martes, 31 de marzo de 2015

MEDITACIONES: Martes Santo



Meditación
Por el P. Alonso de Andrade
De la sentencia de Cristo, y cómo fue sacado con la cruz acuestas
   Punto I.- Considera lo que pasó en el pretorio de Pilatos, el cual viendo la obstinación del pueblo y las instancias que hacía por la muerte de Cristo, vencido de sus amenazas, como juez inicuo, pidió agua y se lavó las manos delante del pueblo, y dijo: Yo no tengo parte en la sangre de este justo, por vuestra cuenta corre; y todos clamaron que viniese Su sangre sobre ellos y sus hijos, y con esto le condenó a muerte y firmó la sentencia y se le entregó para que le crucificase. Esta fue la sentencia del Salvador del mundo, la cual confirmó Su Eterno Padre por la salud de todo el género humano, y la aceptó Cristo obedeciendo a Su mandato. Medita lo ingrato de aquel pueblo contra su Señor, de quien había recibido tantos beneficios, y en la cobardía del juez que conociendo su inocencia le condenó inicuamente. Lavóse las manos con el agua, y manchó su corazón con la sangre de Cristo, pero sobre todo contempla su paciencia, su humildad, su silencio, su obediencia en tan duro precepto, y aquel corazón tan rendido a Su Eterno Padre. Atiende cómo acepta la sentencia, como si fuera pronunciada de su boca y firmada de su mano; y aprende obediencia en cosas difíciles y repugnantes a la carne, y sufrimiento en todos tus trabajos, pues ninguno fueron como estos.

   Punto II.- Considera cómo luego los enemigos del Salvador llenos de alborozo y alegría por ver logrado  su intento, convocaron los soldados, trajeron la cruz, resonaron las trompetas, juntaron la gente y se dieron prisa a sacar al Salvador del mundo. Mira lo que pasa en aquel pretorio, cómo desnudan al esposo de tu alma y se descubre todo llagado, y le visten de sus propios vestidos y le ponen la soga a la garganta. ¡Oh qué collar de oro para salir a vistas el día de su desposorio! Contempla el gozo del Salvador cuando vio su cruz por tantos años deseada; con qué palabras se recrearía con ella, el afecto con que la abrazaría, la ternura con que la tomaría, derramando lágrimas de gozo viéndose ya tan cerca al sacrificio que había de hacer en ella de sí mismo a Su Eterno Padre. Aprende de tal maestro cómo has de recibir la cruz que Dios te enviare. No mires las persecuciones, trabajos e injusticias como venidas de manos de hombres, sino como de las de Dios, que te las envía para tu corona y recíbelas como Cristo recibió su Cruz con paciencia y alegría.

   Punto III.- Considera cómo ordenó luego aquella procesión con tan dolorosa insignia; resonarían las trompetas, juntaríanse mares de gentes, y relucirían los hierros de las lanzas; tremolaría la bandera por lo alto, sonarían las cajas, y en medio de todos iría el Salvador entre dos ladrones con la cruz pesada sobre sus hombros, la cual dice San Buenaventura que tenía quince pies de alto. Luego entonó el pregonero su voz diciendo cómo era condenado aquel hombre por blasfemo, malhechor y homicida. De esta manera salió el obediente Isaac con la leña sobre sus hombros para ser sacrificado en el monte Calvario por la redención del mundo. Contempla, alma devota cómo va tu Redentor por ti, mira si llegan tus afrentas a las tuyas, y si has llegado al estado y término en que se halla. Síguele y no le dejes; y pues Él te convida y llama, toma tu cruz y camina con Él haciéndole compañía.

   Punto IV.- Mil y veinte pasos distaba (según la común opinión) el pretorio de Pilatos del monte Calvario, y como era tan largo el camino y Cristo estaba tan molido y desangrado, cayó con el peso de la cruz. ¡Oh alma! Llega a levantarle y pide que te de la cruz para que tome siquiera algún alivio en tan largo camino. Mas como aquellos verdugos eran tan inhumanos, le daban golpes y palos, como si fuera una bestia para que se levantase, y temiendo que muriese antes de llegar al Calvario, alquilaron un hombre que llevase la cruz. ¡Oh dichoso jornalero! Y quién pudiera comprarte esta ocasión para llevarla! ¡Oh dulce Jesús! ¿Qué precio le dieron porque llevase vuestra cruz? Yo, Señor, me ofrezco a llevarla sin algún precio, antes daré cuanto tuviere, y me venderé, y me daré en precio por llevarla. Dádmela, Señor mío, un rato, que solo deseo vuestro alivio y descanso. Medita lo que pasó en este camino, porque Él mismo reveló a un contemplativo, que todos los que devotamente meditan Su Pasión y le ayudan a llevar Su cruz, dan alivio a sus tormentos.


MEDITACIONES: Lunes de Semana Santa


Meditación
Por el P. Alonso de Andrade
De la unción de Santa María Magdalena
   Escribe el Evangelista, que seis días antes de la Pascua fue Cristo a Betania, y se hospedó en casa de Simón leproso y se sentó a la mesa con sus discípulos y Lázaro, a quien había resucitado, y María Magdalena ungió los pies de Cristo con ungüento precioso y los limpió con sus cabello, de que Judas murmuró, más Cristo volvió por María Magdalena delante de muchos, que vinieron por ver a Lázaro resucitado.

   Punto I.- Considera la caridad y amor que el Salvador tenía a sus amigos, a quienes había hecho tanto bien, como fueron Lázaro, a quien dio la vida; María, a quien había perdonado sus pecados; Marta, en cuya casa se había hospedado; Simón,  a quien había curado de la lepra, y le llamaban Leproso; y como llegase el tiempo de Su Pasión no quiso partir de este mundo sin despedirse de ellos y darles aquella consolación. Entra tú en aquella casa, contempla lo que pasa en ella, mira a Cristo tan benévolo, afable y gustoso para con todos, y aprende a serlo tú con todos. Penetra el interior de Su alma, y contempla Su amor para con sus amigos y el sentimiento de apartarse de ellos, y del dolor que les había de causar Su Pasión, y cómo los consuela para llevarla con paciencia, y aprende a consolar a tus amigos, y pídele al Señor que no parta sin consolarte a ti también, y pues su caridad es tan crecida, que unas mercedes son empeño para otras, cuéntale las que te ha hecho, y pídele que te haga otras muchas de nuevo, como las hizo a todos los referidos.

   Punto II.- Considera a Lázaro resucitado a la mesa con Cristo y con sus discípulos; el cual, como dice San Agustín, es símbolo del pecador convertido. Resucita de la muerte del pecado a la vida de la gracia, el que merece sentarse a la mesa con Cristo. No desprecies a ningún pecador, mas ten gran estima de los convertidos, mira la honra que Dios les hace, hónralos tú también, y cobra una grande confianza en su bondad, viendo la manera que trata a los pecadores convertidos.

Punto III.- Considera a Santa María Magdalena abrasada de amor del Salvador, postrada a sus pies, ungiéndolos con aquel bálsamo precioso, lavándolos con sus lágrimas y limpiándolos con sus cabellos, y besándolos, y a Cristo tan regalado y gustoso con estos obsequios. Pídele lugar a esta Santa y licencia para arrojarte a los pies del Salvador en su compañía a ungir los pies de Cristo, lavarlos con tus lágrimas y limpiarlos con las telas de tu corazón. Pues los pobres representan a Cristo, y son como los pies del cuerpo  místico de su Iglesia,  úngelos gastando los preciosos bálsamos de tu casa, y lávalos, curándolos y limpiándolos, y emplea en su servicio tus cabellos, cubriéndolos y vistiéndolos con lo que sobra en tu casa, que según San Gregorio significa los cabellos, que son lo superfluo de cuerpo.


   Punto IV.- Considera cómo murmuraron de María los circunstantes, y cómo la defendió Cristo; porque no hay obra tan santa que no esté sujeta a la censura de los hombres, los cuales como poco sabios juzgan por malo lo que es bueno y lo murmuran. No te turbe la murmuración de los maliciosos, que Dios te defenderá como a María Magdalena. Alza los ojos al cielo, y mira lo que siente Dios de ti, y de lo que haces en su servicio, ten buena intención y Él favorecerá tu obra, ofrécete a su servicio,  pídele que te de esfuerzo y perseverancia, como se la dio a esta santa pecadora para seguirle hasta el monte Calvario y después a su sepultura. 

lunes, 30 de marzo de 2015

MEDITACIONES: Domingo de Ramos



Meditación
Por el P. Alonso de Andrade
De cómo Cristo entró triunfando a Jerusalén

   La historia es sabida cómo Cristo nuestro Señor acercándose el tiempo de su Pasión, envió a dos de sus discípulos y le trajeron una jumenta, en la cual pusieron sus capas y le hicieron subir y entrar en la ciudad, la cual se conmovió con su venida y le recibieron con palmas y ramos y común aclamación.

   Punto I.- Considera cómo Cristo va tan de su voluntad a Jerusalén adonde aunque entra triunfando sabe que le han de crucificar dentro de pocos días. Dale gracias por la merced que te hace en venir a padecer por ti, y ofrécete con su ejemplo a ir de tu voluntad a padecer por Él. Mira como pasea la carrera como caballero diestro y esforzado, la cual dentro de poco tiempo ha de correr por ti con su cruz en los hombros, y síguele con la tuya preparándote con esfuerzo a llevarla por su amor.

   Punto II.- Considera cómo envió a sus discípulos a que desatasen a los animales y se los llevaran, porque en los jumentos atados fueron significados los pecadores atados con los cordeles de sus pecados, a los cuales manda Cristo a sus apóstoles que los desaten por la absolución de sus culpas, pero no para que se desmanden en nuevos vicios, soltándose como brutos en los prados verdes del mundo, sino para que se los lleven a Él y los sujeten a su servicio; de lo cual has de sacar, si eres confesor o ministro del Evangelio, el cuidado que debes poner en llevar a Dios a los pecadores sacándolos de la cautividad de sus vicios, y llevarlos a Cristo no dándoles demasiada rienda, para que se desenfrenen en sus pecados. Y si eres sujeto has de aprender la humildad y obediencia con que te debes portar con los ministros de Cristo, sujetándote a sus órdenes, obedeciéndoles en todo lo que te mandaren, que es medio para ir a Cristo.

   Punto III.- Contempla lo que pasa este día en la corte de Jerusalén. Mira a Cristo tan benigno y gozoso cómo entra triunfando, y a todo el pueblo que sale a recibirle, con palmas y olivas, cubriendo con sus vestiduras las calles.  Atiende a la muchedumbre que hay por las plazas y ventanas, oye las aclamaciones del  pueblo, que todos a una voz le pregonan por Hijo de David y Rey de Israel, enviado de Dios por Salvador y Redentor; y a vista de este triunfo mira el que dentro de cinco días ha de tener en las mismas calles y plazas con las mismas personas, llagado de pies a cabeza, coronado de espinas, con la soga a la garganta y la Cruz a cuestas, a voz del pregonero publicado y condenado por ladrón y falso profeta, por malhechor y revolvedor de pueblos, llevado a crucificar entre verdugos, homicidas y ladrones. ¡Oh glorias del mundo, qué breves y engañosas sois! ¡Oh triunfos de la tierra qué presto os trocáis en afrentas! ¿Quién fiará de vosotros? ¿Para qué Señor, admitisteis este triunfo, sabiendo cuán presto se había de trocar en llanto, sino para que campease más vuestra ignominia a vista de esta gloria? Contempla lo que pasa, y no fies de glorias ni de honras mundanas, que todas son flores aparentes que a la mañana nacen y a la tarde se marchitan.

   Punto IV.-  Considera lo que este día consideraba Santa Teresa de Jesús, cómo entre tantos aplausos no hubo en toda aquella ciudad quién le llevase a su casa, ni le diese a Él ni a sus discípulos un bocado de pan; sal a recibirle y ruégale que vaya a tu pobre posada, y ofrécele tu corazón y cuanto hubiere en él.  Pídele que te perdone tu ingratitud y que reciba tu voluntad y vaya a tu alma; y para más obligarle, recíbele con ramos de oliva, símbolo de la misericordia, teniéndola de los pobres y haciéndoles limosna, y con palmas en las manos, símbolo de la victoria, peleando como varón contra los vicios hasta alcanzar la victoria de tus enemigos, y de esta manera se dignará el Señor a ir a tu posada, y hacerte las misericordias que tal día como este se refiere hizo a esta Santa, bañando su espíritu de una dulzura inefable.


domingo, 29 de marzo de 2015

SERMÓN DOMINGO 1° DE PASIÓN: R.P. Fernando Altamira


Queridos hijos:

El Evangelio de hoy es de San Juan; no lo tradujimos luego del canto, para incluirlo en la prédica.

Queríamos hacerles un relato más completo, con diálogos o acontecimientos ocurridos antes y después de lo narrado en el texto de la Misa
(seguimos el orden que da San Juan).

(Cuerpo 1: Textos de la Sagrada Escritura, Evangelio según San Juan)
En el mismo capítulo de los textos de la Misa, unos versículos antes, leemos:
(San Juan 8,19ss) ¿Dónde está tu padre? Respondió Jesús: Ni me conocéis, ni conocéis a mi Padre, si me conocierais a mí, (“fórsitan et”), conoceríais también a mi Padre. (...) Yo me voy, y me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. A dónde Yo voy, vosotros no podéis venir. (...) Vosotros sois de abajo, Yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, Yo no soy de este mundo. Por eso os he dicho que moriréis en vuestros pecados: Si pues no creéis que Yo soy, moriréis en vuestro pecado. (...) ¿Tú quién eres? El principio, el que os habla (25 dixit Iesus: Principium, qui et loquor vobis). (...)

 Y no entendieron que a su Padre llamaba Dios (27 et non cognoverunt quia Patrem eius dicebat Deum). (...) Si permanecéis en mi doctrina, verdaderamente seréis misdiscípulos, y conoceréis la Verdad, y la Verdad os  hará libres (31 si vos manséritis in sermone meo, vere discipuli mei éritis, 32 et cognoscetis veritatem, et véritas liberabit vos). (...) Todo el que hace un pecado, es esclavo de ese pecado. (...) Sé que sois hijos de Abraham, pero buscáis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. (...) 39 Le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham.  40 Ahora buscáis matarme, al hombre que la verdad os he hablado, la cual he oído de Dios: No hizo esto Abraham. 

41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Le dijeron: Nosotros no hemos nacido de una fornicación, un padre enemos: Dios. 42 Si Dios fuese vuestro padre, ciertamente me amaríais a mí, pues Yo he salido de Dios y he venido. (...) 44 Vosotros sois de vuestro padre el Diablo (vos ex patre Diablo estis), y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Él era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la Verdad, porque no hay Verdad en él... es mentiroso y padre de la mentira (mendax est et pater eius). 45 Pero Yo, si digo la Verdad, no me creéis.

Y aquí comienza propiamente el texto de la Misa (San Juan 8,46-59):
¿Quién de vosotros me argüirá de pecado? Si os digo la verdad, ¿por qué no me creéis? Quien es de Dios, escucha las palabras de Dios.
Por eso vosotros no escucháis, porque no sois de Dios. Respondieron pues los judíos y le dijeron: ¿Acaso no decimos bien que eres samaritano y que tienes demonio? 

Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, sino que honro a mi Padre, y vosotros me deshonráis a mí. Yo no busco mi gloria, hay quien (la) busque y juzgue. En verdad, en verdad os digo: Si alguien guarda mi palabra, no verá la muerte para siempre. Dijeron pues los judíos: Ahora sabemos que tienes demonio: Abraham murió y los profetas, y tú dices: Si alguien guarda mi palabra, no experimentará la muerte para siempre. ¿Acaso eres Tú mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió, y los profetas han muerto?

 ¿Quién te haces a ti mismo? Respondió Jesús: Si Yo me glorifico a mí mismo, mi gloria es nada: es mi Padre quien me glorifica, quien vosotros decís que es vuestro Dios, y no lo habéis conocido. Yo lo he conocido, y si dijera que no lo conozco, sería semejante a vosotros, mentiroso. Pero lo conozco y guardo su palabra. Abraham vuestro padre exultó por ver mi día; lo vio y se alegró. Le dijeron pues los judíos: ¿Todavía no tienes 50 años y has visto a Abraham? Les dijo Jesús: En verdad, en verdad os digo: Antes de que Abraham existiera (“fieret”), Yo soy. Tomaron pues piedras para arrojárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Y luego unos episodios muy importantes e interesantes (San Juan 10,19ss):
19 De nuevo se hizo división entre los judíos a causa de sus palabras. 20 Decían muchos de ellos: Tiene demonio y es un loco (insanit), ¿por qué lo escucháis? (quid eum auditis?). 21 Otros decían: Estas palabras no son de alguien que tiene un demonio, ¿acaso un demonio puede abrir los ojos de los ciegos? (...) 24 Los judíos lo rodearon y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? (Quousque
animam nostram tollis?). Si tú eres el Mesías, dínoslo abiertamente (Si tu es Christus, dic nobis palam). 25 Respondió Jesús: Os hablo (loquor vobis), y no creéis; las obras que Yo hago en nombre de mi Padre, éstas dan testimonio de Mí, 26 pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. 27 Mis ovejas oyen mi voz. (...) 30 Yo y el Padre somos uno (Ego et Pater unum sumus). 31 Los judíos cogieron entonces piedras para lapidarlo. 32 Jesús les respondió: Muchas obras buenas os he mostrado de mi Padre, ¿a causa de cuál obra de ellas me lapidáis? 


33 No te lapidamos a causa de una obra buena, sino por la blasfemia, y porque tú aunque eres hombre, te haces a ti mismo Dios (et quia tu homo cum sis, facis teipsum Deum). (...) 37 Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. 38 Pero si las hago, y si a mí no queréis creerme, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en Mí, y Yo en el Padre (ut cognoscatis et credatis quia Pater in me est, et ego in Patre). 

39 Por esto intentaban cogerlo (Quaerebant ergo eum apprehendere) y se escapó de sus manos (et exivit de mánibus eorum).


(Cuerpo 2: Algunos comentarios)
Les damos ahora algunos comentarios.
Estos hechos son del último año de vida de Nuestro Señor. Los judíos habían decidido matarlo, pero aún no era “la hora”, no había llegado aún el momento.
“¿Quién de vosotros me argüirá de pecado, quién de vosotros me acusará de pecado?”: ¿Quién podía hacerlo? Nadie; Nuestro Señor, su comportamiento, Él es la santidad misma.

Con lo anterior termina el capítulo 8. Después, viene la curación del ciego de nacimiento, que es casi todo el capítulo 9 de San Juan (es el Evangelio del miércoles pasado): Luego de curado el ciego, decían los fariseos sobre Jesús: 16 Éste no es un hombre de Dios, porque no guarda el sábado. Pero otros decían: ¿Cómo puede un hombre que es pecador hacer estos milagros (signa)? 

Y había división entre ellos. 17 Le dijeron al ciego: ¿Tú qué dices de él, el que te abrió los ojos? Él dijo: Que es un profeta. (...) 24 Llamaron de nuevo al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios, nosotros sabemos que este hombre es un pecador. (Respondió el ciego:) Si es un pecador, no lo sé, yo sé una cosa, que aunque yo era ciego, ahora veo. (...) 

27 ¿Acaso vosotros también queréis haceros discípulos de Él? 28 Le maldijeron y le dijeron: Tú seas su discípulo, nosotros somos discípulos de Moisés. (...) 31 (Dijo el que había sido ciego:)

Sabemos que Dios no escucha a los pecadores... 32 Jamás se ha oído decir (a saeculo non est auditum) que alguien haya abierto l os ojos de un ciego de nacimiento. 33 Si este hombre no fuera de Dios, no podría hacer nada. 34 ¿Has nacido todo en pecado, y tú nos enseñas a nosotros? Y lo arrojaron fuera. 35 Escuchó Jesús que lo habían arrojado fuera, y cuando lo encontró le dijo: ¿Tú crees en el Hijo de Dios? 35 Le respondió y le dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? 37 Y le dijo Jesús: Lo has visto, y el que habla contigo, ése es (et vidisti eum, et qui loquitur
tecum, ipse est). “Creo, Señor”, y postrándose, lo adoró (Credo Dómine. Et prócidens adoravit eum).

“Si os digo la Verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios, escucha las palabras de Dios, por eso vosotros no las escucháis, porque no sois de
Dios”. San Agustín dice que Nuestro Señor, con su ciencia, vio que esos fariseos estaban muertos con muerte del alma y vio también la condenación
eterna que más tarde ocurriría, sumergidos en el Infierno. “Los que son de Dios, escuchan la palabra de Dios”: La señal de ser de Dios es oír la
Palabra de Dios, oír al Verbo, a Nuestro Señor, seguir entonces la Doctrina Católica. Pero “oír”, en su más perfecto sentido, es y oír, y guardar (cuidar y mantener la Fe Católica), y practicar la Fe Católica, es decir, vivir como buenos católicos sin nuestras incoherencias.

Por supuesto que los judíos no se convierten sino que injurian más a Nuestro Señor: “Eres samaritano y tienes demonio”, “¿por qué le escucháis?, está loco, insanit”.
Ya explicamos el porqué del insulto de samaritano: Los samaritanos eran los habitantes de Samaría, una de las tres regiones en que estaba dividida en esa época Tierra Santa (la región central, si quieren); ellos habían mezclado la Verdadera Religión con errores, herejías, temas del Paganismo, eran herejes, como si dijéramos hoy, “eran de las sectas cristianas”, testigos de Jehová, mormones, en fin, lo que quieran. “Tú eres samaritano”, le decían a Dios, a Cristo, a la máxima y suma Verdad.
 
Y también le decían “estás endemoniado”, “tienes demonio”. Y la respuesta tan mansa de Nuestro Señor: “Yo no tengo demonio, y vosotros me deshonráis a Mí; Yo no busco mi gloria, hay
quien la busque y juzgue (y os juzgará)”. Frente a los insultos, injurias, cosas que nos ultrajan, Él da obras de misericordia, “soportar los defectos del prójimo”, “rezar por los enemigos”. 

¡Qué diferencia con nosotros, pues no somos capaces de soportar lo más mínimo contra nosotros! Cristo recibe insultos y da palabras de vida eterna: “Quien guarde mis Palabras, no gustará la muerte eternamente”. 

Decía alguien: Uno que iba a morir, prometía a muertos (del alma), la vida eterna. Pero estos hombres carnales no entendían, “porque vosotros no sois de Dios”. 


(Cuerpo 3: La divinidad de Cristo: CRISTO ES DIOS)
Y ahora veamos el tema más importante: La divinidad de Cristo: Cristo es Dios. Cristo es el Mesías: “Abraham murió, y los profetas, ¿quién pretendes ser?”. Se acercaba la muerte de Cristo, debía cumplir aquello para lo que vino: “Abraham, vuestro padre, deseó ver mi día, lo vio y se alegró”. Abraham lo vio por la Fe, la Fe en el Mesías, en Cristo. 

O bien, lo vio –además- por alguna comunicación o visión especial dada a él por Dios. Pero lo más importante es que la afirmación de Nuestro Señor equivalía, al menos, a decir que Él era el Mesías, el deseado de Abraham.

Cristo es Dios: “No tienes 50 años, ¿y has visto a Abraham?”, siguen los fariseos al ras del piso, incapaces de ver la profundidad de las respuestas
de Nuestro Señor. Y aquí, la más importante afirmación: “En verdad os digo, antes de que Abraham existiera (fuera hecho: fieret), YO SOY”.
Nuestro Señor no dijo “Yo era” sino “YO SOY”, en presente, porque siendo coeterno con el Padre y el Espíritu Santo, antes de que Abraham y de que
todas las cosas existieran, Él es. Afirma aquí su divinidad, Cristo es Dios. Y los fariseos sí entienden el alcance de su afirmación, y cogen piedras para
tratar de matarlo.
 
O esa otra afirmación de los textos que agregamos: “Ego et Pater unum sumus: Yo y el Padre somos uno”. Quieren entonces lapidarlo; y Cristo:
“He hecho muchas obras buenas... ¿por cuál de ellas me queréis lapidar?”, “no por obra buena, sino por la blasfemia, porque siendo como eres hombre, te haces a ti mismo Dios”.
¿Tenían, los judíos, elementos para discernir si semejantes afirmaciones eran ciertas, si ese decirse Dios era la Verdad? Podía ser mentira, cualquiera puede afirmar gratuitamente algo parecido o semejante.

Los judíos eran y son culpables de su actitud, era y es una ignorancia culpable. Tenían elementos de sobra para discernir: Las palabras de Cristo, su doctrina intachable, ser la pura Verdad; su vida irreprensible, la máxima santidad; y los milagros: “nadie ha hecho milagros como este hombre”, los milagros certifican la veracidad de las palabras de Cristo: Se llamaba Mesías y se llamaba Dios, luego: Era el Mesías, y era “y es” Dios. Por lo menos tendrían que haber visto que era un hombre de Dios, “un profeta”; ahora, si era un hombre de Dios, un santo, el más grande hacedor de milagros, ¿cómo podía mentir? Ese hombre santo, ese hombre de Dios, no se llamaba simplemente santo, simplemente profeta... Se llamaba Dios, luego... ¡Era Dios! “Si Yo no hago las obras de Dios, no me creáis, pero si las hago, si no queréis creerme a Mí, creed al menos a mis obras”.
 
(Conclusión)
Terminamos con esto: Nuestro Señor Jesucristo es Dios.

Hay que estar dispuestos a dar la vida defendiendo este hecho y esta Verdad, la cual es la gran piedra de tropiezo para el Ecumenismo de hoy (i.e.
para la mezcla de las religiones), y es la gran piedra de tropiezo para hacer la Religión Mundial.
El Catolicismo es la única religión verdadera, y se lo puede definir –como alguien hacía- como: La religión de la divinidad de Cristo, “Cristo es Dios”,
y del desarrollo de todas las consecuencias que de ello se derivan, aun las más remotas y lejanas.
Pero el Ecumenismo y los ecumenistas han atacado y quieren borrar todas esas consecuencias, incluso las más cercanas y evidentes:
 
“Nosotros protestantes no podemos aceptar que la Misa sea un sacrificio, y menos que sea el mismo Sacrificio de la Cruz; no podemos aceptar el culto a la Virgen ni a los santos, ni la intercesión de ellos; no podemos aceptar el Sacramento de la Confesión, ni el Purgatorio, etc, etc, etc”. “Concedido”: Cambiamos la Misa, cambiamos los Sacramentos, falsa teología.
“Nosotros ortodoxos rusos y otros no podemos aceptar la Primacía o el Primado de San Pedro, el Papado; no podemos aceptar que el
Espíritu Santo proceda del Padre y del Hijo, etc”. “Concedido”: 
El Papa es tan sólo un obispo más, tan sólo el Obispo de Roma –como se presentó Francisco-, el cual debe actuar con su Colegio (Colegialidad); en cuanto a lo del Espíritu Santo, ya veremos cómo hacemos,
dennos tiempo.

“Nosotros judíos decimos que Cristo no es Dios, que Cristo no es el Mesías, que es un Impostor, el gran Impostor, etc, etc”. “Concedido”:
Ahora los santos no son nuestros hermanos mayores, sino ¡los judíos son nuestros hermanos mayores! (como el mismo Mons. Fellay ha
dicho), además dejemos de lado el tema de Cristo y afirmemos simplemente que tenemos el mismo Padre, el mismo Dios.
Mahometanos, budistas, el resto de las religiones: “Todos tenemos el mismo Dios, hay derecho y libertad para estar en la religión que a
uno le plazca, todas las religiones son buenas y dan lo mismo, todas llevan al Cielo”.
“Nosotros, farsantes y ateos del mundo, no podemos aceptar que Cristo sea Dios, sí un gran hombre, un bienhechor de la Humanidad, notan bueno como  Gandhi, pero un gran hombre”. Y la falsa Iglesia Conciliar: “Caray, esto está complicado, dennos tiempo para ver cómo hacemos, y cómo les vamos a decir a los bobos de nuestros fieles católicos estas cosas”. “Bueno, ok, pero apúrense, la Humanidad está
sedienta del anuncio, además ya llega El Esperado, el que salvará la Humanidad sin Cristo y contra Cristo: Anticristo”.

Y la respuesta a toda esa impiedad es “UN NO ROTUNDO Y ENORME”. Y la afirmación también rotunda y absoluta de que CRISTO ES DIOS, y
estar dispuestos a dar la vida por ello, y “hasta las consecuencias más remotas”.
 
“Credo in Iesum Christum”: El cual es Dios, consustancial al Padre, Dios de Dios, Dios verdadero de Dios verdadero, que junto con Dios Padre y con Dios Espíritu Santo SIMUL ADORAMUS, al mismo tiempo y en igualdad adoramos y conglorificamos, en el seno de la Santísima Trinidad, tres Personas distintas y un solo Dios verdadero.

Ave María Purísima


La Fé del Centurión y la mujer: San Agustín


1. Cuando se leyó el Evangelio, escuchamos la alabanza de nuestra fe que se manifiesta en la humildad. Cuando Jesús pro
metió que iría a la casa del centurión para sanar a su hijo, respondió aquél: No soy digno de que entres bajo mi techo, mas di una sola palabra y quedará sano. Declarándose indigno, se hizo digno; digno de que Cristo entrase no en las paredes de su casa, sino en su corazón. Pero no lo hubiese dicho con tanta fe y humildad si no llevase ya en el corazón a aquel que temía entrase en su casa1. En efecto, no sería gran dicha el que el Señor Jesús entrase al interior de su casa si no se hallase en su corazón. El, maestro de humildad con la palabra y con el ejemplo, se sentó a la mesa en la casa de cierto fariseo soberbio, de nombre Simón. Y con estar recostado en su casa, no había en su corazón lugar en que el Hijo del hombre reclinara su cabeza.

2. Por esto mismo, el Señor, según se puede desprender de sus palabras, disuadió de ser su discípulo a cierto hombre soberbio que quería seguirle. Señor, le dice, te seguiré a donde quiera que vayas. Y el Señor, viendo lo invisible de su corazón, le dice: las raposas tienen guaridas y las aves del cielo  nidos, pero el hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza. Lo que quiere decir: Hay en ti dobleces —esto serían las raposas—; existe en ti la soberbia —esto serían las aves del cielo—. Mas el Hijo del hombre, que es sencillo contra la doblez y humilde contra la soberbia, no tiene dónde reclinar su cabeza. El mismo reclinar la cabeza, no su erección, es escuela de humildad. Disuade a aquel que desea seguirle y atrae a quien se negaba a ello. En el mismo lugar dice a otro: Sigúeme. Y él: Te seguiré, Señor, pero permíteme ir antes a dar sepultura a mi padre. Buscó una excusa ciertamente piadosa y, por tanto, se hizo más digno de que tal excusa fuese rechazada y se mantuviese con mayor firmeza la llamada. Cosa piadosa era lo que quería hacer, pero el Maestro le enseñó lo que debía anteponer.

Quería que él fuera predicador de la palabra viva para hacer vivos a quienes habían de vivir. Para cumplir con aquella necesidad quedaban otros. Deja, dijo, que los muertos den sepultura a sus muertos. Cuando los infieles dan sepultura a un cadáver, son muertos sepultando a muertos. El cuerpo de éste perdió el alma; el alma de aquéllos perdió a Dios. Como el alma es la vida del cuerpo, así Dios es la vida del alma. Como expira el cuerpo cuando lo abandona el alma, así expira el alma cuando abandona a Dios. El abandono de Dios es la muerte
del alma; el abandono del alma es la muerte del cuerpo. La muerte del cuerpo es de necesidad; la del alma depende de la voluntad.

3. Estaba, pues, el Señor sentado a la mesa en casa de cierto fariseo soberbio. Estaba en su casa, como dije, pero no en su corazón. No entró, en cambio, a la casa del centurión, pero poseyó su corazón. Zaqueo, sin embargo, recibió al Señor en su casa y en su alma. Es alabada su fe manifestada en la humildad. El dijo: No soy digno de que entres bajo mi techo.Y el Señor: En verdad os digo que no he hallado fe tan grande en Israel; Israel según la carne, pero éste era ya israelita en el espíritu. El Señor había venido al Israel carnal, es decir, a los judíos, a buscar en primer lugar las ovejas allí perdidas, o sea, en el pueblo en el cual y del cual había tomado carne. No he hallado allí fe tan grande, dice el Señor, Podemos nosotros medir la fe de los hombres, pero en cuanto hombres; él que veía el interior, él a quien nadie engañaba, dio testimonio sobre el corazón de aquel hombre al escuchar las palabras de humildad y pronunciar la sentencia de la sanación.

4. ¿Cómo llegó a aquella conclusión? También yo, dice, que soy un hombre bajo autoridad, tengo soldados en mi potestad y digo a éste: «Ve», y va; y a otro: «Ven», y viene; y a mi siervo: «Haz esto», y lo hace. Tengo potestad sobre quienes están puestos bajo mi mando y tengo otra potestad que está puesta por encima de mí. «Si, pues, yo, dice, hombre bajo potestad, tengo poder para mandar, ¿qué no podrás tú, a quien sirven todas las potestades? Era éste un hombre gentil, pues era un centurión. El pueblo judío tenía ya en aquel tiempo soldados del imperio romano. Allí servía él como soldado, en cuanto era posible a un centurión: sometido a una potestad y teniendo él mismo potestad. Obedecía en cuanto subdito y gobernaba a sus súbditos. El Señor —esto es necesario que lo
entienda perfectamente vuestra caridad—, aunque formaba parte del pueblo judío, anunciaba ya la Iglesia futura en todo el orbe de la tierra, a la que había de enviar a sus apóstoles. Los gentiles no lo vieron y creyeron; los judíos lo vieron y le dieron muerte. Del mismo modo que el Señor no entró con su cuerpo a la casa del centurión, y, sin embargo, ausente en el cuerpo y presente por su majestad, sanó su fe y su casa, de idéntica manera el mismo Señor sólo estuvo corporalmente en el pueblo judío; en los otros pueblos ni nació de una virgen, ni sufrió la pasión, ni caminó, ni soportó las debilidades humanas, ni hizo las maravillas divinas. Ninguna de estas cosas realizó en los restantes pueblos, y, sin embargo, se cumplió lo que respecto a él se había dicho: El pueblo, al que no conocí, ése me sirvió. ¿Cómo, si faltó el conocimiento? Tras haber oído, me obedeció. El pueblo judío lo conoció y lo crucificó; el orbe de la tierra oyó y creyó.

5. Esta como ausencia corporal y presencia de su poder en todos los pueblos, la significó también en aquella mujer que había tocado la orla de su vestido, cuando le dijo preguntando: ¿Quién me ha tocado? Pregunta como si estuviese ausente; en cuanto presente, sana, la muchedumbre te oprime, le dicen los discípulos, y tú preguntas: ¿Quién me ha tocado? Como si caminase en modo tal que no pudiese ser tocado por ninguno, dijo: ¿Quién me ha tocado? Y ellos: la muchedumbre te oprime. Es como si dijera el Señor: «Busco al que toca, no al que oprime» 2. Así es en el tiempo presente su cuerpo, es decir, la Iglesia. La toca la fe de unos pocos y la oprime la turba de
muchos. Como hijos suyos habéis oído ya que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo y, si queréis, lo sois vosotros mismos. El Apóstol lo dice en muchos lugares: Por su Cuerpo, que es la Iglesia. También: Vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros. Si, pues, somos su cuerpo, lo que entonces sufría su cuerpo por obra de la muchedumbre, esto mismo padece su Iglesia. Es oprimida por la muchedumbre y es tocada por pocos. La carne la oprime, la fe la toca. Levantad, pues, los ojos, os suplico, vosotros que tenéis con qué ver. Tenéis, en efecto, qué ver. Levantad los ojos de la fe, tocad el extremo de la orla del vestido y os bastará para la salvación. 6. Observad que lo que oísteis en el Evangelio como futuro entonces, ahora 3 es algo presente. Por tanto, yo os digo, o sea, por la celebrada fe del centurión, como extraños en la carne, pero de la familia en el corazón. Por esto, dijo, muchos
vendrán de oriente y de occidente. No todos, sino muchos; pero, eso sí, de oriente y de occidente. Mediante esas dos partes se designa todo el orbe de la tierra. Muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. En cambio, los hijos del reino serán arrojados a las tinieblas exteriores. Los hijos del reino son los judíos. ¿Por qué hijos del reino? Porque recibieron la Ley, a ellos fueron enviados los profetas, en medio de ellos existió el templo y el sacerdocio, que celebraban las figuras de cuanto iba a acaecer. Pero no reconocieron la presencia de las cosas que celebraron en figura. Los hijos del reino irán, dijo, a
las tinieblas exteriores. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. Estamos viendo la reprobación de los judíos; estamos viendo cristianos llamados de oriente y de occidente a cierto banquete celeste, para que se sienten a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob, donde el pan será la justicia y la bebida la sabiduría.

7. Prestad atención, pues, hermanos. Formáis parte de este pueblo, predicho ya entonces y ahora convertido en realidad presente. Sois ciertamente de aquellos que han sido llamados de oriente y de occidente a sentarse a la mesa del reino de los cielos, no en el templo de los ídolos. Sed, pues, cuerpo de Cristo, no opresión para el cuerpo de Cristo. Tenéis la orla del vestido para tocarla y sanar la hemorragia de sangre, es decir, el flujo de los placeres carnales. Tenéis, digo, la orla del vestido que tocar. Considerad que los Apóstoles son el vestido que se adhiere a los costados de Cristo por el tejido de la unidad. Entre estos Apóstoles estaba como orla el menor y último, Pablo,
según él mismo dice: Yo soy el mínimo de los Apóstoles. La parte última y la más baja de un vestido es la orla. La orla se mira con desprecio, pero el tocarla produce salvación. Hasta este momento sufrimos hambre, sed, estamos desnudos y somos azotados. ¿Existe cosa detrás y más despreciable que esto? Tócala si padeces flujo de sangre; de aquel de quien es el vestido saldrá una fuerza que te sanará. Se proponía al tacto una orla cuando ahora se leía: Si alguno llegara a ver a otro que tiene ciencia sentado a la mesa en un templo de ídolos, ¿no se sentirá impulsada a comer carne sacrificada a los ídolos su conciencia, puesto que es débil? Y por tu ciencia, hermano, perecerá el débil por quien murió Cristo. ¿Cómo pensáis que puede engañarse a los hombres con simulacros, dando la impresión de que son venerados por los cristianos? «Dios, dicen, conoce mi corazón.» Pero tu hermano no. Si estás débil, evita una enfermedad peor. Si estás fuerte, cuida de la debilidad de tu hermano. Quienes ven esto se sienten impulsados a otras cosas, de forma que no sólo desean comer allí, sino también sacrificar. He aquí, hermano, que por tu ciencia perece el débil. Escucha, hermano; si despreciabas al débil, ¿desprecias también al hermano? Despierta. ¿Qué, si pecas contra el mismo Cristo? Pon atención a lo que bajo ninguna condición puedes
despreciar. De esta forma, pecando contra los hermanos y golpeando su débil conciencia, pecáis contra Cristo. Vayan, pues, quienes desprecian esto y siéntense a la mesa en el templo de los ídolos; ¿no serán gentes que oprimen en vez de tocar? Y, una vez que se hayan sentado en aquella mesa, vengan y llenen la Iglesia4; no recibirán la salvación, pero sí, en cambio, causarán opresión.

8. «Pero temo, dices, ofender a mi superior». Teme ciertamente eso y no ofenderás a Dios. Tú que temes ofender a
alguien superior a ti, mira no sea que haya alguien mayor todavía que ese a quien temes ofender. No ofendas al que te es superior; es cosa justa. Esta es la norma que se te propone. ¿No es evidente que en ningún modo ha de ofenderse a aquel que es mayor que los demás? Considera ahora quiénes son mayores que tú. El primer puesto lo ocupan tu padre y tu madre si son buenos educadores, si te nutren de Cristo 5. Se les ha de escuchar en todo y se ha de obedecer a cada orden suya. Sean en todo servidos si no ordenan nada contra quien es mayor que ellos. «¿Quién es, dices, mayor que quien me ha engendrado? » Quien te ha creado. El hombre engendra, Dios crea. El hombre desconoce cómo engendra, desconoce lo que va a engendrar. Quien antes de que existiera aquel a quien hizo te vio
para hacerte, ciertamente es mayor que tu padre. La patria misma sea mayor que tus mismos padres 6, hasta el punto que no deben ser escuchados cuando ordenan algo contra ella. Y si ésta ordenara algo contra Dios, tampoco debe obedecérsele. Si, pues, quieres ser curada, si tras padecer el flujo de sangre, si tras padecer doce años en esa enfermedad, si tras haber gastado todos tus bienes en médicos sin haber recuperado la salud, quieres ser sanada de una vez, ¡oh mujer, a la que hablo en cuanto figura de la Iglesia!, esto ordena tu padre y aquello ordena tu pueblo. Pero te dice tu Señor: Olvida a tu pueblo y a la casa de tu padre. ¿A cambio de qué bien, de qué fruto, de qué recompensa? Porque el rey, dice, apetece tu hermosura. Apetece lo que hizo, puesto que para hacerte hermosa te amó siendo fea. Por ti, aun infiel y fea, derramó su sangre; te restituyó fiel y hermosa, amando en ti lo que son dones suyos. ¿Qué aportaste a tu esposo? ¿Qué recibiste en dote de tu anterior padre y pueblo? ¿Acaso otra cosa distinta de las lujurias y los andrajos de los pecados? Tiró tus andrajos, rompió tu vestido de piel de cabra; se compadeció de ti para embellecerte; te embelleció para amarte.

9. ¿Qué más, hermanos? Como cristianos habéis oído que quienes pecáis contra los hermanos y golpeáis su débil conciencia pecáis contra Cristo. No despreciéis estas palabras si no queréis ser borrados del libro de la vida. ¡Cuántas veces hemos intentado deciros elegante y delicadamente lo que nuestro dolor, al no permitirnos callar, nos obliga a decir de cualquier manera! Cualesquiera que sean quienes quieran despreciarlas, pecan contra Cristo. Vean lo que hacen. Queremos atraer a nosotros a los paganos que quedan; vosotros sois piedras en el camino, que estorban a quienes quieren venir y les hacen dar la vuelta. Piensan en sus corazones: «¿Por qué hemos de abandonar a los dioses que adoran junto con nosotros los mismos cristianos?» «Lejos de mí, dice el otro, adorar a los dioses de los gentiles». Lo sé, lo comprendo, te creo. ¿Qué haces de la conciencia del débil si la hieres? ¿Qué haces del precio si desprecias lo que ha sido comprado? Perecerá, dice, el débil por tu ciencia que dices tener, por la que sabes que un ídolo no es nada, si mientras piensas en Dios con tu mente te sientas a la mesa en un templo pagano. Por esta ciencia perece el débil. Y para que no desprecies al débil, añadió: por quien murió Cristo. Si quieres despreciar al débil, considera el precio pagado por él y compara todo el mundo con la muerte de Cristo. Para que no pienses que pecas sólo contra el débil, lo juzgues un pecado leve y lo consideres como sin importancia, añadió todavía: Pecáis contra Cristo. Hay hombres que suelen decir: «Peco contra un hombre; ¿peco acaso contra Dios?» Niega que Cristo es Dios. ¿Te atreves a negar que Cristo es Dios? ¿O acaso aprendiste otra cosa mientras estabas sentado en el templo pagano? No admite esta forma de pensar la doctrina de Cristo. Te pregunto dónde has aprendido que Cristo no es Dios. Eso suelen decirlo los paganos. ¿Ves lo que hacen las malas mesas? ¿Ves cómo las conversaciones malas corrompen las buenas costumbres? Allí no puedes hablar del Evangelio y escuchas a los que hablan de los ídolos. Pierdes allí el creer que Cristo es Dios, y lo que allí bebes, en la iglesia lo vomitas. Tal vez aquí osas hablar, tal vez perdido en la masa te atreves a murmurar: «¿No fue acaso Cristo un hombre? ¿No fue crucificado? » Esto aprendiste de los paganos; perdiste la salvación, no tocaste la orla. Toca la orla también en este asunto, recibe la salvación. Tócala como te enseñamos que debes hacerlo, según lo que está escrito: Quien viere a un hermano sentado a la mesa en un templo pagano. Tócala también respecto a la divinidad de Cristo. Con referencia a los judíos, decía la misma orla: Suyos son los patriarcas y de ellos es Cristo
según la carne, quien es Dios bendito sobre todas las cosas por los siglos. Mira contra qué Dios verdadero pecas cuando te sientas a la mesa de dioses falsos.

10. «No es, dirás, un dios, sino el genio7 de Cartago». Como si fuera Dios en caso de tratarse de Marte o Mercurio.
Pero considera no lo que es en sí, sino en qué es tenido por ellos. Pues también yo sé, como lo sabes tú, que es una piedra. Si el genio es un adorno, vivan rectamente los ciudadanos de Cartago y serán ellos el genio de Cartago. Si, por el contrario, el genio es un demonio, en el mismo lugar escuchaste también esto: Lo que inmolan los gentiles, a los demonios lo inmolan, no a Dios. No quiero que os hagáis socios de los demonios. Sabemos que no es Dios. ¡Ojalá lo supieran ellos también! Pero no se debe herir la conciencia de quienes, siendo débiles, no lo saben. Es una exhortación del Apóstol. Que ellos lo tienen por algo divino y que aceptan aquella estatua como divina,
lo atestigua el altar. ¿Qué hace allí el ara si no es considerado como una divinidad? Que nadie me diga: «No es una
divinidad; no es Dios». Ya lo dije: ¡Ojalá lo supieran ellos como lo sabemos todos nosotros! Pero cómo lo consideran, por qué lo tienen, qué hacen allí, lo atestigua aquel altar. Convenció las mentes de todos sus adoradores; ¡que no convenza a quienes se sientan a su mesa!

11. No opriman los cristianos si oprimen los paganos. (La Iglesia) es el Cuerpo de Cristo. ¿No era eso lo que  decíamos, esto es, que el Cuerpo de Cristo era apretujado, pero no tocado? Toleraba a quienes le oprimían y buscaba a quienes le tocasen. ¡Ojalá, hermanos, opriman el Cuerpo de Cristo los paganos que acostumbran a hacerlo. Mas no los cristianos! Hermanos, es deber mío decíroslo; a mí me corresponde hablar a los cristianos. El mismo Apóstol dice: ¿Por qué voy yo a juzgar a los que están fuera? A ellos, como a hombres débiles, les hablamos de otra manera, Se les ha de acariciar para que escuchen la verdad; en vosotros se ha de sajar la parte podrida. Si buscáis un medio con que vencer a los paganos, con que traerlos a la luz, con que llamarlos a la salvación, abandonad sus bagatelas. Y si no asienten a vuestra verdad, avergüéncense de su poquedad 8.

12. Si tu superior es bueno, te nutre; si es malo, es para ti una tentación. Recibe con agrado su alimento; en la tentación discierne. Sé oro. Contempla este mundo como si fuera un horno. En un espacio reducido hay tres cosas: el oro, la paja, el fuego. Si a las dos primeras se aplica el fuego, la paja se quema, el oro se acrisola. Un tal cedió a las amenazas y asintió a ser llevado al templo pagano. ¡Ay de mí! Lloro por la paja, estoy viendo las cenizas. Otro no accedió ni ante las amenazas ni ante los suplicios; fue llevado ante el juez, se mantuvo firme en su fe, no se dobló ante un templo de ídolos: ¿qué le hizo la llama? ¿No acrisola al oro? Permaneced firmes en el Señor, hermanos; más poderoso es quien os llamó a vosotros. No temáis las amenazas de los malvados. Soportad a los
enemigos. Tenéis por quienes orar. Que en ningún modo os aterroricen. Esta es la salud; bebed de ella en este banquete. Bebed aquí la que os sacie, no allí la que os hace perder el juicio. Permaneced firmes en el Señor. Sois plata, sois oro. Esta comparación no es mía, sino de la Sagrada Escritura. Lo habéis leído, lo habéis escuchado:  Los probó como oro en el crisol y los aceptó como víctima de holocausto. He aquí lo que seréis en el tesoro de Dios. No sois vosotros quienes le haréis a él rico, sino que de él vais a haceros ricos. Lléneos él; no admitáis otras cosas en vuestro corazón.

13. ¿Acaso os incitamos a la soberbia u os decimos que despreciéis a las autoridades constituidas? No decimos tal cosa. Quienes también sufrís esta enfermedad, tocad también en este asunto aquella orla del vestido. El mismo Apóstol dice: Toda alma está sometida a las autoridades Superiores, pues no hay autoridad que no provenga de Dios. Cuantas hay, por él han sido constituidas. Quien resiste a la autoridad, resiste a la ordenación divina. Pero ¿cómo comportarse si ordena lo que no se debe hacer? En este caso, desprecia la autoridad, por temor a la autoridad. Considerad la jerarquía que existe en las cosas humanas. Si el procurador ordena algo, ¿no ha de hacerse? Pero si manda algo contrario a la orden del procónsul, al no hacerlo, no desprecias la autoridad del primero, sino que optas por servir al mayor. En tal caso, el menor no debe airarse si se ha preferido al mayor. Si a veces el mismo cónsul ordena una cosa y otra el emperador, ¿quién va a dudar en servir a éste, contraponiéndole a aquél? Por tanto, si una cosa manda el emperador y otra Dios, ¿qué pensáis que debe hacerse? «Paga los impuestos, obedéceme». «Es justo, pero no en el templo de los ídolos». En el templo está prohibido. ¿Quién lo prohibe? Una autoridad mayor. «Perdona, pero tú me amenazas con la cárcel; él, en cambio, con el fuego eterno». Es el momento de asumir tu fe y hacer de ella un escudo en que puedan apagarse todos los dardos encendidos del enemigo.

14. Un poderoso te tiende asechanzas y trama algo contra ti; afila la navaja para rasurar tus cabellos, no para cortarte la cabeza. Lo que acabo de decir lo habéis oído en el salmo: Como navaja afilada urdiste un engaño. ¿Por qué comparó con una navaja al engaño de un malvado poderoso? Porque no se aplica sino a lo que tenemos de superfluo. Como en nuestro cuerpo los cabellos parecen cosa superflua y se rasuran sin detrimento de la carne, de igual modo considera como cosa superflua lo que pueda hacerte el poderoso airado. Te quita tu pobreza, ¿acaso te quita tus riquezas? Tu pobreza y tus riquezas están en tu corazón. Pudo quitarte tus riquezas, pudo causarte daño; quizá llegó a tener licencia para lesionar el cuerpo. También esta vida, para los que piensan en la otra; también esta vida, digo, hay que considerarla entre las cosas superfluas. También la despreciaron los mártires. No perdieron la vida; al contrario, la conquistaron.

15. Estad seguros, hermanos; a los enemigos no se les permite actuar contra los fieles más allá de cuanto es útil para ser puestos a prueba. Estad seguros de ello, hermanos; nadie diga otra cosa. Descargad sobre el Señor todos vuestros cuidados; arrojaos a sus brazos con todo vuestro ser. No se retirará para que caigáis9. El que nos creó nos dio garantías aun sobre nuestros propios cabellos. En verdad os digo, afirma él: todos los cabellos de vuestra cabeza están contados. Si Dios cuenta nuestros cabellos, ¡cuánto más contará nuestras costumbres el que conoce nuestros cabellos! Ved que Dios no desprecia ni siquiera vuestras cosas más insignificantes. Si las despreciase no las crearía. En efecto, él creó estos nuestros cabellos que tiene contados. «Ciertamente existen, dirás, pero quizá perecerán ». Escucha también su palabra al respecto: En verdad os digo: ni un solo cabello de vuestra cabeza perecerá. ¿Porqué temes a un hombre, tú, hombre, que te hallas en el seno de Dios? Procura no salir de tal seno; cualquier cosa que sufras allí dentro te será de salvación, no de perdición. Soportaron los mártires el despedazamiento de su cuerpo, y ¿temen los cristianos las dificultades de los tiempos cristianos? Quien ahora te
hace una ofensa, la hace con temor. No te dice a las claras: «Ven al templo de los ídolos». No te dice abiertamente: «Ven a mis altares, banquetea allí». Y si, tras habértelo dicho, no quieres ir, laméntese de ello. Formule una acusación, presente una queja: «No quiso llegarse a mi altar, no quiso venir al templo que yo venero». Dígalo. No se atreve, pero trama alevosamente otras cosas. Prepara tus cabellos, porque él afila la navaja. Te va a quitar lo que tienes de superfluo, te va a rasurar todo lo que habrás de dejar. Si puede, que te quite lo que ha de permanecer. ¿Qué te llevó el poderoso que te dañó? ¿Qué te llevó de valor? Lo mismo que el ladronzuelo; lo mismo que el descerrajador; poniendo mucho, lo mismo que el salteador. Y aunque le fuera permitido dar muerte al mismo cuerpo, ¿qué te quita sino lo que el salteador? Al llamarle «salteador» le he honrado. En efecto, todo salteador es un hombre. Te quitó lo mismo que una fiebre, un escorpión, una seta venenosa. Todo el poder de quienes se ensañan contra ti consiste en eso: hacer lo que hace una seta. Come un hombre una seta venenosa y se muere. Mirad qué fragilidad la de la vida humana. Puesto que has de abandonarla alguna vez, no luches por ella con tanto
empeño que seas abandonado tú.

16. Nuestra vida es Cristo. Centra en él tu atención. Vino a sufrir, pero también a ser glorificado; a ser despreciado, pero también a ser exaltado; a morir, pero también a resucitar. Te espera la tarea, mira la recompensa. ¿Cómo quieres llegar con las manos finas allí adonde sólo se llega tras mucho trabajo? Temes perder tu plata porque la adquiriste con mucha fatiga. Si esa plata que alguna vez has de perder, al menos cuando mueras, no la conseguiste sin esfuerzo, ¿quieres alcanzar la vida eterna sin fatiga alguna? Encaríñate con ella, ya que, una vez alcanzada después de muchos sudores, nunca la perderás. Si tienes afecto a lo que adquiriste tras mucho esfuerzo, pero que alguna vez has de perder, ¿cuánto más han de desearse aquellas otras cosas de duración perpetua?

17. No creáis a las palabras de aquéllos ni les tengáis miedo. Nos llaman enemigos de sus ídolos. Concédanos Dios
y ponga en nuestro poder todo, como ha puesto esos ídolos que han sido hechos ya pedazos. A vuestra caridad decimos: «No hagáis tales cosas si no tenéis autorización para hacerlas». Es propio de fanáticos, de los furiosos circunceliones 10. Cuando no pueden ensañarse contra alguien se apresuran a buscar la muerte sin causa que la justifique. Quienes poco ha estuvisteis en Mapal u oísteis lo que os leímos. Cuando se os haya dado la tierra en dominio—dice primero en dominio, y de este modo dijo lo que había de hacerse— destruiréis sus altares, haréis
astillas sus bosques y quebrantaréis todas sus lápidas dedicatorias. Cuando hayáis recibido autorización, hacedlo. Mientras no se nos haya concedido, no lo hagamosI2. Cuando se nos haya dado, no dejaremos de hacerlo. Son muchos los paganos que tienen estas abominaciones en sus posesiones; ¿acaso hemos de acercarnos y hacerlas pedazos? Nuestra primera obra sea romper los ídolos de su corazón. Una vez que se hayan hecho cristianos ellos también, o nos invitarán a participar en tan buena obra o se anticiparán a nosotros. Ahora es el momento de orar por ellos, no de airarse contra ellos. Si nos mueve un gran dolor, ese dolor tiene por objeto a los cristianos, a nuestros hermanos que quieren entrar a la Iglesia teniendo allí el cuerpo, pero en otro lado el corazón. Todo debe estar dentro. Si está dentro lo que ve el hombre, ¿por qué está fuera lo que ve Dios?

18. Sabed, amadísimos, que las murmuraciones de los paganos se aunan con las de los herejes y con las de los judíos. Herejes, judíos y paganos se hicieron unidad para luchar contra la unidad. Si acontece que los judíos  reciben correctivos en algunos lugares por sus maldades, acusan, sospechan o fingen que tales cosas son atribuciones nuestras a su cargo, Si acontece que en otro lugar los herejes son castigados por la ley a causa de la
maldad y el furor de sus violencias, luego dicen que constantemente buscamos causarles incomodidades para lograr su exterminio. Más aún, piensan que nosotros andamos siempre y en todas partes a la caza de ídolos y que, una vez hallados, son destrozados sin que importe el dónde. Todo ello porque quiso Dios que se promulgasen leyes contra los paganos; mejor, a favor de ellos, si lo comprendiesen. Pasa con ellos lo mismo que con niños sin mucho juicio que están jugando con el barro y manchándose las manos. Cuando llega el pedagogo con aire severo, les quita el barro y les pone en ellas el códice. Del mismo modo quiso Dios atemorizar, por medio de los príncipes sometidos a él, los corazones insensatos e infantiles, para que arrojen de sus manos el barro y hagan algo útil. ¿Qué significa hacer algo útil con las manos? Reparte tu pan con el hambriento e introduce en tu casa al necesitado carente de techo. Con todo, los niños burlan la presencia del pedagogo, vuelven furtivamente al barro y, cuando son cogidos con las manos en la masa, las esconden para que él no las vea. ¿Por qué dicen que  rompemos por doquier sus ídolos? ¿No existen lugares, visibles a nuestros ojos, en que hay ídolos? ¿Ignoramos, acaso, dónde se hallan? Pero no los destrozamos, porque Dios no nos ha otorgado la potestad. ¿Cuándo la  torgará? Cuando sea cristiano el propietario de aquellos lugares. En nuestro caso concreto, así quiso que se hiciera su dueño. Si, pongamos por caso, el dueño no quisiera entregar tal lugar a la Iglesia y se limitase a ordenar que en su posesión no hubiera ídolos, pienso que entonces los cristianos, con exquisita delicadeza, deberían ayudar a esa alma cristiana ausente que quiere dar gracias a Dios en su tierra y no desea que en ella haya nada que ofenda a Dios. Pero en este caso hay algo más: él entregó a la Iglesia aquellos lugares. ¿Iba a haber ídolos en la misma posesión de la Iglesia? He aquí, hermanos, lo que desagrada a los paganos. Les parece poco que no quitamos los
ídolos de sus villas, que no los destrozamos y hasta quieren que los conservemos en las nuestras. Predicamos contra los ídolos; los eliminamos de los corazones. Somos perseguidores de los ídolos, lo confesamos. ¿Somos, acaso, sus conservadores? No lo hago—el destrozarlos-—donde no puedo. No lo hago donde se quejaría su propietario; donde, en cambio, quiere él que se haga y lo agradece, sería culpable si no lo hiciere.

MEDITACIONES: Sábado de Pasión



Meditación
Por el P. Alonso de Andrade

De la doctrina del Evangelio

   Dice el Evangelista, cómo determinaron los judíos de quitar a Lázaro la vida, viendo que muchos venían por su causa a ser discípulos de Cristo, y cómo los gentiles vinieron también y creyeron en Él, y el Eterno Padre le dio nuevo crédito con una voz que bajó del cielo. El pueblo le recibió con ramos, palmas y cánticos de alabanzas y Cristo se retiró a la soledad de Ephren por la envidia de los judíos.

   Punto I.- Considera la persecución que le vino a Lázaro por la merced que le hizo Cristo de restituirle la vida; pues trazaron los judíos de quitársela violentamente, para obscurecer, si pudiesen, el milagro que había obrado en él. Reconoce cuán propio es de los siervos de Dios padecer persecuciones y envidias por las mercedes que  reciben de su mano; y no extrañes la que te viniere por ellos, mas dispón tu corazón para sufrir trabajos, envidias y persecuciones por su amor, y pídele su gracia para llevarlas con paciencia, que Dios te defenderá, como defendió a Lázaro de sus enemigos.

   Punto II.- Considera cómo los judíos, que tenían más luz para conocer al Salvador, le perseguían y procuraban quitarle la vida, y los gentiles que tenían menos, le buscaban para conocerle y servirle. Avergüénzate de ver cuán poco le sirves, y cuán tibiamente le buscas, habiendo recibido tanta luz y tantas mercedes de su mano, pues los que menos han recibido le sirven más que tú. Resuélvete desde esta hora a servirle con fervor, y a buscarle por todos los medios que pudieres, con el ejemplo de estos gentiles que tantas diligencias hicieron para ver y conocer al Salvador.

   Punto III.- Considera cómo viendo el Salvador que la turba del pueblo le bendecía y predicaba por Salvador del mundo, y que juntamente venían a reconocerle los gentiles, hallándose aplaudido del pueblo judaico y gentílico, levantó los ojos al cielo, dando gracias a su Eterno Padre por la merced que le hacía: y el Padre dio una voz que la oyeron todos, diciendo que le había clarificado y le había de clarificar; gózate de las glorias del Señor, y reconoce que de los más gratos servicios que le puedes hacer, es traerle las gentes a su conocimiento y servicio. Pídele que te comunique su Santo Espíritu para convertir a los infieles y traer a sus pies a todo el mundo, y aprende juntamente a dar gracias a Dios por los beneficios que te hace, los cuales dobla a los que le son agradecidos.

   Punto IV.- Considera cómo no hay beneficio sin pensión, y que a los aplausos de Cristo y a la voz que vino del cielo, se siguió la envidia rabiosa de los escribas y fariseos, los cuales le buscaron para quitarle la vida; mas Él dando lugar a su ira se retiró de sus ojos. Reconoce en este suceso cuán pernicioso vicio es el de la envidia, y pide a Dios que te libre de caer en él, y juntamente que te ayude para excusar a los flacos las ocasiones de caer, como lo hizo Cristo en esta ocasión con sus enemigos. Ponte en sus manos, que Él te defenderá y sacará de todas con ganancia. Acompáñale en su retiro, no lo dejes ir solo, sino pídele con instancia que te lleve consigo al desierto de Ephren, ciudad solitaria, donde hallarás la seguridad y quietud que no puedes alcanzar en el bullicio del siglo.

viernes, 27 de marzo de 2015

MEDITACIONES: Viernes de Pasión



Meditación
Por el P. Alonso de Andrade

Del concilio que juntaron los pontífices contra Cristo en Jerusalén

   Viendo los muchos milagros que obraba Cristo y la gente que le seguía, juntaron concilio los pontífices y fariseos para dar traza de atajar este concurso y poner freno a los que iban creyendo en el Salvador; entre los cuales Caifás, como pontífice de aquel año, profetizó que convenía que muriese Cristo por todos.

   Punto I.- Considera cómo habiéndose juntado los enemigos del Salvador a calumniar su vida, no hallaron en Él otra culpa sino que hacía muchos milagros y que todos creían en Él. Gózate de tener un Señor y un maestro de tan grande santidad que todos sus enemigos no puedan hallar otra culpa en Él sino sus virtudes y milagros. Consuélate con su ejemplo si te hallares en algún tiempo perseguido por el bien que hicieres a tus prójimos y por las obras del servicio de Dios. Mira cómo sufre el Redentor sus persecuciones, y cómo debes tú llevar las tuyas, y dale gracias porque se ha dignado de darte parte de Su cruz.

   Punto II.- Considera lo que se propone en este concilio, en el cual se dice: ¿qué hacemos? Que este hombre hace muchos milagros; si no le atajamos, todos creerán en Él. Toma estas palabras para tu provecho y di: ¿qué hacemos? Porque este Señor hace muchas señales, ¿cómo no correremos a servirle e imitarle? ¿Qué cuenta hemos de dar de tantas maravillas como obra cada día, y tantas señales para atraernos a su servicio? Todos creen en Él, y todos le siguen y le sirven menos tú. ¡Oh siervo desagradecido y perezoso! Despierta y aviva tu voluntad y tus sentidos para servir a este Señor, que te llama con tantas señales.

   Punto III.- Considera cómo estos temieron perder el reino si creían en Cristo, y le perdieron mucho más, no creyéndole y obrando contra su doctrina. Esto sucede a los que por respeto de los bienes temporales dejan el camino de la virtud, que pierden los unos y  los otros. No te engañe Satanás ni el amor de lo presente; pon los ojos en lo eterno, y procura alcanzarlo a cualquier costa, que Dios te dará esto y aquello.

   Punto IV.- Está atento a la determinación de este concilio y a la boca por donde sale, que es la del pontífice de aquel año, que aunque malo por el lugar que tenía, rigió Dios su lengua para que dijese lo que convenía, y fue que Cristo muriese por todos. ¡Oh buen Jesús, nosotros pecamos, y se determina que Vos paguéis con la vida nuestras culpas! Repara cómo Dios rige las lenguas de los prelados por malos que sean, y que debemos tomar sus palabras como dictadas por Dios y gobernarnos por ellas. Oye esta sentencia y levanta los ojos al cielo, y considera cómo la confirma el Eterno Padre, y la da por buena en su justísimo tribunal, pero con diferente intención; ´porque estos malos ministros quisieron borrar el nombre de Cristo de la tierra; pero el Padre Eterno de salvar el mundo con su muerte, y purificar la tierra con el diluvio de su sangre, no a costa de los hombres como en el primero, sino a costa de su Santísimo Hijo, para remedio nuestro. Séalo Señor de mi alma y no me quede yo manchado, purificando con Su sangre a todo el mundo. Dadme que le sea perpetuamente agradecido, y que no le deje de servir por ninguna cosa del mundo.

MEDITACIONES: Jueves sexto de Cuaresma



Meditación
Por el P. Alonso de Andrade
De la conversión de Santa María Magdalena

   El Evangelio dice, que sabiendo Santa María Magdalena que Cristo era convidado a comer  de un fariseo, fue a buscarle y se arrojó a sus pies lavándolos con sus lágrimas, y limpiándolos con sus cabellos, y ungiéndolos con un  ungüento oloroso; de lo cual juzgó mal el fariseo y murmuró de ambos en su corazón; pero Cristo defendió a la pecadora arrepentida, y le perdonó sus pecados, y envió en paz a su casa.

   Punto I.- Contempla tres convites que se celebran. El primero del fariseo que convidó a Cristo a comer los manjares del cuerpo, pero el Salvador le admitió por darle a él, y Santa María Magdalena los del alma; que con esta intención se han de admitir los convites. El segundo es de Santa María Magdalena que convida a Cristo y le da por manjar su corazón, sazonado con el fuego de su amor y el arrepentimiento de sus pecados, y por bebida copiosas lágrimas derramadas de las fuentes de sus ojos , y aprende a convidar a Cristo y a rogarle que venga a tu pobre casa, y ofrécele tu corazón, sazonado con el fuego de la verdadera contrición y dolor de los pecados. El tercer convite es el que hace Cristo a los dos, retornándoles el manjar de vida y el sustento del alma al fariseo corrigiendo sus yerros y curándole las llagas de su conciencia, y a Santa María Magdalena perdonándole sus pecados y enriqueciéndola de tesoros  espirituales y dándoles a ambos el pasto de su celestial doctrina. Medita estos tres convites, y saca de cada uno el sustento y provecho de tu alma.

   Punto II.- Considera a Santa María Magdalena a los pies del Salvador llorando y callando por la vehemencia del amor y dolor de sus pecados, y ungiendo con oloroso ungüento los pies de Cristo, limpiándolos con sus cabellos. Entra en su pecho y contempla su corazón abrasado en amor y en dolor de haber ofendido a Dios. Oye lo que dice, porque callando habla y enmudecida da voces con las niñas de sus ojos y los arroyos de lágrimas que derrama; mira qué grato servicio hace a Cristo, y acompáñala en su llanto; arrójate a los pies del Salvador callando y llorando, que Él admitirá tu contrición y te hará las mercedes que hizo a esta santa pecadora.

   Punto III.- Considera cómo el fariseo sintió mal de Cristo porque se dejaba tocar de esa pecadora, y de ella porque le tocaba condenando en su corazón a los dos, y cómo penetró Cristo lo que juzgaba en su corazón, y le reprendió suavemente volviendo por la honra de los dos, a donde tienes mucho que aprender; lo primero a no  murmurar de los servicios que se hacen a Dios, ni de las personas espirituales que se rigen por fines superiores que no se pueden condenar. Lo segundo, a tener paciencia si te vieres murmurado por las buenas obras que hicieres como Santa María Magdalena; persuadiéndote que de todo hay quien diga mal. Lo tercero en dejar a Dios tu causa, que Él volverá por ella como Cristo volvió por esta santa pecadora.  Lo cuarto advierte que Dios mira y penetra lo íntimo de tu corazón, y que no se le esconde nada y trata las cosas interiores de tu alma como quien obra en la presencia de Dios.

   Punto IV.- Considera cómo Cristo se volvió a mirar a Santa María Magdalena, y premiando su humildad y arrepentimiento, le dijo que le perdonaba sus pecados y que se partiese en paz. ¡Oh alma mía! Y qué tesoro tienes aquí para sacar oro finísimo y enriquecerte de bienes celestiales. Volvió Cristo el rostro a Santa María Magdalena y luego le perdonó sus pecados, y con el perdón le comunicó la paz y tranquilidad de su alma; estos son los grados por donde viene al espíritu de santidad. Lo primero el mirarle Dios, lo segundo perdonarle, y luego darle la paz, que no puede tenerla el que está poseído de sus pecados. ¡Oh buen Jesús! Miradme a mí y tened misericordia de mí; no os de en rostro la fealdad de mis culpas, más venza vuestra piedad la grandeza de mis pecados. Miradme y perdonadme como a esta santa pecadora, que a mí me pesa de haberos ofendido y quisiera tener sus lágrimas y contrición para dolerme y lavarme de mis culpas. ¡Oh Señor! Y qué paz y gozo inexplicable disteis a su alma con aquella palabra, tus pecados son perdonados, vete en paz. ¡Oígalo yo, Señor, de vuestra boca, y dad paz a este pecador! Que si Vos no me la dais nunca la podré alcanzar.



miércoles, 25 de marzo de 2015

MEDITACIONES: El misterio de la Encarnación



Meditación
Anuncio del Misterio de la Encarnación
Por el P. Grou
El Interior de Jesús y de María

   El ángel sosegó a la tímida y turbada María, diciéndole: No temáis, María; vos habéis hallado gracia delante de Dios. Él es quien a vos me envía, para llevaros de parte suya palabras de bendición y de paz. Vos habéis hallado gracia delante de Él; vos le sois agradable más que ninguna otra criatura, y Él os ha escogido para cumplir en vos el más grande de sus designios, el de la reparación de su gloria, y el de la salud del universo. ¡Magnífica promesa! Vos concebiréis en vuestro seno y pariréis un hijo, al cual daréis el nombre de Jesús. Será grande, y se llamará el Hijo del Altísimo. El Señor Dios lo hará sentar sobre el trono de David su padre; reinará eternamente sobre la casa de Jacob, y su reino no tendrá fin. Su reino todo de gracia, todo interior, no tendrá fin; y después de haber empezado sobre la tierra, continuará en el cielo para no acabar jamás. Tal es el sentido de las palabras del ángel, que María entendió entonces cuanto debió entender, quedando siempre no obstante en la obscuridad de la fe. Porque yo no creo que fuesen para ella tan claras como lo son para nosotros ahora que el velo está levantado, y que el misterio se nos reveló enteramente. Dios dispensa las luces con maravillosa economía, dejando siempre a la fe de qué ejercitarse; y la misma María, aunque más ilustrada que otro alguno sobre el destino de Jesucristo, no fue perfectamente instruida, sino después de verificado en su persona el entero cumplimiento de las profecías. El Evangelio nos dará más de una prueba de lo que acabo de decir.

   Sea de esto lo que fuere, lo que más sorprendió a María no fueron las grandes cosas que se le anunciaban, sino la imposibilidad natural  que veía en su ejecución, sin perjuicio de su virginidad. Se le dice que será madre, y ella prometió a Dios conservarse virgen. ¿Cómo se verificará esto, dice al ángel, pues no conozco varón, y estoy resuelta a no conocerlo jamás? No duda ella de la omnipotencia de Dios; mas expone con sencillez su situación, su deseo de ser fiel a su voto, y pregunta cómo puede esto conciliarse con la maternidad que se le anuncia.

   Jamás me parece bastante repetido, que María pensaba y hablaba en todo de una manera sobrenatural, y en aquella ocasión más que en otra alguna. La disposición que ella descubrió al ángel, era la misma en que Dios la ponía por su gracia. No tenía entonces un sentimiento, no decía una palabra que no le fuese inspirada por el Espíritu Santo. Dios pues quería, que en el momento en que Él le anunciaba por medio de un ángel los más encumbrados destinos, ella no se ocupase sino en su castidad, y en el cuidado de conservarla. Concluyamos de  ahí, que en las ideas de Dios el amor y la práctica de una virtud, aun de aquella cuyo único objeto es la pureza corporal, son muy   superiores a los más señalados favores del cielo, y a la dignidad más sublime a que puede ser elevada una criatura. Así pues, para conformarnos con los pensamientos de Dios, hagamos en toda nuestra vida, como María, más caso del menor acto de virtud, que de todos los dones celestes; porque no son estos dones sino las virtudes, cuyo ejercicio cuesta a la naturaleza, las que glorifican a Dios, y nos santifican. Los dones de Dios, el de la oración, por ejemplo, no se nos conceden para que disfrutemos meramente de ellos,  sino para facilitarnos la práctica de lo más perfecto que tiene la moral evangélica, la renuncia, el abandono, la muerte entera a nosotros mismos. Toda oración que no produzca tales efectos, por elevada que se la suponga, nada vale, y no servirá sino para nuestra condenación. Si María, deslumbrada por el título de Madre de Dios, no hubiese sentido inquietud sobre el modo con que podía conciliarse con su virginidad, Dios la hubiera desechado. No hay duda. Todo lo que el ángel de una parte, todo lo que María de otra debían decir, estaba preparado, previsto, ordenado en los designios de Dios; y si ella se hubiese separado un solo ápice, hubiera dejado sin efecto la más celebre embajada que jamás se hizo.

   El ángel va a tranquilizar a María sobre el objeto que más ocupa su corazón que la maternidad divina. El Espíritu Santo, le dice, vendrá sobre vos, y la virtud del Altísimo os cobijará con su sombra. El mismo Espíritu Santo es quien os tornará fecunda: el Altísimo pondrá en obra su omnipotencia; superará la ley más inviolable de la naturaleza, para formar en vos por medio de una maravillosa operación la carne a que debe unirse su Verbo. Esta obra será de la misma Trinidad, y a ella concurrirán todas las personas divinas. ¡Misterio inefable! ¡Secreto conocido de Dios solo, y que no comprendía ni el ángel que a María lo anunciaba!  María necesita aquí de toda su fe para creer; lo que se le dice es superior a su inteligencia. Al preguntar cómo puede aquello verificarse, se le explica, pero de un modo tan elevado a que no alcanza su pensamiento.  No comprende, pero somete su razón, persuadida de que no faltan a  Dios medios para cumplir sus designios, que no están al alcance de la criatura.

   Por esta razón, añade el ángel, lo que de vos nacerá será llamado el  Hijo de Dios. El cuerpo que se formará en vuestro casto seno, de vuestra más pura sangre, mediante la operación del Espíritu divino, será un cuerpo santo de la santidad misma del Hijo de Dios, que se le unirá, y se dirá de esta carne: Es la carne del Hijo de Dios. De la unión del alma humana con ese cuerpo no resultará una persona; sino que, una y otra sustancia unidas inseparablemente al Verbo, no tendrán otra personalidad que la suya.  Así el alma será el alma del Verbo, el cuerpo será el cuerpo del Verbo encarnado. Una carne destinada a ser la carne del Hijo de Dios no debía formarse en otra parte que en el seno de una Virgen y por la operación del Espíritu Santo.

   Para hacer creíble a María tan estupendo milagro, mirad, prosigue el ángel, a vuestra prima Isabel, que ha concebido un hijo en su vejez, y ved cómo se halla en el sexto mes de su embarazo la que era llamada estéril, esto es, reconocida por tal; porque a Dios nada es imposible. Dios es quien os habla por boca mía; Dios es quien os asegura que concebiréis y parireís sin dejar de ser virgen. Él es veraz en sus palabras; es todopoderoso: sometidas le están todas las leyes de la naturaleza; Él es quien las hizo; Él puede, cuando le place, sobreponerse a ellas. No debéis pues vos vacilar en creerlo.

   Cuando Dios tiene sobre un alma algún designio extraordinario, sin explicarle a fondo este designio, ni la manera con que Él lo cumplirá, se lo explica lo bastante para convencerla de su infinito poder, y no dejarle motivo alguno de duda, exigiendo de ella un consentimiento a la vez ciego e ilustrado. Ciego, porque la razón no puede penetrar en el secreto de Dios; ilustrado, porque esta misma razón tiene en la veracidad de la omnipotencia divina motivos evidentes para someterse. No permitamos pues a nuestro entendimiento curiosidad alguna sobre las cosas mismas que Dios nos propone, ni sobre los medios por los cuales las verificará. Esto no es de la inspección de nuestra inteligencia, y si lo comprendiéramos, ya no habría fe, ni mérito por consiguiente. Atengámonos a su palabra, y desde el momento que estemos seguros de que habló por medio de los que tenemos en lugar suyo, no vacilemos en creer lo que nos parezca más distante de la posibilidad.

   Satisfecha ya sobre el punto que más inquietud le daba, y fiando en el discurso del ángel, aunque no lo comprendiese, María no titubeó en dar su consentimiento. He aquí, dice, la esclava del Señor: hágase en mí según vuestra palabra.

   Dios pide el consentimiento expreso de María para elevarla a la dignidad de Madre de Dios. Ved con qué consideración y miramientos trata Dios a su criatura, cuando tiene sobre ella algún designio extraordinario. No lo ejecuta sin proponérselo, sin escuchar sus razones, si alguna tiene que oponer. Solicita su consentimiento, pero no lo exige, y quiere que se le dé con entera libertad. El título de madre de Dios era un favor único, un privilegio incomparable, una distinción sin ejemplo, y que no debía renovarse en todo el decurso de los siglos. Más por este título María contraía también los más grandes empeños. Debía dar a Dios a proporción de lo que recibía; debía aspirar a la santidad más sublime, y de consiguiente consagrarse sin límites a la voluntad de Dios, muriendo absolutamente a sí misma; debía someterse a las más terribles pruebas, y participar de las de su Hijo. Estaba instruida lo bastante en el sentido espiritual de las profecías, para saber que el Mesías debía sufrir mucho, y que sería un hombre de dolores. Sin duda que Dios le presentó en general un cuadro de todo esto, al tiempo de hablarle el ángel, y pudiera ser también que este le insinuase alguna cosa sobre el particular, que su humildad no le permitió revelarla. Es pues  muy probable que previó todas las consecuencias del consentimiento que iba a dar, y que, en calidad de madre, tuviese más parte que otro alguno en la cruz del Salvador. Sin esta circunstancia, el mérito que tenía en consentir, no hubiera sido tan grande de mucho como podía ser. María se sacrificó de un modo el más perfecto, al momento en que aceptó el ser la madre de Jesús, así como Jesús se sacrificó  en el instante mismo de su entrada en el mundo.

   María necesitó de más valor, de más generosidad, de más grandeza de alma de lo que se cree para consentir en la proposición que le fue hecha por el ángel. Infiérase de ahí la grandeza de sentimientos con los que pronunció aquel fiat de que dependían la reparación de la gloria de Dios, y la salud del género humano.  

martes, 24 de marzo de 2015

MEDITACIONES: Martes quinto de Cuaresma


Meditación
Por el P. Alonso de Andrade
De la doctrina del Evangelio

   Se nos propone en el Evangelio, que Cristo rehusaba subir a Jerusalén a la fiesta de la Pascua, porque los judíos trataban de matarle, pero no obstante esto subió algo encubierto, y andaban varias opiniones de su vida, diciendo unos que era bueno y otros que no, y que engañaba al pueblo.

   Punto I.- Considera al estado que trajo la maldad de los hombres a Cristo, obligándole a andar desterrado de Jerusalén, y a privarse de la asistencia en el templo de Dios, y de autorizar sus sacrificios, como los tenía de costumbre, con gran detrimento de los fieles y de los que habían de creer en Él. Duélete mucho de ver a tu santo Maestro andar desterrado, por varias tierras, sin poder estar con seguridad en la suya. Considera cuántas veces le has desterrado de tu alma por tus pecados, y si al presente anda fuera de ella, y no le deja hacer morada y compañía tu tibieza, y duélete mucho de ella y búscale con la santa Esposa; llámale y pídele que venga a tu pobre posada, y que no se destierre de ella, pues dice todo su contento en estar con los hijos de los hombres.

   Punto II.- Considera cómo aunque Cristo se detuvo en subir al templo por la maldad de los judíos, y anduvo como retirado y escondido, después subió y se halló en la festividad de la Pascua, de lo cual debes cobrar una gran confianza en su bondad, de que vendrá a tu alma, aunque alguna vez se retire por justas causas, o por castigar tu tibieza, o por humillar tu altivez, o por despertar tu voluntad a amarle, buscarle y servirle con mayor fervor.

   Punto III.- Considera lo que dice Cristo, que el mundo le aborrece, porque da testimonio de sus malas obras, y por consiguiente ama a aquellos que no dicen la verdad, sino que le lisonjean dejándose llevar de su doctrina, aplaudiendo sus obras. ¡Oh desdichados de los tales, qué infeliz suceso les espera! Atiende cuánto te importa no hacerte de parte del mundo, sino seguir el partido de Cristo; que es la virtud, y vuelve los ojos a ti, y considera si te aborrece el mundo como a Cristo, y si te persigue como a Él, o te aplaude y alaba; teme sus aplausos, que son indicio que eres de su parte, y ama su aborrecimiento, que es señal que sigues el partido del Señor, que es el camino  de la vida.


   Punto IV.- Atiende a las varias opiniones que andaban en el pueblo de Cristo; unos decían que era bueno y santo, otros que era malo y pecador y que engañaba al pueblo. Aprende a no hacer caso de los juicios de los hombres pues son tan errados, y consuélate con el ejemplo del Salvador si algunos sintieren mal de ti y tuvieren torcidas opiniones de tu vida. Calla, sufre y disimula hasta su tiempo, ofreciéndolo al Señor como lo hizo Cristo, que Él te ayudará, consolará y volverá por ti cuando convenga y fuere servido, ponte en sus manos.

MEDITACIONES: Lunes quinto de Cuaresma



Meditación
Por el P. Alonso de Andrade
De la doctrina del Evangelio

   Enviaron los fariseos ministros que prendiesen a Cristo, a los cuales recibió con santas palabras dándoles saludable doctrina,  y diciéndoles que aún le restaba algún tiempo de estar con ellos y que después partiría a donde no le podían seguir y no ejecutaron por entonces su mal intento.

   Punto I.- Considera cómo en el tiempo que Cristo ponía todo su cuidado en sacar esta gente de las prisiones de sus pecados, ellos ponían el suyo en prenderle y aprisionarle; y alaba por una parte la bondad del Salvador, a quien no se le escondían sus malos intentos, y por otra, reconoce la malicia tan crecida de los hombres, que entonces tratan de ofender más a Dios cuando Él les hace mayores beneficios, y mira no caigas en ella. Ruega al Señor te de la mano para serle agradecido y servirle siempre, y más cuando recibieres mayores mercedes de su divina mano.

   Punto II.- Considera lo que dijo el Salvador a los que le venían a prender: aún me queda un poco  de tiempo para estar con vosotros; luego me iré y me buscareis y no me hallareis. Este poco tiempo es el de esta vida, como dice San Agustín: contempla cuán breve es y con qué presteza de pasa, y cómo se pasa toda su gloria y prosperidad, que apenas empieza cuando se acaba. Pon tu mira en lo eterno que dura para siempre. Mira que ahora puedes granjear la voluntad de Dios y recibir de su mano muchas mercedes, no le dejes ir, que como dice, después le buscarás y no le hallarás, en pena de tu negligencia y por no haberle buscado cuando te esperaba.

   Punto III.- Considera cómo llama a los que tienen sed para darles el agua de la vida, diciendo: si alguno tiene sed, venga a Mí y beba. A ti llama por el amor que te tiene para que bebas de la fuente de su gracia y del manantial de sus misericordias: no te tardes ni te vayas a los pozos cenagosos del mundo que no pueden satisfacer la sed, antes aumentan el apetito. ¡Oh fuente de aguas vivas y qué engañado he vivido buscando los aljibes rotos y cenagosos del siglo! A Vos vengo, dadme una gota de esta agua que refrigere mi corazón y le satisfaga, que todo cuando hay sin Vos es agua salobre que aumenta la sed y mata al alma.

   Punto IV.- Considera lo que dice el Salvador, que el que bebiere del agua que Él ofrece brotarán de él corrientes y ríos de agua viva, porque no sólo quedará satisfecho, sino que de su redundancia  dará a otros el agua viva del Señor para salud de sus almas. Tal es la abundancia con que comunica sus dones a los que tienen sed de ellos, aviva el deseo de éstos en tu corazón con la meditación de su valor; pesa y piensa muy despacio lo que Cristo te ofrece y lo que te da, despierta en ti este deseo, y acércate a Él con verdadera humildad, confía en su bondad, y te enriquecerá de manera que quedes rico y puedas enriquecer a tus prójimos, a los cuales comunica los bienes del Señor con la liberalidad y franqueza que Él te los comunica a ti.