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jueves, 5 de febrero de 2015
miércoles, 4 de febrero de 2015
MEDITACIONES: Miercoles de Septuagésima
Del Libro del P.
Alonso de Andrade
De la vocación de
Cristo a imitación del rey temporal.
Punto I.- Ponte delante de los ojos a un rey temporal escogido por la
mano de Dios con todas las gracias y dones, así naturales como sobrenaturales
que se pueden desear, noble, rico, hermoso, sabio, recto, benigno, poderoso,
hábil, amigo y compañero de sus vasallos, a quien ama, estima y honra más que a
sus propios hijos; que no los grava con tributos, sino que los alivia y socorre
con sus rentas: y sus leyes son suaves, su gobierno manso, y su trato apacible;
el primero en el trabajo y el último en el descanso por dársele en todo a los
suyos. Pondera cuán digno sería este rey de ser amado, estimado y obedecido de
sus vasallos, y cuán robados tendría los corazones de todos con su amor y
beneficios.
Punto II.- Considera a este rey, que habiendo juntado sus vasallos les
propusiese con palabras blandas y corteses que tenía intento de sujetar a sus
enemigos y poner en paz sus tierras, para lo cual era forzoso hacerles guerra y
que él quería ir primero a ella, y pedía a todos que le acompañasen con tal
condición que en todo habrían de ser iguales a él, así en la comida como en el
vestido, armas, posadas, riesgos y peligros, y últimamente en los despojos y
corona de la victoria. Pondera pues, qué debieran responder los fieles vasallos
a un rey tan digno de ser amado y servido, y con cuánta fineza y valor se
ofrecieran los leales a ir a su lado y servirle con sus personas y haciendas y
con sus armas, hasta dar la vida en su servicio; y cuán ignominiosa afrenta
sería la de los cobardes que por gozar de su descanso, le dejasen ir solo y no
quisiesen seguirle en tan gloriosa empresa, ofreciéndoles premio tan subido.
Punto III.- Aplica luego esta meditación a Cristo, rey de reyes y Señor
de las eternidades. Contempla cuántas ventajas hace a los reyes temporales en
todas las gracias y virtudes. Pondera el amor tan cordial que tiene a todos los
suyos, cuyos nombres trae grabados en su propio corazón, y luego mira los intentos
con que bajó del cielo a la tierra, que fue a sujetar el mundo a su ley y
servicio, y a sacarle de la cautividad del pecado y de la esclavitud de Satanás
y encaminar a todos los hombres al cielo, y que para esta empresa trae consigo
ejércitos de ángeles, y convida a todos los hombres para que le acompañen en
esta guerra, siendo sus iguales en todo, en la comida, vestido, cama, posada,
armas, riesgos y corona después de la victoria. Pondera qué deben responder los
hombres a su rey y Señor, que no pretende más que su bien y que pone su vida
por ellos, con cuánta resolución y valor se ofrecerán a seguirle sus fieles y
verdaderos amigos, ofreciendo sus vidas, haciendas y cuanto tienen y pueden
esperar por servirle, y cuán ignominiosa afrenta sería para los que viéndole
caminar le dejasen ir solo haciéndose sordos a su voz por gozar de sus deleites
y quedarse en su descanso, y cuanto le desobligarían para que les hiciese
mercedes.
Punto IV.- Vuelve luego los ojos a ti mismo y considera cuántas veces te
ha llamado Dios y cuántas voces te ha dado y te da para que le sigas, imitando
sus pasos; mira el camino que lleva de pobreza, obediencia, humildad,
desprecio, paciencia y mansedumbre, con tanta mortificación y menosprecio de lo
que el mundo adora y la carne apetece, y que tú, no sólo te haces sordo a sus
voces y le dejas ir solo, sino que tomas en todo el camino contrario y te haces
del bando de su enemigo, entregándote a los vicios, honras y riquezas del
mundo. Abre los ojos y mira la ignominia en que caes en el acatamiento de Dios
y de la corte celestial que está a la mira; y qué premio puedes esperar de su
mano en esta y en la otra vida, pues todo pasa como el humo. Mira por ti, y
pídele a Dios perdón de tus pecados y corrige tu cobardía, ofreciéndote a seguirle
con esfuerzo y valor todos los días de tu vida.
MEDITACIONES: Martes de Septuagésima
Del Libro del P. Alonso de Andrade
Del favor de la
vida espiritual.
Punto I.- Considera que salió este padre de familias al amanecer y a
todas horas a buscar obreros para su viña; enseñando a los prelados y
superiores eclesiásticos y seglares la vigilancia que deben tener de la viña
que Dios les ha encomendado, perdiendo de sus comodidades por mirar por el bien
de los suyos; si eres uno de ellos aprende de las obligaciones que te corren de
este padre de familias, y cómo las ha de cumplir; y si no te toca por ser
súbdito, ruega a Dios por los prelados y superiores que les dé su espíritu para
cumplir sus obligaciones como deben, y que envíe muchos padres de familias
celosos y vigilantes a su Iglesia, que la rijan y gobiernen con el espíritu y
vigilancia que deben.
Punto II.- Considera cómo llamó a varias horas a los obreros de su viña;
porque a unos llama Dios en la niñez cuando les amanece el uso de razón, a
otros cuando mozos, y a otros cuando viejos al tiempo que se va a poner el sol
de la vida y no les queda más de una hora para trabajar, en la cual muchas
veces merecen más que los que empezaron desde la niñez, así que no desprecies a
ninguno aunque le veas pasar la vida descuidado, pues no sabes cuándo le
llamará Dios y si en una hora le servirá más que tú le has servido en toda la
vida. Llora tu tibieza y conoce lo poco que haces, respecto de lo que podías
hacer, y pídele a Dios gracia para servirle con fervor.
Punto III.- Considera que los primeros murmuraban del padre de familias
injustamente, pues les pagó enteramente su jornal, alegando que habían llevado
el peso de todo el día pasando el fuego del sol, en que nos enseñó el Salvador
que los tibios y negligentes se llenan de envidia de los fervorosos, y de
quejas y murmuraciones contra los superiores, y se les hace la carga pesada
porque les falta espíritu para llevarla: medita todo esto y mete la mano en tu
pecho y mira si eres de estos o de los fervorosos, y cuánto te importa ser de
estos y no de aquellos: mira que los tibios no le gustan a Dios, y le provocan
a vómito con sus quejas y murmuraciones; y si se te hace la carga pesada y duro
el yugo de la ley divina, entiende que lo causa tu tibieza, y llora y gime en
el acatamiento de Dios con ansias de tu corazón, pidiéndole que te de una centella
de fervor para servirle en adelante con alegría y diligencia.
Punto IV.- Considera que te ha llamado Dios a ser obrero y no dueño de
su viña; porque como dice Cayetano, el obrero trabaja por su Señor, y todas las
obras que hicieres han de ser para Dios que es el dueño de la viña. Mira no las
tomes para ti atribuyéndote la gloria de ellas, pues no son tuyas, sino
refiérelas a él, buscando en ellas su gloria y su honra y no la tuya, como
verdadero siervo suyo; de esta suerte las ganarás, y de otra suerte las
perderás, porque te las quitará Dios como a ladrón de su gloria y de su honra.
martes, 3 de febrero de 2015
MEDITACIONES: Lunes de Septuagésima
DEL LIBRO: MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA
SANTA FE Y DE LA VIDA DE
CRISTO NUESTRO SEÑOR Y DE LOS SANTOS
Por el P. Alonso de Andrade
Madrid 1857
De los obreros de la viña de Cristo
Punto I.- Considera cómo el padre de familias que salió al amanecer a
coger obreros para su viña, es Dios, que llama a todas horas a los hombres a su
servicio y que ninguno viene a su viña, si no es llamado por él, y si tú te
hayas en ella, dale muchas gracias por la merced que te ha hecho sin haberla
merecido, habiendo dejado a otros muchos los cuales si los hubiera llamado, le
hubieran servido mucho más que tú. Considera a cuántos ha dejado fuera de esta
viña de su Iglesia la ceguedad de la idolatría y herejía y de otras sectas que
los engañan y despeñan en lo profundo del infierno: pide a los ángeles que le
alaben por esta merced incomparable que te ha hecho, y dale tú con ellos
millares de loores cada día, y pídele gracia para serle agradecido y servirle
por tan grande beneficio.
Punto II.- Considera que tú eres uno de los obreros a quien Dios nuestro
Señor ha llamado para labrar su viña, y mira que te llamó para trabajar y no
para holgar: acuérdate que el padre de familias reprendió a los que estaban
ociosos; porque siente Dios mucho que lo estén en su servicio los que llamó
para él: huye de este vicio como de enemigo capital tuyo y anímate a trabajar
con aliento en la viña del Señor, acordándote de las mercedes que te ha hecho y
del premio que te tiene preparado por los servicios que le hicieres.
Punto III.- Considera cómo prefirió en la paga a los que vinieron los
últimos y no trabajaron más que una hora en su viña; pero con tal fervor que
merecieron ser preferidos a los primeros que trabajaron flojamente todo el día,
porque en la casa de Dios no se atiende al tiempo sino a las obras, y si tú ha
muchos años que estás en ella, mira con atención lo que has obrado en su
servicio; y si otros en una hora han aprovechado más que tú en toda tu vida, al
tiempo de la paga serán preferidos y les dará el Señor mayor y mejor premio que
a ti, y si ha poco que viniste a su servicio esfuérzate a trabajar que en una
hora podrás merecer tanto como los que ha mucho tiempo que sirven.
Punto IV.- Considera la sentencia con que remata Cristo: Muchos son los llamados y pocos los
escogidos: la cual entiende San Crisóstomo de los llamados a la fe y
escogidos para el cielo; porque aun de los cristianos son muchos los que se
condenan y pocos los que se salvan. ¡Oh alma mía, cuánto tienes que meditar en
esta palabra! ¡Oh si con la luz del cielo contemplases qué cosa es condenarse
para siempre, y qué es salvarse y entrar en el reino de la gloria! Baja con la
consideración al infierno y mira lo que allí pasa y la triste suerte
irrevocable de los condenados, y luego sube con la misma consideración al cielo
y contempla la gloria de los bienaventurados, coteja la una con la otra, y
hallarás mayor distancia que hay del cielo a la tierra, y que es cosa tan
triste y desdichada, que si uno solo se hubiera de condenar en el mundo
habíamos todos de temblar de que nos cayese tal suerte; pues ¿cuánto más
debemos temblar oyendo de boca del Salvador que son muchos los que se condenan
y pocos los que se salvan? Da un paso
más adelante y considera que forzosamente has de ser de los unos o los otros
sin que haya medio ni modo para eximirse de este número, para en este
pensamiento y vuélvete a Dios con íntima contrición de tu alma y dile, pequé
Señor contra Vos y me pesa en el alma de haberos ofendido por ser Vos quien
sois, y os suplico que me tengáis de vuestra mano y me deis vuestra gracia para
que empiece desde hoy a serviros, y sea de los pocos y uno de los escogidos.
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