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domingo, 28 de enero de 2018

LA PSEUDO-RESTAURACIÓN (CAPITULO VI): R.P. TAM


NdB: Revolución unitaria y controlada es lo que quieren los vaticanistas amigos de la nueva FSSPX y de las comunidades Ecclesia Dei. 
Resistencia controlada, unificada y "organizada" es lo que busca la falsa resistencia de Mons Williamson y sus ayudantes (dícese de los reverendos Trincado, Ortiz, bishop Zendejas, Faure entre otros...).

Los vaticanistas primero impusieron la revolución a los católicos por la fuerza. Lo mismo hizo el grupo de mons Fellay (nueva FSSPX), impuso por la fuerza el nuevo rumbo acuerdista y de compromiso. 

Posteriormente mons Wiliamson y sus ayudantes, después de ubicar a los inconformes con el acuerdismo de la nueva FSSPX, los reagruparon, después sembraron la cizaña: predicaron novedades e inconsistencias doctrinales, se provocó escándalo y división, los fieles salieron perdiendo como siempre. Al final quisieron imponer por la fuerza la obediencia ciega a sus 4 obispos, so pena de persecución o aislamiento. 

Todo esto no es coincidencia, es un trabajo en conjunto y articulado que los católicos que asisten con ellos de buena fe se han comido. 
Al fin y al cabo la consigna es mantener a los fieles en el error y lo mejor controlados posibles. Dios nos ayude en estos tiempos de acuerdismo, indiferentismo, obsecuencia y apostasía.

Capítulo VI
¿Qué dicen los vaticanistas?

Los vaticanistas son portavoces “del mundo” (es decir, de la Revolución). Toda corriente revolucionaria, ya sea judía, masónica, humanista, protestante, liberal o socialista, tiene su propia lectura de cómo van las cosas en el interior de la Iglesia.

De ahí nace la diferencia en la apreciación sobre la velocidad de la Revolución en la Iglesia.

Es interesante saber lo que dicen los enemigos de la Iglesia. San Ignacio nos lo enseña en el no 335 de sus famosos “Ejercicios Espirituales” y Sarda y Salvany repite la misma tesis. Mientras que algunas veces no entendemos los acontecimientos que van ocurriendo, sin embargo, nuestros enemigos sí, aunque su examen sea de signo opuesto al nuestro. No es, por lo tanto, una pérdida de tiempo seguir los diversos comentarios a fin de completar nuestro servicio de documentación.

Los vaticanistas italianos ven las cosas con más profundidad debido a su proximidad al Vaticano y a su conocimiento de la Curia Romana. He aquí una selección de sus comentarios durante el Sínodo Extraordinario de 1985 -veinte años después del Concilio- en donde se estudió a fondo la Restauración del Cardenal Ratzinger:

“El Sínodo [...] encarna de forma aproximada la vía media” (“La Stampa”, Sergio Quinzio, 8 Dic. 1985)

“Los deseos y los temores de una Restauración [...] no parecen, a primera vista, próximos a su realización” (“Il Piccolo”, F. Margiotta Broglio, 9 Dic. 1985)

“Ningún salto hacia atrás, ninguna Restauración, ningún referéndum por o contra el Cardenal Ratzinger”(“Il Resto del Carlino”, Paolo Francia, 9 Dic. 1985).

Por fin, el fondo del pensamiento del Cardenal Ratzinger salió a la luz; no podemos limitarlos en la expresión pintoresca de “Restauración”. A veces es necesario lamentar lo falso, para poder conocer la verdad”(Il Messagero, Marco Politi, 10 Dic 1985).68

“Sin embargo el centro romano se halla bien lejos de rendirse [...] su programa es muy exacto y podríamos definirlo así: ir al encuentro con el mundo y de todas las ideologías, pero desde una posición de fuerza. En un período de tiempo bastante largo, mas allá de un sólo pontificado (40), se llegará a una coexistencia de tendencias paralelas e incluso contrapuestas.” (Il Manifesto, Filippo Gentioni, 10 Dic. 1985).

“Al contrario, hoy podemos afirmar que el catolicismo post-conciliar, con ocasión del Sínodo, se ha manifestado extraño a la misma reacción” (Corriere della Sera, Giuseppe Alberigo, 15 Dic. 1985).

“La Iglesia Católica llama a sus fieles a relanzar el Concilio y a aplicarlo de forma más unitaria y controlada” (Corriere della Sera, Luigi Acattali, 11 Dic. 1985) [Creemos que ésta es la “lectura “ más razonable: Revolución sí, pero “unitaria y controlada”].

“El lenguaje no es de la restauración [...] el papel del Papa es importante, pero no absorbe al catolicismo. Restauración no significa volver atrás con respecto al Concilio” (Rinascita, Carlo Candia, 14 Dic. 1985) (41).

Esto es lo que todo el mundo parece haber visto y comprendido con respecto a esta Seudo-Restauración, actualmente en marcha en la Iglesia conciliar... y nosotros, que somos los destinatarios, creemos que lo hemos comprendido también.

Un vaticanista de nombre Giancarlo Zizola merece un capitulo aparte: este personaje trata de analizar los hechos en detalle desde su punto de vista progresista.

Para entenderlo bien, hay que recordar antes, que en la Iglesia hay ahora, un duelo entre católicos progresistas (jacobinos) y católicos liberales (girondinos), quedando los verdaderos católicos (tradicionalistas) fuera de juego. 

Es una cuestión de velocidades, siendo el objetivo el mismo.
Según las diversas corrientes de la Revolución, existen distintas opiniones a cerca de la Seudo-Restauración. Para los progresistas se trata de una vuelta atrás, y Zizola los divide en dos campos:

1) Aquellos que dicen que hay que aguantar ésta situación sin renunciar a buscar una solución.

2) La de los que piensan que ésta es una situación definitiva, irreversible, capaz de separar a la Iglesia del mundo moderno.
Sin embargo, en la revolución llamada “francesa”, después de los excesos de los jacobinos, la fase liberal de los girondinos, se instaló de forma definitiva. En este caso las “Iglesias” (es decir, los Obispos) van a cargar con ciertas responsabilidades, llegando incluso a forzar el brazo de Pedro; por eso hemos de vivir sin angustiarnos el conflicto actual de la restauración.

Según Zizola, el pontificado del Papa Juan Pablo II constituye una oscilación perpetua, pero el proceso continúa. Esta situación muestra todos los signos de una división del catolicismo; frente a las llamadas al orden del Vaticano, los Obispos hacen resistencia pasiva; escuchan, callan y continúan como antes.

Existen dos tendencias principales dentro del Episcopado: la línea Ratzinger y la línea progresista; pero es bastante difícil, incluso para los vaticanistas, el valorar las fuerzas respectivas.

También hay un cierto desacuerdo entre el Papa y Ratzinger, si bien este último ha recibido un espaldarazo público y solemne en el Discurso de vísperas de Navidad, en 1984.

En opinión de Zizola, el drama de Juan Pablo II es que éste desea reducir las fronteras de las innovaciones legitimadas por el Concilio, para no verse envuelto en un nuevo período de reformas. Sobrepasarlas significaría tener que ir a la realización de innovaciones que hoy son inaceptables y por eso el Papa hace todo lo posible por crear una base de Obispos y Cardenales que le sea favorable.

(40) La Revolución en la Iglesia es un fenómeno que rebasa la propia persona del Papa. Cada
uno de ellos cumple su parte. (n.d.a.)

(41) En un artículo publicado por “La Tradizione Cattolica no1” (Enero 1987, Montalenghe),
algunos teólogos progresistas fueron mencionados; tenían la misma opinión sobre la seudo-restau-
ración: “este análisis ha sido también llevado a cabo por los católico-comunistas, como el sacerdote apóstata Gianni Gennari en su “Carta abierta al camarada Gorbachov”, en la que describe un
socialismo que no teme ni la misa ni el catecismo (Paese Sera, 16-3-1985). 

En Rusia se ha visto la simbiosis del marxismo con la liturgia tradicional ortodoxa. Ellos también admiten que, mediante la seudo-restauración del Cardenal Ratzinger, los católicos no regresan a la fe inmutable, sino que permanecen en el error.

Esta misma estrategia es también reconocida por diversos especialistas de la Revolución.
Giulio Girardi (Adista, 13-5-1985), después de recordar que tanto Ratzinger como Rahner
han trabajado juntos durante el Concilio, en el grupo progresista, nos señala que si bien la Restauración parece lanzar sus ataques contra el teólogo Rahner (O.R. 25-2-1985), es únicamente para sacar los errores de la sacristía, pero de ningún modo para combatir aquellos que se propagan al
exterior (es la teología del Cardenal Ratzinger sobre la libertad religiosa).

A renglón seguido, Don Enrico Chiavacci, para tranquilizar a los observadores laicos (judíos,
masones y comunistas) añade que la restauración de Juan Pablo II es sólo disciplinaria y parcialmente doctrinal (Vita Pastorale, Octubre 1985).

El teólogo Molari declara que la restauración es necesaria porque el Vaticano II ha provocado
ciertas reacciones, y por lo tanto, es necesario reducir el ritmo, es decir, no dejar a nadie atrás.
(Adista, 16-5-1985) [¡todos deberán ser reeducados!].

CAPITULO III
CAPITULO IV

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