano II enseñaba. El arzobispo Lefebvre veía que estos papas estaban claramente «borrachos perdidos» (por así decirlo) de modernismo, y que exigían que toda la Iglesia creyera lo mismo.

Durante muchos años, el arzobispo Lefebvre intentó, con verdadera caridad, ayudar a estos papas (y al clero romano modernista) y proteger la verdadera fe católica tradicional. Se reunió con ellos en numerosas ocasiones y escribió muchas cartas, con la esperanza de que entraran en razón y comprendieran la clara doctrina católica tradicional.

Un punto de inflexión decisivo para el arzobispo Lefebvre

Pero —y aquí está la clave—, con el tiempo llegó a la firme conclusión de que, al igual que había sucedido con el papa Pablo VI, el papa Juan Pablo II y su equipo también se mostraban totalmente impermeables a la verdad. Por el contrario, estaban firme e irremediablemente comprometidos no solo con los documentos heréticos y letales del Vaticano II, sino también con la destrucción de prácticamente todo lo bueno y santo que hay en la Iglesia.

Los católicos tradicionales nunca insistirán lo suficiente en la importancia de este momento de revelación: esta gracia inmensa mediante la cual el arzobispo Lefebvre comprendió que jamás debía volver a colaborar con Roma hasta que esta se convirtiera. 

Toda la Iglesia (incluido cada uno de nosotros) se ha beneficiado de su descubrimiento y de la determinación que este le inspiró. Él resumió su mentalidad, ahora más cautelosa y sabia, en varias entrevistas. En primer lugar, consideremos la entrevista concedida poco después de las consagraciones de 1988, que incluye estas célebres palabras que a todos nos vendría bien memorizar:

«Entrevistador: ... ¿Qué opina de una posible reanudación del diálogo con Roma?»

Arzobispo Lefebvre: Nosotros [Roma y yo] no tenemos la misma perspectiva sobre una reconciliación. El cardenal Ratzinger la ve como una forma de reducirnos, de hacernos volver al Vaticano II. Nosotros la vemos como un retorno de Roma a la Tradición. No estamos de acuerdo; es un diálogo de muerte. No puedo hablar mucho del futuro —el mío ha quedado atrás—, pero si vivo un tiempo más y supongamos que Roma pide reanudar el diálogo, entonces impondré condiciones. No aceptaré encontrarme en la situación en la que me pusieron durante el diálogo [de principios de 1988]. Nunca más. 

Situaré la discusión en el plano doctrinal [diciendo lo siguiente al Papa, si pide a la FSSPX que retome lasconversaciones]: «¿Está usted de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los papas que le precedieron?

¿Está usted de acuerdo con *Quanta Cura* de Pío IX, *Immortale Dei* y *Libertas* de León XIII,

*Pascendi Gregis* de Pío X, *Quas Primas* de Pío XI, *Humani Generis* de Pío XII?

¿Está usted en plena comunión con estos Papas y sus enseñanzas? ¿Sigue aceptando íntegramente el Juramento Antimodernista? ¿Está a favor del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo? Si no acepta la doctrina de sus predecesores, ¡es inútil hablar! Mientras no acepte la corrección del Concilio a la luz de la doctrina de estos Papas, sus predecesores, no es posible ningún diálogo. Es inútil». Así, las posturas quedarán claras. … Lo que nos separa es la doctrina; está claro”.

Algunas notas sobre la cita anterior:

El arzobispo Lefebvre no tomó esta decisión simplemente porque estuviera «cansado de estas conversaciones» o por algún otro motivo personal de incomodidad o preocupación de índole temporal. Más bien, lo hizo porque comprendió que resulta fatal —al tratar con un enemigo astuto y de verbo fácil— seguir «codeándose» con él y entablar diálogos. Debemos recordar que casi cualquiera de nosotros se sentiría muy nervioso e incapaz de pensar con claridad si estuviéramos sentados en el despacho del hombre más poderoso de la tierra, el Vicario de Cristo (sí, incluso tratándose de los papas destructores), rodeados por los altos funcionarios del Vaticano. Nuestro temor filial hacia el padre se haría presente. 

Además, estos diplomáticos romanos poseen gran experiencia en el manejo de las palabras y en técnicas de presión. Como prueba de lo peligroso que resulta dialogar con los romanos modernistas, consideremos lo siguiente: en un momento dado de las conversaciones, Roma llegó incluso a convencer al propio arzobispo Lefebvre para que firmara un acuerdo práctico letal que habría supuesto la sentencia de muerte para la FSSPX y para todo el ámbito católico...

Sin duda, gracias a una gran gracia, se dio cuenta rápidamente de su grave error y anuló su acuerdo al día siguiente.

En la cita anterior, el arzobispo Lefebvre utilizó la frase «plena comunión», un término absurdo inventado por el concilio. No lo hizo porque realmente pensara que existe tal distinción entre comunión «plena» y «parcial» con la Iglesia (él negó explícitamente esto muchas veces). Más bien, cita esa frase ante los romanos como una especie de recurso irónico, empleando la terminología propia de los papas conciliares en su contra (para ayudarlos, no para perjudicarlos).

Esta misma idea se expone con mayor claridad en otra entrevista que el arzobispo Lefebvre concedió pocos meses después:

«Deben abandonar su ecumenismo; deben recuperar el verdadero

sentido de la Misa, restaurar la verdadera definición de la Iglesia, restablecer el sentido católico de la colegialidad, etcétera. Espero de ellos una definición católica —y no liberal— de la libertad religiosa. Deben aceptar la encíclica*Quas Primas* sobre Cristo Rey y el *Syllabus* [del Papa Pío IX]. Deben aceptar todo esto, porque es, a partir de ahora, la condición que determinará cualquier nueva discusión entre nosotros y ellos».

«Si alguna vez Roma mostrara disposición para reanudar las conversaciones, esta vez seré yo quien establezca las condiciones.

Como dijo el cardenal Oddi:

"El arzobispo Lefebvre se encuentra en una posición de fuerza"»

Alguien podría objetar: «¡Dios mío, Excelencia! ¿Cómo va a convertirse Roma si los católicos nos negamos a hablar con ellos y a convencerlos de sus errores?».

El arzobispo Lefebvre ciertamente no aceptaba este razonamiento ingenuo (que sabía que algunos de sus sacerdotes compartían). En una entrevista, nos recordó a todos una verdad importante: «No son los súbditos quienes hacen a los superiores, sino los superiores quienes hacen a los súbditos»

Además, llegó a comprender que el modernismo es una enfermedad tan letal que Roma solo podría convertirse mediante el poder y la gracia de Nuestro Señor, obtenidos por intercesión de Nuestra Señora. Además, Roma ya tenía al alcance de la mano todos los documentos necesarios, así como todos los argumentos persuasivos expuestos en las innumerables reuniones y cartas previas del arzobispo Lefebvre. Claramente, ningún medio humano surtió efecto en sus intentos de convertir a su superior, el Papa.

El arzobispo Lefebvre continuó con más entrevistas y declaraciones, subrayando lo perjudicial que sería «llegar a un acuerdo» con la Roma modernista, y afirmó:

«Es peligroso ponerse en manos de los obispos conciliares y de la Roma modernista. Es el mayor peligro que amenaza a nuestra gente. Si hemos luchado durante veinte años para evitar los errores conciliares, no ha sido para, ahora, ponernos en manos de quienes profesan dichos errores».

«Por tanto, es un deber estricto para todo sacerdote que desee permanecer católico separarse de esta iglesia conciliar mientras esta no redescubra la Tradición de la Iglesia y de la Fe católica».

«La Sede de Pedro y los puestos de autoridad en Roma están ocupados por anticristos»

«Ya no debemos dialogar con las autoridades romanas. Solo quieren llevarnos de vuelta al Concilio [Vaticano II]; no debemos tener trato alguno con ellas».

Obsérvese bien cómo el arzobispo Lefebvre no duda en emplear términos contundentes, como «anticristo». Esto sirve para enseñarnos cuán peligrosa es la Roma modernista, así como para mostrar verdadera caridad a los propios romanos, advirtiéndoles del gran peligro en que se encuentran. Tengamos esto presente al analizar más adelante las palabras de la «nueva» FSSPX.

La reacción del arzobispo Lefebvre ante las (supuestas) «excomuniones» de 1988

En junio de 1988, el arzobispo Lefebvre consagró a cuatro nuevos obispos para la FSSPX. El papa Juan Pablo II, alegando que el acto del arzobispo Lefebvre constituía un acto de desobediencia y cisma, «excomulgó» casi de inmediato tanto al arzobispo Lefebvre como a los demás obispos que participaron en las consagraciones. No es intención de este artículo desmentir el mito de que dichas supuestas excomuniones tuvieran validez alguna. Existen muchos artículos excelentes que demuestran de manera concluyente que la acción del Papa Juan Pablo II fue injusta, inválida y carente de efecto

Para nuestros fines aquí, centrémonos en cómo reaccionó el Arzobispo Lefebvre ante las excomuniones ficticias. Tener esto presente nos ayudará a evaluar la situación actual de la «nueva» FSSPX. He aquí las palabras del Arzobispo Lefebvre:

«Estamos convencidos de que todas estas acusaciones de las que somos objeto son nulas, ¡absolutamente nulas!… No les damos importancia alguna»

En julio de 1988 —un mes después de las consagraciones—, el Arzobispo Lefebvre parafraseó las palabras de Roma y su propia respuesta a ella: «[Roma:] Puesto que no quieren venir con nosotros, los excomulgamos. [Arzobispo Lefebvre:] Muy bien. Gracias. Preferimos ser excomulgados. No queremos participar en esta obra escandalosa dentro de la Iglesia que se ha llevado a cabo en los últimos 20 años»

El Arzobispo Lefebvre sabía que las «excomuniones» provenían de un papa que actuaba en nombre de una nueva iglesia (la iglesia conciliar) y una nueva religión (la religión conciliar), nacidas durante el Vaticano II. He aquí su explicación: «Pero la Iglesia [que actúa] contra su pasado y su Tradición no es la Iglesia Católica; por eso, ser excomulgados por una Iglesia liberal, ecuménica y revolucionaria nos resulta indiferente».

Pero no fue solo el Arzobispo Lefebvre quien poseía este espíritu y este criterio correcto. Toda la alta dirección de la FSSPX a nivel mundial también veía la verdad y mantenía la actitud católica militante adecuada en aquel entonces. En una carta de 1988 dirigida al Cardenal Gantin, el P. Franz Schmidberger (el Superior General de la FSSPX) y todos los superiores de distrito, rectores de seminario y superiores de casas autónomas de la FSSPX en todo el mundo solicitaron a Roma ser también «excomulgados» junto con monseñor Lefebvre y los obispos recién consagrados; tan poco les importaba a estos líderes de la FSSPX tal aparente «mancha». Querían ayudar a las almas a ver cuán malvada era Roma y mostrar la unanimidad de la cúpula a la dirección de la FSSPX y, lo que es más importante, mostrar a los católicos qué deben hacer si el pastor se convierte en lobo. He aquí lo que escribieron a Roma:

Nunca hemos querido pertenecer a este sistema que se autodenomina Iglesia conciliar y que se define por el *Novus Ordo Missæ* y por un ecumenismo que conduce al indiferentismo y a la laicización de toda la sociedad. Sí, no tenemos parte alguna —*nullam partem habemus*— en el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión, mediante un decreto de Su Eminencia o de otra Congregación romana, no sería más que la prueba irrefutable de ello. No deseamos nada mejor que ser declarados fuera de comunión con este espíritu adúltero que ha estado soplando en la Iglesia durante los últimos 25 años; no deseamos nada mejor que ser declarados fuera de esta comunión impía de los impíos. Creemos en el único Dios, Nuestro Señor Jesucristo, junto con el Padre y el Espíritu Santo, y permaneceremos siempre fieles a su única Esposa: la Iglesia una, santa, católica, apostólica y romana... Por tanto, verse públicamente asociados a la sanción [es decir, las «excomuniones»] que recae sobre los seis obispos católicos —defensores de la fe en su integridad y totalidad— sería para nosotros [es decir, para la cúpula directiva de la FSSPX] un motivo de honor y un signo de ortodoxia ante los fieles.

Mientras vivía el arzobispo Lefebvre, la FSSPX (la de antaño, la buena) se encontraba en su apogeo. Esta etapa fue especialmente gloriosa durante las décadas de 1980 y 1990. Reinaba en toda la FSSPX un espíritu de lucha constante y generalizado. Sus medios de comunicación, púlpitos, revistas, libros y sitios web incipientes reaccionaban con firmeza ante los escándalos de Roma y de los papas, denunciando el error y enseñando las verdades opuestas. Fue una época hermosa que, tal vez, la mayoría de nosotros no supimos valorar en su justa medida.

El arzobispo Lefebvre falleció en marzo de 1991, pocos años después de haber dado a la Iglesia cuatro nuevos obispos en lo que él denominó la «Operación Supervivencia». Recordemos aquí algunas verdades fundamentales para prepararnos para la segunda parte de este artículo:

Hasta su último aliento, el arzobispo Lefebvre nunca habló con pesar de las consagraciones;

Tampoco expresó temor alguno ante las supuestas excomuniones. Más bien habló sobre ellos con desdén.

Tampoco se retractó de sus palabras de que nunca más trataría con Roma hasta que se convirtiera

Conclusión de la PRIMERA PARTE: Las acciones y palabras del Arzobispo Lefebvre fueron fundamentales guía para todos nosotros, mostrando a sus compañeros católicos estas lecciones críticas sobre cómo actuar y pensar en esta crisis:

1. Tengan confianza en que somos nosotros, no Roma, los que tenemos la Tradición Católica.

2. No debemos temer ni ser presionados a llegar a un compromiso en respuesta al “miedo tácticas” de Roma o del propio “obispo” conciliar local;

3. Y quizás la lección práctica más importante: es inútil, vano y

Es peligroso “hablar” con superiores que no quieren profesar la Verdad católica. Nos “convertirán” a sus errores, en lugar de que nosotros nos convirtamos ellos.

Tengan en cuenta estas verdades mientras evaluamos la “nueva” FSSPX en 2026.


SEGUNDA PARTE: La FSSPX después del arzobispo Lefebvre

En la revisión anterior, vimos que:

1. El arzobispo Lefebvre aprendió la lección crucial de que no debía haber diálogo sobre un acuerdo práctico con la Roma no convertida;

2. Ignoró por completo los castigos injustos de Roma; y

3. No tenía la menor intención de poner la (entonces buena) FSSPX en manos de la Roma no convertida.

Esta revisión era necesaria para analizar correctamente la FSSPX actual, incluidas las consagraciones de julio de 2026.

Pero hablar solo de 1988 y del arzobispo Lefebvre no basta para evaluar la situación actual de la FSSPX. Debemos realizar una breve revisión de lo que sucedió con la FSSPX a partir de la muerte del arzobispo Lefebvre y hasta la actualidad. Lamentablemente, la antigua FSSPX, bajo su nuevo liderazgo, inició casi de inmediato la serie de escándalos que duró más de 20 años y la transformó en la "nueva" FSSPX que conocemos. ...que vemos hoy.

Diversas etapas del liberalismo y la decadencia en la FSSPX

De 1991 a 2012:

En 1994 tuvo lugar un acontecimiento importante: el obispo Bernard Fellay fue elegido Superior General, sucediendo al P. Franz Schmidberger. Esto constituyó de inmediato un mal presagio, pues el Arzobispo no había considerado necesario elegir a un obispo de la FSSPX como superior de la misma; de hecho, evitó hacerlo durante las consagraciones de 1988

Pero, lo que es más importante, el antiguo celo de la FSSPX comenzó a desvanecerse rápidamente. Poco después de la elección de Mons. Fellay, los dirigentes de la FSSPX abandonaron discretamente la sabiduría de su fundador e iniciaron conversaciones secretas con Roma, con la intención específica de alcanzar un acuerdo práctico con una Roma modernista y no convertida.

De manera casi imperceptible al principio, los medios de comunicación y los púlpitos de la FSSPX fueron adoptando una postura cada vez más silenciosa y menos combativa respecto a los errores del Vaticano II, la Revolución conciliar y los escándalos de los papas.

Esta suavización no fue casualidad: la FSSPX estaba haciendo dos cosas:

1. Se estaba posicionando para resultar menos ofensiva y mostrarse más «leal» al Papa. La «nueva» FSSPX esperaba complacer a la Roma modernista para así lograr un acuerdo práctico con ella. Resulta incómodo y embarazoso atacar a Roma mientras se mantiene un «diálogo» para obtener favores de ella.

2. Estaba presentando a esos mismos papas modernistas bajo una luz más favorable con el fin de debilitar la resistencia de algunos de sus propios sacerdotes y laicos a llegar a un acuerdo con Roma.

En 2006, monseñor Fellay fue reelegido Superior General por otros doce años; esto prácticamente sellaría la muerte de la «vieja» FSSPX, como veremos a continuación.

De 2012 a 2018:

Estos siete años generaron una montaña de escándalos impactantes, comparable en tamaño al Everest.

Para nuestros fines, ofreceremos una breve reseña histórica y mencionaremos solo algunos de esos escándalos.

En el verano de 2012, el mundo conoció de repente algunos de los frutos de los años de maniobras secretas y traiciones de monseñor Fellay, hechos que hasta entonces solo conocían los directamente implicados. En lo que tal vez sea el mayor escándalo en la historia de la FSSPX, monseñor Fellay presentó al papa Benedicto una propuesta impactante (la «Declaración doctrinal de 2012»).

En dicho documento, monseñor Fellay solicitaba a Roma que concediera a la FSSPX ciertas gracias. Una de ellas era que Roma «levantara las excomuniones de 1988». Esto constituía un escándalo en sí mismo (recuérdese la primera parte de este artículo), dado que, como es evidente, tanto el arzobispo Lefebvre como toda la dirección de la FSSPX (en aquel entonces) consideraban un timbre de honor estar «excomulgados» de la iglesia conciliar.

Hasta ese momento, ni el arzobispo Lefebvre ni los superiores de la FSSPX en 1988 habían considerado reales tales «excomuniones», y ciertamente nunca solicitaron que fueran revocadas. Pero en 2012, monseñor Fellay prometió que, si Roma «levantaba las excomuniones», la FSSPX aceptaría oficialmente los documentos del Vaticano II como conciliables con la Tradición (lo cual era verdaderamente imposible), así como la nueva misa y el nuevo «derecho» canónico como legítimos (lo cual era imposible, ya que cosas malas como estas jamás podrían ser legítimas).

Cada vez quedó más claro que el obispo Fellay había tenido como objetivo, durante muchos años, lograr un acuerdo con Roma a toda costa. Todo el mundo tradicionalista quedó conmocionado, y muchos buenos sacerdotes y fieles abandonaron la FSSPX. De hecho, algunos miembros de la dirección de la FSSPX (aunque ciertamente no todos) reaccionaron con firmeza, tal como se evidencia en una carta interna muy reveladora que se filtró al público en 2012. Dicha carta fue escrita por los otros tres obispos consagrados en 1988 (los obispos Williamson, Tissier y Galarreta) y dirigida al obispo Fellay. En ella, le imploraban que pusiera fin a su labor destructiva y a esa misión suicida de dialogar con Roma, y ​​que, en su lugar, siguiera el sabio principio de monseñor Lefebvre: no establecer acuerdos prácticos ni entablar conversaciones con una Roma modernista y no convertida. El obispo Fellay desestimó implacablemente a esos tres obispos tachándolos de sedevacantistas y de carecer de fe. Esta fue la última defensa significativa de la política del arzobispo Lefebvre y de la Tradición que oiríamos por parte de los obispos Tissier y Galarreta, pues poco después se convirtieron en insignificantes «yes-men» (aduladores sumisos), aprobando ciegamente todo lo que el obispo Fellay hacía y decía.

Los escandalosos sucesos en la FSSPX continuaron a un ritmo alarmante, no solo por parte del obispo Fellay, sino también de muchos superiores de distrito y a través de artículos publicados por los medios de la FSSPX. Estos escándalos están bien documentados en varios artículos de *Catholic Candle*, pero aquí presentamos algunos ejemplos:

La «nueva» FSSPX presenta a los revolucionarios y destructores conciliares como «víctimas» del Vaticano II2 y afirma que los bárbaros conciliares, incluido el papa Francisco, «permanecen en la verdad». 29

El deterioro continuó de innumerables formas. La «nueva» FSSPX siguió a la iglesia conciliar al:

Llamar «cristianos» a los herejes. 30

Llamar «mártires» a aquellas personas que murieron por su falsa fe herética. 31

Declarar que debemos cambiar continuamente.32

Contradecir la enseñanza católica infalible de que los judíos cometieron deicidio. 33

La «nueva» FSSPX:

Suavizó su postura sobre la nueva misa.34

Desplazó su énfasis: de combatir errores doctrinales pasó a centrarse en la «cultura» de la misa en latín. 35

Comenzó a expresar opiniones amables y conciliadoras sobre el Vaticano II. 36

Este periodo, iniciado aproximadamente en 2012, marcó una nueva dirección —una nueva estrategia de imagen— en la que la «nueva» FSSPX seguía publicando artículos doctrinales, pero estos tendían mayoritariamente hacia el liberalismo. Así, hubo numerosas declaraciones de la «nueva» FSSPX que evidenciaban su liberalismo. Sin embargo, gradualmente, la «nueva» FSSPX empezó a evitar los temas doctrinales en general por considerarlos demasiado controvertidos. En su lugar, la «nueva» FSSPX se centró en aspectos positivos y «alegres», tales como:

Fomentar la gratitud hacia sus propios sacerdotes ancianos;

Promover sus propias confirmaciones, peregrinaciones, campamentos y retiros (de contenido suavizado);

Promover la belleza de la misa;

Relatar las vidas de los santos;

Ofrecer una reflexión piadosa diaria o una explicación del Evangelio;

Promover artículos culturales sobre arte y música católicos; y

Debates —generalmente a cargo de «conservadores» conciliares— sobre noticias políticas en la Iglesia.

Como explicó el P. Jergen Wegner, entonces Superior del Distrito de EE. UU. de la FSSPX:

Una característica final del nuevo estilo es su positividad. Desprovistos de cualquier elemento agresivo e imponente, nos comprometemos a evitar polémicas innecesarias... principalmente queremos destacar por nuestra información positiva... 37

Todo este material publicado, de tono alegre, evita la controversia y evita alienar a la modernista Roma.

Hay mucho más liberalismo de la FSSPX que podríamos catalogar. Para un catálogo incompleto pero más extenso del liberalismo de la FSSPX, visite https://catholiccandle.neocities.org/#gsc.tab=0 y haga clic en el botón de la FSSPX.

Muchos sacerdotes y laicos que habían abandonado la FSSPX no podían hacer más que escribir artículo tras artículo para advertir a los demás en aquel momento. La “nueva” FSSPX acabó expulsando al último obispo que se manifestaba en contra de su liberalismo: el obispo Williamson, quien, aunque podía ver correctamente los errores del obispo Fellay, aparentemente no podía ver los muchos problemas graves de 2018 – 2026:

El 11 de julio de 2018, durante el IV Capítulo General en Écône, Suiza, el P. Davide Pagliarani fue elegido nuevo Superior General de la FSSPX por un período de 12 años (2018–2030). Algunos fieles desconocían que el P. Pagliarani había sido durante años la mano derecha del Obispo Fellay y que él mismo lo había ordenado sacerdote. Por ello, algunos abrigaban la vana esperanza de que se regresaría a la “antigua FSSPX”, dado que el Obispo Fellay ya no era Superior General.

Escándalos de la “Nueva” FSSPX bajo el P. Pagliarani

¿Por qué la “Nueva” FSSPX ahora solo PARECE más conservadora que en años anteriores?

Una forma de clasificar los escándalos es si son acciones (cosas dichas y hechas) o inacciones (cosas no dichas ni hechas). Durante los 24 años de mandato del obispo Fellay, vimos innumerables escándalos de ambos tipos, que llevaron a muchos buenos sacerdotes y fieles a abandonar la FSSPX.

Examinamos ahora tanto las acciones (comisiones) como las omisiones durante el mandato del P. Pagliarani,desde 2018 hasta 2026. Esto dará el «golpe de gracia» al mito de que la «nueva» FSSPX ha «cambiado de rumbo».

Comenzaremos por las acciones, ya que queremos reservar el final de este artículo para exponer las omisiones, que son más difíciles de detectar.

1. Acciones escandalosas bajo el P. Pagliarani

Durante el mandato del P. Pagliarani (desde 2018 hasta el presente, 2026), tal vez no haya habido tantas acciones de este tipo. (El equipo de *Catholic Candle* dejó de observar y analizar cuidadosamente el liberalismo de la «nueva» FSSPX en algún momento alrededor de 2017; por lo que no disponemos de una lista tan exhaustiva como nos gustaría ofrecer).

No obstante, ha habido suficientes como para escandalizar a los católicos fieles e informados.

*Catholic Candle* publicó un artículo en marzo de 2025 titulado: *21 ejemplos de liberalismo en la «nueva» FSSPX. La «nueva» FSSPX liberal nunca se ha retractado públicamente de ninguno de estos actos de liberalismo, tal como es su deber.

La «nueva» FSSPX bajo el P. Pagliarani ha sumado los siguientes escándalos adicionales:

1. La FSSPX enseñó anteriormente la verdad de que la vacuna contra la rubéola y otras vacunas desarrollados a partir del aborto son siempre pecaminosas. Por el contrario, la «nueva» FSSPX bajo el P. Pagliarani afirma ahora no solo que esa misma vacuna contra la rubéola es justificable para algunas personas, sino también que las «vacunas» contra el COVID —que también se desarrollaron a partir del aborto—están justificadas. La nueva postura de la FSSPX es incorrecto, liberal y contradice su propia enseñanza anterior sobre las vacunas desarrolladas a partir de celulas de fetos abortados.

2. La «nueva» FSSPX, en lugar de situar a Mons. Fellay en un puesto donde no pudiera causar más daño, lo ha mantenido en un cargo importante de liderazgo dentro de la Fraternidad: el de Primer Consejero General del Consejo General de la FSSPX. Esto demuestra la continuación del liberalismo que promovió Mons. Fellay.

3. La «nueva» FSSPX, bajo el mando del P. Pagliarani, mantiene desde hace años acuerdos con «obispos» conciliares modernistas para utilizar edificios diocesanos conciliares donde rezar y celebrar la Misa. Por ejemplo, un «obispo» conciliar de Friburgo (Suiza) había concedido a la «nueva» FSSPX permiso para utilizar ciertos edificios «sagrados» de su diócesis, y la «nueva» FSSPX comenzó a aprovechar dichos permisos ya en 2019. Sin embargo, ese mismo «obispo» revocó los permisos en julio de 2026, en respuesta a las consagraciones realizadas por la «nueva» FSSPX. Diversos artículos de *Catholic Candle* han demostrado que existen múltiples razones por las cuales utilizar los edificios de la Revolución conciliar constituye un gran mal y un escándalo; entre ellas, el hecho de que en dichos edificios se cometen sacrilegios habitualmente, así como el peligro que corren la fe de quienes entran y rezan en ellos.

4. La «nueva» FSSPX promueve ahora la falsa «aparición» conciliar de Akita, Japón.

5. La «nueva» FSSPX liberal promueve a los «santos» conciliares y los procesos de «canonización» conciliares; por ejemplo, el caso de Annella Zervas, una religiosa estadounidense cuya causa está siendo impulsada actualmente en los procesos de «canonización» de la iglesia conciliar, y para la cual dicha iglesia nombró a una mujer como postuladora.

6. La «nueva» FSSPX (a la que Roma ha declarado nuevamente «excomulgada» en 2026) ha reaccionado ante el decreto de «excomunión» de Roma de una manera diametralmente opuesta a la actitud militante y católica que adoptó el arzobispo Lefebvre en 1988. En la primera parte de este artículo vimos numerosas citas del arzobispo Lefebvre y de los principales dirigentes de la FSSPX en las que consideraban que las «excomuniones» de 1988 carecían de valor, proclamándolas nulas e inválidas, e incluso sintiéndose orgullosos de haberlas recibido.

Además, el arzobispo Lefebvre sabía que la «excomunión» no provenía de la Iglesia Católica, sino de la iglesia conciliar: «Por eso, ser excomulgados por una Iglesia liberal, ecuménica y revolucionaria nos resulta indiferente». Por el contrario, en julio de 2026, los dirigentes de la «nueva» FSSPX llegaron a presentar un recurso canónico contra el decreto de excomunión de Roma. La «nueva» FSSPX presentó esta solicitud ante el Dicasterio para la Doctrina de la Fe el 11 de julio de 2026, en un intento de suspender e incluso detener la (supuesta) validez jurídica de la sentencia de excomunión de Roma. Este enfoque legalista constituye un escándalo para los católicos:

Al actuar así, la «nueva» FSSPX niega implícitamente la existencia de la iglesia conciliar y, en su lugar, continúa con su pauta (mantenida durante más de 10 años) de no distinguir entre la Iglesia Católica y la iglesia conciliar.

Al actuar así, la «nueva» FSSPX niega implícitamente que se encuentre en guerra con la Roma modernista, pues los enemigos en guerra no presentan peticiones legales buscando la ayuda del enemigo.

El nefasto Código de Derecho Canónico de 1983 del Papa Juan Pablo II contiene muchos preceptos perversos. Sin embargo, en este proceso de recurso de 2026, la «nueva» FSSPX cita y se basa únicamente en el Código de 1983, y lo hace en la que tal vez sea la correspondencia más oficial mantenida hasta la fecha con Roma. Esto transmite al mundo el mensaje de que es aceptable utilizar los términos y las reglas del enemigo para conseguir lo que se desea.

7. La «nueva» FSSPX, bajo el mandato del P. Pagliarani, ha seguido dependiendo de —y nunca ha rechazado— las facultades para confesiones y matrimonios que recibió del Papa Francisco durante el mandato de Mons. Fellay.

8. La «nueva» FSSPX, bajo Mons. Fellay, comenzó a llamar a la nueva misa «Santa Misa». Ahora, bajo el P. Pagliarani, la FSSPX denomina a la Misa Tradicional con su nombre conciliar, es decir, la «Forma Extraordinaria» 53.

2. Omisiones escandalosas bajo el P. Pagliarani

Por naturaleza, las omisiones son más difíciles de detectar que las acciones específicas. Por ejemplo, es fácil percibir el escándalo que supone que un sacerdote afirma en un sermón que «todas las religiones son buenas y queridas por Dios». Tales cosas resultan aún más evidentes si se repiten una y otra vez. (¡Cabe esperar que no sigamos regresando semana tras semana solo para ver si el sacerdote lo hace!)

Sin embargo, es más inusual que alguien exclame lo siguiente: «Me encantan los sermones del P. Jones; semana tras semana habla siempre de Santo Tomás de Aquino, de las virtudes y de la caridad. Todo es tan hermoso e inspirador... Al salir de la iglesia, siento que estoy en el cielo. (... larga pausa; la gracia actúa...) Mmm... Pero, bien pensado, rara vez —o nunca— habla de los errores del Vaticano II que nos amenazan a todos, como hacía tan a menudo Mons. Lefebvre...». Esta persona ha identificado correctamente una omisión grave.

Este tipo de momento de revelación es mucho más raro; de nuevo, porque en general es más difícil detectar omisiones, pero también porque la mayoría de nosotros no estamos tan atentos como deberíamos. Basta con que una persona o una parroquia deje de escuchar advertencias regulares sobre esos errores para que se vuelva liberal.

He aquí otro experimento mental. Imaginemos que, tras la muerte del Papa León XIV, es elegido el «Papa Pío XIII». Supongamos, en el mejor de los casos, que el Papa Pío XIII no protagoniza escándalos modernistas, expone una doctrina general acertada e incluso ordena a todos los obispos y sacerdotes que permitan la Misa tridentina sin restricciones. En resumen, supongamos que no realizamos acciones que causen conmoción, incluso las sensibilidades católicas tradicionales. Pero supongamos, además, que este papa no dice ni escribe absolutamente nada para condenar explícitamente los más de 60 años transcurridos desde el Vaticano II: ninguna condena de los documentos corruptos del propio Vaticano II, ninguna condena del malvado rito de la misa *Novus Ordo* y ninguna condena de la infinidad de escándalos de los papas modernistas destructores que le precedieron inmediatamente, etcétera. ¿Qué deberíamos pensar de este nuevo papa? ¿Es un buen papa? ¡No lo es! Sigue siendo un mal papa, porque incurre en una negligencia grave en el cumplimiento de su deber. Los escándalos y problemas públicos deben corregirse a fondo, públicamente y lo antes posible para evitar la pérdida de almas.

Imagínese la confusión de los católicos bajo el pontificado de este papa: «Entonces, ¿cuál es la conclusión? ¿Tenía razón el Vaticano II en todas sus enseñanzas o la tenían todos los papas anteriores? ¿Debo asistir a la nueva misa o a la misa tridentina? Ambas están permitidas en todas partes y son fáciles de encontrar hoy en día». Surgirían innumerables confusiones graves adicionales; por ejemplo, sobre el nuevo frente al antiguo Derecho Canónico, etcétera.

Primera omisión bajo el mandato del P. Pagliarani: no corregir los escándalos de Mons. Fellay

Al igual que en el ejemplo del «Papa Pío XIII» mencionado anteriormente, la «nueva» FSSPX nunca se ha distanciado de ninguno de los escandalosos sucesos ocurridos durante los 24 años en que Mons. Fellay fue superior de la Fraternidad (1994-2018), ni ha realizado retractación, reparación o corrección pública alguna al respecto. Tales escándalos fueron tan numerosos —y muchos de ellos tan graves— que casi cualquiera de ellos bastaría, a los ojos de Dios, para que un obispo o superior perdiera su alma en el juicio final. Sin embargo, no tenemos constancia de ni un solo artículo de la FSSPX escrito desde que el P. Pagliarani asumió el cargo de Superior General y declaró: «Nos equivocamos respecto a [tales o cuales palabras y acciones] y pusimos gravemente en peligro a muchas almas durante años. Castigamos injustamente a buenos sacerdotes y perseguimos a buenos fieles. Ahora vemos que [lo contrario] es lo correcto que hay que hacer y decir», etc.

Segunda omisión bajo el mandato del P. Pagliarani: no seguir la sabiduría de Monseñor Lefebvre

Recordemos, tal como se mencionó en la primera parte de este artículo, que Monseñor Lefebvre aprendió la importante lección de no volver a «dialogar» jamás con Roma sin pruebas de su conversión, pues comprendió que tal proceder no podía acarrear más que un gran daño para las almas. El «mundo entero» sabe que Mons. Fellay ignoró esa sabiduría e intentó persistentemente llegar a un acuerdo práctico con una Roma no convertida. Sin embargo, muchas personas creen erróneamente que el P. Pagliarani ha revertido completamente esa política y ha vuelto a la sabiduría de Mons. Lefebvre. La verdad es que, en el mejor de los casos, se podría argumentar que el P. Pagliarani simplemente ha «suspendido» la política de conversaciones de Mons. Fellay, dejando al mismo tiempo la «ventana abierta» para que Roma vea que «estamos listos cuando ustedes lo estén».

Podemos verlo claramente analizando una carta del 18 de febrero de 2026 que la «nueva» FSSPX escribió a Roma. El contexto histórico de esa carta es el siguiente:

1. En 2019, apenas seis meses después de asumir las riendas de la «nueva» FSSPX, el P. Pagliarani se dirigió a la Roma no convertida bajo el Papa Francisco para solicitar nuevas conversaciones. Fue él quien pidió estas conversaciones, no Roma. Por el lado positivo, el tema de la carta era claramente discutir la doctrina (lo cual la hace preferible a las maniobras de Mons. Fellay, que buscaban meramente un acuerdo práctico sin consenso doctrinal). Pero por el lado negativo, en esta carta el P. Pagliarani no sigue en absoluto la firme decisión ni la sabiduría de Mons. Lefebvre. Es decir, omite preguntar a Roma: «Antes de aceptar dialogar, respóndanme esto: ¿Se han convertido? ¿Aceptan la verdad que enseñaron constantemente los papas anteriores al Vaticano II?». En cualquier caso, Roma no respondió a la solicitud de diálogo de la «nueva» FSSPX.

2. Pasaron siete años. Sin duda, la «nueva» FSSPX se encontraba en un grave dilema provocado por ella misma. Durante este tiempo, la «nueva» FSSPX estaría reflexionando: «Vacilamos...»...ofender a Roma con consagraciones porque queremos ser aceptados en la iglesia conciliar y obtener muchos favores. Pero, por otro lado, ¡nuestros dos obispos restantes morirán pronto y entonces quedaremos desamparados!". Tomaron una decisión: el 2 de febrero de 2026, la FSSPX escribió a Roma (bajo el pontificado del Papa León XIV) y anunció que la "nueva" FSSPX tenía la intención de consagrar obispos sin mandato papal.

3. En respuesta, el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, invitó al superior general de la FSSPX, el padre Pagliarani, a Roma para mantener conversaciones. La FSSPX sabía muy bien que este cardenal Fernández era un modernista que también había escrito libros gravemente impuros y que era culpable de muchos otros escándalos graves.

4. No obstante, la "nueva" FSSPX aceptó la invitación y la reunión tuvo lugar el 12 de febrero de 2026. Una vez más, la "nueva" FSSPX no preguntó nada a Roma sobre si aceptaría la verdadera doctrina católica antes de dialogar.

5. Seis días después de la reunión, el 18 de febrero de 2026, el padre Pagliarani escribió una carta de seguimiento dirigida a Roma. Es esa carta la que analizamos a continuación.

Análisis de la carta de la FSSPX a Roma del 18 de febrero de 2026

En lugar de reproducir la carta completa, ofreceremos algunos fragmentos. Sin embargo, animamos a todos a leer la carta en su totalidad en este enlace: https://fsspx.news/en/news/letter-fatherpagliarani-cardinal-fernandez

En dicha carta, la FSSPX del padre Pagliarani escribe lo siguiente:

"... Esta fue precisamente mi intención en 2019, cuando sugerí un debate en un momento de calma y paz, sin la presión o la amenaza de una posible excomunión, lo cual habría socavado el diálogo libre —tal como es, lamentablemente, la situación actual." … Ambos sabemos de antemano que no podemos llegar a un acuerdo doctrinal… [y que] los textos del Concilio [Vaticano II] no pueden ser corregidos, ni puede cuestionarse la legitimidad de la reforma litúrgica…”.

Nota: La FSSPX afirma que ambas partes saben que no hay forma de llegar a un acuerdo doctrinal; sin embargo, la FSSPX busca seguir reuniéndose y dialogando. ¿Qué podría lograr otra reunión, salvo un acuerdo práctico sin acuerdo doctrinal, para poner a la FSSPX bajo el control práctico directo de la Roma modernista?

La “nueva” FSSPX presenta las discusiones doctrinales como algo meramente “deseable” y “útil”, en lugar de esencial. Pero ya sabemos que, para el arzobispo Lefebvre, se convirtió en una cuestión de principios no volver a dialogar con Roma, aún no convertida. Sin embargo, la «nueva» FSSPX escribe a Roma: «Por parte de la Sociedad, un debate doctrinal siempre ha sido —y sigue siendo— deseable y útil».


La «nueva» FSSPX pretende que Roma ama sinceramente la Verdad y la salvación de las almas. La «nueva» FSSPX se muestra paternalista y escandalosa cuando escribe: «En efecto, incluso si nosotros [la FSSPX y Roma] no llegamos a un acuerdo, los intercambios fraternos nos permiten conocernos mejor, refinar y profundizar nuestros propios argumentos y comprender mejor el espíritu y las intenciones que subyacen a las posiciones de nuestro interlocutor, especialmente su genuino amor por la Verdad, por las almas y por la Iglesia. Esto es válido, en todo momento, para ambas partes». Nota: Si bien no juzgaríamos ni afirmaríamos saber que la jerarquía conciliar odia conscientemente a las almas y a la Iglesia, prácticamente todo lo que hacen atenta contra ellas. Por lo tanto, esta afirmación (es decir, el amor a las almas y a la Iglesia) es contraria a toda evidencia objetiva, sea cual sea su intención subjetiva e interior. Es tan incongruente como ver a un hombre apuñalar a personas con un cuchillo de carnicero y decir: «Sabemos que él y nosotros podemos estar de acuerdo en amar a las personas y a la vida».

La «nueva» FSSPX se preocupa principalmente por el bienestar de la FSSPX, no por el bien común: el P. Pagliarani escribe: «Más recientemente, hemos escrito dos veces al Santo Padre: primero para solicitar una audiencia y luego para explicarle con claridad y respeto nuestras necesidades y la situación actual de la Sociedad». La “nueva” FSSPX admite aquí que escribe a Roma para obtener favores, aprobación, para convencer a Roma de que “¡estamos haciendo un buen trabajo!”, para ser “regularizada”. Todo esto es muy diferente del lenguaje del arzobispo Lefebvre, quien le decía a Roma a la cara que hacían el trabajo del diablo y debían convertirse, para que Roma pudiera convertir al mundo.

La “nueva” FSSPX sigue fingiendo que su propia situación canónica es irregular. No hay nada malo en el estatus canónico de la FSSPX. Todos los intentos pasados ​​de Roma de suprimirla, excomulgarla y silenciarla ilegal e injustamente son nulos. El arzobispo Lefebvre nunca reconoció la validez de los “castigos” de Roma. Sin embargo, la “nueva” FSSPX lleva años diciéndole al mundo (y a Roma) que cree en la validez de las censuras, y que por eso se necesita urgentemente un acuerdo. La “nueva” FSSPX muestra esta misma falsa preocupación en esta carta del 18 de febrero sobre las “excomuniones”. 

En ella se lee: “Por eso, a lo largo de los años, los Sumos Pontífices han tomado nota de esta existencia [es decir, de la FSSPX] y, mediante actos concretos y significativos, han reconocido el valor del bien que [la FSSPX] puede realizar, a pesar de su situación canónica”. Y añade: “No les pide nada más: ni privilegios, ni siquiera regularización canónica”.


La “nueva” FSSPX es cobarde en sus intentos de defender el honor de la Virgen María: Nuestros lectores probablemente saben que en 2025, el Cardenal Fernández, con la ...aprobación del Papa León XIV, blasfemó contra Nuestra Señora, diciendo al mundo que ya no utilizara los gloriosos títulos de Nuestra Señora «Mediadora de todas las Gracias» y «Corredentora». La «nueva» FSSPX cierra esta carta del 18 de febrero de 2026 disculpándose ante esos mismos romanos modernistas mientras defiende con timidez el honor de Ella: «Rezo por ustedes en particular al Espíritu Santo y —no tomen esto como una provocación— a Su Santísima Esposa, la Mediadora de todas las Gracias».

Compárese todo esto con el espíritu de Monseñor Lefebvre y de la «antigua» FSSPX en 1988, tras las supuestas excomuniones. El tono de toda la carta del 18 de febrero es servil y suplicante. A la «nueva» FSSPX le falta la combatividad de la antigua FSSPX y de Monseñor Lefebvre. Ese espíritu combativo se aprecia en las múltiples citas presentadas anteriormente en este artículo, que muestran cómo Monseñor Lefebvre y toda la dirección de la FSSPX hicieron caso omiso de las «excomuniones» y se lo comunicaron a Roma con valentía. Asimismo, el lenguaje diplomático, sumiso y blando de la «nueva» FSSPX, refleja una gran falta de caridad hacia los romanos. Al no decirles la verdad (por miedo a ofenderlos y arruinar las relaciones diplomáticas), disminuyen las probabilidades de que se conviertan y, por el contrario, aumenta el riesgo de que se condenen.

Conclusión

Podría parecer (aunque falsamente) que la «nueva» FSSPX, bajo el mando del P. Pagliarani, ha «cambiado de rumbo», dado que los escándalos son menos evidentes que los ocurridos bajo el obispo Fellay. Sin embargo, un análisis detenido demuestra que nada ha cambiado realmente. La consagración de nuevos obispos en 2026 no demuestra en absoluto que la «nueva» FSSPX haya empezado a entrar en razón y a rechazar su liberalismo. Más bien, simplemente otorga a esos cuatro nuevos obispos liberales una mayor capacidad para promover el liberalismo de la FSSPX. Toda esta situación difiere enormemente de las magníficas consagraciones realizadas por Monseñor Lefebvre en 1988. Por tanto, los católicos tradicionalistas, fieles e informados, deben seguir apartándose de la «nueva» FSSPX y continuar rezando por su conversión.

Por tanto, la «nueva» FSSPX sigue siendo una organización liberal. Quienes han permanecido en la «nueva» FSSPX hasta ahora —más de 14 años después de que los escándalos se hicieran evidentes (en 2012)— están consintiendo y apoyando el liberalismo de la FSSPX.

Sin embargo, consagrar nuevos obispos en 2026 (que son ellos mismos liberales) en nombre de una organización liberal —lejos de ayudar— solo contribuye a que dicha organización liberal perdure y continúe atacando la auténtica Tradición católica. Así pues, las consagraciones de 2026 son, en sí mismas, actos de liberales que promueven su propio grupo liberal. Nadie debería pensar que la FSSPX ha «cambiado de rumbo» simplemente porque hay nuevos obispos. Mucho menos debería alguien pensar que es seguro regresar a la FSSPX.



miércoles, 8 de julio de 2026

LA ILUSION DE LA NEO FSSPX REFUTADA POR MONSEÑOR LEFEBVRE

 


Reportaje a Monseñor Lefebvre un año después de las consagraciones episcopales: 

Fideliter: Algunos dicen: sí pero Monseñor tendría que haber aceptado un acuerdo con Roma, porque una vez que la Hermandad hubiese sido reconocida y las sanciones levantadas, habría podido actuar de una manera más eficaz dentro de la Iglesia, mientras que ahora se colocó afuera. 

Monseñor: “Son cosas que son fáciles de decir. Ponerse dentro de la Iglesia, ¿qué es lo que quiere decir eso? Y en primer lugar, ¿de qué Iglesia se habla? Si es de la Iglesia conciliar, sería necesario que nosotros, quienes luchamos contra ella durante veinte años porque queremos la Iglesia Católica, volviésemos a entrar en esta Iglesia conciliar para supuestamente volverla católica. ¡Es una ilusión total!” 

martes, 30 de junio de 2026

MONSEÑOR LEFEBVRE HABLA SOBRE LA APOSTASÍA DE ROMA MODERNISTA


Nuestra Señora lo anunció en La Salette: “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del anticristo”… 

Monseñor Lefebvre lo denunció en reiteradas oportunidades: 

Homilía del 29 de junio de 1987: 

“Roma está en tinieblas, en las tinieblas del error. Nos es imposible negarlo. No es un combate humano. Estamos en la lucha con Satanás. Debemos ser conscientes de este combate dramático, apocalíptico en el cual vivimos y no minimizarlo. En la medida en que lo minimizamos, nuestro ardor para el combate disminuye. Nos volvemos más débiles y no nos atrevemos a declarar más la Verdad. La apostasía anunciada por la Escritura llega. La llegada del Anticristo se acerca. Es de una evidente claridad. Ante esta situación totalmente excepcional, debemos tomar medidas excepcionales”. 

Entrevista de septiembre de 1987: 

“Hemos llegado, yo pienso, al tiempo de las tinieblas… Yo pienso que verdaderamente vivimos el tiempo de la preparación a la venida del Anticristo. Es la apostasía, es el desmoronamiento de Nuestro Señor Jesucristo, la nivelación de la Iglesia en igualdad con las falsas religiones. La Iglesia no es más la Esposa de Cristo, que es el único Dios. Por el momento, es una apostasía más material que formal, más visible en los hechos que en la proclamación. No puede decirse que el Papa es apóstata, que ha renegado oficialmente de Nuestro Señor Jesucristo; pero en la práctica, se trata de una apostasía”. 

Conferencia en el Retiro Sacerdotal, el 4 de septiembre de 1987: 

“Yo digo: Roma ha perdido la fe, mis queridos amigos. Roma está en la apostasía. Estas no son simples palabras, no son palabras vacías las que digo. Es la verdad. Roma está en apostasía. Ya no podemos tener confianza en ese mundo, salió de la Iglesia, salieron de la Iglesia, salen de la Iglesia. Es seguro, seguro, seguro”. 

Homilía del 30 de junio de 1988: 

“Saben bien, queridos hermanos –seguro que se lo han dicho–, cómo León XIII en una visión profética que tuvo, dijo que un día la Sede de Pedro sería la sede de la iniquidad. Lo dijo en uno de sus exorcismos, en el “exorcismo de León XIII”. ¿Es hoy? ¿Mañana? No sé. En todo caso ha sido anunciado.

No solamente el Papa León XIII ha profetizado estas cosas, sino Nuestra Señora. Las apariciones de Nuestra Señora del Buen Suceso. Esta Virgen milagrosa profetizó para el siglo XX. Dijo a esta religiosa claramente: «Durante el siglo XIX y la mayor parte del siglo XX, los errores se propagarán cada vez con más fuerza en la Santa Iglesia, y llevarán a la Iglesia a una situación de catástrofe total, ¡de catástrofe! Las costumbres se corromperán y la Fe desaparecerá». 

Nuestra impresión es que no podemos dejar de constatarlo. Además, ustedes conocen las apariciones de la Salette, donde Nuestra Señora dijo que Roma perderá la Fe, que habrá un eclipse en Roma; eclipse, adviertan lo que eso puede significar viniendo de parte de la Santísima Virgen. Y finalmente el secreto de Fátima, más cercano a nosotros. Sin duda que el tercer secreto de Fátima debía hacer alusión a estas tinieblas que han invadido Roma, estas tinieblas que invaden el mundo desde el Concilio”.

viernes, 13 de marzo de 2026

DEFENDER A LA SANTA MADRE IGLESIA: MONS. MARCEL LEFEBVRE

 



Hemos tenido papas liberales; el primer Papa liberal, aquél que se reía de los "profetas de desgracia", convocó al primer concilio liberal de la historia de la Iglesia. Las puertas del redil fueron abiertas y los lobos penetraron hasta la majada y degollaron a la ovejas. Vino el segundo Papa liberal, el Papa de la doble faz, el Papa humanista; derribó el altar, abolió el sacrificio, profanó el santuario. Llegó el tercer Papa liberal, el Papa de los derechos del hombre, el Papa ecumenista, el Papa de las Religiones unidas y se lavó las manos y cubrió sus ojos antes tantas ruinas, para no ver las llagas sangrientas de la Hija de Sión, las heridas mortales de la Esposa inmaculada de Jesucristo. 
Por mi parte, no me resignaré; no asistiré a la agonía de mi Madre, la Santa Iglesia, con los brazos caídos, no soy pesimista porque al final de esta lucha el Corazón Inmaculado de María triunfará; por eso, mientras ellos destruyen, nosotros tenemos la felicidad de construir, participamos en la reconstrucción de la Iglesia para la salvación de las almas.

Mons. Marcel Lefebvre.


miércoles, 22 de octubre de 2025

MONSEÑOR LEFEBVRE EXPLICA LOS MOTIVOS DE LA VERDADERA LUCHA EN DEFENSA DE LA IGLESIA

 


Mons. Marcel Lefevbre, Ecône, septiembre, 1990.

La situación que vivimos es gravísima y no podemos ignorarla. Esta es la respuesta adecuada que deben dar a todos aquellos que pre­guntan si la crisis actual va a acabar pronto, si no sería posible una auto­rización para la Liturgia tradicio­nal, para nuestros Sacramentos...
Sin ninguna duda que el proble­ma de la Liturgia y de los Sacra­mentos es muy importante, pero más importante todavía es la cues­tión de la Fe. En cuanto a nosotros esta cuestión está resuelta, pues profesamos la Fe de siempre, la del Concilio de Trento, la del Catecis­mo de San Pío X, la de todos los Concilios y de todos los Papas que han precedido al Vaticano II, senci­llamente la Fe de la Iglesia...
Pero, ¿y Roma? El manteni­miento y la obcecación de las fal­sas ideas y de los graves errores del Vaticano II siguen. En esto no hay duda.
Hemos recibido varios recortes de l’Osservatore Romano, y entre ellos hay discursos del Papa, del Cardenal Cassaroli, del Cardenal Ratzinger. Todos ellos son docu­mentos oficiales de la Iglesia, de autenticidad innegable, que nos de­jan verdaderamente estupefactos.
He vuelto a leer en estos días —(ya que más o menos estoy en el paro)— un libro muy conocido, de Barbier, sobre el catolicismo libe­ral. Es impresionante cuando se ad­vierte que nuestro combate es exactamente el mismo que llevaron a cabo los católicos del siglo XIX, tras la Revolución Francesa, y el mismo combate de los Papas Pío VI, Pío VII, Pío VIII, Gregorio XVI, Pío IX, León XIII, San Pío X, hasta Pío XII. ¿Cómo podemos re­sumir este combate? Este combate está plasmado en Quanta Cura y en el Syllabus de Pío IX, como también en Pascendi dominici gregis de San Pío X Todos estos son unos documentos sensacionales que produjeron una gran impresión en su tiempo, exponiendo la doctri­na de la Santa Sede frente a los errores modernos. Es la misma doctrina que la Iglesia levantó con­tra los errores manifestados en la Revolución Francesa, de forma es­pecial en la Declaración de los De­rechos Humanos.
Hoy, en nuestros días, esa lucha es también la nuestra: frente a los partidarios del Syllabus, de Quanta Cura y de Pascendi, están los que se sitúan en contra. Así de sencillo.

Los “anti-SylIabus” han adoptado los principios de la Revolución

Los que están en contra de es­tos documentos han adoptado los principios de la Revolución, los errores modernos. Por el contrario los que los aceptan permanecen en la verdadera Fe católica.
Es público y notorio que el Cardenal Ratzinger ha dicho ofi­cialmente que el Vaticano II ha si­do un anti-Syllabus. Si su posición es claramente contra el Syllabus, es seguro que ha adoptado los princi­pios de la Revolución. Además lo ha afirmado con toda claridad: “La Iglesia se ha abierto a las doctrinas que no son las suyas sino que pro­vienen de la sociedad civil, etc...” Nadie ignora que se trata de los principios de 1789. los Derechos Humanos.
Nos encontramos exactamente en la misma situación que el Carde­nal Pie. Monseñor Freppel. Louis Veuillot. el diputado Keller en Alsacia. Monseñor Ketteler en Ale­mania o el Cardenal Mermillod en Suiza. Todos ellos combatieron por un buen fin, junto a la gran mayoría de los Obispos, pues en ese tiempo tenían la gran suerte de contar con la gran mayoría de los Obispos. Es cierto que Monseñor Dupanloup, y tras él, algunos otros Obispos de Francia se quedaron al margen. Lo mismo ocurrió en Alemania y en Italia. También en estos países al­gunos Obispos se opusieron al Syllabus y a Pío IX, pero en realidad fueron casos excepcionales.
Estaba en pie esta fuerza revo­lucionaria de los herederos de la Revolución Francesa, y dispuestos a ayudarles también estaban los Du­panloup. los Montalembert, los Lamennais.... que se obstinaban en no invocar los Derechos de Dios frente a los Derechos Humanos. “No que­remos otro Derecho distinto al resto de los ciudadanos”; es decir el Derecho que engloba al común de los hombres, al común de las religio­nes, a todo el mundo. El Derecho común, no los derechos de Dios...
Hoy en día estamos en la mis­ma situación, no nos hagamos ilu­siones. Nuestro combate es terrible. Pero apoyados en los Papas que se han sucedido a lo largo de los si­glos, no tenemos por qué tener miedo ni por qué dudar.
Algunos desearían cambiar esto o aquello, llegar a un entendimien­to con Roma o con el Papa... Noso­tros también estaríamos dispuestos a ello si estuvieran con la Tradición y fueran los continuadores del tra­bajo que llevaron a cabo los Papas del siglo XIX y los de la primera mitad del siglo XX. Sin embargo las autoridades de Roma reconocen que han emprendido un nuevo ca­mino y que el concilio Vaticano II es una nueva era y en esta era la Iglesia recorre una nueva etapa.
Esto es lo que hay que inculcar a nuestros fieles para que así se sientan solidarios con toda la His­toria de la Iglesia. En realidad este combate data antes de la Revolución: es el combate de Satanás con­tra la ciudad de Dios. ¿Qué solu­ción tendrá? No sabemos, es el se­creto de Dios, es un misterio. Pero no nos inquietemos, tengamos con­fianza en la gracia de Dios.
No hay duda que nuestro com­bate se dirige contra las ideas ac­tualmente vigentes en Roma, las ideas expresadas por el Papa, Ratzinger, Casaroli, Willebrands, y muchos más. Y si las combatimos es porque estas ideas afirman lo contrario de lo que dijeron y afir­maron solemnemente los Papas du­rante siglo y medio.
No hay más remedio que elegir. Esto mismo se lo dije yo al Papa Pablo VI. Estamos en la necesidad de elegir entre Su Santidad, el Con­cilio y los Papas que le han prece­dido. ¿A quién hay que escoger? ¿A los Papas que han reafirmado la doctrina de la Iglesia durante siglo y medio o a las novedades del Con­cilio Vaticano II aprobadas por Su Santidad? “¡Oh, no estamos aquí para hacer Teología!”, fue su res­puesta. ¡La cosa está clara!
No podemos dudar ni un mo­mento si no queremos encontrarnos como aquellos que han caído en la trampa de los pactos y componen­das. Hay siempre algunos que se sitúan en el campo del adversario. No se sitúan en el propio campo de batalla, de los que combaten en las mismas trincheras, sino que su mi­rada se dirige siempre hacia el lado enemigo.
Como siempre, dicen que debe­mos ser caritativos, tener buenos sentimientos y evitar las divisiones. A pesar de todo... si dicen la Misa tradicional, no serán tan malos co­mo algunos comentan...
Y sin embargo nos traicionan, dan la mano a los que están destru­yendo la Iglesia y a los que profe­san ideas modernistas y liberales, condenadas por la Iglesia. Y ahora son los que realizan el trabajo del diablo, ellos que se ufanan de tra­bajar, como nosotros, por el Reino de Nuestro Señor Jesucristo y la salvación de las almas.
“Con tal que nos permitan cele­brar la Misa tradicional, podemos pactar con Roma, ¿por qué no?” Así discurren. Se encuentran en un verdadero callejón sin salida, pues no se puede dar la mano a los mo­dernistas y querer guardar la Tradi­ción.
Si se tienen contactos para atra­erlos a la Tradición, convertirlos, podría ser. Esto sería un sano ecu-menismo. Pero dar la impresión de que se les rechaza y después decir que sería bueno hablar con ellos, no es posible. ¿Cómo es posible hablar con ellos cuando nos acusan de estar congelados como cadáve­res? Según ellos, nosotros no so­mos la Tradición viva, somos gente triste, “sin vida y sin alegría”. ¡Sin duda alguna nunca han conocido lo que es la Tradición! Es inverosímil. ¿Cómo pretenden que tengamos re­laciones con esa gente?
Esta es la razón por la cual a veces tenemos problemas con de­terminados seglares, muy buenos, que están junto a nosotros y que aceptaron las consagraciones de 1988, pero que guardan como una especie de amargura por no poder seguir relacionándose con sus amistades de antes, que no acepta­ron las consagraciones y que en la actualidad están contra nosotros. “Es una pena, me gustaría volver­les a ver, estar un rato juntos y es­trecharles la mano”. Pues eso es una traición, porque a la primera de cambio se irán con ellos. Sepamos bien lo que queremos.
Eso ha sido lo que ha destruido a la Cristiandad en Europa. Fran­cia, Alemania, Suiza... Son precisa­mente los liberales los que han per­mitido a la Revolución tomar asiento, justamente al tender la ma­no a aquellos que tienen principios contrarios.

No queremos colaborar en la destrucción de la Iglesia

Hay que saber si también noso­tros queremos colaborar en la des­trucción de la Iglesia, en la destruc­ción del Reinado social de nuestro Señor Jesucristo, o por el contrario si estamos decididos a trabajar por el Reino de Nuestro Señor.
Todos los que quieran unirse a nosotros y trabajar con nosotros, Deo gratias, serán bienvenidos sin preguntarles siquiera de dónde vie­nen, pero que no nos digan que nos dejan para colaborar con los otros, los de los pactos y componendas. Es imposible.
A lo largo del siglo XIX los ca­tólicos se han destrozado, literal­mente, a propósito del documento del Syllabus, unos a favor, otros en contra...
Acordémonos del Conde de Chambord, criticado al no aceptar la realeza por una cuestión de ban­dera. Pero ésta no era la cuestión. lo que no quería el Conde de Chambord era someterse a los prin­cipios de la Revolución. Dijo que no consentiría jamas ser el rey de la Revolución. Tenía razón, pues hubiera sido elegido por el país y la Asamblea, pero a condición de aceptar el Parlamentarismo, es de­cir los principios de la Revolución. Fue en ese momento cuando dijo al país y a la Asamblea, que le otor­gaban su plebiscito, que no acepta­ba la Revolución. “No, debo ser rey, pero según mis antepasados que precedieron a la Revolución”.
Tenía razón, hay que escoger. Y con el Papa escogió los principios anteriores a la Revolución, princi­pios católicos y contrarrevolucio­narios. Nosotros también, con el Syllabus, hemos escogido ser con­trarrevolucionarios, contra los erro­res modernos, permaneciendo en la verdad católica y defendiéndola.
Este combate entre la Iglesia los liberales modernos es el comba­te del Vaticano II. No hay que rom­perse la cabeza. Y este combate lleva muy lejos. Cuanto más se ana­lizan los documentos del Vaticano II y la interpretación que ha dado de ellos la Iglesia Católica, más se apercibe uno que no es cuestión sólo de algunos errores, ecumenismo, libertad religiosa, colegialidad, un cierto liberalismo, sino más bien de una perversión del espíritu. Es una nueva Filosofía, basada en la nueva Filosofía del subjetivismo. El libro de Jean Dörmann, —La extraña te­ología de Juan Pablo II y el espíri­tu de Asís— es muy esclarecedor en este sentido. Comenta el pensamien­to del Papa, en especial un retiro que, siendo todavía Obispo, predicó en el Vaticano. Nos muestra que to­do es subjetivo en el Papa. Cuando se leen de nuevo sus discursos, se da cuenta uno que su pensamiento obedece a esta característica. A pe­sar de las apariencias, no es un pen­samiento católico. La idea que el Papa tiene de Dios, de Nuestro Se­ñor, tiene su origen en lo más pro­fundo de su conciencia, y no en una Revelación objetiva a la cual asiente por su inteligencia. Es él quien construye la idea de Dios. Últimamente ha dicho en un documento inaudito que la idea de la Trinidad llegó muy tarde, pues fue preciso que la psicología del hombre inte­rior pudiese ser capaz de llegar a la Santísima Trinidad. Así pues la idea de la Trinidad no nos ha sido revela­da, sino que proviene de lo más hondo de nuestra conciencia. Es una idea totalmente diferente de la Re­velación, de la Fe y de la Filosofía, es una total perversión. ¿Qué salida hay? No lo sé. Pero es un hecho.
No son pequeños errores. Nos encontramos ante una corriente de Filosofía que se remonta a Descar­tes, a Kant, a toda una serie de filósofos modernos que prepararon la Revolución.
El texto que sigue pertenece a Juan Pablo II y fue publicado por l'Osservatore Romano el 2 de Ju­nio de 1989:
“Mi visita a los países nórdicos viene a confirmar el interés de la Iglesia católica por el Ecumenis­mo, que quiere promover la unidad entre todos los cristianos. Hace veinticinco años que el Concilio Vaticano II insistió claramente en la urgencia de este desafío que se le presenta a la Iglesia. Mis prede­cesores desearon alcanzar este ob­jetivo permaneciendo atentos a las mociones del Espíritu Santo, que es fuente divina y garantía del movi­miento ecuménico. Desde el inicio de mi Pontificado, he hecho del Ecumenismo una prioridad dentro de mi solicitud por la acción pasto­ral”. Está claro.
Y  sin parar el Papa pronuncia discursos sobre el Ecumenismo ya que constantemente recibe a dele­gaciones de ortodoxos, de todas las religiones en general y de todas las sectas.
Y  a pesar de todo se puede de­cir que este Ecumenismo no ha su­puesto ningún progreso para la Iglesia. En realidad no ha supuesto nada si no es confortar a los no ca­tólicos en sus errores, sin intentar convertirlos. Todo lo que se dice respecto a esto es un verdadero ga­limatías: la comunión, el acerca­miento, deseos de estar en una co­munidad perfecta, esperanza de po­der comulgar dentro de poco en los sacramentos de la unidad... Y así sin parar. Pero no hay ningún avan­ce y será imposible que lo haya.
De nuevo en L’Osservatore Ro­mano encontramos un discurso del Cardenal Casaroli en el que se diri­ge a la Comisión de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas:
“Es para mí un placer muy grande haber sido invitado para hablar en esta Asamblea, y aprove­cho la ocasión para comunicarles las palabras de ánimo que les diri­ge la Santa Sede, deseando tam­bién hablarles -y ustedes lo com­prenderán- sobre un aspecto espe­cífico de la libertad fundamental de pensar y actuar según su con­ciencia, es decir la libertad de reli­gión (¡Oír estas cosas en la boca de un Arzobispo!). Juan Pablo II no dudaba en afirmar el año pasado, en un mensaje para la Jornada mundial de la paz, que la libertad religiosa constituye como una pie­dra angular en el edificio de los Derechos Humanos.
“La Iglesia Católica y su Pas­tor Supremo, que ha hecho de los Derechos Humanos uno de los grandes temas de su predicación, no han dejado de recordar que en el mundo hecho por el hombre y para el hombre (¡dixit Casaroli!) toda la organización de la socie­dad tiene sentido en la medida en que la dimensión humana es su preocupación central. (De Dios no se habla, nada de la dimensión de Dios en el hombre, horroroso. Es puro paganismo). Y el Cardenal continúa: “Todo hombre y todo el hombre, ésta es la preocupación de la Santa Sede, y también la vues­tra, sin duda”.
¡No digamos más! No tenemos que hacer nada con esa gente, no tenemos nada en común con todos ellos.
El famoso Cardenal Ratzinger se encuentra un tanto molesto por haber dicho que el Vaticano II era un contra-Syllabus, pues a menudo se le reprocha esta frase. Por eso encontró una explicación que dio a conocer el 27 de junio de 1990.
En Roma se ha publicado un documento interminable para expli­car las relaciones entre el Magiste­rio y los teólogos. Como no saben ya que hacer con los problemas que se les plantean por todas partes, tra­tan de atraerse a los teólogos sin condenarles tampoco demasiado. Páginas y páginas en un documento en el que se pierde uno fácilmente.
Es precisamente en la presenta­ción de este documento donde el Cardenal Ratzinger nos comunica la posibilidad de poder decir lo contrario de lo que los Papas han afirmado siempre desde hace siglo y medio.
“El documento, dice el Carde­nal, afirma, quizá por primera vez, (desde luego que la primera vez), que hay decisiones del Magisterio que no pueden ser la última pala­bra sobre determinada materia, pe­ro sí son un anclaje substancial en el problema (¡qué picaro!) y sobre todo una expresión de prudencia pastoral. Una especie de disposi­ción provisional. (¡Calificar de disposiciones provisionales a las de­claraciones oficiales de la Santa Sede!). El núcleo permanece esta­ble pero los aspectos particulares, sobre los que ejercen una influen­cia las circunstancias temporales, pueden ser susceptibles de rectifi­caciones posteriores. A este respec­to puedo señalar las declaraciones de los Papas del siglo pasado so­bre la libertad religiosa (¡por fa­vor!) como también las declaracio­nes antimodernistas de principios de siglo. (¡No le importa nada!). Y sobre todo las decisiones de la Co­misión bíblica de la misma época” (¡Sí, sobre todo!).
Así pues tres decisiones del Magisterio que pueden arrinconar­se. Que pueden cambiar. En este mismo sentido podríamos sacar a la luz las declaraciones papales del siglo pasado, ¡porque también ellas tendrán necesidad de ser rectifica­das tras el paso del tiempo!
“Las declaraciones antimoder­nistas han prestado un gran servi­cio pastoral en su tiempo, en cir­cunstancias muy determinadas, pe­ro ahora están superadas”. (Y así queda atrás la página del modernis­mo. Se terminó y no hay que hablar más).
El Cardenal se defiende de la acusación que se le hace de estar en contra del Syllabus, en contra de las decisiones pontificias y del Ma­gisterio: permanece un núcleo (¿qué núcleo?, ¡no se sabe!), pero los aspectos particulares sobre los que tienen una influencia especial las circunstancias temporales pue­den ser susceptibles de modificaciones posteriores. El juego sigue... ¡es increíble!
¿Cómo podemos tener confianza en esas personas?
¿Cómo podemos tener confian­za en gente así? Gente que justifica el rechazo de Quanta Cura, de Pascendi, de las declaraciones de la Comisión bíblica, etc...
Una de dos, o somos los here­deros de la Iglesia Católica, de Quanta Cura, de Pascendi, junto a los Papas de antes del Concilio y la gran mayoría de Obispos, todos a favor del Reinado de Nuestro Señor y la salvación de las almas, o si no somos los herederos de los que, sin importarles la ruptura con la Iglesia y su doctrina, admiten los princi­pios de los Derechos Humanos, ba­sados en una verdadera apostasía, con la única intención de poder es­tar presentes, aunque sea como la­cayos, en el gobierno mundial revo­lucionario. En el fondo se trata de eso: tanto decir que están a favor de los Derechos Humanos, de la liber­tad religiosa, la democracia y la igualdad entre todos, obtendrán un puesto en el gobierno mundial, pero será meramente de lacayos.
Si digo todas estas cosas es porque me parece que es necesario unir nuestro combate a todo lo que le ha precedido. Todo esto no ha comenzado con el Concilio, este combate durísimo y penosísimo en el que muchos han quedado exhaustos. La separación de la Iglesia y del Estado, la expulsión de los re­ligiosos, la expropiación de los bie­nes de la Iglesia, todo esto ha sido una auténtica persecución no sola­mente en Francia, sino también en Suiza, en España, en Alemania y en Italia.
Cuando los Estados Pontificios son ocupados, el Papa se confina en el Vaticano, presa de sucesos abominables. ¿Vamos a aliarnos con ellos, contra la doctrina de los Papas, sin hacer caso de los lamen­tos que éstos han lanzado para de­fender los derechos de la Iglesia y de nuestro Señor, en definitiva para defender las almas?
Estoy convencido que tenemos unas fuerza y una solidez que no provienen de nuestra propia lucha. Pues el combate que llevamos a ca­bo no es algo nuestro, es el comba­te de Nuestro Señor Jesucristo por amor y para defender a la Iglesia. No podemos dudar: o estamos con la Iglesia o en contra de ella. No podemos admitir a esta iglesia con­ciliar que cada vez tiene menos de la Iglesia católica, prácticamente no le queda ya nada.
Cuando el Papa hablaba en otros tiempos de los Derechos Hu­manos, hacía también alusión a los deberes propios del hombre. Ahora no. Todas estas reflexiones son pa­ra sentirnos fortalecidos y conven­cidos y llevar adelante este comba­te, con la gracia de Dios. No existi­ríamos ya si Nuestro Señor no estu­viese con nosotros. En cuatro o cinco ocasiones la Hermandad ha estado en peligro de desaparecer. Gracias a Dios no ha sido así. Una de ellas fue el momento de las con­sagraciones episcopales, nos lo ha­bían dicho. Los falsos augures e in­cluso gente cercana a nosotros nos lo habían dicho: “Monseñor, no ha­ga eso nunca, será el fin de la Her­mandad”. Pero Dios no lo quiso así. Eso es todo.
A lo largo de este combate ha habido también mártires, los de la Revolución Francesa y todos los que moralmente han estado perse­guidos. San Pío X sufrió el martirio a causa de tantos Obispos persegui­dos, monasterios expropiados, reli­giosos expulsados fuera de sus fronteras y tantas cosas más. ¿Y eso ahora no tiene ningún valor? ¿Va a ser una lucha inútil, absurda, que va a acabar condenando a las propias víctimas y mártires? No, no es posible.
Inmensos en este combate, en esta lucha, demos gracias a Dios por ello. Es cierto que somos per­seguidos, los únicos excomulga­dos, pero no podemos dejar de ser lo que somos.
¿Qué va a pasar? No lo sé. Po­demos leer en la Escritura: “Vendrá y todo volverá a su lugar”, Omnia restituet. ¡Que venga pronto!
Humanamente hablando no veo por el momento la posibilidad de llegar a un acuerdo. Me dicen que si Roma llegase a aceptar a los Obis­pos consagrados por mí, dejándonos libres de la jurisdicción ordinaria de los Prelados diocesanos... Primera­mente están muy lejos de hacer algo así, y haría falta además que nos hi­ciesen de verdad tal ofrecimiento, cosa que no están dispuestos a ha­cerlo. El fondo de la cuestión, en 1988, ha sido precisamente la con­cesión de un Obispo tradicionalista. Lo que nos ofrecían siempre era un Obispo de acuerdo a la Santa Sede. Pero todos sabemos lo que esto quiere decir. Concediéndonos lo que pedíamos sabían muy bien que nos erigiríamos en una gran fortale­za tradicional y eso no lo quieren y no están dispuestos a dárselo a na­die, ni a los que han pactado con ellos. Por eso el protocolo que firmé no ha sido el mismo que el que fir­maron los otros. Nuestro protocolo incluía un Obispo tradicional y dos miembros en la comisión romana. Mientras que los otros que han fir­mado el pacto con Roma no cuen­tan ni con obispo alguno ni con miembros suyos propios. Roma no quiere en los protocolos que se fir­men clausulas de este tipo.

Dios ha querido la Hermandad

El 1 de Noviembre de 1990 se cumplen los 20 años de nuestra Hermandad, y estoy plenamente convencido que esta Hermandad representa lo que el Señor quiere para guardar y mantener la Fe, la verdad de la Iglesia, y todo lo que aún se puede salvar en la Iglesia. Este objetivo se cumple también gracias a los Obispos que están junto al superior General y que cumplen su papel de guardianes y centinelas de la Fe, predicando y administrando los Sacramentos del Orden y de la Confirmación. Todo esto es absolutamente necesario, insustituible.
Nos llenamos de un gran con­suelo al meditar estas cosas y en verdad que podemos dar gracias a Dios, siguiendo en nuestra labor con perseverancia; de esta forma podremos recibir un día el premio por lo que hemos hecho. Aunque la visita del Cardenal Gagnon no haya dado muchos frutos, sin em­bargo ella es signo de nuestra pre­sencia y del bien que se hace en la Hermandad. Y aunque no lo digan claramente, no es menos cierto que tienen que reconocer que la Hermandad representa una fuerza irreemplazable para la Fe, de suer­te que si ellos llegan a reencontrar la Tradición, podrán tener la ale­gría y la satisfacción de servirse de esta institución. Pidamos a la Santísima Virgen, nuestra Señora de Fátima, especialmente en las peregrinaciones, que ayude a nuestra Hermandad con abundan­tes vocaciones. Nuestros Semina­rios no están totalmente llenos, ne­cesitamos más vocaciones. Con la gracia de Dios las tendremos. Mu­chas gracias por todo. Ahora lo único que pido es tener una buena y santa muerte, no me queda otra cosa que hacer.