domingo, 15 de marzo de 2015

MEDITACIONES: Jueves cuarto de Cuaresma



Meditación
Por el P. Alonso de Andrade
De la salud que dio Cristo a la suegra de San Pedro


   Salió Cristo de la Sinagoga y entró en casa de San Pedro, cuya suegra estaba enferma; intercedieron por ella los discípulos a Cristo, el cual mandó a la calentura que la dejase, y quedó tan sana que se levantó y los sirvió a la mesa. Corrió la voz del milagro y le llevaron al Salvador los enfermos y endemoniados de la ciudad, y dióles salud a todos.

   Punto I.- Considera cómo habiendo Cristo enseñado su celestial doctrina a la Sinagoga y no habiéndola recibido, la dejó como a dura e ingrata a sus beneficios, y vino a la casa de San Pedro, que es la Iglesia, y dio la salud a todos los enfermos que hubo en ella. Mira y atiene cuántas mercedes te ha hecho el Señor, y cuántas voces te ha dado, y cuánta luz de doctrina, y cuán mal te has aprovechado de ella, retornándole ofensas por beneficios, como aquella ingrata Sinagoga, y teme no te castigue como a ella, dejándote olvidado, y se pase a la casa de los pobres agradecidos, como San Pedro, y les haga las mercedes que tenía prevenidas para ti. Clama y gime tus ofensas pasadas, y pide al Señor que no te deje ni olvide, sino que te espere a penitencia, ofreciéndole la enmienda en lo que te resta de vida.

   Punto II.-  Considera cómo aunque Cristo vio a la suegra de San Pedro enferma con ardientes calenturas, no se movió a sanarla hasta que se lo rogaron sus discípulos, a cuya instancia le dio tan perfecta salud, que se halló fuerte y convalecida, y esto no porque le faltase voluntad al Salvador de sanarla, sino porque quiso que tuviesen parte en esta obra de piedad sus discípulos, y para que supiéramos que, aunque conoce nuestras necesidades,  espera los ruegos y las oraciones de los buenos para sacarnos de ellas; de lo cual has de sacar dos cosas: la primera es rogar siempre al Señor por las necesidades de tus prójimos, para que los socorra y remedie; la segunda, valerte de sus intercesiones en las tuyas para que tenga piedad de ti y te saque de ellas, confiando que como sanó a esta mujer de la enfermedad que padecía por los ruegos de sus discípulos, también se compadecerá de ti por los ruegos de sus siervos, y te hará mercedes.

   Punto III.- Considera cómo luego sin dilación, hallándose sana esta mujer, se levantó y sirvió a la mesa a Cristo y a sus discípulos, mostrando su agradecimiento, empleando la salud que Dios le había dado en su santo servicio. Para esto te la da a ti, y los talentos que de su mano has recibido. Mira con atención  si los empleas en el servicio de Dios o del mundo, y en buscar tus comodidades, intereses y adelantamientos y las vanidades del siglo; vuelve sobre ti y atiende a tu obligación, y ofrécete a tu Dios, dedicándote todo a su servicio con verdadero afecto de servirle.

   Punto IV.- Considera cómo no se limitó la caridad del Salvador a la suegra de San Pedro, sino que se alargó a todos los pobres enfermos y endemoniados de la ciudad; y aprende a no limitar la tuya a sólo los amigos, parientes y conocidos, sino extenderla a todos, y en especial a los más pobres y desamparados; y, conociendo tu necesidad y las dolencias de tu alma, suplícale al Señor que venga a tu pobre casa, y que te sane de ellas , como sanó a la suegra de San Pedro.