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martes, 27 de septiembre de 2022

EL 27 DE SEPTIEMBRE DE 1821 UNA NUEVA NACIÓN INICIABA SU CAMINO; SU PROMOTOR AGUSTÍN DE ITURBIDE




SEMBLANZA

El 1 de enero de 1820 estaban ya listas las tropas españolas en el puerto de Cádiz, al mando del Comandante Rafael del Riego, para trasladarse al continente americano a terminar, de una vez por todas, con los movimientos de independencia apoyados por los enemigos de la España católica (1). España estaba exhausta, y estos diez mil soldados  debían asegurar lo que ya se había ganado.

Hay que recalcar que España, anteriormente, había hecho el supremo esfuerzo de mandar más de 15 mil hombres de guerra para sofocar las insurrecciones americanas, comenzadas precisamente en 1808, cuando Napoleón tomó prisioneros al Rey Carlos IV y al príncipe Fernando, obteniendo la renuncia forzada de ambos al trono en favor suyo. La consiguiente ocupación francesa a ese infortunado acontecimiento, y la heroica guerra de independencia del pueblo español contra el usurpador José I, no fueron obstáculo para el envío de esas tropas. Otros 30 mil efectivos más se habían enviado a los virreinatos, desde que Fernando VII había tomado el poder en 1814 hasta 1819, cuando los liberales masones presionaron al Rey para que volviese a proclamar la Constitución de 1812.

Pero, el comandante Rafael del Riego, presionado por sus hermanos masones, se pronunció contra  Fernando VII en vez de atravesar el océano para cumplir con su deber patriótico. El Rey, falto de carácter y amenazado por las logias de un levantamiento general juró de nuevo, el 10 de marzo de 1820, la Constitución de Cádiz de 1812 ya rechazada por él desde 1817.  Este documento anticatólico, base de todas constituciones mexicanas posteriores, se iba jurando, con desagrado general, por toda España y por  las ciudades y villas del Imperio Español en América.

Los acontecimientos de la Península se recibieron en la Nueva España con encontradas opiniones, hubo gritos de “Viva la Pepa”, así llamada por el pueblo a la Constitución de Cádiz por haber sido proclamada en ese puerto el 19 de marzo de 1812. (2)
El virrey y todas las personas conscientes del extremado peligro para la Iglesia, las instituciones y la Fe del pueblo, dudaron  sobre si era conveniente proclamar ese instrumento político y social, ideado por la Masonería, para desmantelar el Imperio desde la propia Corona española.

El pueblo novohispano en general no simpatizó con la decisión real, solamente se entusiasmaron con ella los integrantes del Partido Liberal (3), los “ilustrados” masones peninsulares y americanos que actuaban casi en secreto desde la abortada Independencia encabezada por el Lic. Primo Verdad, el Ayuntamiento de la ciudad de México y el virrey Iturrigaray, en septiembre de 1808.
Desde esa fecha hasta el año de 1820, los liberales habían ido aumentando considerablemente su número,  y sus relaciones con la central de  Charleston y la Logia de Nueva Orleáns, eran ya,  más estrechas. (4)
   
Los liberales del Virreinato se dieron cuenta de los titubeos del virrey Juan Ruiz de Apodaca por su deseo de no proclamar la Constitución de Cádiz, e instaron a los comerciantes de Veracruz, todos afiliados a la masonería obediente de la Logia de Nueva Orleáns, a obligar al jefe militar  y político del puerto, don José Dávila a jurar la Constitución. (5)

El triunfo de los liberales en España y la sujeción del Rey a las Cortes, había  revivido los partidos políticos en la Nueva España, especialmente el Partido Liberal internacional que había estado actuando secretamente por 12 años y que ahora comenzaba a emerger de la oscuridad. El virrey Apodaca  tenía la vista fija en los Estados Unidos, sabía perfectamente que allí estaba el motor de las revoluciones suscitadas desde 1808, porque esa  nación ambicionaba los territorios norteños del Virreinato (6).

Mientras tanto, la situación de España se había vuelto confusa y desordenada a partir de la proclamación real de la Constitución de 1812: protestas de unos y júbilo de otros,  robos y crímenes, desmanes contra la Iglesia y su jerarquía; así que antes de esperar levantamientos como allá, el virrey Apodaca resolvió proclamar y jurar la Constitución.       
Por otra parte, en el oratorio de San Felipe Neri de la Casa Profesa de la ciudad de México, se había formado una Junta secreta  de personas prominentes de la sociedad,  que con conocimiento del Virrey, buscaba  separar a  la Nueva España de la antigua, con Ruiz de Apodaca como Gobernador, mientras el rey Fernando se sacudía el poder de las Cortes liberales.
El paso siguiente sería encontrar un jefe militar con suficiente popularidad y don de mando para ejecutar el proyecto; la elección recayó en don Agustín de Iturbide, recientemente nombrado por el mismo virrey Apodaca, para terminar con el foco insurgente que comandaba Vicente Guerrero.

Curiosamente, el proyectado plan de “La Profesa” no era muy diferente de los planes  anteriores denunciados en 1808, 1809 y 1810, y el de la intervención internacional (que en 1816 comandaba Javier Mina (españoles, italianos, polacos, ingleses y angloamericanos). Solamente difería de los propósitos ulteriores: configurar una nueva nación independiente de cualquier otra; pero no anexarla a los Estados Unidos, como habían sido las intenciones de Primo Verdad, García Obeso, Mariano Michelena, el cura  Manuel Iturriaga, el cura Hidalgo, Allende, Aldama, el cura Morelos, el cura José Ma. Cos,  Javier Mina, el cura M. Ramos Arzpe  y el cura Servando T. de Mier; todos ellos masones. (7)

 La Nueva España, al cabo de 9 años de guerra de desolación había quedado en estado de completa ruina, tal como se les había ordenado desde Charleston,  a todos los insurgentes desde Hidalgo hasta Mina. Ya se había derramado mucha sangre de novohispanos;  la paz y concordia que habían prevalecido en los Virreinatos durante 300 años  estaba rota, el Imperio Español en América resquebrajado en todas sus partes, la religión católica amenazada y nuestra cultura española que había englobado a todas las razas en un solo ideal, era despreciada por sus propios patricios encandilados por la “Ilustración” del liberalismo y el “libre examen” de la República yanqui.
Tanto en la Península como en sus posesiones americanas, fueron legión, los que se enredaron en la telaraña de las logias, unos por malicia y otros por ingenuidad quedaron atrapados en la trampa tendida desde el Centro de Charleston. Con la proclamación de la Constitución de Cádiz, España y su Imperio habían quedado sujetos a la política expansionista de Washington. (8)
Anteriormente, en 1818, los Estados Unidos le habían usurpado a España las dos Floridas cumpliéndose la primera fase de la profecía del conde de Aranda (9).

El “Destino Manifiesto Imperial” (10) de los fundadores calvinistas y masones de los Estados Unidos, segunda república anticatólica del mundo en 1776; la primera había sido la de Oliver Comwell en la Inglaterra de 1649 a 1659, y de ambas, la consecuente tercera República promovida en la Francia de 1789, marcaron el camino de los súbditos ambiciosos e irreflexivos de la Corona Española, buscadores todos, de empleos bien remunerados y poder para saciar su orgullo. (11)

Después del fracaso de los conspiradores de la Casa Profesa y ya con el nombramiento de Comandante de las Fuerzas del Sur, Agustín de Iturbide, queda en libertad de poner en práctica su Plan que él solo había concebido.
Iturbide,  de 37 años, padre de 7 hijos, otros dos nacerían más tarde, amante de su religión católica y de su tierra, inteligente y deseoso de ver a su patria unida, fuerte y respetada. Dotado de cualidades físicas suficientemente probadas en sus años de combate contra el desorden de los insurgentes, y aunado todo esto, a su especial atractivo, se le abrían todas las puertas conquistando voluntades.
El 16 de noviembre de 1820 se encaminó a las tierras del sur de Nueva España para atraerse a los revolucionarios, más que para combatirlos.  El Plan que traía entre manos, era entonces estrictamente secreto,  y consistía esencialmente en los siguientes puntos:

a) La conservación de la Religión Católica Apostólica Romana como religión de estado; b) La absoluta Independencia de este Reino, estableciéndose en él una monarquía moderada, con el título de Imperio Mexicano, llamando para ocupar el Trono al rey Fernando VII o a otro príncipe de Casa reinante; c) Y la Unión de todos los habitantes establecidos en este Reino.

Mientras tantea el terreno,  con extremada prudencia escribe muchas cartas a toda clase de personas. Se pone en contacto con Vicente Guerrero a quien conocerá personalmente mucho después.
Por fin, convencido de que no hay  remedio, en ese desorden y confusión, para la subsistencia del Imperio Español, y de que la mayoría de las opiniones de los que luchan en uno y otro bando está por la independencia de Nueva España , llamada entonces: la América Septentrional; hizo circular su Plan entre las personas de su confianza con el encargo de hacerlo extensivo a casi todos los jefes tanto realistas como insurgentes. Iturbide se dio cuenta de que eran muchos a los que repugnaba un gobierno monárquico conducido por Fernando VII, y estaban ganados por la propaganda yanqui de instalar su república en estas tierras. Pero la mayoría de la gente consciente aceptaba el Plan de Iturbide, incluidas las autoridades virreinales que disimulaban. Una Monarquía Católica sería la garantía para evitar la Constitución masónica de 1812, pensaban.

A principios del año de 1821 Vicente Guerreo y su tropa de apenas unos 2000 efectivos se adhirieron al Plan por lo que Agustín de Iturbide lo proclamó en la ciudad de Iguala el 24 de febrero de 1821. Al mismo tiempo reconocía  “Los méritos que la América había obtenido de la Conquista y gobierno de la Corona Española, la nación más piadosa, heroica y magnánima eran para siempre, pero que había llegado el tiempo de que aquellas ciudades y pueblos opulentos, que aquellas provincias y reinos dilatados que España  educó y engrandeció ocupasen en el universo un lugar distinguido, siendo general deseo de la independencia entre los habitantes   de todas clases, por lo que para uniformar la opinión, el ejército había jurado sostener el Plan……”
Ese mismo día enviaba cartas al Virrey, al Arzobispo y a las personas principales de lo acontecido en Iguala.
El siguiente 1º. de Marzo estando reunidos todos los jefes de los cuerpos militares les habló de sus deberes que contraerían con la nación que comenzaba su vida independiente y de las terribles consecuencias que vendrían sino se tomaban medidas prontas y eficaces para unificar opiniones y propósitos a fin de evitar el desorden y la anarquía.
Al día siguiente 2 de marzo se llevó a cabo la ceremonia de Jura. Agustín de Iturbide y Aramburu como Primer Jefe de Ejército independentista:

“En gran habitación donde se alojaba Iturbide, al centro una mesa con el Crucifijo sobre un Misal, puestos en pié los jefes mientras el Capellán don Antonio Cárdenas, leyó el Evangelio del día, acercándose a la mesa el primer Jefe,  puso la mano izquierda sobre el Santo Evangelio y la derecha sobre el puño de la espada prestó el juramento de manos del padre capellán en estos términos”:
“¿Juráis a Dios y prometéis bajo la Cruz de vuestra espada, observar la santa religión Católica, Apostólica y Romana?,  Sí juro”
“¿Juráis hacer la independencia de este Imperio guardando para ello la paz y unión de europeos y americanos? – Sí juro”
“¿Juráis la obediencia al señor D. Fernando VII si adopta y jura la constitución que haya de hacerse por las cortes de esta América Septentrional? – Sí juro”
“Si así lo hiciereis, el Señor Dios de los ejércitos y de la paz  os ayude y sino os lo demande” (12)

En la tarde de ese mismo 2 de marzo, Iturbide hizo jurar en la Plaza de armas a todos  los integrantes del nuevo ejército al que se le dio el nombre de “Ejercito  Trigarante”, tomaba el nombre de los tres puntos principales del Plan original: RELIGIÓN CATÓLICA, INDEPENDENCIA, UNIÓN DE EUROPEOS Y AMERICANOS.
De esta misma idea salieron los colores que debería llevar el nuevo lábaro o Bandera de las Tres Garantías que comenzó a ondear a partir de entonces: Tres franjas diagonales  de izquierda  a derecha:

BLANCO-RELIGIÓN; VERDE-INDEPENDENCIA; ROJO-UNIÓN

El virrey Juan Ruiz de Apodaca rechazó el Pan de la Tres Garantías y puso fuera de la Ley a Iturbide, pero la mayoría de las guarniciones militares y las ciudades manifestaron su adhesión al Plan y se le fueron agregando. Victorioso, el Ejército Trigarante  avanzó sobre la capital del Reino aumentando sus efectivos por donde pasaba.

 Mientras esto sucedía en la Nueva España, en la antigua las Cortes habían nombrado, sin la firma del Rey a un nuevo virrey; Juan Odonojú, antiguo ministro del intruso José I hermano de Napoleón, Odonojú era miembro de la logia “Comuneros de Castilla”,  obediente a la Masonería francesa que ya estaba obediente a la Central de Charleston U.S.A. El último virrey llegaba  con la consigna de entregar el poder político al héroe de Iguala.  Ya en la Nueva España, Odonojú  celebró con Iturbide el “Tratado de Córdoba” el 2 de agosto de 1821 con el que reconocía de hecho, aunque ilegalmente, la Independencia de la  nueva nación. (13)

Pasaron varias semanas mientras se trataban de organizar las últimas fuerzas militares españolas al mando del Mariscal de Campo don Francisco Novella. Este, recibió al nuevo virrey con mucha desconfianza, pero por la situación de inferioridad en que se encontraba tuvo que entregarle el mando de la Nueva España. Mientras Juan Odonojú  esperó la entrada del Ejército Trigarante a la capital del reino, esta se efectuó el mismo día que don Agustín cumplía 38 años de edad, EL 27 DE SEPTIEMBRE DE 1821 FECHA CONSIDERADA COMO EL NACIMIENTO DEL NUEVO ESTADO MONÁRQUICO Y CATÓLICO.
Los hermanos masones de los liberales novohispanos  estaban aprovechando el genio, la popularidad  y el esfuerzo de Agustín de Iturbide para separar el mejor  reino de ultramar de la Madre Patria, elevar al trono del nuevo Imperio a su creador y luego traicionarlo, echarlo del país, acosarlo por Europa, traerlo de nuevo al país para asesinarlo sin ningún juicio. (14)
Pasaron los meses y solamente se había formado la Junta Provisional Gubernativa con la presidencia de Iturbide, mientras se resolvía el traslado al nuevo país, de algún príncipe europeo que aceptara la corona, desde luego, nadie aceptó por las razones de ilegalidad que privaban.  Por fin se constituyó el Congreso con individuos de varios partidos, EL 24 DE FEBRERO DE 1822.

A poco llegó a la capital del nuevo país la noticia del rechazo de la Corona Española al Tratado de Córdoba, esto provocó la efervescencia prevista por las logias masónicas. El partido iturbidista (Nacional Mexicano) era el más numeroso pero sin cohesión entre los miembros, en cambio los partidos opositores: Borbonista, Republicano Progresista (Liberal), apoyados por  la Masonería internacional,  hicieron un frente común contra el  Plan de Iguala y sus  Tres Garantíaspor ser un Plan eminentemente católico.

Para evitar los propósitos de los liberales, el Partido Iturbidista se les adelantó, por decirlo así, proclamando a Agustín I como emperador, esto sucedía el 18 de mayo de 1822 cuando el oficial Pío Marcha al frente de un corto número de militares se presentó frente a la casa que ocupaba Iturbide. De inmediato se congregó una muchedumbre que fue creciendo hasta hacerse un auténtico movimiento popular, el pueblo de la capital deseaba a Iturbide como su gobernante. Los congresistas, en su mayoría, se reunieron en su sede el 19 de mayo y el 21 de mayo siguiente proclamaron a Agustín de Iturbide como Emperador de la América Mexicana.

Iturbide aceptó el título de Emperador jurando estar bajo una constitución masónica, grave error porque su poder quedó atado por el Congreso, donde ya se formaba el PARTIDO LIBERAL, invento de las Logias masónicas, presionó con su fuerza internacional, para hacer imposible su gobierno. El reinado de Agustín I duró solamente10 meses, del 19 de mayo de 1822 al 23 de marzo de 1823, el Partido Liberal Internacional había destruido el primer y único gobierno nacional independiente que ha existido en la historia de México.

El historiador A. Gibaja y Patrón asienta en el Capítulo XXV del TomoII de su Obra “Las Revoluciones Sociales de México” lo siguiente que copio a la letra:

“Uno de los primeros cuidados del señor Iturbide luego de que se eligió Emperador, fue enviar a los Estados Unidos del Norte un ministro plenipotenciario para que promoviese el reconocimiento de la independencia de México y de la nueva dinastía imperial………el gobierno y el pueblo de los Estados Unidos así como tenían fuertes simpatías para reconocer la simpatía la independencia  de los nuevos estados americanos, (todos republicanos), y de entrar en relaciones con ellos (ellos mismos los habían promovido), no disimulaban su disgusto al ver levantarse en el país vecino una monarquía, cuyo principales apoyos serían un ejército formidable (más de 50 mil efectivos) y el influjo del clero católico, elementos corrosivos para los países” libres y republicanos”.

 “Lo que le repugnaba al gobierno de los Estados Unidos, no era tanto, la monarquía establecida en un país americano, ni el influjo del ejército y del clero, sino lo que le estorbaba, era el establecimiento de  un gobierno puramente nacional mexicano, a quien no tenía bajo sus órdenes para que le sirviese incondicionalmente”
El Imperio no había salido de las manos del gobierno de los Estados Unidos, sino de los propios mexicanos fieles a su religión católica,  y a sus tradiciones novohispanas, encabezados por quien los debía haber gobernado, don Agustín de Iturbide quien dando el golpe maestro para ello, aprovechó el momento y circunstancias políticas que se presentaron en 1821.

La guerra de los poderes que guiaban el “Destino Manifiesto angloamericano” no tardó en producirse. El levantamiento del Plan de Casa-Mata iniciado por Antonio López de Santana e instigado por el gobierno del presidente James Monroe a través de sus agentes en México, hizo caer del trono al Emperador, fue expulsado con su familia a Italia donde no pudo vivir tranquilo, pues era acosado constantemente por las logias en la prensa italiana, quiso residir en Londres pero, fue instado con engaños en Londres a regresar a México, al desembarcar en la costa de Tamaulipas fue fusilado en el pueblo de Padilla, Tamaulipas el 19 de julio de 1824. Sus restos se encuentran actualmente (2008) en la Capilla dedicada a San Felipe de Jesús, primer santo mexicano, en la Catedral Metropolitana de la ciudad de México.

El historiador don Lucas Alamán quien no era muy afecto a Iturbide, se expresa de él como uno de los dos mejores hombres que había dado la América.


Las últimas palabras de don Agustín ante el pelotón que lo llevó a la muerte fueron:

“Mexicanos, en el acto mismo de mi muerte os recomiendo el amor a la patria y a observancia de nuestra santa religión católica, ella es quien os ha de conducir a la gloria, Muero por haber venido a ayudaros, muero con honor….”


LUIS OZDEN.
27 de septiembre de 2009.
CITAS Y NOTAS:
(1) Los Estados Unidos, Francia e Inglaterra; quienes con una ambición sin límites, intentaban repartirse las posesiones de la Corona Española en América, aprovecharon las maniobras de Napoleón contra España para revolucionar los Reinos de ultramar. Estas tres potencias actuaban entre los “ilustrados” hispanoamericanos y peninsulares, a través de las sociedades secretas o Logias masónicas, cuyo centro mundial del mando ideológico estaba en la ciudad de Charleston, puerto fundado por los ingleses en el siglo XVII justo en el paralelo 33 latitud norte, Carolina del sur, U.S.A.  L. Pérez de León, “Apuntes sobre El Destino Manifiesto”

(2)  “El poder legal de las Cortes estaba sometido a otro más absoluto y esencialmente revolucionario. Se habían organizado las sociedades llamadas patrióticas, que venían a ser el órgano público de las secretas, así como la Guardia Nacional era su fuerza armada, eran un remedo de los clubes que se formaron en Francia a principios de la Revolución”. A.Gibaja y Patrón, Tomo II, pag. 241.

(3)  “El Partido Liberal es la forma política que contiene la filosofía, la ciencia y la moral de la Masonería, aplicándolas a la organización de los pueblos, con la tendencia a formar un solo gobierno universal. O más sencillamente puede decirse: El Partido Liberal es la forma política del judaísmo”. “Las Revoluciones sociales de México”, A. Gibaja y Patrón, Tomo I, Cap. I, pág. 2, año 1920,  Ed. 1973.

(4) Las órdenes y las noticias entre los  hermanos masones, tanto extranjeros, peninsulares y novohispanos corrían entre los centros de comerciantes, militares e intelectuales de Charleston, Nueva Orleáns, La Habana y Veracruz. “Apuntes sobre el Destino Manifiesto”, L. Pérez de León. 1998.

(5)  El acucioso investigador de la Masonería D Antonio Gibaja y Patrón, asienta en el II tomo de su  Obra: “Las Revoluciones sociales de México”, la declaración del general Dávila: “Señores, ya ustedes me han obligado a proclamar la Constitución. Esperen  ahora, la independencia de la Nueva España, que será el resultado de todo esto”.

(6) Existe en el Archivo de Indias de la ciudad de Sevilla un buen legajo de cartas escritas por don Luis de Onís, Plenipotenciario de la Corona Española en Estados Unidos quien por más de diez años, informó con el nombre de “Correspondencia secreta”, a  los virreyes de Nueva España y a los gobernadores de Cuba, de todo el tejemaneje de los presidentes de ese país apoyando las insurrecciones de los liberales y de la confección de un mapa trazado, sobre la información geográfica que obtuvieron del masón Barón de Humbolt, y este, de los ingenieros del Colegio de Minería de la ciudad de México.  “Apuntes sobre el Destino Manifiesto” L. Pérez de León, 1998.

(7) “Apuntes sobre el Destino Manifiesto”, L. G. Pérez de León.

(8) Cuando el 22 de febrero de 1819 se firmó en Washington entre el Ministro Plenipotenciario de España don Luis de Onís y el secretario de los Estado Unidos John Q. Adams, el tratado de límites entre esa nación y la Nueva España; quedaron demarcados, desde la desembocadura del río Sabina en el Golfo de México  hasta los 42 grados de latitud en la costa del Pacífico.  A. Gibaja y Patrón, Tomo II

(9) El conde de Aranda, ministro del rey Carlos III, y por orden real,  firmó en el Palacio de Versailles en Francia, el Tratado de Paz y cooperación comercial entre España, Francia e Inglaterra; a las que se auto agregó la naciente república norteamericana para legalizar, ante esas potencias, su independencia y libre comercio con las naciones más importantes de ese tiempo. Aranda escribió una carta profética al rey de España: “…me limitaré a lo que nos ocupa sobre el temor de vernos expuestos a los peligros de que nos amenazan de parte de la nueva potencia que acabamos de reconocer, en un continente en que no existe ninguna otra en estado de contener sus progresos. Esta república federal ha nacido pigmea por decirlo así, y ha tenido necesidad de apoyo y de las fuerzas de dos potencias tan poderosas como la España y la Francia, para conseguir su independencia. Vendrá un día que será un gigante, un coloso temible en esas naciones. Olvidará entonces los beneficios que ha recibido de nosotros, y no pensará más que en su engrandecimiento. La libertad de conciencia…… atraerá a gente de todas las naciones…….. el paso primero de esta potencia será apoderarse de las Floridas para dominar el Golfo de México…….¿Cómo podremos, pues, esperar que los americanos respeten el reino de la Nueva España,  cuando tengan facilidad de apoderarse de este rico y hermoso país….?. Apuntes sobre el “Destino Manifiesto Angloamericano”, Luis G. Pérez de León R.

(10)”Apuntes sobre el Destino Manifiesto angloamericano”, Luis G. Pérez de León R.

(11) ” Apuntes sobre el Destino Manifiesto angloamericano”, Luis G. Pérez de León R.

(12)  Asienta en su  Obra Don Lucas Alamán en su “Historia de México” tomo V, pág. 103.

(13) Apuntes sobre el “Destino Manifiesto Angloamericano”  Luis G. Pérez de León Rivero. Los tratados de Córdoba eran ilegales porque O´Donojú no llevaba su título de Virrey firmado por el rey Fernando VII, sino por las Cortes de Cádiz, no reconocidas por el monarca. Todas las naciones salidas del Imperio Español obtuvieron su independencia ilegalmente y fueron siendo reconocidas ya muy tardíamente por la reina Isabel II, hija de Fernando VII..

(14) “Apuntes sobre el Destino Manifiesto Angloamericano” Luis G. Pérez de León.