martes, 24 de marzo de 2015

MEDITACIONES: Martes quinto de Cuaresma


Meditación
Por el P. Alonso de Andrade
De la doctrina del Evangelio

   Se nos propone en el Evangelio, que Cristo rehusaba subir a Jerusalén a la fiesta de la Pascua, porque los judíos trataban de matarle, pero no obstante esto subió algo encubierto, y andaban varias opiniones de su vida, diciendo unos que era bueno y otros que no, y que engañaba al pueblo.

   Punto I.- Considera al estado que trajo la maldad de los hombres a Cristo, obligándole a andar desterrado de Jerusalén, y a privarse de la asistencia en el templo de Dios, y de autorizar sus sacrificios, como los tenía de costumbre, con gran detrimento de los fieles y de los que habían de creer en Él. Duélete mucho de ver a tu santo Maestro andar desterrado, por varias tierras, sin poder estar con seguridad en la suya. Considera cuántas veces le has desterrado de tu alma por tus pecados, y si al presente anda fuera de ella, y no le deja hacer morada y compañía tu tibieza, y duélete mucho de ella y búscale con la santa Esposa; llámale y pídele que venga a tu pobre posada, y que no se destierre de ella, pues dice todo su contento en estar con los hijos de los hombres.

   Punto II.- Considera cómo aunque Cristo se detuvo en subir al templo por la maldad de los judíos, y anduvo como retirado y escondido, después subió y se halló en la festividad de la Pascua, de lo cual debes cobrar una gran confianza en su bondad, de que vendrá a tu alma, aunque alguna vez se retire por justas causas, o por castigar tu tibieza, o por humillar tu altivez, o por despertar tu voluntad a amarle, buscarle y servirle con mayor fervor.

   Punto III.- Considera lo que dice Cristo, que el mundo le aborrece, porque da testimonio de sus malas obras, y por consiguiente ama a aquellos que no dicen la verdad, sino que le lisonjean dejándose llevar de su doctrina, aplaudiendo sus obras. ¡Oh desdichados de los tales, qué infeliz suceso les espera! Atiende cuánto te importa no hacerte de parte del mundo, sino seguir el partido de Cristo; que es la virtud, y vuelve los ojos a ti, y considera si te aborrece el mundo como a Cristo, y si te persigue como a Él, o te aplaude y alaba; teme sus aplausos, que son indicio que eres de su parte, y ama su aborrecimiento, que es señal que sigues el partido del Señor, que es el camino  de la vida.


   Punto IV.- Atiende a las varias opiniones que andaban en el pueblo de Cristo; unos decían que era bueno y santo, otros que era malo y pecador y que engañaba al pueblo. Aprende a no hacer caso de los juicios de los hombres pues son tan errados, y consuélate con el ejemplo del Salvador si algunos sintieren mal de ti y tuvieren torcidas opiniones de tu vida. Calla, sufre y disimula hasta su tiempo, ofreciéndolo al Señor como lo hizo Cristo, que Él te ayudará, consolará y volverá por ti cuando convenga y fuere servido, ponte en sus manos.