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jueves, 11 de enero de 2018

Jesús no buscaba regalos sino sufrimientos

                                           
 
   En todos los misterios de la infancia de Jesús se experimenta el sabor de lo dulce y de lo amargo.
   Dulce es verle recién nacido, y amargo verle sobre pajas tiritando.
   Dulce es verle honrado con el nombre de Jesús, y amargo verle vertiendo sangre.
   Dulce es verle presentado en el templo, y amargo profetizado como signo de contradicción.
   Es la imagen de nuestra vida. Dios es tan humano, que no consiente una vida ni de solas alegrías ni de solos pesares.
   De solos pesares, porque sería un estado de violencia perpetua, incompatible con la virtud y la bondad divina.
   De solas alegrías, porque la prosperidad constante aleja el corazón de Dios.
   El dolor acerca a Dios más que el gozo; por eso Dios nos manda menos goces que penas.
   Y por eso Cristo, aun en su infancia, sufrió más trabajos que gozó contentos, para ser nuestro dechado en todo.
   Ignacianas

   Angel Anaya, S.J. 

sábado, 6 de enero de 2018

¿Qué es la eternidad?


                                                     
   Es lo que no tiene fin. Es un mar sin riberas. Es un espacio sin término. Un momento que nunca pasa. Bajada a un abismo sin fondo. Noche sin nuevo día. Circunferencia que no se sabe dónde comienza y acaba. Reloj que sólo señala esta hora: siempre.
   ¿Cuántos siglos tiene toda la eternidad? Todos. Pongamos el número mayor de siglos que pueda concebirse. ¿Ha pasado ya el primer instante de la eternidad? No, porque queda ella toda tan entera como antes.
   Si un condenado derramase cada cien años una lágrima, ¿cuántos siglos habrían de pasar hasta que sus lágrimas igualasen las aguas del océano?
   Si todo el espacio fuese de papel y en él se escribiera la unidad seguida de tantos ceros como caben en todo el cielo, ¿cuándo acabarían de pasar los siglos representados por ese número?
   Si hubiese un monte que llegara hasta las estrellas y un ángel quitara un granito cada mil años, ¿cuándo acabaría de desaparecer ese monte?
   Pues cuando todos esos siglos hubieran pasado, la eternidad no sólo no habría terminado, sino ni siquiera comenzado.
   Todo es mudable en la vida: sus penas se acaban, se alivian o acaban con quienes las padecen. En el infierno serán sin alivio sin fin.
   ¡Qué despecho será para el condenado viendo que se acabaron las llamas de San Lorenzo, la cruz de San Andrés, los ayunos de San Hilarión, las disciplinas de Santo Domingo, y que sus propias penas ni se pasan, ni tienen esperanza de que se acaben. Padezcamos ahora para gozar eternamente.
   ¿Qué será nuestra vida de cincuenta, sesenta, ochenta años, comparada con la eternidad?
   Por un instante que duró el pecado de los ángeles tienen ahora una eternidad de condenación.
   De la misma manera, pasada la vida pecadora del hombre le parecerá un relámpago comparada con la eternidad.
   Repitamos muchas veces ¡siempre! ¡Jamás! Siempre durará el infierno; jamás se acabará. Siempre será el condenado odiado de Dios; jamás le perdonará. Siempre blasfemará de la Virgen Santísima; jamás será mirado con misericordia por Ella. Siempre tendrá los demonios por señores; jamás se verá libre de su yugo. Siempre sentirá que le roe las entrañas su mala conciencia. Jamás tendrá un instante de paz en su espíritu.
   ¡Oh, si los hombres pensaran estas verdades! No quieren…
   Tengamos con ellos la inmensa caridad de hacerlos pensar; aunque no quieran.
   Ignacianas

   Angel Anaya S.J.

MASONES CHILENOS EN LA CIMA DEL PODER (DISCURSO FESTEJANDO A LA GRAN LOGIA DE CHILE)

NdB: MENSAJE SATÁNICO DE LA PRESIDENTE Y EL AHORA PRESIDENTE ELECTO DE CHILE. DIOS SALVE A LOS CHILENOS CATÓLICOS DE TALES PERSONAJES

Finalmente, queriendo detener los avances de esta perversión y prohibir una vía que daría lugar a dejarse ir impunemente a muchas iniquidades, y por otras varias razones de Nos conocidas, y que son igualmente justas y razonables; después de haber deliberado con nuestros venerables hermanos los cardenales de la santa Iglesia romana, y por consejo suyo, así como por nuestra propia iniciativa y conocimiento cierto, y en toda la plenitud de nuestra potencia apostólica, hemos resuelto condenar y prohibir, como de hecho condenamos y prohibimos, los susodichos centros, reuniones, agrupaciones, agregaciones o conventículos de francmasones o cualquiera que fuese el nombre con que se designen, por esta nuestra presente Constitución, valedera a perpetuidad. 
Por todo ello, prohibimos muy expresamente y en virtud de la santa obediencia, a todos los fieles, sean laicos o clérigos, seculares o regulares… que entren por cualquier causa y bajo ningún pretexto en tales centros, reuniones, agrupaciones, agregaciones o conventículos antes mencionados, ni favorecer su progreso, recibirlos u ocultarlos en sus casas, ni tampoco asociarse a los mismos, ni asistir, ni facilitar sus asambleas, ni proporcionarles nada, ni ayudarles con consejos, ni prestarles ayuda o favores en público o en secreto, ni obrar directa o indirectamente por sí mismo o por otra persona, ni exhortar, solicitar, inducir ni comprometerse con nadie para hacerse adoptar en estas sociedades, asistir a ellas ni prestarles ninguna clase de ayuda o fomentarlas; les ordenamos, por el contrario, abstenerse completamente de estas asociaciones o asambleas, bajo la pena de excomunión…»
CLEMENTE XII
 In eminenti:  28 de abril de 1738

NdB: DIOS GUARDE A LOS CHILENOS CATÓLICOS DE TAL MAL, COMO EN OTROS PAISES, NO HUBIERAN LOS MASONES HABER HECHO TANTO DAÑO SIN LA AYUDA DE TRAIDORES A LA FE NI VENDE-PATRIAS

viernes, 29 de diciembre de 2017

VANIDAD DE LA VIDA LARGA


  “El tiempo que vivió Adán fue de novecientos y treinta años, y murió.
  Todos los días de Set vinieron a ser novecientos y doce años, y murió.
  Y todos los días de Enós fueron novecientos y cinco años, y murió.
  Todos los días de Matusalén fueron novecientos y sesenta y nueve años, y murió”.
  Cincuenta años que han de pasar parecen inacabables.
  Pero cincuenta años, cien años, novecientos años, pasados, parecen un instante.
  Echemos cada uno de nosotros una ojeada a nuestra vida. Hemos vivido veinte, cincuenta, sesenta años. ¿Cómo se nos han pasado? Como un sueño.
  La prosperidad, la adversidad, las alegrías, el dolor, todo parece soñado.
  El Libro de la Sabiduría dice de los pecadores condenados: “¿De qué nos ha servido la soberbia? O ¿qué provecho nos ha traído la vana ostentación de nuestras riquezas? Pasaron como sombras todas aquellas cosas”.
  La eternidad es vivir siempre, siempre, siempre.
  No tantos siglos como átomos tiene el mundo, sino siempre, siempre, siempre.
  ¿Qué es nuestra vida al lado de eso? No una gota comparada con el mar, no un granito de arena comparado con toda la tierra.
  Nuestra vida es infinitamente menos: nada, nada, nada.
  ¿Qué son las penas de una vida larga, comparada con la eternidad de las penas del infierno? Nada.
  ¿Qué son nuestras alegrías comparadas con la felicidad eterna del Cielo? Nada.
  Nuestra vida presente comparada con la eternidad es como una burbuja que revienta y de ella no queda nada.
  ¿Por qué es vana la vida larga? Porque todo lo que pasa es despreciable.
  Porque el hombre nunca se sacia de vivir.
  Porque el futuro es incógnito y no sabemos si nos traerá el bien o el mal.
  Porque la vida larga aumenta nuestros pecados y responsabilidades.
  Porque la vida larga está llena de peligros y tentaciones.
  Porque la vida es un valle de lágrimas.
 Porque muchos que murieron pronto estarán en el cielo por eso. Doloroso es para una madre ver a su niño pequeñito muerto entre sus brazos; pero está en el cielo, y, de vivir mucho, tal vez se hubiera condenado.
  Porque la vida no es sino una guerra continuada, como dice Job.
 Danos, pues, Dios nuestro, una vida santa, con los años que Tú quieras, con los que Tú veas son convenientes para nuestra santificación.

  Ignacianas
  Angel Anaya, S.J.