martes, 1 de septiembre de 2020

LA ENTREVISTA PROHIBIDA AL ARZOBISPO MARCEL LEFEBVRE

NOTA ORIGINAL DE UT QUIS FIDELES. Es muy triste y lamentable que la Fraternidad, desde la muerte de Mons. Lefebvre hasta nuestros días, haya seguido el camino contrario al de su fundador, pues ni remotamente se ve un retorno de la Roma modernista actual a la tradición bimilenaria de la Iglesia de siempre ni mucho menos una defensa firme de la fe de siempre. Una obstinación de los superiores de la congregación en tratar con esta Roma modernista que “excomulgó” al fundador no la podemos imputar a una ingenua ignorancia, sino a una complicidad culpable y deplorable dejando de lado su liberalismo recalcitrante fríamente premeditado plagado del globalismo tan hartamente promovido por la Roma moderna.

Mons. Lefebvre menciona lo siguiente cuando se le pregunta acerca de los Cardenales y Obispos que lo apoyan, pero que, pero por el momento desean permanecer en el anonimato. En esta posición están varios sacerdotes en la actual Fraternidad, no están de acuerdo en los procedimientos de sus superiores en relación a Roma, pero tienen miedo de perder una posición que piensan puede serles útil en un momento posterior. Y ¿cuando llegara ese momento posterior? ¡Qué paradoja tan espantosa! porque de la misma manera pensaron tanto Cardenales, como Obispos y sacerdotes, pero, una vez muertos, nada pudieron hacer para hacer volver a la tradición a la Roma actual que descaradamente es mucho mas modernista que antes. No se sinceramente que dirán a Nuestro Señor el día que se presenten ante Él? Mons. Marcel Lefebvre muchas veces nos llegó a decir: “No quiero que el día de mi juicio Nuestro Señor me diga: HAS CONTRIBUIDO A DESTRUIR MI IGLESIA” 
No tener en cuenta esa acusación de nuestro Salvador en ese momento crucial para nuestra salvación es verdaderamente TEMERARIO.

MONS. MARCEL LEFEBVRE
NOTA. Está entrevista al Arzobispo Marcel Lefebvre la hubiera publicado la revista Catholic Press en 1978 si la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos no hubiese amenazado a su editor con la excomunión.

Catholic Press: Vd. ha debatido y tomado parte en las deliberaciones del Concilio Vaticano II, ¿cierto?

Mons. Lefebvre: Sí.

Catholic Press: ¿No firmó ni aceptó las decisiones de este Concilio?

Mons. Lefebvre: No. En primer lugar, yo no he firmado todos los documentos del Vaticano II a causa de las dos últimas actas.
El primero, respecto a la “Religión y Libertad” (“La libertad religiosa”, que será publicado como «Dignitátis Humánæ») no lo firmé. Tampoco firmé el otro, el de “La Iglesia en el mundo contemporáneo”. Este segundo documento es, según mi opinión, el más inspirado por el modernismo y el liberalismo.

Catholic Press: ¿Vd. es conocido no solo por no firmar los documentos, sino por oponerse públicamente a ellos?

Mons. Lefebvre: Sì. En un libro que he publicado en Francia acuso al Concilio de errores sobre estas resoluciones, y he suministrado todos los documentos con los cuales ataco la posición del Concilio, principalmente las dos resoluciones sobre las cuestiones de la libertad religiosa y de “La Iglesia en el mundo contemporaneo” (Constitución Conciliar «Gaudium et Spes»). (Nota._ este libro lo tengo en mi poder no impreso sino escrito a mano y estoy trabajando para pasarlo a este tipo de letra.)

Catholic Press: ¿Por qué Vd. está contra estas deliberaciones?

Mons. Lefebvre: Porque estas dos decisiones son inspiradas por una ideología liberal tal cual la describieron los Papas de siempre, vale decir, una libertad religiosa entendida y promovida por los Masones, los humanistas, los modernistas y los liberales.

Catholic Press: ¿Qué objeta de ellos?

Mons. Lefebvre: Esta ideología dice que todas las culturas son iguales, todas las religiones son iguales, y que no existe una única fe verdadera Todo esto conduce al abuso y al error que es la libertad de pensamiento. Todos estos errores sobre la libertad, que han sido condenados en todos los siglos por todos los Papas, ahora han sido aceptados por el Concilio Vaticano II.

Catholic Press: ¿Quién puso estas decisiones particulares en el orden del día?

Mons. Lefebvre: Creo que fueron algunos de los cardenales, asistidos por peritos teólogos, que adhieren a las ideas liberales.
cardenal Agustín Bea

Catholic Press: ¿Quiénes, por ejemplo?

Mons. Lefebvre: El cardenal [Agustín] Bea (jesuita alemán), el cardenal [Leo] Suenens (de Bélgica), el cardenal [Josef] Frings de la Alemania, y el cardenal [Franz] König [de Austria]. Estos personajes ya se habían reunido y habían discutido estas resoluciones antes del Concilio, y su preciso objetivo era el de hacer un compromiso con el mundo secular, de introducir las ideas ilustradas y modernistas en la doctrina de la Iglesia.

Card. Leo Suenens
Card. König 

Catholic Press: ¿Quiénes eran los Cardenales estadounidenses que sostenían estas ideas y resoluciones?

Mons. Lefebvre: No recuerdo ahora sus nombres, pero no eran pocos. Aunque, una fuerza importante a favor de estas resoluciones fue el padre Murray.

Catholic Press: ¿Se refiere Vd. al padre John Courtney Murray
(jesuita)?

Mons. Lefebvre: Sí.

Catholic Press: ¿Qué rol desempeñó?

Mons. Lefebvre: Ha desarrollado un papel muy activo en el curso de todas las deliberaciones y en la redacción de estos documentos.

Catholic Press:¿Vd. le puso de presente al Papa[Pablo VI] sus preocupaciones e inquietudes sobre tales resoluciones?

Mons. Lefebvre:He hablado con el Papa. He hablado en el Concilio. Hice tres intervenciones públicas, dos de las cuales deposité en la secretaría. Por tanto había cinco intervenciones contra estas decisiones del Vaticano II. De hecho, la oposición dirigida contra estas decisiones fue tal que el Papa intentó establecer una comisión con el fin de conciliar las partes opuestas en el interior del Concilio. En dicha comisión debían hacer parte tres miembros, uno de los cuales era yo. Cuando los cardenales liberales vieron que mi nombre estaba en esta comisión, fueron a buscar al Santo Padre y le dijeron tajantemente que ni aceptarían esta comisión ni aceptarían mi presencia en ella. La presión sobre el Papa fue tal que renunció a la idea. Yo hice todo lo que estuvo en mi mano para detener estas decisiones, que juzgo contrarias y destructivas para la Fe Católica. El Concilio fue convocado legítimamente, pero fue con el propósito de difundir todas estas ideas.

Catholic Press: ¿Hubo otros cardenales que lo apoyaban a Vd.?
Mons. Lefebvre: Sí. Estaban el cardenal [Ernesto] Ruffini de Palermo, el cardenal [Giuseppe] Siri de Génova y el cardenal [Antonio] Caggiano de Buenos Aires.

Catholic Press: ¿Hubo obispos que lo apoyaban a Vd.?

Mons. Lefebvre: Sí. Muchos obispos sostuvieron mi posición.

Catholic Press: ¿Cuántos obispos?

Mons. Lefebvre: Fueron más de 250 obispos. Incluso ellos se habían constituido en un grupo con el fin de defender la verdadera Fe Católica (el Coetus Internationális Patrum).

Catholic Press: ¿Qué ha sido de todos ellos?

Mons. Lefebvre: Algunos han muerto; otros están dispersos por el mundo; muchos aún me apoyan en su corazón, pero tienen miedo de perder una posición que piensan puede serles útil en un momento posterior.

Catholic Press: ¿Alguno lo sigue apoyando hoy (1978)?

Mons. Lefebvre: Sí. Por ejemplo, el obispo Pintonello de la Italia, y el obispo De Castro Mayer del Brasil. Muchos otros obispos y cardenales a menudo me contactan para expresarme su apoyo, pero por el momento desean permanecer en el anonimato.

Mons. Antonio de Castro Mayer

Catholic Press: ¿Qué hay con los obispos que no son liberales, pero que se oponen a Vd. y lo critican?

Mons. Lefebvre: Su oposición es basada sobre una idea imprecisa sobre la obediencia al papa. Es, quizás, una obediencia en buena fe, que podría ser reconducible a la obediencia de los ultramontanos del siglo pasado, obediencia que entonces era buena porque los Papas eran buenos. Todavía hoy hay una obediencia ciega que tiene poco que ver con la práctica y la adhesión a la verdadera Fe Católica. En este momento es importante recordar a los Católicos de todo el mundo que la obediencia al papa no es una virtud primariaLa jerarquía de la virtud parte de las tres virtudes teologales de la Fe, Esperanza y Caridad, seguida de las cuatro virtudes cardinales de Justicia, Templanza, Prudencia y Fortaleza. La obediencia es un derivado de la virtud cardinal de la Justicia. Por tanto está muy lejos de ser clasificada como la primera en la jerarquía de las virtudes. Algunos obispos no quieren dar la menor impresión de desobedecer al Santo Padre. Yo entiendo cómo se sienten. Es claro que es muy displicente, si no muy doloroso. A mí ciertamente no me gusta estar en la oposición al Santo Padre, pero no tengo otra opción considerando qué viene para nosotros desde Roma en el presente, quien está en oposición a la Doctrina Católica y es inaceptable para los Católicos.

Catholic Press: ¿Sugiere que el Santo Padre acepta estas ideas particulares?

Mons. Lefebvre: Sí. Lo acepta. Pero no solo el Santo Padre. Es una tendencia general. Le he mencionado algunos cardenales involucrados en estas ideas. A más de un siglo, las sociedades secretas, Illuminatis, humanistas, modernistas y otros, de los cuales nosotros tenemos ahora todos los documentos y pruebas, se estaban preparando para un Concilio Vaticano en el cual habían infiltrado sus propias ideas para una iglesia humanista.

Catholic Press: ¿Cree que algunos cardenales podrían ser miembros de tales sociedades secretas?

Mons. Lefebvre: No es una cuestión muy importante, en este momento, si lo fueron o no. Lo que es importante y grave es que, para todos los efectos, ellos actuaron como si fuesen agentes o servidores de sociedades humanistas secretas.



SEGUNDA PARTE DE LA ENTREVISTA


PABLO VI Y JUAN PABLO II

Catholic Press: Según Vd., ¿estos cardenales han adherido deliberadamente a tales ideas o fueron inclinados a informaciones equivocadas o fueron engañados, o una combinación de todo esto?

Mons. Lefebvre: Yo pienso que las ideas humanistas y liberales se difundieron en todo el siglo XIX y XX. Estas ideas seculares fueron propagadas en todos lados, tanto en los gobiernos como en las iglesias. Estas ideas han penetrado en los seminarios y en toda la Iglesia, y hoy la Iglesia se despierta hallándose en una camisa de fuerza liberal. Esto es porque uno se encuentra la influencia liberal, que ha penetrado en todos los estratos de la vida secular en el curso de los últimos dos siglos, hasta dentro de la Iglesia. El Concilio Vaticano II fue planificado por los liberales; era un concilio liberal; el Papa es un liberal y aquellos que lo rodean son liberales.

Catholic Press: ¿Está diciendo que el Papa es un liberal?

Mons. Lefebvre: El Papa nunca ha negado que lo es.

Catholic Press: ¿Cuándo el Papa ha dicho que es un liberal?

Mons. Lefebvre: El Papa ha afirmado en muchas ocasiones que es favorable a las ideas modernistas, favorable a un compromiso con el mundo. Según sus mismas palabras, es necesario “levantar un puente entre la Iglesia y el mundo secular”. El Papa ha dicho que era necesario aceptar las ideas humanistas, que era necesario discutir tales ideas; que era necesario dialogar. En este momento es importante recordar que el diálogo es contrario a la doctrina de la Fe Católica. El diálogo presupone el encuentro de dos partes iguales y opuestas; por tanto, en ninguna manera podría tener nada que ver con la Fe Católica. Nosotros creímos y aceptamos nuestra fe como la única verdadera Fe en el mundo. Toda esta confusión lleva a compromisos que destruyen la doctrina de la Iglesia, para la desgracia de la humanidad y de la Iglesia misma.

Catholic Press: Vd. ha afirmado conocer la razón hodierna del declive de la frecuentación de la iglesia y de la falta de interés ante la Iglesia, que, en base a cuanto ha referido, Vd. atribuye a las decisiones del Vaticano II. ¿Es correcto?

Mons. Lefebvre: No diría que el Vaticano II habría prevenido lo que está sucediendo en la Iglesia actualmente. Las ideas modernistas lo han penetrado todo por mucho tiempo y esto no ha sido un bien para la Iglesia. Pero el hecho es que algunos miembros del clero han profesado tales ideas, vale decir, ideas de libertad adulterada, en esto caso, permisivismo. La idea que todas las verdades son iguales, todas las religiones son iguales, y por consecuencia todas las morales tienen igual dignidad, que toda consciencia es válida a su manera, que cualquiera puede juzgar teológicamente lo que puede hacer, todas estas son ideas humanistas de laxismo total sin alguna disciplina de pensamiento, que conducen a la posición de que cualquiera puede hacer lo que quiera. Todo esto es absolutamente contrario a nuestra Fe Católica.

Catholic Press: Vd. ha dicho que la mayor parte de estos consejeros teológicos y peritos fingen solamente representar la mayoría del pueblo, que en realidad el pueblo no está realmente representado por estos teólogos liberales. ¿Podría explicarlo?

Mons. Lefebvre: Por “mayoría del pueblo” entiendo todas las personas que trabajan honestamente para vivir. Quiero decir las personas con los pies sobre la tierra, las personas de buen sentido en contacto con el mundo real, el mundo venidero. Estas son la mayoría de las personas, que prefieren las tradiciones y el orden al caos. 
Este es un movimiento de todas estas personas en todo el mundo, que está lentamente coagulándose en oposición total a todos los cambios que han sido hechos en su nombre, en su religión. Estas personas de buena voluntad han estado tan traumatizadas por estos cambios dramáticos que ahora son reluctantes a frecuentar la iglesia. Cuando van a una iglesia modernista, ellos no encuentran lo sagrado, el carácter místico de la Iglesia, todo lo que es verdaderamente divino.Lo que conduce a Dios es divino y ellos no encuentran más a Dios en estas iglesias. ¿Por qué deberían ir a un lugar donde Dios está ausente? Los fieles perciben esto muy bien y los cardenales liberales y sus consultores han seriamente subvalorado la lealtad de la mayoría de los fieles a su verdadera Fe. ¿Cómo [alguien] se puede explicar que, ni bien abrimos una capilla o una iglesia tradicional, la gente viene de todos lados? Hemos solo levantado el lugar. 
Las Misas se realizan todo el día para hacer participar a todos los fieles. ¿Por qué? Porque ellos encuentran nuevamente eso que necesitan: lo sagrado, lo místico, el respeto por lo sagrado. Por ejemplo, Vd. pudiera ver esta escena en el aeropuerto: diversas personas yendo hacia los sacerdotes que habían ido allí a recibirme, y agitando sus manos, ¡y eran perfectos extraños! ¿Por qué? Porque cuando las personas encuentran un sacerdote, un verdadero sacerdote, un sacerdote que se comporta como sacerdote, que viste como un sacerdote, inmediatamente son atraídas por él y lo siguen. Esto sucede en los Estados Unidos, sucede en Europa y en todas partes del mundo. Gente en las calles que va a saludar a un sacerdote; vienen de la nada solo para congratularse con él y decirle cuán gozosos están de ver un real sacerdote, para decirle que están dichosos de que aún hay sacerdotes vienen de la nada solo para congratularse con él y decirle cuán gozosos están de ver un real sacerdote, para decirle que están dichosos de que aún hay sacerdotes. 

Catholic Press: ¿Está diciendo que el hábito y la túnica hacen la diferencia en la calidad del sacerdote?

Mons. Lefebvre: Las túnicas y los hábitos son, obviamente, solo un símbolo, pero es por lo que este símbolo representa que las personas son atraídas, no, obviamente, el símbolo mismo.

Catholic Press: ¿Por qué vosotros dais tanta importancia a los rituales de la “Misa Tridentina”?

Mons. Lefebvre: Nosotros ciertamente no insistimos sobre los rituales solo por los rituales, sino solamente como símbolos de nuestra fe. En tal contexto estamos convencidos que son importantes. Sin embargo, es la sustancia y no los ritos de la Misa Tridentina los que han sido removidos.

Catholic Press: ¿Podría ser más específico?

Mons. Lefebvre: Las nuevas oraciones del Ofertorio no expresan la noción católica del sacrificio. Ellas simplemente explican el concepto de una mera participación del pan y del vino. Por ejemplo, la Misa tridentina dirige a Dios la oración “Súscipe, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus, hanc immaculátam hóstiam, quam ego indígnus fámulus tuus óffero tibi Deo meo vivo et vero, pro innumerabílibus peccátis, et offensiónibus, et neglegéntiis meis” (“Recibe, oh Padre Santo, omnipotente y eterno Dios, esta que va a ser Hostia inmaculada y que yo, indigno siervo tuyo, te ofrezco a Ti, mi Dios vivo y verdadero, por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias”). Dice la nueva Misa: “Ofrecemos este pan como el pan de vida”. No hay ninguna mención del sacrificio o de la víctima. Este texto es vago e impreciso, se presta a la ambigüedad y ha sido pensado para que fuese aceptable para los protestantes. Es, sin embargo, inaceptable para la verdadera Fe y la Doctrina Católica. La sustancia ha sido cambiada en favor de la acomodación y del compromiso.



Catholic Press: ¿Por qué le da tanta importancia a la Misa latina en lugar de la Misa en vernáculo aprobada por el Concilio Vaticano II?

Mons. Lefebvre: Por un lado, esta pregunta sobre el latín en la Misa es una cuestión secundaria, bajo algunos puntos de vista.
Pero por otro lado es una pregunta sumamente importante. Es importante porque es un modo de fijar el lenguaje de nuestra Fe, el dogma católico y la doctrina. Es un modo para no cambiar nuestra Fe, porque en las traducciones que afectan las palabras latinas, no se encuentran exactamente las verdades de nuestra Fe como han sido expresadas y encarnadas en el latín. Esto es ciertamente muy peligroso, porque poco a poco se puede perder la misma Fe. Estas traducciones no reflejan las palabras exactas de la Consagración. Estas palabras son cambiadas en el vernáculo.

Catholic Press: ¿Podría darme un ejemplo?

Mons. Lefebvre: Sí. Por ejemplo, en lengua vernácula se dice que la Preciosísima Sangre ha sido derramada “por todos”, cuando en el texto latino (incluso en la última versión latina revisada) se dice que la Preciosísima Sangre es “por muchos” y no “por todos”. Todos es ciertamente diferente a muchos. Esto es solo un pequeño ejemplo que demuestra las imprecisiones de las traducciones actuales.

Catholic Press: ¿Podría citar una traducción que contradiga efectivamente el dogma católico?

Mons. Lefebvre: Sí. Por ejemplo, en el texto latino la Virgen María es llamada “Semper Virgo”, “Siempre Virgen”. En todas las traducciones modernas la palabra “siempre” ha sido eliminada. Esto es muy grave, porque hay una grande diferencia entre “Virgen” y “Siempre Virgen”. Es muy peligroso admitir traducciones de este tipo. El latín es también importante para mantener la unidad de la Iglesia, porque cuando se viaja (y las personas viajan más y más al extranjero cada día), es importante para ellos encontrar el mismo eco que ellos han oído de un sacerdote en casa, sea en los Estados Unidos, Suramérica, Europa, o cualquiera otra parte del mundo. Ellos están en casa en cualquier iglesia (católica). Es su Misa Católica la que se está celebrando. Ellos han siembre escuchado las palabras latinas desde su infancia, sus padres antes de ellos, y sus abuelos antes de ellos. Se trata de un signo que identifica su Fe. Ahora, cuando vamos a una iglesia extranjera, ellos no entienden ni una sola palabra. Los extranjeros que vienen aquí no entienden ni una palabra. ¿Cuál es la ventaja de ir a una Misa en inglés, italiano o español si ninguno puede entender ni una palabra?

Catholic Press: ¡Pero la mayor parte de estas personas no entienden mucho menos el latín? ¿Cuál es la diferencia?

Mons. Lefebvre: La diferencia es que el latín de la Misa Católica siempre ha sido enseñado a través de la instrucción religiosa desde la infancia. Hay escritos varios libros sobre el tema. Ha sido enseñado en el transcurso de los siglos; no es difícil de recordar. El latín es una expresión exacta que ha sido familiar a generaciones de católicos. Cada vez que se encuentra el latín en una iglesia, inmediatamente se crea la atmósfera correcta para la adoración de Dios. Esa es la lengua distintiva de la Fe Católica, que une a todos los católicos del mundo a pesar de su lengua nacional. Ellos no están desorientados o confusos. Dicen: “Esta es la mía Misa, es la Misa de mis padres, es la Misa que hay que seguir, es la Misa de Nuestro Señor Jesucristo, es la Misa eterna e inmutable”. Por tanto, desde el punto de vista de la unidad, es un lazo simbólico muy importante; es un signo de identidad para todos los católicos. Pero se trata de algo de más profundo que un simple cambio de lengua. En el espíritu del ecumenismo, es una tentativa de crear un reacercamiento con los protestantes.

Catholic Press: ¿Qué pruebas tiene de esto?

Mons. Lefebvre: Es muy evidente, porque habían cinco protestantes (efectivamente seis ministros) que asistieron en la reforma de nuestra Liturgia. El Arzobispo de Cincinnati, que estaba presente durante estos trabajos, ha dicho que no solo estos cinco protestantes estaban presentes, sino también que ellos tomaron una parte muy activa en los debates y participaron directamente en la reforma de nuestra Liturgia.

Catholic Press: ¿Quiénes eran estos protestantes?

Mons. Lefebvre: Eran ministros protestantes representantes de distintas sectas protestantes (específicamente las iglesias Anglicana y Luterana, el Consejo Mundial de Iglesias y la Comunidad de Taizé), los cuales fueron llamados por Roma para participar en la reforma de nuestra Liturgia, lo que demuestra claramente que había una intención voluntaria en todo esto. Ellos eran el Dr. A. R. George, el canónigo (Ronald) Jasper, el Dr. (Massey) Sheperd, el Dr. (George) Smith, el Dr. (Frederick) Koneth y el hermano (Max) Thurian. Mons. Bugnini (el principal autor de la nueva Misa) no escondió este intento. Él lo expresó muy claramente. Dijo: “Nosotros haremos una Misa ecuménica, así como habíamos hecho una Biblia Ecuménica”. Todo esto es muy peligroso porque es nuestra Fe la que es atacada. Cuando un protestante celebra la misma Misa como la hacemos nosotros, él interpreta el texto en un modo diverso, porque su fe es diversa.
Consecuentemente, es una Misa ambigua. Es una Misa equívoca. No es más una Misa Católica.

Catholic Press: ¿A cuál Biblia ecuménica se está refiriendo?
Mons. Lefebvre: Hay una Biblia ecuménica hecha hace dos o tres años que ha sido reconocida por muchos obispos. Yo no sé si el Vaticano la había aprobado públicamente, pero ciertamente no le sorprendería, porque se usa en muchas diócesis. Por ejemplo, hace dos semanas el obispo de Friburgo, en Suiza, ha tenido pastores protestantes que han explicado esta Biblia ecuménica a todos los niños de las escuelas católicas. Estas lecciones eran las mismas para católicos y protestantes. ¿Qué tiene que ver esta Biblia ecuménica con la Palabra de Dios?. La Palabra de Dios no puede ser cambiada, todo esto conduce siempre más a confusión.

Cuando pienso que el arzobispo de Houston, Texas, no admite los niños católicos a la confirmación si no van con los padres a seguir un curso de instrucción de 15 días dictado por el rabino local y por el ministro protestante… Si los padres se rehúsan a enviar a sus niños a tales instrucciones, ellos (los niños) no pueden ser confirmados. Ellos deben exhibir un certificado firmado por el rabino y por el ministro protestante que ambos padres y los niños han asistido debidamente a la instrucción, y solo entonces (los niños) pueden ser confirmados por el obispo.

Estas son las absurdidades a las que se llega cuando se sigue la senda liberal. No solo ellos, sino que ahora se recurre también a budistas y musulmanes. Muchos obispos están sorprendidos cuando el representante papal fue recientemente recibido en manera vergonzosa por los musulmanes.
Estas son las absurdidades a las que se llega cuando se sigue la senda liberal.

Catholic Press: ¿Qué sucedió?

Mons. Lefebvre: No recuerdo todos los detalles específicos, pero este incidente sucedió en Trípoli, en Libia, donde el representante del Papa (Sergio Pignedoli, Presidente de la Secretaría para los no cristianos) ha querido orar con los musulmanes. Los musulmanes rechazaron esto y se fueron a otro lado a rezar a su manera, dejando al representante solo, no sabiendo qué hacer. Esto demuestra la ingenuidad de estos “católicos liberales” que piensan que es suficiente ir a hablar con estos musulmanes para inmediatamente aceptar de ellos un compromiso de la propia religión. El solo hecho de querer tener para tal fin una estrecha relación con los musulmanes atrae el desprecio de ellos hacia nosotros. Es una realidad que los musulmanes no cambiarán nada de la su religión; es absolutamente fuera de discusión. Si los católicos van a equiparar nuestra religión con la de ellos, ellos obtendrán solo confusión y desprecio de parte suya, que interpretan esto como un atentado de desacreditar a su religión y no preocuparse de nuestra religión. Ellos son de lejos más respetuosos con aquellos que dicen: “Soy un Católico; no puedo rezar contigo porque no tenemos las mismas creencias”. Esta persona es más respetada por los musulmanes en comparación a quien sostiene que todas las religiones son iguales, que todos creemos en lo mismo, que todos tenemos la misma fe. Ellos se sienten insultados por esto no puedo rezar contigo porque no tenemos las mismas creencias”.


Catholic Press: ¿Pero el Corán no contiene versos conmovedores de encomio hacia Jesús y María?

Mons. Lefebvre: El Islam acepta a Jesús como profeta y tiene un gran respeto por María, y esto pone ciertamente al Islam más cerca a nuestra religión que, por ejemplo, el Judaísmo, que es mucho más lejano a nosotros. El Islam ha nacido en el siglo VII y ha tomado ventajas, hasta cierto punto, de las enseñanzas cristianas de aquel tiempo. El Judaísmo, al contrario, es el heredero del aparato que ha crucificado a nuestro Dios, y los miembros de esta religión, que no se han convertido a Cristo, son los que están opuestos radicalmente a nuestro Dios Jesucristo.
Para ellos no es una cuestión cualquiera reconocer a Nuestro Señor. Sobre este punto ellos están en contraposición a la fundación y existencia de la verdadera Fe Católica. Con todo, no podemos estar a medias aguas. O Jesucristo es el Hijo de Dios y el Señor y Salvador, o no lo es. Se trata de un caso donde no se puede tener el mínimo compromiso sin destruir el fundamento mismo de la Fe Católica. Esto no vale solo para las religiones que son directamente contrarias a la divinidad de Jesucristo como Hijo de Dios, sino también para las religiones que, sin oponerse a Él, no Le reconocen como tal.

Catholic Press: ¿Por tanto Vd. es muy seguro y dogmático sobre este punto?

Mons. Lefebvre: Completamente dogmático. A modo de ejemplo, los musulmanes tienen un modo muy diverso del nuestro de concebir a Dios. Su concepción de Dios es muy materialista. No es posible decir que su Dios es el mismo Dios nuestro.

Catholic Press: ¿Pero Dios no es el mismo Dios para todas las personas del mundo?

Mons. Lefebvre: Sí, yo creo que Dios es el mismo Dios para el universo entero, según la Fe de la Iglesia Católica. Pero la concepción de Dios difiere notablemente de religión a religión.
Nuestra Fe Católica es la sola y única verdadera Fe. Si Vd. No adhiere plenamente a ella, no se puede profesar como católico.
Nuestra Fe no podemos comprometerla en modo alguno con el mundo. El Dios según los musulmanes dice: “Cuando entréis al Paraíso, seréis cien veces más rico de lo que sois ahora sobre la tierra. Esto vale también para el número de mujeres que tenéis aquí en la tierra”. Esta concepción de Dios está demasiado lejos de la de nuestro Dios y Salvador.

Catholic Press: ¿Por qué Vd. da más importancia al Papa San Pío V que al Papa Pablo VI? Después de todo ambos son Papas (sic). ¿No acepta la doctrina de la infalibilidad papal? ¿Piensa que esta doctrina valga más para el uno que para el otro?

Mons. Lefebvre: Constato por una parte que el Papa San Pío V ha querido comprometer su infalibilidad, porque ha usado todas las condiciones que todos los papas han usado tradicionalmente y generalmente cuando han querido manifestar su infalibilidad. Por otra parte, el Papa Pablo VI dice, él mismo, que no ha querido usar su infalibilidad.

Catholic Press: ¿Cuándo ha indicado esto?

Mons. Lefebvre: Él ha indicado esto al no comprometer su infalibilidad sobre cualquier cuestión de fe, contrariamente a cuanto han hecho todos los otros papas en toda la historia.
Ninguno de los decretos del Concilio Vaticano II fue publicado con el peso de la infalibilidad. Además, él nunca comprometió su infalibilidad en relación a la Misa. Cuando él (Pablo VI) decidió permitir que esta nueva Misa fuera impuesta fraudulentamente a los fieles, nunca empleó los términos que fueron utilizados por el Papa San Pío V. Yo no puedo comparar los dos actos promulgatorios porque son completamente diferentes entre sí.

Catholic Press: ¿El Papa Pablo VI ha dicho que no cree en la infalibilidad papal?

Mons. Lefebvre: No. En verdad nunca ha dicho esto categóricamente. Pero Pablo VI es un liberal y no cree en la fijeza de los dogmas. Él no cree que un dogma deba permanecer inmutado para siempre. Él está a por la evolución de éstos según los deseos de los hombres. Él está a por los cambios que tienen origen en las fuentes humanistas y modernistas, y es por esto que tiene tantos problemas para fijar una verdad para siempre. De hecho, es reacio para hacerlo tan personalmente y se pone muy mal cada vez que estos casos se presentan. Esta actitud refleja el espíritu modernista. El Papa (Pablo VI), hasta hoy, nunca ha comprometido su infalibilidad en materia de Fe y de Moral.

Catholic Press: ¿Ha afirmado el Papa mismo ser un liberal o modernista?

Mons. Lefebvre: Sí. El Papa ha manifestado esto en la misma naturaleza no dogmática del Concilio. También lo ha afirmado claramente en la su encíclica “Ecclésiam suam”. Él ha declarado que no quería que sus encíclicas definiesen las cuestiones, sino que deseaba que fuesen aceptadas como consejo y pudiesen llevar a un diálogo. En su Credo (el “Credo del pueblo de Dios”, promulgado a la clausura del Año de la Fe de 1968), dice que no quería empeñar su infalibilidad, lo que muestra claramente cuáles son sus enseñanzas.

Catholic Press: ¿Vd. piensa que esta evolución ante el diálogo le permite estar en desacuerdo con el Papa?

Mons. Lefebvre: Sí. Desde el punto de vista liberal ellos deberían, coherentemente, permitir este diálogo. Cuando el Papa no usa su infalibilidad en materia de Fe y de Moral, se está mucho más libre de discutir sus palabras y los sus actos. Desde mi punto de vista, yo estoy obligado a oponerme a esto que ha sucedido, porque subvierte las bimilenarias enseñanzas infalibles de los Papas. Sin embargo, yo no soy favorable a similares discusiones, porque no se puede seriamente discutir sobre la verdad de la Fe Católica. De ahí que esto es verdaderamente un diálogo inverso, al cual soy constreñido.