miércoles, 7 de enero de 2015

SERMON DE EPIFANÍA: R.P. Arturo Vargas


VIMOS SU ESTRELLA EN ORIENTE.

En vísperas de esta solemnidad tan importante para nosotros los católicos, como lo es la de los Santos Reyes Magos, debemos, como dice san Bernardo, mirar la estrella e imitar a estos santos varones, sea pues esta mi intención y el deseo de quien esto escribe, para gloria de Dios y salvación de nuestras almas.

Ya en el anterior discurso les hable sobre la fe de los santos Reyes Magos como comúnmente se les conoce aunque no ignoramos sus nombres que quedaron escritos en el libro de la vida: Melchor, Gaspar y Baltasar. Lo poco que nos dice san Mateo en su evangelio es poco pero tiene un sentido espiritual muy profundo, tan solo nos dice: “Vimos su estrella en Oriente” lo que corresponde, como se dijo en el tercer discurso, al acto previo de la fe con la visión de la estrella. Es cosa cierta que la estrella es una de las estrellas que no están fijas en el firmamento, ni tampoco ninguna de las estrellas movibles; pues se hallaba cerca de los Magos y era tan grande, que pudiese guiarlos en el camino, por lo cual fue preciso que apareciera, no por virtud natural sino sobrenatural.

Caminaban los Magos, la estrella iba delante de ellos y se paraba. Es verdad, no negamos que el autor de la naturaleza usa de las mismas cosas que están a su alcance, pero cuando la naturaleza es incapaz de producir un efecto, como es nuestro caso, entonces da origen a la estrella por virtud sobrenaturalmente divino.

Hay cinco géneros de cometas que no se producen ni por el sol ni por las estrellas y hay nueve clases de estrellas, entre las cuales la octava, llamada rosa, es hermosísima, la cual, a lo que dicen los filósofos, es grande y rubicunda, con figura de hombre  y color semejante al de la plata en aleación con oro. Y que tal estrella fuese la aparición en Oriente; parece demostrarlo san Juan Crisóstomo, pero es imposible que se produjera naturalmente; por lo que se debe entender que los Ángeles suplían lo que no podía producir la naturaleza.

Además la estrella apareció, no solo para los Magos, sino también para esclarecer el misterio que ilustra a todo el mundo, y lo hizo ayer, hoy y hasta cuando Dios quiera. Y, en este sentido de esclarecer e iluminar al mundo no me refiero a lo material que hay de ello sino a lo espiritual o sea al hombre, pero no en cualquier hombre esta estrella realiza la misión de su creación pues con sus tres efectos lleva a los hombres a Dios, estos son: inducir, conducir y reducir siendo. Por donde vemos que esta estrella es figura perfecta de la espiritual cuyos movimientos ya definimos más arriba y si digo que esta estrella indujo a los Magos a presentarse a Cristo se da a entender cuando se dice: “Hemos visto su estrella en el oriente”. Y que los condujo se insinúa con estas palabras: “La estrella iba delante de ellos hasta que llegando se poso delante donde estaba el niño”. Y que los redujo se demuestra cuando se dice: “Y viendo la estrella se regocijaron en gran manera. Y entrando en casa, hallaron al niño”.

Ahora bien veamos de qué manera esta estrella desde el orden espiritual nos induce, nos conduce y nos reduce a Nuestro Supremo Salvador. La estrella exterior, cuya virtud nos induce a Cristo, es la Sagrada Escritura; la estrella superior a la que compete conducirnos a Cristo, es la santa y bendita Virgen María; y la estrella interior, que nos reduce a Cristo, es la gracia del Espíritu Santo. Pero, por desgracia, no a todos los hombres les es permitido ser inducidos, conducidos y reducidos a Cristo y si no es a todos los hombres, ¿entonces quienes quedan excluidos? Pon atención y no te distraigas, Dios quiere que a todos los hombres les aproveche este triple efecto de la estrella, pues es Él quien desea que su Hijo amado sea glorificado y alabado por los hombres, lo cual se ve cuando dice, en el bautismo de san Juan Bautista: “Este es mi Hijo bien amado en quien me complazco”. Pero los hombres no quieren, en virtud de su libre albedrío, cumplir con esta voluntad del Padre eterno, ya las mismas sagradas letras nos muestran muy a las claras quienes son los excluidos de esta novedad evangélica. Tu mismo observa, con tu inteligencia y con la devoción de tu alma, quienes son los agraciados por estos misterios que hemos tenido durante estos días y quienes los desgraciados.

Ante todo ten en cuenta que es a los HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD a quienes el Señor se revela, lo cual lo tienen en los pastores de Belén, y a los Reyes Magos, pero, ¿entonces no eran hombres de buena voluntad los que en Jerusalén moraban en esa noche? No. Si crees que exagero medita tu mismo en tu corazón y llegaras a la misma respuesta. Ante todo ten en cuenta que era de noche, pero no una noche normal sino atestada de tinieblas tanto en el ambiente como en las almas de sus principales moradores, ¿Quiénes son éstos? el idumeo Herodes y los príncipes de los sacerdotes hombres de pésima voluntad. El primero verás cómo se conmociona por la noticia y también los segundos, pero, ¿no era que éstos últimos esperaban la venida del Mesías con ansiedad? ¿Porque balbucean ante la pregunta de estos reyes? ¿No son ellos los doctores de la ley? ¿Porque se sorprenden Príncipes de los sacerdotes o más bien, porque se desconciertan?

Bien alto declararon los Ángeles a los pastores: “Paz a los hombres de buena voluntad”. Por donde notarás la confusión y vergüenza que tuvieron estos hombres. Si por el espíritu malévolo y entenebrecido de esta gente te dejas llevar, te darás cuenta que ellos a fuerza de empujar por la fuerza y la brutalidad las puertas del cielo, quieren entrar, cuando dicen, cambiando las palabras del texto sagrado: “Paz a los hombres que ama el Señor”. 

¿No te parece familiar este cambio perpetrado por estos hombres de pésima voluntad? ¡Qué osadía más obscena y sacrílega alterar los textos de la Sagrada Escritura! ¿Con que autoridad lo hacen? ¿Con la del Padre eterno en detrimento de su hijo? No, con su propia autoridad contrariando la divina. ¡Oh misérrimos judíos! A este error agregan otro no menos peor que el anterior. ¿Por qué, interrogados por los Magos, respondéis con acierto e indicáis el camino que conduce a Dios, pero, sois incapaces de seguirlo, acaso no dijisteis; En Belén de Judá, porque así está escrito en el libro de Miqueas? Y si sois fieles observadores de la ley, ¿Porque no sois los primeros en seguirlas aunque sea por curiosidad? Bien dijo Cristo de ellos: “haced lo que ellos dicen mas no lo que hacen” No nos extrañemos que, después, pidan la muerte de Cristo frente a Pilatos. Y tu Herodes ¿Eres de los hombres de buena voluntad? si lo eres, ¿Por qué también se turba tu corazón y temes te quite el trono el Rey que acaba de nacer? ¡Oh hombre de doblez y malicia!

 Cuantos como tú pueblan el mundo. Con gran cinismo preguntas a los Magos todos los detalles sobre el Rey de reyes y Señor de Señores encubriendo tu pérfida intensión al indagar y al fingir devoción por este Rey eterno, cuando tú mismo, por obra de tus pérfidos amigos los judíos, demostrarás tu gran barbaridad matando a los santos inocentes creyendo que con ellos matabas al Niño Jesús. Es infinito el número de Herodes que dentro y fuera de la esposa castísima de Nuestro Señor Jesucristo la Iglesia Católica, buscan su extinción total como una cruel e impía venganza ya que fueron incapaces de derrotar a Jesucristo y desarraigarlo de las almas de los hombres de buena voluntad que, a través de los siglos, han servido con fidelidad al Dios Verdadero. Estos son los personajes que no desfilaron frente al divino infante, ni desfilan y ni desfilaran porque en ellos reina la oscuridad de la noche y las tinieblas del infierno, gracias a ellos la Escritura, fuente de nuestra vida espiritual, se halla en medio de la niebla, es decir, en medio de la oscuridad de la ignorancia humana cada vez más grande y monstruosa.

Puesto que no podemos ver las cosas superiores, tampoco podemos ver la faz divina de Cristo tan distorsionada por aquellos que deberían mostrarla tal cual es en las sagradas letras; de aquí que sea requisito necesario huir de estos mercenarios del infierno más que pastores de Dios.

Mientras andemos en este mundo necesitamos de la Sagrada Escritura, hasta que brille el día de la eternidad, mas, ¡cuán difícil es acceder en ella porque hasta en Ella los hombres de voluntad pésima meten sus pérfidas manos para envenenar esta fuente límpida que mana desde el cielo hasta la tierra! ¿Con que intensión lo hacen?

Si ellos no van a tomar de estas aguas entonces dejen que otros las tomen, pero no queríais conducirlos con mil sofismas y mentiras a esta fuente que vosotros envinasteis. Por esto perdieron los tales la dirección de esa estrella los que se encaminaron hacia la perfidia de Herodes, quien, fue pérfido en extremo, los judíos quienes primero perdieron la luz de esta estrella, después los paganos y finalmente los herejes de todos los tiempos. No quieras tu también, hombre de buena voluntad, perderla porque difícilmente podrás recuperarla de nuevo.

Cierra las puertas de tu alma a las novedades que enseñan los enemigos de todo lo sagrado, no creas con facilidad a sus ululantes sofismas que prometen lo que no tienen y huye de aquellos que, bajo el engaño, te quieren llevar a las fauces del lobo. Por ultimo te sirvan las palabras de las Sagradas Escrituras, para aliento de tu alma y consuelo en tu lucha por mantener inconmovibles los cimientos de la fe que el Señor en su misericordia a depositado en tu alma:

“He aquí que he puesto delante de ti una puerta abierta que nadie puede cerrar; porque no obstante tu debilidad, has guardado mi palabra y no has negado mi nombre…Yo también te guardare en la hora de la prueba, esa hora que ha de venir sobre todo el orbe, para los que habitan la tierra. Pronto vengo; guarda firmemente lo que tienes para que nadie te arrebate la corona” (Ap, 3: 8,10) 

En vísperas de esta solemnidad tan importante para nosotros los católicos, como lo es la de los Santos Reyes Magos, debemos, como dice san Bernardo , mirar la estrella e imitar a estos santos varones, sea pues esta mi intención y el deseo de quien esto escribe, para gloria de Dios y salvación de nuestras almas.

Ya en el anterior discurso les hable sobre la fe de los santos Reyes Magos como comúnmente se les conoce aunque no ignoramos sus nombres que quedaron escritos en el libro de la vida: Melchor, Gaspar y Baltasar. Lo poco que nos dice san Mateo en su evangelio es poco pero tiene un sentido espiritual muy profundo, tan solo nos dice: “Vimos su estrella en Oriente” lo que corresponde, como se dijo en el tercer discurso, al acto previo de la fe con la visión de la estrella. Es cosa cierta que la estrella es una de las estrellas que no están fijas en el firmamento, ni tampoco ninguna de las estrellas movibles; pues se hallaba cerca de los Magos y era tan grande, que pudiese guiarlos en el camino, por lo cual fue preciso que apareciera, no por virtud natural sino sobrenatural.

Caminaban los Magos, la estrella iba delante de ellos y se paraba. Es verdad, no negamos que el autor de la naturaleza usa de las mismas cosas que están a su alcance. Pero cuando la naturaleza es incapaz de producir un efecto, como es nuestro caso, entonces da origen a la estrella por virtud sobrenaturalmente divino.

Hay cinco géneros de cometas que no se producen ni por el sol ni por las estrellas y hay nueve clases de estrellas, entre las cuales la octava, llamada rosa, es hermosísima, la cual, a lo que dicen los filósofos, es grande y rubicunda, con figura de hombre  y color semejante al de la plata en aleación con oro. Y que tal estrella fuese la aparición en Oriente; parece demostrarlo san Juan Crisóstomo, pero es imposible que se produjera naturalmente; por lo que se debe entender que los Ángeles suplían lo que no podía producir la naturaleza.

Además la estrella apareció, no solo para los Magos, sino también para esclarecer el misterio que ilustra a todo el mundo, y lo hizo ayer, hoy y hasta cuando Dios quiera. Y, en este sentido de esclarecer e iluminar al mundo no me refiero a lo material que hay de ello sino a lo espiritual o sea al hombre, pero no en cualquier hombre esta estrella realiza la misión de su creación pues con sus tres efectos lleva a los hombres a Dios, estos son: inducir, conducir y reducir siendo. Por donde vemos que esta estrella es figura perfecta de la espiritual cuyos movimientos ya definimos más arriba y si digo que esta estrella indujo a los Magos a presentarse a Cristo se da a entender cuando se dice: “Hemos visto su estrella en el oriente”. Y que los condujo se insinúa con estas palabras: “La estrella iba delante de ellos hasta que llegando se poso delante donde estaba el niño”. Y que los redujo se demuestra cuando se dice: “Y viendo la estrella se regocijaron en gran manera. Y entrando en casa, hallaron al niño”.

Ahora bien veamos de qué manera esta estrella desde el orden espiritual nos induce, nos conduce y nos reduce a Nuestro Supremo Salvador. La estrella exterior, cuya virtud nos induce a Cristo, es la Sagrada Escritura; la estrella superior a la que compete conducirnos a Cristo, es la santa y bendita Virgen María; y la estrella interior, que nos reduce a Cristo, es la gracia del Espíritu Santo. Pero, por desgracia, no a todos los hombres les es permitido ser inducidos, conducidos y reducidos a Cristo y si no es a todos los hombres, ¿entonces quienes quedan excluídos? Pon atención y no te distraigas, Dios quiere que a todos los hombres les aproveche este triple efecto de la estrella, pues es Él quien desea que su Hijo amado sea glorificado y alabado por los hombres, lo cual se ve cuando dice, en el bautismo de san Juan Bautista: “Este es mi Hijo bien amado en quien me complazco”. Pero los hombres no quieren, en virtud de su libre albedrío, cumplir con esta voluntad del Padre eterno, ya las mismas sagradas letras nos muestran muy a las claras quienes son los excluidos de esta novedad evangélica. Tu mismo observa, con tu inteligencia y con la devoción de tu alma, quienes son los agraciados por estos misterios que hemos tenido durante estos días y quienes los desgraciados.

Ante todo ten en cuenta que es a los HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD a quienes el Señor se revela, lo cual lo tienen en los pastores de Belén, y a los Reyes Magos, pero, ¿entonces no eran hombres de buena voluntad los que en Jerusalén moraban en esa noche? No. Si crees que exagero medita tu mismo en tu corazón y llegaras a la misma respuesta. Ante todo ten en cuenta que era de noche, pero no una noche normal sino atestada de tinieblas tanto en el ambiente como en las almas de sus principales moradores, ¿Quiénes son éstos? el idumeo Herodes y los príncipes de los sacerdotes hombres de pésima voluntad. El primero verás cómo se conmociona por la noticia y también los segundos, pero, ¿no era que éstos últimos esperaban la venida del Mesías con ansiedad? ¿Porque balbucean ante la pregunta de estos reyes? ¿No son ellos los doctores de la ley? ¿Porque se sorprenden Príncipes de los sacerdotes o más bien, porque se desconciertan?

Bien alto declararon los Ángeles a los pastores: “Paz a los hombres de buena voluntad”. Por donde notarás la confusión y vergüenza que tuvieron estos hombres. Si por el espíritu malévolo y entenebrecido de esta gente te dejas llevar te darás cuenta que ellos a fuerza de empujar por la fuerza y la brutalidad las puertas del cielo, quieren entrar, cuando dicen, cambiando las palabras del texto sagrado: “Paz a los hombres que ama el Señor”. ¿No te parece familiar este cambio perpetrado por estos hombres de pésima voluntad? ¡Qué osadía más obscena y sacrílega alterar los textos de la Sagrada Escritura! ¿Con que autoridad lo hacen? ¿Con la del Padre eterno en detrimento de su hijo? No, con su propia autoridad contrariando la divina. ¡Oh misérrimos judíos! A este error agregan otro no menos peor que el anterior. ¿Por qué, interrogados por los Magos, respondéis con acierto e indicáis el camino que conduce a Dios, pero, sois incapaces de seguirlo, acaso no dijisteis; En Belén de Judá, porque así está escrito en el libro de Miqueas? Y si sois fieles observadores de la ley, ¿Porque no sois los primeros en seguirlas aunque sea por curiosidad? Bien dijo Cristo de ellos: “haced lo que ellos dicen mas no lo que hacen” No nos extrañemos que, después, pidan la muerte de Cristo frente a Pilatos. Y tu Herodes ¿Eres de los hombres de buena voluntad? si lo eres, ¿Por qué también se turba tu corazón y temes te quite el trono el Rey que acaba de nacer? ¡Oh hombre de doblez y malicia!

 Cuantos como tú pueblan el mundo. Con gran cinismo preguntas a los Magos todos los detalles sobre el Rey de reyes y Señor de Señores encubriendo tu pérfida intensión al indagar y al fingir devoción por este Rey eterno, cuando tú mismo, por obra de tus pérfidos amigos los judíos, demostrarás tu gran barbaridad matando a los santos inocentes creyendo que con ellos matabas al Niño Jesús. Es infinito el número de Herodes que dentro y fuera de la esposa castísima de Nuestro Señor Jesucristo la Iglesia Católica, buscan su extinción total como una cruel e impía venganza ya que fueron incapaces de derrotar a Jesucristo y desarraigarlo de las almas de los hombres de buena voluntad que, a través de los siglos, han servido con fidelidad al Dios Verdadero. Estos son los personajes que no desfilaron frente al divino infante, ni desfilan y ni desfilaran porque en ellos reina la oscuridad de la noche y las tinieblas del infierno, gracias a ellos la Escritura, fuente de nuestra vida espiritual, se halla en medio de la niebla, es decir, en medio de la oscuridad de la ignorancia humana cada vez más grande y monstruosa.

Puesto que no podemos ver las cosas superiores, tampoco podemos ver la faz divina de Cristo tan distorsionada por aquellos que deberían mostrarla tal cual es en las sagradas letras; de aquí que sea requisito necesario huir de estos mercenarios del infierno más que pastores de Dios.

Mientras andemos en este mundo necesitamos de la Sagrada Escritura, hasta que brille el día de la eternidad, mas, ¡cuán difícil es acceder en ella porque hasta en Ella los hombres de voluntad pésima meten sus pérfidas manos para envenenar esta fuente límpida que mana desde el cielo hasta la tierra! ¿Con que intensión lo hacen?

Si ellos no van a tomar de estas aguas entonces dejen que otros las tomen, pero no queríais conducirlos con mil sofismas y mentiras a esta fuente que vosotros envinasteis. Por esto perdieron los tales la dirección de esa estrella los que se encaminaron hacia la perfidia de Herodes, quien, fue pérfido en extremo, los judíos quienes primero perdieron la luz de esta estrella, después los paganos y finalmente los herejes de todos los tiempos. No quieras tu también, hombre de buena voluntad, perderla porque difícilmente podrás recuperarla de nuevo.

Cierra las puertas de tu alma a las novedades que enseñan los enemigos de todo lo sagrado, no creas con facilidad a sus ululantes sofismas que prometen lo que no tienen y huye de aquellos que, bajo el engaño, te quieren llevar a las fauces del lobo. Por ultimo sírvante las palabras de las Sagradas Escrituras, para aliento de tu alma y consuelo en tu lucha por mantener inconmovibles los cimientos de la fe que el Señor en su misericordia a depositado en tu alma:


“He aquí que he puesto delante de ti una puerta abierta que nadie puede cerrar; porque no obstante tu debilidad, has guardado mi palabra y no has negado mi nombre…Yo también te guardare en la hora de la prueba, esa hora que ha de venir sobre todo el orbe, para los que habitan la tierra. Pronto vengo; guarda firmemente lo que tienes para que nadie te arrebate la corona” (Ap, 3: 8,10)