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lunes, 19 de enero de 2026

EL PURGATORIO (RELACIONES Y DOCUMENTOS HISTÓRICOS ACERCA DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO) 2a

 


Hacía, en efecto, mucho tiempo que no pedía por ella, creyéndola ya en el cielo. Voy ahora a organizar algunas preguntas que nuestra muy venerada Madre me ha hecho dirigir a la hermana María Sofía, o que con permiso de ella le he hecho yo misma. Diré todas nuestras conversaciones con toda sencillez y con la más escrupulosa exactitud. 

 P. —Hermana, le ruego me cuente lo que usted sufría en el purgatorio y lo que sufre ahora en la tierra. 

 R. —Son sufrimientos intolerables que usted no podría concebir.... Aquí sufro menos, y sin embargo, todos los males reunidos no tienen comparación con lo que yo sufro. (Entonces me dejó ver las llamas que la consumían.) 

 P. —Dicen que la Santísima Virgen y el Ángel de la guarda visitan algunas veces a las ánimas del purgatorio; ¿es cierto? 

 R. —Si, la Santísima Virgen muy rara vez; el Ángel bueno siempre. También se ven los demonios, lo que hace sufrir mucho. 

 P. —Y desde que usted está en el mundo ha vuelto a tener la dicha de ver a la Santísima Virgen y al Ángel? 

 R. —Nunca he visto a la Santísima Virgen desde que estoy en la tierra, lo que es una privación; pero al Ángel bueno lo tengo siempre a mi lado; muchas veces veo al suyo; y no es raro que vea también demonios en el monasterio. 

 P. —N. N. le suplica le diga si N. está en el purgatorio, o alguno de sus parientes cercanos. 

 R. —De N. no sé nada, pero si he visto a su cuñado M. X.... Sin embargo, no sé si todavía está allí, porque estaba mucho más arriba que yo cuando me vine para el mundo.

P. —Nuestra madre quiere que usted me dé una señal segura de su aparición, diciéndome algo que yo ignore, algún acontecimiento pasado entre usted y ella cuando estaba en la tierra. 

 R. —No puedo; no tengo permiso. 

 P. —¿Ha hecho usted ruido en el cuarto de la superiora depuesta? 

 R. —No, el buen Dios no lo permitiría. 

 P. —Le suplico me diga qué es lo que pone más obstáculo a mi perfección; se lo agradeceré muchísimo. 

 R. —Su orgullo es el principal obstáculo, y después su falta de mortificación y sencillez. ¿No recuerda dos faltas cometidas al principio de la cuaresma? 

 P. —Sí, es verdad, hermana, que soy muy orgullosa y poco mortificada; pero no creía haber faltado a la sencillez. 

 R. —Acuérdese, hermana, que un día en la enfermería no se contentó con coger las pastillas que necesitaba entonces; sino que llevó algunas para comerlas en el día. Ha debido decírselo a la Madre y por no haberlo hecho faltó a las tres virtudes ya citadas. Lo mismo sucedió en otro caso, en que llegó hasta la impaciencia. Usted recordará que fué por una miel que se sirvió en el refectorio, y que se acabó al llegar a su vecina; por despecho no quiso seguir comiendo.

 P. — Hemos leído que las ánimas del purgatorio pueden merecer: ¿eso es verdad? R. — No, no merecen para sí mismas, pero si alcanzan muchas gracias a las personas que ruegan por ellas, y hasta pueden impedir accidentes en la tierra. P. — ¿Usted se me aparece con su propio cuerpo, o con un cuerpo extraño? 

 R. — Con un cuerpo extraño

Cuando la hermana me contestó esta última pregunta, tocaron un ejercicio de comunidad. Yo me quedé, porque nuestra respetada madre me había dicho intencionalmente que siguiera a pesar de la campana pero la hermana María Sofia salió rápidamente, y al oír que yo la llamaba, asegurándole que tenía permiso, me dijo sin detenerse: Hermana, la Regla, la Regla!... En otro encuentro, continué así mis preguntas: 

 P. —¿Es muy agradable a Dios el voto heroico aliviar prontamente a las almas del purgatorio? 

 R. — Sí, es muy agradable a Dios aliviar prontamente a las almas del purgatorio, sin perjuicio para las personas que lo hacen, pues éstas, por el contrario, ganan mucho. 

 P. —¿Cuál es el objeto que se propone Dios, haciéndola visible en la tierra, y con tanta frecuencia? 

 R. — (Algo confusa): En primer lugar, no es para su mal; además, como objeto secundario, para despertar en la comunidad la devoción a las almas del purgatorio. 

 P. — ¿Y por qué le permite el buen Dios que haga su purgatorio en la tierra? 

 R. — Es una recompensa. 

 P. — Nuestra Madre me ha dicho, en efecto que debía ser una recompensa concedida a su caridad. (La humildad de mi hermana María Sofía parecía sufrir por la buena opinión en que la tenían: como turbada guardó silencio). 

P. — ¿El fuego del purgatorio es lo mismo que nuestro fuego? 

R. — No, no puede haber comparación

P. — ¿Permite a menudo el buen Dios que las almas sufran su purgatorio en la tierra? 

 R. — No; cuando lo permite es siempre como una recompensa. 

P. — ¿En qué puede conocerse que las almas sufran su purgatorio en la tierra? A veces se oyen ruidos y gemidos: ¿son las ánimas? 

 R. — Puede ser a veces; lo hacen para pedir oraciones; pues es raro que puedan hablar si no se les habla. 

 P. — Hay algunos autores que dicen que las almas pueden sufrir su purgatorio donde mismo han cometido las faltas, y sin embargo, no fue en el colegio donde usted vivió más tiempo. 

 R. — Es la verdad; pero como yo no tenia permiso para hablar sino a usted, no podía ir sino a los lugares donde usted habita. 

 P. — Puesto que el objeto secundario de Dios al permitir que usted se haga visible es despertar la devoción a las ánimas del purgatorio, debía darme una señal cierta de que lo es;— porque sino, siempre se creerá que es el demonio el que se me aparece y eso no podrá inducir a hacer oración por los difuntos. 

 R. — Esa señal no es necesaria: la Madre lo puede todo en la comunidad, y ya hay un gran movimiento en favor de las ánimas. 

 P. — ¿Ha aprovechado usted de las misas que se le han dicho y de la comunión general? 

R. — No he recibido ningún alivio; la comunión no me fue ofrecida sino por un pequeño número. 

P. —¿Por qué razón no recibió alivio?

R. — Sea porque el buen Dios permitiese que se aplicaran a otras almas, o bien porque las hermanas no cumpliesen con la intención de la obediencia. 

P. — ¿En el lugar del purgatorio en que usted estaba fue donde vio al señor X.....? 

R. — Sí; el señor X. estaba en el mismo lugar; pero yo no le conocí sino por permisión divina, a causa de la alianza espiritual que existe entre nuestros parientes y la familia religiosa. 

 P. — Nuestra Madre desea que usted le diga si ve en Dios lo que pueda ser más útil a la comunidad para hacerla adelantar en perfección. 

 R. — La práctica de la regla y de las constituciones. 

 P. — Ella quiere también que usted le diga cuál es el mayor obstáculo para su perfección? 

 R. — (La hermana Maria Sofia contestó con aire severo): Usted no debía preguntarme eso! (Y al asegurarle que era por orden de nuestra Madre, me dijo) La obediencia es lo que la disculpa; pero usted no debe hacerme nunca semejantes preguntas. 

 P. — Nuestra Madre desea también que usted alcance del buen Dios la gracia de decirle todos sus defectos, y las faltas que ha cometido durante su gobierno, que ella no conozca. 

 R. — Su Madre no sabe la distancia que existe entre Dios y yo; asegúrele que por grande que sea su deseo de hablarme yo lo quiero todavía más; pero no tengo permiso. Dígale por lo demás que se tranquilice y que no se siga por respetos humanos. 

P. —¿No he obrado contra la voluntad de Dios saliéndome de la Congregación de la Santa Familia?

R. — No, por el contrario: pues si usted no hubiese venido aquí, estaba muy en peligro su salvación. P. —¿Y por qué? 

 R. —Porque allá era usted muy aplaudida. Debe darle muchas gracias a Dios y a San José que le han concedido ese favor. 

 P. — ¿Por qué no está usted ya a mi lado como cuando se me aparecía al principio? Antes por el contrario, parece como si huyera de mí? 

 R. — Primero, porque sé que ahora ruega usted por mi, y después, porque al alejarme he querido darle una lección de obediencia, siendo así que la Madre me había mandado a decir que la dejara tranquila. 

 P. —Y se siente aliviada con eso, o bien, me sería provechoso que usted volviese a mi lado? Si así es, nuestra Madre me ha permitido le diga que vuelva, porque ahora ya no tengo miedo. 

 R. — No hay ninguna necesidad de que vuelva; sin embargo, vendré alguna vez. Yo tenía siempre temor de sufrir algún engaño; y esto hizo que el señor capellán me dijese debía encomendarme a la Santísima Virgen y hacer la señal de la cruz; así lo hice al acercarme a María Sofía, que se sonrió. Mis temores hicieron que nuestra venerada Madre me mandase echar agua bendita en un frasco, tomarla y ofrecerla a María Sofía cuando se me apareciese. Cuando tomé el agua bendita, la hermana se echó a reír y me dijo: Yo no le tengo miedo al agua bendita; por el contrario, me gusta mucho. Al mismo tiempo aplicó tres de sus dedos sobre tres míos, causándome tan gran quemadura que no pude contener un grito; entonces me dijo, siempre riendo: ¿No quería una señal? Ahí tiene una pequeñita.

Corrí a buscar a nuestra respetadísima Madre para mostrarle la quemadura, y le dije que mi hermana María Sofía me había dicho que puesto que quería una señal, ahí tenía una bien pequeña. Nuestra buena Madre examinó la quemadura, se la mostró a cuatro de nuestras hermanas, y me mandó volviera donde estaba la hermana para decirle que la quemadura, aunque bien comprobada por las hermanas que la habían visto, no era suficiente, y que era preciso me aplicase toda la mano sobre el brazo izquierdo. Nuestra hermana se negó diciendo: Eso no es preciso, y créame que si lo hiciera, le causaría más mal a su alma que a su cuerpo. Siguen algunas otras preguntas que le dirigí a mi hermana María Sofía de parte de nuestra muy venerada Madre, o con su permiso le hice yo misma. 

 P. — Nuestro capellán me ha encargado le diga que si usted lo desea, con mucho gusto le diría una misa. 

 R. — No tengo permiso para pedirlo; pero si él quiere hacerme esa caridad, no dejará de tener su recompensa, y yo se lo agradeceré mucho. 

 P. —¿Cómo es que sufriendo usted tanto tiene sin embargo el rostro tan plácido que parece no tener ninguna pena? 

 R. — El deseo de cumplir la voluntad de Dios y de satisfacer a su justicia me da tanta felicidad, que me alegraría de sufrir aún más, si con ese aumento de pena pudiera gozar más pronto de Dios. 

 P. —¿Es muy terrible, en sus juicios el buen Dios? 

 R. — Si, muy terrible, pero también muy justo. 

 P. —¿Cuándo uno es juzgado, ve a Nuestro Señor? 

 R. — Si, y eso le da al alma tal contento que se siente feliz en el Purgatorio, no obstante sus grandes sufrimientos.

P—¿En qué lugar es juzgada el alma? 

 R. — En el mismo lugar en que espira, al dar el último suspiro. 

 P. —¿La asistieron San José y la Virgen en el momento de su muerte? ¿Usted los vió? 

 R. — No; me he visto privada de esa gracia a causa de mi obstinación. Pero sí se concede a menudo ese favor. 

 P. —¿Visita San José a las ánimas del Purgatorio? 

 R. — No le ví sino una voz, acompañando a la Santísima Virgen. 

 P. —¿Cuántas veces ha visto usted a la Santísima Virgen? ¿Qué le dice para consolarla? ¿Ha hecho disminuir sus sufrimientos? 

 R. — (Mi hermana María Sofia se echó a reír y me dijo): Usted va demasiado lejos; sin embargo, por darle gusto le diré que en algunos años no la he visto sino una vez; en otros hasta tres: en la víspera de la Asunción y en los días de la Inmaculada Concepción y de la Presentación. Cuando iba al Purgatorio, visitaba todas las moradas, le hablaba a todas las almas una por una, para consolarlas, diciéndole a unas: Sufres mucho; pero ten paciencia, pronto irás al cielo; y a las otras: Tu purgatorio se ha abreviado en tantos años, tantas semanas y a veces tantas horas; a otras, por último, las coronaba y se las llevaba al Cielo. 

 P. —¿Han disminuido algo los sufrimientos de Ud? 

 R. —¡Oh, sí! mucho usted ha podido comprenderlo, ¿pues no lo observa que al principio cuando me le aparecí no veía más que cara y cuello y que el resto del cuerpo lo tenía como envuelto en un gran manto, y que ahora distingue bien claro el hábito religioso? (en efecto, la veía así hasta las rodillas.) Yo espero que pronto se acabará mi purgatorio.

(15)

viernes, 16 de enero de 2026

EL PURGATORIO (RELACIONES Y DOCUMENTOS HISTÓRICOS ACERCA DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO)

 


Tomado del periódico EL PURGATORIO de Roma. (Abril de 1905) Los manuscritos de estas revelaciones han sido mandados a publicar a Roma. Imprímanse: FR. ALBERTUS LEPIDI 

Imprímanse: JOSEPH CAPPETELLI 

Con licencia de reimprimirse: PEDRO ADAN BRIOSHI, ARZOBISPO DE CARTAGENA


Relaciones de dos almas del purgatorio Manuscrito de la Visitación de San Ceré que refiere las apariciones sucesivas de dos almas del purgatorio en aquel monasterio. (Desde fines de febrero hasta el 24 de julio de 1868.) Las dos almas aparecidas son: La 1°. La de la hermana María Sofía Claux, del mismo monasterio, muerta siete años antes. La 2°. muerta 17 años antes, es la de la Señora María Monsset, la cual refiere lo que vio y oyó. La superiora del monasterio en trienio tuvieron lugar los hechos relatados, es la honorabilísima Madre María Ambrosina Mage, muerta el 10 de enero de 1872. El manuscrito conservado hace 40 años en el monasterio de San Ceré, diócesis de Cahors, es ya conocido por varios extractos publicados desde 1863 en diversas revistas religiosas: es un documento histórico; de la más evidente autenticidad, y la difusión que de él se está haciendo hoy en la Iglesia se debe a Monseñor Enard, Obispo de Cahors. 

 Esta noticia de lo que pasa en el Purgatorio confirma perfectamente todas las enseñanzas y tradiciones sobre aquel lugar de purificación, y aun, respecto del sitio donde se encuentra y de su proximidad a la cárcel espantosa del infierno: muchos puntos que hasta ahora han sido dudosos quedan muy bien aclarados y el gran resultado de esta lectura es aumentar extraordinariamente la devoción a las almas del Purgatorio, devoción que produce una firme confianza en las oraciones que ellas hacen por los que las socorren. Últimamente ha sido publicado dicho manuscrito con la licencia eclesiástica del Reverendísimo Maestro de los Sagrados Palacios Apostólicos, y nosotros lo reproducimos con todas las reservas que manda nuestra Madre la Santa Iglesia, según los Decretos de Urbano VIII.

Las relaciones de estas dos almas no favorecen en nada al espiritismo, antes bien lo condenan en todas sus partes. En efecto: el espiritismo; como una secta impía y supersticiosa, que es, niega los principales dogmas del catolicismo, especialmente la divinidad de Jesucristo, la redención, el pecado original, la existencia del infierno, etc. etc. Al contrario, las susodichas relaciones confirman todas las enseñanzas de la Iglesia, hasta en sus más pequeños pormenores. Las almas del Purgatorio se aparecen cuando Dios se los permite para pedir sufragios o para otros fines honestos y santos; no se contradicen jamás y enseñan siempre la verdad. Los espiritistas evocan los espíritus a su capricho; y, está probado, que quien se les aparece es el demonio, pues sus revelaciones son frecuentemente absurdas, blasfemas, mentirosas, contradictorias y pueriles, contrarias a la fe católica y a las buenas costumbres. 

 Las revelaciones de las almas del Purgatorio producen bienestar, inducen a las virtudes y llevan las almas hasta la santidad. Al contrario, las evocaciones de los espiritistas han producido muchas veces suicidios, venganzas, divorcios y otros delitos; y casi siempre paran en locos los que se dejan llevar de las falsas doctrinas del espiritismo.

I - PRIMERA RELACIÓN 

 Hacia fines de febrero de 1863, oí cierta noche unos gemidos al acostarme. Me dirigí al lugar de donde provenían y no ví nada, lo que me dejó bajo una grande impresión de terror. Nada dije, sin embargo, contentándome con orar. A los pocos días me llamó por dos veces una voz, diciéndome: ¡Hermana, hermana!; ya muy asustada, me metí en la cama y empecé a rezar. Con todo, la voz continuaba llamándome y yo persistía también en mi mutismo. Ante este silencio, la voz se acercó tanto a mi cama, que llegué a sentir el aliento de una persona sobre mí, lo que acabó de espantarme. 

 El 26 o 27 del mismo mes, no sólo oí sino que ví, en el momento de acostarme, una cara y unas manos; el resto del cuerpo no tenía forma y era únicamente una sombra. Cuando me dirigía a mi oficio, iba siempre acompañada por este personaje. Bien les atendiese a las alumnas (yo era auxiliar en el colegio) ya cuidase de una negrita que había adoptado nuestra comunidad, el personaje no me abandonaba, exceptuando solo las reuniones de comunidad, y aún en estas, me seguía hasta la puerta. Una vez, entre otras, al salir de nuestra celda, para entrar en el dormitorio de las alumnas, lo que yo veía me acompañó como de ordinario. Al llegar a la puerta me aparté para darle paso, imaginándome siempre, que me iba a agarrar; pero con gran sorpresa vi que me hacía la misma cortesía, y tuve por fuerza que pasar adelante, haciendo una inclinación que me fue correspondida. Me aterroricé de tal manera que pedí permiso para no apagar la luz hasta ya avanzada la noche; pero sucedió que cuando la apagaba me veía iluminada por una gran antorcha que parecía fija al lado derecho de mi cama: eso duró hasta el 28 de marzo. Durante este intervalo me dieron remedios, creyendo que era agitación de la sangre; mas la visión, en vez de desaparecer, se veía más clara y más sensible, hasta el punto de que, un día que me habían sangrado, como se me cayese la venda durante la noche, brotando la sangre en abundancia, pude ver muy bien para vendarme otra vez el brazo. Varias veces cogí un libro para ver si podía leer: leí perfectamente. Nuestra cama estaba situada en el extremo del dormitorio de las alumnas y una de ellas me preguntó si había pasado mala noche, porque había visto luz al lado de mi cama. 

En la noche del 28 de marzo, cuando me disponía a acostarme, me asusté de tal modo por la aproximación de aquella cara que parecía venir a oprimirme, que me sentí a punto de caer sobre la desconocida; en mi emoción le dije: Podríais dejarme tranquila. Entonces me pareció como que se alejaba gimiendo. Aunque muy asustada me sentí dispuesta a preguntarle si podía servirle en algo. A esta pregunta volvió hacia mí la desconocida y me dijo: «No temáis, no os haré mal. No me conocéis, y sin embargo soy una de vuestras hermanas, aquella a quien dicen que os parecéis. Acordaos que estando un día con la comunidad en recreación en la sala, nuestras hermanas Luisa, Úrsula y María de Gonzaga os dijeron que teníais algún parecido conmigo. Recordad que hicisteis una aspiración para invocarme, si yo estaba en el cielo; y que en caso no fuese así, ofrecisteis por mí las indulgencias del siguiente día. Desde ese momento me ha permitido el buen Dios que me dirija a vos para pediros oraciones, porque yo tenía antes una persona que pedía por mí y hoy nadie pide ya». Corrí espantada a referir todo a nuestra respetada Madre, a quien no había dejado ignorar cosa alguna de lo que había sucedido desde el principio de la visión. Contestóme nuestra querida Madre: «Puesto que ese fantasma le dice que es una de nuestras hermanas pregúntele su nombre y lo que desea que hagamos por ella, y pídale que si le conviene a la comunidad, nos diga por qué faltas la tiene el buen Dios detenida en el purgatorio, y que después la deje tranquila, pues temo que eso le haga daño.».

Pregunta. —Puesto que usted me ha dicho que es una de nuestras hermanas, nuestra Madre desea que me diga su nombre. 

Respuesta. —Soy la hermana María Sofía. 

 P. —¿Qué desea que se haga por usted?. 

 R. —No quiero imponer nuevas obligaciones a la comunidad, pues ya ha hecho por mí lo que debía hacer; pero usted le va a decir a la Madre Ambrosina que si ella quiere mandar que se ore por mí y que se me apliquen algunas comuniones e indulgencias, se lo agradeceré mucho cuando esté en el cielo. 

 P. —Nuestra Madre le suplica me diga, siempre que pueda ser conveniente a los miembros de la comunidad, por qué faltas está en el purgatorio. 

 R. —Por mi falta de obediencia sencilla a mi confesor y a mis superiores; y si algo pudiera aconsejarle, mi buena hermana, es la humildad, la obediencia y la fidelidad a la regla: porque una religiosa, de la Visitación fiel en el cumplimiento de su regla tiene poco purgatorio.

Tenía alguna repugnancia en cumplir con las últimas intenciones de nuestra venerada Madre, que consistía en decir a aquella pobre alma me dejase tranquila: lo hice sin embargo por obediencia. Dió entonces un profundo suspiro la pobre hermana María Sofía y me dijo: —Con todo, el buen Dios me había dado permiso para terminar aquí mi purgatorio. Entonces me pareció ver que se entreabría un manto negro, del cual salía un brasero con llamas azuladas, y después todo desapareció dejando sólo un grandísimo hedor ocasionado por el brasero. La aparición seguía siempre presentándose, pero a distancia, hasta el punto que al salir yo la pobre hermana María Sofía se alejaba rápidamente pasando a otra pieza. 

En este estado siguieron las cosas durante un mes poco más o menos, después de este tiempo me dijo nuestra buena Madre que llamase a María Sofía y le preguntase quien era esa persona que antes rogaba por ella. Me respondió: Era mi hermana. —Hay que observar que Mme. Canet, hermana María Sofía, había muerto hacía poco. Me dijo también que una de sus antiguas discípulas le había dado por mucho tiempo el auxilio de sus oraciones. 

Le pregunté como se llamaba, y como era difícil retener el apellido cogí un lápiz para apuntarlo; pero éste se partió al escribir y se me cayó de las manos. La hermana María Sofía se echó a reír y me dijo: «No es necesario; es religiosa, se encontraba en un hospicio de Tolosa en la época de mi muerte». Esto sucedió en nuestra celda que da al patio interior, en el cual se hallaba la negrita, que al oírme hablar con alguien, subió a toda carrera para ver quien estaba conmigo cuando ella me creía sola; con mucho empeño me preguntó:

 —¿Quién estaba contigo? Pocos días antes la misma muchacha, al entrar en nuestra celda había dicho: «¿Qué hermana es esa que estaba contigo y que yo no conozco?...». Me hice la sorprendida porque no quería decirle lo que había de cierto: —«¡Pues bien! si no eres tú es tu sombra; pero yo he visto algo». Otro día reiteró sus instancias la pequeña Fortunata suplicándome le dijera quién era esa hermana extraña que ella veía algunas veces conmigo, y agregaba: ¿Por qué se va cuando yo entro? Otras veces no veía nada; pero sí me preguntaba de donde provenía ese gran calor que se sentía en la pieza. Tenía yo entonces a mi lado a la hermana María Sofía y experimentaba también el excesivo calor. Nuestra reverendísima Madre me recomendó dijera a mi hermana María Sofía que si quería oraciones debía mostrarse y hablar en su presencia, porque si no, no creía que era una alma del purgatorio. 

La hermana María Sofía me respondió: Hace tiempo que lo deseo, pero no he podido. Nuestra Madre al ver que la hermana María Sofía no quería hablar, me encargó le dijera en la primera entrevista que ya que no quería dirigirse a ella, lo hiciese a la superiora depuesta, a lo cual respondió: El buen Dios no me lo permitiría, porque yo la hice sufrir mucho mientras estuvo de Superiora. Por último, viendo nuestra buena Madre que no quería hablar ni delante de ella ni en presencia de la depuesta, me ordenó le preguntase ante cual de las hermanas de la comunidad quería mostrarse porque era preciso un testigo. —Me respondió que no tenía permiso para hablar sino conmigo, ni para dejarse ver sino de mi. — «Pero le repliqué, cómo es que la negrita la ha visto a usted dos veces?». —«Esa muchacha es extraña a la comunidad, y además mi vista no le causa ninguna impresión». Otro día, nuestra veneradísima Madre me encargó le preguntase si mi hermana María Carolina estaba en el purgatorio. Me respondió que sí, en la morada del centro, y agregó: «Hermana, usted tiene allí también su pobre madre, que me dijo cuando salí del purgatorio: «¿Usted es más feliz que yo; porque mi hija pide por usted y no por mí»

Continuará.. 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

PORQUE NO SE DEBE IR A LA FSSPX (CENSURAS CANONICAS)

 


Ya han pasado casi 14 años desde que se hizo del conocimiento público y en todos los medios tradicionales la fractura con la FSSPX ocurrida por la Declaración Doctrinal de Mons. Fellay del 2012 a título de Superior General de la Fraternidad emitida a las autoridades de la Roma modernista apóstata, con el fin de ser reconocidos con una Prelatura personal del papa o simplemente para no ser perseguidos por la postura católica intransigente de Mons Lefebvre. 

La Declaracion Doctrinal en pocas palabras es una aceptación del modernismo (cloaca de todas las herejías), aceptación del rito de la misa nueva (no es misa), aceptación del magisterio ordinario de la iglesia conciliar (aplicación práctica del CV II), aceptación del Vaticano II (solo el 95%) y la aceptación del Código de Derecho Canónico promulgado por "San" Juan Pablo II. Para detalles a este respecto dar clic en los siguientes links.

https://elarietecatolico.blogspot.com/2021/04/la-nueva-fsspx-participa-de-la-herejia.html

https://elarietecatolico.blogspot.com/2014/12/con-motivo-del-martirio-de-san-esteban.html

https://elarietecatolico.blogspot.com/2019/06/san-vicente-de-lerins-advierte-sobre.html

https://elarietecatolico.blogspot.com/2025/03/21-ejemplos-de-liberalismo-en-la-nueva.html

En el pensamiento de muchos católicos en ese momento (2013) debió ser de indignación y rechazo completo, puesto que la lucha que como fieles y sacerdotes se había emprendido en México y otros países había sido para defender nuestra Sacrosanta religión de quienes la querían destruir, defenderla de los modernistas y masones.

Desde la implementación del novus ordo a principios de 1970 en México, hasta antes de establecerse la FSSPX (1984), la lucha siempre había sido contra el Modernismo para preservar la Fe y la religión intacta, cumpliendo el mandato del apóstol: Conserva las palabras saludables en la misma forma que de mí las oíste con fe y amor en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por medio del Espíritu Santo que habita en nosotros. 2 Tim 13-14

La obligación de todo bautizado es preservar la fe, mantener el depósito de la fe (la Tradición), pues sin la fe es imposible agradar a Dios. (Hebr 11, 6)  La FSSPX cumplió a cabalidad la defensa de la Fe enseñada por Mons. Lefebvre desde su fundación hasta que pidieron al papa Benedicto XVI levantar las excomuniones inválidas en 2007. 

La prueba fehaciente de la fidelidad a la Iglesia Católica y a la fe, fue la excomunión lanzada contra Mons. Lefebvre y contra Mons. De castro Mayer por las Consagraciones episcopales de 1988. Murieron confesando la fe y excomulgados por la iglesia conciliar, sincretista y pentecostal.

Tristemente celebraron el levantamiento de excomuniones inexistentes, pero solo levantaron las excomuniones a los 4 obispos de la FSSPX que estaban vivos, para congraciarse con ellos, a Mons Lefebvre y a Mons de Castro Mayer ya durmiendo en Cristo las mantuvieron. Obvio excomuniones inválidas de la secta Conciliar.

Fue desde el jubileo del año 2000  cuando se percibió una apertura de la FSSPX para convivir y congeniarse con los modernistas, a pesar de que Mons. Lefebvre dijo claramente que no se podía trabajar ni cooperar con quienes destruían la religión y la Iglesia.

Pero fue en el 2013 cuando se hizo de conocimiento público la propuesta Doctrinal de la FSSPX emitida por Mons Fellay a Benedicto XVI la que de forma manifiesta demuestra que la fraternidad se adhería a la secta conciliar. Este acto se considera como una declracion pública de apostasía o de aceptacion de herejías.

La respuesta de muchos sacerdotes y fieles en todo el mundo fue manifiesta, no estamos de acuerdo con el liberalismo, concesiones doctrinales ni aceptamos el modernismo, pero al parecer mucha gente tuvo miedo de perder sus fueros (misas, sacramentos, escuelas, contexto social) y no resistieron. En México el Superior de Distrito se ocupó en perseguir y amenazar a los que no comulgaran con el nuevo rumbo liberal de la Fraternidad.

Despues de 14 años, hoy igual que desde el primer día, es necesario resistir al liberalismo y modernismo disimulado de la FSSPX, que mediante la declaracion Doctrinal aceptó los errores y herejías del Concilio Vaticano II. No es posible asistir a las misas o sacramentos de ellos, pues se pone en grave riesgo la fe. La Iglesia por medio del Codigo de Derecho Canónico de 1917 vigente, aprobado y compilado por San Pío X y el papa Benedicto XVI nos previenen con los siguientes cánones:

2314

§1. Todos los apóstatas de la fe cristiana y todos y cada uno de los herejes o cismáticos:

1.º Incurren ipso facto en excomunión;

2.° Si después de amonestados no se enmiendan, deben ser privados de los beneficios, dignidades, pensiones, oficios u otros cargos, que tuvieren en la Iglesia, y ser declarados infames, y a los clérigos, repetida la amonestación, debe deponérseles;

3.° Si dieren su nombre a alguna secta acatólica o se adhirieren públicamente a ella, son ipso facto infames y, quedando en vigor lo que se prescribe en el canon 188, n. 1.° , los clérigos, después deamonestados sin fruto, deben ser degradados.

Adherirse voluntariamente y no rechazar esa adhesion ni condenarla es aceptar una fe distinta, pues el Modernismo es la cloaca de todas las herejías.

2315

Al sospechoso de herejía, que amonestado no hace desaparecer la causa de la sospecha, debe apartársele de los actos legítimos, y si es clérigo, debe además suspendérsele a divinis, una vez repetida inútilmente la amonestación; y si el sospechoso de herejía no se enmienda en el plazo de seis meses cumplidos, después de haber incurrido en la pena, debe ser considerado como hereje y sujeto a las penas de los herejes.

2317

Los que obstinadamente enseñan o defienden, en público o en privado, una doctrina que ciertamente ha sido condenada por la Sede Apostólica o por algún Concilio General, aunque no lo haya sido como formalmente herética, deben ser apartados del ministerio de predicar la palabra de Dios y oír confesiones sacramentales y de todo cargo docente, salvas las demás penas que pueda haber decretado la sentencia condenatoria, o que el Ordinario, después de la amonestación, haya considerado necesarias para reparar el escándalo (1).

La Declaracion Doctrinal de la FSSPX del 2012 es una aceptación clara y formal del modernismo. ¿Que se requería para no incurrir en estas penas gravísimas? Pues lo que muchos católicos han hecho desde la usurpación de la secta conciliar, mantenerse alejado de los modernistas, rechazar en su totalidad el Concilio Vaticano II, no cooperar trabajar ni asistir con quienes traicionan la lucha en defensa de la fe y de la Iglesia. Si la Fraternidad San Pío X NO quería ser sujeta de estas sanciones eclesiasticas debieron y deben rechazar esa Declaración escandalosa que pone en riesgo la fe.

A continuación el Manual de Teología Moral nos explica lo que debe hacerse cuando la Fe es expuesta y se corre el riesgo de dañarla, atenuarla o perderla, se debe hacer un Acto de Fe por Derecho Divino. De Derecho Divino pues esta en juego la Palabra de Dios, su Gloria y su Honor.

El acto externo de Fe por Derecho Divino:

Positivamente, aun con peligro de la vida, cuando lo exige así el honor de Dios o el bien del prójimo.

a) El honor de Dios lo exige: 1.° Cuando alguien es interrogado por la legitima autoridad (no por un hombre privado), y el silencio o disimulo equivaliese a negar la fe (D 1168: cf. Mt 10,32-33).

2.° Cuando por odio a la religión fuese alguno impulsado, aun por personas privadas, a negar la fe de palabra o de obra (v.gr., el amo que obligara a sus siervos a comer carne en día de vigilia precisamente por odio a la Iglesia o desprecio de la fe).

 b) El provecho espiritual del prójimo exige que profesemos externamente nuestra fe cuando de lo contrario se seguiría grave escándalo (v.gr., un sacerdote que callara al oir una herejía: sería como autorizarla ante los demás) o grave peligro espiritual (v.gr., de que los pusilánimes apostaten de la fe si no les damos ejemplo de valentía y fortaleza en confesarla).

Por derecho eclesiástico:

Están obligados a hacer pública profesión de fe, según la fórmula aprobada por la Santa Sede:

a) Todos aquellos de quienes se habla en el canon 833 (cardenales, obispos, párrocos, etc., al tomar posesión de sus cargos).

b) Los adultos que van a recibir el bautismo. En el bautismo de los párvulos, sus padrinos recitan el Credo en nombre de ellos.

c) Los que vuelven al seno de la Iglesia católica desde la herejía o el cisma.

El acto de Fe externo:

Negativamente en todo momento, en cuanto que siempre está prohibido negar la fe verdadera y profesar o simular una fe falsa.

Profesar o simular una fe falsa esta prohibido. Aun si la FSSPX dijera que no aceptan esa Declaración sin rechazarla ni reparar el escandalo sería una forma de simulación lo cual en materia de Fe esta prohibido.

La Fraternidad al aceptar herejías, pecado contra la fe, obliga a los fieles a manifestar la fe públicamente, para no participar del grave escandalo. Pone por ejemplo, al sacerdote que calla al oir una herejía, callar equivale a aceptarla ante los demas. La FSSPX no retiro ni se retractó de herejía publica, por eso los fieles a la Iglesia Católica deben de retirarse, para no participar de su falta.

Si la Fraternidad dijera que esa profesión de Fe de mons. Fellay a nombre de la SSPX era de" mentiritas", sigue siendo pecado contra la fe y es deber de el retractarse, deber de los sacerdotes y obispos, rechazar públicamente ese error de herejía. Los que no lo rechazaron incurren en el mismo pecado contra la fe por complicidad, o cooperación al mal.

La teología moral nos explicó que la fe no se debe negar en público, tampoco se debe aceptar doctrinas contrarias a la fe, incluso esto esta penado por la legislación de la Iglesia en el Codigo de Derecho Canonico, como lo expusimos anterormente. Ahora bien los fieles que permanecen con los clérigos que aceptan una fe distinta a la católica, que son sospechosos de herejía por permanecer en esa situación sin remediar el escandalo, tienen que saber que la Iglesia suspende de sus funciones eclesiasticas para proteger el Depósito de la fe, la cual es la puerta para recibir todas las gracias de Nuestro Señor JEsucristo y de la Iglesia.



Por eso me obstino, y si se quiere conocer el motivo profundo de esa obstinación, helo aquí. En la hora de mi muerte, cuando Nuestro Señor me pregunte: "¿Qué has hecho de tu episcopado, qué has hecho de tu gracia episcopal y sacerdotal?", no quiero oír de su boca estas terribles palabras: "Has contribuido a destruir mi Iglesia con los demás". (Mons. Lefebvre)


martes, 30 de diciembre de 2025

FELIZ AÑO NUEVO LES DESEAMOS A TODOS


 FELIZ NAVIDAD Y SANTO AÑO NUEVO LES DESEA MOS


FIDELIDAD CATÓLICA MEXICANA LES DESEA UNA MUY  FELIZ Y SANTA NAVIDAD Y FELIZ AÑO NUEVO.
 
YA SON 13 AÑOS, POR LA GRACIA DE DIOS, CON ESTE HUMILDE APOSTOLADO.

"Porque la salvación está ahora mas cerca que cuando empezamos a creer" (Romanos 13:11)

¡ADELANTE CATÓLICOS CONTRARREVOLUCIONARIOS!