Hemos tenido papas liberales; el primer Papa liberal, aquél que se reía de los "profetas de desgracia", convocó al primer concilio liberal de la historia de la Iglesia. Las puertas del redil fueron abiertas y los lobos penetraron hasta la majada y degollaron a la ovejas. Vino el segundo Papa liberal, el Papa de la doble faz, el Papa humanista; derribó el altar, abolió el sacrificio, profanó el santuario. Llegó el tercer Papa liberal, el Papa de los derechos del hombre, el Papa ecumenista, el Papa de las Religiones unidas y se lavó las manos y cubrió sus ojos antes tantas ruinas, para no ver las llagas sangrientas de la Hija de Sión, las heridas mortales de la Esposa inmaculada de Jesucristo.
Por mi parte, no me resignaré; no asistiré a la agonía de mi Madre, la Santa Iglesia, con los brazos caídos, no soy pesimista porque al final de esta lucha el Corazón Inmaculado de María triunfará; por eso, mientras ellos destruyen, nosotros tenemos la felicidad de construir, participamos en la reconstrucción de la Iglesia para la salvación de las almas.
Mons. Marcel Lefebvre.
