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miércoles, 25 de febrero de 2015
martes, 24 de febrero de 2015
MEDITACIONES: Martes primero de Cuaresma
Meditación
Por el P. Alonso de Andrade
De la doctrina del Evangelio
El Evangelio refiere cómo Cristo entró en el templo con aplausos y alabanzas, y echó con imperio a los que le profanaban, fue envidiado de los sacerdotes, y dejándolos se volvió a Betania.
Punto I.- Considera la honra que trae consigo la virtud, y cómo es aplaudida no solamente de Dios sino de los hombres, como se vio en Cristo nuestro Señor, y cobra nueva estima de los buenos, estando siempre de su parte; gózate de los aplausos de Cristo, y júntate con los que le bendicen, clamando con ellos: Bendito sea el Señor y el Salvador, que viene a traernos la salud en el nombre de Dios. ¡Oh Salvador del mundo!¡Oh Hijo de David! ¡Oh Libertador de los presos! ¡Oh Redentor de los cautivos! No me dejéis en las prisiones, tened misericordia de mí, y que mi alma sienta los efectos de vuestra redención.
Punto II.- Considera cómo no se aprovechó de los aplausos para estimación suya, sino para ampliar la gloria de Dios, mirando por su honra y su gloria, sanando los enfermos que se acercaron a Él en aquella ocasión. Aprende tú a no envanecerte con los tuyos ni a tomar ocasión de las alabanzas de los otros, sino para mayor humildad y hacer bien a todos a ejemplo del Salvador.
Punto III.- Mira a Cristo, con santo celo de la gloria de Su Eterno Padre, entrar en el templo, y siendo la misma mansedumbre, usar de rigor con los que le profanaban comprando y vendiendo, y haciendo la casa de oración casa de negociación. Aprende del celo de Cristo a celar Su honra y gloria, y entra dentro de ti mismo y purifica el templo de tu corazón de todas las ocupaciones seculares y vanas que le profanan y no le dejan entregarse todo a Dios nuestro Señor.
Punto IV.- Considera la envidia y contradicción de los fariseos que se opusieron a los que obraba el Salvador, y cómo los dejó y se fue a Betania, que se interpreta casa de obediencia, y no te turbes si por las buenas obras que hicieres se levantaren contra ti enemigos; más a ejemplo de Cristo persevera en el bien comenzado, y lleva hasta el final las obras del Señor, y ruégale que no te deje ni se aparte de ti como de estos envidiosos y calumniadores fariseos en pena de sus pecados.
Por el P. Alonso de Andrade
De la doctrina del Evangelio
El Evangelio refiere cómo Cristo entró en el templo con aplausos y alabanzas, y echó con imperio a los que le profanaban, fue envidiado de los sacerdotes, y dejándolos se volvió a Betania.
Punto I.- Considera la honra que trae consigo la virtud, y cómo es aplaudida no solamente de Dios sino de los hombres, como se vio en Cristo nuestro Señor, y cobra nueva estima de los buenos, estando siempre de su parte; gózate de los aplausos de Cristo, y júntate con los que le bendicen, clamando con ellos: Bendito sea el Señor y el Salvador, que viene a traernos la salud en el nombre de Dios. ¡Oh Salvador del mundo!¡Oh Hijo de David! ¡Oh Libertador de los presos! ¡Oh Redentor de los cautivos! No me dejéis en las prisiones, tened misericordia de mí, y que mi alma sienta los efectos de vuestra redención.
Punto II.- Considera cómo no se aprovechó de los aplausos para estimación suya, sino para ampliar la gloria de Dios, mirando por su honra y su gloria, sanando los enfermos que se acercaron a Él en aquella ocasión. Aprende tú a no envanecerte con los tuyos ni a tomar ocasión de las alabanzas de los otros, sino para mayor humildad y hacer bien a todos a ejemplo del Salvador.
Punto III.- Mira a Cristo, con santo celo de la gloria de Su Eterno Padre, entrar en el templo, y siendo la misma mansedumbre, usar de rigor con los que le profanaban comprando y vendiendo, y haciendo la casa de oración casa de negociación. Aprende del celo de Cristo a celar Su honra y gloria, y entra dentro de ti mismo y purifica el templo de tu corazón de todas las ocupaciones seculares y vanas que le profanan y no le dejan entregarse todo a Dios nuestro Señor.
Punto IV.- Considera la envidia y contradicción de los fariseos que se opusieron a los que obraba el Salvador, y cómo los dejó y se fue a Betania, que se interpreta casa de obediencia, y no te turbes si por las buenas obras que hicieres se levantaren contra ti enemigos; más a ejemplo de Cristo persevera en el bien comenzado, y lleva hasta el final las obras del Señor, y ruégale que no te deje ni se aparte de ti como de estos envidiosos y calumniadores fariseos en pena de sus pecados.
MEDITACIONES: Lunes primero de Cuaresma (Del juicio final)
Meditaciones
Sacadas de las obras del Padre Fray Luis de Granada
Undécima edición: 1912
Del Juicio Final
Debes despertar hermano en tu alma aquellos dos principales afectos, que debe tener todo fiel cristiano, temor de Dios y aborrecimiento del pecado.
Piensa pues primeramente cuán terrible será aquel día, en el que se averiguarán las causas de todos los hijos de Adán, y se concluirán los procesos de nuestras vidas, y se dará sentencia definitiva de lo que para siempre ha de ser. Aquel día abrazará e sí los días de todos los siglos presentes, pasados y venideros; porque en él dará el mundo cuenta de todos estos tiempos, y en él derramará Dios la ira y saña que tiene recogida en todos los siglos. Pues ¿qué tan arrebatado saldrá entonces aquel tan caudaloso río de la indignación divina, teniendo tantas acogidas de ira y saña, cuantos pecados se han hecho desde el principio del mundo hasta ahora? Por esto con mucha razón dice el Profeta: Aquel día será día de ira, día de calamidad y de miseria, día de tinieblas y obscuridad, día de torbellinos, día de trompetas y de sonido sobre las ciudades fuertes, y sobre las altas esquinas.
Considera también las señales espantosas que precederán este día: porque, como dice el Salvador, antes que venga este día habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas, y finalmente en todas las criaturas del cielo y de la tierra. Mas los hombres, dice, que andarán secos de muerte, oyendo los bramidos espantosos del mar, y viendo las grandes olas y tormentas que levantará: barruntando por aquí las grandes calamidades y miserias que amenazan al mundo tan temerosas señales. Y así andarán atónitos y espantados, las caras amarillas y desfiguradas, antes de la muerte muertos, y antes del juicio sentenciados: midiendo los peligros con sus temores, y tan ocupados cada uno con el suyo, que no se acordará del ajeno aunque sea padre del hijo, ni hijo del padre. Nadie habrá para nadie. Piensa en aquel diluvio universal de fuego que vendrá delante del Juez, y aquel sonido temeroso de la trompeta, que tocará el arcángel para convocar todas las generaciones del mundo a que se junten en un lugar, y se hallen presentes en juicio, y sobre todo la majestad espantable con que ha de venir el Juez. Después de esto considera, cuán estrecha será la cuenta que allí a cada uno se pedirá. Verdaderamente, dice Job, no podrá ser el hombre justificado, si se compara con Dios; y si se quisiere poner con Él en juicio, de mil cargos que le haga, no le podrá responder a sólo uno. Pues qué sentirá entonces cada uno de los malos, cuando entre Dios con él en este examen, y allá dentro de su conciencia le diga así: Ven acá, hombre malaventurado, qué viste en mí, porque así me despreciaste y te pasaste al bando de mi enemigo: Yo te levanté del polvo de la tierra, y te crié a mi imagen y semejanza, y te di virtud y socorro con que pudieses alcanzar mi gloria; mas tú, menospreciando los beneficios y mandamientos de vida que yo te di, quisiste más seguir la mentira del engañador, que el consejo saludable de tu Señor. Para librarte de esta caída descendí del cielo a la tierra, donde padecí los mayores tormentos y deshonras que jamás se padecieron. Por ti ayuné, caminé, velé, trabajé, y sudé gotas de sangre. Por ti sufrí persecuciones, azotes, blasfemias, escarnios, bofetadas, deshonras, tormentos y cruz. Por ti finalmente nací en mucha pobreza, viví con muchos trabajos, y morí con gran dolor. Testigos son esta cruz y clavos, testigos estas llagas de pies y manos que en mi cuerpo quedaron, testigos el cielo y la tierra delante de quien padecí, y testigos el sol y la luna que en aquella hora se eclipsaron. Pues ¿qué hiciste de esa ánima tuya, que yo con mi Sangre hice mía? En cuyo servicio empleaste lo que yo compré tan caramente? Oh generación loca y adúltera, ¿por qué quisiste más servir a ese enemigo tuyo con trabajo, que a mí, tu Criador y Redentor, con alegría? Espantaos, cielos porque dos males ha hecho mi pueblo, a mí desampararme que soy fuente de agua viva, y desamparáronme por otro Barrabás. Llaméos tantas veces, y no me respondistes; toqué a vuestras puertas, y no despertastes; extendí mis manos en la cruz, y no las mirastes; pues decid ahora vosotros ángeles, juzgad vosotros jueces entre mí y mi viña, ¿qué más debí yo hacer por ella de lo que hice?
Pues, ¿qué responderán aquí los malos? Los burladores de las cosas divinas, los mofadores de la virtud, los menospreciadores de la simplicidad, los que tuvieron más en cuenta las leyes del mundo, que las de Dios, los que a todas sus voces estuvieron sordos, a todas sus inspiraciones insensibles, a todos sus mandamientos rebeldes, y a todos sus beneficios ingratos y duros? ¿Qué responderán los que vivieron como si creyeran que no había Dios, y los que con ninguna ley tuvieron cuenta sino con sólo su interés?
lunes, 23 de febrero de 2015
MEDITACIONES: Domingo primero de Cuaresma
Meditación
Por el P. Alonso de Andrade
De la tentación de Cristo en el desierto.
Retiróse Cristo al desierto, ayunó cuarenta días, y fue tentado de
Satanás con gula y con apetitos de honras y oferta de riquezas, todas las
cuales tentaciones venció con su virtud; y habiendo lanzado de su presencia al
demonio, se llegaron los ángeles a servirle.
Punto I.- En esta batalla que tuvo Cristo con el demonio y en la
victoria que alcanzó de él, tienes mucho que meditar. Lo primero considera cómo
se atrevió el demonio a tentar al Salvador del mundo, para que no te
desconsueles si te hallares tentado, mas anímate con su ejemplo a sufrir y
guerrear hasta vencer, pidiéndole su favor contra tan astuto enemigo; mira las
prevenciones que hizo Cristo para entrar en la batalla, retirándose al desierto,
ayunando con tan grande rigor, dándose al silencio, mortificación y oración,
que son las armas con que se alcanza la victoria de este enemigo. Considera las
usas tú, mirándolas una por una, y pídelas al Señor, porque sin ellas no podrás
ser vencedor.
Punto II.- Considera que en mostrando Cristo hambre, le acometió Satanás
con la tentación de gula, como el
capitán que bate la fortaleza por la parte que ve flaquear el muro; y mostrando
tú hambre de los bienes temporales y flaqueza en la virtud, te acometerá
Satanás. Pon la mano en tu pecho y mira si flaquea de alguna parte, y pídele al
Señor que te fortalezca para que no seas
vencido. Advierte cómo guerrea el
demonio con Cristo, tentándole como al primer Adán con la gula; y cómo Cristo le vence con la
confianza en Dios, que empeñó su palabra de
no desamparar a los suyos en las necesidades; confía en su bondad que no
te dejará en las tuyas.
Punto III.- Considera cómo llevó el demonio a Cristo al pináculo del
templo y allí le persuadió que se arrojase al suelo, confiando en la
providencia divina con vana presunción de que enviaría a sus ángeles para que
le llevasen en palmas para que no se hiciese mal. Aprende las astucias del
demonio y no te dejes engañar de sus lazos, huye como Cristo la vanagloria y
presunción con verdadera humildad si quieres salir vencedor.
Punto IV.- Considera cómo desde el templo llevó el demonio a Cristo a un
monte levantado y le ofreció porque le adorase todas las honras y riquezas del
mundo, las cuales despreció el Salvador, y venciendo al demonio llegaron los
ángeles a coronarle como a vencedor. Contempla la importunidad del demonio en
tentar a Cristo, pues vencido dos veces no desistió de su intento, y le
acometió la tercera con mayor furia, para que estés sobre aviso de que nunca se
da por vencido, y que siempre debes estar pronto para resistirle. Considera
cuán fuerte arma es la codicia de los bienes temporales, pues confía en ellos
el demonio de poderle vencer no habiendo podido con las otras tentaciones, y
guarda tu corazón libre de su afición para que no caigas en sus lazos. Mira
cómo las despreció Cristo todas con tan grande valor, y llora tu flaqueza y tu
malicia, que tantas veces has hincado la rodilla al demonio por intereses
humanos de ninguna estimación. Mira cómo huyó el demonio corrido, porque huye
de quien le vence: resístele con valor y huirá de ti. Gózate de ver a tu
capitán coronado, alégrate de su dicha y aprende a vencer si quieres alcanzar
la corona que el Salvador alcanzó.
sábado, 21 de febrero de 2015
MEDITACIONES: Sábado primero de Cuaresma

Meditación
Por el P. Alonso de Andrade
De la doctrina del Evangelio
Padeciendo los discípulos tempestad una noche en el mar, vino a ellos
Cristo sobre las aguas, entró en su nave y cesó el viento; llegaron a tierra, y
sanó a muchos enfermos que vinieron a pedirle salud.
Punto I.- Considera la tempestad que padecieron los discípulos que se
embarcaron sin su maestro en el mar; porque a donde falta el Señor, luego se
mueven tempestades. Aprende a no perderle de vista; más ruégale afectuosamente
que no se aparte de ti, ni te deje apartar de su lado.
Punto II.- Considera la vigilancia y cuidado con que vivía el Salvador
de los suyos, y la que deben tener los prelados y superiores de quienes les ha
encomendado. Mira cómo entra en el mismo peligro con ellos y cómo los visita en
sus mayores aflicciones, y aprende a visitar y consolar a los tuyos y a tener
firme esperanza en la piedad de este Señor. Piensa el cuidado que tiene de ti y
cómo nunca te olvida y sabe y atiende a dónde estás, y los trabajos que te
cercan para consolarte en ellos y librarte de cualquier peligro en que te
hallares. Gózate de tener tan buen maestro y Señor, y clama en tus necesidades
suplicándole que venga y te favorezca, como lo hizo con sus discípulos.
Punto III.- Considera cómo los discípulos al principio no conocieron a
su Maestro, hasta que se acercó a ellos y entró en su nave. Llégate a Dios si
quieres conocerle, que por esto le ignoras y no le sirves como debes, porque andas retirado de su
presencia, embarcado en el mar de este mundo. Retírate de las criaturas y
hallarás al Creador. Conversa con Él en la oración, y alcanzarás luz para
conocerle, y espíritu para amarle y servirle.
Punto IV.- Considera cómo en llegando a tierra le llevaron los enfermos
y todos cobraron salud con solo tocar su vestidura. Pondera cuántas veces le
has tocado tú, no sólo su vestidura sino su Santísimo Cuerpo, y recibiéndole en
el tuyo, y sigues enfermo, porque no tienes la Fe que aquellos tuvieron. Llora
tu negligencia, y pídele al Señor que te sane pues tienes tantas enfermedades;
cuéntaselas una a una, y pídele que te sane de todas, y que te dé su gracia
para que no vuelvas a recaer en los pecados.
MEDITACIONES: Viernes primero de Cuaresma

Meditación
Por el P. Alonso de Andrade
De la Cena legal que celebró Cristo con sus discípulos.
Punto I.- Considera la observancia que tuvo Cristo de la ley y de todas
sus ceremonias, guardándolas puntualmente, y aprende de tan gran maestro a
guardar la ley de Dios y todas sus ceremonias puntualísimamente, y las reglas y
estatutos de tu estado y profesión a ejemplo del Salvador, y pídele su gracia para
imitarle.
Punto II.- Mira con los ojos del alma a Cristo nuestro Señor a la mesa
con sus discípulos. Contempla la modestia, la gravedad y silencio con que
están; la templanza que guardan en la comida y bebida, y en todas las acciones
que hacen; y aprende de la manera que te debes portar en tus comidas,
pidiéndole al Señor sus auxilios para no excederse en ellas.
Punto III.- Mira el plato principal de aquel convite, aquel Cordero
legal asado y entero, imagen del mismo Cristo: Cordero inmaculado, sazonado en
el fuego de su amor, y crucificado y
herido con tanto número de tormentos. Contempla al Salvador y mira los afectos
de obediencia y amor que ardían en su Alma, ofreciéndose de buena voluntad a su
Eterno Padre, para remedio del género humano; recoge las lágrimas que caen de
sus ojos y acompáñalas con las tuyas viendo a tu Salvador ofreciéndose por ti,
y ofrécete con rendida voluntad a morir por su amor y padecer por el bien de tus hermanos.
Punto IV.- Mira cómo Cristo parte y reparte aquel cordero entre todos
los apóstoles y los que moraban en la casa; declarando con esto, que a todos
había de caber parte de los méritos de su pasión, y habían de participar del
Cordero inmaculado que se había de ofrecer en la cruz. Llega tú también con la
reverencia y humildad que debes, y pídele al Señor que te dé alguna parte
aunque no la merezcas. Dile con afecto de tu corazón: Señor, que a todos
repartís del plato de esta mesa, no me dejéis a mí solo sin alguna parte de las
que dais a los demás; dais por pobres, ninguno más que yo; si por necesitados,
yo soy el que más, si por desamparados, yo no tengo otro amparo sino a Vos, si
por huérfanos, vedme aquí sin padre y sin madre; si por siervos vuestros, yo no
quiero tener otro dueño sino a Vos; aquí me estaré hasta que os apiadéis de mí.
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