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viernes, 6 de julio de 2018

PREDESTINACIÓN



 
 ¿En qué consiste la predestinación?
  En el beneficio de morir en gracia.
  Nadie puede asegurar que ha de morir en gracia; pero se pueden tener grandes señales de ello.
  Todos los hombres pueden morir en gracia; pero no todos mueren en gracia.
  La mayoría de los adultos  mueren en pecado, porque la mayoría viven constantemente en pecado y la muerte los coge en pecado.
  De los que viven constantemente en pecado, algunos mueren en gracia, por excepción.
  Y de los que viven constantemente en gracia, algunos, a última hora, pecan y mueren en su pecado.
  Dios, hasta el último instante de la vida, llama a todos al arrepentimiento y al perdón; unos responden libremente a la gracia y se salvan: son los predestinados; otros rechazan libremente la gracia: son los condenados.
  Para que respondan libremente a la gracia, Dios da a todos las gracias necesarias, y de ordinario muchas más; pero no a todos da las mismas, sino a unos más y a otros menos. Pero aun a quien da más se puede perder, y aun a quien da menos se puede salvar.
  Los que en el último momento responden, se salvan; los que en el último momento no responden, se pierden.
  Dios todo lo tiene previsto: la correspondencia de los unos y la no correspondencia de los otros.
  Los primeros son predestinados.
  Los segundos, no predestinados.
  Los primeros se salvan porque quieren; los segundos se pierden porque quieren.
  La predestinación es la mayor de las gracias, por nadie merecida y para todos posible.
  Ningún hombre puede tener certeza de ser predestinado, y ningún hombre puede saber con certeza absoluta si está en gracia.
  ¿Pueden darse algunos indicios de predestinación?
  Sí. La vocación religiosa, que encierra en sí todas las demás señales de predestinación.
  El estado habitual en gracia, que debe juzgarse se tiene  cuando no hay conciencia de pecado grave.
  La comunión diaria, que supone el estado de gracia habitual.
  El hábito de mortificaciones pequeñas diarias, que suponen la ausencia de pecados graves y aun de los veniales deliberados frecuentes.
  La comunión de los nueve primeros viernes de mes, en honor del Sagrado Corazón de Jesús.
  La comunión de los cinco primeros sábados de mes, en honor de la Santísima Virgen.
  ¿Qué medios pueden tomarse para asegurar la predestinación?
  Pedir a Dios todos los días esa gracia que nadie puede merecer y todos podemos conseguir.
  Meter en el alma muy hondamente el santo temor de Dios, que nos inspire profundo horror al pecado.
  Hacer elección de estado en unos ejercicios espirituales, para escoger sólo aquel estado en que creamos nos quiere Dios; porque el que en esto yerra tiene peligro serio de perderse.
  Meditar frecuentemente sobre las verdades eternas, la inmensa vanidad de las cosas humanas y la gravedad de todo lo que es eterno.
  Una devoción sólida a la Virgen María, no sólo afectiva, sino sacrificada, con obsequios de vencimiento propio.
  Angel Anaya, S.J.

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