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domingo, 26 de noviembre de 2017

SERMÓN SOBRE EL PURGATORIO




"Tengan piedad de mí, tengan piedad de mí, por lo menos ustedes mis amigos, porque la mano del Señor me ha tocado" (Job 19:21).

Esta es la conmovedora súplica que la Iglesia Purgante envía a sus amigos en la tierra.

Es incomprensible como algunos católicos, aún aquellos que de una u otra forma son devotos, vergonzosamente desatienden a las almas del Purgatorio. Pareciera que no creen en el Purgatorio.

¡Pasan días y semanas y meses sin que reciban una Misa ofrecida por ellas!
¡Raramente también, oyen Misa por ellas, raramente rezan por ellas, raramente ofrecen una santa Comunión por ellas, raramente piensan en ellas!

Entretanto están gozando la plenitud de la salud y la felicidad, ocupados en sus trabajos; divirtiéndose, mientras las pobres almas sufren inenarrables agonías en sus lechos de llamas.

¿CUÁL ES LA CAUSA DE ESTA HORRIBLE INSENSIBILIDAD?
Ignorancia: gruesa, inexplicable ignorancia; o quizás, inconsideración.

La gente no se da cuenta, o no piensa como debería, lo que es el Purgatorio.
No conciben las espantosas penas, ni tienen idea del largo tiempo que las almas son retenidas en esas horribles llamas.

Como resultado, hacen poco o nada para evitarse a sí mismos el Purgatorio, y aún peor, cruelmente ignoran a las pobres almas que ya están allí y que dependen enteramente de ellos para ser auxiliadas.


QUERIDOS FIELES, recordemos un poco las penas del Purgatorio, quizás así nos movamos a hacer algo más por las benditas almas, y a evitarnos a nosotros mismos en un futuro, las mismas penas.

PENAS DEL PURGATORIO.-

No hay por lo tanto ninguna comparación entre las penas del Purgatorio y las penas de nuestra vida temporal.

Podemos sólo formarnos una idea con comparaciones que quedan bien alejadas de la realidad, tal como la explosión de una bomba atómica, dista del estallido de un fósforo que se enciende.

El tormento del Purgatorio que más fácilmente podemos imaginar, es aquel del fuego, porque hay innumerables apariciones de almas, que lo han testificado, dejando visibles marcas de fuego que las atormenta.

De estas marcas se ve la tremenda diferencia que hay entre el fuego terreno y el fuego del Purgatorio.

PARA DARLES UN EJEMPLO, en la historia del Padre Estanislao Choscoa, domínico (Brovus, Huso. De Pologne, año 1590) leemos este hecho:

un día, mientras este santo religioso rezaba por los difuntos, vio un alma completamente devorada por las llamas, y le preguntó si aquel fuego era más penetrante que el de la tierra.

“¡Ay de mí!, respondió el alma gritando, todo el fuego de la tierra, comparado
con el del Purgatorio es como suave brisa.

El religioso dijo:

“¿Cómo es posible?, quisiera probar, a condición sin embargo que me sirviese para descontar en parte las penas que deberé sufrir en el Purgatorio”

El alma agregó:

“Ningún mortal podría soportar la mínima parte de aquel fuego, sin morir al instante, sin embargo, si tú quieres convencerte, extiende la mano”.

El padre sin vacilar extendió la mano, sobre la cual el alma hizo caer una gota de su sudor o de un líquido que se le parecía.

Ante aquel contacto el religioso emitió un agudo grito y cayó al suelo desvanecido por el dolor que sintió.

Acudieron los hermanos, los cuales le prodigaron todas las atenciones para que volviera en sí. Él lleno de terror, les contó lo que le había sucedido, y mostró sobre la mano una dolorosísima llaga.

Tuvo que acostarse, porque no resistía estar en pie y después de un año y medio de increíbles sufrimientos, murió, exhortando a sus hermanos a rehuir las pequeñas culpas, para no caer en
aquellos terribles tormentos.
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Los más grandes doctores de la iglesia nos dicen acerca del Purgatorio:

Tan lastimoso es el sufrimiento de ellas que un minuto de ese horrible fuego parece ser un siglo.

Santo Tomás Aquino, el príncipe de los teólogos, dice que el fuego del Purgatorio es igual en intensidad al fuego del infierno, y que el mínimo contacto con él es más aterrador que todos los sufrimientos posibles de esta tierra!

San Cirilo de Alejandría no duda en decir que "sería preferible sufrir todos los posibles  la Tierra hasta el día final que pasar un solo día en el Purgatorio".

Y SI ESTOS TORMENTOS QUE SE SUFREN EN EL PURGATORIO son atroces, ¡que será el soportarlos por largo tiempo!;
            ¡Un solo día en el Purgatorio ya es muchísimo tiempo!;
            ¡Una sola hora, un solo minuto, en el Purgatorio, ya es muchísimo tiempo!

¿RECUERDAN ESTA ANÉCDOTA?

 Refiere Tomás de Cantimprato que a un hombre muy virtuoso, pero que, a causa de una larga y terrible enfermedad, estaba muy deseoso de morir,

se le apareció el Ángel del Señor y le dijo:

“Dios ha aceptado tus deseos, escoge, pues: o pasar tres días en el purgatorio y después ir al cielo, o ir al cielo sin pasar por el purgatorio, pero sufriendo todavía un año de esa enfermedad”.

Eligió lo primero: murió y fue al purgatorio.

No había aun pasado un día, cuando el ángel se le presentó de nuevo.

Apenas le hubo visto aquella pobre alma, exclamó:

“no es posible, que tú seas el Ángel bueno, pues me has engañado así. Me decías que solo estaría tres días en este lugar, ¡y hace ya tantos años que estoy sufriendo aquí las más horribles penas!

-Tú eres quien te engañas, contestó el Ángel:
todavía no ha pasado un día, en la tierra, tu cuerpo apenas lo están velando…

si prefieres sufrir un año más esta enfermedad Dios te permite aun salir del Purgatorio y volver al mundo.

- ¡Si, Ángel santo, y no sólo esta enfermedad durante un año, sino cuantas penas, dolores y males haya en el mundo sufriré gustoso, antes que padecer una sola hora las penas del Purgatorio!”.

Volvió, pues, a la vida y sufrió con admirable alegría un año más aquella enfermedad, publicando a todos lo terrible que son las penas del Purgatorio.

QUERIDOS FIELES, ¿QUÉ NOS ESPERA A NOSOTROS?
Cuando llegue nuestro juicio, ¿cuál será nuestra sentencia? ¿cuánto tiempo deberemos pasar en ese lugar de tormentos?

La extensión en tiempo por la cual las almas permanecen en el Purgatorio depende de:

a)      el número de los pecados mortales cometidos;
b)      el número de los pecados veniales cometidos;
b) la malicia y la deliberación con que éstos fueron cometidos;
c) la penitencia hecha, o no, la satisfacción hecha, o no, por los pecados cometidos durante la vida;
d) Y también depende de los sufragios ofrecidos por ellos después de sus muertes.

Lo que se puede decir con seguridad es que, el tiempo que las almas pasan en el Purgatorio es, por regla general, mucho más larga que la gente puede imaginar.

¿RECUERDAN ESTAS ANÉCDOTAS, que alguna vez contamos, que nos deben hacer temer cualquier pecado venial? Podrán parecernos ligeras, pero tienen un castigo enorme.

- una niña de siete años, según refiere Cesáreo, fue al Purgatorio por haber hablado en la iglesia sin necesidad.
-la hermana de San Pedro Damiano, fue al Purgatorio, por haber escuchado con gusto una canción profana.

-          Murió Vitalina, noble doncella romana, tenida por Santa Mónica en tan buena opinión que encomendaba a su hijo Agustín en sus oraciones, y a pesar de esto, se apareció muy triste a San Martin obispo, diciéndole: “Estoy ardiendo por haberme lavado dos o tres veces la cara con demasiada vanidad.”

-          Un religioso fue al purgatorio por no haber hecho inclinación de cabeza al decir Gloria Patri, al fin de los salmos,
-          otros por estarse a la lumbre más de lo ordinario en tiempo de invierno,
-          allá fue a parar San Severino por ciertas negligencias en el rezo divino.
-          Un niño de 9 años fue al purgatorio por no haber pagado o devuelto algunas tonterías que había tomado;
-          Un padre de familia, por haber descuidado la buena educación de sus hijos fue condenado a 500 años de purgatorio.


¿QUÉ NOS ESPERA A NOSOTROS, SI NO HACEMOS AHORA PENITENCIA?

Sí, mucho nos van a ayudar las oraciones que hagan por nosotros nuestros familiares y seres queridos cuando ya hayamos fallecido,
pero aun así, si no hacemos ahora penitencia y buenas obras, podemos pasar largo tiempo en el purgatorio.

SAN LUIS BERTRAN: su padre era un ejemplar cristiano, como naturalmente se podía esperar, siendo el padre de tan gran Santo.

En un tiempo deseó llegar a ser un Monje Cartujo, hasta que Dios le hizo ver que no era Su voluntad.

Cuando murió, luego de largos años de practicar cada virtud cristiana, su hijo completamente al cuidado de los rigores de la justicia Divina, ofreció algunas Misas y elevó las más fervientes súplicas por el alma del cual él amó tanto.

Una visión de su padre en el Purgatorio lo obligó a multiplicar centenares de veces sus sufragios. Agregó las más severas penas y largos ayunos a sus Misas y oraciones.

¡Aún ocho años completos pasaron antes que obtuviera la liberación de su padre!

¡Y NOSOTROS, QUE NO TENEMOS UN FAMILIAR QUE SEA SANTO, para que interceda así por nosotros!
¡QUÉ NOS ESPERA, SI NO HACEMOS PENITENCIA Y BUENAS OBRAS, ahora, durante nuestra vida!

¿Y AÚN, AUNQUE MANDARAMOS A DECIR MUCHAS MISAS para cuando fallezcamos?,
Y nuestros parientes y amigos las manden celebrar,
Eso no nos garantiza completamente que nos veamos librados del Purgatorio, sobre todo si ahora descuidamos rezar por los difuntos.

ESCUCHEN ESTA ANÉCDOTA:

San Antonino, el ilustre Arzobispo de Florencia, relata que un piadoso caballero había muerto, el cual tenía un amigo en un convento Dominicano en el cual el Santo residía.

Varias Misas fueron sufragadas por su alma.
El Santo se afligió mucho cuando, después de un prolongado lapso, el alma del fallecido se le apareció, sufriendo muchísimo.

"Oh mi querido amigo" exclamó el Arzobispo, estás todavía en el Purgatorio, ¿tú, que llevaste tal piadosa y devota vida?"

"Así es, y tendré que permanecer aquí por un largo tiempo" replicó el pobre sufriente, "pues en mi vida en la Tierra fui negligente en ofrecer sufragios por las almas de Purgatorio.
Ahora, Dios por su justo juicio aplica los sufragios que debían ser aplicados por mí, en favor de aquellos por los cuales debí haber rezado".

"Pero Dios, también, en su justicia, me dará todos los méritos de mis buenas obras cuando entre al Cielo; pero, primero de todo, tengo que expiar mi grave negligencia de no acordarme de los otros".

Tan ciertas son las palabras de Nuestro Señor "Con la vara con que mides serás medido".

CONCLUSIÓN

CADA ALMITA DEL PURGATORIO SUPLICA:

"Tengan piedad de mí, tengan piedad de mí, por lo menos ustedes mis amigos, porque la mano del Señor me ha tocado" (Job 19:21).

QUERIDOS FIELES, HAGAMOS CUANTO PODAMOS por ellas,
y todos los días, todos los días,
Tanto por las conocidas y como también por las desconocidas;
Tengamos misericordia de todas ellas;

Y NOSOTROS, AHORA, ¡YA NO MÁS PECAR! Ni siquiera venialmente, si fuera posible,
Y comenzar a hacer penitencia, mucha penitencia,
Y a hacer muchas obras buenas, y limosnas, y obras de caridad,

Porque tenemos una larga cuenta que pagar, tenemos una enorme cuenta,

Y si no la acabamos de pagar en esta vida, continuaremos la paga en el terrible purgatorio.

¡Que Dios tenga piedad de nosotros!

QUE ASÍ SEA,
AVE MARIA PURISIMA
SIN PECADO CONCEBIDA
MARIA SANTISIMA

+ En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


R.P. BAB

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