lunes, 30 de marzo de 2015

MEDITACIONES: Domingo de Ramos



Meditación
Por el P. Alonso de Andrade
De cómo Cristo entró triunfando a Jerusalén

   La historia es sabida cómo Cristo nuestro Señor acercándose el tiempo de su Pasión, envió a dos de sus discípulos y le trajeron una jumenta, en la cual pusieron sus capas y le hicieron subir y entrar en la ciudad, la cual se conmovió con su venida y le recibieron con palmas y ramos y común aclamación.

   Punto I.- Considera cómo Cristo va tan de su voluntad a Jerusalén adonde aunque entra triunfando sabe que le han de crucificar dentro de pocos días. Dale gracias por la merced que te hace en venir a padecer por ti, y ofrécete con su ejemplo a ir de tu voluntad a padecer por Él. Mira como pasea la carrera como caballero diestro y esforzado, la cual dentro de poco tiempo ha de correr por ti con su cruz en los hombros, y síguele con la tuya preparándote con esfuerzo a llevarla por su amor.

   Punto II.- Considera cómo envió a sus discípulos a que desatasen a los animales y se los llevaran, porque en los jumentos atados fueron significados los pecadores atados con los cordeles de sus pecados, a los cuales manda Cristo a sus apóstoles que los desaten por la absolución de sus culpas, pero no para que se desmanden en nuevos vicios, soltándose como brutos en los prados verdes del mundo, sino para que se los lleven a Él y los sujeten a su servicio; de lo cual has de sacar, si eres confesor o ministro del Evangelio, el cuidado que debes poner en llevar a Dios a los pecadores sacándolos de la cautividad de sus vicios, y llevarlos a Cristo no dándoles demasiada rienda, para que se desenfrenen en sus pecados. Y si eres sujeto has de aprender la humildad y obediencia con que te debes portar con los ministros de Cristo, sujetándote a sus órdenes, obedeciéndoles en todo lo que te mandaren, que es medio para ir a Cristo.

   Punto III.- Contempla lo que pasa este día en la corte de Jerusalén. Mira a Cristo tan benigno y gozoso cómo entra triunfando, y a todo el pueblo que sale a recibirle, con palmas y olivas, cubriendo con sus vestiduras las calles.  Atiende a la muchedumbre que hay por las plazas y ventanas, oye las aclamaciones del  pueblo, que todos a una voz le pregonan por Hijo de David y Rey de Israel, enviado de Dios por Salvador y Redentor; y a vista de este triunfo mira el que dentro de cinco días ha de tener en las mismas calles y plazas con las mismas personas, llagado de pies a cabeza, coronado de espinas, con la soga a la garganta y la Cruz a cuestas, a voz del pregonero publicado y condenado por ladrón y falso profeta, por malhechor y revolvedor de pueblos, llevado a crucificar entre verdugos, homicidas y ladrones. ¡Oh glorias del mundo, qué breves y engañosas sois! ¡Oh triunfos de la tierra qué presto os trocáis en afrentas! ¿Quién fiará de vosotros? ¿Para qué Señor, admitisteis este triunfo, sabiendo cuán presto se había de trocar en llanto, sino para que campease más vuestra ignominia a vista de esta gloria? Contempla lo que pasa, y no fies de glorias ni de honras mundanas, que todas son flores aparentes que a la mañana nacen y a la tarde se marchitan.

   Punto IV.-  Considera lo que este día consideraba Santa Teresa de Jesús, cómo entre tantos aplausos no hubo en toda aquella ciudad quién le llevase a su casa, ni le diese a Él ni a sus discípulos un bocado de pan; sal a recibirle y ruégale que vaya a tu pobre posada, y ofrécele tu corazón y cuanto hubiere en él.  Pídele que te perdone tu ingratitud y que reciba tu voluntad y vaya a tu alma; y para más obligarle, recíbele con ramos de oliva, símbolo de la misericordia, teniéndola de los pobres y haciéndoles limosna, y con palmas en las manos, símbolo de la victoria, peleando como varón contra los vicios hasta alcanzar la victoria de tus enemigos, y de esta manera se dignará el Señor a ir a tu posada, y hacerte las misericordias que tal día como este se refiere hizo a esta Santa, bañando su espíritu de una dulzura inefable.