jueves, 12 de marzo de 2015

SERMON DEL TERCER DOMINGO DE CUARESMA: R.P. FERNANDO ALTAMIRA (Bogotá)



DOMINGO III DE CUARESMA (Bogotá, año 2015) --- 

(Introducción) Queridos hijos: Hoy tenemos en el Evangelio de San Lucas de la Misa, la curación de este joven que estaba poseído, y al cual el demonio le estaba causando una enfermedad en su cuerpo, no podía hablar, era mudo, y San Mateo nos agrega que también era ciego. Al igual que el domingo pasado, como este hecho ocurrido en la vida de Cristo está narrado por los tres sinópticos (San Mateo, San Marcos y San Lucas), queríamos darles un texto concordado en base a estos tres evangelistas (y por eso no tradujimos el Evangelio después del canto), y hacerles algunos comentarios.

(Cuerpo 1: El texto concordado según los tres evangelistas) Les leemos entonces el texto concordado (San Lucas 11,14-28; San Mateo 12,22-32 y 43-45; San Marcos 3,22-30): (El Milagro) “Y entonces fue llevado hacia uno que tenía un demonio, mudo y ciego (Mt 12,22). Y Él estaba arrojando el demonio. Y lo curó, y cuando arrojó al demonio, habló el mudo, de modo tal que hablaba y veía (Mt 12,22)”. (La multitud, y los escribas y fariseos) “Y se admiraron todas las turbas, y decían: ¿Acaso éste no es el Hijo de David? (nota: ¿acaso no es éste el Mesías?, pues Hijo de David era uno de las formas de llamar al Mesías). Oyendo esto, algunos de entre ellos, los fariseos y los escribas, que habían bajado desde Jerusalén, decían: Éste no arroja los demonios sino en nombre de Belcebú, príncipe de los demonios, porque está poseído por Belcebú (Beelzebud habet). Y otros tentándolo, pedían de Él un signo del cielo”. 2 (Cristo responde a los fariseos y escribas) “Pero Él, como viera los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido en sí mismo será devastado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no se mantendrá, y caerá casa sobre casa. Y si una casa se dispersa (dispertiatur) sobre sí misma, aquella casa no puede mantenerse en pie. Y si un reino está dividido en sí mismo, aquel reino no puede mantenerse en pie. ¿Cómo puede Satanás arrojar a Satanás? Y si Satanás arroja a Satanás, si Satanás se levanta contra sí mismo y se divide (et dispertitus est), si está dividido contra sí mismo: 

No puede mantenerse en pie, sino que ha llegado su fin (finem habet). ¿Cómo entonces se mantendrá en pie su reino? Porque vosotros decís que Yo en nombre de Belcebú arrojo los demonios. Pero si Yo en nombre de Belcebú arrojo los demonios, vuestros hijos, ¿en nombre de quién los arrojan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero si Yo con el Espíritu de Dios arrojo los demonios, si Yo con el dedo de Dios arrojo los demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros”. (Segundo argumento de Cristo) “O ¿cómo puede alguien entrar a la casa de un hombre fuerte y arrebatar/saquear (diripere) sus enseres (vasa eius), si primero no amarra al fuerte? Nadie puede, entrando en una casa, arrebatar (diripere) los enseres de un hombre fuerte, si primero no ata al fuerte, y recién entonces saqueará su casa. Cuando un fuerte armado custodia su atrio, están en paz las cosas que posee. Pero si uno más fuerte que él viniendo lo vence, le quita todas sus armas en que confiaba y reparte sus despojos (spolia eius). Quien no está conmigo, está contra mí, y quien no recoge conmigo, desparrama”. (Cristo advierte a los judíos que el estado de ellos va a ser peor como castigo por su actitud) “Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, deambula por lugares áridos buscando reposo, y no encontrándolo dice: Regresaré hacia mi casa de donde salí. Y cuando vuelve la encuentra, vacía (vacantem), limpiada con escoba (scopis mundatam) y adornada. Entonces va y toma otros siete espíritus consigo, peores que él, y entrando habitan allí. Y los finales, las postrimerías de aquel hombre, vienen a ser peores que los principios (prioribus). Así será para esta generación pésima”. Ahora: el pecado contra el Espíritu Santo: La palabra o el término no está en San Lucas –el texto de la Misa-, sino en San Mateo y en San Marcos. Lo leemos primero en San Mateo (12,31-32): 

“Por eso digo a vosotros: Todo pecado y blasfemia serán perdonados a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del hombre se le perdonará, pero quien diga (algo) contra el Espíritu Santo, no se perdonará a él, ni en este siglo ni en el futuro”. San Marcos (3,28-30): “En verdad os digo que los pecados y las blasfemias, con que blasfemaren, serán perdonados a los hijos de los hombres, pero quien blasfemare contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón en toda la eternidad (in aeternum), sino que será reo de eterno pecado (aeterni delicti). 

Porque (ellos) decían: Tiene un espíritu inmundo”. (Elogio de María Santísima y de los que escuchan y guardan la Palabra de Dios) Ocurrió que, cuando decía estas cosas, cierta mujer de entre la turba levantó la voz, y le dijo: Bienaventurado el vientre que te llevó, y los pechos que te amamantaron. Pero Él dijo: Bienaventurados más bien (quinimmo beati) los que escuchan la Palabra de Dios (qui audiunt verbum Dei) y la guardan (et custodiunt illud). 3 ¿Cómo sigue en San Mateo? (cap 12,33ss): “(33) O haced el árbol bueno y su fruto bueno, o haced el árbol malo y su fruto malo… (34) Raza de víboras, ¿cómo podríais decir cosas buenas, malos como sois? Porque la boca habla de la abundancia del corazón. (35) El hombre bueno, de su tesoro de bondad saca el bien; el hombre malo, de su tesoro de malicia saca el mal… (38) Entonces algunos de los escribas y fariseos respondieron: Maestro, queremos ver de ti una señal. (39) Les replicó Jesús y dijo: Esta raza mala y adúltera requiere una señal, no le será dada otra que la del profeta Jonás… (46) Cuando Él todavía hablaba a las multitudes, he ahí que su madre y sus hermanos estaban fuera buscando hablarle… (48) ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? (49) Y extendiendo la mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí a mi madre y mis hermanos. (50) Quienquiera que hace la voluntad de mi Padre celestial, éste es mi hermano y mi hermana y mi madre.

(Cuerpo 2: Enunciado de los pecados contra el Espíritu Santo) Habría muchos temas para hablar: Las posesiones diabólicas. Las enfermedades que el diablo puede producir. La posesión en sí es menor que el estado de pecado mortal (aunque la mayoría de las veces suele coincidir con el pecado mortal). La reacción de la gente buena y sencilla, y la reacción de los fariseos y escribas: Los pecados contra el Espíritu Santo. Los elogios y la devoción a María Santísima. La boca habla de la abundancia del corazón. La señal del profeta Jonás. “El que hace la voluntad de mi Padre Celestial, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre”. Pero hablaremos sobre el pecado contra el Espíritu Santo. Veamos las distintas reacciones ante el milagro: La gente buena dice:

“¿No será éste el Hijo de David, no será el Mesías?”. Cuando escuchan esto, los fariseos y los escribas dicen: “Está poseído por el Diablo, por Belcebú, y por poder de Belcebú saca los demonios”. Los fariseos ven ante sus propios ojos la realización de un milagro, y en vez de servirles de remedio para que con humildad se arrepientan y caigan rendidos y se entreguen a Nuestro Señor, sólo les sirve para mayor endurecimiento y mayor pecado. Como decía el P. Castellani: “Si a éstos, el remedio les hace ese efecto, es que éstos… ya no tienen remedio”. Los fariseos dicen que Cristo por poder de Belcebú hace el milagro, y, Nuestro Señor habla aquí del pecado contra el Espíritu Santo5 : “Todo pecado y blasfemia serán perdonados a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada en toda la eternidad (in aeternum)”. ¿Cuáles son los pecados contra el Espíritu Santo, las blasfemias contra el Espíritu Santo? Puede variar según los autores, en general se nombran seis: 

 1) La desesperación de salvarse: “Yo ya no me puedo salvar, Dios no me puede perdonar ese pecado que hice, estos pecados”: Es el pecado de Judas. Todo se perdona, absolutamente todo. ¿Pero aquí dice Nuestro Señor que el pecado contra el Espíritu Santo no se perdona? Luego responderé a esta pregunta. 

 2) La presunción de salvarse aunque se peque, aunque se siga pecando: “Dios es bueno, Dios no castiga; mira si Dios, siendo tan bueno, me va a mandar al Infierno, todo el mundo se va al Cielo”. Así decía, perdón pero es la Verdad, Juan Pablo II, y así dicen o siguen en esa tónica Benedicto XVI y Francisco. 6

  Pero como un criollo argentino decía: “Sí, Dios es bueno, pero no tonto”: Si yo no cumplo con Dios, si yo no vivo como un buen católico, si yo no me confieso, si yo muero en pecado mortal, ciertamente que me condenaré para siempre, el Infierno nunca se acaba. “Dios no castiga”. Dios sí que castiga, y si el Infierno no es un castigo, ¿pues dígame qué cosa es entonces un castigo?”. Dios inclusive a veces castiga en esta vida, pero estos castigos, esas “reprimendas de Dios en esta vida”, en el fondo son misericordia, porque pueden servir para que una persona cambie y se enderece y se salve. 

 3) La impugnación de la Verdad: Conocer claramente una Verdad, más propiamente una Verdad o las Verdades de Dios, y esforzarse por atacar dicha Verdad, por despreciarla, descalificarla. Conocer que Dios ha creado el mundo y esforzarse en querer negar u ocultar eso: “No, Dios no creó el mundo, o por lo menos no lo hizo como dice la Sagrada Escritura; venimos del Big Bang, de la Evolución, del mono, del mico, de la ameba, del organismo unicelular, del lagarto, ¡de cualquiera!, pero de Dios: No; Adán y Eva no existieron, eso es un cuentito”. Y éste es también el caso del Evangelio de hoy: 
Los fariseos tienen un milagro hecho ante sus ojos, y en vez de pedir perdón por sus actitudes y entregarse a Nuestro Señor, no niegan el milagro (no lo podían negar, fue ante sus ojos): “Ah, éste hace milagros. Pero éste hace milagros no por el poder de Dios, sino por poder del Diablo, y así expulsa los demonios”. O sea que el Diablo está contra el Diablo (o contra “otros diablos”), el Diablo se arroja a sí mismo o a otros demonios. La respuesta de Nuestro Señor es de un enorme sentido común, y no puede ser de otra manera: Nuestro Señor Jesucristo es Dios, es la Verdad Suma, la única. 

 4) La envidia o pesar por la gracia ajena: Ver una persona que parece que avanza más que uno en la vida espiritual, que está mejor que uno en las cosas de Dios y en su santificación personal, y sentir envidia de él, hasta desearle el mal. Pecado horrible, realmente satánico. Dios nos libre y guarde de caer en algo así, en esta envidia, ¡y puede ocurrir! También era el pecado de los fariseos: Tenían envidia de Nuestro Señor, una enorme envidia. Lo veían más santo que ellos, inmensamente más, ¡y cómo no!: Era y es Dios. Lo veían más sabio que ellos: Era y es la Sabiduría Encarnada. Lo veían taumaturgo, hacedor de milagros, y ellos nada, por supuesto. 

 5) La obstinación en el pecado: Saber que uno está mal, saber que uno está en pecado mortal, saber que uno –si sigue así- se va a condenar, se va a ir al Infierno, ser plenamente consciente de estas cosas, y: “No importa, sigo pecando, sigo en estado de pecado mortal, después veré qué hago”. Oír tantos consejos, las Confesiones, oír tantas prédicas (tal vez esta misma prédica), “¡Dios quiere que cambien de una buena vez y dejen el pecado!, ¡hasta cuándo!”, y nada: Sigo en el pecado, “mejor no pensar en esas cosas que dicen los padres”. 6) La impenitencia final: Estoy a punto de morir, sé que iré al Infierno por todo lo malo que hice y por todo lo que no hice (el bien que no hice), “no importa, ya veré”. ¿“Ya veré”? Estoy a punto de hundirme en la eternidad del Infierno y ¡ya veré!, ¡ya veré qué hago! ¡Cuándo voy a ver!, ¿cuándo esté hundido ahí… para siempre? O una actitud más soberbia aún: Morir contra Dios, insultando a Dios, en una actitud hostil ante Él. 

La impenitencia es la consecuencia final de todos los anteriores, de todas esas actitudes malas hacia Dios y ante Dios. Como el caso de ese masón, al cual, luego de morir, le encontraron en su almohada, o en su habitación –no sé-, un papel en el que se burlaba de Dios y de los pedidos o deseos de un alma para salvarse; el famoso texto del Salmo 30,2: “In te Dómine speravi, non confundar in aeternum: En ti, Señor, he esperado (he tenido esperanza), no sea yo condenado eternamente”. Este masón, en su odio “masónico” contra Dios, había puesto: “In te Dómine NON speravi, CONFUNDAR in aeternum: En ti, Señor, NO he esperado, SEA YO CONDENADO eternamente”. “Bueno, m´hijito: A gusto y pedido del cliente. Pase para el Infierno nomás”.

(Cuerpo 3: ¿Por qué se dice que los pecados contra el Espíritu Santo “no se perdonan”?) Estos pecados se llaman “pecados contra el Espíritu Santo” porque se cometen por pura malicia, con plena consciencia del mal que se hace (si ustedes quieren: Suma Malicia), lo cual es contrario a la Suma Bondad, la cual se atribuye especialmente al Espíritu Santo, y por eso se les llama “pecados contra el Espíritu Santo”. “Todo, todo pecado se perdona”, decíamos más arriba. Y entonces por qué Cristo dice que éstos no se perdonan. ¿Hay pecados que Dios no perdona? San Agustín dice que aquí Nuestro Señor no se refiere a cualquier tipo de pecado o blasfemia, de lo contrario, quién se salvaría –dice él-; Cristo se refiere a un tipo especial de blasfemia: La conversión y la salvación son obras del Espíritu Santo, y blasfema contra Él, contra el Don de Dios, contra el arrepentimiento y el perdón, “aquel impío al que la paciencia de Dios quiere llevar a penitencia, y (en cambio él) en la dureza de su corazón, se dedica a atesorar ira (a hacer cosas malas) para el día de la venganza (para el día en que será juzgado)”. 

Blasfemia contra el Espíritu Santo se puede resumir como impenitencia. Pero San Agustín agrega –sin embargo-: “De nadie hay que desesperar (en cuanto a su salvación) en tanto que la paciencia de Dios se dedique a llevarlo a penitencia (al arrepentimiento). Esta blasfemia irremisible… no podemos juzgarla mientras se vive en este mundo”. Una vez más: ¿Por qué entonces se dice que no se perdona? La imposibilidad del perdón no está del lado de Dios, que siempre está dispuesto a perdonar, sino del lado de la persona que no se quiere arrepentir, con plena conciencia de que será condenado de esa manera. Y a eso se refiere Cristo al decir que no se perdona. Porque el corazón impenitente resiste, hasta el final de su vida, a la acción del Espíritu Santo que busca su arrepentimiento, rechaza voluntariamente lo que Dios, el Espíritu Santo, hace buscando su salvación. 

(Conclusión) Para concluir: La borrasca farisaica termina (como dice un autor) con el entusiasmo del pueblo bueno y sencillo, “¿no será el Mesías?”, y con el elogio a la Madre de quien tenían enfrente, un anticipo del Avemaría: “Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”. Nuestro Señor acepta el elogio7 y lo traspasa: “Bienaventurados más bien, los que escuchan la Palabra de Dios y la guardan, y la cumplen”. Esta vida es cosa seria. Nuestra salvación es cosa seria. Muerte, juicio, ¿quién sabe el momento? La devoción a María Santísima, dicen los santos, es señal de predestinación, es señal de nuestra posible salvación. Tener devoción a María Santísima es, al menos, empezar a tener sus virtudes: Es humildad contra soberbia (que nos condena). Es escuchar la Palabra de Dios (qui audiunt Verbum Dei) contra estar pendientes de las estupideces del mundo moderno y no escuchar a Dios. Es guardar esta Palabra de Dios y cumplirla (vivir según Dios) contra vivir en el pecado y en la vida mundana. Ella nos haga merecedores de la salvación y del perdón: Refugium peccatorum, refugio de los pecadores. Concluimos repitiendo el elogio para María Santísima: “Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”: Su Maternidad Divina para con su Hijo:  Es la Madre de Dios. Y su Maternidad Espiritual para con todos nosotros. Refugio de los pecadores: Ruega por nosotros. 

AVE MARÍA PURÍSIMA.