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viernes, 6 de marzo de 2026

EL PURGATORIO (RELACIONES Y DOCUMENTOS HISTÓRICOS ACERCA DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO) 4a

 


P. — Nuestra hermana N. desearía saber si usted ha visto en el purgatorio a su padre y a su madre.

R. — No sé; yo misma he dejado allí muchos parientes y no lo sabía; el ángel me lo ha dicho después en la tierra.

P. — ¿Usted conoce a mis hermanas? ¿Ha visto usted algunas veces a nuestra Madre desde que está en el mundo?

R. — Si, las conozco a todas y veo cuanto pasa en la casa; lo mismo sucede a todas las ánimas del purgatorio; ven lo que acaece en la tierra a menos que por permisión divina estén privadas de ello.

Vamos, hermana, hasta mañana.

Aquella cita, que nunca me había dado anteriormente, me sorprendió. Lo dije a nuestra venerada Madre, que ansiaba por el siguiente día para saber de qué se trataba.

Esta buena Madre me dijo: «Como usted veló anoche, es preciso que se vaya a acostar antes que toquen el gran silencio; entonces podrá ir a preguntarle qué es lo que tiene qué decirle».

No dejé de hacerlo así: pero su primera palabra fue: Hasta mañana, acuéstese tranquila.

Al siguiente día me le acerqué diciendo: —Buenos días, hermana; ayer me dió usted una cita para hoy, lo que me ha hecho pensar que tenía algo que decirme.

—No, hermana, lo único que quise decirle fue que como había estado en vela, no quería importunarla esta noche.

En efecto toda la noche la pasé muy tranquila.

P. —Como usted no le ha hablado a N. N. sino de N. B., ella está muy angustiada por sus demás parientes, imaginándose que pueden haberse condenado.

R. —No lo sé; pero si le interesa tanto, se lo preguntaré al ángel bueno.

P. —¿La han aliviado algo las oraciones y comuniones de ayer y hoy?

R. —El ángel respondió: «Sí, poca cosa le falta, tres o cuatro intenciones de la santa comunión y después espero que será pronto libertada».

P. —Hermana, ayer me ofreció usted preguntarle algo por N. N. al ángel de su guarda.

Volteóse la hermana como dirigiéndose a alguien y entonces oí la voz del ángel que me dijo:

«Dígale a su Madre que N. N. está en el cielo hace tiempo, y X. desde la Semana Santa; una de sus hijas ha pedido mucho por él».

Yo le repliqué: «Pero ella tiene muchos otros parientes que le interesan: tíos, tías...».

El Ángel me respondió: «En cuanto a N. N. está en el purgatorio; su tía la Hermana X está en el cielo; sin embargo, no fue tan pronto como se creyó, porque aquí las colocan en el cielo muy pronto. Pidan porque ustedes tienen en el purgatorio varias de sus hermanas que estaban mucho antes que la buena hermana María Sofía».

Le pregunté al ángel si mis dos hermanas estaban en el purgatorio y me respondió: «Las dos están en el cielo. Su hermana María no estuvo sino siete semanas en el purgatorio porque el buen Dios aceptó las oraciones y las misas que le mandó decir su hermana Elisa, como también el sacrificio generoso que hizo de su vida. Usted también tiene en el cielo a su sobrina María. Esa niña estuvo diez y siete días en el purgatorio, y eso por no haber pedido con bastante instancia los últimos sacramentos».

P. —¿Hermana, le dije a mi hermana María Sofía, usted recibió la aplicación de las oraciones y comuniones que le ofrecimos esta mañana?

Volvió a tomar el ángel la palabra y dijo: «Si, ya ella no se quema; sólo padece por el deseo de ver a Dios; pero le faltan aún algunas oraciones para alcanzar su completa libertad. Dele las gracias a su Madre y a sus hermanas por las oraciones que han hecho por esta alma.

Ella también les da las gracias; pero usted a su vez le debe alguna gratitud, pues no dejará de haber observado que está mejor de los ojos desde que pide por ella.

Me volví hacia mi hermana María Sofía y le dije: «¿Hermana, tendría usted la bondad de decirme qué es lo que debo hacer para aprovechar el tiempo?».

R. — Practique bien su regla y sus constituciones. Le recomiendo en particular la obediencia pronta y sencilla, la humildad, la mortificación; purifique bien su intención sobre todo por la mañana al levantarse, pues de ese primer momento depende todo el día; prepare bien su punto de oración, pues en este santo ejercicio es donde el demonio trata por lo menos de hacerle perder el tiempo. Y al responderle yo que muchas veces estaba tan cansada que tenía que sentarme, me dijo: «No son las rodillas las que quiere el buen Dios, sino el corazón y la voluntad.»

— En cuanto a la Misa, prosiguió, póngase al empezar bajo la protección de la Santísima Virgen; pídale que le haga comprender la grandeza y el valor inapreciable del santo sacrificio de la Misa, y de las gracias innumerables que puede alcanzar para usted misma y para las demás. ¡Ah si usted pudiese comprender el valor de una sola misa sobre el corazón de Dios, y los bienes que podría conseguir por ese divino sacrificio, si siquiera se molestase en pedir ese conocimiento! Lo que le va a ofrecer al Padre celestial es la sangre de Jesucristo: con esa sangre preciosa puede pagar todas sus deudas, satisfacer su justicia por usted y por sus prójimos, convertir a los pecadores, salvar las almas, abrir las cárceles del purgatorio a sus parientes, a sus amigos y a tantas pobres almas que gimen lejos de Dios y reclaman el socorro de su caridad! ¡Usted puede glorificar a Dios más por esa sola acción que por las penitencias más austeras y los actos de virtudes más heroicos. Usted puede adoptar, o adopte el espíritu del Director. (No recuerdo bien su expresión).

— En el Ofertorio ofrézcase a Dios por manos del sacerdote; pídale que le cambie sus inclinaciones y su corazón, que la haga amar la virtud, sobre todo, la de la humildad. Dígale que usted quiere que todo en usted le sea sacrificado. Pídale al Señor que reciba la ofrenda de todos sus pensamientos, de todos sus afectos, de todo su ser.

— En la Consagración, represéntese estar a los pies de la Cruz de Nuestro Señor, y que la sangre de Jesús penetre en su alma gota a gota; este es el momento más precioso para alcanzar gracias del buen Dios. Aunque una alma estuviera en pecado mortal, podría salir de allí justificada. Pídale en ese momento al Señor por las ánimas del Purgatorio, para que su sangre apague todas las llamas, pues entonces Jesús no rehúsa nada.

— En la Comunión, únase a las disposiciones de la Santísima Virgen; pídale que le preste su corazón y reciba en él a Jesús, lo adore, ame y glorifique por usted. No deje nunca en sus comuniones de hacer una intención por las ánimas; acuérdese que Nuestro Señor mismo quiere que ruegue por su libertad, y que nada le negará a usted su padre, pidiéndole en su nombre.—Como durante todo el día se están celebrando misas, hará bien en unirse a ellas. Haga con sencillez sus oraciones, porque el escrúpulo es un gran mal. Evite apresurarse en lo que deba hacer, y nunca deje las comuniones por su culpa; no puede comprender cuánto pierde en omitirlas: haga a menudo la comunión espiritual. Aplíquese también a la caridad para el prójimo; usted no lo critica abiertamente, pero a veces, por excusarse, lo deja aparecer culpable. También debe respetar más el gran silencio; el otro día faltó con una de las alumnas.

— Pero lo que le dije fué por caridad, para hacerle un servicio —Es verdad, me dijo: pero sin embargo, usted dijo muchas palabras inútiles que ha podido evitar Dígale a su Madre que pediré mucho por ella cuando esté en el purgatorio; porque no se haga ilusiones, mi buena hermana, muy pocas personas van derecho al cielo.

Trabajando un día en nuestra celda y rezando al mismo tiempo el rosario de Ánimas, se me acercó mi hermana María Sofia y me dijo que rezara siempre ese rosario, porque le era muy agradable a Dios, y aliviaba prontamente a las ánimas. Me pareció que ella lo rezaba conmigo.

P. —Puedo esperar, hermana, que usted me cumplirá su palabra, y que tendrá la bondad de avisarme cuando se vaya para el cielo?

R. —Si, estese tranquila: no me iré sin avisárselo, y si no temiese que eso la perjudique le pediría al ángel el favor de que lo viese.

Le pregunté por qué motivo creía perjudicarme. Me respondió que era por temor de que con eso me envaneciera. Le di las gracias, manifestándole que si era así prefería verme privada de tan gran favor.

Después me dijo en dos diversas ocasiones: «Le prometo hacer todo lo posible para alcanzar del buen Dios la gracia de que pueda ver a su mamá cuando se vaya para el cielo.» Eso me lo repitió el 25 de mayo, víspera de Pentecostés, día de su entrada al cielo. Eran las dos y media de la tarde. Yo no quería separarme de ella; pero a pesar de mis deseos, no pude volver a su lado hasta las cinco menos cuarto.

Al presentarme me dijo: «Se ha hecho esperar. Ansiaba porque viniese.... Vamos, hermana, ¡me voy!... Le doy las gracias por todo lo que ha hecho por mi; manifiéstale también mi gratitud a la Madre y a todas las hermanas».

El temor de que se fuese sin haberle podido dar un recado que me habían encomendado poco antes, me hizo interrumpirla: «Oh, hermana, le dije emocionada, mi hermana María Adelaida me ha suplicado le pregunte si sus hermanos y hermanas están en el purgatorio.»

Tomó la palabra el ángel y dijo con voz de contento y felicidad: «No sólo a ella, sino a todas las hermanas dígales que se tranquilicen, que por ese respecto son muy felices; pues aquellos de sus parientes que no están en el cielo, van ya en camino. Al buen Dios le ha sido muy agradable la educación cristiana que dieron a sus hijas, y también el sacrificio que de ellas hicieron consagrándolas a Él. Ahora, le doy las gracias por todo lo que ha hecho por esta alma. Déle también las gracias a la Madre y a todas las hermanas y estén seguras de que ella no las olvidará en el Cielo, como tampoco a los seres queridos que tienen en el Purgatorio. Y usted, hermana, aplíquese a la humildad, a la obediencia y a la caridad; sea muy fiel a su regla, y después no tema nada.»

La hermana María Sofía tomó la palabra y me dijo: «Adiós, hermana, me voy.»

Me impresionó tanto con estas palabras que al punto caí de rodillas.

Volvió a tomar la palabra el ángel y me dijo: «crea, hermana que no le será ingrata!»...

Fué tan fuerte la impresión de todo esto, que apenas ví la desaparición de la hermana; sólo pude observar algo blanco que se elevaba como un vuelo de pájaro.

Aquí terminó todo; después ni he visto, ni oido nada.

Siguen algunas preguntas que dirigió nuestra muy venerada Madre a la hermana Margarita María acerca del físico de la hermana María Sofía.

P. — ¿Es alta la hermana María Sofía?

R. — Si, Madre un poco más alta que yo.

P. — ¿Tiene la cara larga o redonda?

R. — La tiene larga

P. — ¿Ojos grandes o pequeños?

R. — Grandes; el párpado se le ve con una gran arruga.

P. — ¿Cómo tiene la nariz?

R. — Bastante larga y esponjada.

P. — ¿Tiene mucho cabello?

R. — No; lo tiene largo y claro.

P. — ¿Tiene finos los labios?

R. — No; los tiene gruesos.

P. — ¿Cómo tiene las uñas?

R. — Parecen uñas encajadas; no las tiene lisas como nosotras; se le ven como rayadas y algo volteadas. Tiene las manos rojizas y mal formadas; al principio, cuando se me apareció, me causaba miedo.

P. — ¿Cómo tiene la punta de los dedos?

R. — Gruesas.

P. — ¿Es ancha de hombros, de pecho levantado?

R. — No, por el contrario, muy estrecha de hombros, y de pecho más hondo que yo.

P. — ¿Y su voz?

R.— Tiene buena palabra, pero la voz hueca; sus maneras parecen algo bruscas.

Según esta exposición, nuestra muy venerada Madre y todas mis hermanas de la comunidad que han conocido a la hermana María Sofía, aseguran que ese retrato está absolutamente conforme con el original.

miércoles, 25 de febrero de 2026

VACUNAS HECHAS CON PARTES DE FETOS ABORTADOS

 


La ciencia, los medios de comunicación o la iglesia oficial que se dice católica y mucho menos los gobiernos NO nos han hablado ni alertado sobre este aspecto. 

MRC-5 A finales de la década de los 60’´s, la línea celular MRC-5 (AG05965) que son fibroblastos de pulmón de feto humano abortado se desarrolló en septiembre de 1966 a partir de tejido pulmonar extraído de un feto de 14 semanas abortado de una mujer de 27 años físicamente sana. La morfología celular es similar a la de los fibroblastos. [coriell.org] Actualmente las vacunas que se fabrican cultivando virus en estas células son Hepatitis A, Hepatitis A +B, Hepatitis A+B + tifoidea, y en todas las combinaciones que incluyan Rubeola. 

HEK-293 Otra cepa de células de origen de feto abortado son HEK-293. La línea celular de riñón embrionario humano HEK293 tiene potencial biosintético para la producción similar a la humana y actualmente se utiliza para la fabricación de varios proteínas terapéuticas y vectores virales. Aunque inicialmente se usó para la producción de vectores adenovirales, HEK293 también se convirtió en una de las líneas celulares preferidas para la expresión de proteínas transitoria o estable. La necesidad de un plegamiento de proteínas y glicosilación adecuados de proteínas terapéuticas ha promovido la producción en células HEK293. [https://www.capricorn-scientific.com/en/landing-pages/HEK-ONE] 

HEK293 es una línea celular derivada de células renales embrionarias humanas cultivadas en cultivo de tejidos. También se conocen, de manera más informal, como células HEK. Esta línea en particular se inició mediante la transformación y cultivo de células HEK normales con ADN de adenovirus 5 cortado. La transformación dio como resultado la incorporación de aproximadamente 4,5 kilobases del genoma viral en el cromosoma 19 humano de las células HEK. La línea fue cultivada por el científico Alex Van der Eb a principios de la década de 1970 en su laboratorio de la Universidad de Leiden, Holanda. La transformación fue ejecutada por Frank Graham, otro científico del laboratorio de Van der Eb que inventó el método del fosfato de calcio para transfectar células. La fuente de las células era un feto abortado sano de paternidad desconocida. El nombre HEK293 se llama así porque fue el experimento número 293 de Frank Graham. 

Se “desconoce” el tipo de célula de riñón de la que proviene la línea celular HEK293 y es difícil caracterizar de manera concluyente las células después de la transformación, ya que el adenovirus 5 podría haber alterado significativamente la morfología y expresión celular. Además, los riñones embrionarios son una mezcla heterogénea de casi todos los tipos de células presentes en el cuerpo. De hecho, investigadores independientes, incluido el propio Van der Eb, han especulado que las células pueden ser de origen neuronal. Aunque teóricamente posible, la mayoría de las células derivadas de un riñón embrionario serían células endoteliales, epiteliales o fibroblásticas. Se sospecha un origen neuronal debido a la presencia de ARNm y productos génicos que se encuentran típicamente en las neuronas.

 Hoy en día, las células HEK293 se utilizan con frecuencia en biología celular y biotecnología, solo superadas por HeLa, la primera línea celular humana. Alrededor del establecimiento de HeLa en 1951, los científicos se mostraban reacios a aceptar y utilizar líneas celulares humanas debido a la preocupación por un agente oncogénico en ellas. Esta preocupación, junto con la capacidad conocida de las líneas de células animales para crecer rápidamente y producir una gran cantidad de proteínas, dio a los científicos razones para favorecer las líneas de células animales sobre las líneas celulares humanas al producir proteínas recombinantes. Sin embargo, los avances en la tecnología desde entonces han permitido un aumento en el uso de líneas celulares humanas. Una ventaja de las líneas celulares humanas es que pueden producir proteínas muy similares a las que los humanos sintetizan de forma natural. Ahora existen productos bioterapéuticos recombinantes aprobados producidos a partir de HEK293 y otras líneas celulares humanas. HEK293 y sus derivados se utilizan en una amplia gama de experimentos, incluidos estudios de transducción de señales e interacción de proteínas, producción rápida de proteínas a pequeña escala y producción biofarmacéutica. 

Las células HEK293 crecen fácilmente en cultivos sin suero en suspensión, se reproducen rápidamente y producen altos niveles de proteína, lo que explica por qué se han utilizado ampliamente para producir proteínas de grado de investigación durante varios años. [http://www.hek293.com/] 

Las vacunas que se fabrican a partir de esta línea de células son varias del COVID19, la vacuna del ebola y pulmozyme (alfa dornasa) para fibrosis quística. 

HEK 293 y vacunas COVID Las vacunas que actualmente utilizan HEK para su fabricación son COVID 19 ChAdOx 1 AztraSeneca, CanSino Biologics, Pfizer (para pruebas), Inovio, Moderna para pruebas de RNA, Novavax – NVX-CoV2373. [https://cogforlife.org/wpcontent/uploads/CovidCompareMoralImmoral.pdf] Si bien las vacunas de Pfizer y Moderna no tienen en su composición directamente productos derivados de cultivo de células fetales, el RNA que se utiliza, es vectorizado e insertado en este tipo de células fetales para su evaluación y control de “calidad”, para verificar que mediante la inserción de RNA en las células fetales se produzca la proteína Spike del coronavirus. 

WI-38 

Otra de las líneas celulares de fetos abortados es WI-38. Son células humanas de feto abortado de 3 meses de gestación; de pulmón embrionario normal. Tienen espectros de virus humanos muy amplios, especialmente útiles para el aislamiento de rinovirus. Las células forman una membrana multicapa cuando se mantienen durante períodos prolongados a 37 ° C con ajustes periódicos de pH. Se utiliza en la preparación de vacunas contra virus humanos. Descripción del producto: (https://www.atcc.org/products/ccl-75) 

La línea celular WI-38 se derivó de un trabajo anterior de Hayflick en el cultivo de cultivos de células humanas. A principios de la década de 1960, Hayflick y su colega Paul Moorhead en el Instituto Wistar en Filadelfia , Pensilvania, descubrieron que cuando las células humanas normales se almacenaban en un congelador, las células recordaban el nivel de duplicación en el que se almacenaban y, cuando se reconstituían, comenzaban a dividirse. desde ese nivel hasta aproximadamente 50 duplicaciones totales (para células derivadas de tejido fetal). Hayflick determinó que las células normales experimentan gradualmente signos de senescencia a medida que se dividen, primero desacelerándose antes de detener la división por completo. Este hallazgo es la base del límite de Hayflick, que especifica el número de veces que una población de células humanas normales se dividirá, antes la división celular se detiene. El descubrimiento de Hayflick contribuyó posteriormente a la determinación de las funciones biológicas de los telómeros. Hayflick afirmó que la capacidad finita de las células humanas normales para replicarse era una expresión de envejecimiento o senescencia a nivel celular. Durante este período de investigación, Hayflick también descubrió que, si las células se almacenaran adecuadamente en un congelador, las células seguirían siendo viables y que se podría producir una enorme cantidad de células a partir de un solo cultivo inicial. Se descubrió que una de las cepas de células que aisló Hayflick, a la que llamó WI-38, estaba libre de virus contaminantes, a diferencia de las células primarias de riñón de mono que se usaban para la producción de vacunas de virus. Además, las células WI-38 podrían congelarse, luego descongelarse y probarse exhaustivamente. Estas ventajas llevaron a que WI-38 reemplazara rápidamente las células primarias de riñón de mono para la producción de vacunas de virus humanos. WI-38 también se ha utilizado para la investigación de numerosos aspectos de la biología celular humana normal. Las vacunas que actualmente se fabrican con la línea celular WI-38 son sarampión, rubeola y paperas, varicela y vacuna para zoster. Se ha comentado que se trata de líneas celulares que solo se fabricaron una sola vez a partir de los primeros fetos abortados, sin embargo, todas estas líneas celulares tienen una senescencia conocida (es decir mueren después de cierto número de divisiones), máximo hasta 60-90 divisiones. Son miles de millones de dosis que se han fabricado desde la década de los 60s y se han aplicado, la pregunta inmediata es ¿Cuántos fetos abortados se han requerido para mantener la demanda de cultivos celulares? Los fabricantes no detallan esta información.

Cuáles son las implicaciones morales 

¿Cuál es la implicación moral de utilizar células de fetos abortados para la fabricación de vacunas? Primero hay que recordar que el 5o. Mandamiento prohíbe matar al inocente. El aborto provocado entra claramente en esta prohibición. Aunque el aborto pudiera llegar a ser un medio por el que se salvara la vida a muchos seres humanos, ni siquiera por ese fin tan noble se podría justificar hacer un mal tan grave rompiendo la ley de Dios. El pecado del aborto es uno de los que se denominan como un “pecado que clama al cielo”: es un crimen atroz, es matar a un inocente y privarlo de su derecho a ser redimido.

La ley moral nos prohíbe participar de algo intrínsecamente malo, como el aborto, ni directamente (participando, induciendo, aconsejándolo), ni tampoco provocando abortos indirectamente (por ejemplo, el consumir o utilizar una de las vacunas mencionadas, ya que crea indirectamente demanda de más fetos abortados para su producción o prueba). No se puede hacer uso del principio del doble efecto para justificar el uso de tales vacunas, ya que el hipotético buen efecto (“salvar vidas”) no sucede antes ni simultáneamente al mal efecto (aborto). De aquí se deriva el principio católico mencionado por San Pablo de que el fin no justifica los medios (“¿Hagamos el mal para que venga el bien?” Rom. 3,8). Por los tanto es materia grave el participar directamente o indirectamente en el aborto para conseguir un bien posterior. De aquí se tiene que concluir necesariamente que el vacunarse (con las vacunas mencionadas) es materia de pecado grave. Por lo tanto, nadie debe usar las actuales “vacunas” del Covid: (ChAdOx 1, AztraSeneca, CanSino Biologics, Pfizer, Inovio, Moderna, Novavax – NVX-CoV2373, e inclusive la SPUTNIK cuando usa fetos humanos para reproducir los vectores virales, o son usadas para pruebas de “control de calidad”), ni tampoco las vacunas “convencionales” como las de varicela, hepatitis A, Rubeola, Sarampion, Poliomielitis inyectable entre otras. 

Dios tenga misericordia de nosotros

Bibliografía Use of human diploid cell MRC-5, for production of measles and rubella virus vaccines. Dev Biol Stand. 1976 Dec 13-15;37:297-300. 

Rubini, a new live attenuated mumps vaccine virus strain for human diploid cells. Dev Biol Stand. 1986;65:29-35. 

Microneedle array delivered recombinant coronavirus vaccines: Immunogenicity and rapid translational development. EBioMedicine 55 (2020) 102743 

Olshansky SJ, Hayflick L. The Role of the WI-38 Cell Strain in Saving Lives and Reducing Morbidity. AIMS Public Health. 2017;4(2):127-138. Published 2017 Mar 2. doi:10.3934/publichealth.2017.2.127 

Hayflick L, Moorhead PS. The serial cultivation of human diploid cell strains. Exp Cell Res. 1961;25:585–621. 

Jacobs JP, Jones CM, Baille JP. Characteristics of a human diploid cell designated MRC5. Nature. 1970;227:168–170.

Sykes JA, Whitescarver J, Jernstrom P, Nolan JF, Byatt P. Some properties of a new epithelial cell line of human origin. J Natl Cancer Inst. 1970 Jul;45(1):107-22. PMID: 4317734. 

Koprowski H, Ponten JA, Jensen F, et al. Transformation of cultures of human tissue infected with simian virus S.V. 40. J Cell Comp Physiol. 1962;59:281. 

Hayflick L, Norton TW, Plotkin SA, et al. Preparation of poliovirus vaccines in a human fetal diploid cell strain. Am J Hyg. 1962;77:240–258. 

Hayflick L. The limited in vitro lifetime of human diploid cell strains. Exp Cell Res. 1965;37:614–636. [PubMed] [Google Scholar] 

Jacobs JP, Jones CM, Baille JP. Characteristics of a human diploid cell designated MRC5. Nature. 1970;227:168–70. [PubMed] [Google Scholar] 

California Legislative Information, SB-277 Public Health: Vaccinations. 2015. Available From: https://leginfo.legislature.ca.gov/faces/billNavClient.xhtml?bill_id=201520160SB27 7. 

Manual de Teologia Moral para seglares. Pbro. Royo Marin OP. BAC Tercera edicion.

martes, 17 de febrero de 2026

PRUEBA DE QUE MONSEÑOR DE CASTRO MAYER NO ERA SEDEVACANTE

 



PRUEBA PARA LOS SEDEVACANTISTAS QUE QUIEREN USAR EL NOMBRE Y SANTA FAMA DE MONSEÑOR DE CASTRO MAYER PARA RESPALDAR LA CISMATICA POSTURA DEL SEDEVACANTISMO

jueves, 29 de enero de 2026

EL PURGATORIO (RELACIONES Y DOCUMENTOS HISTÓRICOS ACERCA DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO) 3a

 


P. —¿Cómo lo conoce usted?

R. — Por el aire contento y la afabilidad del ángel de la guarda.

P. —¿Dónde se encuentra el purgatorio?

R. — En el centro de la tierra, muy cerca del infierno.

P. —¿Hay varias moradas en el purgatorio?

R. — Hay tres, y cada una de ellas con gran número de subdivisiones, según que el alma sea más o menos culpable.

P. —¿En cual de las moradas estaba usted?

R. — En la del centro.

P. —¿Se permanece mucho tiempo en una misma morada, o se cambia, una vez expiadas las faltas?

R. — Yo permanecí siempre en la misma morada.

P. —¿Sabe usted si en la morada más próxima al infierno se oyen los gritos de los condenados?

R. — No, no se oyen; hay sin embargo algunas almas más culpables que sí los oyen por permisión divina.

P. —¿Hay mucha gente en el purgatorio?

R. — Sí, mucha, represéntese una gran feria: las almas están allí apretadas, amontonadas.

P. —¡Me asombra que mi pobre madre haya durado tanto tiempo en el purgatorio; ha mucho tiempo que la creía en el cielo!

R. — Pues no se sorprenda; diez y siete años es mucho tiempo, en verdad; pero hay almas que están detenidas hace dos o trescientos años.

P. —¿Hay muchas religiosas?

R. — Sí, muchísimas; pero ninguna de las que practicaron su regla.

P. — ¿Cuáles son las faltas que se castigan con más severidad en las personas religiosas?

R. — La falta de obediencia y las murmuraciones contra los superiores; el buen Dios castiga estas últimas muy severamente.

P. — ¿Qué le hacen sufrir los demonios a las ánimas?

R. — No tienen poder para perjudicarlas; pero las hacen sufrir mucho, echándoles en cara sus culpas o mostrándoselas simplemente.

P. — ¿Oran las almas del purgatorio, hablan unas con otras, en qué se ocupan?

R. — Sí oran; dicen mentalmente el Padre Nuestro, el Ave María y otras oraciones por las personas que se interesan por ellas; pero nunca hablan. Reina profundo silencio; sólo se oyen algunas veces gemidos arrancados por la fuerza del dolor; pero a pesar de todo están siempre tranquilas y resignadas. Su ocupación es amar a Dios y cumplir su voluntad, para estar más y más unidas con Él.

P. — ¿Sabía usted en el purgatorio lo que pasaba en la comunidad después de su muerte?

R. — Sí, porque todas las ánimas ven lo que sucede en la tierra, a menos que por permisión divina se vean privadas de ello.

P. — ¿El favor concedido a la indulgencia sabatina tiene su efecto?

R. — La indulgencia es cierta; pero rara vez tiene efecto por los obstáculos que se le oponen.

P. — ¿Se ve el fuego en el purgatorio?

R. — Sí. Represéntese un horno de cal, cuyas paredes y bóveda no sean más que fuego; ya puede comprender que uno se quema, y sin embargo, hay almas que soportan un frío glacial.

P. — ¿Ve usted a menudo el demonio en esta casa, en qué partes lo ve?

R. — (La hermana se quedó algo confusa como quien teme faltar a la caridad. Díjele que hablaba para mí sola y entonces me contestó): Casi todos los días lo veo cerca de su cama, por la mañana al despertarse; también lo veo en el coro, especialmente durante la oración.

P. — ¿Sabe usted si mi pobre madre ha tenido algún alivio con las misas que se le han dicho?

R. — No sé si ha recibido la aplicación de esas misas, pero estese tranquila: el buen Dios le ha aplicado una parte de lo que se ha hecho por mí, y además por lo que respecta a las misas que se ofrecen por las ánimas, el mérito se concede inmediatamente a la persona que las da. Las almas por quienes se ofrecen se sienten aliviadas en el acto; pero experimentan nuevo alivio cuando se dicen las misas, cosa que los sacerdotes deben hacer lo más pronto posible; pues hay muchos de ellos en el purgatorio por haber sido descuidados en esta materia.

P. — Hermana, ¿usted ha sentido algún provecho por las cinco misas que se le aplicaron?

R. — No he sentido provecho sino de tres.

P. — ¿Y la que el padre me dijo que le ofreciera ¿le fue aplicada?

R. — (Algo confusa): No. (El padre me había mandado a hacerle aquella pregunta sin haber dicho la misa; pero sólo él lo sabía.)

P. —Nuestra Madre me ha dicho que le pregunte si usted tendrá gusto en que ella escriba al padre B. para pedirle misas por usted.

R. —No tengo permiso; y además el buen Dios no me permitiría que me dirigiese a él porque lo hice sufrir demasiado.

P. —¿Debo creerse lo que dice el Padre Faber de que casi todo el mundo se salva?

R. —La misericordia de Dios es muy grande, y no obstante la multitud de pecados mortales que se cometen, son muchas las personas que se salvan. Sin embargo, yo creo también que hay gran número de condenados.

P. —Nuestra Madre me ha encargado le diga que pida por la comunidad cuando esté en el cielo. ¿Tendrá usted la bondad de hacerlo así?

R. —Oh sí, por cierto; yo quiero mucho a la comunidad, y además estoy en el deber de hacerlo por gratitud.

P. —¿Ha visto usted alguna vez a nuestros santos fundadores?

P. —No; pero si puedo decirte que San Francisco de Sales fué quien me alcanzó la gracia de venir a acabar mi purgatorio en la tierra, y vino a ella en día de su fiesta.

P. —¿Dónde estaba usted en todo eso tiempo en que no la veíamos?

R. —En las bohardillas; el día en que usted ofreció oraciones e indulgencias por mí, fue cuando el buen Dios me permitió dirigirme a usted, para pedirle continuara socorriéndome.

P. —Hermana, hace pocos días hice el voto heroico, no puedo, según eso pedir por usted en particular.

La hermana María Sofía me respondió:

R. —Lo sé; pero la Santísima Virgen ha permitido que a pesar de eso, se me aplique todo lo que usted haga.

P. —Nuestra Madre le ruega que cuando esté en el Cielo pida por los parientes de nuestras hermanas, cuando estén en agonía.

R. —¡Oh! sí; dígale que se esté tranquila, que no olvidaré a ninguno.

P. —Mi hermana María Teresa le pregunta si usted se acuerda de ella.

R. —¡Oh! ciertamente; estoy en el deber de hacerlo por agradecimiento, por haberle causado mucha molestia durante mi última enfermedad. Dígale que voy a pedir mucho por ella y por su madre a quien quería mucho.

P. —Le ruego me diga lo que nuestra Madre hizo ayer de extraordinario.

R. —Todas esas preguntas las hace usted por el mismo motivo.

P. —¿Por qué motivo?

R. —Para tener una seña, y convengo en que a usted le agradaría mucho eso.

P. —¡Ah! es la verdad, si usted se dejase ver de alguien me causaría mucho placer.

R. —Pues bien, hermana; todo eso no proviene sino de su orgullo y de un gran fondo de amor propio.

P. — ¿Cuando usted haya terminado su purgatorio, tendrá la bondad de darme una señal para hacérmelo saber?

R. — Sí, se lo prometo.

P. — ¿De donde provenía aquella gran luz que yo veía durante la noche, antes que usted me hablase?

R. — Era una señal para darle a entender que tenía necesidad de oraciones.

P. — ¿Dónde pasa usted las noches?

R. — En su celda; en el dormitorio; generalmente cerca de su cama.

P. — ¿Cómo se consiguió el hábito religioso? ¿La cruz es de plata, el hábito de lana, la toca de género? ¿Qué va usted a hacer con eso cuando se vaya para el cielo?

R. — (La hermana me dijo riéndose): ¡Oh! tranquilícese que eso no me dará que hacer: todo esto no es más que un cuerpo aéreo, fantástico.

P. — ¿Por qué cuando yo le echo agua bendita por temor de que sea cosa del diablo, el agua cae al suelo y no sobre su hábito?

R. — Por la misma razón; porque este hábito no es sino un cuerpo aéreo.

P. — ¿Usted me dice que tiene un cuerpo aéreo; pero cómo es que cuando yo le di agua bendita, se me quemaron los tres dedos que tocaron los suyos?

R. — Eso lo permitió el buen Dios para darle una señal, y crea que el dolor que entonces experimentó es nada comparado con lo que sufro yo.

Al acercarme un día a mi hermana María Sofía le presenté una silla, rogándole se sentara. Hermana, me dijo, yo no estoy ni sentada ni de pie.

Sin embargo, cuando yo estaba de pie me parecía que ella también lo estaba, y cuando yo me sentaba la veía como sentada, pues siempre me parecía estar a la misma altura que yo. Pero en cuanto se tocaba algún ejercicio, si yo no me levantaba prontamente, adoptaba un aire severo, como queriendo levantarse para salir antes que yo.

La aproximación de esta santa hermana me penetraba de tal modo de la presencia de Dios, que muchas veces al abrir la boca para impacientarme con la negrita, sentía una fuerza invencible que me contenía.

Proseguí en mis preguntas.

P. — ¿Está ya para terminarse su purgatorio? Oí una voz que no era la de mi hermana María Sofía, pero que parecía salir de su derecha y de una persona superior a ella, que me dijo con tono de autoridad: — Pida, y diga que pidan por ella y que le den algunas intenciones de la santa comunión.

Me asustó de tal modo que salí a escape; creía que nunca iba a encontrar la puerta de la celda. Mi hermana María Sofía me llamaba diciéndome: Hermana, no tenga miedo. Pero yo no hice caso, y seguí al trote.

Al día siguiente, volví ya más tranquila y le dirigí otras preguntas a mi hermana María Sofía. — ¿Qué voz era esa que me dijo ayer que pidiera e hiciera pedir por usted y que se le dieran intenciones de la santa comunión?

R. — Era la voz del ángel de mi guarda. Usted no ha debido irse tan de carrera; si se hubiera quedado le había dicho algo más.

P. — ¿De dónde proviene ese calor que siento hace dos noches? Me parece que tengo fuego en la cama.

R. — Ese calor proviene de mí; yo me siento muy aliviada cuando estoy cerca de usted; y eso lo hago desde el día en que usted permitió venir; si pudiera ser de utilidad para una o otra... pero yo no le dejo sentir el calor cuando está dormida.

(Era verdad que mientras dormía no sentía nada pero el calor que experimentaba despierta era tan fuerte que parecía tener la piel tostada al levantarme por la mañana. Lo mismo me sucedía con la quemadura de los dedos, hasta el punto de tener que sacarlos fuera de la cama, y todas las mañanas parecía como reciente la quemadura; después, en el curso del día, el dolor iba disminuyendo hasta la noche. Todo sucedió del mismo modo por espacio de mas de veinte días, es decir desde el 1 de mayo hasta el 27 del mismo mes, día en que entró al cielo mi hermana María Sofía. Después he sufrido poco, pero siempre me queda la marca).

P. — Tenga la bondad de excusarme con su ángel, continué, por haberlo dejado el otro día tan bruscamente. Si usted pudiera alcanzar que me hablara otra vez, me causaría mucho placer.

R. — Tranquilícese, que todo se arreglará; al buen ángel no le desagrada que usted le tema. Yo también tenía mucho más lástima de verla llorando, y me alegro de que ya no tenga miedo.

P. — ¿No le he dicho que siempre temo estar engañada en lo que veo y oigo? ¿No será cosa del diablo? Me dicen que aunque sea él, no le debo tener tanto miedo siempre que no me induzca sino al bien; pero yo temo mucho estar en ilusión.

R. — No, no tema, no es el diablo. Pero no por eso se crea mejor que las demás: por el contrario usted es menos que las otras, porque tiene un orgullo detestable. Aplíquese a la humildad, a la obediencia y a la observancia.

P. — Nuestra Madre me ha dicho riendo que no estaba contenta de usted; que desde que le ha pedido que le hable, bien podía haberle alcanzado esa gracia.

R. — (La hermana se echó a reir y me dijo): Dígale a la Madre que no puedo, porque no tengo permiso. Por lo demás, asegúrele que no es por ella, porque yo la quiero mucho y eso me causaría gran placer; pero que no hay ninguna necesidad. Y luego, ¿qué puede provenir de todo esto sino confusiones? A usted debía gustarle; puesto que necesita tanto de la virtud de la humildad.

P. — No teniendo nosotras muchas austeridades en nuestra orden, ¿es ésta tan agradable a Dios como las demás?

R. — (Echóse a reír la hermana María Sofía y respondió con expresión de dicha y de alegría): ¡Ah! ciertamente. No son las austeridades lo que quiere el buen Dios, sino solamente la práctica de la regla.

P. — ¿Es muy severo Dios en lo que se refiere a los ejercicios de la regla que se omiten cuando una está enferma o indispuesta?

R. — No, el buen Dios es muy bueno, con tal que se practique la regla de los enfermos.

P. — ¿Qué debo hacer para ser buena enferma?

R. — Es preciso que acepte la enfermedad con sumisión y resignada a la voluntad de Dios; y aunque la constitución permita pedir aquello de que se crea tener necesidad, no debe mostrarse ni difícil ni exigente; sea lo más fiel que pueda al silencio, tal como se debe practicar en la enfermería. Usted falta a ésta con mucha facilidad.

P. —¿No me dijo usted anoche, cuando yo me fuí a acostar: Tú estás muy tranquila en tu cama y yo me estoy quemando?

R. —Sí, fuí yo, pero no la traté de tú.

P. —Sin embargo, yo no me había ido a acostar sin permiso.

R. —Es verdad; pero usted no tenía verdadera necesidad.

P. —Cuando estoy enferma o cansada, nuestra Madre me manda a acostar o yo misma lo he pedido, ¿le causa a usted alguna pena?

R. —No; cuando su Madre le dice que vaya, no tema, obedezca sencillamente; no se permita sino una sola observación, cuando crea que no lo necesita. Pero sea siempre muy reservada para pedir usted misma la dispensa.

P. —¿Todas las preguntas que le dirigimos le causan pena?

R. —No siempre que no tenga que hablar sino en general, y por lo que se refiere a usted misma; pero en cuanto a hablar con alguno en particular, no tengo permiso.

P. —Nuestra Madre me ha dicho que tome algo cuando sienta necesidad, porque teme que me haga daño la falta de sueño; ¿es esto desagradable a Dios?

R. —No, obedezca siempre con sencillez; por lo demás en cuanto a que se pueda enfermar, no tema, el buen Dios no lo permitirá porque usted está haciendo una obra de caridad.

P. —Deseo saber nuestra Madre cuál es el principal fin que se propone el buen Dios haciéndola a usted visible.

R. —No debo decirle nada; pero tranquilícese, y verá que es para su bien. En cuanto a la devoción por las ánimas, se siente ya gran movimiento en la comunidad.

P. —Sin embargo, hermana, siempre queda duda si es ánima del purgatorio o el diablo lo que se me aparece.

R. —Poco importa que se crea que es el diablo o una ánima del purgatorio, con tal que se sepa que algo se le aparece.

P. —¿Hay muchas de nuestras hermanas en el purgatorio? ¿Cuáles son?

R. —Sí, hay varias; pero no le diré sus nombres. Sólo le digo que pida porque aquí las ponen muy pronto en el cielo, y el buen Dios ha permitido que yo venga a la tierra, porque hace mucho tiempo que morí, y quiere que vean que no se llega al cielo tan pronto.

P. — Hace mucho tiempo que nuestra Madre hace aplicar por usted las intenciones de dos hermanas; ¿ha sentido usted el efecto de eso, como también de las muchas oraciones e indulgencias que se han ofrecido por usted?

R. — ¡Oh! sí, le debo mucho agradecimiento; dele por mí las gracias, como también a todas las hermanas.

El día de la Ascensión le pregunté si su purgatorio se acabaría pronto. Oí de nuevo aquella voz que mi hermana María Sofía me había dicho era la de su buen ángel, que me dijo: Pida y haga pedir: yo creía poderla hacer subir al cielo, pero no me ha sido posible.

Esta segunda vez, aunque sabia era la voz del ángel que me hablaba, me impresionó de tal modo, que me dejé caer sobre mi hermana María Sofía, creyendo me podría sostener; pero no encontré apoyo sino en una silla que tenía a su lado; esto me hizo comprender la verdad de lo que me había dicho aquella santa hermana, de que se me aparecía con un cuerpo aéreo.

De nuevo me dirigí a mi hermana María Sofía y le dije:

P. — ¿Por qué me pide usted oraciones, indulgencias e intenciones de comunión con preferencia a misas?

R. — No tengo permiso para pedir otra cosa porque no debo imponer nuevas cargas a la comunidad, que ya ha hecho por mí cuanto debía hacer; y además, pido comuniones para expiar por todas las que he perdido por mi culpa.

P. — Ayer se rezaron en comunidad los seis Padre Nuestros y el De profundis delante del Cristo. ¿Usted aprovechó de esas oraciones? ¿Son ciertas las indulgencias que dicen se ganan con eso?

R. — Las indulgencias son ciertas; pero ni esas oraciones, ni esas indulgencias han sido hechas particularmente para mí, ni han sido ganadas por mí; yo he tenido mi parte como las demás. En cuanto al Viacrucis delante del Cristo pequeño, le aconsejo no lo haga así sino cuando le sea absolutamente imposible seguir las estaciones.

P. — ¿Qué es lo que alivia más prontamente a las ánimas?

R. — Primero el santo sacrificio de la misa y la sagrada comunión, y después las indulgencias. También experimentan gran alivio con la observancia de la regla.

P. — Nos aconsejan que no hagamos el voto heróico sino por un año, para evitar perturbaciones de conciencias; haciendo así ese voto, ¿se ganan igualmente las indulgencias concedidas?

R. — ¡Oh, sí! Haga sencillamente todo lo que le digan.

Mientras yo hablaba con la hermana, nuestra respetada Madre estaba detrás de la mampara, cosa que yo ignoraba; pero la hermana María Sofía me hizo seña con la cabeza dándome a conocer que nuestra Madre estaba allí oculta.

Otra vez conversando con ella, entró una de las hermanas en la pieza en que nos encontrábamos, y mi hermana María Sofía me dijo: No me puedo quedar.

Teníamos una alumna enferma y nuestra buena madre me encargó que la velara. En toda la noche tuve a mi lado a la hermana María Sofía. Le habíamos aplicado sanguijuelas a la enfermita y corrió la sangre por tanto tiempo y en tanta abundancia, que después de haber probado en vano todos los remedios que se emplean en semejantes circunstancias, estuvo a punto de ir a despertar a nuestra muy venerada Madre, como también a la hermana María Jerónima, tía de nuestra enfermita, para mandar a buscar el médico. Antes de llegar a ese extremo, me dirigí a mi hermana María Sofía, y para hacerlo recordar lo que tantas veces me había dicho de que las ánimas tenían gran poder para auxiliar a las personas del mundo, le dije: — Hermana, usted ve el apuro en que estoy; haga algo para sacarme de él.

Tranquilícese, me respondió, y en el acto se contuvo la sangre. Le di agua a la niña, que me dijo: —¿Por qué no me da agua la hermanita que está a su lado?

Insistí en que repitiera la pregunta, y le dije: — ¿Qué dices niña?

— La otra, la otra hermana, ¿por qué no me da el agua? me volvió a decir la niña.

Al día siguiente la niñita al ver a su tía, le dijo, siempre asombrada: — Pero qué cosa tan rara, usted me pareció en toda la noche más alta que la hermana Margarita María. Esto parecía tanto más extraño a la niña cuanto que su tía María Jerónima es mucho más pequeña que nosotras, y la hermana que ella veía, no podía ser otra que mi hermana María Sofía, lo cual era en efecto más alta que yo.

Después que el padre dijo la misa, fui a buscar a mi hermana María Sofía y le dirigí estas otras preguntas:

P. — ¿Le fue aplicada la misa que el padre dijo ayer?

R. — Sí; sentí gran alivio, como también por las otras intenciones particulares que él quiso aplicarme. Dele las gracias por la complacencia con que se prestó.

P. — Dudo que el padre le dé mucha fe a todo esto.

R. — La amabilidad con que se ofreció le prueba que aunque no tenga mucha fe, algo cree.

P. — Mi hermana María Carolina, que me dice usted se encuentra en el purgatorio, ¿está próxima a salir?

R. — No lo sé; cuando me vine del purgatorio estaba mucho más abajo que yo. Dígale a mi hermana María Adelaida que pida por mi hermana que está en el purgatorio.

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