sábado, 28 de junio de 2014

CARTA A LOS CATÓLICOS FIELES A LA SACROSANTA RELIGIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

   

   Hace más de cincuenta años, la secta modernista incrustada desde tiempo atrás en la Iglesia Católica, apostólica, romana, consiguió instalarse en los más encumbrados sitios del Vaticano. Luego, gradual pero audazmente, se fueron posicionando en las diversas áreas estratégicas de la estructura eclesiástica y, más aún, en el ámbito de la doctrina, en las prácticas del culto, y en las propias conciencias adormecidas de la gran mayoría de clérigos y nosotros los seglares. Los modernistas lograron socavar los cimientos y muros de nuestros endebles medios de defensa espirituales y morales.

   No les representó a los sectarios vaticanos mayor esfuerzo alcanzar su objetivo de distorsionar nuestra sacrosanta Religión; sino que, incluso, se han dado el lujo de exhibirnos, una y otra vez en nuestras frágiles convicciones ante la historia y el mundo. Los hábitos pecaminosos derivados de la mundanidad liberal, de la tibieza y enfriamiento en que hemos incurrido y, en muchos casos nuestra  inexcusable y estulta indiferencia, han hecho el resto.  Debido a ello, se ha agravado la crisis en la Iglesia Católica y sus instituciones.

   Providencialmente, Dios, Nuestro Señor Jesucristo y la Santísima Virgen María, suscitaron la intervención de Monseñor Lefebvre, quien resistió a los herejes modernistas durante las sesiones del Concilio Vaticano II y durante el período que le siguió. Fundó el Seminario de Econe y otros; organizó la FSSPX sobre la base de la más sana doctrina católica tradicional, dándole además programa y rumbo.

   Monseñor Lefebvre, bajo la inspiración del Espíritu Santo consagró Obispos; y, algo muy importante, nos enseñó entre muchas otras cosas, que la ley fundamental de la Santa Madre Iglesia, es la salvación de las almas; que la razón de ser de la jerarquía y sus ministros, es para preservar el depósito de la Fe y administrar los sacramentos a quienes víctimas de nuestras miserias, anhelamos a través de esos medios de santificación recibir a Nuestro Señor enteramente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, preparándonos para amarle y servirle en esta vida y adorarle y gozarle en la otra.

   Monseñor Lefebvre, nos instruyó que en caso de necesidad; esto es, ante la carencia de prelados y sacerdotes confiables y fieles a Nuestro Señor Jesucristo, la Iglesia suple la jurisdicción territorial que, en principio les corresponde ejercer a los clérigos diocesanos; pero habida cuenta que éstos han venido contribuyendo con la apostasía, asentada en Roma desde tiempo atrás, nos tuvimos que alejar de su nociva influencia. De la misma manera, Menzingen se ha colocado bajo el patrocinio de los modernistas, y sin sonrojarse siquiera contemporizan con los escándalos papales, les hemos revocado a tales dirigentes y corifeos de la FSSPX la jurisdicción que un día voluntariamente les conferimos sobre nuestras almas y nuestras vidas.

  Por todo lo anterior, de todo corazón, nos adherimos al “Comentario Eleison 355” de fecha 3 de mayo último, y decimos:
   “¡Adiós FSSPX, el combate contra los modernistas, está virtualmente acabado!”
   Sólo nos resta suplicarles y exhortar a nuestros titubeantes, pero todavía buenos sacerdotes, que no tengamos miedo. Pero es la hora de ¡“romper filas y huir a las montañas”!

   Dios, nuestro Jefe Supremo, nos convoca.  Acudamos sin tardanza a su llamado, ya que la lucha por Su causa deviene más gloriosa que nunca.

   ¡En todo sea Dios glorificado!
   Hermano Pablo, Obl S.B.


   En la festividad de Corpus Christi.



COMENTARIO ELEISON 355

ADIOS, FSSPX



viernes, 27 de junio de 2014

EN LA SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZON (Pbro. Arturo Vargas)








“Vosotros seréis mis amigos si hiciereis lo que os mando.” Con estas sentidas palabras el Sagrado Corazón de Nuestro Señor nos invita a conocer “las riquezas insondables” anunciadas por el apóstol de las gentes en sus epístolas, para nuestras pobres almas mucho es que un rey amante y temeroso de Dios nos diga que quiere ser nuestro amigo. ¿Qué diremos pues cuando la segunda persona de la trinidad hecha hombre nos invita a ser ya no sus siervos sino sus amigos?
   La amistad es una forma especial de afecto; no es suficiente amar para ser amigo. No se dice, por ejemplo, que los súbditos de un gran rey, lleno de amor para con su pueblo, que sean todos amigos del monarca.

  LA AMISTAD IMPLICA:

1) COMERCIO HABITUAL, FUNDADO EN EL AFECTO RECIPROCO, EN EL APRECIO MUTUO, EN LA COMUNIDAD DE IDEAS
Siendo esto así, ¿es posible que podamos soñar en ser amigos del corazón de Jesús? ¿Cómo será posible? Cuando entre los semejantes hay desigualdad de condición; el simple sacerdote.
Pretendiendo llegar a ser amigo del Papa o el simple soldado aspirando a la amistad de un príncipe y nosotros ¿nos atreveremos a pensar en ser amigos de Dios? y ¿por qué no cuando Él mismo nos hace la propuesta?
   El Cantar de los Cantares es el diálogo misterioso de un Dios y de un alma que mutuamente se denominan con el nombre de amigo: “He resuelto tomar a la Sabiduría por compañera de mi vida, sabiendo que comunicara conmigo sus bienes y será el consuelo  mío en mis cuidados y penas... Entrando en casa hallaré en ella mi reposo, porque ni su conversación tiene rostro de amargura ni causa tedio su trato, sino antes bien consuelo y alegría. Considerando yo esto para conmigo y revolviendo en mi corazón cómo en la unión de la sabiduría se haya la inmortalidad y un santo placer en sus amistad, andaba buscando como apropiármela.”

  2) Y EN CIERTA IGUALDAD DE VIDA

Pero si mal no recuerdo la amistad supone “la igualdad de condición” y hay una enorme distancia entre nosotros y este sacratísimo corazón de Jesús pues no somos más que unos gusanillos y Jesús un Dios. Más Jesucristo no conoce semejante obstáculo y nada le impidió bajar hasta el último de los hombres para tenderle la mano. Primero, porque siendo infinitamente grande no temió rebajarse y cuanto más desciende más se eleva pues no la necesidad sino la condescendencia la que le inclina hacia nosotros.
   Además la inmensidad de su amor lo hace tomarnos por amigos suyos. Su corazón tiene este privilegio del amor; es inmensurable lo que encierra de afecto; tiene suficiente ternura e infinita para poder amar a cada hombre como si fuere la única criatura del mundo. La Escritura Sagrada lo compara con el sol, cuyo calor y cuya luz son suficientemente abundantes para inundar la tierra, pero está comparación queda muy lejos de la realidad, porque la llama de amor que arde en el Corazón del Hombre-Dios le permite amar a millares de criaturas, sin que sufra mengua alguna.
   Pero aun se nos presenta una última dificultad. Para ser amigo del Corazón de Nuestro Señor, es preciso no desagradarle, es necesario no ofenderle, no contrariarle, ni traicionarle; en fin y sobre todo es necesario amarse mutuamente, y ¡hay de nosotros! Que ninguna de estas condiciones cumplimos cuanto quisiéramos y aun ¡oh Maestro mío! Hago todo lo contrario según aquello del apóstol San Pablo: “lo que quiero no lo hago y lo que no quiero hago.” Es tan perversa nuestra alma, tan débil, tan ligera y tan inconstante; nuestros pensamientos a cada paso dejan de ser los vuestros, y por una nonada contradigo el Evangelio; nuestro corrompido corazón te apena a cada instante. Si le amamos es muy poco, y muy presto cesamos de amarle; nuestros afectos se encaminan a otra parte. Sin embargo Él se ha declarado amigo de la pobre criatura humana, aunque sea pecadora. “No he venido a buscar a los justos sino a los pecadores;” por ellos bajó del cielo, por ellos murió y fue traspasado su sacratísimo corazón en el Calvario.
   No nos resta más que decir continuamente: oh alma mía, tú puedes, si quieres ser amiga de Dios, pues no es un Dios altivo que rehúse rebajarse, no es un Dios limitado en sus afectos, no es un Dios ausente y lejano, no es un Dios que desprecie el arrepentimiento: al contrario busca a los pequeñuelos, tiene corazón para todos, se adelanta a los culpables, y a cada paso tropezamos con Él en nuestro camino: “SE anticipa a aquellos que la codician, poniéndoseles delante: quien madrugare en busca de ella no tendrá que fatigarse, pues la hallará sentada a la misma puerta...ella misma va por todas partes, buscando a los que son dignos de poseerla, y por los caminos se les presenta con agrado, y en todas ocasiones y sentada la tienen al lado.”(Sab, VI, 13., 15)
San Juan Crisóstomo dice que si alguien dice no entender las palabras de Dios no es que le falte inteligencia, sino amor. Amar la Sabiduría es tenerla ya. Esta maravillosa revelación que Dios nos hace por medio del sabio, se confirma y demuestra intensamente a través de la divina Escritura. El que desea la sabiduría ya la tiene, pues si la desea  es porque el Espíritu Santo ha obrado en él para quitarle el miedo a la sabiduría, ese sentimiento monstruoso de desconfianza que nos hace temer la santidad y aun huir de ella como si la sabiduría no fuese nuestra felicidad sino nuestra desdicha. Veamos, pues, claramente: si yo no creo que esto es un bien ¿Cómo voy a desearlo? Por consiguiente, si lo deseo, ya he descubierto que ello es un bien deseable y ya me ha librado de aquel miedo que es la obra maestra del diablo y del cual nadie puede librarme sino el Espíritu Santo, que es el Espíritu de nuestro Salvador, y entonces ya soy sabio, puesto que deseo lo que hay que desear. Y ahora viene la segunda confirmación de esta maravilla: desear la sabiduría es tenerla porque ella está deseando darse, es decir, que se da a todos los que la desean. El que sale a buscarla cuando ella ya estaba a la puerta de su alma esperándola. Y Santiago nos enseña que todo el que necesita sabiduría no tiene más que pedirla a Dios que la da (Sant. 1.5). la sabiduría personificada es Nuestro Señor Jesucristo que se nos muestra con especial atracción en su Sacratísimo Corazón que, al abrirlo, dejo escapar su infinita bondad la cual  se derramo, se difunde y penetra hasta lo más profundo de nuestras almas solo quiere que queramos nos inunde y nos envuelva en su infinita caridad y se nos acerca con aquellas palabras que le dijo a la samaritana: “Si conocieras el don, y quien es el que te dice” apliquemos hoy más que nunca nuestro espíritu a conocer este don divino encerrado en el Corazón de Nuestro divino Salvador para gozar de esa fuente inagotable de agua salvífica.

martes, 24 de junio de 2014

EL SAGRADO CORAZON DE JESUS



  
EL SAGRADO CORAZÓN

   Jesucristo es Dios. Aunque hay en El dos naturalezas, divina y humana, como enseña la Fe Católica, es, sin embargo, única la Persona, y ésta es divina. Es, pues, digno de toda veneración, así en su Humanidad santísima como en su Divinidad. Y de su Humanidad santísima es digno de veneración, no sólo el conjunto, sí que cada una de las partes de él. De suerte que pueden y deben venerarse el cuerpo y el alma de  Cristo, pero puede separadamente venerarse su cuerpo y venerarse su alma, y pueden de su cuerpo ser venerados con culto especial cada uno de sus sacratísimos miembros. Así es antiquísimo en la Iglesia el culto de las adorables llagas de las manos, pies y costado; así es ya común la veneración a su purísima Sangre; así podemos fijarla muy en particular en su sagrada cabeza, coronada de espinas, etc., etc. Sirva esto de contestación a los que haciéndose del asombradizo preguntan: ¿por qué se da este culto especial al Sagrado Corazón de Jesús? Respuesta decisiva: se le da en primer lugar, como puede darse a una parte cualquiera de su santísima Humanidad.

   Pero hay un motivo especialísimo para dar este culto al Corazón, más que a la cabeza, manos o pies. El corazón es entre todos los órganos corporales, por decirlo así, el menos corporal;  viene a ser con respecto a la parte afectiva de nuestro ser, lo que el cerebro con respecto a su parte intelectiva; es el que está más en íntimo y misterioso contacto con el alma por su vida de sentimiento; es como la fragua suya de que se sirve ella para elaborar sus afectos. Así que del mismo modo que en todos los idiomas se dice que piensa y discurre e imagina el hombre con la cabeza, así en todos los idiomas se dice que ama y aborrece y sufre y goza y anhela y teme con el corazón. Porque para sus operaciones intelectuales parece que se sirve más el alma de la primera, como para sus operaciones afectivas se sirve del segundo. Tiene, pues, el corazón en el compuesto humano una importancia especial. Además de ser la válvula reguladora de su movimiento circulatorio, es el sagrario de sus más delicados sentimientos; es el volcán de sus más encendidas llamaradas; es el oculto resorte de la mayor parte de sus actos e inclinaciones. Se ha dicho con verdad que el hombre lo es casi siempre todo por su corazón. Si se eleva hasta la sublimidad del Ángel o desciende hasta la horrible condición del demonio, es comúnmente según lo que ha purificado y enaltecido, o maleado y degradado los sentimientos de su corazón.



   Ahora bien. Cristo, Dios y Hombre verdadero, tuvo en su vida mortal, y tiene hoy en su vida gloriosa en el cielo y en su vida escondida en el Sacramento, un verdadero Corazón. Y como su Divina Persona es justamente la persona de un Dios-Hombre y de un Hombre-Dios, su corazón es juntamente Corazón humano y Corazón divino, Corazón que pertenece al Hombre y Corazón que pertenece a Dios, Corazón que late y alienta con todos los más nobles afectos humanos, y juntamente con los nobilísimos afectos de la Divinidad. Amó Cristo a Dios-Padre y a la humana creatura con amor infinito, el órgano o fragua de este amor infinito fue su Divino Corazón. Aborreció el pecado, que es el único objeto digno de los odios de un Dios, y el centro de estos odios infinitos fue su Divino Corazón. Anheló la divina gloria y la redención humana con hambre y sed que le hicieron impaciente por los tormentos y por la muerte, y el foco de estos anhelos y divinas impaciencias fue su Sagrado Corazón.

   Discurramos, pues, si merecen culto y veneración la cruz en que murió el Salvador, los clavos que taladraron sus manos y pies, las espinas que se hincaron es su cabeza, el sepulcro en que fue colocado, por el contacto material que tuvieron todos estos objetos con su Divina Persona, ¿no hay razón especialísima para honrar con especialísimo culto y amor, el Corazón suyo, aunque se le considere solo como una parte más noble de su Sagrada Humanidad, como una entraña la más delicada de sus sacratísimas entrañas, como el órgano finísimo con el que su bendita alma nos amó, y deseó sufrir y morir por nosotros?

   Hasta aquí, empero, considerando al Sagrado Corazón como objeto material de este hermoso culto, que bajo este solo aspecto tendría ya incontestable derecho a nuestra predilección. Mas, con el culto del Sagrado Corazón no se trata solamente de honrar la dicha víscera material del organismo humano de nuestro Divino Salvador; trátase juntamente de venerarla como símbolo del inmenso amor suyo en favor de los hombres, que le llevó a morir por ellos en el árbol de la cruz.  Segundo aspecto de la cuestión, no menos interesante que el primero.

   También está en el buen sentido del género humano que el corazón es el símbolo más adecuado del amor. El idioma de todos los pueblos lo expresa de esta manera.  Cuando decimos que a una persona la hacemos dueña de nuestro corazón, o que reinamos en el suyo, o le pedimos nos admita en él, no queremos significar con esto más que el hecho de que la amamos, o el deseo de que nos ame.  Por corazón entendemos amor y nada más.  Es un tropo vulgar que emplean hasta los que no han aprendido retórica, porque lo enseña a todos la misma naturaleza. Es, pues, altamente filosófico, y altamente teológico, y altamente artístico, y altamente natural para venerar el amor infinito de Jesucristo a Dios Padre y a los hombres sus hermanos, tomar por símbolo y figura su Sagrado Corazón, rodeándolo con los atributos más expresivos para dar a comprender todo el significado de este divino jeroglífico. 

Sí, no hay representación más exacta que ésta, de los divinos afectos del Salvador: el Corazón con llamas, para significar el ardoroso incendio de sus amores; el Corazón con la herida manando sangre, para demostrar la efusión de este amor sobre todos los mortales; el Corazón con cruz y corona de espinas, para recordar las agonías y sufrimientos que le causó este amor. 

Símbolo que por sí solo es un poema; símbolo que habla con más elocuencia que las frases del más vehemente discurso; símbolo que puede entender cualquiera aunque no tenga talento, sólo con que tenga ojos en la cara para ver, y a su vez en el pecho un corazón para sentir.

   Ahora bien. Este símbolo tan perfecto y adecuado podía ser escogido por los hombres para mejor representar con él el infinito amor que nos tuvo nuestro dulcísimo Jesús; pero no fue escogido ni inventado por los hombres, no, sino que les fue dado y comunicado del cielo por el mismo adorable Redentor. Tiene, pues, además de su fundamento teológico y de su exactísima propiedad filosófica, el carácter más respetable de todos, el de su origen celestial. Sí, el culto del Sagrado Corazón de Jesús, así bajo su punto de vista material como bajo su aspecto simbólico, conocido ya desde los primeros siglos en la Iglesia y practicado por gran número de Santos y almas enamoradas de Dios, fue más especialmente declarado al mundo por el mismo Cristo en el último tercio del siglo XVII por mediación de la bienaventurada Margarita María  Alacoque, religiosa de la Visitación, recientemente elevada por Pío IX al honor de los altares. 

Las revelaciones hechas por Jesucristo a esta su fiel esposa para el mayor desarrollo del culto de su Sagrado Corazón, han sido todas reconocidas por la Santa Iglesia, cuya escrupulosidad en este punto es imponderable. En repetidas ocasiones se apareció Jesucristo mostrando a la Beata Margarita su Corazón con las dichas insignias de la cruz, corona de espinas y herida de la lanza, encargándola que juntamente con el P. La Colombiére, de la Compañía de Jesús, propagase por el mundo cristiano la devoción al Sagrado Corazón, y que pidiese a la Iglesia la celebración de su fiesta el viernes primero después de la octava de Corpus Christi. Añadió además  singularísimas promesas a favor de los que se esmerasen en practicar y propagar este culto, señalándolo como eficaz medicina para la restauración de la fe y re-encendimiento de la piedad en estos últimos tiempos de tibieza e indiferentismo. 



Cumpliólo así la ejemplar Religiosa, secundada en todo por el dicho P. La Colombiere, y después de muchas y exquisitas averiguaciones practicadas por la Santa Sede, después de tenaz e incansable guerra que le hizo el Jansenismo, logrose ver sancionado por la Autoridad apostólica el culto del Sagrado Corazón, instituída su fiesta universal, aprobado su rezo, y hoy por fin venerada en los altares la memoria de su insigne apóstol y propagandista, la fervorosa contemplativa de Paray-le-Monial. Y hoy, gracias sean dadas al Señor, en medio de los horrores de la moderna persecución, que persecución es y gravísima la que en todos los confines del globo sufre el Catolicismo, el Sagrado Corazón de  Jesús es la divisa de todos los buenos, el grito de guerra en todos sus combates, su celestial esperanza de triunfo para el porvenir.

   ¡Amemos, pues, y honremos al Sagrado Corazón! No hay libro en que mejor puedan estudiarse y aprenderse todas las virtudes, no hay maestro que con más divina autoridad nos las pueda enseñar. La paciencia y abnegación hasta el sacrificio; la celestial mansedumbre, a par de la incontrastable firmeza; el celo devorador e impetuoso y a la vez la caridad incansable, benigna y afectuosísima.

   ¡Amemos y honremos al Sagrado Corazón! Harto se nos da cada día el espectáculo de corazones envilecidos en lo más inmundo de cenagosas aspiraciones, corazones a quienes la posesión de un puñado de oro endurece como este metal, o a quienes el insaciable afán de sensualidad tiene podridos y hediondos. 

Hartos estamos de ver cada día enlodadas en el barro las alas del corazón que Dios crió para que se cerniese como las aves en la más pura región del firmamento, y no como los reptiles, pegado el rostro a la tierra vil y a sus groseras emociones. ¡Arriba, arriba con el Corazón de Jesús! ¡Arriba con Él siguiendo su generoso vuelo! ¡Arriba con Él, emulando la alteza de sus pensamientos, lo sublime de sus miras, la perfección de su ideal, que es hacernos grandes como su Padre que está en los cielos! ¡Arriba, a otra región, a otros aires, a más noble esfera, con el Corazón de  Jesús! Él lo ha dicho y en sus devotos se cumple sin excepción: Elevado de la tierra, todo lo atraeré en pos de Mí. ¡Atráiganos, elévenos en pos de sí este imán divino, y contrapese en nosotros la ley de la gravedad terrena que nos inclina constantemente a lo bestial! ¡Vivamos con El para el cielo, que allí está nuestro verdadero y espiritual centro de gravedad!

   ¡Amemos y honremos al Sagrado Corazón! ¡Es el Corazón de nuestro Padre, de nuestro Hermano, de nuestro Amigo, de nuestro Rey, de nuestro Dios! ¡Gózase en arrimarse y recostarse y juntarse a par del nuestro en la Sagrada Comunión! ¡Gózase en hacerse confidente de nuestros más ocultos pesares y de nuestras más punzantes angustias! ¡Se da sin reserva a quien le quiere; sólo anhela para entregarse que se le vaya a buscar! ¡Corazones sedientos de consuelo y amor, que tan a tontas y a locas lo mendigáis de miserables criaturas, id a pedírselo a la puerta de este Divino Corazón!

   ¡Amemos y honremos al Sagrado Corazón! El templo es su casa, el sagrario su gabinete de íntimas confidencias. Nadie le ha buscado allí en vano. Nadie dejó de encontrar paz, amor y consuelo allí. Lo saben todos los Santos; lo saben gran número de pecadores. Sí, pecadores también, con sus pecados y todo, son recibidos allí y escuchados y abrazados. A los justos concede allí el Corazón Divino la perseverancia en su amor; a los arrepentidos la gracia del perdón y el ósculo de una reconciliación tiernísima.
   ¡Sí, amemos y honremos al Sagrado Corazón!

                                                                         A.M.D.G.

Por D. Félix Sardá y Salvany, Pbro.

lunes, 23 de junio de 2014

Carta Notre Charge Apostolique del Papa San Pío X a los obispos de Francia sobre Le Sillon: (25 de agosto de 1910)



En una carta dirigida a los obispos de Francia el 25 de agosto de 1910, el Papa San Pío X condenó Le Sillon.

Esta asociación nació en suelo francés y, por eso, el Papa se dirige a los arzobispos y obispos franceses. Sabemos que Le Sillon fue fundado por Marc Sangnier, precursor de lo que más tarde fue la Acción Católica. Aunque como persona privada era buen católico, sostenía ideas que sencillamente se aproximaron poco a poco a las ideas liberales y masónicas, ni más ni menos. Además, el mismo Papa hace alusión a esto. En su origen Le Sillon era un movimiento sentimental de estudiantes. Marc Sangnier visitaba a sus compañeros y universidades, en donde pronunciaba discursos fogosos. Orador brillante y muy sentimental, levantaba un entusiasmo extraordinario entre sus oyentes. Pero se descubrió que era peligroso porque preconizaba una especie de concepto falso de la caridad, como explica muy bien el Papa. Al principio los mismos obispos se mostraron más bien favorables a este movimiento, porque sus afiliados eran católicos que manifestaban el deseo de extender el reinado social de Nuestro Señor, de desarrollar la Iglesia y de renovar el cristianismo. Pero poco a poco se desvió completamente, y el Papa tuvo que intervenir severamente y sin más condenó Le Sillon.

Con todo, Marc Sangnier se sometió, pero las ideas de Le Sillon siguieron siendo muy tenaces, y se puede decir que una gran parte de los arzobispos y obispos franceses, e incluso de los cardenales, como Gerlier y Liénart y otros que vivían todavía hace poco, quedaron marcados profundamente por las ideas que propagó este movimiento y que los habían influenciado cuando, siendo jóvenes, frecuentaban los colegios o universidades. El cardenal Gerlier, por ejemplo, fue uno de los que dieron gran apoyo a las ideas de Le Sillon en la diócesis de Lyón, donde fue nombrado arzobispo en 1937. Finalmente, este movimiento causó estragos considerables, que se manifestaron más tarde y aún en nuestros días.

Ya que en la descripción que hace de ese movimiento vemos de modo increíble y extraordinario las ideas que se propagan ahora, esta carta de San Pío X es aún mucho más interesante. Ya en esa época el Papa se refería a las personas que se llaman católicas pero que se han desviado completamente

«Nuestro cargo apostólico nos obliga a vigilar por la pureza de la fe y por la integridad de la disciplina católica; a preservar a los fieles de los peligros del error y del mal, sobre todo cuando el error y el mal les son presentados con un lenguaje atrayente, que, ocultando la vaguedad de las ideas y el equívoco de las expresiones bajo el ardor del sentimiento y la sonoridad de las palabras, puede encender los corazones en favor de causas seductoras, pero funestas. Tales han sido en otro tiempo las doctrinas de los llamados filósofos del siglo XVIII, las de la Revolución y las del liberalismo, tantas veces condenadas; tales son también hoy día las teorías de Le Sillon, que, bajo sus brillantes y generosas apariencias, faltan con mucha frecuencia a la claridad, a la lógica y a la verdad, y, bajo este aspecto, no realzan el genio católico y francés».
Es una pequeño halago a los franceses, para poder combatir con más fuerza las ideas de Le Sillon.

Los buenos tiempos de Le Sillon
Le Sillon, “el surco”, era el nombre de este movimiento social. [N.d.T.]  “Hemos dudado mucho tiempo, venerables hermanos, decir públicamente y solemnemente nuestro pensamiento sobre Le Sillon. Ha sido necesario que vuestras preocupaciones vinieran a unirse a las nuestras para decidirnos a hacerlo. Porque amamos a la valerosa juventud enrolada bajo la bandera de Le Sillon y la juzgamos digna, en muchos aspectos, de elogio y de admiración. Amamos a sus jefes, en quienes Nos reconocemos gustosamente almas elevadas, superiores a las pasiones vulgares y animadas del más noble entusiasmo por el bien. Vosotros mismos los habéis visto, venerables hermanos, penetrados de un sentimiento muy vivo de la fraternidad humana, marchar al frente de los que trabajan y sufren, para ayudarlos, sostenidos en su entrega por su amor a Jesucristo y la práctica ejemplar de la religión. 

Era el día siguiente de la memorable encíclica de nuestro predecesor, de feliz memoria, León XIII sobre la situación de los obreros. La Iglesia, por boca de su Pastor supremo, había derramado sobre los humildes y los pequeños todas las ternuras de su corazón materno y parecía llamar con sus deseos a campeones cada día más numerosos de la restauración del orden y de la justicia en nuestra sociedad perturbada. ¿No venían los fundadores de Le Sillon, en el momento oportuno, a poner a su servicio tropas jóvenes y creyentes para la realización de sus deseos y de sus esperanzas? De hecho, Le Sillon levantó entre las clases obreras el estandarte de Jesucristo... Eran los buenos tiempos de Le Sillon; es su lado positivo, que explica los alientos y las aprobaciones que le han concedido el episcopado y la Santa Sede, hasta el punto de que este fervor religioso ha podido velar el verdadero carácter del movimiento sillonista»

Manifestaciones y tendencias inquietantes

«Porque hay que decirlo, venerables hermanos, nuestras esperanzas se han visto en gran parte defraudadas. Vino un día en que Le Sillon acusó, para los ojos clarividentes, tendencias inquietantes. Le Sillon se desviaba. ¿Podía ser de otro modo? Sus fundadores, jóvenes, entusiastas y llenos de confianza en sí mismos, no estaban suficientemente equipados de ciencia histórica, de sana filosofía y de sólida teología para afrontar sin peligro los difíciles problemas sociales hacia los que eran arrastrados por su actividad y su corazón, y para precaverse, en el terreno de la doctrina y de la obediencia, contra las infiltraciones liberales y protestantes».

Podría decirse que durante, e incluso antes del Concilio, se produjo algo parecido. Todos esos liberales son, por supuesto, también católicos. Se ven sacerdotes, obispos y hasta cardenales, llenos de buenos sentimientos y deseos, que preconizan con todas las religiones e ideólogos: “¡Que ya no haya discusiones —dicen—, ni discordias, ni luchas! ¡La paz!…” Ese lenguaje parece muy noble pero no son más que palabras vanas: “En nuestra época hay que mostrar una gran caridad, favorecer la unidad de la humanidad, etc.”…

Lo que les falta a todos esos ideólogos es lo que decía San Pío X, es decir, la ciencia histórica, la sana filosofía y la sólida teología. Se han dejado embaucar por ideales que los alejan de la Iglesia. No han sabido resistir a los errores liberales y protestantes.

«Los consejos no les faltaron —escribe el Papa—; tras los consejos vinieron las amonestaciones; pero hemos tenido el dolor de ver que tanto los avisos como las amonestaciones resbalaban sobre sus almas esquivas y quedaban sin resultado».

La descripción que hace el Papa es interesante:

«Resbalaban sobre sus almas esquivas y quedaban sin resultado».

Es lo mismo que sucede actualmente con los católicos liberales. Por más que se les expone la verdad y se les hace ver la realidad, ¡no hay nada que hacer! Hace cinco años que discutimos con los liberales que están en Roma y los ponemos ante la verdad. No responden a nuestras preguntas ni a los problemas que les planteamos. Se escamotean. Todo lo que podemos decirles corre como el agua sobre las plumas del pato: ¡corre pero no cala! Y siempre repiten lo mismo: “¡Sumisión!” Pero ¿sumisión a qué? La situación se ha invertido con relación a la que conoció San Pío X porque ahora son los liberales los que ocupan Roma. Ahora son ellos los que quieren imponer sus ideas y son los tradicionalistas los que parecen desobedientes a la Iglesia, siendo que son ellos los primeros que desobedecen…

Podemos decir que esas personas son sillonistas. Lo que creen, dicen y practican es exactamente todo lo que San Pío X denunció con clarividencia sobre Le Sillon. 

«Nos somos deudores de la verdad a nuestros queridos hijos de Le Sillon, a quienes un ardor generoso ha puesto en un camino tan falso como peligroso. Somos deudores a un gran número de seminaristas y de sacerdotes...»
Los que ahora son obispos y cardenales, y que tuvieron gran influencia en el Concilio, eran seminaristas precisamente en ese momento: el cardenal Gerlier, el cardenal Liénart… y eso sólo para hablar de los franceses.

«...que Le Sillon ha substraído, si no a la autoridad, sí al menos a la dirección y a la influencia de sus obispos; somos deudores, finalmente, a la Iglesia, en la que Le SilIon siembra la división y cuyos intereses compromete».

Luego, el Papa define algunos puntos de la doctrina sillonista que condena:

En primer lugar:  «conviene notar severamente la pretensión de Le Sillon de substraerse a la dirección de la autoridad eclesiástica».

En segundo lugar, Le Sillon
«...impulsado por un amor mal entendido a los débiles, ha incurrido en el error».

Y en tercer lugar,
«...tienen una concepción especial de la dignidad humana... Pero esta dignidad la entiende a la manera de algunos filósofos, de los que la Iglesia está lejos de tener que alabarse».

Primer error: independencia de la autoridad
El Papa da su juicio sobre las diferentes tendencias de Le Sillon, entre las que, en primer lugar, está la de sustraerse a la autoridad eclesiástica.

«Los jefes de Le Sillon, en efecto, alegan que se desenvuelven sobre un terreno que no es el de la Iglesia; que no persiguen más que intereses del orden temporal y no del orden espiritual...».

Buscan el bien de los pobres, de los obreros; el bienestar social…
«...que el sillonista es sencillamente un católico consagrado a la causa de las clases trabajadoras, a las obras democráticas, bebiendo en las prácticas de su fe la energía de su consagración; que ni más ni menos que los artesanos, los trabajadores, los economistas y los políticos católicos, permanece sometido a las reglas de la moral comunes a todos, sin separarse, ni más ni menos que ellos, de un modo especial, de la autoridad eclesiástica».

Evidentemente no se puede tratar de la justicia sin caer en el terreno de la moral y de éste al de la Iglesia.


VIDA Y OBRAS DE MONSEÑOR LEFEBVRE (Continuación de su biografía)


EL DESMANTELAMIENTO DE UN BASTIÓN.






Lille había sido siempre un bastión de la catolicidad romana. Cuando en 1875 Philibret Vrau, hilador de Lille, presento a Pio IX su proyecto de establecer una Universidad Católica, explico al sumo Pontífice: “Nuestra única meta es crear en establecimiento que, inspirándose en las sanas doctrinas de la Iglesia y particularmente en las enseñanzas de su Santidad contenidas en el Sillabus, impregne todas las materias de la enseñanza de los verdaderos principios de la fe.”

Bajo León XIII, los patronos del norte, católicos y monárquicos, apoyados por “La Croix du Nort” y la “Semaine religieusede Cambrai” del canónico Delassus, combatieron a los sacerdotes demócratas Lemire, Six y Bataille (este último había fundado en Roubais en 1893, el primer sindicato obrero cristiano). Pero esos sacerdotes pronto se sintieron confortados por la política de “Ralliment”(adhesión) a la República, solicitada por el Papa. “Le Sillon” (Sus principales errores; Pretende sustraerse a la autoridad de la Iglesia: primer error; Pretende nivelar todas las clases: segundo error;  Sus ideas brillantes en lenguaje vago y equívoco, y la necesidad de juzgarlas. Sus puntos esenciales en particular; 1. La dignidad humana mal entendida: a) por entender una emancipación política, económica e intelectual desmedida;  b) por reclamar un desproporcionado y desordenado poder político, económico y mora del individuo. Para una mayor comprensión de este movimiento consultar la Encíclica Nostre Charge Apostolique de San Pio X)  (Fundado 1873 Por Marc Sagnier quien (periodista y político francés)  reclutó adeptos entre el clero joven que había seguido es política y en los ambientes innovadores de las facultades católicas (Eugene Durtoit, el Padre Thellier de Poncheville). Durante el pontificado de S.S. San Pio X “Le Sillon” fue condenado (1910) y, para seguir de cerca el combate antiliberal se suprimió la Diócesis de Cambray y en su lugar se erigió la de Lille el 25 de octubre de 1913. Al recibir a su clero, Monseñor Charost, saludo a la “ciudad de Lille, que se ilumina por el sol de la verdad integra y rechaza con toda la tenacidad con la cual Dios ha adornado nuestra raza flamenca, el espejismo del falso y decepcionante liberalismo.

Pero la llegada de Benedicto XV estuvo acompañada de un regreso de perniciosas influencias; Monseñor Dellasus se retiró y se habilitó a los Padres Six, y Eugene Duthoit; el primero quedó a cargo de las obras sociales de la diócesis y el otro se hizo cargo de los secretariados del norte. En 1919 Monseñor Charost autorizaba a un párroco de Roubaix, el Padre Debussche,  a promover sindicatos cristianos, porque no se veían otros medios para contrarrestar la acción revolucionaria de la Confederación Nacional del Trabajo.
René Lefebvre deploraba esta nueva orientación liberal; seguía aferrado al principio corporativo y simpatizaba con la Liga de la Acción Francesa, que captaba muchos miembros en los ambientes. No se adhirió, sin embargo, al Comercio de la Industria Textil ni aprobó sus métodos de reducción brutal de salarios, que provocaron huelgas casi insurreccionales de 1919 a 1921, en especial en las fábricas de Turcoing; Eugéne  Mathon, presidente del consorcio, presentó una denuncia en Roma contra los sindicatos obreros cristianos, a los que acusaba de “participación en la lucha de clases”. René Lefebvre también era de la misma opinión, pero se quedó al margen de ese debate, en las cual ambas partes estaban equivocadas.

En esa misma línea de conducta, decidió alejar a su hijo menor de la atmosfera liberal que se introducía también en los seminarios de la diócesis, y ubicar a Marcel en un clima de serenidad y de seguridad doctrinal de Roma, del que disfrutaba su hijo mayor. Monseñor Quilliet, que intentaba mantener la diócesis en su antigua fidelidad al magisterio pontificio, accedió al pedido del industrial y no pudo menos que recomendarle a Marcel que se hiciera bien romano.

SEMINARISTA EN ROMA.

Bajo la égida del Espíritu Santo y del Corazón Inmaculado de María
El ingreso en Santa Chiara, 25 de octubre 1923.

Pese a la ausencia de su hermano, que estaba cumpliendo con su servicio militar y de Robert Leupoutre que había ingresado en el seminario de Annapes, Marcel Lefebvre viajó en compañía  de sus compañeros de colegio, André Frys y Georges Leclercq. Al acercarse a Roma, todos se arrimaban a las ventanillas del tren para divisar la cúpula de San Pedro: “¿Sabía Marcel que le tocaría a  el escribir una página de la historia de esa ciudad a la que, como Dios llamamos eterna”?

En la Vía Santa Chiara nuestros neófitos, introducidos por su ángel de la guarda Henri Fockedey, encontraron frente a la entrada una Virgen de mármol, inclinada y dulce: “Tutela domus” imitando a su ángel, Marcel se arrodilló, algo titubeante, ante esa Señora a la que aprendería a conocer mejor: no salía ni se entraba nunca sin honrarla con un saludo al que ella no dejaba de corresponder, luego Marcel, precedido de su mentor, tomó posesión de su habitación. Posesión era mucho decir, puesto que vivían de a dos: las habitaciones habían sido duplicadas para dar alojo a 220 seminaristas de diferentes regiones y batallones; seminaristas diocesanos, “escolásticos” espiritanos, “canónicos” de Saint Maurice en Valais, etc. Así pues, Marcel compartió su habitación con Georges Picquenard, un año mayor que él, de la diócesis de Leval.

Macel iba y venía por los cuatro pisos del armonioso edificio cuadrado, desde la terraza, dominaba la loggia (en la que aprendió a orientarse en el bosque de cúpulas de la ciudad), hasta el sombrío claustro, bordeado por una hermosa columnata de granito rosa que rodeaba un patio interior, fresco y colorido, en cuyo centro, sobre una fuente inagotable, el Señor mostraba su Sagrado Corazón: In die illa eritfons patens. Al lado de la capilla, corazón de la casa, reunía a los seminaristas en la estrechez de su coro, junto al sencillo altar de mármol blanco y del Corazón Inmaculado de María, refugio de los pecadores.


En el corazón de la Ciudad Eterna

Al día siguiente de su llegada, lo dedico íntegramente a familiarizarse con la ciudad. Los seminaristas fueron a San Pedro, y se encontraron con la majestuosidad misma del edificio, con la decoración y las obras de arte, con los textos fundamentales que adornan el gran friso dorado de las naves de la cúpula, un verdadero tratado De Romano Pontifice.

Encarecidamente recomendamos al lector leer la Carta Notre Charge Apostolique, DONDE San Pio X condena a al movimiento Le Sillon, el texto esta copiado íntegramente de los apuntes de Monseñor Marcel Lefebvre, cuando impartió las clases del Magisterio de la Iglesia en el Seminario de Eccone Suiza allá por los años 1979- 1980.



viernes, 20 de junio de 2014

LAS SOCIEDADES SECRETAS Y LOGIAS MASONICAS EN LA "LLAMADA" INDEPENDENCIA DE AMERICA

         LAS SOCIEDADES SECRETAS Y LOGIAS MASONICAS EN LA "LLAMADA" INDEPENDENCIA DE AMERICA

         Contratapa de DIARIO del URUGAY La República ‑ 10/05/2006
Comentarios resaltados por Don Arturo Ferrés


        
En las trece colonias británicas, las ideas de libertad proclamadas por la Masonería, prendieron fuertemente. Rápidamente las logias de aquel territorio, por aquellos tiempos de composición social muy distinta a las de Inglaterra, se transformaron en el foco y cuartel general de la revolución contra la dominación de la corona británica.

LOS MASONES EN LA INDEPENDENCIA NORTEAMERICANA:
La participación de la masonería llegó a ser decisiva en la independencia de las trece colonias. Que las principales figuras independentistas, fueran masones destacados, y en casi su totalidad, es cosa averiguada. Solamente dos de los firmantes de la declaración de la independencia del 4 de julio de 1776, no lo eran.
He aquí la lista:

New Hampsihre: Josiah Bartlett,Willam Whipple,Mathew Thornton.
Massachusetts: John Hancock, Samuel Adams, Robert Treat Paine, Elbridge Gerry.
Rhode Island: Stephen Hopkins, William Elllery
Connecticut: Roger Sherman, Samuel Huntington, William Williams, Oliver Wolcott
New York: William Floyd, Philip Livingston, Francis Lewis, Lewis Morris
New Jersey: Richard Stockton, John Witherspoon, Francis Hopkinson, John Hart, Abraham Clark.
Pennssylvania: Robert Morris, Benjamin Rush, Benjamin Franklin John Morton, George Clymer, James Smith, George Taylor, James Wilson, George Ross
Delaware: Caesar Rodney, George Read, Thomas McKean
Maryland: Samuel Chase, William Paca, Thomas Stone, Charles Carrol.
Virginia: George Whyte, Richard Henry Lee, Thomas Jefferson, Benjamin Harrison, Thomas Nelson, Francis Lightfoot Lee, Carte Braxton.
North Carolina: William Hooper, Joseph Hewes, John Penn
South Carolina: Edward Rutledge, Thomas Heyward, Thomas Lynch Arthur Middleton
Georgia: Button Gwinnett, Lyman Halt, George Walton

Aparte de la declaratoria del 4 de julio, hubo un Acta de la misma. Los masones firmantes de esta Acta, fueron: Ellery, Franklin, Hancokc, Hewes, Hooper, Paine, Stockton, Walton y Wipple. También lo fueron los trece delegados que firmaron los artículos de la Confederación.
Los congresistas que ratificaron estos actos, eran igualmente miembros de la Masonería, como también, los altos mandos de los ejércitos que combatieron a las tropas británicas.
Al proclamar la independencia, el Congreso reunido en Philadelfia nombró a tres destacados masones: John Adams, Benjamin Franklin y Thomas Jefferson, la confección del sello oficial del nuevo estado. Jefferson propuso una imagen que representaba al pueblo de Israel marchando hacia la Tierra Prometida, Franklin proyectó una alegoría en la que aparecía Moisés conduciendo a los israelitas a través del mar Rojo. John Adams, se inclinó por la mitología griega y presentó un Hércules.

Documento revelador. Está clarísimo el espíritu que animó a estos sabios, que salidos del medio de la Cristiandad, se olvidan de lo esencial de la finalidad de la vida humana, y comienzan a fundar la Ciudad Terrena.

San Agustín dice: Hay dos amores opuestos en esta vida: el amor a Dios hasta el desprecio de sí mismo, que funda la Ciudad Celestial, y el amor de sí mismo, hasta el desprecio de Dios, que funda la Ciudad Terrena.

Sigue el texto de La República ..

A las propuestas realizadas se les fueron añadiendo las de sucesivos comités, hasta que se aprobó el diseño definitivo propuesto por el secretario del Congreso Charles Thompson ‑ maestro masón de una logia masónica de Filadelfia, cuyo V:M: era R:H:Benjamin Franklin.

LIBERTAD IGUALDAD FRATERNIDAD: durante la revolución norte-americana se considera que se usó por primera vez con un sentido político el trilema masónico, que será luego adoptado a través de los franceses como lema principal de su revolución y en su futuro escudo, al estallar ésta, pocos años más tarde, el 14 de julio de 1789.

En la independencia de las trece colonias, tuvo un papel no sólo por ser uno de los generales más destacados del ejército de los insurrectos, sino que fue el gran artífice del intercambio y correspondencia masónicos entre norteamérica y Francia, nos referimos a Marie Joseph Yves Roch Gilbert Motier más conocido como marqués de La Fayette.

Se dice que La Fayette, fue quién inició en la francmasonería a Francisco de Miranda, y también, que la esposa de Lafayette obsequió un mandil masónico a George Washington bordado a mano por ella misma, el cual utilizó cuando juramentó como presidente de las trece colonias y en la colocación de la primera piedra fundamental del Capitolio.
En esta ocasión, no hablaremos del rol que jugó la masonería en la Revolución Francesa.

LOS PADRES DE LAS FUTURAS NUEVAS NACIONES: 
George Washington, Benjamin Franklin, Juan Pablo Vizcardo y Guzman, Pablo de Olavide, Francisco Miranda, Andrés Bello Lopez, José de San Martin, Servando Teresa de Mier, [Mexico] Joaquin Olmedo [Ecuador]; Simón Bolívar, Antonio de Sucre, Hipólito Unanue, Faustino Sanchez Carrión, Juan Manuel Iturregui . Eran considerados los padres de las futuras nuevas naciones. Todos ellos masones; también fueron las mentes que planearon e iniciaron las revoluciones e independencia de las colonias más importantes de toda América.

LA GRAN REUNIÓN AMERICANA
En el siglo XVIII en Londres se crea la primer asociación política secreta bajo el nombre de la gran reunión americana, dónde se inició y afilió un buen número de los futuros "llamados" próceres sudamericanos, fueron patrocinadores de ella Miranda, O'Higgins, Bello, Mariño Rocafuerte Olmedo, Caro, entre otros.‑ Se indica que los dos libertadores Q:H: Simón Bolívar y el R:H: José de San Martin prestaron juramento ante esa "asociación", que consistía en hacer realidad la causa de la emancipación americana.
Raro, ¿no? que estos señores hayan jurado en Londres destruir su Patria, y hoy los ensalcemos como los próceres americanos. ¡Todos traidores! Hoy nos quejamos por el dominio de la “Citi” y del Imperio Capitolino.

Sigue el texto:

Tenemos que tener presente que las sociedades secretas americanas, si bien revestían todas las formas de la logias masónicas, sólo tenían de tales, los signos, las fórmulas, los grados y los juramentos. 
¡Qué frase más sibilina! ¿Quieren decir que no tenían gobierno? ‑ Más razón para acusar a los próceres de plena traición. Obedecían a una sociedad secreta disolvente de su Patria

Sigue el texto:

A su vez, en Madrid se funda la filial de la GRA con la conexión de llevar la denominación de Junta de Ciudades y Provincias de la América Meridional; y en Cadiz, por iniciativa del Q:H: Bernardo O'Higgins, se crea otra que se llamará Sociedad de Lautaro. O'Higgins escogió Cadiz para sus propósitos, por ser el puesto marítimo más frecuentado en aquella época, por los criollos americanos, logrando consolidar rápidamente su agrupación.
Sobre la Logia Lautaro, la nominación no fue acaso, sino que fue una palabra simbólica masónica, cuyo significado no era guerra a España, sino expedición a Chile, secreto que sólo se revelaba a los iniciados al tiempo de jurar el compromiso de adherirse y consagrarse a ese fin. La logia Lautaro creada en Buenos Aires en el año 1812, por San Martin y Alvear, contando con Chilavert, Zapiola, Holmberg, Pueyrredón, Posadas y siendo Alvear, su primer venerable maestro; realizándose otras fundaciones similares en el interior, su influencia se extenderá a los márgenes de Chile y Perú, Bolivia y la Banda Oriental.
La ideología mayoritaria de sus miembros tendía a la formación de un gobierno unitario, republicano y con el poder ejecutivo ejercido en forma personal; este objetivo se oponía a los federales que preconizaban gobiernos republicanos regionales al modo de los USA.

LA LOGIA INDEPENDENCIA Y EL DIRECTORIO DE LOS SIETE:

El antecedente inmediato que encontramos en el Rio de la Plata es del año 1795 en Buenos Aires, con el nombre de logia Independencia, constituyéndose en la primer organización regular bajo los auspicios de la Gran Logia Escocesa de Francia denominada luego: Gran Oriente de Francia. De ella participaba casi toda la juventud criolla y a su frente figuraban Mariano Moreno, Paso, Belgrano, Castelli y Martin Rodriguez. Su objetivo estaba orientado a lograr la independencia americana. Siendo una derivación de ella, el directorio de los Siete, del cual Mariano Moreno era secretario. Su apoyo político se basaba en los regimientos patricios que comandaba Saavedra. A la acción de esta logia y a su presión se debió el pronunciamiento del Cabildo abierto del 25 de mayo de 1810, verdadero golpe de estado de los patriotas. Al producirse las invasiones inglesas en 1807, el cuerpo irlandés de ocupación Nº 47 funda la logia Montevideo Nº 192,  produciéndose la primer iniciación de un montevideano, Miguel Furriol... Fin del texto de La República
        
COMENTARIOS:
Dicen que Carlyle escribió lo siguiente: Inglaterra con India o sin India, da lo mismo; pero Inglaterra sin Shakespeare es nada. Qué muestro con esto, sino que hay ingleses e ingleses. De un inglés D.B.Wyndham Lewis, nos ha llegado este comentario sobre la conquista española: Charles of Europe ‑ Colección Austral de Espasa Calpe Argentina;

 ‑ El texto comienza así: "Ya va tardando en llegar la < > que fue, en cierto modo creada por una vaga sensiblería sin objeto y que le es ofrecida una y otra vez a la humanidad, por buen número de grandilocuentes aduladores modernos. Los discípulos de aquel crítico de Robespierre, tienen hoy razones para repetir, haciéndole eco, sus palabras: “Avec ton Aurore Suprême, tu commences a m'embetèr".‑ Y en la pág.116, podemos leer "Carlos V se apoyó en los proyectos humanitarios de las Casas, habiendo coincidido desde un principio con Paulo III. El deseo primordial de Carlos era la conversión del Nuevo Mundo al cristianismo; colonización y comercio, venían muy en la zaga de su estimación


Las expediciones de Cortés a México y de Pizarro al Perú, fueron emprendidas con ese objeto primordial; las carabelas transportaban ardientes misioneros y navegaban bajo el signo de la Cruz. Si el comportamiento de los conquistadores está, en su mayoría en oposición, a la misión que llevaban, no puede extrañar, que siendo lo que es la naturaleza humana, estos soldados, toscos y rapaces, lejos de la autoridad de España y enfrentados con montañas de oro y un enemigo feroz, demostrasen avaricia y crueldad en equivalente proporción. Los conquistadores fueron un puñado de hombres, alejados de todo posible auxilio, mantenidos sólo por la espada y la pólvora, frente a hordas salvajes y guerreras. Cualquier soldado español capturado vivo por los aztecas, sabía perfectamente, cual fuera su destino: estirado y completamente desnudo sobre la piedra de los sacrificios del templo de Tenochtitlan y rodeado de feroces sacerdotes emplumados, que pronunciaban interminables salmos, aguardaba el último instante, en que el sacerdote encargado del sacrificio, se precipitaba sobre él, con un gran cuchillo obsidiano, desgarrando su cuerpo tembloroso, para ofrecerlo al dios azteca, y devorarlo después. Pero, luego de la conquista, llegó la paz y el orden y en ello intervino firmemente Carlos III"
       


Una confirmación de este espíritu de la Conquista relatado por este inglés, es fácil de verla en la historia del Inca Garcilaso que ido a Europa, peleó en las guerras de Italia como un español más; y aun más claro en la historia peruana de la siguiente generación; pues gobernando Felipe II, llevó a los hijos del Inca a formarlos en España, para devolverles el Imperio, una vez hubiera avanzado la evangelización. Luego los envió de retorno al Perú. El Virrey del Perú, a quién se los envió para completar su formación, los mató por ambición propia, y vuelto a España, fue al Escorial a ver a Felipe. Éste le increpó: "te envié los hijos del Inca para que los terminaras de educar, y tu los mataste".‑ 

Y ahí mismo, cayó el otro muerto.‑ Esta fuerza de orden, fue rota en el 1810 por nuestros masones libertadores, todos seguidores de la quimera de la <>. Podemos decir en descargo de San Martin; que había jurado en la logia de Londres por ambición, pero llegado a su triunfo, había aprendido algo, tuvo dos grandes mociones de buen sentido: en el Congreso de Tucuman propició la idea de rearmar el imperio con el Inca por cabeza. La otra fue en Punchauca, dónde pactó con el Virrey La Serna la paz con España en buenas relaciones; ésta segunda, le costó el ostracismo, pues el V:H: Valdez se le opuso, y Bolívar, en Guayaquil, lo traicionó, como masones que eran. El relato de los hechos por La República, la exposición que antecede, y la crisis de la Iglesia en nuestros días, dan una clara idea sobre el momento que vivimos.


Don Arturo Ferrés