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viernes, 30 de noviembre de 2018

SUFRIR POR DEFENDER LA FE: Mons Lefebvre

NdB: Mons Lefebvre habla de sufrir persecución por la fe, no habla de acuerdos prácticos ni concesiones. El martirio moral precede al martirio físico, cuán lejos de ambos quiere estar la nueva FSSPX. Sin duda es otro el  camino que han tomado, esperan el "sello" de católicos de los modernistas, que no son católicos, el modernismo es la cloaca de todas las herejías.  La iglesia conciliar del vaticano II no es católica, principio olvidado por la FSSPX. Los fieles tienen que hacer la diferencia, recen por y hablen con sus priores antes de que sea demasiado tarde. Los curas de la FSSPX están haciendo cumplir la profecía de San Pablo: Dios les envía poderes de engaño a fin de que crean en la mentira. II Tes 2:12


"Si tenemos que sufrir el martirio moral que supone ser en cierto modo despreciados y reprendidos por los que deberían ser nuestros padres en la fe, pues bien, afrontemos ese sufrimiento y antes que nada guardemos la fe."

Si nosotros tenemos que sufrir, pues bien, ¡suframos por nuestra fe! No somos los primeros: ¡cuántos mártires antes que nosotros sufrieron por guardar la fe! Dios lo quiere y también la Santísima Virgen, que es nuestra madre. Como somos de la familia de la Virgen, queremos guardar la fe que Ella siempre profesó. ¿Hay en el corazón de la Virgen algo que no sea el nombre de Nuestro Señor Jesucristo? Pues bien, nosotros también queremos tener en nuestros corazones un solo nombre, el nombre de Jesús, al igual que la Santísima Virgen.

Estamos seguros de que un día la verdad volverá. No puede ser de otro modo, pues Dios no abandona a su Iglesia.

Por eso, sin ninguna rebelión ni amargura ni resentimiento, proseguimos nuestra obra de formación sacerdotal a la luz del magisterio de siempre, convencidos de que no podemos prestar mayor servicio a la Santa Iglesia católica, al Sumo Pontífice y a las generaciones futuras.

Obrando así, con la gracia de Dios, el socorro de la Virgen María, de San José y de San Pío X, estamos convencidos de que seguimos siendo fieles a la Iglesia Católica y Romana y a todos los sucesores de Pedro, y de que somos los fieles dispensadores de los misterios de Nuestro Señor Jesucristo en el Espíritu Santo”.

+ Monseñor Marcel Lefebvre

martes, 27 de noviembre de 2018

LA MEDALLA MILAGROSA: Santa Catalina Labouré


Santa Catalina Labouré
28 de noviembre Siglo XIX

En París, en Francia, santa Catalina Labouré, virgen, de las Hijas de la Caridad, que de manera singular honró a la Inmaculada y brilló por la simplicidad, caridad y paciencia.

Esta fue la santa que tuvo el honor de que la Sma. Virgen se le apareciera para recomendarle que hiciera la Medalla Milagrosa.

Santa Catalina Labouré, llamada Zoe en familia, nació en Bretaña, Francia, el 1806. Sus padres eran agricultores. Al quedar huérfana de madre a los 8 años le encomendó a la Santísima Virgen que le sirviera de madre, y la Madre de Dios le aceptó su petición.

Como su hermana mayor se fue de monja vicentina, Catalina tuvo que quedarse al frente de los trabajos de la cocina y del lavadero en la casa de su padre, y por esto no pudo aprender a leer ni a escribir.

A los 14 años pidió a su papá que le permitiera irse de religiosa a un convento pero él, que la necesitaba para atender los muchos oficios de la casa, no se lo permitió. Ella le pedía a Nuestro Señor que le concediera lo que tanto deseaba: ser religiosa. Y una noche vio en sueños a un anciano sacerdote que le decía: "Un día me ayudarás a cuidar a los enfermos". La imagen de ese sacerdote se le quedó grabada para siempre en la memoria.

Al fin, a los 24 años, logró que su padre la dejara ir a visitar a la hermana religiosa, y al llegar a la sala del convento vio allí el retrato de San Vicente de Paúl y se dió cuenta de que ese era el sacerdote que había visto en sueños y que la había invitado a ayudarle a cuidar enfermos. Desde ese día se propuso ser hermana vicentina, y tanto insistió que al fin fue aceptada en la comunidad.

Siendo Catalina una joven monjita, tuvo unas apariciones que la han hecho célebre en toda la Iglesia. En la primera, una noche estando en el dormitorio sintió que un hermoso niño la invitaba a ir a la capilla. Lo siguió hasta allá y él la llevó ante la imagen de la Virgen Santísima. Nuestra Señora le comunicó esa noche varias cosas futuras que iban a suceder en la Iglesia Católica y le recomendó que el mes de Mayo fuera celebrado con mayor fervor en honor de la Madre de Dios. Catalina creyó siempre que el niño que la había guiado era su ángel de la guarda.

Pero la aparición más famosa fue la del 27 de noviembre de 1830. Estando por la noche en la capilla, de pronto vio que la Sma. Virgen se le aparecía totalmente resplandeciente, derramando de sus manos hermosos rayos de luz hacia la tierra. Y le encomendó que hiciera una imagen de Nuestra Señora así como se le había aparecido y que mandara hacer una medalla que tuviera por un lado las iniciales de la Virgen MA, y una cruz, con esta frase "Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti". Y le prometió ayudas muy especiales para quienes lleven esta medalla y recen esa oración.

Catalina le contó a su confesor esta aparición, pero él no le creyó. Sin embargo el sacerdote empezó a darse cuenta de que esta monjita era sumamente santa, y se fue donde el Sr. Arzobispo a consultarle el caso. El Sr. Arzobispo le dio permiso para que hicieran las medallas, y entonces empezaron los milagros.

Las gentes empezaron a darse cuenta de que los que llevaban la medalla con devoción y rezaban la oración "Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti", conseguían favores formidables, y todo el mundo comenzó a pedir la medalla y a llevarla. Hasta el emperador de Francia la llevo.  Poco tiempo después de la muerte de Catalina, fue llevado un niño de 11 años, inválido de nacimiento, y al acercarlo al sepulcro de la santa, quedó instantáneamente curado.

En 1842 sucedió un caso que hizo mucho más popular la Medalla Milagrosa y sucedió de la siguiente manera: el rico judío Ratisbona, fue hospedado muy amablemente por una familia católica en Roma, la cual como único pago de sus muchas atenciones, le pidió que llevara por un tiempo al cuello la medalla de la Virgen Milagrosa. Él aceptó esto como un detalle de cariño hacia sus amigos, y se fue a visitar como turista el templo, y allí de pronto frente a un altar de Nuestra Señora vio que se le aparecía la Virgen Santísima y le sonreía. Con esto le bastó para convertirse al catolicismo y dedicar todo el resto de su vida a propagar la religión católica y la devoción a la Madre de Dios. Esta admirable conversión fue conocida y admirada en todo el mundo y contribuyó a que miles y miles de personas empezaran a llevar también la Medalla de Nuestra Señora (lo que consigue favores de Dios no es la medalla, que es un metal muerto, sino nuestra fe y la demostración de cariño que le hacemos a la Virgen Santa, llevando su sagrada imagen).

Desde 1830, fecha de las apariciones, hasta 1876, fecha de su muerte, Catalina estuvo en el convento sin que nadie se le ocurriera que ella era a la que se le había aparecido la Virgen María para recomendarle la Medalla Milagrosa. En los últimos años obtuvo que se pusiera una imagen de la Virgen Milagrosa en el sitio donde se le había aparecido (y al verla, aunque es una imagen hermosa, ella exclamó: "Oh, la Virgencita es muchísimo más hermosa que esta imagen").

Al fin, ocho meses antes de su muerte, fallecido ya su antiguo confesor, Catalina le contó a su nueva superiora todas las apariciones con todo detalle y se supo quién era la afortunada que había visto y oído a la Virgen. Por eso cuando ella murió, todo el pueblo se volcó a sus funerales (quien se humilla será enaltecido).

En París había un masón muy alejado de la religión. La hija de este hombre obtuvo que él aceptara colocarse al cuello la Medalla de la Virgen Milagrosa, y al poco tiempo el masón pidió que lo visitara un sacerdote, renunció a sus errores masónicos y terminó sus días como creyente católico.

Catalina le preguntó a la Sma. Virgen por qué de los rayos luminosos que salen de sus manos, algunos quedan como cortados y no caen en la tierra. Ella le respondió: "Esos rayos que no caen a la tierra representan los muchos favores y gracias que yo quisiera conceder a las personas, pero se quedan sin ser concedidos porque las gentes no los piden". Y añadió: "Muchas gracias y ayudas celestiales no se obtienen porque no se piden".

Después de las apariciones de la Sma. Virgen, la joven Catalina vivió el resto de sus años como una cenicienta escondida y desconocida de todos. Muchísimas personas fueron informadas de las apariciones y mensajes que la Virgen Milagrosa hizo en 1830. Ya en 1836 se habían repartido más de 130.000 medallas. El Padre Aladel, confesor de la santa, publicó un librito narrando lo que la Virgen Santísima había venido a decir y prometer, pero sin revelar el nombre de la monjita que había recibido estos mensajes, porque ella le había hecho prometer que no diría a quién se le había aparecido. Y así mientras esta devoción se propagaba por todas partes, Catalina seguía en el convento barriendo, lavando, cuidando las gallinas y haciendo de enfermera, como la más humilde e ignorada de todas las hermanitas, y recibiendo frecuentemente maltratos y humillaciones.

En 1947 el santo Padre Pío XII declaró santa a Catalina Labouré, y con esa declaración quedó también confirmado que lo que ella contó acerca de las apariciones de la Virgen sí era Verdad.

Malachi Martin nos da: PISTAS Sobre el TERCER SECRETO



sábado, 24 de noviembre de 2018

EL PADRE PIO HABLA SOBRE EL ABORTO


"Cuando veas un alma que anuncia el aborto como un acto benigno, sabrás que en ella reina el príncipe de las tinieblas y que está en peligro de muerte eterna. ¡Ay, de nosotros, si consentimos con ese miserable y mortal pecado! No osemos tomar el lugar del Creador y no permitamos que ningún hombre lo haga. Y no seamos cómplices de este crimen maldito por culpa de nuestro silencio o nuestra tibieza."

"El día que las personas dejen de horrorizarse por el aborto será el día más terrible para la humanidad. El aborto no es sólo un homicidio, sino también un suicidio. ¿No deberíamos tener la valentía de manifestar nuestra fe frente a los que cometen dos crímenes en un solo acto?"

miércoles, 21 de noviembre de 2018

DOS ARQUITECTOS DE LA REVOLUCION


"Los avisos no habían faltado, pero, como hoy, se había creado una conspiración del silencio."


Dos hombres dominan la pre-Revolución: Voltaire y Rousseau. 

“Rousseau —decía Veuillot— sigue a Voltaire como el castigo sigue al crimen” y con una palabra ejecutaba a Voltaire: “Voltaire, tan conocido, no fue más que un hombre en el anonimato durante toda su vida. Asestaba sus golpes por la espalda a la vuelta de una esquina, envuelto en su capa”. Una tarde de marzo de 1894, el abate Garnier daba una conferencia en Argenteuil. Recordó las palabras de Voltaire: “Mentid, mentid, siempre quedará algo”. Fue requerido por un oyente para que dijera en qué línea, en qué página, en qué capítulo se encontraba esta frase. “Os daré la respuesta, en el Peuple Français”, respondió el abate. Mantuvo su palabra y el 16 de marzo de 1894 publicaba la referencia prometida: “La frase que he citado se encuentra en una carta escrita a Thiriot, con fecha 21 de octubre de 1936; en ella Voltaire añadía incluso esto: ‘Hay que mentir como un demonio, no tímidamente, ni por algún tiempo, sino osadamente y siempre’ “. Se comprende la frase de Veuillot sobre Voltaire cuando decía que éste “asestaba sus golpes por la espalda”.

Cuando en plena Revolución, Condorcet dijo: “Voltaire no ha visto todo lo que hacemos, pero ha hecho todo lo que vemos”, sabía lo que decía. 

Todo esto era el resultado del “abominable complot” que había previsto Pío VI; el mismo complot que descubría María Antonieta en 1790 y que le hacía escribir a su hermano el emperador Leopoldo II: “Tened mucho cuidado, ahí (en Austria) con cualquier asociación de francmasones. 
Ya os lo habrán advertido; por este camino es por el que todos los monstruos de aquí cuentan con llegar al mismo fin en todos los países”. 

Los avisos no habían faltado, pero, como hoy, se había creado una conspiración del silencio. 

En 1785, un sacerdote apóstata austríaco, llamado Lang, fue herido por un rayo cuando llevaba importantes mensajes del jefe de la Masonería de los Iluminados de Baviera, el doctor Weishaupt. Los papeles que se le encontraron permitieron el arresto de los principales afiliados. Tuvo lugar un proceso cuyas piezas de autos fueron hechas públicas por el Elector de Baviera, con el fin de informar a todas las potencias cristianas del complot tramado contra todas ellas. 

El abate Burruel los publicó también, cuando estaba en el exilio en Hamburgo, en 1795, en sus Memorias para servir a la historia del jacobinismo“. Podemos leer en ellas esta consigna de Weishaupt:

“Los francmasones deben ejercer el imperio sobre los hombres de cualquier Estado, de cualquier nación y de CUALQUIER RELIGIÓN, dominarlos sin ninguna violencia externa, mantenerlos unidos por vínculos duraderos, inspirarles UNA MISMA IDEA, animarles de un mismo espíritu, en el mayor silencio y con toda la actividad posible, dirigir a todos los hombres de la tierra hacia el mismo fin.

EN LA INTIMIDAD DE LAS SOCIEDADES SECRETAS ES DONDE HAY QUE SABER PREPARAR LA OPINIÓN’’. 

Verdaderamente, sería una singular crítica histórica la que quisiese ignorar lo que está entre los bastidores de la historia. 

En junio de 1895, se abre una discusión en El Rappel sobre el origen de la divisa: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Un miembro de la logia Unidad Masónica, M. Henry Vaudémont escribe al periódico: “El origen de la divisa republicana: Libertad, Igualdad, Fraternidad, es conocido desde hace largo tiempo: era la de hace cerca de un siglo y es todavía, la de la francmasonería. 

Si estaba en germen en el Juramento del Jeu de Paume, si fue aprobada por el Club de los Cordeliers y preconizada por el impresor Momoro, es simplemente porque la mayoría de los hombres que dirigieron en sus comienzos el inolvidable movimiento de 1789, eran francmasones.

La Iglesia Ocupada (Jacques Ploncard d Assac) Capítulo III


REFLEXIONES EN TIEMPO DE CRISIS



Uno de los primeros guerreros-sacerdotes de la Resistencia Católica contra el Vaticano II, fue el Padre James Dumphy, un padre de La Salette de St. Louis. Al predicar misiones de fin de semana a los católicos tradicionales en la década de 1970, uno de sus temas habituales fue la bendición de vivir durante una gran apostasía. Su expresión concisa fue que la apostasía nos obliga a "ser un santo o un satanista".

"La historia de la Iglesia Católica está llena de santos (especialmente los mártires) que estuvieron solos por la Verdad, sufriendo el abandono, la calumnia y el ataque."