viernes, 27 de marzo de 2015

MEDITACIONES: Viernes de Pasión



Meditación
Por el P. Alonso de Andrade

Del concilio que juntaron los pontífices contra Cristo en Jerusalén

   Viendo los muchos milagros que obraba Cristo y la gente que le seguía, juntaron concilio los pontífices y fariseos para dar traza de atajar este concurso y poner freno a los que iban creyendo en el Salvador; entre los cuales Caifás, como pontífice de aquel año, profetizó que convenía que muriese Cristo por todos.

   Punto I.- Considera cómo habiéndose juntado los enemigos del Salvador a calumniar su vida, no hallaron en Él otra culpa sino que hacía muchos milagros y que todos creían en Él. Gózate de tener un Señor y un maestro de tan grande santidad que todos sus enemigos no puedan hallar otra culpa en Él sino sus virtudes y milagros. Consuélate con su ejemplo si te hallares en algún tiempo perseguido por el bien que hicieres a tus prójimos y por las obras del servicio de Dios. Mira cómo sufre el Redentor sus persecuciones, y cómo debes tú llevar las tuyas, y dale gracias porque se ha dignado de darte parte de Su cruz.

   Punto II.- Considera lo que se propone en este concilio, en el cual se dice: ¿qué hacemos? Que este hombre hace muchos milagros; si no le atajamos, todos creerán en Él. Toma estas palabras para tu provecho y di: ¿qué hacemos? Porque este Señor hace muchas señales, ¿cómo no correremos a servirle e imitarle? ¿Qué cuenta hemos de dar de tantas maravillas como obra cada día, y tantas señales para atraernos a su servicio? Todos creen en Él, y todos le siguen y le sirven menos tú. ¡Oh siervo desagradecido y perezoso! Despierta y aviva tu voluntad y tus sentidos para servir a este Señor, que te llama con tantas señales.

   Punto III.- Considera cómo estos temieron perder el reino si creían en Cristo, y le perdieron mucho más, no creyéndole y obrando contra su doctrina. Esto sucede a los que por respeto de los bienes temporales dejan el camino de la virtud, que pierden los unos y  los otros. No te engañe Satanás ni el amor de lo presente; pon los ojos en lo eterno, y procura alcanzarlo a cualquier costa, que Dios te dará esto y aquello.

   Punto IV.- Está atento a la determinación de este concilio y a la boca por donde sale, que es la del pontífice de aquel año, que aunque malo por el lugar que tenía, rigió Dios su lengua para que dijese lo que convenía, y fue que Cristo muriese por todos. ¡Oh buen Jesús, nosotros pecamos, y se determina que Vos paguéis con la vida nuestras culpas! Repara cómo Dios rige las lenguas de los prelados por malos que sean, y que debemos tomar sus palabras como dictadas por Dios y gobernarnos por ellas. Oye esta sentencia y levanta los ojos al cielo, y considera cómo la confirma el Eterno Padre, y la da por buena en su justísimo tribunal, pero con diferente intención; ´porque estos malos ministros quisieron borrar el nombre de Cristo de la tierra; pero el Padre Eterno de salvar el mundo con su muerte, y purificar la tierra con el diluvio de su sangre, no a costa de los hombres como en el primero, sino a costa de su Santísimo Hijo, para remedio nuestro. Séalo Señor de mi alma y no me quede yo manchado, purificando con Su sangre a todo el mundo. Dadme que le sea perpetuamente agradecido, y que no le deje de servir por ninguna cosa del mundo.