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sábado, 12 de septiembre de 2015

El Santo Nombre de María: Padre Rodríguez Villar



Meditaciones sobre la Santísima Virgen María
Por el Padre Rodríguez Villar
1961


   Hoy meditamos en la fiesta del nombre de María, la fiesta del día del Santo de la Santísima Virgen, ¡Gran día, gran fiesta debe ser para sus devotos, para sus hijos amantes!

   Nadie podía darle un nombre completo y adecuado sino el mismo Dios, y ese nombre es ¡María!

   Se comprenderá cual será esta grandeza si es Dios el autor del mismo. Por eso el Evangelio que tan pocas palabras dice de la vida de la Santísima Virgen, no omite este detalle de tanta importancia, y expresamente dice: “y el nombre de la Virgen era María”.

   Deduce de aquí cómo debemos respetar y venerar este santísimo nombre y cómo después del nombre de Jesús no hay otro ni más santo, ni más dulce, ni más útil, para nosotros, que el nombre de María. Si el nombre de Jesús es santificador, también santifica el nombre de María si sabemos pronunciarlo con todo el respeto y amor que se merece. ¡Cuántos milagros efectuados con la invocación del nombre de María! No hay nada más dulce a las almas santas, ni más provechoso a las almas pecadoras, que juntar esos dos nombres benditos de Jesús y María y pronunciarlos e invocarlos muy a menudo para acostumbrarse a sacar de ellos la inmensa utilidad que su frecuente repetición lleva a las almas. ¿Lo dices muchas veces con verdadero fervor, especialmente en las tentaciones, dificultades, contrariedades y penas de la vida?

   Es muy importante meditar lo que significa. Se dan más de 300 significaciones del nombre, y fue providencia del Señor que significase muchas cosas y muy buenas todas, para darnos a entender que en la Santísima Virgen se recopilan todas las excelencias y perfecciones.

   1° Hermosa.- La hermosura por excelencia. “Hermosa como la luna”, la canta la Iglesia, porque así como en las oscuridades de la noche, donde todo es feo y triste, aparece la luz plácida, serena y bella de la luna, destacando en medio de las tinieblas y brillando más que todas las estrellas juntas, así María destaca y descuella por su blanca hermosura y la comunica a todos los que de Ella quieren participar.

   También la dice Tota pulchra. Toda hermosa. Esto es que en Ella no hay nada que no sea hermoso; su cuerpo, su alma, sus ojos, sus sentidos, su corazón… todo; porque en Ella no hay nada feo, ni manchado con ninguna cosa que mancille esa hermosura.

   2° Señora y Dominadora.- Y qué cierto es que es verdadera Señora –nunca fue esclava, ni sierva del demonio, del pecado, de las pasiones. Sólo esclava del Señor, pero por eso mismo Reina y Señora. El pueblo cristiano así lo entiende y por eso la llama Nuestra Señora. Recuerda cómo es Señora de los Ángeles que se glorían en poderla servir. Los ángeles fueron muchas veces sus criados; en la Anunciación, en la huída a Egipto, en la cueva de Belén, en el mismo Calvario, ángeles de dolor fueron a sostenerla y a llorar con Ella. Es Señora de los demonios, que la temen y al oír tan sólo su nombre, huyen. Ante este santo nombre doblan las rodillas los Cielos, la  tierra y los abismos. El demonio teme a la Señora, aún más que a Jesús, pues así Dios lo quiso, para que la humillación fuera mayor y más admirable el triunfo de María.  Es, en fin, Señora de los hombres, pero Señora y Reina de misericordia. Jesús ha dividido su reino y su cetro, y, quedándose Él con la justicia como Juez que es de vivos y muertos, ha dado a María el poder de la misericordia. Su Majestad y grandeza no ofende, no aterra, sino que arrastra amorosa, pero violentamente, aunque sea muy dulce esta violencia. Por eso es Reina y Señora de corazones.  Nadie sino Ella, tiene derecho a mandar en nuestro corazón.

   3° Mar y estrella del mar.- El mar es el conjunto de todas las aguas de la tierra y del cielo, que caen por medio de la lluvia y a él van a parar. Así, dice el Génesis, que al crear Dios la tierra, reunió todas las aguas en un punto y las llamó el mar. Del mismo modo sucedió con María; todas las gracias que el Señor repartió entre todas las criaturas, ángeles y hombres, las reunió en María, y por eso, es el mar de gracias, donde se encuentran todas las que queramos buscar.

   Del mar se levantan las nubes, que luego caen en forma de lluvia a fecundar la tierra; así derrama María del océano inmenso de sus gracias, las que hacen fructificar a las almas en virtud  y santidad.  Las aguas del  mar son amargas, como fueron amargas las penas del corazón de María, verdadero mar de amargura, pues sufrió más que todos los corazones juntos en la Pasión de su Hijo. Por eso, se la llama Reina de los Mártires, por haber padecido más que todos ellos. En fin, es Estrella del mar porque es la luz que guía a los navegantes de este mar del mundo, del mar de las pasiones, en el que fácilmente podemos naufragar, en el que navegamos generalmente a oscuras, pues en todo instante nos ciega el amor propio y la fuerza de la pasión dominante.  Ella es la estrella que está en lo alto para que siempre la podamos mirar, siempre la podamos encontrar. Por eso la colocó Dios tan alto, para que desde cualquier parte la veamos.  Pero por eso mismo también, no la podemos ver si no levantamos los ojos, cuanto más los bajes a ver cosas de la tierra, menos la encontrarás.


   Trabaja por imitarla y tenerla siempre delante, repitiendo sin cesar este dulcísimo nombre.         

martes, 8 de septiembre de 2015

El pensamiento de la muerte: Por San Antonio María Claret



Es tan saludable el pensamiento de la muerte, que hace reformar la vida.
Domingo XV después de Pentecostés


   Todos nacemos para vivir y vivimos para morir. No hay grande, ni pequeño, rico ni pobre que pueda arrancar la raíz de la muerte. Por más que sean hijos de los más sabios, de los más valerosos y de los más astutos. Ni el poder, ni el regalo, ni la gloria del mundo libran de la muerte y el sepulcro. Este fin tuvieron tantos famosos monarcas, tantos valientes capitanes, tantos escritores sabios, tantas mujeres hermosas. Este es el fin que han tenido cuantos nos precedieron y este en fin, el que tendremos cuantos vivimos en el día. Este golpe es inevitable. Hubo un momento en que abrimos los ojos a la luz y fuimos escritos en el libro de los nacidos; pero infaliblemente tiene que llegar otro, en que cerrados nuestros ojos, seremos inscritos en el libro de difuntos. Esta es disposición del Altísimo que no puede fallar.

   Esta certeza de que hemos de morir nosotros debe hacer que nuestro pensamiento se concrete sin distraerse a esta consideración. Muchos de vosotros viviréis tal vez olvidados de este pensamiento, procurando apartar de él vuestra memoria por lo que en sí tiene de triste. La ley común nos obliga a todos a morir, así es que aunque os olvidaras de la muerte, no puedes evitar el golpe. Os conviene, pues, tenerla presente. Aquel que tiene siempre presente el recuerdo de la muerte, juzga muy bien de las cosas y dirige acertadamente sus acciones: por el contrario, el que rehúye pensar en ella, se expone con un gran riesgo a tener una muerte desgraciada.

   Dios aunque ha hecho todas las cosas que vemos y otras infinitas que no vemos, llevando todas el signo de su soberana omnipotencia, y el pasmo de nuestra admiración, sin embargo, por lo que a mí atañe no sé con toda verdad si ha hecho cosa mayor, ni que nos dé a entender mejor su altísima soberanía, y nuestra humilde bajeza, que el haber creado la muerte  y habernos a todos sujetado a ella, sin que edad, sexo, ni condición alguna la pueda resistir. Desde hoy en otros cien años en adelante, ya estaremos muertos todos los que al presente vivimos. Veréis muchas veces, que no se lleva al viejo que está como de estorbo en este mundo, que no sale, ni sirve para otra cosa que para estar en la cama motivando cansancio y fastidio, sino al padre de quien depende para su sostenimiento una numerosa familia, y que por lo tanto ha de hacer mucha falta. Veréis como deja libre a un hermano que nunca podrá dar a la casa el más mínimo provecho, y descarga su golpe mortal sobre el hermano robusto en quien estaban cifradas todas las esperanzas de la parentela. Veréis cómo nada le dice por muchos años a un pordiosero que va mendigando por las calles, y que no tiene para descansar por las noches más que cuatro pajas arrinconadas en una choza, y descarga su fiero golpe sobre un soberano. La muerte no se ahorra con nadie. A ninguno respeta, a nadie teme y a todos mata.

   Sí, fieles míos; una hora y un momento tiene que llegar para vosotros en que habéis de morir, dejando todas las cosas de este mundo, aunque ahora, y aun días antes a la muerte gocéis de perfecta salud, os halléis con fuerzas, y nada os falta del necesario sustento. Sí: prefijado está por Dios un año, un mes, una semana, un día o una noche, una hora y un instante, en que cada uno de vosotros, lo mismo que los demás, dejando de existir en este mundo, se encuentre yerto cadáver, metido en un hoyo. Debemos pensar en la muerte, sabiendo con toda certeza que a todos nos ha de tocar; y mayormente no ignorando que a ella se nos ha de seguir una felicidad sin fin si obramos bien en este mundo, y acabamos nuestra vida en gracia, o una desdicha eterna si viviendo mal terminamos nuestra existencia en pecado mortal. ¿Qué pensamiento más saludable que este, que contemplando nuestra miseria y la brevedad de la vida, nos haga entrar en nuestros deberes, y respetar con religioso temor la justicia de nuestro Dios?

   Una persona que está convencida de que momento ha de llegar en que ha de morir, un cristiano instruido en que después de la muerte hay otro vida, y que de aquel mismo instante en que muere, pende su dicha o su infortunio; el premio de la gloria o el castigo del infierno; una felicidad sin fin o una condenación eterna, no puede menos de arreglar su vida al Evangelio, regulando su conducta, profesando un odio sempiterno al pecado. Contemplando aquella hora en que ha de despedirse de todo cuanto hay en este mundo, no puede menos que considerar vivir en continuo estado de gracia, santificando así su vida a fin de que su muerte sea santa. Para el pecador la muerte es cruel. Un mudo un cadáver, nos instruye de la brevedad y miseria de la vida humana; y nos imprime en el fondo del corazón la doctrina celestial de desprendernos de todo lo caduco, para inclinarnos sólo a lo eterno. San Agustín dice que es mayor la elocuencia y eficacia de un difunto que la de los más famosos predicadores de este mundo. Convencido estoy en verdad, de que mirándolo todo cristiano reflexivamente, aborrecería la lujuria, depondría la venganza, evitaría la murmuración, detestaría la avaricia; le haría renunciar para siempre a todos los vicios, abrazar las virtudes, y no las dejaría hasta el fin de su vida. Procuraría frecuentar lo Sacramentos para vivir siempre en gracia, maceraría su carne con ayunos y asperezas y se entregaría de lleno a la piedad. Recuerden que han de rendir cuentas a Dios muy rigurosas y exactas. ¿Y si esta noche fuera la última de mi vida? ¿qué será de mi? Tú que me oyes, y estás enredado en algún vicio, preso con las pesadas cadenas del pecado,  siendo por esto enemigo de Dios, y hallándote cautivo del demonio, abre los ojos y échate a llorar el estado infeliz e que te hayas, y el destino tas desgraciado que te espera; aborrece todo pecado y conviértete a tu Dios que piadosamente te llama, y misericordiosamente te espera para perdonarte. Vive desde hoy en adelante como si no hubiera mañana para ti. Este es el mejor modo de prevenir una buena muerte.  El que es amante de la ociosidad o invierte largas horas en el juego, pregúntese: estos ratos que empleo en el juego o que estoy ocioso sin hacer nada, ¿de qué me servirán a la hora de mi  muerte? Mejor emplea ese tiempo en el exacto cumplimiento de tus obligaciones, en encomendarte a Dios pidiéndole su divina gracia o en recibir con fervor los sacramentos. El que es un mal hablado, el que asiste a los bailes, el deshonesto, la mujer adúltera, el que quebranta las fiestas, el que no ayuna, el que murmura, el que hurta, pregúntense de qué me servirá esto en la hora de mi muerte?   Contempla que en aquel momento sólo alegra y aprovecha lo bueno que se haya practicado. Advierte que lo malo entristece, conturba, asusta y condena a un infierno sin fin: no lo hagas, mira que te condenas.

   Acostumbrémonos a morir todos los días. Esta es una excelente medicina para el alma, y tan saludable que hará que nos apartemos para siempre del pecado, que practiquemos las virtudes, que vivamos en gracia, y cuando ocurra nuestra muerte, que se nos corone con la gloria.  Amén.

   Arrojémonos contritos y humillados a los pies de Dios y digámosle:
   Dulcísimo Señor: Vos quisisteis que se nos ocultase el momento de nuestra muerte, para que la misma incertidumbre de aquel momento nos obligase a estar siempre bien dispuestos. ¡Ah mi amable Redentor! ¡Cuán triste fuera mi suerte, si en vez de emplear vuestra misericordia conmigo, hubieras echado mano de vuestra justicia! ¡Ah bondad excesiva de un Dios siempre amoroso!¡Qué lágrimas debería yo derramar en testimonio, pues agradezco sobremanera una bondad como la vuestra! Te digo de todas veras que me pesa el haber pecado, que me pesa millares de veces el haberos ofendido. Misericordia, Jesús mío, misericordia y gracia, para poder conseguir con ella las dulzuras inefables de vuestra gloria. Así sea.

   

EL "REGALITO" DE FRANCISCO PARA LA FSSPX



Las concesiones otorgadas a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X con motivo del “Año Jubilar de la Misericordia” y el agradecimiento de la FSSPX por el “favor” recibido, son un gran escándalo para todos los católicos que quieren permanecer fieles a nuestra sacrosanta religión católica. Es un escándalo para cualquier católico que ame la verdad y que por lo tanto odie el error.

Primeramente el año jubilar es convocado para celebrar y dar “gracias” por el 50 aniversario de la conclusión del Concilio Vaticano Segundo, que como muchos ya saben esta plagado de errores  y fue la legalización del espíritu liberal de la revolución francesa en la Iglesia. El CV II adoptó los principios masónicos de libertad, igualdad y fraternidad mediante la institucionalización de la libertad religiosa, el ecumenismo y la colegialidad. ¿Cómo se puede dar gracias con un año Jubilar por este motivo? ¿Francisco a quién quiere dar gracias? Es claro que, ¡a la Santísima Trinidad no! ¿Quiere dar gracias entonces al “dios” cosmos que inventó en su nueva encíclica Laudato Si? Pues bien el Concilio Vaticano II y sus frutos van en contra de la voluntad de Dios. Entonces Francisco “usa” de un año Jubilar para agradecer tal catástrofe en la Iglesia. Parece que se burla de los que todavía tienen la Fe Católica.

Francisco quiere que como fruto del año jubilar tengamos un encuentro con el judaísmo y el islam ( “este año Jubilar vivido en la misericordia pueda favorecer el encuentro con estas religiones y con las otras nobles tradiciones religiosas, nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor..”). ¿Cuál es la relación de la única Verdadera Religión Católica con las religiones falsas antes escritas? Ninguna. Pero Francisco ya no profesa la religión católica profesa la religión del Vaticano II la cual es otra muy distinta a la que hemos recibido del Magisterio auténtico de la Iglesia.

La Fraternidad San Pío X debió haberse deslindado del año jubilar y rechazar el “regalito” del reconocimiento de Jurisdicción Ordinaria para escuchar confesiones. Dos enemigos en guerra jamás se envían ni se aceptan regalos. Es evidente que la FSSPX no esta en guerra contra los errores de la iglesia conciliar ni de aquellos prelados que los perpetúan.

Por el contrario antes bien, mons. Fellay en su Carta a los Amigos y Benefactores No. 84 dijo: “¿Habrá que privarse por ello de las gracias de un Año Santo? Todo lo contrario. ¡Cuando las compuertas de la gracia se abren, hay que recibirla en abundancia! Un año Santo es una gran gracia para todos los miembros de la Iglesia. Vivamos, pues, de la verdadera misericordia, como nos lo enseñan todas las páginas del Evangelio y de la liturgia tradicional.”  

El objetivo de este año “Santo” de Francisco es el “encuentro” ecuménico con las demás religiones falsas, es el deber de un obispo católico  denunciar el error y reafirmar la Fé, esto no se ha hecho y es una omisión grave.

Peor aún la FSSPX agradece el favor de Francisco en conceder “validez y legitimidad” a los Sacramentos de la Penitencia administrados por sus sacerdotes. Sabemos bien que esa concesión no es necesaria aceptarla porque los sacerdotes de la FSSPX administran ese Sacramento válido y lícito mediante la jurisdicción extraordinaria por el estado de necesidad que los mismos conciliares generaron. Entonces bien, si no rechazan esa “concesión” significa que aceptan que ya no hay estado de necesidad y entonces ya no hay motivo por el cual resistir. La aceptación de este regalo es un mensaje oculto dirigido al católico tradicional, que está en lucha contra del modernismo, de deponer las armas y entregarse a la iglesia de Francisco. En estos tiempos apocalípticos podemos citar aquellas palabras de Nuestro Señor “..esta es la hora del poder de las tinieblas..”

Rezemos para que la Santísima Virgen María aplaste la cabeza del dragón junto con sus  herejías y errores, que despierte el verdadero celo por la verdad, celo por la salvación de las almas y nos proteja en estos tiempos en los que muchos prelados y sacerdotes de su Hijo amado han claudicado.

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