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jueves, 11 de enero de 2018

Jesús no buscaba regalos sino sufrimientos

                                           
 
   En todos los misterios de la infancia de Jesús se experimenta el sabor de lo dulce y de lo amargo.
   Dulce es verle recién nacido, y amargo verle sobre pajas tiritando.
   Dulce es verle honrado con el nombre de Jesús, y amargo verle vertiendo sangre.
   Dulce es verle presentado en el templo, y amargo profetizado como signo de contradicción.
   Es la imagen de nuestra vida. Dios es tan humano, que no consiente una vida ni de solas alegrías ni de solos pesares.
   De solos pesares, porque sería un estado de violencia perpetua, incompatible con la virtud y la bondad divina.
   De solas alegrías, porque la prosperidad constante aleja el corazón de Dios.
   El dolor acerca a Dios más que el gozo; por eso Dios nos manda menos goces que penas.
   Y por eso Cristo, aun en su infancia, sufrió más trabajos que gozó contentos, para ser nuestro dechado en todo.
   Ignacianas

   Angel Anaya, S.J. 

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