domingo, 30 de agosto de 2015

Del Vicio de la Ingratitud y su Castigo Por el P. Alonso de Andrade





   Punto I.- Considera cómo estos nueve leprosos desagradecidos a la salud que recibieron de la mano del Señor, eran israelitas descendientes de Abraham y del pueblo escogido de Dios, y criados en la luz de su Fe y santos preceptos; y el agradecido era samaritano y como extraño de aquel pueblo, y ninguno se movió a seguirle y acompañarle para cosa tan debida a la merced recibida del Señor. Pondera cómo los más obligados son los más desagradecidos, y llora el olvido que tienen los hijos de Adán de las mercedes y beneficios de Dios, y cuántas ingratitudes sufre cada día de los hombres. Pondera la grandeza de este vicio, que crece y se aumenta al paso que crecen los beneficios; y cómo en Dios nunca cesan, ni en los hombres las ofensas, así cada día crece y se aumenta su  malicia. Pon la mano en tu pecho y mira si entras en el número de los muchos que son desagradecidos a Dios, y pídele con lágrimas que te tenga de Su mano y no te permita caer en tan grande pecado, y que te de gracia para serle agradecido eternamente.

   Punto II.- Pondera la dureza de los ingratos, que como ponzoñosos escorpiones sacan veneno del buen manjar que reciben, y como ciegos no miran la merced que les hacen; y cómo todas  las criaturas les persuaden con su ejemplo a ser agradecidos a Dios, pues todas le alaban y bendicen continuamente por las mercedes que les hace. Llora su obstinación, y pide a Dios que les dé luz y gracia para servirle, y a ti para no seguir sus pisadas, sino las de los agradecidos a sus mercedes y beneficios.

   Punto III.- Considera cómo los nueve ingratos eran de mejor sangre que el publicano agradecido, pero de peores costumbres, y que les valió poco descender de buenos, no siendo uno de ellos; y al publicano no le obstó ser de padres más bajos y menos nobles para ser agradecido y preferido a lo nueve en el tribunal de Cristo, quien pesa el valor de cada uno según sus merecimientos y no según los de sus padres. Pondera que no está la gracia en descender de buenos, sino en parecerse a ellos, y que muchos de bajo linaje son preferidos a los muy altos por su virtud y agradecimiento. ¡Oh qué diferentemente juzga Dios que los hombres! ¡Oh qué engañosas son las alabanzas del mundo y qué verdaderas son las de Dios! Considera cuán presto se pasará esta farsa, y luego quedarán todos iguales y recibirán el premio conforme a sus merecimientos. Por tanto, sé agradecido a Dios, sírvele de veras y espera de Su mano el galardón.

   Punto IV.- Mira a Cristo a la entrada del castillo en compañía de sus discípulos y al publicano puesto a sus pies; y mira el sentimiento que muestra el Redentor en su rostro, y oye aquellas palabras que salen de Su boca tan sentidas: ¿no fueron diez los que alcanzaron salud? ¿Y los nueve dónde están? No ignoraba a dónde estaban, pero preguntaba por ellos, como si lo ignorara; porque desconoce por suyos a los ingratos, y los da por ajenos de su gracia y por lo tanto de su Reino. Crió Dios a Adán y lo enriqueció con infinitas gracias, y él fue tan desagradecido, que en lugar de gracias le tornó ofensas, y luego se oyó la voz de Dios que preguntaba por él, como si lo ignorara: ¿A dónde estás Adán? Porque la ingratitud le hizo desconocido y ajeno de la amistad de Dios, el cual le privó de su gracia y desterró del paraíso y le condenó a un número sin número de miserias.  ¡Oh alma mía! Mírate en este espejo, y reconoce lo terrible de este vicio por la de su pena y castigo, y no caigas en él, para que no te diga Dios como a las vírgenes imprudentes, que no te conoce y te dé con la puerta en la cara, privándote de su gracia y del paraíso de Su Gloria. Clama al Redentor y dile que tenga misericordia de ti, como la tuvo de estos, y que te cure de la lepra de tus culpas y te reciba en el gremio de los suyos para servirle eternamente.
                                                                    







DEL VICIO DE LA IMPUREZA: Por San Antonio María Claret



De la Colección de Pláticas Dominicales
(1862)

Para el Domingo XIII después de Pentecostés
Del vicio de la impureza

   El Evangelio nos representa diez leprosos unidos por la sociedad de su miseria, que piden a Jesucristo su curación. Se detienen lejos de Él, porque no les era permitido acercarse a los lugares ni a las personas sanas. La deformidad que la lepra causa en el cuerpo puede ser considerada como una imagen de la que el vicio de la impureza produce en las almas; deformidad tan grande, que hace de una criatura excelente en hermosura un monstruo horrible, que no se podría ver sin sufrir. Los leprosos no se atrevieron a acercarse a Jesucristo, lo que puede significar bien cuánto nos aparta de Él el vicio de la impureza, que desfigura en nosotros la imagen de Dios.  Vicio cuyas consecuencias son tan funestas, que sin la misericordia de un Dios Salvador sería incurable esta lepra.

   Perder su honor, sus bienes y su alma, es lo más que se puede perder; esto es, no obstante, lo que pierde un impúdico.

   Este le deshonra. ¿Cuál es la reputación de un hombre sujeto a este vicio? Bien lo sabéis: todos le menosprecian, y nadie quiere tratar con él. ¿Qué se dice de una muchacha, o de una mujer libre? ¿Cómo la miran? Los hombres impúdicos no son mejor tratados que las mujeres. ¿Son ricos y poderosos? Exteriormente se tiene algún respeto a su autoridad; pero interiormente y en el corazón los menosprecian, y son mirados como infames. ¿Están en la aflicción o en la pobreza? Los señalan con el dedo, y se burlan de ellos. Así un impúdico aun en esta vida trae la confusión de su pecado. Deshonró su propio cuerpo a los ojos de Dios, y Dios permite que sea él mismo deshonrado a los ojos de los hombres. ¡Ah cristianos, indignos de este nombre!¿No sabéis que dice San Pablo, que vosotros sois el templo de Dios, y que Su Espíritu habita en vosotros? ¿Cómo, pues, tenéis la insolencia de profanar este templo, y pecar contra vuestro propio cuerpo? Sabed que Dios os castigará como a profanos e impíos. Os afligirá con enfermedades crueles y vergonzosas.

   Este vicio despoja al impúdico de sus bienes; testigo el hijo pródigo. Pide a su padre la parte que le toca de sus bienes, se va a un país distante, y después de haberla disipado con mujeres de mala vida, se haya reducido por sus impurezas y sus excesos a una pobreza extrema. ¡Oh cuántas familias hay arruinadas por una conducta semejante! No es esto todo: el impúdico pierde los bienes de la gracia que había recibido en su bautismo. La fe se extingue o se obscurece en él, casi ya no cree los misterios que la Religión nos enseña, pierde de vista los bienes eternos, se forma principios según su gusto, se atolondra a sí mismo para que no le espanten los tormentos del infierno, se entrega con más seguridad a los desórdenes más monstruosos. La caridad está extinguida en su corazón, ya no ama sino sus placeres. Un impúdico no solo pierde su honor y sus bienes, sino también su alma. No hay vicio que más embrutezca al hombre, que el de la impureza. No tiene corazón, o si lo tiene, ya no es el corazón de un hombre, es el de una bestia. La pasión le tiene tan ciego, que no escucha ni razones ni advertencias. Se obstina en el mal, y se burla de todo.

   En otro tiempo no quería San Pablo que se nombrase siquiera este vicio entre los cristianos. Vemos en los escritos de los santos Padres que se aplicaban mucho más en elogiar la castidad, que en hablar contra el vicio que le es opuesto.

   Una triste experiencia nos hace palpar que son raros los impúdicos que se corrijan de sus desórdenes. No hay vicio que más aleje de Dios que la impureza y no lo hay más opuesto a la conversión del pecador.

   El pecado de impureza aleja tanto de Dios, que un mal pensamiento y un mal deseo en que se hubiere consentido, basta para separarnos de Él. Soberbia, envidia, perjurio, crueldad, mentira: todas estas infelices ramas vienen de esta raíz corrompida. Entregándose a su ciega conducta, no quiere depender del Señor: ved aquí su soberbia. Sensible a sus placeres, es insensible a la miseria de los pobres: ved aquí su inhumanidad. No teniendo bienes, y no juntándolos sino para el deleite, no reconoce ya providencia: ved aquí su ceguedad. Arrebatado por su pasión como un caballo desenfrenado, no tiene mansedumbre: ved aquí su venganza. Persigue al que se opone a su pasión: ved aquí su aborrecimiento. Soborna a la persona a quien quiere corromper: ved aquí su lisonja y su mentira.  Es activo para el placer y negligente para su salvación: ved aquí su pereza. Si alguno se opone a su pasión brutal, pega con Dios mismo: ved aquí su blasfemia. No le mueven ni los placeres del cielo, ni las penas del infierno, y vive sin religión: ved aquí su impiedad. Menosprecia la palabra de Dios, y no la cree: mira la eternidad y sus fuegos devorantes, que la justicia divina ha encendido para castigar a los malos, como amenazas vanas y fabulosas: ved aquí su incredulidad. ¿Puede haber mayor alejamiento de Dios?

   El uso de los Sacramentos le acercaba e otro tiempo a Dios, ahora se priva de ellos. Tiene aversión a los sagrados misterios, y mira con indiferencia las ceremonias más augustas de la Iglesia. Las reprensiones de los buenos y las advertencias de los ministros del Señor ya no tienen su efecto, y solo sirven para exasperarle más. Los más saludables consejos no hacen más que irritar a un hombre dominado de semejante pasión. Ved a aquellos dos infames viejos que ofendieron a la casta Susana, y quisieron corromper su inocencia, no miran ni a la gravedad de su edad, ni al ejemplo que deben al pueblo, ni a los justos juicios de Dios.

   Pero David ¿no ha pecado? Sí; David por una ojeada ha caído en adulterio, después de haber pasado más de cuarenta años en una santidad tan eminente, que era llamado el hombre según el corazón de Dios. Pecó, es cierto; pero ¿qué penitencia ha hecho? ¿Sabéis cuál fue la penitencia de este príncipe?

   La penitencia se compone de tres partes: de contrición, de confesión y de satisfacción. David tuvo una contrición tan grande, tan viva y tan continua, que lloraba su pecado todas las noches. Sus lágrimas fueron tan abundantes, que bañaba su cama. No contento con llorar y gemir, daba rugidos como león, y hacía resonar su casa con sus clamores. ¡Qué ejemplo para sus súbditos el oír de día y noche tan tristes acentos, y saber que había tomado la resolución de continuar de esta suerte todos los días de su vida! Hizo una confesión de boca, porque aunque hubiese cometido su pecado en secreto no se disculpa cuando el profeta  Natán le reprendió, y confiesa ingenuamente su pecado. ¿Es esta sinceridad la que imitáis vosotros? ¿Cómo satisfizo David a Dios por su pecado? Se satisface a la justicia divina por la oración, el ayuno y la limosna.

 David no se contentaba con orar por la mañana, a mediodía y a la tarde, y cantar las divinas alabanzas siete veces al día; se levantaba también a medianoche para confesar sus pecados delante de Dios, y pedirle perdón. Oraba no solo de rodillas, sino también postrado en tierra, y con tanto ardor, que su voz se había puesto ronca a fuerza de clamar y pedir a Dios misericordia. Juntaba el ayuno con la oración. Ayuno tan austero, que mezclaba su pan con ceniza, y su bebida con sus lágrimas; ayuno tan riguroso y tan frecuente, que al fin de sus días ya no podía sostenerse sobre sus rodillas.

   ¿Haréis esta penitencia vosotros? Ánimo, pues hermanos míos, salid de este abismo, sed fieles a la gracia que os convida a convertiros.
   En otros peligros se trata de combatir, en este se trata de huir. Huid de todo género de impurezas, porque el que está sujeto a este vicio no tiene parte en el reino de los cielos.   


lunes, 24 de agosto de 2015

Apostolado de oración para los sacerdotes



The Recusant
Reconquista


Apostolado de oración para los sacerdotes

Reciten la siguiente oración una vez por día, pidiendo en particular que el Buen Dios nos envíe más sacerdotes y que bendiga y proteja los que tenemos.
Cada sacerdote beneficiado del apostolado dirá una Misa por mes para los fieles que oren por ellos , para los otros sacerdotes beneficiados y para las vocaciones

Oh  Jesús,  Gran Sacerdote Eterno, guarda Vuestros sacerdotes  en el abrigo de Vuestro Sagrado Corazón donde nada puede hacerles daño ni mal.
Guarda sus inmaculadas manos consagradas que cada día tocan Vuestro Cuerpo Sagrado.
Guarda sus puros labios que están cada día en contacto con Vuestra Preciosísima Sangre.
Guarda sus corazones puros y separados del mundo que han estado sellados con la marca sublime de vuestro glorioso sacerdocio.
Que progresen en el amor y la confianza en Vos y protégelos del contagio del mundo.
Con el poder de cambiar el pan y el vino, dales también el poder de cambiar los corazones.
Bendice sus trabajos con frutos abundantes y dales al final de su vida, la corona de la vida eterna. Amen.

Oh Señor, danos Sacerdotes,
Oh Señor, danos Sacerdotes Santos,
Oh Señor, danos muchos Sacerdotes Santos,
Oh Señor, danos muchas y santas vocaciones religiosas.
San Pío X, ruega por nosotros.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.

Comprométanse a recitar cada día esta oración para nuestros sacerdotes y entonces contáctennos  dándonos su nombre y su país a fin que nosotros podamos incluirlos en nuestra cuenta.






Source : The Recusant

Apostolat de la prière pour les prêtres
Récitez la prière suivante une fois par jour, en demandant en particulier que le Bon Dieu nous envoie plus de prêtres et qu’Il bénisse et protège les prêtres que nous avons.
Chaque prêtre bénéficiant de cet apostolat dira une Messe par mois pour les fidèles qui prient pour lui et pour les autres prêtres bénéficiant de cet apostolat et pour les vocations.


Oh Jésus, Grand Prêtre Eternel, gardez Vos prêtres à l’abri de Votre Sacré Cœur où rien ne peut leur faire de mal.
Gardez sans tâche leurs mains consacrées qui touchent chaque jour Votre Corps Sacré.
Gardez pures leurs lèvres qui sont chaque jour en contact avec Votre Précieux Sang.
Gardez purs et détachés du monde leurs cœurs qui ont été scellés avec la marque sublime de votre glorieuse prêtrise.
Qu’ils progressent dans l’amour et la confiance en Vous, et protégez les de la contagion du monde.
Avec le pouvoir de changer le pain et le vin, donnez-leur aussi le pouvoir de changer les cœurs.
Bénissez leurs travaux par des fruits abondants et donnez-leur à la fin de leur vie, la couronne de la vie éternelle.
Amen

Oh Seigneur, donnez-nous des prêtres,
Oh Seigneur, donnez-nous de saints prêtres,
Oh Seigneur, donnez-nous beaucoup de saints prêtres,
Oh Seigneur, donnez-nous beaucoup de saintes vocations religieuses.
Saint Pie X, priez pour nous.


Engagez-vous à réciter chaque jour cette prière pour nos prêtres et alors contactez-nous en nous donnant votre nom et votre pays afin que nous puissions vous inclure dans notre compte.

contact: resistancecatholique2@gmail.com

EL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA (Meditaciones de la Santísima Vigen R. P. Rodríguez Villar)




   Mira a tu Madre; no olvides que es la Madre de Dios también. ¿Qué corazón habrá puesto en Ella? ¿Qué corazón le hubieras dado tú, si de ti hubiera dependido? De ti ciertamente que no dependió, pero sí de Dios. Si Él se lo dio ¿cómo sería? Y ¿cómo amaría este Corazón? Si tenía que amar a Dios y a los hombres con un amor sólo inferior al de Dios, ¿cómo sería el corazón que encerrara este amor?

   Sólo cuando entres de lleno en su Corazón, podrás comenzar a conocer a tu Madre. A la Virgen hay que entenderla, hay que conocerla en su Corazón. Cuanto más estudiemos su amor, más conoceremos a María. ¡Qué dulce es este pensamiento! ¡Qué dulcísima esta devoción! El mismo Dios así conoce también a la Virgen, así la aprecia y estima, por el amor de su Corazón.

   Y no solo a Ella, sino a todos los hombres. Los hombres nos conocemos mirándonos a la cara, y por eso tantas veces nos engañamos. ¡Somos todos tan hipócritas! ¡Qué maña nos damos para poner una cara y sentir otra cosa en nuestro interior! Pero, ¡ah!, a Dios no se le engaña. Dios no se fía de apariencias, no se fija en exterioridades, no nos mira a la cara, penetra hasta lo más íntimo del corazón, y allí, lee lo que somos.

   Mira a Dios, penetrando con esa mirada en el Corazón de María; ¿qué verá allí? ¿qué complacencia, qué gusto, qué satisfacción no encontrará en esa mirada? Y cuando mire a tu corazón, ¿qué sentirá? ¿gusto? ¿tedio? ¿repugnancia y asco?

   Pide al Señor un poco de esta luz, con la que Él penetra en tu interior y con esa luz divina trata de mirar al Corazón de tu Madre y después a tu propio corazón y al ver la diferencia, avergüénzate, pídele gracia para imitarla en algo, para parecerte en algo a Ella, para tener un corazón en todo semejante al suyo.

   Penetremos más en particular en los motivos que deben movernos a tener esta devoción tierna y encendida al Purísimo Corazón de la Santísima Virgen. Es el instrumento del que se valió el Espíritu Santo principalmente para la obra de la Encarnación. De aquel Purísimo e Inmaculado Corazón, brotó la sangre preciosísima de la que se formó el cuerpo sacrosanto y hasta  ¡el mismo Corazón Sacratísimo de Cristo! De allí tomó el Señor aquella sangre que había de ofrecer en la cruz por la salvación de la humanidad.

   Era aquel Corazón el centro y el foco de la vida de la Santísima Virgen; todos sus latidos y pulsaciones, todos sus más íntimos movimientos, participaron de los méritos incalculables que, en cada instante de su vida, mereció María.

   Recorre los pasos principales de esta vida y contempla a la vez al Corazón de la Santísima Virgen, ¡cómo se estremecería en la Anunciación cuando lanzó la sangre a colorear aquellas mejillas que se turbaron ante la presencia del Ángel y al escuchar sus palabras! ¡Qué emoción en la Noche Buena, cuando contempló el rostro de Jesús por primera vez! ¡Qué encogimiento y ahogo en los sobresaltos de la huída a Egipto! Y cuando el anciano Simeón le clavó aquella espada de dolor, ¡qué latidos tan apresurados no daría aquel Corazón! Y en la pérdida del Niño, y sobre todo en la Pasión y muerte de su Hijo! ¡Ah! Y cuántas veces se hubiera parado ese Corazón si Dios no la hubiera sostenido y a veces hasta llegando a echar mano milagrosamente de su omnipotencia para conservar una vida que, naturalmente, no se podía sostener!

   La devoción al Corazón Inmaculado de María es el mejor camino para llegar  al Divino Corazón de Jesús. “He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres”, dice Jesús, para lanzarnos a Su Amor. Idénticas palabras podemos decir de la Virgen. Después del de Jesús, ningún Corazón nos ha amado como el de María.  Ningún Corazón nos ha enseñado a amar a Jesús como el de la Virgen. Ningún Corazón puede servirnos de modelo como el suyo.

   En esa queja amorosísima del Corazón de Jesús, en la que manifiesta lo que le hace sufrir el desamor y la ingratitud de los hombres, en esa queja, repito, entramos todos sin excepción.
   Pero mira, el Corazón de María no es así. Es el único en el que no pensaba al lanzar esa queja de amor. Jesús no tiene ninguna queja del  Corazón de Su Madre. ¡Qué gusto! ¡Qué satisfacción para nosotros mirar, estudiar, aprender ese modelo, para aprender con ese Corazón y por su medio, a amar al Corazón de Cristo!

   Tu corazón debe encerrarse en el de Jesús, luego debes encerrarle antes en el de tu Madre. La devoción, por tanto, al Corazón de Jesús, te exige una devoción tierna al Corazón de la Santísima Virgen María. Ésta es la voluntad de Dios.


   Suplica a la Santísima Virgen sea Ella tu perfecta Mediadora en esta entrega de tu corazón a Jesús. Dáselo primeramente a Ella, totalmente, seriamente, de una manera eficaz y permanente y dale libertad para que haga lo que crea más conveniente, hasta llegar a adaptar tu corazón al de Jesús, de suerte que sea semejante al suyo.


LA GRAN TRAICIÓN 2a Parte (Hugh Ross Williamson)





Así la Misa tridentina, como infranqueable muralla, se opuso a la herejía hasta el 3 de abril de 1969, en que el actual Papa (Comentario del Blog: Paulo Sexto) con su constitución “Missale Romanum”, introdujo la nueva misa vernácula, conformable a la práctica y principios de los protestantes, que debía celebrarse sobre una mesa, con el sacerdote mirando al pueblo, como “presidente” de la asamblea.

La reacción de Inglaterra, como en otras partes del mundo, fue inmediata. La instrucción papal apareció traducida e1 10 de mayo de 1969, y el día 17 del mismo mes The Latín Mass Society envió una petición al Santo Padre pidiéndole la conservación de la Misa Tridentina, según del Misal de San Pio V. Y, cuando en septiembre los Cardenales Ottaviani y Bacci presentaron al Papa un estudio crítico de la Nueva Misa, preparado por destacados teólogos de Roma demostrando que el Novus Ordo Missae, “en su conjunto y en sus detalles representa un alejamiento impresionante de la teología católica de la santa Misa”, la misma Latin Mass Society publicó inmediatamente una traducción, para enviarla personalmente a todos y cada uno de los obispos, sacerdotes, monseñores y religiosos de Inglaterra. La Jerarquía prohibió a los sacerdotes el comentar el documento y probablemente podemos presumir que las 700 copias fueron a dar al cesto de papeles inservibles.

En este importante documento, los teólogos demostraban, con abundancia de ciencia teológica, que la nueva misa había sido substancialmente rechazada por el Sínodo de Obispos. Que nunca había sido sometida al juicio colegial de las Conferencias Episcopales y nunca había sido pedida por el pueblo cristiano; que tenía todas las posibilidades para complacer a los protestantes más modernistas; que por una serie de equívocos, insiste en hacer énfasis en la idea de “cena”, en vez de “sacrificio”; que no hace distinción entre el sacrificio divino y sacrificio humano; que el pan y el vino solo son de carácter espiritual, no substancialmente cambiados en Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor; que en ningún lado aparece la mención de la Real Presencia de Cristo, la cual parece implícitamente repudiada; que la posición del sacerdote y del pueblo están de tal modo falsificada que el celebrante queda casi al nivel de un ministro protestante y la verdadera naturaleza de la Iglesia es intolerablemente adulterada; que el abandonar el latín significa un ataque a la unidad de la Iglesia, no solo en su culto, si no en sus mismas creencias; que el Novus Ordo Missae no es una defensa, contra las herejías que hoy como ayer impugnan los dogmas eucarísticos; que hay un “impresionante  desvío de la doctrina dogmática del Concilio de Treto”,  doctrina que todos los católicos estamos obligados a profesar en conciencia, bajo pena de entera condenación. En una palabra, el Novus Ordo Missae contiene numerosas insinuaciones y no pocos errores contra la pureza de la religión católica y desmantela todas las defensas del Depósito de la Fe.

El Vaticano, lo mismo que los obispos de Inglaterra y de Welsh, como los de todo el mundo, parecen estar de acuerdo en aparentar esta ignorancia teológica para exigir una obediencia ciega en la aceptación, sin argumento ni objeción alguna, de la nueva liturgia.

 Hicieron lo imposible para evitar sospechas al introducir gradualmente los cambios. Como escribió el Cardenal Heenan en su carta pastoral de 12 de Octubre de1969: “¿Por qué la Misa sigue cambiando? Aquí tenéis la respuesta. Porque hubiera sido difícil introducir los cambios simultáneamente. Si todos los cambios hubieran sido hechos al mismo tiempo, todos os hubierais escandalizado”.

Un mes después el cardenal Heenan escribió un prologo a la traducción inglesa de la Nueva Misa. “El prudente papa Paulo VI ha decidido que ha llegado el tiempo de poner fin a los experimentos.” El está satisfecho porque la forma de la Misa no necesitará ser alterada de nuevo, en un futuro que podamos prever… Es importante darnos cuenta de que la revisión ha sido hecha bajo la personal supervisión del Santo Padre.

Para oponerse a la herejía, se convocó en la Iglesia el Concilio Ecuménico, el de Trento que, además de confirmar los decretos del Concilio Ecuménico IV, promulgados tres siglos antes, promulgó nuevos decretos y nuevas definiciones dogmáticas que son todavía ahora la formulación de nuestra fe católica. En la cuestión más importante acerca del Sacrificio de la Misa Tridentina, confirma la antigua y apostólica doctrina de la Iglesia. El Novus Ordo puede tener errores.

Estas palabras del Cardenal suponen que todo lo que el Papa decide hacer o decir debe ser ipso facto correcto. El afirmar este sugiere la idea de que el Papa es un oráculo pagano; no, la doctrina católica que nos enseña que el sucesor de Pedro solamente infalible, cuando define ex cathedra, como el pastor y el maestro toda la Iglesia, una doctrina contenida en el depósito de la Divina Revelación en materia de fe o de moral bajo pena de eterna condenación. En todos los demás casos es tan falible como todos los demás hombres.

 El mismo Paulo VI parece que se sorprendió al ver la extendida resistencia contra el Nuevo Orden de la Misa; porque el 19 y 26 de noviembre de 1969 dedicó dos de sus alocuciones, a defender la nueva misa las cuales aparecieron en la edición inglesa de L`Osservatore Romano el 27 de noviembre y el 4 de diciembre de 1969. Paulo VI, defendiendo la nueva misa, dijo: “En la misa del nuevo rito permanece la misma misa de siempre”. El sostuvo que la nueva forma era la voluntad de “CRISTO”, dando así a entender que, al ordenar el Novus Ordo, el había hablado infaliblemente; aunque  no lo dice expresamente.

Explicó que los cambios se habían hecho, para sacudir la común apatía de los fieles y “para ayudar a hacer la misa una pacífica, pero eficaz escuela de sociología cristiana”. Afirmó si, que el latin es “la lengua de los ángeles” y ofreció un pequeño consuelo al pueblo sencillo que no podía ya oír los oficios divinos en la lengua de hace diez y nueve siglos., ofreciéndoles que esa lengua sería usada en los “actos oficiales de la Santa Sede”. Y terminó diciendo: “No hablemos ya de la nueva misa. Hablemos más bien de la nueva época de la vida Iglesia”.   

Al llegar a este punto, debemos hacer esta pregunta, que seguramente está y debe haber estado, por largo tiempo, en la mente de todo católico, que piensa un poco sobre su religión: ¿Por qué se ha hecho todo esto? Hemos visto al Vaticano desmantelando nuestra fe, con un creciente sentido de incredulidad, esto no podía suceder, debe ser una pesadilla de la cual tendremos que despertar en poco tiempo, para encontrar todas las cosas sagradas intocables en su mismo estado. De todos modos, ¿Por qué el Papa y los obispos han procedido de esta manera?
Para contestar debemos hacer un pequeño paréntesis para hablar sobre el “ecumenismo”. Cuando anunció Juan XXIII, el 25 de enero de 1959, “un Concilio Ecuménico”, los no católicos (según lo dijo el Cardenal Bea, en un artículo publicando en 1961) “pensaron que se trataba de congregar un Concilio que convocaría a todos los representantes de todas las iglesias o comunidades cristianas, para discutir entre sí el problema de la unidad”. Esta interpretación la dedujeron del sentido mismo de la palabra “ecuménico”, usada ahora para significar el acercamiento de los grupos religiosos, que se dicen cristianos. Este significado del término, que designa los representantes de todas las denominaciones cristianas, empezó a usarse en el siglo pasado, para establecer una unión entre esos grupos. La interpretación errónea del término fue luego esclarecida.

El Cardenal era demasiado optimista. Nunca se aclaró, el sentido equívoco que se había dado a la palabra. Ni ahora mismo, se ha precisado lo que “ecumenismo” significa. Muchos piensan aunque dado el Vaticano II se llamó, como todos los Concilios Generales de la Iglesia, un Concilio Ecuménico, en sentido canónico es decir compuesto por todos los obispos en comunión con la Sede Apostólica, el mismo sentido tendría también el término en el lenguaje protestante. Pero, el ecumenismo protestante es la herejía más mortífera. No es tan solo el indiferentismo: todas las religiones son buenas, es la negación de la realidad misma de la Iglesia.

Enseña que la verdadera Iglesia todavía no existe, ni ha existido pero que existirá en un futuro próximo por una mezcla de todos los puntos de vista, de todas las creencias de todas las religiones que se denominan cristianas. El Concilio Mundial de las Iglesias, que coordina a 239 sectas diferentes, es ahora cuerpo representativo.

La Iglesia Católica a pesar de la visita del Papa Paulo VI a la sede de ese Concilio Mundial de las Iglesias, en Ginebra, ha resistido todavía las presiones para admitir esa final apostasía, uniéndose al Concilio Mundial de las Iglesias; de hacerlo, proclamaría que ella nuestra Iglesia Católica, es tan solo una de tantas sectas que se dicen cristianas pero, Paulo VI ha tenido escrúpulo en enviar delegados, como observadores, a esa organización y por él mismo no tuvo inconveniente en presentarse entre ellos y pronunciar allí un enigmático discurso; así como tampoco encontró objeción válida de fe o de conciencia para admitir algunos pastores protestantes a que contribuyesen a la preparación del Novus Ordo Missae.
 

Las actividades del Concilio Mundial de las Iglesias ayudadas por la confusión entre el sentido clásico de la palabra “ecuménico”, entre los católicos y el sentido protestante del “movimiento ecuménico”, obligó al Vaticano II para evitar toda confusión a dar un decreto sobre el ecumenismo. A pesar de la pretendida caridad que fácilmente hubiera inducido  a los padres conciliares al compromiso, el documento si se estudia con atención, es a no dudarlo, una afirmación de nuestra fe católica, una implícita condenación de el movimiento ecuménico protestante. 

lunes, 17 de agosto de 2015

Monasterio Benedictino Tradicional. Santa Sofía-Boyacá, Colombia: Boletín informativo Junio y julio del 2015



Estimados amigos y benefactores: Gracias a su ayuda y oraciones nuestro monasterio sigue creciendo y consolidándose. El pasado 20 de julio los monjes tuvimos nuestro retiro anual, con la participación de varios de nuestros fieles ecuatorianos. El retiro fue predicado por el Reverendo Padre Prior y por el Reverendo Padre Juan Carlos Ortiz. En medio de riguroso silencio, el tema del retiro giró alrededor del don de sí mismo a Dios en espíritu de consagración. Se meditaron los principales misterios de nuestra santa fe, la gravedad del pecado, los planes de Dios para santificar y salvar las almas, el combate espiritual contra los enemigos del alma, y los medios de adquirir la gracia. Un análisis profundo de la crisis de la Iglesia fueron parte de los temas abordados. En el retiro los participantes vivieron como monjes por 5 días en medio de la espiritualidad monástica benedictina siendo de mucha ayuda los silenciosos y retirados contornos de las bellas montañas, colindando con el pueblo de Santa Sofía. « El alma que se dá completamente a Dios, es favorecida con el don de la oración » 
« Nosotros debemos consagrarnos a Jesucristo a través de San José y de la Santísima Virgen. A través de esta consagración nosotros comenzaremos a ser parte de la Sagrada Familia»


Avisos sobre la vocación religiosa:
 Cuánto importa seguir la vocación al estado religioso San Alfonso Maria de Ligorio

 Está fuera de duda que nuestra eterna salvación depende principalmente de la elección de estado. El Padre Granada dice que esta elección es "la rueda maestra de la vida". Y así como descompuesta la rueda maestra de un reloj queda todo él desconcertado, así también, respecto de nuestra salvación, si erramos en la elección de estado, "toda nuestra vida — dice San Gregorio Nacianceno- andará desarreglada y descompuesta". Por consiguiente, si queremos salvarnos, menester es que, al tratar de elegir estado, sigamos las inspiraciones de Dios, porque solamente en aquel estado a que nos llama recibiremos los necesarios auxilios para alcanzar la salvación eterna. Ya lo dijo San Cipriano: 

" La virtud y gracia del Espíritu Santo se comunica a nuestras almas, no conforme a nuestro capricho, sino según las disposiciones de su adorable providencia".

 Que por esto escribió San Pablo "Cada uno tiene de Dios su propio don". Es decir, como explica Cornelio Alápide: "Dios da a cada uno la vocación que le conviene y lo inclina a tomar el estado que mejor corresponde a su salvación". Esto esta muy conforme con el orden de la predestinación, que describe el mismo Apóstol cuando dice: "Y a los que ha predestinado, también los ha llamado, y a quienes ha llamado, también los ha justificado; y a quienes a justificado, también los ha glorificado". Fuerza es confesar que en esto de la vocación el mundo bien poco o nada entiende, y por eso muchos apenas se cuidan de abrazar aquel género de vida a que los llama el Señor; prefieren vivir en el estado que se han escogido, llevando por guía sus propios antojos, y así viven, esto es: perdidamente, y a la postre se condenan. Esto no obstante, de la elección de estado pende principalmente nuestra salvación eterna.

 A la vocación va unida la justificación, y de la justificación depende la glorificación, es decir, la eterna gloria; el que trastorne este orden y rompa esta cadena de salvación se perderá. Trabajará mucho y se fatigará, pero en medio de sus fatigas y trabajos estará siempre oyendo aquella voz de San Agustín: "Corres bien, pero fuera de camino"; es decir, fuera de la senda que el Señor te había trazado para llegar al término final de tu carrera. Dios no acepta los sacrificios que le hacemos siguiendo nuestros gustos. "De Caín y de las ofrendas suyas", dice la Escritura, "no hizo caso el Señor". Además, amenaza con tremendos castigos a los que menosprecian su voz por seguir los consejos de su amor propio. "¡ Ay de vosotros hijos rebeldes y desertores — dice por Isaías— que forjáis designios sin contar conmigo y emprendéis proyectos, y no según mi deseo".

Es que el llamamiento de Dios a vida más perfecta es una de las gracias mayores y más señaladas que puede conceder a un alma, y por eso, con sobrada razón, se indigna contra el que las menosprecia. ¿No se daría por ofendido el príncipe que al llamar a su palacio a un vasallo para hacerle su ministro y favorito, el súbdito no obedeciese y menospreciase la oferta? Y Dios, al verse desairado, ¿no se dará también por ofendido? Harto lo siente, y este su sentimiento lo dio a entender cuando dijo por Isaías: "¡Desdichado aquel que contraría los planes de su Hacedor!". La palabra Vae de la Escritura, que aquí traducimos por desdichado, envuelve una amenaza de eterna condenación. Comenzará el castigo para el alma rebelde en este mundo, en el cual vivirá en perpetua turbación, porque, como dice Job: "¿Quién jamás resistió a Dios que quedase en paz?". Las luces que el Señor nos comunica son pasajeras y no permanentes; por esto nos aconsejan Santo Tomás que respondamos sin tardanza a los divinos llamamientos. 

Se pregunta en la Suma Teológica si es laudable entrar en religión sin pedir consejo a muchos y sin deliberar largamente, y responde afirmativamente, dando por razón que en los negocios de bondad dudosa es necesario el consejo y la madura deliberación; mas no en esto de la vocación, que es a todas luces bueno, puesto que el mismo Jesucristo lo aconseja en el Evangelio, pues de todos es sabido que la vida religiosa es la práctica de los consejos que nos dio el divino Maestro. 

Es cosa sorprendente ver cómo las gentes del siglo, cuando una persona trata de entrar en religión y llevar vida más perfecta y libre de los peligros que se corren en el mundo, dicen que tales resoluciones hay que tomarlas muy despacio y con calma, y que no se deben llevar a la práctica hasta quedar plenamente convencido de que la vocación viene de Dios, y no del demonio. ¿Por qué no piensan y hablan de la misma manera cuando se trata de aceptar una dignidad, un obispado, por ejemplo, donde hay tanto peligro de perderse? Entonces se callan y no dicen que se deben tomar las debidas precauciones para cerciorarse si la vocación viene o no de parte de Dios.

Los santos en este punto son de muy contrarío parecer. Santo Tomás dice que, aunque la vocación religiosa la inspirase el mismo demonio, aun en este caso había que seguir su consejo, por ser excelente, no obstante venir de nuestro capital enemigo. Y San Juan Crisóstomo, citado por el mismo Santo Doctor, dice que, cuando Dios nos favorece con semejantes inspiraciones, exige de nosotros tan pronta obediencia, que ni por un instante siquiera vacilemos en seguirle. La razón es porque Dios, cuando ve un alma rendida a su voluntad y mandamiento, se complace en derramar sobre ella a manos llenas sus gracias y bendiciones y, por el contrario, las dilaciones y tardanzas le desagradan tanto, que luego le encogen la mano y le obligan a alejarse con luces y gracias, dejando el alma casi abandonada y sin fuerzas para seguir los impulsos del llamamiento divino. 

Por esto dice San Juan Crisóstomo que cuando el demonio es impotente para hacer abandonar a uno la resolución de consagrarse a Dios, se esfuerza por estorbarle que la lleve luego a la práctica, seguro de sacar no poco provecho cuando consigue que se prolongue la estancia en el mundo un solo día y hasta una sola hora; porque confía que durante ese día y esa hora se le han de presentar nuevas ocasiones harto propicias para lograr más largas dilaciones, y el alma, por su parte, cada vez más débil y menos asistida de la gracia divina, cede al fin a los impulsos del demonio y abandona la vocación. ¿Quién podrá decir las almas que han sido infieles a los divinos llamamientos por no haber respondido luego a la voz de Dios? Por esto San Jerónimo, dirigiéndose a los que se sienten llamados a abandonar el mundo, les dice: "Apresuraos, os lo suplico, daos prisa; y mejor que desatar, romped las amarras que detienen en la ribera vuestra barquilla". 

«Nuestra alma como pájaro escapó del lazo de los cazadores: el lazo fué quebrado, y nosostros fuimos librados » (Sal CXXIII, 7)

sábado, 15 de agosto de 2015

Meditaciones: La Asunción de la Santísima Virgen María




   1.- La Inmaculada y la Asunción.- Son dos misterios de la vida de la Santísima Virgen, que tienen entre sí  íntima relación.

   La Iglesia señala a los dos y les hace resaltar sobre todos los demás, conservando estas fiestas como de precepto, aun después de haber suprimido otras de la Virgen.

   La Inmaculada y la Asunción son el principio y el término de la  vida de María en la tierra, y estos extremos están tan unidos entre sí, que el uno viene a ser como la causa o razón del otro.  Si es Inmaculada, no puede quedar en el sepulcro, necesariamente ha de subir al Cielo. La Concepción Inmaculada, es un privilegio, una excepción de la regla general del pecado con el que todos nacemos. La Asunción es otra excepción de la regla general que todos hemos de seguir en nuestra muerte.  Por eso, María, más que morir, lo que hace es dejar su mortalidad en la tumba y así como fue concebida a la gracia a través de la muerte del pecado, venciendo al demonio, así fue concebida a la gloria a través de la muerte del cuerpo, pero venciendo a la muerte. No fue esclava del pecado nunca, ni en su Concepción, por eso fue Inmaculada; no pudo ser esclava de la muerte jamás, por eso fue subida al Cielo en cuerpo y alma. Así, pues, la Asunción de la Santísima Virgen, es el complemento necesario de su Concepción Inmaculada.

   2.- El Dogma de la Asunción.- Siempre fue creencia universal de la Iglesia esta verdad, de suerte que no se podía negar sin pecar gravemente, al decir de Suárez de temeridad imprudente, por ser un error teológico contrario al sentir unánime de la más antigua y constante tradición de los Santos Padres. Estos vieron siempre de una manera clara, aunque implícita, contenida la Asunción de la Santísima Virgen en los textos del Antiguo y Nuevo Testamento.
   Por eso la Iglesia siempre celebró esta festividad con gran solemnidad preparándose con el ayuno y la abstinencia y continuando la fiesta por ocho días consecutivos. Para el corazón cristiano nunca pudo caber ni la posibilidad de duda. La Ascensión de Jesús a los Cielos, tiene relación directa con su Pasión. Pues bien, si la Pasión dolorosa remató para Jesús en la gloria de su Ascensión, para María, que tan unida estuvo a su Hijo en el Calvario, había de rematar en el triunfo de su Asunción.

   Todos hemos de resucitar y esperamos en su gracia, que hemos de subir al Cielo. Pero ¿no será justo que María se adelante y como Madre nos prepare nuestra casa y morada de hijos en el Cielo? ¿No es Ella la Capitana? Pues debe ir siempre delante del ejército. Fue la primera en la gracia, en la santidad, en la pureza, en el voto de virginidad; pues, ¿qué cosa más natural que lo fuera en la Resurrección y Asunción?

   De no ser así, ¿no hubiera obrado, podríamos decir, injustamente Cristo con su Madre, al negarla los honores que a los cuerpos muertos de los demás santos concedió? ¿Dónde está el cuerpo de María, dónde sus reliquias, dónde el sepulcro magnífico, la urna riquísima donde se guardan sus restos? No existe nada de esto, ni puede existir. Concluye pues, con un acto de fe y de agradecimiento al Señor, que inspiró al Papa Pío XII la definición de este Dogma, el cual en un acto hasta entonces no igualado en la Historia Eclesiástica por la afluencia de peregrinos de todo el mundo y la asistencia inusitada de Prelados y Príncipes de la Iglesia declaró con palabra infalible, ser una verdad revelada por Dios, que la Santísima Virgen al terminar su vida en la tierra, subió en cuerpo y alma a ocupar el sitio que le corresponde en el Reino de Dios. Felicita a tu Madre y felicítate a ti al verla tan justamente glorificada en el cielo y en la tierra.

   3.- La Gloria de la Asunción.- Oye aquellas músicas celestiales que para honrar aquel cuerpo virginal entonarían los ángeles sin cesar. Escucha aquellas exclamaciones con las que harían dulce violencia al Señor, al repetir sin cesar las palabras del Salmo, que parece escrito para esta ocasión: “Levántate, Señor, a tu descanso, Tú y el Arca de tu santificación” Levántate a las alturas de tu Trono, siéntate a la diestra de tu Padre, que es el lugar que te corresponde, pero lleva contigo al Arca Santa donde estuviste encerrado, donde fue depositado el infinito tesoro de tu santidad; glorifica ya esa carne bendita y esa sangre pura, que sirvieron para formar tu cuerpo sacrosanto y te dieron materia para ofrendar a tu Padre, la hostia de reparación y santificación, por los pecados del mundo entero.  Y, en efecto, llegó el momento dichoso en que Dios quiso dar cumplimiento a estos deseos del Cielo y por orden suya, bajó el alma de María a unirse de nuevo con su Cuerpo, así vivificado con la vida de la inmortalidad, comenzó a remontarse al Cielo, según dice la Iglesia, como naturalmente se remonta a las alturas la nube de humo del incienso.

   Párate a contar el número sin número de ángeles que, en legiones apretadas, bajan del Cielo para acompañar el triunfo de María; sus músicas e himnos de gloria. El gozo que experimentan es inexplicable, Dios ha aumentado hoy su gloria y felicidad. ¡Qué cortejo tan hermosísimo! Todos brillan con nueva luz en este día y, no obstante, en medio de ellos, como la luna entre las estrellas, destaca el brillo, el esplendor, la purísima hermosura de la Santísima Virgen, que de la mano de su Hijo (quien quiso en persona bajar a buscarla y hacer con su presencia más solemne, más grande el triunfo de Su Madre), va lentamente dejando la tierra, pisando las nubes, y atravesando las más altas esferas llega a las mismas puertas de Cielo, donde nuevos ángeles, impacientes, salen a esperar la llegada de aquella magnífica procesión que sube de la tierra al Cielo.

   Así acaba la escena de la tierra y comienza la gloria del Cielo. Agrupa con tu imaginación todo cuanto de grande y espléndido puedas imaginar, porque todo será nada, comparado con esta sublime y grandiosa realidad.  Mírate con tanta pequeñez, con tanta miseria ante la grandeza de tu Madre y levántate con Ella, sobre las cosas de la tierra. Trata, en especial, de imitar la humildad que tuvo en esta vida, para que luego, con Ella y como Ella sea tu alma ensalzada y sublimada en la otra.

Meditaciones sobre la Santísima Virgen
Por el Padre Rodríguez Villar


   

APARICIÓN Y MENSAJE DE LA SALETTE El 19 de Septiembre 1846




La aparición de la Virgen

Además de los dos primeros libros citados del Rev. Rousselot, y otros varios que recogieron las narraciones mil veces hechas repetir a los niños, tenemos dos escritos de los mismos protagonistas, bastantes posteriores. Uno lo escribió Maximino el 2 de febrero de 1866, y otro Melania el 21 de noviembre de 1878. La relación de lo sucedido la tomamos de ellos, con algunos detalles de otras cartas y conversaciones.

De pronto se despierta Melania y, no viendo a los animales, llama a Maximino por su diminutivo: Memin. Ambos bajan, cruzan un arroyo, suben a lo alto de la colina, y ven que su pequeño rebaño está tranquilo pastando en la otra ladera.
Empiezan a volver, cuando Melania exclama asustada: “¿Ves aquella luz tan grande allá abajo? ¡Ay, Dios mío!”. Y como fuera de sí, deja caer su cayado.

—“Sí, la veo, pero coge tu bastón. Si nos toca le daré un buen palo”, contesta Maximino blandiendo el suyo.

En este momento abriéndose el globo de luz, brillante como el sol, de 6 a 8 metros de diámetro, aparece dentro de él, aún más resplandeciente, una bellísima señora a unos 20 metros al otro lado del arroyo. Sentada en su “paraíso”, sin hundirlo, está muy apenada, con el rostro entre las manos y los codos apoyados sobre las rodillas. Se levanta. Es muy alta, y bien proporcionada, como muy ligera, majestuosa, impone respeto y atrae, sus ojos dulces, de mirada penetrante, parecen hablar. Su vestido blanco plateado, luminoso, no hay nada cono que se le pueda comparar. Sobre su cabeza un velo de tisú le cubre el cabello y las orejas, encima una corona bellísima, formada por rosas de diversos colores: las flores se van cambiando y despiden rayos de luz. De la corona salen hacia arriba unos ramos de oro y brillantes. Rodean al cuello, como collar, dos cadenas; una más corta, formada por anillos, otra más larga ancha unos tres dedos, junto a la cual va una guirnalda de rosas. Pero todo luminoso, despidiendo rayos de gloria. La cadena más corta tiene colgado un crucifijo, la cruz de oro y el Cristo de color natural resplandeciente; cerca de un extremo de la cruz había un martillo, y del otro unas tenazas. Lleva también un delantal atado a la espalda, no dorado, pues estaba hecho de una tela no material, más brillante que muchos soles. Los zapatos son de un blanco plata, con broche de oro y rosas, igualmente resplandecientes como el resto. Esto es lo que más recalcaron los videntes, los rayos que todo despedía, la intensidad de la luz, mayor que la del sol, pero que no ciega. Imposible describir ni imaginarse “lo que ni ojo vio”; por eso los cuadros y esculturas de las apariciones aunque nos las recuerdan, nos dan una idea totalmente distinta de los cuerpos gloriosos: la belleza incomparable representada en imágenes sin belleza.

La Señora cruzó los brazos y los llamó. A pesar de la distancia de 20 metros, oyeron su voz como muy cercana:
“Acercaos, hijos míos, no tengáis miedo, estoy aquí para anunciaros una gran noticia”.
Corren junto a Ella, quien empieza a hablar, mientras las lágrimas de sus ojos hermosísimos caen sobre el delantal y se convierten en perlas.

“Si mi pueblo no quiere someterse, me veré forzada a dejar caer el brazo de mi Hijo. Es tan fuerte y tan pesado que no puedo sostenerlo más.

¡Hace tiempo que estoy sufriendo por vosotros! Si quiero que mi Hijo no os castigue, tengo que suplicarle incesantemente, y vosotros no hacéis caso. Tenéis que rezar bien, hacer el bien. Nunca me podréis pagar los trabajos que he tomado por vosotros.
Os he dado seis días para trabajar, me he reservado el séptimo y no queréis concedérmelo. Los carreteros no saben hablar sin mentar a mi Hijo. Estas son las dos cosas que hacen tan pesado el brazo de mi Hijo.

Si la cosecha se pierde es por vuestra culpa. El año pasado os lo hice ver con las patatas; pero no habéis hecho caso. Al contrario, cuando las encontrabais estropeadas, jurabais y manchabais el nombre de mi Hijo. Van a seguir estropeándose, y para Navidad ya no tendréis más”.

Melania entiende en vez de patatas, manzanas, pues la Señora habla en francés. Adivinándolo les dice:
“¿No me entendéis, hijos míos? Os lo diré de otra manera”.
Y repite en patuá el último párrafo. Maximino le interrumpe:
—“Oh mi Señora, eso no es verdad”
—“Sí, hijo mío. Tú lo verás”. —


Y continúa en patuá:
“Si tenéis trigo, no lo sembréis. Todo lo que sembréis se lo comerán los animales, y lo que quede se convertirá en polvo al golpearlo. Vendrá una gran hambre. Antes que venga el hambre, a los niños menores de siete años les entrará un temblor y morirán en los brazos de las personas que los lleven. Los mayores harán penitencia con el hambre. Las nueces se estropearán, las uvas se pudrirán”.

Sigue la Señora hablando, pero sólo la oye Maximino, a quien comunica algo en secreto. Después habla sólo para ser oída de Melania: le encomienda en francés otro secreto, que no deberá hacerlo público hasta 1858 (precisamente el año que después se apareció en Lourdes, como respuesta agradecida a la proclamación del dogma de la Inmaculada), y también en francés le da la regla de una nueva orden religiosa. Luego continúa en patuá:

“Si se convierten, las piedras y las rosas se convertirán en trigo y las patatas se encontrarán sembradas en las tierras.
¿Hacéis bien vuestras oraciones, hijos míos?”

Responden los dos:
“¡Oh! No, Señora; no muy bien”.
“¡Ay, hijos míos! Hay que hacerlas bien a la noche y por la mañana. Cuando no podáis hacer más, rezad un padrenuestro y un avemaría; y cuando tengáis tiempo y podáis, rezad más.
No van a Misa más que algunas mujeres mayores; los demás trabajan el domingo durante todo el verano; y en invierno, cuando no saben qué hacer, no van a Misa más que para burlarse de la religión. En cuaresma van a la carnicería como perros.
¿No habéis visto el trigo estropeado, hijos míos?”
Los dos contestan:
“¡Oh! No, Señora”.

La Santísima Virgen se dirige a Maximino:
“Pero tú, hijo mío, tú debes haberlo visto una vez en Coin, con tu padre. El dueño de la finca dijo a tu padre: Venid a ver cómo mi trigo se estropea. Vosotros fuisteis. Tu padre cogió dos o tres espigas en su mano, las frotó y se deshicieron como polvo. Luego, al volver, cuando no estabais más que a media hora de Corps, tu padre te dio un trozo de pan, diciéndote: Ten, hijo mío; come este año, porque yo no sé lo que se comerá el próximo, si el trigo se pierde como este año”.

Maximino responde:
“Es verdad, Señora; no me acordaba”.
La Santísima Virgen termina su discurso en francés:
“Pues bien, hijos míos, decid esto a todo mi pueblo”.

La bellísima Señora cruzó el arroyo, y a dos pasos del mismo, sin volverse hacia ellos, que la siguen atraídos por su magnificencia y más aún por su bondad, les repitió:
“Pues bien, hijos míos, decid esto a todo mi pueblo”.
Luego continuó andando hasta el lugar al que habían subido para ver a dónde estaban las vacas. Sus pies se deslizan, no tocan más que la punta de la hierba sin doblarla. Una vez en la colina, la bella Señora se paró.

Melania y Maximino corren hacia Ella, a ver por dónde se va. La Señora se eleva despacio, permanece unos minutos a menos de dos metros de altura, mira al cielo, a su derecha (hacia ¿Roma?), a su izquierda (¿Francia?), a sus ojos, y se confunde con el globo de luz que la rodea. Éste sube hasta desaparecer en el cielo.
Los pastores cuando volvieron en sí, no hacían más que mirar a su alrededor, sin poder aún pronunciar una palabra. Serían las tres de la tarde. Por fin Melania dijo:

“Memin, debe ser el buen Dios de mi padre o la Sta. Virgen o una gran santa”.
(“Buen Dios” y “santa Virgen” son expresiones francesas; como en español es corriente decir sólo “Dios”, y “Virgen” o “Virgen Santísima”). La Señora no les había dicho su nombre, ni afirmaron fuese la Stma. Virgen hasya que no lo dijo el párroco.

El “Secreto” de Melania

En 1860 lo escribió y dio a su director espiritual, con lo cual comenzó a conocerse entre las comunidades religiosas y el clero. Parece ya que Pío IX lo había comunicado a algunos cardenales (Lambruschini, Fornari) cuando lo recibió en 1851.

En 1871 el periodista C.R. Girar publicó en Grenoble Los secretos de La Salette y su importancia,  enviando un ejemplar a Pío IX, quien se lo agradeció con una bendición autógrafa; recibió también felicitación de todas partes. En 1872 el Rev. Curicque incluyó el Secreto en su libro Voces proféticas. En 1873 el Rev. Feliciano Bliard editó en Nápoles, con la aprobación del cardenal-arzobispo, Cartas a un amigo sobre el secreto de la pastora de La Salette. En 1879 publicó la misma Melania en Lecce, con la aprobación del obispo, La aparición de la Stma. Virgen en la montaña de La Salette, con el secreto. Numerosos prelados y teólogos de diversas naciones, entre los cuales cita algunos Mons. Zola, aceptaron y estimaron la narración del secreto.

¿Qué garantía nos ofrece de autenticidad? Los contemporáneos que estaban bien informados, empezando por Pío IX y León XIII, siguiendo por Mons. Petagua y Mons. Zola, y el canónigo Anibal (en proceso de canonización, como hemos dicho, y directores de Melania) y otros muchos que la trataron íntimamente: los sacerdotes Combe, Brand, Bliard… están acordes en admitir sin dudas, además de la santidad de Melania, la veracidad de su Secreto. Por otra parte, Maximino aseguró que la Virgen comunicó a Melania algo que él no oyó. Y aprobada por la Iglesia y por los milagros la aparición de la Virgen, no tiene sentido que Melania, austera, humilde, deseosa de soledad y de agradar a Dios, de carácter muy equilibrado, en lo esencial de su mensaje fuera capaz de engañarse o engañarnos. (¿Le hubiera sido posible inventar el contenido de este Secreto; lo que iba a ocurrir con Luis Napoleón, las catástrofes que anuncia, la relajación del clero…?)

Texto del Secreto (numeramos los párrafos)

1.       “Melania: Esto que Yo te voy a decir ahora no será siempre secreto; puedes publicarlo en 1858.

2.       Los sacerdotes, ministros de mi Hijo, los sacerdotes, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los santos misterios, por su amor al dinero, a los hombres, a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza. Sí, los sacerdotes piden venganza, y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los sacerdotes y personas consagradas a Dios, que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no se encuentra a nadie que implore misericordia y perdón para el pueblo; ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno en favor del mundo.

3.       Dios va a castigar de una manera sin precedentes. ¡Ay de los habitantes de la tierra!, Dios va a derramar su cólera y nadie podrá sustraerse a tantos males juntos.

4.       Los jefes, los conductores del pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los soberanos, en todas las sociedades y en todas las familias. Se sufrirán penas físicas y morales. Dios abandonará a los hombres a sí mismos y enviará castigos que se sucederán durante más de treinta y cinco años.

5.       La sociedad está en vísperas de las más terribles calamidades y de los más grandes acontecimientos. Se verá obligada a ser gobernada por una vara de hierro y a beber el cáliz de la cólera de Dios.

6.       Que el Vicario de mi Hijo, el Soberano Pontífice Pío IX, no salga ya de Roma después del año 1859; pero que sea firme y generoso; que combata las armas de la fe y del amor. Yo estaré con él.

7.       Que desconfíe de Napoleón, su corazón es doble; y cuando quiera ser a la vez Papa y Emperador, muy pronto se retirará Dios de él. Es esa águila que queriendo siempre elevarse caerá sobre la espalda de la cual quería servirse para obligar a los pueblos a ensalzarlo.

8.       Italia será castigada por su ambición de querer sacudir el yugo del Señor de los señores; también será entregada a la guerra. Las iglesias serán cerradas o profanadas. Los sacerdotes y religiosos serán perseguidos; se les hará morir, y morir con una muerte cruel. Muchos abandonarán la fe y el número de los sacerdotes y religiosos que se separarán de la verdadera religión será grande; entre estas personas se encontrarán incluso obispos.

9.       Que el Papa se ponga en guardia contra los obradores de milagros, pues ha llegado el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar en la tierra y en los aires.

10.   En el año 1864 Lucifer, con un gran número de demonios, serán desatados del infierno. Abolirán la fe poco a poco, aun entre las personas consagradas a Dios, las cegarán de tal manera que, a menos de una gracia particular, esas personas tomarán el espíritu de esos malos ángeles: muchas casas religiosas perderán completamente la fe y perderán a muchísimas almas.

11.   Los libros malos abundarán en la tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios y obtendrán un poder extraordinario sobre la naturaleza: habrá iglesias para servir a esos espíritus. Algunas personas serán transportadas de un lugar a otro por esos espíritus malvados, incluso sacerdotes, por no seguir el buen espíritu del Evangelio, que es espíritu de humildad, de caridad y de celo por la gloria de Dios. Resucitarán algunos muertos y justos [es decir, que estos muertos tomarán la figura de almas justas, que vivieron en la tierra, para así mejor seducir a los hombres; éstos, que diciéndose muertos resucitados no serán otra cosa que el demonio bajo sus figuras, predicarán otro Evangelio contrario al verdadero de Cristo Jesús, negando la existencia del cielo, y también de las almas de los condenados. Todas estas almas aparecerán como unidas a sus cuerpos]*[1] Habrá por todas partes prodigios extraordinarios, porque la verdadera fe se ha extinguido y la falsa luz alumbra al mundo. ¡Ay de los príncipes de la Iglesia que se hayan dedicado únicamente a amontonar riquezas sobre riquezas, a poner a salvo su autoridad y a dominar con orgullo!

12.   El Vicario de mi Hijo tendrá mucho que sufrir, porque por un tiempo la Iglesia será entregada a grandes persecuciones. Esta será la hora de las tinieblas. La Iglesia tendrá una crisis espantosa.

13.   Dado el olvido de la santa fe de Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Se abolirán los poderes civiles y eclesiásticos; todo orden y toda justicia serán pisoteados; no se verán más que homicidios, odio, envidia, mentira y discordia, sin amor por la patria ni por la familia.

14.   El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida, sin poner fin a sus días; pero ni él ni su sucesor [que no reinará mucho tiempo]* verán el triunfo de la Iglesia de Dios.

15.   Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan, que será abolir y desaparecer todo principio religioso, para dar lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios.

16.   El años 1865 se verá la abominación en los lugares santos; en los conventos, las flores de la Iglesia estarán corrompidas y el demonio se hará rey de los corazones. Que los que estén al frente de las comunidades religiosas vigilen a las personas que han de recibir, porque el demonio usará de toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas a personas entregadas al pecado, pues los desórdenes y el amor a los placeres carnales se extenderán por toda la tierra.

17.   Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá por las calles; el francés luchará contra el francés, el italiano con el italiano; en seguida habrá una guerra universal que será espantosa. Por algún tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, porque el Evangelio de Jesucristo no es ya conocido. Los malvados desplegarán toda su malicia; se matará, se asesinará mutuamente aun dentro de las casas.

18.   Al primer golpe de su espada fulminante las montañas y la naturaleza entera temblarán de espanto, porque los desórdenes y crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los cielos. París será quemado y Marsella engullida. Varias grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos. Se creerá que todo está perdido. No se verán más que homicidios, no se oirá más que ruido de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, su penitencia y sus lágrimas subirán hasta el cielo y todo el pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia e implorará mi ayuda e intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de su justicia y de su gran misericordia con los justos, mandará a sus ángeles que mueran todos sus enemigos. De golpe los perseguidores de la Iglesia de Jesucristo y todos los hombres dados al pecado perecerán y la tierra quedará como un desierto. Entonces se hará la paz, la reconciliación de Dios con los hombres; Jesucristo será servido, adornado y glorificado; la caridad florecerá en todas partes. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia, que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado por todas partes y los hombres harán grandes progresos en la fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el temor de Dios.

19.   Esta paz entre los hombres no será larga: 25 años de abundantes cosechas les harán olvidar que los pecados de los hombres son la causa de todos los males que suceden en la tierra.

20.   Un precursor del Anticristo, con sus tropas de muchas naciones, combatirán contra el verdadero Cristo, el único Salvador del mundo; derramará mucha sangre y pretenderá aniquilar el culto a Dios para ser tenido como un dios.

21.   La tierra será castigada con todo género de plagas [además de la peste y el hambre, que serán generales]*; habrá guerras, hasta la última que harán los diez reyes del Anticristo, los cuales tendrán todos un mismo plan, que serán los únicos que gobernarán el mundo. Antes que esto suceda habrá una especie de falsa paz en el mundo; no se pensará más que en divertiré; los malvados se entregarán a toda clase de pecados; pero los hijos de la santa Iglesia, los hijos de la fe, mis verdaderos imitadores, crecerán en el amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. ¡Dichosas las almas humildes guiadas por el Espíritu Santo! Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud de la edad.

22.   La naturaleza clama venganza contra los hombres y tiembla de espanto en espera de lo que debe suceder en la tierra encharcada de crímenes. Temblad, tierra y vosotros, que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que interiormente os adoráis a vosotros mismo, temblad; pues Dios va a entregaros a su enemigo, porque los lugares santos están en la corrupción; muchos conventos no son ya casa de Dios, sino pastizales de Asmodeo y de los suyos.

23.   Durante ese tiempo nacerá el Anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa virgen, que tendrá comunicación con la antigua serpiente, maestra de impureza. Su padre será obispo. Al nacer vomitará blasfemias, tendrá dientes; en una palabra será el demonio encarnado, lanzará gritos espantosos, hará prodigios y no se alimentará sino de impurezas. Tendrá hermanos, que aunque no sean como él demonios encarnados, serán hijos del mal; a la edad de doce años llamarán ya la atención por las ruidosas victorias que alcanzarán. Bien pronto estará cada uno a la cabeza de los ejércitos, asistidos por legiones del infierno.

24.   Se cambiarán las estaciones. La tierra no producirá más que malos frutos. Los astros perderán sus movimientos regulares. La luna no reflejará más que una débil luz rojiza. El agua y el fuego causarán en el globo terrestre movimientos convulsivos y horribles terremotos que tragarán montañas, ciudades [etc.]*

25.   Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo.

26.   Los demonios del aire, con el Anticristo, harán grandes prodigios en la tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán más y más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad. El Evangelio será predicado por todas partes, todos los pueblos y todas las naciones conocerán la verdad.

27.   Yo dirijo una apremiante llamada a la tierra; llamo a los verdaderos discípulos del Dios que vive y reina en los cielos; llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho Hombre, el único y verdadero Salvador de los hombres; llamo a mis hijos, a mis verdaderos devotos, a los que se me han consagrado a fin de que los conduzca a mi divino Hijo, los que llevo, por decirlo así, en mis brazos, los que han vivido mi espíritu; finalmente llamo a los apóstoles de los últimos tiempos, los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo. Ya es hora que salgan y vengan a iluminar la tierra. Id y mostraos como mis hijos queridos. Yo estoy con vosotros y en vosotros con tal que vuestra fe sea la luz que os ilumine en esos días de infortunio. Que vuestro celo os haga hambrientos de la gloria de Dios y de la honra de Jesucristo. Pelead, hijos de la luz, vosotros, pequeño número que ahí veis; pues he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines.

28.   La Iglesia será eclipsada, el mundo quedará consternado. Pero he ahí a Enoc y Elías, llenos del Espíritu de Dios; predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas; harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del Anticristo.

29.   ¡Ay de los habitantes de la tierra! Habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un granizo espantoso para los animales; tempestades que arruinarán ciudades; terremotos que engullirán países; se oirán voces en el aire; los hombres se golpearán la cabeza contra los muros; llamarán a la muerte y, por otra parte, la muerte será su suplicio. Correrá la sangre por todas partes. ¿Quién podrá resistir si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y oraciones de los justos Dios se dejará aplacar. Enoc y Elías serán muertos. Roma pagana desaparecerá; caerá fuego del cielo y consumirá tres ciudades; el universo entero estará preso del terror, y mucho se dejarán seducir por no haber adorado al verdadero Cristo, que vivía entre ellos. He llegado el tiempo: el sol se oscurece; sólo la fe vivirá.

30.   He aquí el tiempo: el abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. He aquí la bestia con sus súbditos, llamándose el salvador del mundo. Se remontará con orgullo por los aires para subir hasta el cielo; será sofocado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá, y la tierra, que llevará tres días en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego: será hundido para siempre, con todos los suyos, en los abismos eternos del infierno.

31.   Entonces el agua y el fuego purificarán y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado: Dios será servido y glorificado”.



[1] Las palabras entre corchetes no son de la Virgen, sino de Melania, según la visión que al mismo tiempo tuvo.