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martes, 6 de enero de 2015

DISCURSO SOBRE LA SOLEMNIDAD DE LOS REYES MAGOS.




“¿Donde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella y venimos a adorarle”. (Mat. 2)

La Sabiduría divina se ofrece a todos, pero pocos son la que la buscan, así como la noticia del nacimiento fue dada a unos pocos y estos eran pastores, sobre esto dice el el santo Job: “No conoce el hombre su precio, ni se halla en la tierra de los que viven deliciosamente. El abismo dice: no está en mi; y el mar habla: no está conmigo”. Este texto de la Sagrada Escritura nos quiere mostrar que hay clases de hombres incapaces  de alcanzar la Sabiduría como lo son; el hombre vano, el injusto,  el hombre lujurioso, el hombre impío esto es vano en el alma, lujurioso en el cuerpo, el impío para con Dios y el injusto contra el prójimo. Así pues estas cuatro clases de hombres son enteramente contrarios a las enseñanzas de la Sabiduría y están en condiciones opuestas a la misma.

Ahora bien para que el hombre sea discípulo de Ella es menester que revista su espíritu de piedad, santidad, castidad y justicia, para que desaparezcan de el los cuatro impedimentos. Nos es necesario en todo que nos revistamos de la virtud de lo alto, puesto que no hay nadie que no tenga algo de voluptuosidad, o de vanidad, o de impiedad, o de maldad. Por lo tanto, imploremos al Espíritu Santo, que disponga y enseñe a los discípulos, que es el preparador y el maestro para que nos consiga su gracia y por medio de ella alcancemos las gracias que en esta solemnidad se nos otorgan o se nos dan a los que piadosamente la celebran.

¿”Donde está el Rey de los judíos que ha nacido?”. En este texto de San Mateo se nos explica el asunto de la presente solemnidad, que es la venida de los Reyes Magos de oriente. Estos Reyes fueron no solo las primicias de los cristianos, sino también como el fundamento de la fe cristiana y los iniciadores de la fe cristiana entre los gentiles. La Iglesia tanto latina como la griega solemniza actualmente la venida de los Reyes orientales con solemnidad espiritual.

Por eso la Iglesia universal la celebra con tal devoción para alcanzar de ellos la fe de los mismos y nos explica la fe de los Magos para que los imitemos. Ahora bien, los hábitos se conocen por los actos, la fe de los Magos se explica aquí con relación a un triple acto, a saber el acto intrínseco, el acto precedente y el acto subsiguiente, en otras palabras, el acto intrínseco es creer en Dios simple y llanamente; el acto precedente es cuando se cree por la vista como los milagros y el caso subsiguiente es cuando uno se determina a creer en Dios, o sea a rendirle culto. San Mateo nos insinúa el acto intrínseco de los Reyes Magos, al decirnos: “Donde está el Rey de los judíos que ha nacido?”. Insinúa el acto precedente cuando dicen: “Vimos su estrella en el oriente” y toca el acto subsiguiente cuando dice: “Venimos a adorarle”. Como si dijera: le buscamos porque vimos su señal, que nos lleva por la mano y venimos a ofrecerle el debido culto.

En primer término nos explica la fe de los Magos en cuanto al acto intrínseco que es creer en Dios, diciendo: “Donde está el Rey de los judíos que ha nacido”.  El buscar a Dios nos hace notar la fe de los Magos. Dice el Apóstol: “Es necesario que el que se llega a Dios, crea que hay Dios y que es remunerador de los que le buscan”. 

Los Magos creyeron en esto por eso dijeron claramente: ¿Donde está el que ha nacido? Pero considerando superficialmente la venida de los Reyes podría alguno reprocharlos y tenerlos por locos. La razón es evidente, ¿Por qué motivos unos hombres hechos y sabios vinieron a buscar al niño? ¿Qué harán con este Niño, que no puede hablar ni contestarles? ¿Por qué causa unos Reyes poderosos y ricos vinieron a un Niño pobrecito? ¿Qué razón hay para que unos Reyes grandes vinieran a buscar al Rey de los judíos? 

La nación estaba sometida a Roma; por eso los romanos dominaban en el reino de los judíos. Además, este niño era tenido en nada; ninguno de los judíos se preocupaba de él. Aun más: parecía cosa monstruosa que unos Reyes libres y gloriosos, dejando sus tronos, vinieran a buscar a un niño. Más si lo consideramos exteriormente, no daría respuesta a la pregunta de los Magos. Objetaremos o los trataremos como necios, porque siendo ellos sabios, vinieron a buscar a un niño: siendo ricos a un pobre; siendo gloriosos y sublimes, a un rey tenido por nada. Estos son los secretos de la fe que, considerados superficialmente no son de ningún valor, pero meditados diligentemente, contienen grande y noble razón de ser. Por lo tanto consta, que estos Magos buscan al nacido Rey de los judíos, niño pobrecito y tenido en nada y por ello los Magos fueron grandes, ricos y gloriosos. Y esto, ¿Por qué?

Considéralo y lo veras. Buscaban a un rey pequeño por su concepción materna, pero sempiterno por la generación paterna y, por consiguiente admirable y digno y muy digno de ser buscado. Esto es lo que precisamente el Ángel le dijo a la Virgen: “He aquí que concebirás en tu seno y darás a luz un hijo. Este será grande y será llamado el Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David su padre, y reinará en la casa de Jacob por siempre y no tendrá fin su reino”. Darás a luz un niño y, sin embargo, es Dios eterno; por eso dice este será grande y, en consecuencia, le dará el Señor Dios el trono de David, su padre.

Todo este misterio es profundo y desconcertante para aquellos que, en su momento, lo vieron y escucharon al grado de conturbarse toda Jerusalén incluyendo a sus sacerdotes y es el Espíritu Santo quien, por boca de Miqueas, les da la respuesta a los Magos: “Y tú, Belén de Efrata, pequeña eres entre todos los millares de los pueblos de Judá; pero de ti me saldrá el que será dominador de Israel y su salida desde el principio, desde los días de la eternidad”.

Pero si bien lees verás que hay un error en las palabras antes mencionadas, porque en la Vulgata se lee: Et tu Bethlelehem terra Juda, neququqm minima es in principibus Juda: Ex te enim exiet dux, qui regat populum meum Israel por favor no las atribuyas al Espíritu Santo sino a la malicia de los informantes que las mutilaron. El Espíritu Santo explica a los Magos y a los cristianos que Cristo no nació en Jerusalén, sino en Belén. Es verdad que es el Rey eterno, pero nacido en el tiempo y hecho niño; por eso quiso recostarse en un pequeño lugar.


Pero ¿Por qué el Dios eterno nació en el tiempo y se hizo niño? Carísimo esto es lo que movió a los magos. El Dios eterno en el tiempo y se hizo niño para este fin: para que el hombre se hiciera hijo de Dios; y nació con segundo nacimiento en el tiempo para que tú, hijo del hombre, con segundo nacimiento, volvieras a nacer en el bautismo, te hicieras hijo de Dios y de esclavo que eras te volvieras libre y siendo pequeño te hicieras digno del reino de los cielos. La Sagrada Escritura atestigua la verdad de esto; por eso dice el Apóstol a los Gálatas: “Cuando vino el cumplimiento del tiempo, envió Dios a su Hijo, hecho de mujer, hecho sujeto a la ley, para redimir a los que estaban debajo de la ley, para que recibiésemos todos la adopción de hijos”. ¿De qué hijos? Ciertamente de los hijos de Dios: “Por cuanto vosotros sois hijos, Dios ha enviado a vuestros corazones el Espíritu del Hijo, que clama. Abba, Padre”. 

El Hijo del Rey eterno se hizo el Hijo de la Virgen, y el nacido en la eternidad, nació en el tiempo, para que el hombre, nacido en la carne, renaciera en el bautismo. Por eso dijo el Señor a Nicodemo en San Mateo: “No puede entrar en el reino de Dios sino el que renaciere de nuevo. Contéstale Nicodemo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Acaso puede volver al vientre de su madre y nacer otra vez? Jesús le respondió: en verdad en verdad te digo que no puede entrar en el reino de Dios sino el que fuere nacido del agua y del Espíritu Santo”. 

En virtud de estas palabras de Nuestro Señor tenemos dos nacimientos; el uno es el carnal de Adán, con el cual todos nacemos hijos de la ira divina; el otro espiritual de Cristo, nacido de la Virgen, con el cual nacemos hijos de la gracia. “Reconoced vuestra dignidad y no queráis volver a la primera vileza con vida degenerada” (Jo. 3, 6) Lo que nació de la carne, carne es; lo que nació del espíritu, espíritu es” (cf Rom 8,5, Gal 4, 31) Reconozcamos nuestra dignidad nobilísima, que nos viene de nuestro nacimiento espiritual. Los Reyes Magos preferían el nacimiento espiritual al carnal; por eso vinieron a la tierra en que debió nacer Cristo.

sábado, 3 de enero de 2015

TERCER DISCURSO DE NAVIDAD: San Buenaventura



DE LA MANIFESTACIÓN DE CRISTO A LOS PASTORES.

El tema que a continuación tratamos nos habla del nacimiento de Cristo y de sus manifestaciones al mundo, a quién venía a salvar. Los principios que nos mueven a esta exposición. El primero es que siendo tan necesaria la fe en la humanidad de Cristo como la fe en su divinidad para alcanzar la salud, Dios Padre de tal manera revela al mundo la venida de su Hijo, que una y otra quedan confirmadas. La edad moderna siente dificultad en creer en la divinidad de Jesucristo, pero la antigua la tenía también para creer en su humanidad; y Dios de tal manera ordenó las manifestaciones del Salvador, que sirvieran de argumento para la fe en ambos misterios.
Las señales ofrecidas a los mortales serán suficientes para hacer razonable la fe en los hombres de buena voluntad; pero no tan deslumbrantes que hagan psicológicamente imposible la incredulidad de aquellos que carecen de esa buena voluntad. Finalmente, las señales son acomodadas a la mentalidad de las personas a las que se dirigen, como obra que son de la divina sabiduría.

LOS PASTORES

Así pues su primera manifestación es ante los pastores que cuidaban sus rebaños en aquella hermosa noche de su natividad.
La vida pastoral suele presentársenos en la Sagrada Escritura como la vida más apta para vivir una vida inocente. En el génesis se nos ofrecen los dos primeros hijos de Eva como representantes de las dos profesiones conocidas por los hebreos, y Abel era pastor, mientras que su hermano trabajaba la tierra. Los patriarcas de Israel eran también pastores, cuando Israel se instaló en Cannan y se dedicó al cultivo de aquella tierra, que manaba leche y miel, no faltaron familias que, para conservar la sencillez de sus costumbres, perseveraron en su vida pastoral. Al este y sudeste de Belén se extiende una región desértica, apta para servir de pasto a los ganados. Allí fue donde David pasó sus primeros años, guardando los rebaños de su padre Jesé y defendiéndolos de las fieras que lo acometían. Allí fue donde vivió el profeta Amós, uno de los pastores de Tecua. De estos pastores   estaban unos avecinados en los pequeños poblados de la región, como Belén y Tecua y éstos, en los meses invernales se acogían con los ganados a sus casas; otros, nómadas pasaban el año bajo sus tiendas, como lo hacen hoy muchas tribus beduinas; pero acudían a Belén para proveerse de lo necesario a sus vidas y para vender el producto de sus rebaños.

 Como ignoramos la época del año en que nació el Señor, no podemos precisar cuál de estos dos grupos de pastores serían los de la historia de san Lucas, el cual nos dice que “había en aquella región unos pastores que moraban en el campo. Y estaban velando las vigilias de la noche sobre sus rebaños. Y un Ángel del Señor se les apareció, y la gloria del Señor los envolvió con su luz y quedaron sobrecogidos de temor. Dios es Dios de luz, que, como dice san Pedro, habita en una luz inaccesible y así es la gloria o claridad que envuelve a los pastores- podemos suponer irradiada por el mensajero celeste- es una señal de ser la aparición aquella una aparición divina-. El mensaje del Ángel no puede ser más alegre y consolador: “No temáis, os anunciamos una grande alegría, que es para todo el pueblo: que os ha nacido un Salvador, que es Cristo Señor, en la ciudad de David”: ¡Cuantos siglos ha que Israel esperaba con ansia este Salvador, en quien se resumían todas las esperanzas del pueblo! Por fin ha llegado. Este Salvador no tiene nada que ver con el título de soter, salvador, que los reyes de Egipto y de Siria se daban, ni el que de algunas ciudades o provincias habían dado a Julio Cesar o a Augusto.

 El Salvador anunciado por el Ángel es el que trae la salud de Yavé, tantas veces prometida en el Antiguo Testamento. Y para confirmación de esto añade que el Salvador es el Mesías, el Cristo, que tiene el título de Señor Soberano. El que haya nacido en la ciudad de David significa, sin duda, que es el vástago prometido tantas veces a la casa de David, el restaurador de su reino, según otro mensajero celestial lo había anunciado a su Madre.

Y les da por señales: “Encontrareis al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Las señales son bien extrañas para el Mesías Señor; pero estas no podrían extrañar tanto a los pastores, que desconocían la suntuosidad de los palacios reales y no ignoraban que muchos hombres grandes habían tenido un inicio muy humilde. Sin salir de Israel, tenían ellos a José, que nació en la tienda, había llegado a ser Señor de Egipto; a Moisés que, salvado del Nilo, fue caudillo de su pueblo y más cerca, a David que, de pastor como ellos había sido exaltado al trono de Israel.

“Al instante se juntó con el Ángel una multitud del ejercito celestial, que alababa a Dios diciendo: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

El cielo confirma el mensaje del Ángel anunciando gloria a Dios en los cielos y paz a los hombres de buena voluntad. Según los oráculos de los profetas, la obra del Mesías seria una manifestación de bondad de Dios para su pueblo y para el mundo entero. La gloria que tiene por imagen la claridad, la define Santo Tomas, clara noticia cum laude

Y aquí es la noticia del gran misterio por el que los cielos alaban a Dios. Pero en la tierra es paz, la paz sin fin que prometió Isaías, mas no para quienquiera sino para los hombres bien dispuestos a recibirla, que para los impíos ya había dicho el mismo profeta que no había paz. Esta paz es un don de Dios, y no se da sino a los que están dispuestos a recibirla. Esta es la gran alegría que el Ángel anunciaba.
Los pastores convencidos de que habían sido agraciados con una visión divina, se encaminan a Belén, hallando ser verdad lo que el Ángel les había dicho. Y, llenos de alborozo, contaron a los padres del Niño y a los que encontraban la visión que habían tenido. “Y cuantos lo oían se maravillaban de lo que les decían los pastores”.

Santo Tomás con su clásico estilo, nos muestra la importancia que tiene el que el Señor se manifestara a los pastorcillos y no a la multitud, como solían hacerlo los reyes cuando nacía un miembro de la familia real, esto dice el angélico: “El nacimiento de Cristo no debió ser manifiesto a todos en común. 

Primero, porque esto impediría la redención humana, que se debía consumar en la cruz, pues, como dice San Pablo si lo hubieran conocido nunca lo habrían crucificado”. 

Segundo, porque esto hubiera disminuído el mérito de la fe, por la que venía a justificar a los hombres según la sentencia del Apóstol: “La justicia de Dios por la fe en Jesucristo”. (rom. 3, 22) Si al nacer Cristo, su nacimiento hubiera sido conocido con manifiestos indicios, se quitaba la razón de la fe, que es la convicción sobre cosas que no se ven. 

Tercero, porque con esto se hubiera inducido a dudar de la realidad de la humanidad, por donde escribe San Agustín: “Si los años no hubieran convertido al niño en adolescente, si no tomase alimento alguno, si no tomase descanso, se hubiera creído que tampoco hubiera tomado la naturaleza humana, y obrando en todo maravillosamente, ¿no hubiera destruído la obra de la misericordia?” Por otro lado, el Angélico nos dice: Por el contrario si el nacimiento no hubiese sido manifestado a nadie, a nadie le hubiese aprovechado. Pero convenía que fuese provechoso, pues de otro modo en vano hubiera nacido; luego parece que el nacimiento de Cristo debió ser manifestado a algunos. Y esto es lógico porque pertenecen al orden de la Sabiduría que los dones no lleguen por igual modo a todos, sino lleguen inmediatamente a algunos y de estos se extiendan a otros. Y así se dice del misterio de la resurrección  que “Dios resucitó a Cristo al tercer día y le manifestó, no a todo el pueblo, sino a los testigos escogidos por Dios de antemano” Esto mismo debió observarse en el nacimiento: que Cristo no se manifestara a todos, sino a algunos, y por estos llegase a otros”


Y, por este medio, quien escribe, les desea una feliz navidad y un prospero año nuevo en Jesucristo y su santísima Madre la virgen María.

DE LA CIRCUNCISIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO


Feliz año nuevo en Nuestro Señor Jesucristo y su santísima Madre, que ellos nos fortalezcan en el combate de la FE y la verdadera doctrina son los deseos del R. P. Arturo Vargas Meza a nuestros queridos lectores.


La circuncisión del Señor tuvo valor en su lugar y tiempo, pero ya no hay lugar para la antigüedad de la circuncisión; de donde así como la novedad de la gracia se ordena a tres tiempos diferentes, del mismo modo la antigüedad de la ley se refería a tres tiempos diferentes, pues hubo tiempo de circuncisión instituída, cumplida y prohibida; conforme a esto también hubo tres tiempos de la novedad de la gracia, a saber, el de la novedad prometida, manifestada y publicada: el primero antes de la venida, el segundo en la venida y el tercero después de la venida.

El tiempo de la circuncisión instituído fue desde Abraham hasta Cristo: por eso se dice en el Génesis: “Estará mi pacto en vuestra carne para la alianza eterna, todo varón de entre vosotros será circuncidado. El varón que no hubiera sido circuncidado en la carne de su prepucio, será raída aquella alma de su pueblo, porque invalidó mi pacto”. (Gen. 17, 13)

Pero en este tiempo se prometía la novedad de la gracia triforme conforme a la correspondencia de la figura y de lo figurado. Porque se daba la circuncisión en pacto, en remedio y en señal. En pacto cuando dijo: 

“Estará mi pacto en vuestra carne en señal, por lo que ahí se dice: “Será señal de alianza entre mí y vosotros; y en remedio, por lo que se añade: “El varón que no hubiera sido circuncidado en la carne de su prepucio...”

Conforme a esto se prometió en el tiempo de la ley la novedad del Testamento, la novedad del don gratuito y la novedad del premio eterno. En la antigua ley se prometía la novedad del testamento; por esto dice Jeremías: 

“He aquí que vendrá el tiempo, dice el Señor, y haré una Nueva Alianza con la casa de Israel y con la casa de Judá: no según el pacto que hice con sus padres de ellos; y luego: “Pondré mi ley en las entrañas de ellos y la inscribiré en sus corazones”.

Pero el cumplimiento de esta novedad no sucedió en el tiempo de la ley. De aquí que el Apóstol, en el capítulo 8 a los Hebreos, prueba, por esta autoridad, que las cosas legales cesaron; porque “consumaré sobre la casa de Israel y sobre la casa de Judá un testamento nuevo. Y aquí fue prometida la novedad del don gratuito; por esto leemos en Ezequiel: “Derramaré sobre vosotros agua pura y os purificareis de todas vuestras inmundicias”.

Esta promesa se hizo en el tiempo de la ley antigua, pero se cumplió en la nueva ley, por eso sigue el profeta Ezequiel: “Quitaré el corazón de piedra de vuestras carnes, y os daré un corazón de carne”. Los judíos tuvieron corazón duro; por eso les fue dada la ley escrita en tablas de piedra; por eso a nosotros se nos ha dado la ley escrita en corazones de carne; de donde la ley antigua fue dada para ablandar los corazones duros, pero la nueva se ha dado para iluminar por medio de la gracia. También se prometió en el Antiguo Testamento la novedad del premio eterno, por esto se lee en Isaías: “Como los cielos nuevos y la tierra nueva así subsistirá vuestra posteridad”. Esta renovación del cielo y la tierra se cumplirá después del juicio; por ello en el Apocalipsis, capitulo 21, se dice: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva”. Esto se prometía en el Antiguo Testamento y esto significaba la circuncisión y por lo tanto era como pacto, y como remedio y por eso duró hasta que llegara la verdad y entonces cesó.

Por lo cual se dice en el Levítico: “Comeréis lo más añejo de lo añejo y sobreviniendo lo nuevo desechareis lo añejo”. Los antiguos sacramentos, prometiendo y figurando la introducción de los nuevos, precedían al mismo tiempo su cesación y abolición de la ley antigua; y eso porque corren paralelamente la institución de la figura y la promesa de la novedad de la gracia.

En segundo lugar estuvo el tiempo de la circuncisión cumplida, por eso dice el Apóstol a los Romanos, cap., 15: “Digo, pues, que Jesucristo fue ministro de la circuncisión por la verdad de Dios para confirmar la verdad de los padres”. A tal fin recibió Cristo la circuncisión en su carne, para cumplir lo que varias veces fue prometido a los Padres, y eso porque en Él y por Él fue introducida y manifestada la novedad.

Sin embargo dice el Eclesiástico: “No hay cosa nueva debajo del sol”. Esto es verdad antes de la venida de Cristo, pero después de su venida es falso, porque su nacimiento era nuevo, nació de modo nuevo y de modo nuevo fue nombrado. Pues fue concebido fuera de la concupiscencia, nació sobre las leyes naturales y se le dio el nombre según la predestinación eterna, por eso se dice de Él Jeremías: “El señor ha hecho una cosa nueva sobre la tierra; una mujer encerrará dentro de sí al hombre”. Porque todas las otras mujeres concebían con concupiscencia, pero la bienaventurada Virgen concibió a Cristo sin varón y sin concupiscencia; y así empezó la novedad y con ella fue restituida la perfecta inocencia.

También nació de un modo nuevo, esto es, sobre las leyes naturales, pues salió cerrada la puerta. “Pareció a los judíos que les nacía una nueva luz, gozo, honor y festejos, en todos los pueblos. Nueva luz, porque en el nacimiento Cristo es comparado a la luz, pues así como la luz accesible pasa sin corromperse, así Cristo salió cerrada la puerta y como el sol naciente alumbra todo el mundo, así Cristo en su nacimiento iluminó todo el mundo.

Por esto, pues, Cristo quiso ser circuncidado y ser llamado de un modo nuevo con un nombre nuevo, para que, manifestada la novedad de la gracia, diera cumplimiento y acabara el poder de la figura, o sea la circuncisión hecha a mano; porque Cristo quitando lo antiguo del pecado, introdujo la novedad de las virtudes, y, por consiguiente, el tiempo de la gracia manifestada corre paralelo con el tiempo de la circuncisión cumplida.

Lo tercero fue lo de la circuncisión abolida sobre lo cual se lee en la carta a los Gálatas, cap.5: “Mirad que yo Pablo, os digo que si os circuncidáis, Cristo no os aprovecha para nada”. Ante los Romanos (cap. 2) “La circuncisión aprovecha si guardares la ley” donde pareciera que el Apóstol se contradice, pues aquí niega lo que allí afirma.

Pero está clara la solución de esta dificultad, porque al decir que la circuncisión vale si se guarda la ley, habla según el estado de la circuncisión manifestada y al decir: “Si os circuncidáis nos os aprovechará nada…” habla del estado de la circuncisión cumplida, la cual fue publicada por los documentos de los apóstoles, y esto cuando se podía decir: “El sonido de ellos se ha divulgado por toda la tierra. Y da la razón de esto diciendo: “Porque en Jesucristo ni la circuncisión vale algo ni el prepucio, sino la fe que obra por la caridad”. Y por este motivo abolía la circuncisión, porque ya era tiemplo de publicar la gracia, que libraba al hombre de la servidumbre de la ley antigua, según se dice en la epístola a los Romanos:

“Desobligados estamos de la ley muerta, a la cual estábamos sujetos, para que sirvamos en la novedad de espíritu, y no en antigüedad de la letra. Porque la antigüedad de la letra hace esclavos y la novedad del espíritu hace libres por cuya razón dice a los Romanos cap. 8: “Pues no habéis recibido el espíritu de la servidumbre para estar otra vez con temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción de hijos, por el cual clamamos Abba esto es Padre”.

Por la publicación de la novedad de la gracia de Cristo se desposó con una nueva mujer, hizo nuevo banquete nupcial y engendró nueva descendencia.






ORACIÓN QUE REZABAN LOS CRISTEROS


Oración que rezaban los cristeros después del rezo del  Santo Rosario:

  “Jesús misericordioso mis pecados son más que las gotas de Tu Preciosísima Sangre que derramaste por mí. No soy digno de pertenecer al ejército que defiende los derechos de Tu Iglesia y que lucha por Ti.
    Quisiera nunca haber pecado para que mi vida fuera una ofrenda agradable a Tus Divinos ojos. Lávame de mis iniquidades y límpiame de  mis pecados por tu Santa Cruz, por tu muerte, por tu Madre Santísima de Guadalupe.
 ¡Perdóname! No he sabido hacer penitencia por mis pecados, por eso quiero recibir la muerte como un castigo merecido por ellos. No quiero luchar, ni vivir, ni morir sino sólo por Ti y por tu Santa Iglesia.
   Madre mía de Guadalupe, acompaña en su agonía a este pobre pecador, concédeme que mi último grito en la tierra y mi primer cántico en el Cielo sea: ¡Viva Cristo Rey!

viernes, 2 de enero de 2015

“El pensamiento y los fines de Mons. Fellay”: R. P. Fernando Altamira



Queridos hijos:
Este domingo dentro de la octava de Navidad (infra octava) vamos a dejar de lado los textos para predicar sobre la situación de la Fraternidad San Pío X, en vistas al pensamiento y a las metas que tiene y que persigue Mons. Fellay.

El sermón en las ordenaciones sacerdotales en Argentina. Hace apenas una semana, el sábado 20 de diciembre, tuvieron lugar las ordenaciones sacerdotales en Argentina.

Mons. Fellay expresó allí, en su sermón, los siguientes conceptos:
Recordó que en la audiencia del 29 de agosto de 2005, Benedicto XVI le recriminó diciendo: "Ustedes se comportan como clérigos vagos apoyándose en un estado de necesidad subjetivo", “para que estén reconocidos como católicos hace falta solucionar los problemas o al menos intentar solucionarlos". Mons. Fellay dijo haberle respondido: "Santo Padre, usted tiene razón”.

Mons. Fellay habló allí de: "la importancia de estar reconocidos canónicamente. No se puede decir que no es importante tener la estampilla de católicos (nota:quiere decir el sello). ¡Hay que tener la estampilla!". "De ahí, nuestro interés de estar siempre en contacto con las autoridades romanas para obtener esa estampilla…”. "La iglesia oficial es la visible, ¡es la Iglesia Católica y punto!".

Palabras de Monseñor Lefebvre sobre la falsa iglesia del Concilio Vaticano II

 Mons. Fellay habla de la necesidad de obtener “una estampilla de católicos” de parte de la Roma actual con Francisco a la cabeza. Parecería que si no tenemos esa estampilla no somos católicos. Falso, falsísimo.

Repitamos cosas que ya hemos enseñado y escuchemos luego a Mons. Lefebvre.
Con esto de Mons. Fellay sobre tener la estampilla de católicos (como si no lo fuéramos), o –agrego yo- ideas parecidas, como estar en la Iglesia Católica (como si no lo estuviésemos), de RETORNAR a la Iglesia Católica (como si alguna vez nos hubiéramos ido), podemos preguntarnos:

¿Dónde hay “un católico”, dónde se ve “un católico”, dónde está la Iglesia Católica “hoy”, y si quieren “dónde está la estampilla de católico”?

 La Iglesia Católica estará y habrá un católico en cualquiera que guarde “LAS NOTAS” de la Iglesia, las notas del Catolicismo. La Iglesia es una, santa, católica y apostólica: Dos mil años de teología nos enseñan sobre las cuatro notas de la Iglesia. Habrá “un católico”, y se lo reconocerá como tal, en cualquier persona que guarde esas CUATRO NOTAS; esté donde esté.

Siendo esto así, en esta crisis de la Iglesia (tal vez la última crisis antes de la Parusía, antes de la vuelta de Nuestro Señor), mientras mantengamos la verdadera doctrina católica (sin cambiar nada), mientras mantengamos las cuatro notas de la Iglesia, no necesitamos de ninguna “estampilla” para que se nos diga católicos, ¡y menos de Francisco!

 La Nueva Religión y Nueva Iglesia formadas por el Concilio Vaticano II, la Iglesia Conciliar y la Religión Conciliar: ¿Guardan las notas del Catolicismo?

No, para nada. Entonces: ¿Quién debe volver, quién debe “retornar en la Iglesia”, quién necesita la estampilla de católico? La neo-Roma modernista, protestante y anticristo, como Monseñor Lefebvre decía, ella es la que debe retornar, ella es la que no tiene la estampilla de católico:

Esta falsa Roma debe abandonar todos los errores y herejías que han surgido desde el Concilio Vaticano II, volver a la Verdadera Fe Católica de donde nunca se debería haber ido.

Pero ya que Mons. Fellay parece no escuchar más a nuestro Fundador, escuchemos nosotros sus ya conocidas palabras.
Monseñor Lefebvre con todos estos conceptos
está hablando a sacerdotes, pero se aplica también a los fieles. Es el año 1988, ya estábamos próximos a su muerte (Revista Fidéliter nº 66); lo escuchemos entonces:

"Mis queridos amigos: (…) Ustedes continúan y representan de verdad la Iglesia, la Iglesia Católica. Creo que es necesario convencerse de esto (…) ¿Dónde está la Iglesia visible? La Iglesia visible se reconoce por las señales que siempre ha dado para su visibilidad: Es UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA".

Continúa Mons. Lefebvre: "les pregunto: ¿dónde están las verdaderas notas de la Iglesia? ¿Están más en la iglesia “oficial” (no se trata de la Iglesia “visible”, se trata de la iglesia “oficial”), o en nosotros, en lo que representamos, en lo que somos?"

"Queda claro que somos nosotros quienes conservamos LA UNIDAD DE LA FE, que desapareció en la iglesia oficial. Un obispo cree en esto, el otro no; la fe es distinta. Sus catecismos abominables contienen herejías. ¿Dónde está la unidad de la Fe en Roma? ¿Dónde está la unidad de la Fe en el mundo? Está en nosotros, quienes la conservamos."

"La unidad de la Fe realizada en el mundo entero es LA CATOLICIDAD. Ahora bien, esta unidad de la Fe en todo el mundo no existe ya, no hay pues más catolicidad prácticamente. Habrá pronto tantas “iglesias católicas” como obispos y diócesis. Cada uno tiene su manera de ver, de pensar, de predicar, de hacer su catecismo. No hay más Catolicidad."

 "¿LA APOSTOLICIDAD? Rompieron con el pasado. Si algo hicieron bien, es eso. No quieren saber más del pasado antes del Concilio
Vaticano II. (…) No es necesario referirse a antes del Vaticano II, eso (el pasado) no significa nada. (…) Lo que pasó, pasó, desapareció. (…)
Es lo que les permite decir lo contrario de lo que se dijo antes… (…) Nosotros tendríamos un mal concepto de Tradición, porque para ellos es viva y, en consecuencia, evolutiva. Pero es el error modernista: El Santo Papa San Pío X, en la Encíclica “Pascendi”, condena estos términos…"

 "La Apostolicidad: Nosotros estamos unidos a los Apóstoles por la autoridad. Mi sacerdocio me viene de los Apóstoles; vuestro
sacerdocio les viene de los Apóstoles. (…)
 En cuanto a la Apostolicidad de la Fe: CREEMOS LA MISMA FE QUE LOS APÓSTOLES. No cambiamos nada y no queremos cambiar nada.

"Y luego, LA SANTIDAD. (…) consideremos los frutos de nuestro apostolado, los frutos de las vocaciones, de nuestras religiosas, de los religiosos. Y también en las familias católicas, de buenas y santas familias católicas que germinan gracias a vuestro apostolado. Es un hecho…"

"Todo eso pone de manifiesto que somos nosotros quienes tenemos LAS NOTAS de la Iglesia “visible”. Si hay aún una VISIBILIDAD de la Iglesia hoy, es gracias a ustedes. ESTAS SEÑALES NO SE ENCUENTRAN YA EN LOS OTROS. No hay ya en
ellos “La Unidad de la Fe”. Ahora bien: LA FE ES LA BASE DE TODA LA VISIBILIDAD DE LA IGLESIA.
 La Catolicidad es la Fe en el espacio. La Apostolicidad es la Fe en el tiempo. La Santidad es el fruto de la Fe… (…)"

" NO SOMOS NOSOTROS, SINO LOS MODERNISTAS QUIENES SALEN DE LA IGLESIA. (…) ES EQUIVOCARSE, ASIMILAR “la iglesia oficial” A LA IGLESIA VISIBLE. (…)
 (…) es en Roma donde se instala la herejía (…) ESTA ES LA RAZÓN POR LA QUE NO PODEMOS VINCULARNOS CON ROMA. Suceda lo que suceda, debemos seguir como lo hemos hecho, y el Buen Dios nos muestra que, siguiendo esta vía, cumplimos con nuestro deber. (…) No podemos  seguir los principios del Concilio. (…)"

"Ustedes ven que (nota: EL CARDENAL RATZINGER) quería traernos a “la iglesia conciliar”..."

Padre Altamira:  Volvemos a preguntar a Mons. Fellay: ¿Quién necesita la estampilla de católicos, la falsa iglesia o nosotros? Parece que no tiene ninguna importancia lo que enseña y muestra nuestro Fundador.

Otras palabras de Monseñor Lefebvre sobre la falsa iglesia del Concilio Vaticano II:

Mons. Fellay además de decir, falsamente, que necesitamos “la estampilla de católicos” (dada por Francisco, ¡qué bien!), termina diciendo en lo que extractamos: "La iglesia oficial es la visible, ¡es la Iglesia Católica y punto!".

 Decir que “la iglesia oficial es la iglesia visible”: Es exactamente lo contrario a lo que nos dijo y mostró Mons. Lefebvre, y acabamos de escuchar. Es católico y está la Iglesia Católica en el que tiene y en el que guarda las notas de la Iglesia.

 Y Mons. Fellay también dice que “LA IGLESIA OFICIAL… ¡ES LA IGLESIA CATÓLICA Y PUNTO!”: Esto es otra vez, y más aún, decir lo contrario a lo que nos enseñó y mostró nuestro Fundador. Y, nuevamente, ya que Mons. Fellay no escucha a Mons. Lefebvre, lo escuchemos de nuevo nosotros aunque
sean palabras ya conocidas:

“Yo soy quien los interrogaría, para decirles: ¿A qué iglesia pertenecen ustedes?¿A qué iglesia nos referimos, quisiera saber si nos referimos a la Iglesia Católica o a otra iglesia, a UNA CONTRA-IGLESIA, a UNA FALSIFICACIÓN DE LA IGLESIA?...

yo creo sinceramente que se trata de una falsificación de la Iglesia Y YA NO LA IGLESIA CATÓLICA…
ELLOS HAN CONVERTIDO A LA IGLESIA EN OTRA COSA QUE NO ES LA IGLESIA CATÓLICA. Ya no es la Iglesia Católica. (…)” (palabras de Mons. Lefebvre,
dadas el 8 de junio de 1978).

“Es increíble que se pueda hablar de IGLESIA VISIBLE en la relación a “la iglesia conciliar”… SOMOS NOSOTROS QUIENES TENEMOS LAS NOTAS
DE “LA IGLESIA VISIBLE”: la unidad, la catolicidad, la apostolicidad, la santidad. ES ESO LO QUE CONSTITUYE LA IGLESIA VISIBLE. (…) 
Obviamente estamos en contra de la “Iglesia Conciliar”, que es prácticamente cismática, incluso si no lo aceptan. En la práctica es una iglesia virtualmente excomulgada, PORQUE ES UNA IGLESIA MODERNISTA. (…)” (Revista “FIDELITER” Nº 70, julio-agosto de 1989).

Padre Altamira: Oyendo estas palabras clarísimas de Mons. Lefebvre, felicitamos a Mons. Fellay por decir exactamente lo contrario: "La iglesia oficial es la visible, ¡es la Iglesia Católica y punto!".

(Conclusión)
 Para terminar, vale la pena recalcar que tal vez en todo lo que va del año 2014, Mons. Fellay nunca había hablado tan claramente, y esperamos que hable aun más claramente en referencia a lo que él piensa y cuáles son sus metas y los fines que persigue: Meterse en la falsa iglesia, en la Iglesia Conciliar.

Hace unos meses hablé por teléfono con el Superior de los Dominicos tradicionales de Francia. Él me decía, entre otras cosas, que incluso frente a la misa moderna, él creía que Mons. Fellay pensaba que no es mala (y que se puede rezar), pero que no se atrevía a decirlo públicamente. Tal vez por eso Mons. Fellay dijo en su momento que la misa moderna (su promulgación) era legítima y que si Mons. Lefebvre la hubiera visto bien celebrada no
hubiera dado el paso que dio. Sin comentarios...

 De cualquier manera, como son muy tramposos, y como no tienen la honestidad de decir abiertamente lo que piensan y quieren hacer, podemos pensar que “habiendo dado estos dos pasos hacia adelante, ahora harán el paso para atrás” (el vals de Lenin), y esto para tranquilizar y engañar:


Veremos.
Quiera Dios permitir que haya más claridad en medio de todas estas oscuridades y engaños que padecemos. Quiera Dios que Mons. Fellay y sus compañeros de viaje se pongan más y más de manifiesto y en evidencia, para que los sacerdotes buenos y un buen obispo que todavía no reaccionan, reaccionen de una buena vez: Pienso en un Mons. Tissier de Mallerais, y pienso en otros muchos sacerdotes.


AVE MARÍA PURÍSIMA.