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lunes, 13 de febrero de 2017

BOLETIN DEL MONASTERIO BENEDICTINO SAN JOSÉ: ENERO-FEBRERO 2017



QUERIDOS AMIGOS Y BENEFACTORES:

 "La religión que viene del cielo es verdad, y ella es intolerante con las otras doctrinas" Card Pie. 

Nuestro Monasterio San José a sostenido desde su inicio la siguiente enseñanza del Cardenal Pie. Ella ha sido nuestra guía en medio de la crisis de la Iglesia por la que estamos pasando, guía con que nos prueba Nuestro Señor constantemente nuestra fidelidad a su Verdad, a su Amor. 

Esto nos a traído persecución y el ser despojado de nuestro monasterio San José en Colombia, pero sabemos que este es el precio que el amor de Cristo nos exige y por el que le demostramos nuestro amor que le tenemos a Él y a su verdad inmutable. 

Este es el principio luminoso que nos ha guiado: “Las batallas se ganan o se pierden al nivel de los principios. Si esperamos a ver las consecuencias de los falsos principios para reaccionar, perderemos la batalla, y será ya demasiado tarde intentar reaccionar”

En materia de la fe tenemos varios principios que no se pueden alterar sin ser culpables de traicionar a Cristo: 

1.- “El que no está conmigo está contra Mí” 

2.- “La Iglesia Católica es la Iglesia de Cristo” (catecismo tradicional) 

- “La Iglesia Conciliar es una Contra-Iglesia” (Mons. De Castro Mayer, Publicación a los padres de Campos #33) 

- Hay una “Incompatibilidad radical entre la Iglesia Católica y la Iglesia conciliar” (Mons. Marcel Lefebvre, Sermon Econe, 29 Junio 1976)


 
  
Y el espíritu del Concilio se manifestó claramente en todo el Vaticano II. El Concilio Vaticano II creó otra religión y la quiso imponer con engaño a toda la Iglesia Católica a través de la obediencia ciega. El fruto mas querido de este Concilio fue la nueva misa. Necesariamente se debe considerar como intrínsecamente malo a todo lo que fluya de esta nueva religión del Vaticano II, que no es la religión católica, es la religión de la Iglesia Conciliar (“Este nuevo rito de la misa expresa una nueva fe, una fe que no es la nuestra, una fe que no es la fe Católica” Mons. Lefebvre, Idem). 

Entonces. ¿Por qué se ha dicho que la Iglesia conciliar también conocida como oficial ha traicionado a Jesucristo? Porque la iglesia conciliar abrasó los principios masónicos de libertad, igualdad y fraternidad (libertad religiosa, ecumenismo y colegialidad), ideas revolucionarias contrarias a la Iglesia Católica y CONDENADA POR ELLA MISMA MUCHAS VECES. Ésas máximas diabólicas mezcladas con lo que parece religión católica es lo que se llama nueva religión. 

Como consecuencia de los principios 1 y 2, antes mencionados, uno no puede decir que el Vaticano II tiene un porcentaje de cosas buenas (“El 95% del Concilio Vat II es aceptable”,Mons. Fellay, revista La Liberté, 11-05-11), o que la Misa tiene algo de bueno (“Hay algo bueno en la nueva misa”, Dom Tomas de Aquino, En defensa de Mons. Williamson II). O que la Iglesia Conciliar “tiene algo de católico” (Mons. Williamson, Eleison 445). 

Siguiendo el mismo principio uno no puede buscar asociarse y menos integrarse a esta nueva religión del Vaticano II (compromisos, concesiones mútuas, y próxima Prelatura personal que le será concedida a la FSSPX dentro de la Iglesia conciliar). 

Similarmente uno no puede aceptar que alguien permita, o que NO condene esta asociación adúltera de la FSSPX con la Iglesia Conciliar (la política de sólo luz amarilla y no luz roja que enseñan los 3 obispos “Resistentes” con respecto a todos aquellos que quieren seguir asociados a la FSSPX).

Hay otras doctrinas enseñadas por dichos obispos que acercan a los fieles peligrosamente hacia este espíritu adúltero de la Nueva Iglesia Conciliar. Podemos mencionar como ejemplos la recomendación de Valtorta, libro herético y prohibido; o la enseñanza de la existencia de “milagros” eucarísticos en la nueva misa (“a pesar” de la nueva misa podrían existir, pero nunca a través de la misa nueva).

Esta actitud de la FSSPX, de los tres obispos de la “Resistencia”, y de sus seguidores rompe flagrantemente con los 2 principios inalterables mencionados al principio de la explicación. Ya no se les puede considerar a ninguno de ellos como defensores de la fe mientras no cambien de doctrina. Y contra todas las apariencias tampoco son seguidores de Cristo ni de los santos, ni de Mons. Lefebvre. 

Están perdiendo la batalla y luchando contra los intereses de Cristo. Mientras no rectifiquen el camino tenemos que alejarnos de ellos. Nos acercaremos a ellos cuando hablen y actúen como obispos católicos. Pero dejamos en claro que nunca dejaremos de rezar por ellos, ni de practicar la caridad para con sus almas. 

Desde hace un poco mas de un año que los obispos de la llamada “Resistencia” cayeron en estos errores doctrinales graves, ya sea por palabra o por complicidad silenciosa. Algunos de ellos, obispos o sacerdotes, se dieron cuenta de los errores, pero amaron más el vínculo de amistad que la verdad. Prefirieron defender a su compañero en lugar de defender la verdad. Hasta uno de ellos llegó a decir “Ellos hacen mas cosas buenas que malas”, volviendo a romper el principio: en materia de fe o se está con Cristo o contra Cristo; o se enseña y se defiende todo, o no se está enseñando ni defendiendo nada). 

Esta actitud de todos ellos nos obliga a continuar la batalla a pesar de ellos para no tener que bajar las armas de combate por respeto humano. Por caridad debemos amonestarles y ponerles el ejemplo, invitándolos al martirio contínuo y a la gloriosa persecución y sufrimiento; herencia de los que luchan la buena lucha de la fe. Oremos para que los 6 obispos tradicionales salgan de su sueño, de su trinchera confortable, para que con la gracia de Dios se levanten como lo hizo en otro tiempo David que sabía como pastorear rebaños, y combatir contra Goliat con la fuerza de Dios para salvar a su pueblo, pueblo que ahora es solo un remanente, pero remanente fiel, hijos de Dios, hijos conquistados al precio de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesuscristo para alcanzarles la eterna felicidad del Cielo.

Ya el ilustrísimo Cardenal Pie nos advertía del motivo de caídas tan dolorosas y que nos puede acontecer a cualquiera de nosotros si no nos ponemos en guarda con la armadura de la fe, y la fidelidad a los principios: 

 “Los mismos cristianos, viviendo en medio de esta atmósfera impura, no han evitado totalmente su contagio: aceptan demasiado fácilmente muchos de los errores. Fatigados de resistir en los puntos esenciales, a menudo cansados de luchar, ceden en otros puntos que les parecen menos importantes, y no advierten nunca — a veces porque no quieren percatarse — hasta dónde podrán ser llevados por su imprudente debilidad. 

Entre esta confusión de ideas y de falsas opiniones nos toca a nosotros, sacerdotes de la incorruptible verdad, salir al paso y censurar con la acción y la palabra, satisfechos si la rígida inflexibilidad de nuestra enseñanza puede detener el desborde de la mentira, destronar principios erróneos que reinan orgullosamente en las inteligencias, corregir axiomas funestos admitidos…

Nuestra época grita: “¡Tolerancia! ¡Tolerancia!" Se admite que un sacerdote debe ser tolerante, que la religión debe ser tolerante. Mis hermanos: en primer lugar, nada iguala a la franqueza, y yo vengo a decirles sin rodeos que no existe en el mundo más que una sola sociedad que posee la verdad, y que esta sociedad debe ser necesariamente intolerante. 

… Es de la esencia de toda verdad no tolerar el principio contradictorio. La afirmación de una cosa excluye la negación de esa misma cosa, como la luz excluye las tinieblas. Allí donde nada es cierto, donde nada es definido, los sentimientos pueden estar divididos, las opiniones pueden variar. Yo comprendo y pido la libertad en las cosas discutibles: In dubiis libertas. Pero cuando la verdad se presenta con los distintivos de certeza que la distinguen, por lo mismo que es verdad ella es afirmativa, es necesaria y, por consecuencia, es una e intolerante: In necessariis unitas. Condenar la verdad a la tolerancia es forzarla al suicidio.

La afirmación se aniquila si ella duda de sí misma, y duda de sí misma si permanece indiferente a que la negación se coloque a su lado. Para la verdad, la intolerancia es el anhelo de la conservación, el ejercicio legítimo del derecho de propiedad. Cuando se posee, es preciso defenderse, bajo pena de ser en breve totalmente despojado. Por eso, mis hermanos, por la necesidad misma de las cosas, la intolerancia es necesaria en todo, porque en todo hay bien y mal, verdad y falsedad, orden y desorden; en todas partes lo verdadero no soporta lo falso, el bien excluye el mal, el orden combate el desorden”. 

Con la bendición y en unión de oraciones 

Padre Rafael Arízaga OSB 

Prior del Monasterio San José

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