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jueves, 8 de junio de 2023

EL PAN BAJADO DEL CIELO

 



Evangelio según san Juan, 6:56-60

"Porque mi carne verdaderamente es comida: y mi sangre verdaderamente

es bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre,

en mí mora, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y

yo vivo por el Padre, así también el que me come, él mismo

vivirá en mí. Este es el pan que descendió del cielo. No como el

maná que comieron vuestros padres, y murieron. Quien come

este pan, vivirá eternamente". Esto dijo en la Sinagoga, enseñando

en Cafarnaúm.



San Juan 6, 35-40 

Y Jesús les dijo: "Yo soy el pan de la vida: el que viene a mí no

tendrá hambre: y el que en mí cree, nunca jamás tendrá sed.

Mas ya os he dicho que me habéis visto, y no creéis. Todo lo

que me da el Padre, a mí vendrá, y aquél que a mí viene, no le

echaré fuera. Porque descendí del cielo, no para hacer mi voluntad,

sino la voluntad de Aquél que me envió. Y ésta es la voluntad

de aquel Padre, que me envió: Que nada pierda de todo

aquello que El me dio, sino que lo resucite en el último día. Y

la voluntad de mi Padre, que me envió, es ésta: Que todo aquél

que ve al Hijo, y cree en El tenga vida eterna, y yo lo resucitaré

en el último día". (vv. 35-40)


Crisóstomo in Ioannem hom. 44

En lo que sigue el Señor los va a iniciar en el conocimiento

de los misterios. En primer término, habla de su divinidad,

por lo que les dice: "Y Jesús les dijo: yo soy el pan de la

vida". Y no dijo esto refiriéndose a su cuerpo, porque de

esto habló más adelante cuando dijo: "el pan que os daré,

es mi propia carne". Pero ahora habla de su divinidad,

porque su carne es pan por la Palabra de Dios, que se convierte

en pan celestial para todo aquél que recibe su mismo Espíritu.


Teofilacto

Y no dijo: yo soy el pan de alimento, sino de la vida. Y

como todas las cosas estaban muertas, Jesucristo nos da

vida por medio de sí mismo. Luego es un pan, no de la vida

ordinaria, sino de aquélla que no concluye con la muerte.

Por esto añade: "El que a mí viene, no tendrá hambre; y el

que en mí cree, nunca jamás tendrá sed".


San Agustín In Ioannem tract., 25.

El que viene a mí, esto es, el que cree en mí. Y cuando dijo:

no tendrá hambre, debe entenderse esto mismo, y cuando

dice que nunca tendrá sed, con una y otra cosa significa

aquella saciedad eterna en donde nunca hay hambre.


Teofilacto.

No se tendrá sed ni hambre, esto es, de oír la palabra de

Dios, ni se cansará, ni será mortificado con sed intelectual,

como sucedería cuando no tuviera el agua del bautismo y

la santificación por el Espíritu Santo.


San Agustín, ut supra

Vosotros pues deseáis el pan del cielo, el mismo que tenéis

a la vista, pero no lo coméis. Por esto sigue: "Mas ya os he

dicho que me habéis visto, pero que no me creéis".

miércoles, 7 de junio de 2023

RENUNCIAR AL MUNDO ES INDISPENSABLE PARA SER HIJOS DE DIOS

 


NUESTRO SEÑOR  RUEGA POR LOS DISCÍPULOS. (San Juan Capítulo 17)

6 Yo he manifestado

tu Nombre a los hombres que me

diste (apartándolos) del mundo. Eran tuyos,

y Tú me los diste, y ellos han conservado tu

palabra. Ahora saben que todo lo que Tú

me has dado viene de Ti. 8Porque las palabras

que Tú me diste se las he dado a ellos,

y ellos las han recibido y han conocido verdaderamente

que Yo salí de Ti, y han creído

que eres Tu quien me has enviado.  9Por ellos

ruego; no por el mundo, sino por los que Tú

me diste, porque son tuyos. 10Pues todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío, y en ellos

he sido glorificado. Yo no estoy ya en el

mundo, pero éstos quedan en el mundo mientras

que Yo me voy a Ti. Padre Santo, por

tu nombre, que Tú me diste, guárdalos para

que sean uno como somos nosotros. 12Mientras

Yo estaba con ellos, los guardaba por tu Nombre,

que Tú me diste, y los conservé, y ninguno

de ellos se perdió sino el hijo de perdición,

para que la Escritura fuese cumplida. 13Mas ahora voy a Ti, y digo estas cosas estando (aún) en el mundo, para que ellos

tengan en sí mismos el gozo cumplido que tengo Yo. 


14Yo les he dado tu palabra y el

mundo les ha tomado odio, porque ellos ya

no son del mundo, así como Yo no soy del

mundo. 15No ruego para que los quites del

mundo, sino para que los preserves del Maligno.

18Ellos no son ya del mundo, así como

Yo no soy del mundo. "Santifícalos en la

verdad: la verdad es tu palabra. 18Como Tú

me enviaste a Mí al mundo, también Yo los

he enviado a ellos al mundo. 19 Y por ellos me

santifico Yo mismo, para que también ellos 20sean santificados, en la verdad."


Comentario B. Straubinger: 17. "Vemos aquí hasta qué punto el conocimiento

y amor del Evangelio influye en nuestra vida espiritual.

Jesús habría podido decirle que nos santificase

en la caridad, que es el supremo mandamiento. Pero

Él sabe muy bien que ese amor viene del conocimiento (v. 3). De ahí que en el plan divino se nos envió primero al Verbo, o sea la Palabra, que es

la luz; y luego, como fruto de Él, al Espíritu Santo

que es el fuego, el amor". [Explicación clara de porque primero es la Fe y la Doctrina, antes que los Sacramentos]


Aquí pide a Dios Padre el fruto de su Pasión y Muerte: la Redención

24Padre, aquellos que Tú me diste quiero que estén

conmigo en donde Yo esté, para que vean

la gloria mía, que Tú me diste, porque me

amabas antes de la creación del mundo. Padre

Justo, si el mundo no te ha conocido, te

conozco Yo, y éstos han conocido que eres

Tú el que me enviaste.

martes, 6 de junio de 2023

¿QUÉ HAY MÁS ALLÁ DE LA MASONERÍA?

 

Del libro “Blood on the Altar” (Sangre Sobre el Altar)

Fuente

Por Cornelia R. Ferreira

En el momento en que se daba comienzo al Concilio Vaticano II (Octubre de 1962), una sociedad secreta muy poco conocida, la Ordo Templis Orientis (Orden del Tem­plo de Oriente) (OTO), realizó una ceremonia a fin de celebrar la apertura del Concilio. El icono oculto de la OTO, el “Stele of Revealing” (Estela de Revelación)[1], fue llevado desde Hamburgo a través de Alemania hasta Zurich y luego hacia Stein, donde se lo guardó en la capilla de la OTO, mientras resonaban las campanas, llamando a un ritual gnóstico (Pág. 103).

Simplemente, ¿qué es esta Orden de los Templarios Orientales? Y ¿qué conocimiento previo tenía de los planes del Concilio que los llevó a celebrar su apertura? Estas preguntas están contestadas en el libro Blood on the Altar, ya que Craig Heimbichner desenmaraña la historia y el funcionamiento de lo que él denomina la sociedad secreta más peligrosa del mundo, el poder detrás del Gobierno Invisible o Criptocracia (Crypto-cracy).

La Criptocracia está involucrada en la transformación o “el procesamiento alquímico” de la conciencias de las masas, mediante la manipulación psicológica de la mente. Con la ayuda de las sociedades secretas, se realizan pruebas, se miden los resultados y se “diseñan” los acontecimientos mundiales (Págs. 5-6, 15, 137). El objeto es que las masas vivan de manera controlada, como si fueran títeres del Nuevo Orden Mundial Masónico. La OTO, instituida hace un siglo, conforma el “colegio de graduados” de la masonería, y se autodenomina la “Academia de la Masonería”. Contiene a todos los grados de la masonería y del iluminismo y es la más alta sociedad secreta para la elite de la masonería. Como organización internacional, la OTO es una organización religiosa que, en EE. UU., se encuentra exenta de impuestos (Págs. 13-14, 25, 76, 87, 91-92). Los escritos de quien por mucho tiempo fue su cabeza, el agente de inteligencia británico y satanista Aleister Crowley (fallecido en 1947), quien se hacía llamar la Gran Bestia 666, reveló que la OTO se funda en el satanismo[2].

Crowley llamaba a Satán “mi señor” y decía, refiriéndose a la OTO: “No tenemos escrúpulos en restaurar la "adoración al diablo" (Pág. 28). Sin embargo, en la OTO, la adoración al diablo no se realiza abiertamente bajo el nombre de Satán, sino subrepticiamente bajo el nombre del ídolo satánico con cabeza de cabra: Bafomet. También denominado León y Serpiente, Bafomet es adorado como Dios en las misas gnósticas, que es la liturgia central de la OTO (Págs. 29-30).

Bahomet simboliza la mente dual. Es adorado como dios en las misas gnósticas.

La misa gnóstica, ideada por Crowley, no es una misa negra, es decir, una Misa Católica invertida, sino una parodia blasfema de la Misa Católica (Pág. 15). Es muy importante entender que las raíces de la masonería se entrelazan con el judaísmo, lo cual nos ayuda a ver la mano de la masonería detrás los judaizantes de la Iglesia Católica.

Heimbichner afirma que toda la masonería está subordinada al judaismo. Un “operativo clave” en la institución de la OTO, fue un miembro activo de la B’nai B’rith[3], que es la masonería judía (Pág. 89). La esencia de la masonería, declara Heimbichner (Págs. 8-9) se remonta a la adoración sumeria de Satán (“Shaitan”), que también pasó por el Antiguo Egipto y Babilonia. Las antiguas formas de adoración satánica fueron más tarde preservadas y transmitidas por tradición oral, mediante los rabinos judíos, como las “tradiciones de los antiguos o ancianos” fuertemente condenadas por Nuestro Señor Jesucristo (Mc. 7:1-13. Mt. 15:1-9).

Después de la destrucción del Segundo Templo en el 70 D.C., la tradición oral fue escribiéndose gradualmente en lo que llegó a ser el Talmud y la Kábala, la última es totalmente gnóstica y llena de magia negra, fundamentada en el judaismo, una religión “totalmente distinta” de la de los israelitas del Antiguo Testamento. El judaísmo es “una secta sobreestructurada, con tradición inbíblica, artificial y superstición pagana”. Heimbichner cita a autoridades judías sobre la Kábala y a expertos en el simbolismo ocultista, para exponer el hecho de que ciertos ritos cabalistas se corresponden con las técnicas ocultas del yoga tántrico hindú de magia sexual. Estos rituales depravados son una continuación de la magia de templo de los cananitas, babilonios y de otras naciones que desataron la ira de Dios. Su objetivo en el judaísmo es amalgamar los aspectos femeninos y masculinos de la divinidad para obtener un judío andrógino equilibrado, “totalmente masculino”, el “cuerpo de Dios”, llamado Adam Kadmon.

Una autoridad de la Kábala citado por Heimbichner expresa que “El deber de los judíos piadosos”, es recitar diariamente la formula kabalística para promover místicamente esta unidad (Págs. 77-78, 86, 136). La Enciclopedia Judía admite, declara Heimbichner, que el gnosticismo judío incluye la magia oculta y que ésta inspiró el gnosticismo cristiano (Pág. 88). Este ocultismo también fue transmitido a través de los maniqueos, los cataros y otros grupos, finalmente corrompió a los Caballeros Templarios del Siglo XII, transformándolos en una orden oculta. La Iglesia condenó y prohibió la orden por adorar a Bafomet, y practicar la sodomía — lo que los ocultistas consideraban magia sexual “avanzada” (Págs. 9, 80).

La tradición templaría se introdujo en la masonería, y la magia sexual “se encuentra en el corazón de los grados más altos de la masonería, tal como existe en la OTO”. Este es el “secreto supremo” de la masonería, sólo conocido por masones de alto gra­do (Págs. 77, 81, 95)[4]. Existe la magia sexual en el octavo y noveno grado de la OTO y la homosexualidad en el onceavo, su grado más alto. Inclusive, en los grados más bajos de la Masonería, las Logias Azules, enseñan la negación gnóstica de Dios y la afirmación del hombre como Dios, gobernante de sí mismo, una divinidad “que va creciendo” —es decir, una especie de Anticristo (Págs. 81-82).

Craig Heimbichner revela que esta enseñanza es un engaño típico de la masonería/OTO. Albert Pike, Soberano Gran Comandante de la masonería del Rito Escocés, confesó en 1871 en su libro Moral y Dogma, que es la “declaración dogmática definida de las creencias masónicas”, que se engaña deliberadamente a los miembros de las Logias Azules respecto al significado de los símbolos masones. Sólo los “Adeptos” o “Elegidos” llegan a conocer los secretos ocultos. Pike afirma que el objetivo de la masonería es “ocultar la Verdad, que se la llama Luz” a los grados más bajos (Págs. 56-58). Como lo resalta Heimbichner “la ilusión del auto gobierno y de la divinidad se usa como una droga embriagadora para inyectarla en las víctimas inocentes, tanto dentro como fuera de las logias para que se crean omnipotentes y omniscientes”, por encima de todo engaño o esclavitud posible (Pág. 82).

Pike enseñaba que la verdadera “luz” que los masones prometen buscar, y que se encuentra en los más altos grados de la masonería, debe ser recibida de Lucifer, el “Portador de la Luz”. Expresa, asimismo, que la búsqueda de la Luz conduce de vuelta a la Kábala, y Crowley también lo afirma, declarando que la Kábala es el “total fundamento” de la OTO. Al respecto, Heimbichner concluye señalando que “La masonería es el jardín de infantes del Luciferismo desde donde se eligen los candidatos prometedores (para los grados más altos), mientras que se aparta a otros y se los deja para siempre en la oscuridad, satisfechos de explotar sus viejas conexiones de buen chico y jugar su farsa caritativa”. (Págs. 58, 116-17)

Siendo Satán el padre de las mentiras, la “caridad” masónica es una chapa que esconde el verdadero propósito de la masonería, que no es otro más que el control totalitario del mundo según los principios de la Kábala. Heimbichner marca que “la identificación masónica con Lucifer es un intento de invocar las fuerzas sobrenaturales que activan el gobierno tiránico”, y cita pasajes de la Escritura que compara a los reyes tiránicos con Satán. En los tiempos modernos, tenemos la Revolución Francesa y el Comunismo, ambos “impuestos en nombre de los más elevados ideales de fraternidad e igualdad, y las promesas judeo-bolcheviques[5] del paraíso para los trabajadores y paisanos” (Págs. 59-60).

Heimbichner hace una observación importante relacionada al intento Kabalista de amalgamar una divinidad masculina y una femenina, como también combinar los dos pilares opuestos en su Árbol de la Vida: el de la Misericordia y el de la Severidad, lo que indica su naturaleza intrínsecamente contradictoria - de hecho dialéctica. Esto produce una “Mente Dual”, que así como fue practicada por los discípulos masones/OTO, genera “una hipnosis de confusión pero convincente de doble discurso” (Pág. 6l). Los lectores indudablemente recordarán la descripción que hace George Orwell en su libro “1984”, referida a la locura del pensamiento, característica de una sociedad totalitaria. Se consigue el control mental completo de las personas cuando se logra que, simultáneamente, sostengan dos ideas contradictorias como igualmente válidas.

El andrógeno Bafomet, adorado por la OTO, simboliza la Mente Dual, es decir, la duplicidad de dos caras. Esto explica el engaño practicado sobre los mismos masones. Pero la OTO, en búsqueda del control mundial total, ha extendido el doble pensamiento en la sociedad y en la Iglesia, intentando controlar tanto el pilar Izquierdo del liberalismo y del hedonismo radical, como el pilar Derecho y sus preferencias de un gobierno oligárquico autoritario y de una cultura clásica.


Heimbichner siguió el rastro de la infiltración de los miembros de la OTO en el gobierno y entre los militares norteamericanos, en la NASA, Hollywood, el FBI, los grupos “patrióticos” de derecha y los movimientos de la New Age. Da ejemplos de cómo su amplia influencia en la elite, le ha permitido transformar las masas, “diseminando la ‛energía de Satán’ por todo el planeta” (Págs. 17, 119-29). Usa el ejemplo del líder de la OTO, James Wasserman, a fin de ilustrar cómo la OTO se infiltra en la Derecha, y declara que él y otros investigadores han recopilado pruebas de los agentes ocultos hasta en el movimiento por la Misa Tradicional (Págs. 35-40,44).

Por cierto, que este crítico ha encontrado tradicionalistas con mente duales que promueven un ocultismo “católico”, incluso sugiriendo que la Misa Negra podría ser lícita. Otros Tradicionalistas profundizan las “profecías” de Nostradamus, o buscan constantemente videntes modernos no calificados. Y tradicionalistas que desean saber si San Juan en la pintura de “La Última Cena” no es en realidad María Magdalena, cuestión que ha sido preparada alquímicamente por el libelo blasfemo contra Jesucristo y su Iglesia en el “Código Da Vinci”. Fuera del movimiento tradicionalista, la transformación tiene un éxito maravilloso.

La ley de Thelema:

Intentando destruir la moralidad cristiana, la cabeza de la OTO, Aleister Crowley predicó la Ley de Thelema: “Haz tu voluntad” o “haz lo que quieras”, o como se lo conoce más corrientemente “hacé la tuya”. Influyó mucho en el movimiento hippie y en el uso de drogas psicodélicas. Crowley fue famoso gracias a los Beatles y a otras estrellas del rock, de Hollywood y a las más importantes librerías (Págs. 48-50, 130). Su compromiso con los sacrificios de animales y su pedido de sacrificios humanos, pudieron haber sido un factor en los asesinatos de la masonería (Págs. 18-22).

Junto al discípulo Gerald Gardner, creó el sistema moderno de Wicca o “brujería blanca”, que no es la brujería tradicional, sino la “brujería” y adoración a las diosas, practicado por las feministas y monjas católicas modernistas. Las películas y los libros de Harry Potter, que promueven la concepción del "brujo bueno", han sido reconocidos por la Federación Pagana de Inglaterra por inculcar a miles de jóvenes el interés en la brujería.

Las películas de Disney, los show de televisión y las estrellas famosas de la música pop, también presentan Wicca a los jóvenes, observa Heimbichner (Págs. 16, 52-54). Las cartas de Tarot de Aleister Crowley no solo insertan a los jóvenes en la OTO, sino que también son la base de juegos de computadoras dramatizados, que cada vez más está introduciendo temas oscuros, sangrientos y los demonios de OTO (Págs. 24-27). Dado que él mismo usó de la magia sexual, el bisexual Crowley predicaba que todas las perversiones deberían ser abiertamente practicadas, y que “todos los niños deberían acostumbrarse desde la infancia a ver cualquier tipo de acto sexual”. Heimbichner comenta que “la industria del espectáculo de Hollywood tomó en serio su consejo, también lo hicieron las casas editoras de Nueva York”, mientras que otros miembros de la OTO han promovido el “amor entre hombre y niño”.

Agrega, además, que el conocido ‛sexó­logo’ Alfred Kinsey (fallecido en 1956), cuya influencia en la educación sexual ayudó a erosionar la moralidad norteamericana, era amigo de Crowley, a quien cita como a su “inspiración más importante”. Kinsey “era un pederasta que usó a cientos de niños en actos sexuales relacionados con su famosa "investigación médica", y que fue glorificado en una película de Hollywood de los Estudios Fox en el 2004 (Págs. 16-17, 117).

Heimbichner resalta aquí dos puntos interesantes. Por un lado su investigación muestra que las raíces del difundido cáncer de la pedofilia, que incluso ha enlodado a los clérigos católicos, en realidad no nacen de Crowley o de la OTO, sino que se halla en el Talmud (Pág. 114). Por otro lado, el disgusto de los medios por la homosexualidad clerical, dada la promoción personal que hacían de la inmoralidad, ha traicionado su Mentalidad Dual y su rol en la hipnosis de las masas. El doble pensamiento de los medios en cualquier contexto “prueba el estado de trance del pueblo”, es decir, lo que las masas aceptarán como noticia o explicación oficial. El programa de la transformación de las mentes se va ajustando en relación a las respuestas (Pág. 112).

El Cardenal Rampolla, miembro de la satanista OTO que casi se convierte en Papa.

Heimbichner da ejemplos del doble discurso del Talmud y de las leyes judías creadas por los hombres respecto a las “sanciones rabínicas por abusos sexuales a menores”, incluso a niñas menores de tres años. No es sorprendente que la “sodomía en la sinagoga sea un secreto bien guardado”, expresa Heimbichner. Cita un reportaje que realizó no hace mucho tiempo el diario israelí Ha’aretz, “que por décadas la sodomización de los estudiantes (en las escuelas de Talmud de sexo masculino), fue permitida y los más grandes de los rabinos ultra ortodoxos la encubrían”. Por supuesto, los medios controlados de occidente no levantaron ninguna protesta clamorosa (Págs. 114-16)[6]. Mientras tanto, nuestras antiguas ciudades cristianas han sido “transformadas” a fin de que acepten la perversidad sexual como un derecho humano, y la institucionalización de las relaciones perversas como “matrimonio”. Sólo es cuestión de tiempo y una posterior reeducación, antes de que la pedofilia sea permitida porque, “Crowley consideró toda separación de homosexuales y pederastas como artificial y absurda” y rechazó limitarse. Pensaba que la restricción es un pecado. Heimbichner observa que ahora influyentes educadores norteamericanos, periodistas y precisamente jueces, ven “al ‛pecado de la restricción’” del modo que lo veía Crowley. (Págs. 117-18).

Ahora, resulta bastante obvio que el mundo moderno está completamente orientado hacia la juventud. Las leyes aseguran que la juventud no sea disciplinada. La edu­cación está “centrada en los niños”. Las modas, la música, y los entretenimientos están dirigidos hacia el consumidor joven. Los partidos políticos tienen secciones de juventudes, la edad para votar se va reduciendo, y los gobiernos y las Naciones Unidas buscan la aprobación de la juventud. Incluso la Iglesia Católica ha entrado en el juego al predicar a los jóvenes la ley del Thelema de Crowley: haz tu voluntad. Existen “misas” de niños o jóvenes muy corrompidas como para recurrir a ellas. Se alienta a la juventud a que discuta y critique las creencias y las prácticas de la Iglesia. En lugar de enseñarles a cumplir los mandamientos de Dios y de la Iglesia, se les enseña a descubrir sus propios valores e idear su propia espiritualidad. Esta complacencia thelémica culmina en las extravagancias salvajes llamadas las Jornadas Mundiales de la Juventud.

Justo sucede que Aleister Crowley predijo (Págs. 50-51) que el avance del “Crowleinismo” en la cultura mediática dominante engendrará el “Siglo de Horus”, la edad del Niño Coronado y Conquistador, que derrocaría al “Siglo de Osiris”, la era del Dios agonizante. En otros términos, declara Heimbichner, la Nueva Era de Crowley es aquella en que “Dios Padre es reemplazado por Horus, el Niño”, mientras que emerge una cultura joven rebelde (Como lo explicaba el Papa León XIII en su condena a la Masonería, Humanum Genus, la masonería controla las masas, especialmente la juventud, mediante su “evangelio del placer”).

Crowley además planeó que tanto la rebelión de la “Izquierda”, como la reacción de la “Derecha” serían controladas por la OTO. Entonces, por ejemplo, tenemos a ambas la sociedad y la Iglesia a nivel diocesano- mediante programas para padres de jóvenes supuestamente homosexuales, lavándoles el cerebro para que acepten el “estilo de vida” pecaminoso de sus hijos (ya se ganó la batalla para lograr que acepten la cohabitación).

Sangre sobre el altar

A principios del siglo veinte, la OTO por poco logra poner uno de sus miembros satanistas en el trono papal. El Secretarlo de Estado de la época de León XIII, el Cardenal Mariano Rampolla, fue elegido para el papado luego de la muerte de León XIII. Sólo gracias al antiguo privilegio del emperador austrohúngaro, Francisco José, de vetar una elección papal, se logró la remoción de Rampolla y la elección del Papa San Pío X. Pero a través de Rampolla, que “influyó sobre hombres claves”, “la OTO tuvo la oportunidad de aconsejar, plantar sus semillas y finalmente formar una política dentro del Vaticano” en las décadas subsiguientes. Respecto a esto último, Heimbichner siguió el rastro de la influencia de Rampolla, hasta llegar al masón Arzobispo Annibale Bugnini, arquitecto de la destrucción de la Misa Tridentina (Págs. 100-102).

Cabe destacar que, además de incluir a Rampolla en su lista de miembros en el Manifiesto de 1917, la judaizante OTO también reconoció, como “iniciados de los más altos grados”, a los jefes de muchas Órdenes de Caballeros Católicas. Entre estos se encontraban los Caballeros de San Juan, de Malta y del Santo Sepulcro (Págs. 91-92).

Esto nos conduce a preguntarnos el motivo por el cual la OTO celebró la apertura del Concilio Vaticano II. Obviamente tenían un conocimiento previo de la judaización, el ocultismo y la thelemización de la Iglesia que ahora tendrían lugar abiertamente. La demolición de la Iglesia verdadera y la erección de una contraiglesia falsa y anticatólica, que apenas notan los gradualmente hipnotizados fieles católicos, muestra que no era inadecuada la fe que tenía la OTO en el Concilio Vaticano II. De hecho, en 1970, describe Heimbichner, un retrato pintado por un alemán luterano que representa un Pablo VI “repulsivo, malvado”, sosteniendo una daga y destrozando la Basílica de San Pedro, rodeado de símbolos satánicos e iluministas.

El pontífice fríamente comentó que el retrato era “un reflejo de la situación de la Iglesia de hoy” y que “uno necesita casi una nueva filosofía para alcanzar a comprender el significado de esto en su contexto”. Esta nueva filosofía es la filosofía de Thelema o de la propia voluntad, comenta Heimbichner, mientras que el contexto de la destrucción de la Iglesia es el Aeón de Horus, en el cual la New Age satánica y masónica remplaza el Cristianismo (Págs. 106-7, 136).

El Aeón final proclamado por Crowley será el Aeón de Maat, la era del Anticristo o del falso Mesías judío. En ese momento, expresa Heimbichner. “los líderes masones esperan completar finalmente su ritual del Tercer Grado, al construir el Templo de Salomón de modo tal que la sangre volverá a fluir sobre el altar de Jerusalén, revirtiendo y anulando desafiantemente, en la mente talmúdica y ocultista, la sangre de Cristo”.

Como exclamó Crowley a un rabino judío: “dejemos que el Anticristo se levante, permitámosle que anuncie a Israel su integridad”. La OTO está preparando el camino para el esperado sueño judeo masónico de reconstruir el Templo de Salomón de modo tal que la sangre de los animales sea una vez más presentada en el altar rabínico”. ¿Cuánto falta para que esto suceda? Bueno, Heimbichner cita a un rabino que dice que la tradición judía demanda el restablecimiento del Sanedrín judío como “condición necesaria para la reconstrucción del Templo”.

A continuación cita un reportaje de un diario israelí del 14 de octubre del 2004, que anunciaba “luego de preparaciones reservadas durante más de un año, el Sanedrín... reanudará sus operaciones luego de 1.500 años” (Págs. 125-26, 129-30)[7].

Craig Heimbichner concluye su libro aconsejándonos sacrificar nuestro tiempo y nuestras energías en búsqueda de la verdad, Debemos rechazar la Mente Dual, deshacernos del trance thelemico y revertir el proceso alquímico-hipnótico de manera tal que no seamos sacrificados en el altar de la OTO, por nuestra perdición (Pág. 135). Por su­puesto, como católicos, el modo de evitar tener una Mente Dual es aferramos firmemente a la Tradición, rechazar toda novedad, y lo fantástico.

REFERENCIAS

[1] Estela: Una losa de piedra o un trozo de madera con una inscripción o diseño que fue usado como un monumento o jalón de una sepultura.

En particular la Estela de Revelación es un objeto religioso egipcio que data de la época de la dinastía 26a. Se trata de una de una madera (de 31 x 51.5 cm), revestida con estuco y pintado con escenas mitológicas y escritura jeroglífica. Fue hecho para conmemorar la muerte de un sacerdote de Tebas, consagrado al Dios Mentu, llamado Ankh-fnkhonsu. Aunque muchos objetos fueran típicamente sellados dentro de la tumba junto con el cuerpo, objetos funerarios como éste fueron colocados fuera de la tumba como un punto focal para los ofrecimientos dados por amigos y parientes del difunto. Después de descubrir este Stele en un museo en El Cairo, Crowley recibió la comunicación mística conocida como el Libro de la Ley (http:// www,thelemal01.com/liber-al.html)

[2] Aleister Crowley “ha sido una referencia constante en determinados ambientes de la contracultura anglosajona contemporánea. Por ejemplo, en el ámbito musical, donde los Beatles, Rolling Stones, Ozzy Osbourne o Daryl Hall han reivindicado su figura y/o su mensaje a través de sus canciones”. (Koch, Paul H.; “Illuminati”; Ed. Planeta; Buenos Aires; Pág. 146 y 147).

[3] Se refiere a Felix Lazerus Pinkus (1881-1947), quien además se desempeñó como presidente de la Unión de Sionistas de Zurich.

[4] El autor Paul H. Koch, relata en la obra citada anteriormente, que en una discusión en una noche londinense de 1912, entre el alemán Theodor Reuss, que había reemplazado por fallecimiento al fundador de la OTO (Kart Kellner) y Aleister Crowley, el primero le recrimina a Crowley haber “publicado alegremente el secreto más exclusivo de la orden, el grado noveno”. Ante la negativa del acusado, Reuss tomó el libro que había publicado Crowley, “Líber 333 - El libro de las mentiras” y señaló la frase que decía: “‛...Bebed el Sacramento y pasáoslo los unos a los otros’. Este sacramento, según él mismo reconocería después, no era otra cosa que el semen vertido por el mago en la vagina de la sacerdotisa durante determinado ritual mágico, que después era recogido de los genitales femeninos y consumido por los asistentes” (Pág. 147).

[5] Esta afirmación surge del pasaje en que el autor del libro comenta sobre los estudios de Tomás Molnar, respecto al hilo conductor de las revoluciones francesa y rusa, respectivamente.

No obstante, entre muchos otros testimonios, conviene que los lectores tengan conocimiento de lo que escribiera en relación a este tema, por ejemplo,  Winston S. Churchill, en el Illustrated Sunday Herald, en el artículo que publicara el 8 de febrero de 1920, Pág. 5: “Sionismo vs bolchevismo - Una lucha por el alma del pueblo judío”, reproducción parcial):

“No hay ninguna necesidad de exagerar el papel jugado en la creación de Bolchevismo y en la actual causa de la Revolución Rusa: por estos internacionales y en su mayor parte Judíos ateos. Esto es seguramente muy significativo; probablemente pesa más que todos los otros. Con la excepción notable de Lenín, la mayoría de las figuras principales son judíos. Además, la inspiración principal y el poder conductor vienen de los líderes judíos. Así Tchitcherin, un ruso puro, es eclipsado por su subordinado nominal Litvinoff, y la influencia de rusos como Bukharin o Lunacharski no puede ser comparado con el poder de Trotsky, o de Zinovieff el Dictador de la Ciudadela Roja (Petrogrado), o de Krassin o Radek - todos Judíos. En las instituciones soviéticas el predominio de judíos es aún más asombroso. Y el prominente, si no de hecho el rol principal, en lo relacionado con el sistema de terrorismo aplicado por las Comisiones Extraordinarias para Combatir la Contrarrevolución, ha sido asumida por Judíos, y en algunos casos notables por Judías”.

lunes, 5 de junio de 2023

SAN BONIFACIO (Mártir)

 



El “Apóstol de Alemania” siguió predicando al pueblo germánico que estaba asombrado y no podía creer que el asesino del Roble de Thor no haya sido golpeado por su dios.

Bonifacio miró más allá donde yacía el roble y señaló a un pequeño abeto y dijo: “Este pequeño árbol, este pequeño hijo del bosque, será su árbol santo esta noche. Esta es la madera de la paz…Es el signo de una vida sin fin, porque sus hojas son siempre verdes".

"Miren como las puntas están dirigidas hacia el cielo. Hay que llamarlo el árbol del Niño Jesús; reúnanse en torno a él, no en el bosque salvaje, sino en sus hogares; allí habrá refugio y no habrán actos sangrientos, sino regalos amorosos y ritos de bondad”.

Así, los alemanes empezaron una nueva tradición esa noche, que se ha extendido hasta nuestros días. Al traer un abeto a sus hogares, decorándolo con velas y ornamentos y al celebrar el nacimiento del Salvador, el Apóstol de Alemania y su rebaño nos dieron lo que hoy conocemos como el árbol de Navidad.


San Bonifacio:

En el año 723, el misionero anglosajón san Bonifacioapóstol de los alemanes, llegó a la zona buscando convertir a las tribus germánicas del norte de Alemania al cristianismo, utilizando como base el asentamiento franco fortificado de Büraburg en el lado opuesto del río Eder. Acababa de encontrarse con Carlos Martel, quien le confirmó el compromiso del Imperio franco en la misión en Turingia y Hesse

Con el apoyo militar de los francos, Bonifacio, en lo que probablemente fue una acción bien planificada y anunciada, taló el roble sagrado para transmitir la superioridad del Dios cristiano sobre Donar y la religión nativa germánica.​ Según la primera hagiografía de Bonifacio, escrita por Willibaldo, el enorme roble fue derribado por un gran soplo de viento, "como si por milagro" con Bonifacio sólo haciendo un giro del hacha. Como el dios Donar no respondió lanzando un relámpago al misionero, el pueblo accedió a ser bautizado4​ y estableciendo así la primera diócesis fuera de las fronteras del antiguo Imperio romano.

En la iconografía de Bonifacio, el acto es uno de los símbolos más importantes del santo, y muchas tarjetas de oración lo ilustran con un hacha, a veces el pie sobre el tocón del árbol,​ la escena fue representada en numerosas pinturas históricas del siglo xix.

Bonifacio utilizó la madera del roble para construir una capilla dedicada a San Pedro en Fritzlar. Esta capilla dio origen posteriormente a un monasterio benedictino.

Fuente

domingo, 4 de junio de 2023

LA SANTISIMA TRINIDAD

 

FUENTE

El Invitatorio de la Fiesta dice: Venid, adoremos al Dios verdadero, Uno en la Trinidad, y Trino en la Unidad.

La fe católica exige que adoremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la Unidad; sin confundir las personas ni separar la substancia.

En efecto, no hay que confundir las Personas. Porque, si el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo fueran una sola y misma persona, como son una sola y misma substancia, ya no habría lugar a profesar una Trinidad verdadera.

Tampoco hay que separar la substancia. Porque, si el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo estuvieran separados entre sí por la diversidad de sus substancias, como son distintos por sus propiedades personales, habría Trinidad, pero esta Trinidad no sería un solo Dios.

Confesamos, pues, no sólo la verdadera distinción de las Personas, sino también la unidad de la Substancia divina.
Por medio de su inteligencia, el hombre, a partir de las creaturas, puede conocer a Dios uno; puede balbucir algo acerca de sus perfecciones y hallar su felicidad en la adoración y el amor del Dios así conocido.

Pero, el Dios verdadero, que es Trino, sigue siendo un extraño para el hombre, ya que no conoce en qué consiste la vida divina, que es misterio insondable que nadie puede alcanzar si Dios no se lo revela. Sólo la divina Revelación nos descubre la vida íntima de Dios y nos a conocer el misterio de la Santísima Trinidad
Ahora bien, este misterio pertenece esencialmente a la fe verdadera; de modo tal que, no sólo los hombres que pertenecen a la era cristiana deben creerlo y profesarlo para salvarse, sino que también los antiguos han debido hacerlo. Una sola y misma fe es la que Dios exige a los hombres de todos los tiempos.

Por lo tanto, hay que sostener que este misterio fue conocido por todos los Patriarcas y mayores de Israel.

En las lecturas del Santo Breviario de esta Fiesta, la Santa Liturgia presenta la enseñanza de San Fulgencio, que dice así:

La fe que los santos Patriarcas y los Profetas recibieron de Dios antes de la encarnación de su Hijo; la fe que los santos Apóstoles recibieron de la boca del Dios encarnado, que el Espíritu Santo les enseñó, y que no solamente predicaron de palabra, sino que consignaron en sus escritos para instrucción saludable de la posteridad; esta fe proclama, con la unidad de Dios, la Trinidad que está en Él, es decir, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Por su parte, Santo Tomás, en su Suma Teológica (IIa IIæ, q. 2, a. 8), enseña:
No se puede creer explícitamente en el misterio de Cristo sin la fe en la Trinidad. El misterio de Cristo, efectivamente, incluye que el Hijo de Dios asumió nuestra carne, que renovó al mundo por la gracia del Espíritu Santo, y también fue concebido del Espíritu Santo. Por eso, del mismo modo que, antes de Cristo, el misterio de Él fue creído explícitamente por los mayores, y de manera implícita y como entre sombras por los menores, así también el misterio de la Trinidad.
Esto nos lleva a preguntarnos qué nos dice la Sagrada Escritura sobre la Santísima Trinidad.

Pues bien, en el Antiguo Testamento, además de la revelación explícita de palabra a los mayores, Dios quiso dejarnos también indicios escritos de esta verdad.

– El plural utilizado por Dios al crear al hombre: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.

La solemnidad de la fórmula indica claramente que se trata de la obra más importante. Dios entra en consejo consigo mismo, e invoca la plenitud de su ser, del cual es revelación la Trinidad.

– La aparición de Dios a Abrahán en el encinar de Mamré: Alzando los ojos miró, y he aquí que estaban parados delante de él tres varones. Tan pronto como los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de su tienda, y postrándose en tierra dijo: “Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, te ruego no pases de largo junto a tu siervo”.

Que esta aparición bajo la figura de tres personas sea una manifestación de la Santísima Trinidad, lo afirman los Santos Padres: “Abrahán vio a tres, y adoró a uno solo”, dice San Agustín.

Y partiendo de este pasaje, la Iglesia Oriental representa a la Santísima Trinidad como tres jóvenes de igual figura y aspecto.

– El Trisagio de los Ángeles, a quienes Isaías ve adorar a la Santísima Trinidad diciendo: Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los Ejércitos.
[3/6 5:41 p. m.] padrerafaelosb: Esto nos lleva a preguntarnos qué nos dice la Sagrada Escritura sobre la Santísima Trinidad.

Pues bien, en el Antiguo Testamento, además de la revelación explícita de palabra a los mayores, Dios quiso dejarnos también indicios escritos de esta verdad.

– El plural utilizado por Dios al crear al hombre: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.

La solemnidad de la fórmula indica claramente que se trata de la obra más importante. Dios entra en consejo consigo mismo, e invoca la plenitud de su ser, del cual es revelación la Trinidad.

– La aparición de Dios a Abrahán en el encinar de Mamré: Alzando los ojos miró, y he aquí que estaban parados delante de él tres varones. Tan pronto como los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de su tienda, y postrándose en tierra dijo: “Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, te ruego no pases de largo junto a tu siervo”.

Que esta aparición bajo la figura de tres personas sea una manifestación de la Santísima Trinidad, lo afirman los Santos Padres: “Abrahán vio a tres, y adoró a uno solo”, dice San Agustín.

Y partiendo de este pasaje, la Iglesia Oriental representa a la Santísima Trinidad como tres jóvenes de igual figura y aspecto.

– El Trisagio de los Ángeles, a quienes Isaías ve adorar a la Santísima Trinidad diciendo: Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los Ejércitos.

En el Nuevo Testamento el misterio de la Santísima Trinidad fue revelado clara y expresamente por Nuestro Señor Jesucristo:

– En el bautismo de Nuestro Señor: Bautizado Jesús y orando, se abrió el cielo y descendió el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma, sobre Él, y se dejó oír del cielo una voz: “Tú eres mi Hijo amado, en quien pongo mis complacencias”.

– En el sermón de la Última Cena: El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre os enviará en mi nombre, ése os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho.

– En la fórmula del Sacramento del Bautismo: Id, pues, enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Entonces, si bien es cierto que la revelación clara y explícita de este misterio a todos los hombres era incumbencia del Verbo de Dios encarnado, y por eso los Patriarcas velaron este misterio al pueblo llano (que creía y adhería a la fe de los mayores); sin embargo, este misterio fue conocido y custodiado en el Antiguo Testamento por aquellos que debían ser los guardianes y transmisores de la verdad revelada.

Lo cual prueba que es totalmente falso que los judíos siguen siendo fieles a la fe de sus mayores, pues la fe de los judíos del Antiguo Testamento incluía el dogma de la Santísima Trinidad; de modo tal que, aunque no todos la conocieran explícitamente, no sólo no lo negaban, sino que lo profesaban, al menos implícitamente. Por el contrario, los judíos actuales (y los judaizantes… modernistas) rechazan expresamente este dogma; y así se separan de la fe de Abraham, y son hijos suyos según la carne, como lo enseña apodícticamente el Apóstol San Pablo en su Carta a los Gálatas.
Y qué nos enseña el Magisterio de la Iglesia sobre este misterio?

Ante todo, los Apóstoles, por inspiración divina, establecieron el Credo o Profesión de fe, llamado Símbolo de los Apóstoles. El mismo se estructura en base al dogma trinitario. En efecto, después de enunciar la unidad de la divina esencia (Creo en Dios), se divide en tres partes: una dedicada al Padre, otra al Hijo, y la tercera al Espíritu Santo.

El Símbolo Atanasiano o Quicumque es un resumen didáctico de la doctrina cristiana, y se centra especialmente en el dogma de la Santísima Trinidad:

Todo el que quiera salvarse, es preciso ante todo que profese la fe católica. Pues quien no la observe íntegra y sin tacha, sin duda alguna perecerá eternamente. Y ésta es la fe católica: que veneremos a un solo Dios en la Trinidad Santísima y a la Trinidad en la unidad. Sin confundir las personas, ni separar la substancia (…) Porque, así como la verdad cristiana nos obliga a creer que cada persona es Dios y Señor, la religión católica nos prohíbe que hablemos de tres Dioses.

El Concilio de Florencia, en la Profesión de Fe propuesta a los Jacobitas, en 1441, puntualizó una vez más este misterio de la siguiente forma (Denzinger 703-704):

La sacrosanta Iglesia Romana, fundada por la palabra del Señor y Salvador nuestro, firmemente cree, profesa y predica a un solo verdadero Dios, omnipotente, inmutable y eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, uno en esencia y trino en personas: el Padre ingénito, el Hijo engendrado del Padre, el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo.

Que el Padre no es el Hijo o el Espíritu Santo; el Hijo no es el Padre o el Espíritu Santo; el Espíritu Santo no es el Padre o el Hijo; sino que el Padre es solamente Padre, y el Hijo solamente Hijo, y el Espíritu Santo solamente Espíritu Santo.

Solo el Padre engendró de su sustancia al Hijo, el Hijo solo del Padre solo fue engendrado, el Espíritu Santo solo procede juntamente del Padre y del Hijo.

Estas tres personas son un solo Dios, y no tres dioses; porque las tres tienen una sola sustancia, una sola esencia, una sola naturaleza, una sola divinidad, una sola inmensidad, una eternidad, y todo es uno, donde no obsta la oposición de relación.

Por razón de esta unidad, el Padre está todo en el Hijo, todo en el Espíritu Santo; el Hijo está todo en el Padre, todo en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo está todo en el Padre, todo en el Hijo.

Ninguno precede a otro en eternidad, o le excede en grandeza, o le sobrepuja en potestad.

Eterno, en efecto, y sin comienzo es que el Hijo exista del Padre; y eterno y sin comienzo es que el Espíritu Santo proceda del Padre y del Hijo.

El Padre, cuanto es o tiene, no lo tiene de otro, sino de sí mismo; y es principio sin principio. El Hijo, cuanto es o tiene, lo tiene del Padre, y es principio de principio. El Espíritu Santo, cuanto es o tiene, lo tiene juntamente del Padre y del Hijo.

Mas el Padre y el Hijo no son dos principios del Espíritu Santo, sino un solo principio. Como el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo no son tres principios de la creación, sino un solo principio.
Después de la Divina Revelación y el Magisterio de la Iglesia, la Teología Católica también tiene su palabra en torno a este Sacrosanto Misterio. Ella, a partir de los datos revelados, enuncia precisiones y expone lo que puede vislumbrar de la vida intratrinitaria, la vida misma del Dios Uno y Trino.

La Teología nos enseña que la distinción de Personas resulta de dos actos que se dan en la vida íntima de Dios, y de las relaciones mutuas que se siguen de estos actos, que son conocer y amar.

En efecto, la única naturaleza divina, en virtud de su eterna actividad, se afirma en tres Personas.

Desde toda la eternidad, el Padre se conoce a sí mismo, y expresa ese conocimiento en una sola Palabra, el Verbo.

Se comprehende perfectísimamente y le basta una sola Palabra para enunciar dicho conocimiento.

Al pronunciar esta Palabra, Dios Padre entrega al Verbo su propia naturaleza divina, con todas sus propias perfecciones, sin reservarse absolutamente nada, salvo la condición misma de ser Padre.

El Verbo procede, pues, por vía de conocimiento. Y se llama Hijo porque esta procesión tiene razón de verdadera generación.

Ahora bien, el Padre y el Hijo se dan el uno al otro con un amor perfecto; y de esta donación de amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre procede el Espíritu Santo.

Esta distinción de Personas hace que cada una de ellas, sin deterioro de la unidad substancial, posea propiedades personales.

De este modo, el Padre no procede de nadie: es el Principio sin principio.

Es Principio, por engendrar a la segunda Persona. Es sin principio, por ser el origen primero de todas las inefables comunicaciones en la Trinidad.

Por eso, ser ingénito, ser Padre y engendrar, es su propiedad personal.

El Verbo procede sólo del Padre, por vía de conocimiento. El Hijo es igual en todo al Padre, es la imagen perfecta del Padre; posee con Él la misma naturaleza divina.

Ser engendrado, ser Hijo, es la propiedad exclusiva de la segunda Persona.

El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo como de un común principio, y ello no por generación, sino por procesión de amor, a la que llamamos “espiración”.

Proceder del Padre y del Hijo, ser espirado, tal es la propiedad exclusiva de la tercera Persona.

Aparte de estas propiedades y relaciones, todo es común a las tres personas, de modo que no puede darse entre ellas superioridad ni inferioridad ninguna: las tres son iguales en poder, sabiduría y bondad, porque las tres poseen igualmente, de manera indivisible, la misma y única naturaleza divina con todas sus infinitas perfecciones.
En esto consiste la admirable vida intratrinitaria del único Dios verdadero.

Todas las demás operaciones que se dan fuera de la vida trinitaria, como la creación, la gobernación, la producción de la gracia en las almas, son absolutamente comunes a las tres divinas personas, de manera que ninguna de ellas hace nada sin las otras dos.

Sin embargo, la misma Revelación atribuye a cada Persona divina una determinada obra, que, aunque sea común a las tres Personas, tiene una relación especial con el lugar que tal persona ocupa en la Santísima Trinidad, y con las propiedades que le son particulares y exclusivas. Esto es lo que llama apropiación.

Al Padre, que es el origen y el principio de las otras dos personas, se le atribuyen las obras en que se manifiesta sobre todo el carácter de origen, como la Creación.

Puesto que el Hijo es engendrado por el Padre por vía de entendimiento, se le atribuyen aquellas obras en que brilla particularmente la sabiduría de Dios, como la Redención.

Al Espíritu Santo se le atribuyen aquellas obras en que se manifiesta especialmente el amor, o que suponen un acabamiento o perfeccionamiento último, sobre todo la obra de la Santificación de las almas.
En esto consiste la admirable vida intratrinitaria del único Dios verdadero.

Todas las demás operaciones que se dan fuera de la vida trinitaria, como la creación, la gobernación, la producción de la gracia en las almas, son absolutamente comunes a las tres divinas personas, de manera que ninguna de ellas hace nada sin las otras dos.

Sin embargo, la misma Revelación atribuye a cada Persona divina una determinada obra, que, aunque sea común a las tres Personas, tiene una relación especial con el lugar que tal persona ocupa en la Santísima Trinidad, y con las propiedades que le son particulares y exclusivas. Esto es lo que llama apropiación.

Al Padre, que es el origen y el principio de las otras dos personas, se le atribuyen las obras en que se manifiesta sobre todo el carácter de origen, como la Creación.

Puesto que el Hijo es engendrado por el Padre por vía de entendimiento, se le atribuyen aquellas obras en que brilla particularmente la sabiduría de Dios, como la Redención.

Al Espíritu Santo se le atribuyen aquellas obras en que se manifiesta especialmente el amor, o que suponen un acabamiento o perfeccionamiento último, sobre todo la obra de la Santificación de las almas.
Pidamos, por intercesión de la Santísima Virgen, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo, la gracia de perseverar en el conocimiento, amor y confesión de la Santísima Trinidad para que, habiéndola conocido por la fe y amado y servido por nuestras obras en esta vida, podamos un día gozar de su visión en la gloria.

Venid, adoremos al Dios verdadero, Uno en la Trinidad, y Trino en la Unidad…

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 29 de mayo de 2023

CREDO MARIANO (COMPUESTO POR SAN GABRIEL DE LA DOLOROSA)

 


Creo ¡Oh María! Que, como vos misma revelasteis a Santa Brígida, sois Reina del Cielo, Madre de misericordia, alegría de los justos y guía de los pecadores arrepentidos; y que no hay hombre tan perverso que, mientras viva, no tengáis misericordia de él; y que ninguno está tan abandonado de Dios, que, si os invoca no pueda volver a Dios y hallar su perdón, mientras que siempre será desgraciado el que, pudiendo, no recurra a vos.

Creo que sois la Madre de todos los hombres, a los que recibisteis como hijos, en la personas de San Juan, según el deseo de Jesús.

Creo que sois, como declarasteis a Santa Brígida, la Madre de los pecadores que quieren corregirse, y que intercedéis por toda alma pecadora ante el trono de Dios, diciendo: Tened compasión de mí.

Creo que sois nuestra vida, y uniéndome a San Agustín, os aclamaré como única esperanza de los pecadores después de Dios.

Creo que estáis, como os veía Santa Gertrudis, con el manto abierto, y que bajo él se refugian muchas fieras: leones, osos, tigres, etc. Y que Vos, en lugar de espantarlas, las acogéis con piedad y ternura.

Creo que por vos recibimos nosotros el don de la perseverancia: si os sigo, no me descarriaré; si acudo a Vos, no me desesperaré; si vos me sostenéis, no caeré; si Vos me protegéis, no temeré; si os sigo a vos, no me cansaré; si os alcanzo, me recibiréis con amor. 

Creo que vos sois el soplo vivificante de los cristianos, su ayuda y su refugio, en especial a la hora de la muerte, según dijisteis a Santa Brígida, pues no es vuestra costumbre abandonar a vuestros devotos en la hora de la muerte, como asegurasteis a San Juan de Dios.


Creo que vos sois la esperanza de todos, máxime de los pecadores; Vos sois la ciudad de refugio, en particular de quienes carecen de toda ayuda y socorro. Creo que sois la protectora de los condenados, la esperanza de los desesperados, y como oyó Santa Brígida que Jesús os decía, hasta para el mismo demonio obtendríais misericordia, si humildemente os la pidiera. Vos no rechazáis a ningún pecador, por cargado de culpas que se halle, si recurre a vuestra misericordia. Vos con vuestra mano maternal lo sacaríais del abismo de la desesperación, como dice San Bernardo. 

Creo que vos ayudáis a cuantos os invocan y que más solicita sois para alcanzarnos gracias, que nosotros para pedíroslas. 

Creo que, como dijisteis a Santa Gertrudis, acogéis bajo vuestro manto a cuantos acuden a Vos, y que los Ángeles defienden a vuestros devotos contra los ataques del infierno. Vos salís al encuentro de quien os busca y también, sin ser rogada, dispensáis muchas veces vuestra ayuda y creo que serán salvados los que vos queráis que se salven.

Creo que, como revelasteis a Santa Brígida, los demonios huyen, al oír vuestro nombre, dejando en paz al alma. Me asocio a San Jerónimo, Epifanio, Antonino y otros, para afirmar que vuestro nombre bajó del cielo, y os fue impuesto por orden de Dios. Declaro que siento con San Antonio de Padua las mismas dulzuras al pronunciar vuestro nombre que las que San Bernardo sentía al pronunciar el de vuestro Hijo. Vuestro nombre, ¡Oh María!, es melodía para el oído, miel para el paladar, júbilo para el corazón.

Creo que no hay otro nombre, fuera del de Jesús, tan rebosante de gracia, esperanza y suavidad para los que invocan. Estoy convencido con San Buenaventura de que vuestro nombre no se puede pronunciar sin algún fruto espiritual. Tengo por cierto que, como revelasteis a Santa Brígida, no hay en el mundo alma tan fría en su amor, ni tan alejada de Dios, que no se vea libre del demonio si invoca vuestro santo nombre.

Creo que vuestra intercesión es moralmente necesaria para salvarnos, y que todas las gracias que Dios dispensa a los hombres pasan por vuestras manos, y que todas las misericordias divinas se obran por mediación vuestra, y que nadie puede entrar en el cielo sin pasar por vos, que sois la puerta.

Creo que vuestra intercesión es, no solo útil, sino moralmente necesaria.

Creo que vos sois la cooperadora de nuestra justificación; la reparadora de los hombres, corredentora de todo el mundo.

Creo que cuantos no se acojan con vos, como arca de salvación, perecerán en el tempestuoso mar de este mundo. Nadie se salvará sin vuestra ayuda.

Creo que Dios ha establecido no conceder gracia alguna sino es por vuestro conducto; que nuestra salvación está en vuestras manos y que quien pretende obtener gracia de Dios sin recurrir a vos, pretende volar sin alas.

Creo que quien no es socorrido de vos, recurre en vano a los demás santos: lo que ellos pueden con Vos, Vos lo podéis sin ellos; si Vos calláis, ningún santo intercederá; si Vos intercedéis, todos los santos se unirán a vos. Os proclamo con Santo Tomás como la única esperanza de mi vida, y creo con San Agustín que vos sola sois solícita por nuestra eterna salvación.

Creo que sois la tesorera de Jesús y que ninguno recibe nada de Dios, sino por vuestra mediación: hallándonos a vos se encuentra todo bien. Creo que uno de vuestros suspiros vale más que todos los ruegos de los santos, y que sois capaz de salvar a todos los hombres.

Creo que sois abogada tan piadosa, que no rechazáis defender a los más infelices. Confieso con San Andrés cretense que sois la reconciliadora celestial de los hombres. 



Creo que sois la pacificadora entre Dios y los hombres y que sois el señuelo divino para atraer a los pecadores al arrepentimiento, como Dios mismo reveló a Santa Catalina de Siena. Cómo el imán atrae el hierro, así atraéis vos a los pecadores, según asegurasteis a Santa Brígida. Vos sois toda ojos, y toda corazón para ver nuestras miserias, compadecemos y socorremos. Os llamaré pues, con San Epifanio: «La llena de ojos». Y esto confirma aquella visión de Santa Brígida, en la que Jesús os dijo: «Pedidme, Madre, lo que queráis». Y Vos le respondisteis: «Pido misericordia para los pecadores».

Creo que la misericordia divina que tuvisteis con los hombres cuando vivíais en la tierra, innata en vos, ahora en el Cielo se os ha aumentado en la misma proporción de que el sol es mayor que la luna, como opina San Buenaventura. Y que, así como no hay en el firmamento y en la tierra cuerpo que no reciba alguna luz del sol, tampoco hay en el Cielo ni en la tierra alma que no participe de vuestra misericordia.

Creo también con San Buenaventura, que no solo os ofenden los que os injurian, sino también los que no os piden gracias. Quien os obsequia, no se perderá, por pecador que sea, al contrario, como asegura San Buenaventura, quien no es devoto vuestro, perecerá inevitablemente. Vuestra devoción es el billete del cielo, diré con Efrén.

Creo que, como revelasteis a Santa Brígida, sois la Madre de las almas del Purgatorio, y que sus penas son mitigadas por vuestras oraciones. Por tanto, afirmo con San Alfonso que son muy afortunados vuestros devotos y con San Bernardino que vos libráis a vuestros devotos de las llamas del Purgatorio.

Creo que vos, cuando subíais al cielo, pedisteis, y lo obtuvisteis sin ninguna duda, llevar con vos al Cielo todas las almas que entonces se hallaban en el purgatorio.

Creo también que, como prometisteis al Papa Juan XXII, libráis del Purgatorio el sábado siguiente a su muerte a cuantos lleven vuestro escapulario del Carmen. Pero vuestro poder va introduciendo en el cielo a cuantos queráis. Por vos se llena el Cielo y queda vacío el infierno.

Creo que los que se apoyan en vos no caerán en pecado, que quienes os honran alcanzarán la vida eterna. Vos sois el piloto celestial, que conducís al puerto de la gloria a vuestros devotos en la barquilla de vuestra protección, como dijisteis a Santa María Magdalena de Pazzis. Afirmo lo que asegura San Bernardo: El profesaros devoción es señal cierta de predestinación, y también lo del abad Guerrico: Quien os tiene un amor sincero, puede estar tan cierto de ir al Cielo, como si ya estuviese en él.


Creo con San Antonio, que no hay santo tan compasivo como vos: dais más de lo que se os pide; vais en busca del necesitado, buscáis a quien salvar: Muchas veces salváis a los mismos que la justicia de vuestro Hijo está a punto de condenar, como enseña el Abad de Celles. Por tanto, estoy convencido de la verdad que se contiene en la visión que tuvo Santa Brígida: Jesús os decía «Si no se interpusieran vuestras oraciones, no habría en este caso ni esperanza, ni misericordia». 

Opino también con San Fulgencio, que, si no hubiera sido por vos, la tierra y el cielo habrían sido destruidos por Dios.
Creo, como revelasteis a Santa Matilde, que erais tan humilde que, a pesar de veros enriquecida de dones y gracias celestiales sin número, no os preferirías a nadie. Y que, como dijisteis a Santa Isabel, Benedictina, os juzgabais vilísima sierva de Dios e indigna de su gracia.

Creo que, por vuestra humildad, ocultasteis a San José vuestra maternidad, aunque aparentemente pareciera necesario manifestárselo, y que servisteis a Santa Isabel y que en la tierra buscasteis siempre el último puesto.

Creo que, como revelasteis a Santa Brígida, tuvisteis tan bajo concepto de vos misma porque sabíais que todo lo habíais recibido de Dios, por ello en nada buscasteis vuestra gloria, sino la de Dios únicamente.

Creo con San Bernardo que ninguna criatura del mundo es comparable con vos en la humildad.
Creo que el fuego del amor, que ardía en vuestro corazón para con Dios, era de tantas calorías, que al instante hubiera encendido y consumido el cielo y la tierra, y que, en comparación de vuestro amor, el de los santos era frío.

Creo que cumplisteis a la perfección el precepto del Señor «Ama a Dios», y que, desde el primer instante de vuestra existencia, vuestro amor a Dios fue superior al de todos los ángeles y serafines. Creo que, debido a este intenso amor vuestro a Dios, jamás fuisteis tentada, y que nunca tuvisteis un pensamiento que no fuera para Dios, ni dijisteis palabra que no fuera dirigida a Dios.

Creo con Suárez, Ruperto, San Bernardino y San Ambrosio, que vuestro corazón amaba a Dios, aun cuando vuestro cuerpo reposaba, de manera que se os puede aplicar lo que dice la Sagrada Escritura: «yo duermo, pero mi corazón vela», y que mientras vivíais en la tierra, vuestro amor a Dios nunca fue interrumpido.
Creo que amasteis al prójimo con tal perfección, que no habrá quien lo haya amado más, exceptuando vuestro Hijo. Y que aunque se reuniera el amor de todas las madres para con sus hijos, de los esposos y esposas entre sí de todos los santos y ángeles del cielo, sería este amor inferior al que vos profesáis a una sola alma.
Creo que tuvisteis, como dice Suárez, más fe que todos los Ángeles y Santos juntos: aun cuando dudaron los Apóstoles, Vos no vacilasteis.

Os llamaré pues, con San Cirilo «Centro de la fe ortodoxa».
Creo que sois la Madre de la Santa Esperanza y modelo perfecto de confianza en Dios. Que fuisteis mortificadísima, tanto que, como dicen San Epifanio y San Juan Damasceno, tuvisteis siempre los ojos bajos, sin fijarlos jamás en persona alguna.

Creo lo que dijisteis a Santa. Isabel, Benedictina: que no tuvisteis ninguna virtud sin haber trabajado para poseerla, y con Santa Brígida creo que compartisteis todas vuestras cosas entre los pobres, sin reservaros para vos más que lo estrictamente necesario.
Creo despreciabais las riquezas mundanas. Creo que hicisteis voto de pobreza.
Creo que vuestra dignidad es superior a todos los ángeles y santos y que es tanta vuestra perfección, que solo Dios puede conocerla.
Creo que después de Dios, es ser Madre de Dios, y que por tanto no pudisteis estar más unida a Dios sin ser el mismo Dios, como decía San Alberto.
Creo que la dignidad de Madre de Dios es infinita y única en su género y que ninguna criatura puede subir más alto. Dios pudo haber creado un mundo mayor, pero no pudo haber formado criatura más perfecta que vos.

Creo que Dios os ha enriquecido con todas las gracias y dones generales y particulares que ha conferido a todas las demás criaturas juntas.

Creo que vuestra belleza sobrepasa a la de todos los hombres y los Ángeles, como reveló el Señor a Santa Brígida.
Creo que vuestra belleza ahuyentaba todo movimiento de impureza e inspiraba pensamientos castos.
Creo que fuisteis niña, pero de niña sólo tuvisteis la inocencia, no los defectos de la niñez.

Creo que fuisteis virgen antes de dar a luz, al dar a luz y después de dar a luz; fuisteis madre sin la esterilidad de la virgen, sin dejar por ello de ser virgen. Trabajabais, pero sin que la acción distrajera; orabais, pero sin descuidar vuestras ocupaciones. 

Moristeis, pero sin angustia, ni dolor, ni corrupción de vuestro cuerpo.
Creo que, como enseña San Alberto, fuisteis la primera en ofrecer, sin consejo de nadie, vuestra virginidad, dando ejemplo a todas las vírgenes, que os han imitado, y que Vos, delante de todas, lleváis el estandarte de esta virtud. Por vos se mantuvo virgen vuestro castísimo esposo San José.

Creo también que estabais resuelta a renunciar a la dignidad de Madre de Dios, antes que perder vuestra virginidad. Diré con el Beato Alano, que practicar la devoción de saludarte siempre con el Ave María con el Rosario, es una magnífica señal de predestinación para la Gloria.”