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viernes, 12 de junio de 2026

EL SAGRADO CORAZON DE JESUS (Don Félix Sardá Salvani)

 


  
EL SAGRADO CORAZÓN

   Jesucristo es Dios. Aunque hay en El dos naturalezas, divina y humana, como enseña la Fe Católica, es, sin embargo, única la Persona, y ésta es divina. Es, pues, digno de toda veneración, así en su Humanidad santísima como en su Divinidad. Y de su Humanidad santísima es digno de veneración, no sólo el conjunto, sí que cada una de las partes de él. De suerte que pueden y deben venerarse el cuerpo y el alma de  Cristo, pero puede separadamente venerarse su cuerpo y venerarse su alma, y pueden de su cuerpo ser venerados con culto especial cada uno de sus sacratísimos miembros. Así es antiquísimo en la Iglesia el culto de las adorables llagas de las manos, pies y costado; así es ya común la veneración a su purísima Sangre; así podemos fijarla muy en particular en su sagrada cabeza, coronada de espinas, etc., etc. Sirva esto de contestación a los que haciéndose del asombradizo preguntan: ¿por qué se da este culto especial al Sagrado Corazón de Jesús? Respuesta decisiva: se le da en primer lugar, como puede darse a una parte cualquiera de su santísima Humanidad.

   Pero hay un motivo especialísimo para dar este culto al Corazón, más que a la cabeza, manos o pies. El corazón es entre todos los órganos corporales, por decirlo así, el menos corporal;  viene a ser con respecto a la parte afectiva de nuestro ser, lo que el cerebro con respecto a su parte intelectiva; es el que está más en íntimo y misterioso contacto con el alma por su vida de sentimiento; es como la fragua suya de que se sirve ella para elaborar sus afectos. Así que del mismo modo que en todos los idiomas se dice que piensa y discurre e imagina el hombre con la cabeza, así en todos los idiomas se dice que ama y aborrece y sufre y goza y anhela y teme con el corazón. Porque para sus operaciones intelectuales parece que se sirve más el alma de la primera, como para sus operaciones afectivas se sirve del segundo. Tiene, pues, el corazón en el compuesto humano una importancia especial. Además de ser la válvula reguladora de su movimiento circulatorio, es el sagrario de sus más delicados sentimientos; es el volcán de sus más encendidas llamaradas; es el oculto resorte de la mayor parte de sus actos e inclinaciones. Se ha dicho con verdad que el hombre lo es casi siempre todo por su corazón. Si se eleva hasta la sublimidad del Ángel o desciende hasta la horrible condición del demonio, es comúnmente según lo que ha purificado y enaltecido, o maleado y degradado los sentimientos de su corazón.

Ahora bien. Cristo, Dios y Hombre verdadero, tuvo en su vida mortal, y tiene hoy en su vida gloriosa en el cielo y en su vida escondida en el Sacramento, un verdadero Corazón. Y como su Divina Persona es justamente la persona de un Dios-Hombre y de un Hombre-Dios, su corazón es juntamente Corazón humano y Corazón divino, Corazón que pertenece al Hombre y Corazón que pertenece a Dios, Corazón que late y alienta con todos los más nobles afectos humanos, y juntamente con los nobilísimos afectos de la Divinidad. Amó Cristo a Dios-Padre y a la humana creatura con amor infinito, el órgano o fragua de este amor infinito fue su Divino Corazón. Aborreció el pecado, que es el único objeto digno de los odios de un Dios, y el centro de estos odios infinitos fue su Divino Corazón. Anheló la divina gloria y la redención humana con hambre y sed que le hicieron impaciente por los tormentos y por la muerte, y el foco de estos anhelos y divinas impaciencias fue su Sagrado Corazón.

   Discurramos, pues, si merecen culto y veneración la cruz en que murió el Salvador, los clavos que taladraron sus manos y pies, las espinas que se hincaron es su cabeza, el sepulcro en que fue colocado, por el contacto material que tuvieron todos estos objetos con su Divina Persona, ¿no hay razón especialísima para honrar con especialísimo culto y amor, el Corazón suyo, aunque se le considere solo como una parte más noble de su Sagrada Humanidad, como una entraña la más delicada de sus sacratísimas entrañas, como el órgano finísimo con el que su bendita alma nos amó, y deseó sufrir y morir por nosotros?

   Hasta aquí, empero, considerando al Sagrado Corazón como objeto material de este hermoso culto, que bajo este solo aspecto tendría ya incontestable derecho a nuestra predilección. Mas, con el culto del Sagrado Corazón no se trata solamente de honrar la dicha víscera material del organismo humano de nuestro Divino Salvador; trátase juntamente de venerarla como símbolo del inmenso amor suyo en favor de los hombres, que le llevó a morir por ellos en el árbol de la cruz.  Segundo aspecto de la cuestión, no menos interesante que el primero.

   También está en el buen sentido del género humano que el corazón es el símbolo más adecuado del amor. El idioma de todos los pueblos lo expresa de esta manera.  Cuando decimos que a una persona la hacemos dueña de nuestro corazón, o que reinamos en el suyo, o le pedimos nos admita en él, no queremos significar con esto más que el hecho de que la amamos, o el deseo de que nos ame.  Por corazón entendemos amor y nada más.  Es un tropo vulgar que emplean hasta los que no han aprendido retórica, porque lo enseña a todos la misma naturaleza. Es, pues, altamente filosófico, y altamente teológico, y altamente artístico, y altamente natural para venerar el amor infinito de Jesucristo a Dios Padre y a los hombres sus hermanos, tomar por símbolo y figura su Sagrado Corazón, rodeándolo con los atributos más expresivos para dar a comprender todo el significado de este divino jeroglífico. 

Sí, no hay representación más exacta que ésta, de los divinos afectos del Salvador: el Corazón con llamas, para significar el ardoroso incendio de sus amores; el Corazón con la herida manando sangre, para demostrar la efusión de este amor sobre todos los mortales; el Corazón con cruz y corona de espinas, para recordar las agonías y sufrimientos que le causó este amor. 

Símbolo que por sí solo es un poema; símbolo que habla con más elocuencia que las frases del más vehemente discurso; símbolo que puede entender cualquiera aunque no tenga talento, sólo con que tenga ojos en la cara para ver, y a su vez en el pecho un corazón para sentir.

   Ahora bien. Este símbolo tan perfecto y adecuado podía ser escogido por los hombres para mejor representar con él el infinito amor que nos tuvo nuestro dulcísimo Jesús; pero no fue escogido ni inventado por los hombres, no, sino que les fue dado y comunicado del cielo por el mismo adorable Redentor. Tiene, pues, además de su fundamento teológico y de su exactísima propiedad filosófica, el carácter más respetable de todos, el de su origen celestial. Sí, el culto del Sagrado Corazón de Jesús, así bajo su punto de vista material como bajo su aspecto simbólico, conocido ya desde los primeros siglos en la Iglesia y practicado por gran número de Santos y almas enamoradas de Dios, fue más especialmente declarado al mundo por el mismo Cristo en el último tercio del siglo XVII por mediación de la bienaventurada Margarita María  Alacoque, religiosa de la Visitación, recientemente elevada por Pío IX al honor de los altares. 

Las revelaciones hechas por Jesucristo a esta su fiel esposa para el mayor desarrollo del culto de su Sagrado Corazón, han sido todas reconocidas por la Santa Iglesia, cuya escrupulosidad en este punto es imponderable. En repetidas ocasiones se apareció Jesucristo mostrando a la Beata Margarita su Corazón con las dichas insignias de la cruz, corona de espinas y herida de la lanza, encargándola que juntamente con el P. La Colombiére, de la Compañía de Jesús, propagase por el mundo cristiano la devoción al Sagrado Corazón, y que pidiese a la Iglesia la celebración de su fiesta el viernes primero después de la octava de Corpus Christi. Añadió además  singularísimas promesas a favor de los que se esmerasen en practicar y propagar este culto, señalándolo como eficaz medicina para la restauración de la fe y re-encendimiento de la piedad en estos últimos tiempos de tibieza e indiferentismo. 



Cumpliólo así la ejemplar Religiosa, secundada en todo por el dicho P. La Colombiere, y después de muchas y exquisitas averiguaciones practicadas por la Santa Sede, después de tenaz e incansable guerra que le hizo el Jansenismo, logrose ver sancionado por la Autoridad apostólica el culto del Sagrado Corazón, instituída su fiesta universal, aprobado su rezo, y hoy por fin venerada en los altares la memoria de su insigne apóstol y propagandista, la fervorosa contemplativa de Paray-le-Monial. Y hoy, gracias sean dadas al Señor, en medio de los horrores de la moderna persecución, que persecución es y gravísima la que en todos los confines del globo sufre el Catolicismo, el Sagrado Corazón de  Jesús es la divisa de todos los buenos, el grito de guerra en todos sus combates, su celestial esperanza de triunfo para el porvenir.

   ¡Amemos, pues, y honremos al Sagrado Corazón! No hay libro en que mejor puedan estudiarse y aprenderse todas las virtudes, no hay maestro que con más divina autoridad nos las pueda enseñar. La paciencia y abnegación hasta el sacrificio; la celestial mansedumbre, a par de la incontrastable firmeza; el celo devorador e impetuoso y a la vez la caridad incansable, benigna y afectuosísima.

   ¡Amemos y honremos al Sagrado Corazón! Harto se nos da cada día el espectáculo de corazones envilecidos en lo más inmundo de cenagosas aspiraciones, corazones a quienes la posesión de un puñado de oro endurece como este metal, o a quienes el insaciable afán de sensualidad tiene podridos y hediondos. 

Hartos estamos de ver cada día enlodadas en el barro las alas del corazón que Dios crió para que se cerniese como las aves en la más pura región del firmamento, y no como los reptiles, pegado el rostro a la tierra vil y a sus groseras emociones. ¡Arriba, arriba con el Corazón de Jesús! ¡Arriba con Él siguiendo su generoso vuelo! ¡Arriba con Él, emulando la alteza de sus pensamientos, lo sublime de sus miras, la perfección de su ideal, que es hacernos grandes como su Padre que está en los cielos! ¡Arriba, a otra región, a otros aires, a más noble esfera, con el Corazón de  Jesús! Él lo ha dicho y en sus devotos se cumple sin excepción: Elevado de la tierra, todo lo atraeré en pos de Mí. ¡Atráiganos, elévenos en pos de sí este imán divino, y contrapese en nosotros la ley de la gravedad terrena que nos inclina constantemente a lo bestial! ¡Vivamos con El para el cielo, que allí está nuestro verdadero y espiritual centro de gravedad!

   ¡Amemos y honremos al Sagrado Corazón! ¡Es el Corazón de nuestro Padre, de nuestro Hermano, de nuestro Amigo, de nuestro Rey, de nuestro Dios! ¡Gózase en arrimarse y recostarse y juntarse a par del nuestro en la Sagrada Comunión! ¡Gózase en hacerse confidente de nuestros más ocultos pesares y de nuestras más punzantes angustias! ¡Se da sin reserva a quien le quiere; sólo anhela para entregarse que se le vaya a buscar! ¡Corazones sedientos de consuelo y amor, que tan a tontas y a locas lo mendigáis de miserables criaturas, id a pedírselo a la puerta de este Divino Corazón!

   ¡Amemos y honremos al Sagrado Corazón! El templo es su casa, el sagrario su gabinete de íntimas confidencias. Nadie le ha buscado allí en vano. Nadie dejó de encontrar paz, amor y consuelo allí. Lo saben todos los Santos; lo saben gran número de pecadores. Sí, pecadores también, con sus pecados y todo, son recibidos allí y escuchados y abrazados. A los justos concede allí el Corazón Divino la perseverancia en su amor; a los arrepentidos la gracia del perdón y el ósculo de una reconciliación tiernísima.
   ¡Sí, amemos y honremos al Sagrado Corazón!

                                                                         A.M.D.G.

Por D. Félix Sardá y Salvany, Pbro.

viernes, 5 de junio de 2026

LA DECLARACIÓN DE FE DE LA FSSPX ES INSUFICIENTE

 


LA DECLARACIÓN DE FE DE LA FSSPX ES INSUFICIENTE (R.P. Ceriani)

El jueves 14 de mayo de 2026, la Fraternidad Sacerdotal San Pío, por medio de su Superior General, el Padre David Pagliarani, publicó una Declaración de Fe. El texto completo se puede ver AQUÍ

En un artículo, publicado el jueves 21 y que lleva por título El cambio en la Fraternidad San Pío X es evidente, puse al descubierto, para quienes gozan todavía de independencia para juzgar y actuar, que las diversas reacciones ante las mismas circunstancias, más que probar, simplemente demuestran un cambio en la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (Ver AQUÍ)

En efecto, como se puede ver, ante idénticas circunstancias (consagraciones episcopales sin mandato pontificio) las reacciones de la Roma Conciliar han sido las mismas; pero hay que reconocer con sinceridad que no lo son de parte de las autoridades de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.

Dije que el problema no está en la Declaración de Fe, sino en la presentación y conclusión, y que muchos se quedan en esa Declaración, a la que califican de “valiente” e incluso de “heroica”.

Sin embargo, es hora de exponer que esa Declaración es incompleta, pues, si bien confiesa una serie de verdades y dogmas de la Fe Católica, no condena, ni siquiera señala los errores contrarios profesados por la iglesia conciliar y los documentos que los contienen.

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Ahora bien, la práctica de la Iglesia Católica, especialmente en los documentos de los Concilios, ha sido la de profesar y enseñar la doctrina y condenar los errores.

Dicha práctica se estructura en una fórmula clásica de dos partes: la definición dogmática y los cánones con anatema.

Es fácil probar que, históricamente, los concilios han procedido de la siguiente manera:

Enseñanza de la verdad: exponiendo de manera positiva y sistemática la doctrina revelada, basándose en la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición.

Condena de los errores opuestos: denunciando las herejías o desviaciones doctrinales específicas.

Las condenas suelen formularse en cánones breves, que siguen al texto del Decreto o de la Constitución Dogmática, y concluyen con la fórmula de anatema (excomunión o separación de la comunión de la Iglesia para quien rechace la verdad dogmática definida).

Este método doctrinal se puede observar en ejemplos. Tomemos simplemente tres:

Concilio de Nicea (año 325): Frente a la herejía arriana, que negaba la divinidad de Jesucristo, enseñó la consustancialidad del Hijo con el Padre, plasmándolo en el Símbolo Niceno y condenando las opiniones opuestas.

Concilio de Trento (del 1545 al 1563): Como respuesta a la Reforma Protestante, desarrolló extensos Decretos reafirmando los Sacramentos y la doctrina de la Justificación y la Gracia, seguidos de cánones específicos que anatematizan los errores teológicos protestantes.

Concilio Vaticano I (1869-1870): Definió dogmáticamente la Infalibilidad Papal y la relación entre la Fe y la Razón, condenando el racionalismo, el fideísmo y el panteísmo en su Constitución Dei Filius, seguida de los cánones correspondientes.

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En la Declaración de la FSSPX falta la parte de la condena de los errores contrarios y el indicar en qué Documentos, Discursos, Alocuciones, etc. de los superiores de la iglesia conciliar se encuentran los mismos.

Como ejemplo, recordemos que el 9 de diciembre de 1983, Monseñor Marcel Lefebvre y Monseñor Antonio de Castro Mayer enviaron un Manifiesto Episcopal a Juan Pablo II con un Anexo o breve resumen de los principales errores de la eclesiología conciliar. Ellos mismos lo presentaron de este modo:

Nos permitirnos adjuntar a esta carta un anexo que contiene los principales errores que provocan esta situación trágica, y que, por otra parte, han sido ya condenados por Vuestros Predecesores.

La lista siguiente enuncia dichos errores, aunque no es exhaustiva:

1. Una concepción “latitudinarista” y ecuménica de la Iglesia, dividida en su fe; condenada particularmente por el Syllabus, Nº 18 (Dz 1718 – Ds 2918).

2. Un gobierno colegial y una orientación democrática de la Iglesia; condenados particularmente por el Concilio Vaticano I (Dz 1823 – Ds 3055).

3. Una falsa concepción de los derechos naturales del hombre, que aparece claramente en el documento sobre la Libertad Religiosa, condenada en particular, por Quanta cura (Pío IX) y por Libertas praestantissimum (León XIII).

4. Una concepción errónea del poder del Papa (Ds 3115).

5. La concepción protestante del santo Sacrificio de la Misa y de los Sacramentos, condenada por el Concilio de Trento, sesión 22.

6. Por último, en general, la libre difusión de las herejías, cuyo ejemplo más significativo ha sido la supresión del Santo Oficio.

Los documentos que contienen esos errores causan un malestar y desconcierto tanto más profundos cuanto más elevada es la fuente de donde provienen. Los sacerdotes y los fieles más conmovidos por esta situación son, por otra parte, los más adictos a la Iglesia, a la autoridad del Sucesor de Pedro y al Magisterio tradicional de la Iglesia.

Santidad, es urgente que desaparezca ese malestar, pues el rebaño se dispersa y las ovejas abandonadas siguen a los mercenarios. Os rogamos encarecidamente, para el bien de la fe católica y la salvación de las almas, que reafirméis las verdades contrarias a esos errores, verdades que han sido enseñadas durante veinte siglos por la Santa Iglesia.

Nos dirigimos a Vos con los sentimientos de san Pablo ante san Pedro, cuando san Pablo le reprochó que no seguía «la verdad del Evangelio» (Gal. 2, 11 14). El propósito de San Pablo no era sino proteger la fe de los fieles.

San Roberto Belarmino, al expresar a este propósito un principio de moral general, afirma que se debe resistir al Pontífice cuya acción sea nociva para la salvación de las almas (De Rom. Pont. lib. 2, c. 29).

Así pues, con el fin de acudir en ayuda de Vuestra Santidad, os dirigimos este clamor de alarma, aún con más vehemencia dados los errores, por no decir herejías, del nuevo Derecho Canónico, y por las ceremonias realizadas y los discursos pronunciados con motivo del 5º centenario del nacimiento de Lutero. Realmente está colmada la medida.

Y siguen los textos de esos seis puntos, señalando tanto los errores como las condenas de los mismos por los Documentos Pontificios.

De más está decir que dichos errores no sólo no han sido corregidos por la Roma apóstata, sino que, desde 1983, se han incrementado, rebalsando la medida que ya estaba colmada…

En breve publicaremos este Manifiesto Episcopal.

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Objeción:

No faltará quien objete que el simple sacerdote no tiene el poder ni está obligado a condenar los errores; que le basta con profesar la Fe mediante una Declaración o Acto de Fe.

Respuesta:

A lo largo de la historia, los fieles han desempeñado un papel fundamental denunciando errores doctrinales. Lejos de ser pasivos, comunidades enteras y creyentes individuales se han alzado en momentos críticos, como lo demuestran estos casos:

San Atanasio y la Crisis Arriana (Siglo IV): Durante los primeros siglos del cristianismo, gran parte del clero y los obispos cayeron en la herejía arriana. Fueron los fieles y monjes ortodoxos quienes, al principio, resistieron y denunciaron estos errores doctrinales, defendiendo la fe tradicional.

Todos los santos combatieron los errores de su tiempo, al menos aquellos que por su misión dentro de la Iglesia estaban especialmente comprometidos a librar esa lucha. Todos combatieron los errores y las desviaciones morales de su tiempo, atrayendo frecuentemente sobre sí muy graves penalidades, persecuciones, exilios, cárcel, muerte. Fueron, pues, mártires de Cristo, ya que dieron en el mundo y en la Iglesia «el testimonio de la verdad» con todas sus fuerzas: sin «guardar su vida» cautelosamente; sin tener a veces el apoyo de los demás Obispos; sin esperar la declaración de un Concilio –aunque ellos lo promovían cuando era preciso–; faltos en ocasiones del sostén del Sumo Pontífice.

Es cierto que, en la Iglesia Católica, la corrección de errores doctrinales por parte de los simples fieles no se realiza mediante procesos judiciales o condenas oficiales, ya que estas son exclusivas del Papa y los Obispos.

Sin embargo, los laicos participan en la defensa de la fe mediante la exposición pública de la verdad y la corrección fraterna.

Esta responsabilidad y derecho de los fieles se ejerce a través de varios mecanismos y principios teológicos.

El Canon 212 del nuevo Código de Derecho Canónico, de 1983, reconocido y utilizado por la Neo FSSPX, dice:

Los fieles cristianos tienen el derecho y, a menudo, el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia.

Santo Tomás, en su Suma Teológica, expresa:

II-II, q. 3, a. 2, ad 2: En caso de necesidad, cuando corre peligro la fe, están todos obligados a predicarla, sea para información, sea para confirmación de los fieles, sea para contener la audacia de los infieles.

II-II, q. 33, a. 3 y 4: Hay dos tipos de corrección. Una que es acto de caridad, cuyo objetivo principal es la corrección del delincuente con sencilla amonestación. Esta corrección incumbe a cualquiera, súbdito o superior, que tenga caridad. Hay, en cambio, otra corrección que es acto de justicia, y cuyo objetivo es el bien común. Este no se promociona solamente amonestando al culpable, sino también, muchas veces, castigándole, para que los demás, atemorizados, desistan del pecado. Esta corrección incumbe solamente a los prelados, los cuales, además de amonestar, deben también corregir castigando.

Hay que tener en cuenta, no obstante, que en el caso de que amenazare un peligro para la fe, los superiores deberían ser reprendidos incluso públicamente por sus súbditos. Por eso San Pablo, siendo súbdito de San Pedro, le reprendió en público a causa del peligro inminente de escándalo en la fe.

El Padre Pagliarani es el Superior General de una Institución que pretende representar la defensa de la Fe… Además, Monseñor de Galarreta y Monseñor Fellay ¿no son Obispos?

Recordemos la Carta Abierta de todos los Superiores de la Fraternidad al Cardenal Gantin, en julio de 1988: En cuanto a nosotros, estamos en plena comunión con todos los Papas y todos los Obispos que han precedido el Concilio Vaticano II, celebrando exactamente la Misa que ellos codificaron y celebraron, enseñando al Catecismo que ellos compusieron, oponiéndonos contra los errores que ellos condenaron muchas veces en sus encíclicas y cartas pastorales … Jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís.

Una vez más, en los últimos 25 años, la Neo Fraternidad Sacerdotal San Pío X está en falta.

Quien tiene ojos para ver, que vea.

Quien tiene oídos para oír, que oiga.

Quien tiene inteligencia para juzgar, juzgue.

Quien tiene voluntad para actuar, que actúe.

jueves, 4 de junio de 2026

SOLEMNIDAD DE CORPUS CHRISTI (Catena Aurea)

 



"Porque mi carne verdaderamente es comida: y mi sangre verdaderamente es bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí mora, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, así también el que me come, él mismo vivirá en mí. Este es el pan que descendió del cielo. No como el maná que comieron vuestros padres, y murieron. Quien come este pan, vivirá eternamente". Esto dijo en la Sinagoga, enseñando en Cafarnaúm. San Juan 6, 56-60


San Agustín

Como los hombres desean conseguir mediante la comida y bebida saciar para siempre su hambre y su sed, esto en realidad no lo satisface nada sino esta comida y esta bebida, que hace inmortales e incorruptibles a aquéllos que la reciben; esto es, a la misma sociedad de los santos, en donde se encontrará la paz y unidad plena y perfecta. Por lo tanto, nuestro Señor recomendó su cuerpo y su sangre como cosas que se reducen y refieren a cierta unidad, porque de muchos granos se forma otro cuerpo (esto es, el pan), que es un solo todo y lo mismo sucede respecto del vino, que se forma por la reunión de muchos racimos. Después manifiesta en qué consiste comer su cuerpo y beber su sangre, diciendo: "El que come mi carne, etc., permanece en mí y yo en él". Esto es, pues, comer aquella comida y beber aquella bebida, a saber: permanecer en Cristo y tener a Cristo permaneciendo en sí. Y por esto el que no permanece en Cristo y aquél en quien Cristo no permanece, sin duda alguna ni come su carne ni bebe su sangre, sino que, por el contrario, come y bebe sacramento de tan gran valía para su condenación.


Y cenando ellos tomó Jesús el pan, y lo bendijo, y lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: "tomad y comed; éste es mi cuerpo". San Mateo 26, 26

San Jerónimo 

Después de haber cumplido la Pascua figurativa y comido el cordero con sus discípulos, pasa el Señor a la institución del sacramento de la verdadera Pascua. Y a la manera como Melquisedec, sacerdote del supremo Dios, había ofrecido pan y vino como figura, así también para presentar la realidad de su cuerpo y sangre, dice: "Y cenando ellos tomó Jesús el pan", etc.

San Ambrosio

 Este pan, antes de las palabras de la consagración es pan común, pero cuando se le consagra, el pan se convierte en carne de Cristo. Por lo tanto la consagración, ¿en qué palabras consiste y en qué oraciones sino en las de Jesús nuestro Dios? Por lo tanto, si hay tanta fuerza en su palabra que empieza a ser lo que antes no era, ¿con cuánta más facilidad debe suceder que existan aquellas cosas que antes eran transformadas en otras sustancias? Si su palabra produjo cosas admirables, ¿no las producirá en los misterios espirituales? Luego, el pan se transforma en el cuerpo de Jesucristo y el vino en su sangre, por medio de la palabra divina. Se pregunta ¿cómo?; de este modo: no se engendra un hombre sino por medio de la unión de un hombre y de una mujer: pero porque quiso el Señor, Jesucristo nació de la Virgen por obra del Espíritu Santo.

viernes, 15 de mayo de 2026

LA VERDAD: PADRE CASTELANI

 


“Sólo en la verdad se puede fundamentar una verdadera grandeza; sólo diciéndola se puede caminar a ella. Hoy día estamos tan sumergidos en mentiras que el amor a la verdad representa una especie de martirio, y conduce al martirio real cuando se vuelve verdadera pasión; y la verdad se vuelve pasión en todos aquellos que se abren al espíritu de Dios”.

martes, 12 de mayo de 2026

SAN IGNACIO DE LOYOLA NOS ACONSEJA SER INDIFERENTES AL MUNDO

 




San Ignacio de Loyola: “El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su alma; y las otras cosas sobre la faz de la tierra son creadas para el hombre y para que le ayuden a conseguir el fin para el que es creado. De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar de ellas cuanto le ayuden para su fin, y tanto debe privarse de ellas cuanto para ello le impiden. Por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas creadas, en todo lo que cae bajo la libre determinación de nuestra libertad y no le está prohibido; en tal manera que no queramos, de nuestra parte, más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y así en todo lo demás, solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce al fin para el que hemos sido creados”.

miércoles, 6 de mayo de 2026

EVITAR MALAS COMPAÑIAS

 


Judas esta con la turba despues de besarle, cuando preguntó Jesús ¿a quien buscan? Y cayeron por tierra. (Tambien Judas cayó junto con ellos). Quiso el evangelista advertir sobre la necesidad de ser cuidadoso y prudente en la compañía y amigos que uno mantiene: si se anda con gente miserable se corre el riesgo de caer junto con ellos. Si alguien pone estupidamente su suerte junto con quienes van a un naufragio seguro, rara vez sucederá que se salve el solo nadando a tierra firme, mientras los demás se ahogan en el mar. 

Santo Tomas Moro

UN DIA SAN FELIPE NERI

 


"Un joven desenfrenado se presentó a San Felipe Neri para confesarse; el Santo lo recibió con mucha bondad y habiéndole oído le dijo con la mayor dulzura: "Yo no exigiré mucho de vos ; tan solo os encargo que digáis siete veces cada día la Salve Regina y beséis otras tantas veces la tierra diciendo: "puede suceder que mañana yo muera". Lo prometió y cumplió su palabra, y después de haber vivido cristiana mente 14 años murió en olor de santidad". ( Del libro Año Feliz)

miércoles, 29 de abril de 2026

RESPECTO A LA PROXIMA CONSAGRACION DE OBISPOS EN LA FSSPX

 


Con respecto a las consagración de obispos de la FSSPX del 1 de Julio hay que recordar lo siguiente:

No se necesitan mas obispos, hay muchos validos en el mundo. Se requieren católicos que quieran ser santos y defiendan los intereses de Dios y de la Iglesia. La FSSPX durante años ha vivido en comunión con Roma Apóstata, despues de negociar la Fe y aceptar herejías. Ahora en apariencia estan desobedeciendo a Roma, pero en ese panteón de religiones cada grupo esta haciendo su voluntad. La FSSPX si antes no repara el escándalo mayusculo de sospecha de herejía por su doctrina liberal de compromiso con la nueva religión por cooperación al mal, es inutil aparentar ser catolicos y esperar algo bueno de ellos.

Dios puede darnos y sacar  obispos de las piedras cuando El así lo quiera.



viernes, 27 de marzo de 2026

MEDITACION EN HONOR A LOS SIETE DOLORES DE LA MADRE DE DIOS

 


PRIMER DOLOR

La aflicción que causó a su tierno corazón la profecía del anciano Simeón (avemaría)



SEGUNDO DOLOR
La angustia que padeció su sensibilísimo corazón en la huída y permanencia en Egipto (avemaría)


TERCER DOLOR
Las congojas que experimentó su solícito corazón en la pérdida de su Hijo Jesús (avemaría)


CUARTO DOLOR
La consternación que sintió su maternal corazón al encontrar a su Hijo Jesús llevando la cruz a cuestas (avemaría)


QUINTO DOLOR
EL martirio de su generoso corazón asistiendo a su Hijo Jesús en la agonía de la cruz (avemaría)


SEXTO DOLOR
La herida que sufrió su piadoso corazón en la lanzada que abrió su costado de su Hijo Jesús. (avemaría)


SEPTIMO DOLOR
El desconsuelo y desamparo que padeció su amantísimo corazón en la sepultura de su Hijo Jesús. (avemaría)
Ruega por nosotros Virgen Dolorosísima para que seamos dignos de las promesas de N.S. J. Amén




martes, 24 de marzo de 2026

MEDITACIONES: El misterio de la Encarnación del Hijo de Dios

 





Meditación
Anuncio del Misterio de la Encarnación
Por el P. Grou
El Interior de Jesús y de María

   El ángel sosegó a la tímida y turbada María, diciéndole: No temáis, María; vos habéis hallado gracia delante de Dios. Él es quien a vos me envía, para llevaros de parte suya palabras de bendición y de paz. Vos habéis hallado gracia delante de Él; vos le sois agradable más que ninguna otra criatura, y Él os ha escogido para cumplir en vos el más grande de sus designios, el de la reparación de su gloria, y el de la salud del universo. ¡Magnífica promesa! Vos concebiréis en vuestro seno y pariréis un hijo, al cual daréis el nombre de Jesús. Será grande, y se llamará el Hijo del Altísimo. El Señor Dios lo hará sentar sobre el trono de David su padre; reinará eternamente sobre la casa de Jacob, y su reino no tendrá fin. Su reino todo de gracia, todo interior, no tendrá fin; y después de haber empezado sobre la tierra, continuará en el cielo para no acabar jamás. Tal es el sentido de las palabras del ángel, que María entendió entonces cuanto debió entender, quedando siempre no obstante en la obscuridad de la fe. Porque yo no creo que fuesen para ella tan claras como lo son para nosotros ahora que el velo está levantado, y que el misterio se nos reveló enteramente. Dios dispensa las luces con maravillosa economía, dejando siempre a la fe de qué ejercitarse; y la misma María, aunque más ilustrada que otro alguno sobre el destino de Jesucristo, no fue perfectamente instruida, sino después de verificado en su persona el entero cumplimiento de las profecías. El Evangelio nos dará más de una prueba de lo que acabo de decir.

   Sea de esto lo que fuere, lo que más sorprendió a María no fueron las grandes cosas que se le anunciaban, sino la imposibilidad natural  que veía en su ejecución, sin perjuicio de su virginidad. Se le dice que será madre, y ella prometió a Dios conservarse virgen. ¿Cómo se verificará esto, dice al ángel, pues no conozco varón, y estoy resuelta a no conocerlo jamás? No duda ella de la omnipotencia de Dios; mas expone con sencillez su situación, su deseo de ser fiel a su voto, y pregunta cómo puede esto conciliarse con la maternidad que se le anuncia.

   Jamás me parece bastante repetido, que María pensaba y hablaba en todo de una manera sobrenatural, y en aquella ocasión más que en otra alguna. La disposición que ella descubrió al ángel, era la misma en que Dios la ponía por su gracia. No tenía entonces un sentimiento, no decía una palabra que no le fuese inspirada por el Espíritu Santo. Dios pues quería, que en el momento en que Él le anunciaba por medio de un ángel los más encumbrados destinos, ella no se ocupase sino en su castidad, y en el cuidado de conservarla. Concluyamos de  ahí, que en las ideas de Dios el amor y la práctica de una virtud, aun de aquella cuyo único objeto es la pureza corporal, son muy   superiores a los más señalados favores del cielo, y a la dignidad más sublime a que puede ser elevada una criatura. Así pues, para conformarnos con los pensamientos de Dios, hagamos en toda nuestra vida, como María, más caso del menor acto de virtud, que de todos los dones celestes; porque no son estos dones sino las virtudes, cuyo ejercicio cuesta a la naturaleza, las que glorifican a Dios, y nos santifican. Los dones de Dios, el de la oración, por ejemplo, no se nos conceden para que disfrutemos meramente de ellos,  sino para facilitarnos la práctica de lo más perfecto que tiene la moral evangélica, la renuncia, el abandono, la muerte entera a nosotros mismos. Toda oración que no produzca tales efectos, por elevada que se la suponga, nada vale, y no servirá sino para nuestra condenación. Si María, deslumbrada por el título de Madre de Dios, no hubiese sentido inquietud sobre el modo con que podía conciliarse con su virginidad, Dios la hubiera desechado. No hay duda. Todo lo que el ángel de una parte, todo lo que María de otra debían decir, estaba preparado, previsto, ordenado en los designios de Dios; y si ella se hubiese separado un solo ápice, hubiera dejado sin efecto la más celebre embajada que jamás se hizo.

   El ángel va a tranquilizar a María sobre el objeto que más ocupa su corazón que la maternidad divina. El Espíritu Santo, le dice, vendrá sobre vos, y la virtud del Altísimo os cobijará con su sombra. El mismo Espíritu Santo es quien os tornará fecunda: el Altísimo pondrá en obra su omnipotencia; superará la ley más inviolable de la naturaleza, para formar en vos por medio de una maravillosa operación la carne a que debe unirse su Verbo. Esta obra será de la misma Trinidad, y a ella concurrirán todas las personas divinas. ¡Misterio inefable! ¡Secreto conocido de Dios solo, y que no comprendía ni el ángel que a María lo anunciaba!  María necesita aquí de toda su fe para creer; lo que se le dice es superior a su inteligencia. Al preguntar cómo puede aquello verificarse, se le explica, pero de un modo tan elevado a que no alcanza su pensamiento.  No comprende, pero somete su razón, persuadida de que no faltan a  Dios medios para cumplir sus designios, que no están al alcance de la criatura.

   Por esta razón, añade el ángel, lo que de vos nacerá será llamado el  Hijo de Dios. El cuerpo que se formará en vuestro casto seno, de vuestra más pura sangre, mediante la operación del Espíritu divino, será un cuerpo santo de la santidad misma del Hijo de Dios, que se le unirá, y se dirá de esta carne: Es la carne del Hijo de Dios. De la unión del alma humana con ese cuerpo no resultará una persona; sino que, una y otra sustancia unidas inseparablemente al Verbo, no tendrán otra personalidad que la suya.  Así el alma será el alma del Verbo, el cuerpo será el cuerpo del Verbo encarnado. Una carne destinada a ser la carne del Hijo de Dios no debía formarse en otra parte que en el seno de una Virgen y por la operación del Espíritu Santo.

   Para hacer creíble a María tan estupendo milagro, mirad, prosigue el ángel, a vuestra prima Isabel, que ha concebido un hijo en su vejez, y ved cómo se halla en el sexto mes de su embarazo la que era llamada estéril, esto es, reconocida por tal; porque a Dios nada es imposible. Dios es quien os habla por boca mía; Dios es quien os asegura que concebiréis y parireís sin dejar de ser virgen. Él es veraz en sus palabras; es todopoderoso: sometidas le están todas las leyes de la naturaleza; Él es quien las hizo; Él puede, cuando le place, sobreponerse a ellas. No debéis pues vos vacilar en creerlo.

   Cuando Dios tiene sobre un alma algún designio extraordinario, sin explicarle a fondo este designio, ni la manera con que Él lo cumplirá, se lo explica lo bastante para convencerla de su infinito poder, y no dejarle motivo alguno de duda, exigiendo de ella un consentimiento a la vez ciego e ilustrado. Ciego, porque la razón no puede penetrar en el secreto de Dios; ilustrado, porque esta misma razón tiene en la veracidad de la omnipotencia divina motivos evidentes para someterse. No permitamos pues a nuestro entendimiento curiosidad alguna sobre las cosas mismas que Dios nos propone, ni sobre los medios por los cuales las verificará. Esto no es de la inspección de nuestra inteligencia, y si lo comprendiéramos, ya no habría fe, ni mérito por consiguiente. Atengámonos a su palabra, y desde el momento que estemos seguros de que habló por medio de los que tenemos en lugar suyo, no vacilemos en creer lo que nos parezca más distante de la posibilidad.

   Satisfecha ya sobre el punto que más inquietud le daba, y fiando en el discurso del ángel, aunque no lo comprendiese, María no titubeó en dar su consentimiento. He aquí, dice, la esclava del Señor: hágase en mí según vuestra palabra.

   Dios pide el consentimiento expreso de María para elevarla a la dignidad de Madre de Dios. Ved con qué consideración y miramientos trata Dios a su criatura, cuando tiene sobre ella algún designio extraordinario. No lo ejecuta sin proponérselo, sin escuchar sus razones, si alguna tiene que oponer. Solicita su consentimiento, pero no lo exige, y quiere que se le dé con entera libertad. El título de madre de Dios era un favor único, un privilegio incomparable, una distinción sin ejemplo, y que no debía renovarse en todo el decurso de los siglos. Más por este título María contraía también los más grandes empeños. Debía dar a Dios a proporción de lo que recibía; debía aspirar a la santidad más sublime, y de consiguiente consagrarse sin límites a la voluntad de Dios, muriendo absolutamente a sí misma; debía someterse a las más terribles pruebas, y participar de las de su Hijo. Estaba instruida lo bastante en el sentido espiritual de las profecías, para saber que el Mesías debía sufrir mucho, y que sería un hombre de dolores. Sin duda que Dios le presentó en general un cuadro de todo esto, al tiempo de hablarle el ángel, y pudiera ser también que este le insinuase alguna cosa sobre el particular, que su humildad no le permitió revelarla. Es pues  muy probable que previó todas las consecuencias del consentimiento que iba a dar, y que, en calidad de madre, tuviese más parte que otro alguno en la cruz del Salvador. Sin esta circunstancia, el mérito que tenía en consentir, no hubiera sido tan grande de mucho como podía ser. María se sacrificó de un modo el más perfecto, al momento en que aceptó el ser la madre de Jesús, así como Jesús se sacrificó  en el instante mismo de su entrada en el mundo.

   María necesitó de más valor, de más generosidad, de más grandeza de alma de lo que se cree para consentir en la proposición que le fue hecha por el ángel. Infiérase de ahí la grandeza de sentimientos con los que pronunció aquel fiat de que dependían la reparación de la gloria de Dios, y la salud del género humano. 

jueves, 19 de marzo de 2026

SAN JOSÉ PATRONO DE LA IGLESIA CATOLICA (Santa Teresa de Jesús)

 


San José está declarado patrono y protector de la Iglesia Universal. La Orden del Carmen le venera como protector especial. Nadie ha hablado tan elocuentemente del valimiento de San José ante el Señor como Santa Teresa. Dice la Santa Madre: "Tomé por abogado y señor al glorioso San José, y encomendéme mucho a él; vi claro que así de esta necesidad, como de otros mayores de honra y pérdida de alma, este Padre y señor mío me sacó con más bien que lo que yo sabía pedir. No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer una necesidad, de este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas; y quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra, que como tenía nombre de Padre, siendo ayo, le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide. 

Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud, porque aprovecha en gran manera a las almas que a él se encomiendan. Paréceme ha algunos años que cada año en su día le pido una cosa y siempre la veo cumplida; si va algo torcida la petición, él la endereza para más bien mío...

Sólo pido por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción, en especial, personas de oración siempre le habían de ser aficionadas".

HIMNO A SAN JOSE

 


Himno a san José.


De María digno esposo, 

De Jesús padre querido;

De virtud modelo hermoso

Para el justo y elegido!

¡José! rindiéndoos honor, 

Vuestra virtud sea mi guía;

Y siempre vea en mi alredor

A Jesucristo y María.

Dios, a quien la tierra adora, 

Os miró con sumisión;

Y Vos en el cielo ahora

Mandáis en su corazón.

Jesús, a Vos se abandona, 

Sed también mi conductor;

Y pues María es mi patrona, 

Sed mi padre y mi tutor.

De niño el trabajo duro 

Jesús con Vos dividió;

A su ejemplo, halle seguro, 

En el mío, refugio yo.

A vuestra muerte María

Con Jesucristo asistió ;

Haced que al llegar la mía 

En sus brazos muera yo

viernes, 13 de marzo de 2026

DEFENDER A LA SANTA MADRE IGLESIA: MONS. MARCEL LEFEBVRE

 



Hemos tenido papas liberales; el primer Papa liberal, aquél que se reía de los "profetas de desgracia", convocó al primer concilio liberal de la historia de la Iglesia. Las puertas del redil fueron abiertas y los lobos penetraron hasta la majada y degollaron a la ovejas. Vino el segundo Papa liberal, el Papa de la doble faz, el Papa humanista; derribó el altar, abolió el sacrificio, profanó el santuario. Llegó el tercer Papa liberal, el Papa de los derechos del hombre, el Papa ecumenista, el Papa de las Religiones unidas y se lavó las manos y cubrió sus ojos antes tantas ruinas, para no ver las llagas sangrientas de la Hija de Sión, las heridas mortales de la Esposa inmaculada de Jesucristo. 
Por mi parte, no me resignaré; no asistiré a la agonía de mi Madre, la Santa Iglesia, con los brazos caídos, no soy pesimista porque al final de esta lucha el Corazón Inmaculado de María triunfará; por eso, mientras ellos destruyen, nosotros tenemos la felicidad de construir, participamos en la reconstrucción de la Iglesia para la salvación de las almas.

Mons. Marcel Lefebvre.


viernes, 6 de marzo de 2026

EL PURGATORIO (RELACIONES Y DOCUMENTOS HISTÓRICOS ACERCA DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO) 4a

 


P. — Nuestra hermana N. desearía saber si usted ha visto en el purgatorio a su padre y a su madre.

R. — No sé; yo misma he dejado allí muchos parientes y no lo sabía; el ángel me lo ha dicho después en la tierra.

P. — ¿Usted conoce a mis hermanas? ¿Ha visto usted algunas veces a nuestra Madre desde que está en el mundo?

R. — Si, las conozco a todas y veo cuanto pasa en la casa; lo mismo sucede a todas las ánimas del purgatorio; ven lo que acaece en la tierra a menos que por permisión divina estén privadas de ello.

Vamos, hermana, hasta mañana.

Aquella cita, que nunca me había dado anteriormente, me sorprendió. Lo dije a nuestra venerada Madre, que ansiaba por el siguiente día para saber de qué se trataba.

Esta buena Madre me dijo: «Como usted veló anoche, es preciso que se vaya a acostar antes que toquen el gran silencio; entonces podrá ir a preguntarle qué es lo que tiene qué decirle».

No dejé de hacerlo así: pero su primera palabra fue: Hasta mañana, acuéstese tranquila.

Al siguiente día me le acerqué diciendo: —Buenos días, hermana; ayer me dió usted una cita para hoy, lo que me ha hecho pensar que tenía algo que decirme.

—No, hermana, lo único que quise decirle fue que como había estado en vela, no quería importunarla esta noche.

En efecto toda la noche la pasé muy tranquila.

P. —Como usted no le ha hablado a N. N. sino de N. B., ella está muy angustiada por sus demás parientes, imaginándose que pueden haberse condenado.

R. —No lo sé; pero si le interesa tanto, se lo preguntaré al ángel bueno.

P. —¿La han aliviado algo las oraciones y comuniones de ayer y hoy?

R. —El ángel respondió: «Sí, poca cosa le falta, tres o cuatro intenciones de la santa comunión y después espero que será pronto libertada».

P. —Hermana, ayer me ofreció usted preguntarle algo por N. N. al ángel de su guarda.

Volteóse la hermana como dirigiéndose a alguien y entonces oí la voz del ángel que me dijo:

«Dígale a su Madre que N. N. está en el cielo hace tiempo, y X. desde la Semana Santa; una de sus hijas ha pedido mucho por él».

Yo le repliqué: «Pero ella tiene muchos otros parientes que le interesan: tíos, tías...».

El Ángel me respondió: «En cuanto a N. N. está en el purgatorio; su tía la Hermana X está en el cielo; sin embargo, no fue tan pronto como se creyó, porque aquí las colocan en el cielo muy pronto. Pidan porque ustedes tienen en el purgatorio varias de sus hermanas que estaban mucho antes que la buena hermana María Sofía».

Le pregunté al ángel si mis dos hermanas estaban en el purgatorio y me respondió: «Las dos están en el cielo. Su hermana María no estuvo sino siete semanas en el purgatorio porque el buen Dios aceptó las oraciones y las misas que le mandó decir su hermana Elisa, como también el sacrificio generoso que hizo de su vida. Usted también tiene en el cielo a su sobrina María. Esa niña estuvo diez y siete días en el purgatorio, y eso por no haber pedido con bastante instancia los últimos sacramentos».

P. —¿Hermana, le dije a mi hermana María Sofía, usted recibió la aplicación de las oraciones y comuniones que le ofrecimos esta mañana?

Volvió a tomar el ángel la palabra y dijo: «Si, ya ella no se quema; sólo padece por el deseo de ver a Dios; pero le faltan aún algunas oraciones para alcanzar su completa libertad. Dele las gracias a su Madre y a sus hermanas por las oraciones que han hecho por esta alma.

Ella también les da las gracias; pero usted a su vez le debe alguna gratitud, pues no dejará de haber observado que está mejor de los ojos desde que pide por ella.

Me volví hacia mi hermana María Sofía y le dije: «¿Hermana, tendría usted la bondad de decirme qué es lo que debo hacer para aprovechar el tiempo?».

R. — Practique bien su regla y sus constituciones. Le recomiendo en particular la obediencia pronta y sencilla, la humildad, la mortificación; purifique bien su intención sobre todo por la mañana al levantarse, pues de ese primer momento depende todo el día; prepare bien su punto de oración, pues en este santo ejercicio es donde el demonio trata por lo menos de hacerle perder el tiempo. Y al responderle yo que muchas veces estaba tan cansada que tenía que sentarme, me dijo: «No son las rodillas las que quiere el buen Dios, sino el corazón y la voluntad.»

— En cuanto a la Misa, prosiguió, póngase al empezar bajo la protección de la Santísima Virgen; pídale que le haga comprender la grandeza y el valor inapreciable del santo sacrificio de la Misa, y de las gracias innumerables que puede alcanzar para usted misma y para las demás. ¡Ah si usted pudiese comprender el valor de una sola misa sobre el corazón de Dios, y los bienes que podría conseguir por ese divino sacrificio, si siquiera se molestase en pedir ese conocimiento! Lo que le va a ofrecer al Padre celestial es la sangre de Jesucristo: con esa sangre preciosa puede pagar todas sus deudas, satisfacer su justicia por usted y por sus prójimos, convertir a los pecadores, salvar las almas, abrir las cárceles del purgatorio a sus parientes, a sus amigos y a tantas pobres almas que gimen lejos de Dios y reclaman el socorro de su caridad! ¡Usted puede glorificar a Dios más por esa sola acción que por las penitencias más austeras y los actos de virtudes más heroicos. Usted puede adoptar, o adopte el espíritu del Director. (No recuerdo bien su expresión).

— En el Ofertorio ofrézcase a Dios por manos del sacerdote; pídale que le cambie sus inclinaciones y su corazón, que la haga amar la virtud, sobre todo, la de la humildad. Dígale que usted quiere que todo en usted le sea sacrificado. Pídale al Señor que reciba la ofrenda de todos sus pensamientos, de todos sus afectos, de todo su ser.

— En la Consagración, represéntese estar a los pies de la Cruz de Nuestro Señor, y que la sangre de Jesús penetre en su alma gota a gota; este es el momento más precioso para alcanzar gracias del buen Dios. Aunque una alma estuviera en pecado mortal, podría salir de allí justificada. Pídale en ese momento al Señor por las ánimas del Purgatorio, para que su sangre apague todas las llamas, pues entonces Jesús no rehúsa nada.

— En la Comunión, únase a las disposiciones de la Santísima Virgen; pídale que le preste su corazón y reciba en él a Jesús, lo adore, ame y glorifique por usted. No deje nunca en sus comuniones de hacer una intención por las ánimas; acuérdese que Nuestro Señor mismo quiere que ruegue por su libertad, y que nada le negará a usted su padre, pidiéndole en su nombre.—Como durante todo el día se están celebrando misas, hará bien en unirse a ellas. Haga con sencillez sus oraciones, porque el escrúpulo es un gran mal. Evite apresurarse en lo que deba hacer, y nunca deje las comuniones por su culpa; no puede comprender cuánto pierde en omitirlas: haga a menudo la comunión espiritual. Aplíquese también a la caridad para el prójimo; usted no lo critica abiertamente, pero a veces, por excusarse, lo deja aparecer culpable. También debe respetar más el gran silencio; el otro día faltó con una de las alumnas.

— Pero lo que le dije fué por caridad, para hacerle un servicio —Es verdad, me dijo: pero sin embargo, usted dijo muchas palabras inútiles que ha podido evitar Dígale a su Madre que pediré mucho por ella cuando esté en el purgatorio; porque no se haga ilusiones, mi buena hermana, muy pocas personas van derecho al cielo.

Trabajando un día en nuestra celda y rezando al mismo tiempo el rosario de Ánimas, se me acercó mi hermana María Sofia y me dijo que rezara siempre ese rosario, porque le era muy agradable a Dios, y aliviaba prontamente a las ánimas. Me pareció que ella lo rezaba conmigo.

P. —Puedo esperar, hermana, que usted me cumplirá su palabra, y que tendrá la bondad de avisarme cuando se vaya para el cielo?

R. —Si, estese tranquila: no me iré sin avisárselo, y si no temiese que eso la perjudique le pediría al ángel el favor de que lo viese.

Le pregunté por qué motivo creía perjudicarme. Me respondió que era por temor de que con eso me envaneciera. Le di las gracias, manifestándole que si era así prefería verme privada de tan gran favor.

Después me dijo en dos diversas ocasiones: «Le prometo hacer todo lo posible para alcanzar del buen Dios la gracia de que pueda ver a su mamá cuando se vaya para el cielo.» Eso me lo repitió el 25 de mayo, víspera de Pentecostés, día de su entrada al cielo. Eran las dos y media de la tarde. Yo no quería separarme de ella; pero a pesar de mis deseos, no pude volver a su lado hasta las cinco menos cuarto.

Al presentarme me dijo: «Se ha hecho esperar. Ansiaba porque viniese.... Vamos, hermana, ¡me voy!... Le doy las gracias por todo lo que ha hecho por mi; manifiéstale también mi gratitud a la Madre y a todas las hermanas».

El temor de que se fuese sin haberle podido dar un recado que me habían encomendado poco antes, me hizo interrumpirla: «Oh, hermana, le dije emocionada, mi hermana María Adelaida me ha suplicado le pregunte si sus hermanos y hermanas están en el purgatorio.»

Tomó la palabra el ángel y dijo con voz de contento y felicidad: «No sólo a ella, sino a todas las hermanas dígales que se tranquilicen, que por ese respecto son muy felices; pues aquellos de sus parientes que no están en el cielo, van ya en camino. Al buen Dios le ha sido muy agradable la educación cristiana que dieron a sus hijas, y también el sacrificio que de ellas hicieron consagrándolas a Él. Ahora, le doy las gracias por todo lo que ha hecho por esta alma. Déle también las gracias a la Madre y a todas las hermanas y estén seguras de que ella no las olvidará en el Cielo, como tampoco a los seres queridos que tienen en el Purgatorio. Y usted, hermana, aplíquese a la humildad, a la obediencia y a la caridad; sea muy fiel a su regla, y después no tema nada.»

La hermana María Sofía tomó la palabra y me dijo: «Adiós, hermana, me voy.»

Me impresionó tanto con estas palabras que al punto caí de rodillas.

Volvió a tomar la palabra el ángel y me dijo: «crea, hermana que no le será ingrata!»...

Fué tan fuerte la impresión de todo esto, que apenas ví la desaparición de la hermana; sólo pude observar algo blanco que se elevaba como un vuelo de pájaro.

Aquí terminó todo; después ni he visto, ni oido nada.

Siguen algunas preguntas que dirigió nuestra muy venerada Madre a la hermana Margarita María acerca del físico de la hermana María Sofía.

P. — ¿Es alta la hermana María Sofía?

R. — Si, Madre un poco más alta que yo.

P. — ¿Tiene la cara larga o redonda?

R. — La tiene larga

P. — ¿Ojos grandes o pequeños?

R. — Grandes; el párpado se le ve con una gran arruga.

P. — ¿Cómo tiene la nariz?

R. — Bastante larga y esponjada.

P. — ¿Tiene mucho cabello?

R. — No; lo tiene largo y claro.

P. — ¿Tiene finos los labios?

R. — No; los tiene gruesos.

P. — ¿Cómo tiene las uñas?

R. — Parecen uñas encajadas; no las tiene lisas como nosotras; se le ven como rayadas y algo volteadas. Tiene las manos rojizas y mal formadas; al principio, cuando se me apareció, me causaba miedo.

P. — ¿Cómo tiene la punta de los dedos?

R. — Gruesas.

P. — ¿Es ancha de hombros, de pecho levantado?

R. — No, por el contrario, muy estrecha de hombros, y de pecho más hondo que yo.

P. — ¿Y su voz?

R.— Tiene buena palabra, pero la voz hueca; sus maneras parecen algo bruscas.

Según esta exposición, nuestra muy venerada Madre y todas mis hermanas de la comunidad que han conocido a la hermana María Sofía, aseguran que ese retrato está absolutamente conforme con el original.