martes, 30 de octubre de 2018

SAN WENCESLAO EJEMPLO DE VIRTUDES HEROICAS




San Wenceslao, Duque y mártir († 938)

San Wenceslao, duque de Bohemia, tuvo una existencia breve y agitada. Murió mártir a los 30 años.
Era hijo de los príncipes Wratislao y Dragomira.
Su padre, buen cristiano y amante de la paz, murió pronto.
Su madre era cruel, vengativa, y fanática pagana. Tuvo un mal hermano: Boleslao.
Los dos hermanos recibieron distinta educación.
A Boleslao le tocó recibir las perversas lecciones de su madre. Wenceslao vivió con su abuela, Santa Ludmila, seguramente bautizada por San Metodio.
Con mano dulce y fuerte supo forjar el alma de su nieto.
Lo hizo bautizar y sembró en su alma la semilla del Evangelio, que dió fruto abundante de santidad.

Pronto llegó la hora de las intrigas. Llegado Wenceslao a la mayoría de edad, Dragomira no quería cederle el poder, para pasarlo luego a Boleslao, más dócil a sus caprichos.
Pero el pueblo reconocía al primogénito Wenceslao; y Dragomira tuvo que retirarse.
Pero no quería hacerlo sin víctimas. Su alma envenenada consiguió eliminar a su suegra: unos forajidos la ahogaron con su propio velo y hacen de ella una mártir.
Más difícil le será eliminar a su propio hijo, pues le apoya gran parte del pueblo. Pero no dejará de intentarlo, hasta conseguir quitarle la vida.
Se pone de acuerdo con el duque Radislao para que invadiera Bohemia. Wenceslao le sale al encuentro y concierta con él un combate personal, para evitar derramamientos de sangre.
Cuenta la tradición que al emprender el combate, Radislao vió una cruz brillante en la frente de Wenceslao, y a dos ángeles que lo protegían, por lo que cayó a sus pies y le pidió perdón.
Wenceslao le perdonó concediéndole la libertad y la posesión de sus bienes.

Su reinado fue cortó, pero fecundo en obras.
Todos los autores pregonan a porfía su bondad, su afabilidad y su celo.
Como verdadero padre de familia, invitaba a su mesa a sus súbditos; conversaba con las gentes de bien;

Por la noche llevaba en secreto leña de sus bosques a los pobres y a las viudas.

Suprimió los tormentos y transformó las cárceles en hospitales.
Luchó contra las costumbres del paganismo.
Favoreció la llegada de sacerdotes evangelizadores.
Favoreció las artes y las ciencias, dictó normas de moralidad, construyó hermosos templos, como la catedral de San Vito de Praga.
Visitaba descalzo en noches frías y de nieve las iglesias para visitar al Santísimo.
Según una piadosa tradición, al acompañante que, cierto día, se quejaba de no poder soportar el frío glacial que hacía, díjole Wenceslao que pasara por las huellas que dejaban sus pies y no sentiría frio, y así fue.

Sentía una gran devoción a la Virgen María, a la que había consagrado para siempre su castidad.
Según un biógrafo, fue veraz en sus palabras, fiel en sus promesas, sumamente piadoso.
Observaba sin desmayo las virtudes de la humildad, de la paciencia, de la caridad.
Se le vio llorar con frecuencia por los culpados a quienes se veía forzado a condenar.
Rescataba los esclavos paganos para que se bautizaran,
y a todos manifestaba, pero con especialidad a los idolatras, pecadores y vagabundos, un celo no desprovista de fuerza en la reprensión y corrección, pero al propio tiempo impregnado de compasión y de abnegación sobrenaturales.

Oía Misa diariamente, y él mismo, con trigo de su cosecha y uvas de su viña preparaba el vino y las hostias. Hubiera deseado ser sacerdote, de no haber tenido que ser rey.
PERO LA AMBICIÓN Y MALDAD DE SU MADRE Y HERMANO no se daban descanso.
Su hermano resolvió darle muerte, no en Praga, donde el soberano contaba con demasiados amigos. Sino en su propia residencia de Boleslava.

Con el pretexto de que la capilla de su castillo estaba dedicada a los
Santos Cosme y Damián, Boleslao invitó a su hermano a celebrar la fiesta de estos dos mártires (27 de septiembre).

Aceptó el duque, pero, conociendo las pérfidas intenciones de su hermano, se despidió de sus parientes y amigos, como si no hubiera de volverlos a ver más.

Asistió a misa en Boleslava, se encomendó a Dios y a la intercesión de
los santos cuya fiesta se conmemoraba y luego entró plácidamente en la sala del banquete.

Por permiso de Dios, los asesinos, excitados por la bebida, nada pudieron
hacer ese día. Decidieron matar a Wenceslao al día siguiente por la mañana, cuando el duque fuera a la iglesia.

Para impedir que buscara refugio, Boleslao había dado orden de que cerrasen la puerta. La víctima cayó, sin darse cuenta, en la trampa preparada por sus enemigos.

En la mañana del 28 de septiembre del 929, mientras el duque llegaba sin escolta a la iglesia, Boleslao, apostado en una emboscada con sus cómplices, como respuesta al beso que le dió Wenceslao,
asestóle dos golpes con su espada.

El príncipe, que por nada quería ser fratricida, no quiso usar de su derecho de legítima defensa, que le hubiera sido fácil a pesar de hallarse herido, y prefirió ir a toda prisa a la iglesia.


A una señal de Boleslao llegaron los conjurados, se arrojaron
sobre el duque y le mataron ante la puerta acribillándole de heridas.

La sangre del mártir salpicó los muros del templo. El cuerpo fue enterrado
apresuradamente cerca de la iglesia de los Santos Cosme y Damián, en Boleslava.

Pronto se corrió la noticia del horrible crimen, causando angustia en
todo el pueblo.

El fratricida se hizo dueño del poder y persiguió cruelmente a los amigos
y partidarios de Wenceslao; muchos fueron muertos o encarcelados o tuvieron que abandonar el país. El clero, en particular, tuvo mucho que sufrir, y los sacerdotes extranjeros fueron expulsados.


CULTO DE LA NACION CHECA A SAN WENCESLAO

El martirio de Wenceslao aumento más aún la veneración que los fieles
le tenían. Numerosos milagros y curaciones extraordinarias se obtuvieron
por su intercesión.

El culto que en Bohemia y en otros países se daba a la persona y sepulcro de Wenceslao, hicieron que Boleslao cambiara de actitud y mostrase un poco más de respeto a los restos de su hermano.

Habiéndose ampliado ya la iglesia del castillo de Boleslava, la tumba del
duque quedó en el interior de este edificio.

Para satisfacer los deseos del pueblo, el cuerpo, que se había encontrado incorrupto, fue trasladado el 4 de marzo de 932, a la iglesia de San Vito de Praga, cuya reconstrucción se había comenzado en tiempos de Wenceslao.

El santo duque había cristianizado a su país, le había colocado entre las naciones civilizadas, habíale alcanzado en el imperio germánico una situación honrosa, influyente; con justo título, pues, era en
verdad padre, salvador y protector del mismo;

Cuando era llevada su lanza a la vanguardia de las tropas, aseguraba la victoria.

La corona de los reyes de Bohemia debía descansar sobre la cabeza del Santo cuando el príncipe no la llevara sobre sí; era esta la corona de San Wenceslao.

Oración a San Wenceslao

Dios nuestro, que impulsaste al santo mártir Wenceslao a anteponer el reino de los cielos a un reino terrenal, concédenos, por su intercesión, que tengamos valor para dejar lo que nos impida unirnos a ti de todo corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén.