lunes, 16 de marzo de 2015

MEDITACIONES: Viernes cuarto de Cuaresma



Meditación
Por el P. Alonso de Andrade
De la conversión de la Samaritana

   Llegó Cristo cerca de Samaria y sentóse a descansar junto a un pozo, a donde llegó una mujer de Samaria a sacar agua: trabó pláticas con ella y la convirtió a su servicio, la cual volvió a la ciudad, y dio noticia de Cristo Señor nuestro. Vinieron muchos de ella y le reconocieron y se convirtieron, y estuvo dos días  con ellos, enseñándoles la doctrina del cielo.

   Punto I.- Pon los ojos en Cristo fatigado y sudado, rendido del trabajo del camino, y mírale sentado junto a un pozo, esperando a quien hacer bien. Considera cuántas fatigas le han costado los pecadores, y cuántas ha padecido por ti, buscándote tantos años y tú huyendo de su servicio; y acércate a aliviarle y darle algún descanso, ofreciéndole tu alma y tu vida, cuanto vales y eres, para emplearte todo en su servicio.

   Punto II.- Considera la plática que traba con esta mujer perdida, para recuperar su alma, desvelándose en su bien, cuando ella estaba más descuidada de él; y considera aquellas palabras en que le pone delante el premio de la vida eterna. El que bebiere de esta agua tendrá sed otra vez; pero si bebiere del agua que yo le diere, no tendrá sed eternamente. Coteja los bienes y gustos temporales de este mundo, que son agua salobre de pozo hondo, que cuesta mucho trabajo, y bebidos no quitan la sed, antes la aumentan, porque el que más tiene más quiere, y crece la sed de ellos al paso que ellos crecen; pero los eternos se alcanzan fácilmente con la gracia de Dios, y quitan la sed de todo lo temporal y terreno. Pondera la locura grande del mundo ciego, que tanto interés pone en buscar lo terreno, caduco y perecedero, y tan olvidado está de lo celestial y eterno. Ahonda en este pensamiento y llora tu ceguedad pasada, y pídele gracia al Señor para vivir con desengaño, despreciando lo temporal y no codiciando más que los bienes eternos.

   Punto III.- Mira cómo se admiraron los discípulos de que hablase Cristo con una mujer, porque no lo acostumbraba, y aprende  a recatarte y a no tener familiaridad con ellas por ningún pretexto; oye aquellas palabras de boca del Salvador; mi manjar es hacer la voluntad del que me envió; porque como en el manjar está el gusto y el sustento, así estaba también el de Cristo en hacer la voluntad de Su Padre que era buscar las almas perdidas por el pecado y reducirlas a su servicio; este debe ser el tuyo, si quieres imitar a Cristo.

   Punto IV.- Considera el gozo de esta mujer con la luz que Cristo le comunicó, porque no cabiéndole en el pecho, fue a predicarle a voces a la ciudad, la cual se movió por sus palabras a buscar a Cristo, y la que era reclamo para los vicios, se trocó en predicadora de la virtud; y muchos  se convirtieron por ella con indecible gozo de aquella ciudad. ¡Oh Cristo mío! Grande es vuestra bondad y grande vuestra sabiduría, pues con una palabra trocáis los corazones más duros en hijos de Abraham, y a los pecadores en santos, y a los que escandalizan el mundo en ejemplares y edificativos, que le convierten con sus obras y palabras como esta pecadora. Si buscaís las almas perdidas, aquí está la mía, que es la más perdida de todas: Pésame que os cueste fatigas, y para que no os canséis más en buscarla, viene a vuestros pies a buscaros a Vos, rendida y arrepentida de la vida pasada; recibidla Dios mío; alumbradla y encendedla en el  fuego de vuestro amor, para que os sirva y alabe eternamente como esta pecadora convertida.