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jueves, 22 de octubre de 2015

Apostolado de oración para los sacerdotes




The Recusant
Reconquista

Apostolado de oración para los sacerdotes

Reciten la siguiente oración una vez por día, pidiendo en particular que el Buen Dios nos envíe más sacerdotes y que bendiga y proteja los que tenemos.
Cada sacerdote beneficiado del apostolado dirá una Misa por mes para los fieles que oren por ellos , para los otros sacerdotes beneficiados y para las vocaciones

Oh  Jesús,  Gran Sacerdote Eterno, guarda Vuestros sacerdotes  en el abrigo de Vuestro Sagrado Corazón donde nada puede hacerles daño ni mal.
Guarda sus inmaculadas manos consagradas que cada día tocan Vuestro Cuerpo Sagrado.
Guarda sus puros labios que están cada día en contacto con Vuestra Preciosísima Sangre.
Guarda sus corazones puros y separados del mundo que han estado sellados con la marca sublime de vuestro glorioso sacerdocio.
Que progresen en el amor y la confianza en Vos y protégelos del contagio del mundo.
Con el poder de cambiar el pan y el vino, dales también el poder de cambiar los corazones.
Bendice sus trabajos con frutos abundantes y dales al final de su vida, la corona de la vida eterna. Amen.

Oh Señor, danos Sacerdotes,
Oh Señor, danos Sacerdotes Santos,
Oh Señor, danos muchos Sacerdotes Santos,
Oh Señor, danos muchas y santas vocaciones religiosas.
San Pío X, ruega por nosotros.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.

Comprométanse a recitar cada día esta oración para nuestros sacerdotes y entonces contáctennos  dándonos su nombre y su país a fin que nosotros podamos incluirlos en nuestra cuenta.








EL PERDÓN (PADRE RAFAEL ARÍZAGA OSB)

domingo, 18 de octubre de 2015

¿PUEDE UN SIMPLE FIEL ATACAR EL ERROR?




“Quienes conocen la verdad deben hacerse un deber definirla claramente cuando sus enemigos la deforman hábilmente. Deben tener el coraje de defenderla”. (Pío XII, 26 de agosto de 1947).


[Mater Inmaculata] Para definir la verdad o para defenderla “sin duda la tranquila exposición de la verdad es, en sí, preferible; nuestros ilustres predecesores lo han declarado a menudo. Sin embargo, la necesidad de los tiempos los precipita a ellos mismos, a menudo, a la controversia. Cuando se leen sus obras, se reconoce que la polémica figura en la mayor parte” (Cardenal Pie).
La polémica no es pues el único medio de proclamar y defender la verdad. Pero es un medio lícito, legítimo y eficaz. Numerosos Padres de la Iglesia, numerosos Santos se han servido de ella… Aún el docto y tranquilo santo Tomás de Aquino, y el dulce san Bernardo.
Sin duda, puede haber un abuso de la polémica. Pero el desprecio de toda polémica es una manifestación de liberalismo práctico inconsciente. Y el buen sentido está de acuerdo con san Francisco de Sales que escribía: “Los enemigos declarados de Dios y de la Iglesia deben ser atacados y censurados con toda la fuerza posible. La caridad obliga a gritar al lobo cuando un lobo se ha deslizado al medio del rebaño y aún en cualquier lugar que se lo encuentre”.
¿Para atacar al error es necesario haber recibido un mandato de la autoridad eclesiástica?
Absolutamente no. Para qué serviría la regla de la fe y de las costumbres, si en cada caso particular el simple fiel no pudiera hacer inmediatamente la aplicación?” (Don Sardá). Por el bautismo y la confirmación que ha recibido, el simple fiel tiene el deber de defender su fe y de esforzarse para hacerla conocer a los otros. “El simple fiel puede así desconfiar, a primera vista, de una doctrina nueva que le es presentada, en la medida en que la vea en desacuerdo con otra doctrina definida” (Sardá).
¿Para atacar el error es necesario que la Iglesia ya se haya pronunciado?


“Sin duda sólo la Iglesia posee el supremo magisterio doctrinal de hecho y de derecho; su soberana autoridad se personifica en el Papa, y ella es la única que puede definitivamente y sin apelación, calificar abstractivamente las doctrinas y declarar que están concretamente contenidas en tal o cual libro, o profesadas por tal o cual persona. Pero al simple fiel le es perfectamente lícito tener a tal doctrina ante sí como perversa, señalarla como tal a los otros para su gobierno, dar el grito de alarma y tirar los primeros golpes. El fiel laico puede hacer todo esto, lo ha hecho siempre con los aplausos de la Iglesia” (Sardá).
¿Conviene, combatiendo el error, combatir y desacreditar a la persona que lo sostiene?
“Sí, muy a menudo conviene y no solamente conviene, sino todavía es indispensable y meritorio ante Dios y ante la sociedad, que sea así” (Sardá). En efecto, las ideas no podrían, reducidas a ellas solas, producir todo el mal del cual sufre la sociedad. “Ellas son parecidas a las flechas y a las balas que no causarían heridas a nadie, si no se las lanzara con el arco o el fusil; es pues al arquero o al fusilero que se debe tomar sobre todo. (id.).
Los Padres suministran la prueba de esta tesis. Las obras de san Agustín, por ejemplo, llevan casi todas como título el nombre del autor de la herejía que combaten: Contra Fortunatum, Contra Felicem… etc…
¿Es pues lícito, en ciertos casos, revelar en público las infamias de aquél que sostiene o propaga el error?
¡Perfectamente! “¿Es permitido –se  le preguntaba un día a san Francisco de Sales- hablar mal de un hereje que difunde malas doctrinas?” “Sí –respondió él- tú puedes a condición de atenerte a la exacta verdad, con lo que tú sabes de su mala conducta, presentando lo que es dudoso como dudoso, y según el grado más o menos grande de duda que tengas al respecto”.
Es pues permitido revelar sus defectos, ridiculizar sus hábitos, y aún… ¡burlarse de él! “Los señores liberales querrían sobre todo ser siempre tomados muy en serio, estimados, reverenciados, adulados y tratados como personajes importantes. Se resignarían muy bien a que se los refute, mas a condición de que sea con el sombrero quitado… De allí vienen sus quejas, cuando a veces se los satiriza, es decir cuando se hacen burlas de ellos… Cualquiera comprenderá que hacer reír honestamente a expensas del vicio y del hombre vicioso es una cosa muy buena en sí” (Artículo de la Civilta Cattolica)
“Los grandes doctores recomiendan sin duda la mesura, la indulgencia, la moderación. Lo que no impide que, sin contradecir sus propios principios, ellos mismos emplean, en todo instante, el arma de la indignación, algunas veces la del ridículo, con una vivacidad y una libertad de lenguaje que asustaría nuestra delicadeza moderna” (Cardenal Pie).
Combatir así a un hereje, vaya y pase… ¿Pero combatir a un católico… aún un amigo?
¡Pero un católico liberal es un hereje! La Iglesia ha condenado numerosas veces el liberalismo, y aún el liberalismo católico. ¡Pío IX lo declara más terrible que la Revolución, más terrible que la Comuna! “Cuando tantas veces hemos censurado a los sectarios de estas opiniones liberales, no teníamos en vista a los enemigos declarados de la Iglesia… sino a aquéllos de los que acabamos de hablar: católicos que son por otra parte honestos y piadosos, y que, por la influencia que les dan su religiosidad y su piedad, pueden muy fácilmente captar los espíritus e inducirlos a profesar máximas muy perniciosas” (Pío IX).
¡Además no olvidéis que no es necesario que la autoridad eclesiástica se haya pronunciado para que el simple fiel sirva de perro guardián y ladre!
¿Puede ser, en efecto, que se trate de un amigo? Pero si mi amigo farmacéutico vende droga, ¿debo callarme, en nombre de la amistad? Para el buen sentido, la respuesta no es dudosa.
Hablar mal del prójimo… ¿no es contrario a la caridad?
“Se puede amar al prójimo, bien y mucho, desagradándole, contrariándolo, causándole un perjuicio material, y aún en ciertas ocasiones privándolo de la vida” (Sardá).¡Cuando son atacados, los liberales no cesan de reclamar la caridad! “La caridad que ellos querrían de nosotros, sería la de alabarlos, admirarlos, apoyarlos, o por lo menos dejarlos actuar a su gusto. Nosotros, por el contrario no queremos más que hacer la caridad de interpelarlos, reprenderlos, excitarlos por mil medios a salir de su mal camino. Cuando dicen una mentira… querrían vernos ocultar sus pequeños pecados veniales— Cuando se les escapa alguna distracción gramatical… nos ruegan que cerremos los ojos… ¡Que dejen de quejarse de nuestra falta de caridad!” (La Civilta Cattolica).


“La caridad, en efecto, implica ante todo, el amor de Dios y de la verdad; ella no teme pues extraer la espada de su vaina por el interés de la causa divina, sabiendo que más de un enemigo no puede ser reencauzado o curado mas que por golpes audaces e incisiones salutíferas” (Cardenal Pie).
“Edulcorar la verdad para evitar provocar pena a tal o cual no es practicar la caridad: es traicionarla” (Mons. Rupp).
Si los liberales reclaman tanto la caridad, ¡es que no aman la verdad! “Nuestro tiempo no ama la verdad… y en el pequeño número de quienes aman la verdad, muchos, por no decir demasiados, no aman para nada a los que van en vanguardia para defenderla. Se los encuentra indiscretos, molestos, inoportunos” (Louis Veuillot) Esto es lo que decía también el papa Gregorio VII: “Si es que algunos, por amor a la ley cristiana, osan resistir en cara a los impíos, no solamente no encuentran apoyo en sus hermanos, sino que se los tacha de imprudentes, de indiscretos, se los trata de locos”.
“La intolerancia al respecto de los defensores de los principios, es, con la tolerancia hacia los patrones del error, uno de los síntomas más característicos del contagio liberal” (R. P. Ramière).
¿No existe sin embargo el deber de respetar a las personas?
“El principio moderno y revolucionario de la respetabilidad de las personas en toda hipótesis, de la tolerancia a ultranza respecto a las personas es una gran herejía social que ha hecho mucho mal y lo hará todavía más a medida que esta idea se vaya vulgarizando en el futuro, a saber que la persona humana es siempre amable, siempre sagrada, siempre digna de respeto, cualesquiera que sean los errores teóricos o prácticos que lleva con ella a través del mundo.” (Amí du clergé)
“Si soportar las injurias que nos alcanzan personalmente (y respetar a las personas que las profieren) es un acto virtuoso, soportar las que atañen a Dios es el colmo de la impiedad” (Santo Tomás de Aquino)
¿Ninguna colaboración es pues posible con los liberales?
“Las Asociaciones Católicas deberán tener principalmente cuidado de excluir de su seno, no solamente a todos los que profesan abiertamente las máximas del liberalismo, sino todavía a los que se forjan la ilusión de creer posible la conciliación del liberalismo con el catolicismo, y son conocidos bajo el nombre de católicos liberales” (La Civilta Cattolica).
¿Mas por qué ejercer la polémica sobre todo contra el liberalismo?
Sin duda el liberalismo no es el único error que amenaza llevar la ruina a la fe, aún cuando se debe incluir bajo este vocablo el naturalismo, el racionalismo y el laicismo.
Pero el liberalismo es particularmente peligroso porque un cierto liberalismo se pretende católico. Un cristiano de buena fe comprenderá bastante fácilmente que no puede ser masón o comunista: las condenas de la Iglesia son muy claras. Pero muy fácilmente, por el contrario, podrá dejarse contaminar más o menos por las ideas liberales. “El liberalismo es menos una doctrina coherente, un sistema formulado, que una enfermedad del espíritu, una perversión del sentimiento…”  (Padre Rosussel). ¡Y esto es lo que lo hace particularmente peligroso!
Combatir jamás es agradable… sobre todo combatir a los amigos. Y sin embargo, “es necesario combatir el error aún en los cristianos, pues ellos tienen menos derechos que otros, si es posible, a profesarlo. ¡Amad a vuestros adversarios, rogad por ellos, pero no les hagáis cumplimientos1! ¡Puáh! No busquéis agradar a algunos. Buscad agradar a Dios” (Santo Cura de Ars).
Sí, cuidémonos –como decía Louis Veuillot de que “el temor de dejar de ser amables termine por quitarnos todo coraje de ser verdaderos”.
“Seguramente muchos os acusarán de imprudencia y dirán que vuestra empresa es inoportuna… Una lucha de este género no podrá más que atraeros censuras, desprecio, querellas odiosas; pero Aquél que da la verdad a la tierra no ha predicho otra cosa a Sus discípulos, sino que serían odiosos a todos a causa de Su Nombre” (Pío IX, dic. De 1876).
“Combatamos pues sin descanso, aún sin esperanza de ganar la batalla. ¡Qué importa el éxito!” (Santa Teresita del Niño Jesús).

Domingo 20 post Pentecostés (Bogotá, año 2015) R. P. Fernando Altamira



Queridos hijos: 

 Hoy tenemos el milagro de Cristo, hecho a distancia, sobre el hijo del “régulo” (régulus), un oficial del rey cuyo hijo estaba enfermo, muriéndose, en Cafarnaúm. “Dómine, descénde priúsquam moriatur filius meus”: Señor, desciende [ven a mi casa], antes de que mi hijo muera. “Vade, filius tuus vivit”: Vete, tu hijo vive. “Y creyó él y toda su familia, et domus eius tota”.

Les compartimos primero algunas palabras del Padre Leonardo Castellani : 
“«Este es el segundo milagro que hizo Jesús», escribe San Juan después de narrar la curación del hijo del régulo… El primero fue la transmutación del agua en vino en Caná…  El tercer milagro de Cristo es la curación de la suegra de San Pedro. Después, en ese mismo día, antes de anochecer, curó innumerables enfermos de la ciudad, que se amontonaron ante la casa al saber la noticia; porque la suegra de San Pedro, según la historia, era muy “relacionada” y bastante charlatana. Por tanto, el primer milagro que hizo Cristo fue en favor de una familia de Caná «de la clase media», como diríamos ahora; el segundo en favor de un funcionario regio, sin duda un ministro o edecán de Herodes Antipas; el tercero en favor de San Pedro; y después innumerables en favor de los vecinos de Cafarnaúm. 

Y conversó y anunció que él era Profeta… a gentes de todas clases y condiciones, sin excluir los samaritanos, que era tenidos por herejes vitandos…  [La familia del funcionario regio] Era una familia rica. Hoy día dicen que «la Iglesia debe ir a los obreros». La otra semana recibí una carta que decía eso; y añade: «separarse de la oligarquía». Es un buen cálculo político, aprendido de los que saben política: los obreros son muchos y son votos. Pero Cristo no veo que haya hecho eso. ¿A quién fue Cristo? A todos. Al que quisiera oírlo. Al que no se escandalizaba de Él... Cristo no hizo agitación social. Que la mayoría de los que lo seguían eran pobres, ése es otro asunto: eso pertenece a la primera bienaventuranza… En una sociedad jerarquizada, la enseñanza del cristianismo descendía por sus eslabones naturales de arriba abajo, y la tarea era relativamente simple: cuidar la cabeza… Al noble lo hace la virtud, no el título [o si quieren: también el título, pero antes que nada la virtud, lo que él es, o no, ante Dios]… Pero dejándonos de sociologías, lo que queríamos decir es que Cristo fue simplemente a todos; y a Él hemos de imitar. 

Su primer discípulo judeo fue un doctor de la Ley, Nicodemus; y no rechazó al Centurión Romano; como no rechazó a Pilato, al cual se dignó enseñarle dos verdades capitales, que el otro badulaque ni siquiera escuchó. Unos son más aptos para hablar a los grandes y otros más aptos para hablar a los chicos, hay muchas vocaciones; pero Cristo nos dejó ejemplo de que hay que hablar a todos los que quieran abrir los oídos: y «el que tenga oídos para oír, que oiga»”. 

 Hablar “a todos los que quieran abrir los oídos”. Ésa es “la labor del cura”. Y, en correlación, ésa debería ser la respuesta de ustedes los fieles: Abrir los oídos, aprender y obedecer la Doctrina Católica. La meta es llegar al Cielo. Si el Padre les dice que tienen que confesarse, que lo hagan frecuentemente, tal vez cada dos semanas: Pues bien, ¡hay que hacerlo! “No, Padre, para eso hay que levantarse más temprano el domingo porque usted confiesa una hora antes de la Misa”. Y si un médico, por un cáncer (para no morirse), les dijera que deben verlo cada 15 días, que se demorarán sólo cinco minutos, que debe ser los domingos, a las 8 de la mañana: ¿Irían o no irían? “¡Por el cáncer sí, por el Cielo no!”; en definitiva: ¡Por Dios, no!

 La semana pasada fue la Fiesta del Santo Rosario, la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario (7 de octubre): Si el Padre les dice que CADA DÍA sin falta deben rezar su Santo Rosario (nos referimos a los cinco misterios; no estén necesariamente agregando “siete mil” oraciones más), que si lo hacen así “se van al Cielo”: Pues bien, ¡hay que hacerlo! “No, Padre, la otra noche me había propuesto rezarlo y me olvidé y me dormí”. “No, Padre, esta semana lo he rezado sólo tres días”. Otra vez: Y si un médico, por un cáncer (se mueren), les dijera que CADA DÍA sin falta deben hacerse un tratamiento, que de lo contrario se mueren: ¿Ustedes se olivarían algún día? Es más, si ese médico les dijera, “si no lo hacen se mueren, pero es muy fácil, muy cómodo y muy rápido. 

Muy fácil: porque deben hacer algo tan sencillo, que con un mínimo de esfuerzo, cualquier persona es capaz de ello (el Rosario, también). Muy cómodo: porque no hace falta venir al hospital ni salir de sus casas, lo hacen en sus propias casas (el Rosario, también). 

Muy cómodo nuevamente: porque no es en algún horario fijo, lo pueden hacer en cualquier momento del día, pero esto sí les recomiendo: no dejen el tratamiento para el final del día, no sea que se olviden, las cosas importantes no se dejan para el final del día. Muy rápido: porque les lleva sólo 30 minutos por día, 30 minutos diarios a cambio de la vida, no es necesario agregar otras cosas que alarguen el tratamiento”. Si un médico les dijera así por un cáncer: ¿Quién de ustedes fallaría un solo día? ¡Por un cáncer sí, y por el Cielo, no, para evitar el Infierno eterno, no! En definitiva: ¡Por Dios, no!  Así somos, y así nos va. No nos quejemos. Después vienen “los llantos”.

 Otros ejemplos al azar: Si el Padre les dice que no conviene dejar jugar a sus hijos a los jueguitos de la computadora (se vuelven bobos y a veces viciosos). Eso parece que destruye cualidades intelectuales. Si el Padre les dice que no permitan que sus hijos festejen Halloween, ni siquiera disfrazándolos de “angelitos” –si los quieren disfrazar, los disfrazan para otras fiestas u otros momentos, ¡cinco veces al año, si quieren, pero no para Halloween!-. Éste el mes de Halloween, es una fiesta de origen satánico, ocultista. Un verdadero católico no festeja Halloween. 

Si el Padre les dice que deben seriamente ir pensando en sacar a sus hijos de los colegios (tanto públicos como privados) porque hoy en día corrompen a sus hijos (intelectualmente, y –perdón que lo diga- sexualmente también); si se les dice que deben pensar seriamente en el Home School, en la escuela en la casa, a través de los sistemas de educación que hay usando del internet (sistemas aprobados por el gobierno). Si el Padre les dice que no lleguen tarde a Misa (hay algunos que siempre llegan tarde). Al presidente Santos, al presidente, no le fallarían, no le llegarían tarde a una audiencia semanal: ¡A Santos no, a Dios sí, y cada semana! Si el Padre les dice que las damas se deben vestir como lo debe hacer una católica de verdad: usar faldas que bajen más allá de las rodillas (no hay reglas tan fijas, pero uno diría unos 15 cm más abajo). Si el Padre les dice que deben hacer el esfuerzo para no usar pantalones; y menos aun pantalones ajustados. Si el Padre les dice que no usen escotes, ni chicos ni grandes. Que una dama no se debe andar mostrando. Que no usen esqueleto.

Terminemos: “Ir y hablar a todos los que quieran oír y abrir los oídos: y «el que tenga oídos para oír, que oiga»”; después cada uno sabrá y cada uno rendirá cuentas a Dios. Estas cosas, en realidad, no sólo son lo que debe hacer un sacerdote. Es lo que todo feligrés debería tratar de hacer: “Hablar a todos los que quieran oír”, y/o, “hacer el bien a quien quiera”: 

Eso es un católico y eso debe hacer un católico: Apostolado. Con sencillez y dulzura, pero con La Verdad, La Verdad es Cristo. No sé si se obtiene mucho fruto; en general no, pero eso no importa. Dios Nuestro Señor Jesucristo nos pide “trabajo”, trabajar y hacer las cosas por Él, ¡hacer todas las cosas por Él!, ¡sembrar! Y después Él decide cuándo, cómo y en qué circunstancias eso produce fruto, o no; o fruto al menos en nosotros por haber hecho lo que debíamos hacer. Uno no debe trabajar para Cristo (hacer apostolado) sólo a la espera del fruto (o del “éxito”, como dicen hoy); si viene, mejor, pero eso no nos toca a nosotros, ni es lo esencial: “La otra mitad la hará sobre mi tumba otro infeliz, después que yo sucumba... ¡Corazón!, ¡tu mitad se ha hecho ya!” 

AVE MARÍA PURÍSIMA.