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jueves, 21 de junio de 2018

PORQUE DEJAMOS LA FSSPX: CARTA DE UNA CATÓLICA

NdB: REPUBLICAMOS ESTA VALIOSA CARTA DE UNA FIEL CATÓLICA MADRE DE FAMILIA DONDE EXPLICA PORQUE NO SE PUEDE IR A LA FRATERNIDAD SAN PÍO X


VIVA CRISTO REY Y ADELANTE CATÓLICOS CRISTEROS.. "Porque nuestra salvación esta mas cerca que cuando empezamos a creer" (San Pablo)



     Tengo la gracia de haber nacido dentro del seno de una familia católica, defensora de la verdadera Fe que nos enseñó Nuestro Señor Jesucristo.

     Conscientes mis padres del grave daño que significaba para nuestra Fe el seguir asistiendo a la Iglesia Oficial tras los cambios derivados del Concilio Vaticano II, nos retiraron de la asistencia dominical y trataron de fortalecer nuestro espíritu con el rezo diario del Santo Rosario, lecturas piadosas  y el estudio de nuestro querido catecismo del R. P. Ripalda, mismo que recitábamos de memoria mis hermanos y yo en casa, a falta de un lugar donde pudiéramos tomar clases de doctrina o tener una vida parroquial. Esta forma de vivir, apartada de la Iglesia Oficial, logró despertar en nuestras  almas infantiles un estado de conciencia sobre la gravedad de la situación: el Concilio Vaticano II había acabado con todo lo hermoso y sublime de la liturgia tradicional,  envolviéndola con engañosos velos de un protestantismo puro. La Fe se perdía…

     Pero Dios no abandona. Durante mi adolescencia  escuchaba a mis padres hablar de un obispo que levantó su voz contra toda oposición y siendo fiel a Cristo y no al hombre, fundó una fraternidad con la única finalidad de preservar la tradición católica, combatiendo a los enemigos de la Iglesia y servir a Cristo Rey; su nombre Mons. Marcel Lefebvre.

     Así fue como después de tantos años de sacrificios y limitaciones en cuanto a sacramentos, pero con mucha esperanza en Dios llegamos a conocer a la FSSPX.  Fue un gran consuelo para mi alma el poder encontrar el auxilio de sacerdotes tradicionales, escuchar las misas en latín, los cantos gregorianos, conocer a personas que perseguían los mismos ideales; y más tarde el poderme casar y bautizar a mis hijos en una capilla tradicional, lo cual podría decirse que fue una de mis mayores bendiciones.

     Mi esposo y yo teníamos la gran responsabilidad de educar a nuestros hijos en el santo temor de Dios y por eso, cumpliendo con nuestros deberes de padres católicos, los inscribimos puntualmente en sus clases de catecismo en la FSSPX.  Estaba feliz de que mis hijos tuvieran lo que yo no tuve, estaba confiada en que crecerían con una formación religiosa íntegra, firme, fiel a Cristo Rey, a la tradición… y así pasó el tiempo.

     Pero el demonio no descansa. Algo estaba cambiando. De una manera muy sutil, casi imperceptible, los sermones dominicales dejaron de ser los mismos. Pasaron de ser un llamado a la lucha y defensa de la Verdad, señalando todos los errores del modernismo (en los cuales se nos inflamaba el alma), a  un adormecedor estado de tranquilidad en el cual se nos decía “aquí no pasa nada”, “no se preocupen”, “no se metan al internet”, “no hagan caso de habladurías”…¿Qué nos trataban de ocultar? Por supuesto que no me iba a quedar con los brazos cruzados, no podía conformarme con sus explicaciones superficiales y ambiguas, estaba en juego mi Fe y la de mis hijos, así que me documenté y me llevé una gran sorpresa y una terrible decepción: ¡La FSSPX  tiene toda la intención de ser reconocida por Roma y regularizarse con la Iglesia Conciliar! ¿Qué necesidad tiene de eso si nunca estuvimos fuera de la Verdadera Iglesia? ¡La FSSPX  está aceptando la mayor parte de los errores del Concilio Vaticano II! ¡La Declaración Doctrinal de Mons. Fellay del 2012 dice que aceptan el 95% de ellos!

¿Qué  no el objetivo de la FSSPX es preservar la Tradición Católica? ¡La FSSPX  (ahora Neo-FSSPX) está engañando a sus fieles diciendo que dentro de la Iglesia Visible podrán convertir a la Iglesia Conciliar a la tradición!

¿Qué no basta una sola manzana podrida para contaminar a las demás? Siempre predicaban que nos apartáramos de las malas compañías. ¿Acaso ellos están exentos del contagio?

     No necesito de mayores razonamientos  para concluir que están traicionando a su fundador, Mons. Lefebvre, que se están acercando a los enemigos de la Iglesia y se están alejando del servicio a Cristo Rey.

     Ahora soy yo la que, consciente del grave daño que significa para nuestra Fe seguir asistiendo a las misas de la FSSPX, retiro a mis hijos de la asistencia dominical y del catecismo; sin ningún escrúpulo de conciencia. Así como hicieron mis padres hace 40 años, hoy  lo hago yo. Ahora quiero que tengan lo que yo sí tuve: celo por buscar siempre la Verdad, amor a la lucha, firmeza en sus convicciones; no le daremos la espalda a Nuestro Señor Jesucristo. No permitiré que se contaminen del liberalismo, que los llenen de ilusiones falsas. Volvemos, pues, al estudio  de su catecismo, al rezo diario del Santo Rosario, lo mismo que a las lecturas piadosas en casa. Esperando que Dios tenga misericordia de todos nosotros y acorte estos tiempos.

Así, para concluir el por qué es necesario continuar la lucha fuera del peligroso ambiente liberal que ya se comenzó a vivir dentro de la FSSPX, es porque me gustaría que mis hijos, habiendo escogido sus vocaciones puedan igualmente decir:


“Tengo la gracia de haber nacido dentro del seno de una familia católica, defensora de la verdadera Fe que nos enseñó Nuestro Señor Jesucristo”.

miércoles, 20 de junio de 2018

NEWSLETTER FOR OUR FRIENDS AND BENEFACTORS: SUMMER 2018


We want to inform you, dear friends, that Divine Providence has allowed us to grow in the number of secular oblates of the monastery (more than 60 in 5 countries) and also in the missions Our Lord has commended us to help out. This service to souls that we are taking upon us are in accord to the will of our congregation's founder, Rev Father Jean Baptista Muard, beginner of the benedictines of the Most Sacred Heart of Jesus. Our Lord Himself was his constant Guide. Part of this will of Our Lord was that the monks of this benedictine branch were asked to become also missionaries. He wanted silent and prayerful monks living in the solitude of the cloister life, as dictated by the Holy Rule of our most holy father St. Benedict. But this hidden life was to be alternated with the exterior charity of the preaching of missions. Following the spirit of St Bernard who had very often to leave the delights of the cloister life to help out the Catholic Church in her great needs. St Bernard even became the leader of the preaching second crusade for conquest of holy Land for the Church. And now on these times Divine Providence has led us on this road of grave state of necessity of the Church. 

 At the prospect of seeing the coming N-FSSPX general chapter in order to elect new general superior on July, we want to stress out an important point for its own welfare.

Without doubt it has to be said that he archbishop Marcel Lefebvre has been a Providencial move in order to protect the Holy Catholic Church, specially the faith, the priesthood, and the most Holy Sacrifice of the mass. Already many of the children of archbishop Lefebvre are aware that since his death, his work, the old SSPX, has been decaying and loosing strength as time pass by (specially by already compromising in many things with the enemies of the Church, keeping too often the light of the truth hidden from the peoples’ eyes).

 On this occasion we only want to point out ONE of the causes which surely has caused this shipwreck of the N-SSPX. Mons. Marcel Lefebvre clearly pointed out that he preferred to elect as general superior of the SSPX a PRIEST rather than a BISHOP (himself elected as first general superior to Father Franz Schmidberger, a priest, although he was discovered later to become an accomplice in gradual agreements). 

There are two grave reasons for this choice: 

1.-The archbishop wanted a constant remainder into the mind of his members and followers concerning the STATE OF NECESSITY due to the general apostasy of the oficial hierarchy. This state of necessity caused 2 events: on the one side the impossibility in conscience of obeying to this oficial hierarchy, and on the other side the fact of not having ordinary jurisdiction but only supplied jurisdiction and case by case. 

These particular extraordinary circumstances moved the archbishop to the choice of having a PRIEST rather than a BISHOP as the head of the SSPX. This way of acting was done to prevent the risk for priest and the faithful of loosing sight of the state of necessity.

 The fact of having as head a bishop (i.e. Mons. Bernard Fellay) for the last 24 years had caused to members and followers of the SSPX to be use to this situation and therefore they ended by seeing (and perhaps NOT aware of it) the Society as a hierarchy with jurisdiction; with an estructure, with an authority as if we were living in the ORDINARY times, wherein there is NOT more state of necessity, wherein a bishop governs a flock. This new mentality has been creating little by little the ¨necessity of feeling themselves to become “normal," the necessity of being accepted “as we are”; all these feelings have being fed up continuously forgetting or wanting to forget that the new Rome has not been converted. The fact is that the new SSPX has lost sight of the state of necessity that we are living, they do not see the extraordinary character of the circumstances; they have been accepting already gradually the ORDINARY ways of conferring the sacraments from apostate Rome itself! 

2.-This prudencial measure of the Archbishop was also intended to avoid that in the future the 4 bishops consecrated by him might demand for themselves any authority of jurisdiction over priests and faithful. They were meant to remain only as AUXILIARY BISHOPS while the crisis lasted. The bishops were consecrated by him do not in order to govern but rather in order to administer the true catholic sacraments to the members of the CATHOLIC CHURCH to those who might request them or to those who may have a need of them (especially when we know that the new modernist “sacraments” have been substantially adulterated in times of Pope Paul VI, causing them to be highly doubtful). 

 We want to stress out the point: The 4 auxiliary bishops consecrated by Mons. Lefebvre and the other 3 consecrated by Mons. Williamson, they are all ONLY auxiliary bishops of the CATHOLIC CHURCH. They are not auxiliary bishops of the NSSPX or of the Resistance because the state of necessity exist within the Catholic Church. They were not created bishops to just attend a determineate religious group. We are all here to help out the Catholic Church, nothing less than that. Even if they are not members of a given group (NSSPX, “Resistance," or Dominicans, etc). 

 It should be enough for a catholic bishop of priest, who has not jurisdiction, on the present state of necessity of the Church, and in order to administer the sacraments; that those sacraments may be requested from them by catholics who have the right intention, formation, and dispositions. We invite to all catholic faithful to implore the graces from Heaven, specially lights, so that the state of necessity of the Church may be again the pattern of behavior within the N-SSPX. The lack of this basic principle has contributed to them to loose track and as well as to loose their very reason of existing. Let us ask the Blessed Virgin Mary to help them to elect as a new general superior of the SSPX on the next general chapter, to a worthy PRIEST, a priest without human or practical compromises; a servant of God who may follow the path marked by the Archbishop. 

That is, a priest who may defend the faith with charity; someone constantly resisting modernism and liberalism; someone habitually willing to denounce the wolves dressed as sheep cloth. A priest who may fulfill his commitment to defend the interests of Christ the King. For charity sake we also ask to all of Archbishop spiritual children, specially to bishops and priests, to remember their mission towards the Church: to be servants of the Holy Catholic Church and do not just of religious parties. Ever grateful towards you for all your prayers, charity, and continual support. 

Father Raphael OSB 

lunes, 18 de junio de 2018

CUARTO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS: Misión Nuestra Señora de Guadalupe

La Resistencia Católica en Monterrey Nuevo León sigue en la lucha por la defensa de la fe, se celebró la Santa Misa dos días consecutivos.

 A pesar del licenciamiento de tropas por parte de un cura chileno, de la falsa resistencia, que mandó a sus fieles a la nueva FSSPX, la resistencia de esta ciudad aun sigue en pie. 

Este cura chileno, recomendado a nuestra feligresía, por próceres de la falsa resistencia "apostoló" en nuestra tierra mexicana en años pasados (2013-2017). ¿Los frutos? En cada ciudad que pisó se dividió la feligresía sin detallar la excomunión y persecución de sacerdotes y fieles. Sin mencionar a detalle la manipulación mediática cibernética por medio de blogs subyugados a su causa.

 Para dicho cura chileno y para algunos de la falsa resistencia ir a la nueva FSSPX da lo mismo, ir con los modernistas o no, es lo mismo; para él, se pueden recibir sacramentos de los modernistas al parecer sin escrúpulo;  para dicho cura no hay estado de necesidad, y para dicho cura la iglesia conciliar es la católica. 

Gracias a su "valioso trabajo" en conjunto con quienes lo apoyaron (la falsa resistencia); dividieron la resistencia mexicana mediante tácticas añeja conocidas del enemigo. Dejó el país (gracias a Dios!!), pero dejó a la resistencia mexicana dividida y desprestigiada. Ahora esta al acecho de otros fieles en otro continente. 

Vigilad y orad porque los falsis fratribus están al acecho.

La misión de Santa María de Guadalupe sigue adelante bajo la dirección del R.P Rafael OSB.
Viva Cristo Rey




jueves, 7 de junio de 2018

MONASTERIO SAN JOSÉ: CARTA DE VERANO A LOS AMIGOS Y BENEFACTORES





  JUNIO 8, 2018
FIESTA DEL SAGRADO CORAZÓN

            Les informamos a todos ustedes que siguiendo los pasos de la Divina Providencia hemos estado creciendo, pero en el número de oblatos seculares benedictinos (más de 60 en 5 países diferentes), y en el número de misiones. De acuerdo a la voluntad de nuestro fundador, el Padre Jean Baptista Muard, y del Sagrado Corazón de Jesús a través de él, nuestra congregación benedictina fue creada para formar monjes misioneros. Monjes llenos del silencio del claustro y del espíritu de San Benito pero con la encomienda de realizar misiones al exterior. Monjes que como San Bernardo tuvieran que salir del claustro por caridad para asistir a las necesidades GRAVES de la Iglesia, hasta el punto de llegar a ser él mismo el predicador y líder de la segunda Cruzada en tierra santa. Por ello es que, sin descuidarnos de nuestra vocación contemplativa, seguimos nuestra vocación de salir a ayudar a muchos que estos tiempos de crisis sin precedentes necesitan de nosotros.

            En miras al capítulo general de la FSSPX que se verificará el próximo mes de Julio, no queremos perder la oportunidad de recordar de que la obra de Mons. Marcel Lefebvre ha sido un gran evento suscitado y acompañado por la Divina Providencia para proteger la Iglesia Católica, especialmente a la fe, el sacerdocio y el Santo Sacrificio de la Misa. Es del conocimiento de muchos y sospecha de muchos otros, que a partir de la muerte del santo arzobispo, su obra se ha estado desvirtuando y debilitando paulatinamente. Ahora solo quiero nombrar una de las causas que me parece es decisiva en este declive de la FSSPX y que se puede revertir:

            Mons. Marcel Lefebvre indicó claramente que prefería que fuera electo superior general de su FSSPX un sacerdote y NO un obispo (Monseñor mismo eligió como primer superior general al Padre Franz Schmidberger, aunque finalmente se descubriera como un cómplice acuerdista). Esto lo previno el arzobispo por dos razones graves:

            1.- El arzobispo quería que éste hecho fuera como un constante recordatorio tanto a los mismos miembros de la FSSPX como a sus seguidores, de que nos encontramos en un ESTADO DE NECESIDAD debido a la apostasía generalizada de la Jerarquía oficial. Al ya no poder obedecer ni seguir más en conciencia a la jerarquía oficial, y al no existir jurisdicción fuera de esta jerarquía sino solamente de SUPLENCIA y caso por caso, era conveniente entonces tener a un sacerdote a la cabeza de la FSSPX para que no se corriera el riesgo de que los fieles perdieran de vista el principio de necesidad en la recepción de sacramentos. Porque el tener a la cabeza un obispo podría hacerles pensar (como pasa hoy en día con la inmensa mayoría después de 24  años de gobierno por un obispo) de que hay jerarquía con jurisdicción y de que la estructura que se tiene es como en épocas ORDINARIAS como cuando no hay estado de necesidad, en la que un obispo es el que gobierna un rebaño. Esa mentalidad ha ido creando el escrúpulo de sentirse anormal y de querer sentirse aceptado tal y como es y de querer sentirse en un estado normal aunque la Roma oficial no se haya convertido (hoy en día ya perdieron de vista de que existe ESTADO DE NECESIDAD, es decir, de que existe una situación EXTRAORDINARIA, y por ello es que han estado aceptando progresivamente: confesión ORDINARIA, matrimonios dirigidos por el ORDINARIO, etc)

            2.- Para que los obispos de la FSSPX no reclamaran para sí mismos ninguna AUTORIDAD de jurisdicción sobre los fieles. Para que se quedaran en su status de OBISPOS AUXILIARES, obispos consagrados NO para gobernar un rebaño sino solo para administrar con seguridad y validez principalmente los sacramentos del Orden Sacerdotal y de la Confirmación a la Iglesia Católica dispersa por los 4 puntos cardinales cuando se tuviera de ellos NECESIDAD (esta necesidad se hace más imperiosa al conocer la adulteración substancial que sufrieran todos los sacramentos en manos del Papa Paulo VI, haciéndolos altamente dudosos estos nuevos “sacramentos”).

            Hacemos énfasis en este punto: los 4 obispos auxiliares consagrados por Mons. Lefebvre son obispos auxiliares de la Iglesia Católica (así como los otros 3 consagrados por Mons Williamson), ellos NO son obispos auxiliares de la FSSPX o de la RESISTENCIA. El estado de necesidad es de la Iglesia Católica y NO de la FSSPX. La FSSPX fue creada para servir a la Iglesia Católica. La NECESIDAD de todos fieles católicos es precisamente lo UNICO que puede mover a un obispo o a un sacerdote católico, que no tiene jurisdicción, a dar los sacramentos cuando los que lo requieren son católicos y tienen la formación y disposición adecuadas, SEAN O NO SEAN miembros de la FSSPX.


           

            Invito a todos los fieles católicos pedir al Cielo para que este principio del ESTADO DE NECESIDAD tan obvio y tan importante pueda despertar, dar luz, y revivir a una NEO-FSSPX que ha perdido el rumbo y su razón de existir. Pidamos para que nuestra Señora elija como superior general de la FSSPX en el próximo capítulo general, a un sacerdote sin compromisos humanos, a un siervo de Dios que rechace todo tipo de compromiso práctico, que siga la línea de Mons. Lefebvre, que defienda la fe católica con caridad, que resista, que denuncie a los lobos vestidos de oveja, que su único compromiso sea defender los intereses de Cristo Rey.

            Pedimos por caridad a todos los obispos y sacerdotes hijos espirituales de Mons. Lefebvre que recuerden su misión hacia la Iglesia. Y vuelvan a ser servidores de la Iglesia Católica Apostólica Romana, no de partidos religiosos.

            Agradeciéndoles a todos sus oraciones, caridad, y soporte continuo.


Padre Rafael Arízaga OSB


domingo, 3 de junio de 2018

VIDA DE SAN BENITO (4a PARTE)



CAPÍTULO VI

DEL HIERRO VUELTO A SU MANGO DESDE EL FONDO DEL AGUA

En otra ocasión, un godo pobre de espíritu llegó al monasterio para hacerse monje y el hombre de Dios Benito le recibió con sumo gusto. Cierto día mandó darle una herramienta -que por su parecido con la falce llaman falcastro-, para que cortara la maleza de un sitio donde había de plantarse un huerto. El lugar que el godo había recibido para limpiarlo estaba en la misma orilla del lago. Mientras el godo cortaba aquel matorral de zarzas con todas sus fuerzas, se desprendió el hierro del mango y cayó al lago, precisamente en un lugar donde era tanta la profundidad del agua, que no había esperanza alguna de recuperarlo. Perdida ya la herramienta, corrió el godo tembloroso al monje Mauro, le contó lo que le había sucedido e hizo penitencia por su falta. Enseguida, Mauro puso el hecho en conocimiento del siervo de Dios Benito, el cual,
enterado del caso, fue al lugar del suceso, tomó el mango de la mano del godo y lo metió en el agua. 
A1 momento, el hierro subió de lo hondo del lago y se ajustó al mango. Luego entregó la herramienta al godo diciéndole: "Toma, trabaja y no te aflijas más". 


CAPÍTULO VII

DE UN DISCÍPULO SUYO QUE ANDUVO SOBRE LAS AGUAS
Un día, mientras el venerable Benito estaba en su celda, el mencionado niño Plácido, monje del santo varón, salió a sacar agua del lago y al sumergir incautamente en el agua la vasija que traía, cayó también él en el agua tras ella. A1 punto le arrebató la corriente arrastrándole casi un tiro de flecha. El hombre de Dios, que estaba en su celda, al instante tuvo conocimiento del hecho. 

Llamó rápidamente a Mauro y le dijo:
"Hermano Mauro, corre, porque aquel niño ha caído en el lago y la corriente lo va arrastrando ya lejos". Cosa admirable y nunca vista desde el apóstol Pedro; después de pedir y recibir la bendición, marchó Mauro a toda prisa a cumplir la orden de su abad. Y creyendo que caminaba sobre tierra firme, corrió sobre el agua
hasta el lugar donde la corriente había arrastrado al niño; le asió por los cabellos y rápidamente regresó a la orilla". Apenas tocó tierra firme, volviendo en sí, miró atrás y vio que había andado sobre las aguas, de modo que lo que nunca creyó poder hacer, lo estaba viendo estupefacto como un hecho.

Vuelto al abad, le contó lo sucedido. Pero el venerable varón Benito empezó a atribuir el hecho, no a sus propios merecimientos, sino a la obediencia de Mauro. Éste, por el contrario, decía que el prodigio había sido únicamente efecto de su mandato y que él nada tenía que ver con aquel milagro, porque lo había obrado sin darse cuenta. En esta amistosa porfía de mutua humildad, intervino el niño que había sido salvado, diciendo: "Yo, cuando era sacado del agua, veía sobre mi cabeza la melota del abad y estaba creído que era él quien me sacaba del agua".

PEDRO.- Portentosas son las cosas que cuentas y sin duda alguna serán de edificación para muchos. Yo, por mi parte, te digo que cuantos más milagros conozco de este santo varón, más sed tengo de ellos.

CAPÍTULO VIII

DEL PAN ENVENENADO TIRADO LEJOS POR UN CUERVO

GREGORIO.- Habiéndose ya inflamado aquellos lugares circunvecinos en el amor de nuestro Dios y Señor Jesucristo, muchos empezaron a dejar la vida del siglo y a someter la cerviz de su corazón al suave yugo del Redentor. Pero como es propio de los malos envidiar en los otros el bien de la virtud que ellos no aprecian, el sacerdote de una iglesia vecina llamado Florencio, abuelo de nuestro subdiácono Florencio ", instigado por el antiguo enemigo, empezó a tener envidia del celo de tan santo varón, a denigrar su género de vida y a apartar de su trato a cuantos podía. Mas, viendo por una parte que era imposible impedir sus progresos, y por otra, que cada día crecía más la fama de su vida monástica, de manera que eran muchos los que se sentían llamados incesantemente a una vida más perfecta por la fama de su santidad, abrasado más y más en la llama de la envidia se hacía cada vez peor, porque deseaba recibir la alabanza de su vida monástica, pero no quería llevar una vida santa.
Cegado, pues, por las tinieblas de su envidia, llegó a enviar al siervo de Dios todopoderoso un pan envenenado, como obsequio. Aceptólo el hombre de Dios dándole las gracias, pero no se le ocultó la ponzoña escondida en el pan.

A la hora de la comida, solía venir del bosque cercano un cuervo, al que el santo le daba de comer por su propia mano. Habiendo venido como de costumbre, el siervo de Dios echó al cuervo el pan que el sacerdote le había enviado y le ordenó: "En nombre de nuestro Señor Jesucristo toma este pan y arrójalo a un lugar donde no pueda ser hallado por nadie". Entonces el cuervo, abriendo el pico y extendiendo las alas, empezó a revolotear y a graznar alrededor del pan, como diciendo que estaba dispuesto a obedecer, pero no podía cumplir lo mandado. El siervo de Dios le reiteró la orden, diciendo: "Llévatelo, llévatelo sin miedo y échalo donde nadie pueda encontrarlo". Tardó todavía largo rato el cuervo en ejecutar
la orden, pero al fin tomó el pan con su pico, levantó el vuelo y se fue. A1 cabo de tres horas, habiendo arrojado ya el pan, regresó y recibió el alimento acostumbrado de mano del hombre de Dios. Pero el venerable abad, viendo que el ánimo del sacerdote se enardecía contra su vida dolióse más por él que por sí mismo.

Mas, el sobredicho Florencio, ya que no pudo matar el cuerpo del maestro, intentó matar las almas de sus discípulos. Para ello, introdujo en el huerto del monasterio donde vivía, a siete muchachas desnudas, para que allí, ante sus ojos, juntando las manos unas con otras y bailando largo rato delante de ellos, inflamaran sus almas en el fuego de la lascivia 22. Vio el santo varón desde su celda lo que pasaba y temió mucho la caída de sus discípulos más débiles. Mas, considerando que todo aquello se hacía únicamente con ánimo de perseguirle a él, trató de evitar la ocasión de aquella envidia. Y así, constituyó prepósitos en todos aquellos monasterios que había fundado y tomando consigo unos pocos monjes mudó su lugar de residencia.

Pero, apenas el hombre de Dios había rechazado, humildemente, el odio de su adversario, cuando Dios todopoderoso castigó terriblemente a su rival. Pues estando dicho sacerdote en la azotea de su casa, alegrándose con la nueva de la partida de Benito, de pronto; permaneciendo inmóvil toda la casa, se derrumbó la terraza donde estaba, y aplastando al enemigo de Benito, lo mató.

El discípulo del hombre de Dios, Mauro, creyó oportuno hacérselo saber al venerable abad Benito, que aún no se había alejado ni diez millas del lugar, diciéndole: "Regresa, porque el sacerdote que te perseguía ha muerto". Al oír esto el hombre de Dios, prorrumpió en grandes sollozos, no sólo porque su adversario había muerto, sino porque el discípulo se había alegrado de su desastroso fin. Y por eso impuso una penitencia al discípulo, porque al anunciarle lo sucedido se había atrevido a alegrarse de la muerte de su rival.

PEDRO.- Admirables y sobremanera asombrosas son las cosas que acabas de contar, pues en el agua que manó de la piedra veo a Moisés (Núm 20,11); en el hierro que remontó desde lo profundo del agua, a Elíseo (2Re 6,7); en el andar sobre las aguas, a Pedro (Mt 14,29); en la obediencia del cuervo, a Elías (1 Re 17,6) y en el llanto por la muerte de su enemigo, a David (2Sam 1,2; 18,33). Por todo lo cual, veo que este hombre estaba lleno del espíritu de todos los justos.

GREGORIO.- Pedro, el hombre de Dios Benito tuvo únicamente el espíritu de Aquel que por la gracia de la redención que nos otorgó, llenó el corazón de todos los elegidos; del cual dice san Juan: era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1,9), y más abajo: de su plenitud todos hemos recibido (Jn 1,16).

 Los santos alcanzaron de Dios el poder de hacer milagros, pero no el de comunicar este poder a los demás, pues solamente lo concede a sus discípulos, el que prometió dar a sus enemigos la señal de Jonás (Mt 12,39). En efecto, quiso morir en presencia de los soberbios, pero resucitar ante los humildes, para que aquéllos se dieran cuenta de quién habían condenado, y éstos, a quién debían
amar con veneración. En virtud de este misterio, mientras los soberbios contemplaron al que habían despreciado con una muerte infame, los humildes recibieron la gloria de su poder sobre la muerte.

PEDRO.- Dime ahora, por favor, a qué lugares emigró el santo varón y si obró milagros en ellos.

GREGORIO.- El santo varón, al emigrar a otra parte, cambió de lugar, pero no de enemigo. Ya que después hubo de librar combates tanto más difíciles, cuanto que tuvo que luchar abiertamente contra el maestro de la maldad en persona. El fuerte llamado Casino está situado en la ladera de una alta montaña, que le acoge en su falda como un gran seno, y luego continúa elevándose hasta tres millas de altura, levantando su cumbre hacia el cielo. 

Hubo allí un templo antiquísimo, en el que según las costumbres de los antiguos paganos, el pueblo necio e ignorante daba culto a Apolo. A su alrededor había también bosques consagrados al culto de los demonios, donde todavía en aquel tiempo una multitud enloquecida de paganos ofrecía sacrificios sacrílegos. Cuando llegó allí el hombre de Dios, destrozó el ídolo, echó por tierra el ara y taló los bosques. Y en el mismo templo de Apolo construyó un oratorio en honor de san Martín, y donde había estado el altar de Apolo edificó un oratorio a san Juan. Además, con su predicación atraía a la fe a las gentes que habitaban en las cercanías. Pero he aquí que el antiguo enemigo, no pudiendo sufrir estas cosas en silencio, se aparecía a los ojos del abad, no veladamente o en sueños, sino visiblemente, y con grandes clamores se quejaba de la violencia que tenía que padecer por su causa. Los hermanos, aunque oían su voz, no veían su figura. Pero el venerable abad contaba a sus discípulos cómo el antiguo enemigo se aparecía a sus ojos corporales horrible y envuelto en fuego y le amenazaba echando fuego por la boca y por los ojos.

En efecto, todos oían lo que decía, porque primero le llamaba por su nombre, y como el hombre de Dios no le respondía nada, enseguida prorrumpía en ultrajes. Pues cuando gritaba: "¡Benito, Benito!", y veía que éste nada respondía, a continuación añadía: "¡Maldito y no bendito! ¿Qué tienes contra mí? ¿Por qué me persigues?". Pero veamos ahora los nuevos embates del antiguo enemigo contra el siervo de Dios, a quien incitó presentándole batalla, pero, muy a pesar suyo, con ello no hizo más que proporcionarle ocasiones de nuevas victorias.

CAPITULO IX

DE UNA ENORME PIEDRA LEVANTADA POR SU ORACIÓN

Un día, mientras estaban trabajando en la construcción de su propio monasterio, los monjes decidieron poner en el edificio una piedra que había en el centro del terreno. A1 no poderla remover dos o tres monjes a la vez, se les juntaron otros para ayudarlos, pero la piedra permaneció inamovible como si tuviera raíces en la tierra. Comprendieron entonces claramente que el antiguo enemigo en persona estaba sentado sobre ella, puesto que los brazos de tantos hombres no eran suficientes para removerla.

Ante la dificultad, enviaron a llamar al hombre de Dios para que viniera y con su oración ahuyentara al enemigo, y así poder luego levantar la piedra. Vino enseguida, oró e impartió la bendición, y al punto pudieron levantar la piedra con tanta rapidez, como si nunca hubiera tenido peso alguno.

CAPÍTULO X

EL INCENDIO IMAGINARIO DE LA COCINA

Entonces los monjes empezaron a cavar allí la tierra delante del siervo de Dios, y ahondando más el hoyo encontraron un ídolo de bronce, que por el momento guardaron en la cocina. Pero de pronto, vieron salir fuego de la misma y creyendo que iba a quemarse todo el edificio, corrieron a apagar el fuego. Mas hicieron
tanto ruido al arrojar el agua, que acudió también allí el hombre de Dios. Y al comprobar que aquel fuego existía sólo ante los ojos de sus monjes, pero no ante los suyos, inclinó la cabeza en actitud de oración. Y al punto, a los monjes, que vio que eran víctimas de la ilusión de un fuego ficticio, hizo volver a la visión real de las cosas, diciéndoles que hicieran caso omiso de aquellas llamas que había simulado el antiguo enemigo y que comprobaran cómo el edificio de la cocina estaba intacto.

CAPÍTULO XI

DEL MONJE JOVEN APLASTADO POR UNA PARED Y SANADO

En otra ocasión, mientras los monjes estaban levantando una pared, porque así convenía, el hombre de Dios se hallaba en el recinto de su celda entregado a la oración. Apareciósele el antiguo enemigo insultándole y diciéndole que se iba al lugar donde los monjes estaban trabajando. Comunicólo rápidamente el hombre de Dios a los monjes, por medio de un enviado, diciéndoles:

"Hermanos, id con cuidado, porque ahora mismo va a vosotros el espíritu del mal". Apenas había acabado de hablar el enviado, cuando el maligno espíritu derrumbó la pared que levantaban, y atrapando entre las ruinas a un monje joven, hijo de un curial, lo
aplastó. Consternados todos y profundamente afligidos, no por el daño ocasionado a la pared, sino por el quebrantamiento del hermano, se apresuraron a anunciárselo al venerable Benito con gran llanto. El abad mandó que le trajeran al muchacho destrozado, cosa que no pudieron hacer sino envolviéndole en una manta, ya que las piedras de la pared le habían triturado no sólo las carnes sino hasta los huesos. El hombre de Dios ordenó enseguida que lo dejasen en su celda sobre el psiathium -es decir, sobre la estera-, donde él solía orar; y despidiendo a los monjes, cerró la puerta de la celda y se puso a orar con más intensidad que nunca. ¡Cosa admirable! Al punto se levantó curado aquel monje y tan sano como antes. Y el santo envió de nuevo a acabar la pared a aquel monje con cuya muerte el antiguo enemigo había creído insultar a Benito.

CAPITULO XII

DE UNOS MONJES QUE TOMARON ALIMENTO CONTRA LO ESTABLECIDO POR LA REGLA

En esto empezó el hombre de Dios a tener también espíritu de profecía, prediciendo sucesos futuros y revelando a los presentes cosas que sucedían lejos.

Era costumbre en el cenobio, que cuando los monjes salieran a hacer alguna diligencia, no comieran ni bebieran fuera del monasterio. Este punto de la observancia se guardaba escrupulosamente, según lo establecido por la Regla. Un día salieron unos monjes a cumplir cierto encargo, en el que estuvieron
ocupados hasta muy tarde. Y como conocían a cierta piadosa mujer, entraron en su casa y tomaron alimento.

Llegaron muy tarde al monasterio y, según la costumbre, pidieron la bendición al abad. Éste les interpeló al punto diciendo: "¿Dónde habéis comido?". En ninguna parte", respondieron ellos. Pero él les reprochó:

"¿Por qué mentís de ese modo? ¿Acaso no entrasteis en casa de tal mujer y comisteis allí tal y tal cosa y bebisteis tantas veces?". Cuando vieron que el venerable abad les iba refiriendo la hospitalidad de la mujer, la clase de manjares que habían comido y el número de veces que habían bebido, reconocieron todo lo que
habían hecho, y temblando cayeron a sus pies y confesaron su culpa. Pero él al instante los perdonó, creyendo que en adelante no volverían a hacer semejante cosa, pues sabían que, aun ausente, les estaba presente en espíritu.

CAPÍTULO XIII

DEL HERMANO DEL MONJE VALENTINIANO

El hermano del monje Valentiniano, de quien más arriba hice mención, era un hombre seglar, pero muy piadoso. Para encomendarse a las oraciones del siervo de Dios y ver a su hermano, acostumbraba a ir todos los años en ayunas al monasterio desde el lugar donde vivía. Cierto día, yendo de camino hacia el
monasterio, se le juntó otro caminante que llevaba consigo comida para el viaje. Siendo ya la hora avanzada, le dijo: "Ven, hermano, tomemos alimento para no desfallecer en el camino". A lo que respondió aquél: "De ninguna manera, hermano; no lo tomaré, porque he tenido siempre la costumbre de ir en ayunas a visitar al
venerable Benito". Recibida esta respuesta, el compañero de viaje no insistió más por el momento. Pero habiendo andado otro pequeño trecho, invitóle de nuevo a comer. Tampoco esta vez quiso aceptar, porque había hecho propósito de llegar en ayunas. Calló nuevamente el que le había invitado a comer y consintió en caminar con él todavía un poco más sin probar alimento. Pero después de haber recorrido un largo trecho, cuando la hora era ya avanzada y los viajeros estaban fatigados, encontraron a la vera del camino un prado con una fuente y con todo lo que podía parecerles a propósito para reparar sus fuerzas. Entonces díjole el compañero de viaje: 

"Aquí hay agua, un prado y un lugar ameno donde podemos comer y descansar un poco, para que luego podamos acabar nuestro viaje sin novedad". Como estas palabras halagaron sus oídos y el lugar sus ojos, persuadido por esta tercera invitación, aceptó y comió. Al anochecer llegó al monasterio; presentóse al venerable abad Benito y le pidió la bendición. Pero al instante el santo varón le reprochó lo que había hecho en el camino, diciéndole: "¿Cómo ha sido, hermano, que el maligno enemigo, que te habló por boca de tu compañero de viaje, no pudo persuadirte la primera vez ni tampoco la segunda, pero logró persuadirte a la tercera y te venció en lo que quería?". Entonces él, reconoció su culpa, fruto de su débil voluntad; se echó a sus pies y comenzó a llorar avergonzado de su falta, tanto más cuanto que se dio cuenta que, aunque ausente, había prevaricado a la vista del abad Benito.

PEDRO.- Veo que en el corazón de este santo varón había el espíritu de Elíseo, que aunque estaba lejos, estuvo presente a lo que su discípulo Guejazi hacía (2Re 5,26).

CAPÍTULO XIV

DESCUBRIMIENTO DEL ENGAÑO DEL REY TOTILA

GREGORIO.- Ahora, Pedro, es necesario que calles un poco, para que puedas conocer aún mayores cosas. En tiempo de los godos, su rey Totila oyó decir que el santo varón tenía espíritu de profecía. Dirigióse a su monasterio y deteniéndose a poca distancia del mismo, le anunció su visita. Enseguida se le pasó aviso del
monasterio, diciéndole que podía venir, pero él, pérfido como era, intentó cerciorarse de si el hombre de Dios tenía espíritu de profecía. Para ello, prestó su calzado a cierto escudero suyo llamado Rigo, le hizo vestir con la indumentaria real y le mandó que se presentara al hombre de Dios como si fuera él mismo en persona. Envió para su séquito a tres compañeros de los que solían ir en su comitiva, a saber: Vulderico, Rodrigo y Blidino, para que formando cortejo con él hicieran creer al siervo de Dios que se trataba del mismo rey Totila. Dióle además otros honores y acompañamiento, para que tanto por el séquito como por los vestidos de púrpura le tuviese por el propio rey.

Cuando Rigo llegó al monasterio ostentando las vestiduras reales y rodeado de numeroso séquito, el hombre de Dios estaba sentado a la puerta. Vio cómo iba acercándose y cuando podía ya hacerse oír de él, grito diciendo: "¡Quítate eso, hijo, quítate eso que llevas, que no es tuyo!". Al instante Rigo cayó en tierra lleno de espanto por haber intentado burlarse de tan santo varón; y todos los que con él habían ido a ver al el hombre de Dios, cayeron consternados en tierra. Al levantarse, no se atrevieron a acercársele, sino que regresaron adonde estaba su rey y temblando le contaron la rapidez con que habían sido descubiertos.

CAPÍTULO XV

PROFECÍA QUE HIZO AL REY TOTILA

Entonces el rey Totila en persona llegóse al hombre de Dios, y viéndole a lo lejos sentado no se atrevió a acercársele, sino que cayó de hinojos en tierra. El hombre de Dios le dijo dos o tres veces: "¡Levántate!".

Pero como él no se atrevía a levantarse en su presencia, Benito, siervo de nuestro Señor Jesucristo, se dignó acercarse al rey -que permanecía postrado-, le levantó, le increpó por sus desmanes y en pocas palabras le vaticinó todo cuanto había de sucederle. Le dijo:

"Has hecho y haces mucho daño; es ya hora de poner término a tu maldad. Ciertamente, entrarás en Roma, atravesarás el mar y reinarás nueve años, pero al décimo morirás". Oídas estas palabras, el rey quedó fuertemente impresionado, le pidió la bendición y se marchó. Y desde entonces fue menos cruel. Poco tiempo después entró en Roma, pasó luego a Sicilia y al décimo año de su reinado, por disposición de Dios todopoderoso, perdió el reino con la vida.

También el obispo de la iglesia de Canosa", a quien el hombre de Dios amaba entrañablemente por los méritos de su vida ejemplar, acostumbraba a visitar al siervo de Dios. Un día, conversando con él acerca de la entrada del rey Totila en Roma y de la devastación de la ciudad, díjole el obispo: "Este rey destruirá de tal manera la ciudad, que ya no podrá ser jamás habitada" '2. A lo que respondió el hombre de Dios: "Roma no será destruida por los hombres, sino que se consumirá en sí misma, abatida por tempestades, huracanes,
tormentas y terremotos".

Los misterios de esta profecía nos son ya más patentes que la luz, puesto que vemos demolidas las murallas de la ciudad, arruinadas sus casas, destruidas sus iglesias por los huracanes y que se van desmoronando sus edificios, como cansados por una larga vejez.
Su discípulo Honorato, de quien es la relación de todo lo que voy diciendo, confiesa que esto no lo oyó de su boca, pero afirma que los monjes le aseguraron que así lo había dicho el santo.

CAPITULO XVI

DE UN CLÉRIGO LIBRADO DEL DEMONIO

En este tiempo, cierto clérigo de la iglesia de Aquino, era atormentado por el demonio. Había sido enviado por el venerable varón Constancio, obispo de la misma iglesia, a visitar muchos sepulcros de mártires, a fin de obtener de ellos la curación. Pero los santos mártires no quisieron concederle la salud, para que con este
motivo se manifestara la santidad de Benito.

Así pues, fue conducido a la presencia del siervo de Dios Benito, que oró a nuestro Señor Jesucristo y al momento expulsó al antiguo enemigo del hombre poseso. Después de haberle curado le ordenó:

"Ve, y en lo sucesivo no comas carne ni te atrevas jamás a recibir orden sagrada alguna, porque el día que intentares temerariamente acceder a orden sacro alguno, al instante volverás a ser esclavo de Satanás".

Marchó, pues, el clérigo curado, y como la pena reciente suele atemorizar al espíritu, cumplió por el momento lo que el hombre de Dios le había ordenado.

Pero transcurridos muchos años, cuando vio que los que le habían precedido habían muerto y que otros más jóvenes que él recibían las órdenes sagradas, no acordándose de las palabras del hombre de Dios por el largo tiempo transcurrido, hizo caso omiso de ellas, acercándose a recibir otra orden sagrada. Inmediatamente tomó posesión de él aquel demonio que le había dejado y no cesó de atormentarle hasta que le quitó la vida.

PEDRO.- Por lo que veo, este hombre de Dios penetró hasta los secretos de la divinidad, puesto que sabía que este clérigo había sido entregado a Satanás, precisamente para que no osara recibir orden sagrada alguna.

GREGORIO.- ¿Cómo no iba a conocer los secretos de la divinidad, el que guardaba tan fielmente los preceptos del mismo Dios, estando como está escrito que: El que se adhiere al Señor, se hace un espíritu con él? (1 Co 6,17).

PEDRO.- Si el que se adhiere al Señor se hace un mismo espíritu con él, ¿por qué el mismo egregio predicador dice también: Quién conoció el pensamiento del Señor, o quién fue su consejero? (Rom 11,34).

Pues parece ilógico que uno ignore el pensamiento de aquel con el cual ha sido hecho un solo espíritu.

GREGORIO.- Los hombres santos, en cuanto son una misma cosa con el Señor, no ignoran su pensamiento, pues también el mismo Apóstol dice: ¿Qué hombre conoce lo que en el hombre hay, sino el
espíritu del hombre que está en él? Así también, nadie conoce las cosas de Dios sino el Espíritu de Dios (1Co 2,lls). Y para mostrarnos que conocía las cosas de Dios, añadió: Nosotros no hemos recibido el espíritu de este mundo, sino el espíritu de Dios (1Co 2,12). Por eso dice también: Lo que ni el ojo vio ni el oído oyó, ni imaginó el corazón del hombre, eso es lo que Dios tiene preparado para los que le aman; pero a nosotros nos lo ha revelado por su Espíritu (1 Co 2,9)
.
PEDRO.- Si, pues, las cosas que son de Dios fueron reveladas al mismo Apóstol por el Espíritu de Dios, ¿cómo responde a lo que propuse antes, diciendo: ¡Oh profundidad de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! (Rm 11,33). Además de esto, me viene ahora a la mente otra duda. Pues el profeta David, hablando con el Señor, dice: Con mis labios he pronunciado todos los juicios de tu boca (Sal 119,13). Y como conocer es menor que pronunciar, ¿por qué afirma san Pablo que los juicios de Dios son inescrutables, cuando David asegura, no sólo que los
conoce, sino también que los ha pronunciado con sus labios?

GREGORIO.- A ambas cosas te respondí brevemente más arriba, cuando te dije que los hombres santos, en cuanto son una misma cosa con el Señor, no ignoran su pensamiento. En efecto, todos los que siguen devotamente al Señor están unidos a Dios por su devoción, pero mientras están abrumados por el peso de la
carne corruptible, no están aún junto a Dios. Y así, en cuanto le están unidos, conocen los ocultos designios de Dios, y en cuanto están separados de él, los ignoran. Por eso, en tanto no penetran aún perfectamente sus secretos aseguran que sus juicios son incomprensibles, pero en cuanto se adhieren a él por el espíritu, y por esta unión, instruidos por las palabras de la Sagrada Escritura o por secretas revelaciones, reciben algún conocimiento, entonces saben estas cosas y las anuncian. Así, pues, ignoran lo que Dios calla y conocen lo que les habla. Por eso cuando el profeta David dijo: Con mis labios pronuncié todos tus decretos, añadió a
continuación: salidos de tu boca (Sal 119,13); como si dijera abiertamente: "Pude conocer y proclamar estos decretos, porque tú los proferiste. Puesto que aquellas cosas que tú no dices, por lo mismo las ocultas a nuestra inteligencia". Concuerda, pues, la sentencia del Profeta y la del Apóstol, porque si es cierto que los
juicios de Dios son inescrutables, también lo es que una vez han sido proferidos por su boca, pueden ser pronunciados por labios humanos, porque lo que Dios revela puede ser conocido, pero no lo que oculta.

PEDRO.- Has resuelto esta pequeña objeción mía con razones bien claras. Pero, te ruego, que prosigas, si tienes algo que decir aún sobre los milagros de este varón.