sábado, 3 de octubre de 2020

MONSEÑOR LEFEBVRE Y SANTA TERESITA

 


“Haced penitencia”. La penitencia no es sino unir nuestros
sufrimientos a los de Nuestro Señor. Si no, nuestra vida no
tiene ningún sentido. En esto consiste la profundidad y la
hermosura de nuestra fe católica. De este modo, incluso en las
pruebas y en el sufrimiento, los católicos tienen la sonrisa en los
labios. Tienen la alegría en el corazón porque saben que su
sufrimiento sirve de algo.

Ante la prueba, sabemos lo que tenemos que hacer. Si mañana
tenéis que guardar cama en un hospital o si tenemos que ir a una
clínica, si mueren nuestros parientes, o si somos abandonados, la
Cruz de Jesús está siempre ante nuestros ojos. “Lleva tus
sufrimientos! ¡Lleva tu Cruz! ¡Sígueme! ¡No abandones tu Cruz!
¡No arrojes la cruz que te doy para que la lleves! ¡Sígueme! Y
siguiéndome, ¡tendrás la vida eterna y salvarás al mundo entero!
Santa Teresita del Niño Jesús en su Carmelo salvó a millones de
almas. ¡Qué hermosa es nuestra Santa religión católica!

Todas las generaciones de esos padres y madres santos que
sufrieron cristianamente y aceptaron sus sufrimientos con alegría,
siendo un ejemplo para sus hijos, entendieron bien que es la vida
cristiana. Soportaron sus sufrimientos y sus dolores con Nuestro
Señor Jesucristo. Por eso, esas generaciones de familias cristianas
dieron vocaciones. Las vocaciones nacieron del ejemplo de sus
padres. Vieron a sus padres vivir con Nuestro Señor Jesucristo y
rezar con Él, asistir al santo sacrifico de la misa con esa fe y con esa
piedad, ofreciéndose en oblación como víctimas con Nuestro Señor
Jesucristo.


Monseñor Marcel Lefebvre,

La Misa de Siempre,
pág. 102-104