sábado, 11 de mayo de 2019

NUESTRO CORAZÓN ES UN ALTAR



   Nuestro corazón es un altar. La víctima colocada sobre este altar son nuestras malas inclinaciones. La espada para matar esta víctima es el espíritu de sacrificio y de inmolación; el fuego sagrado que día y noche debe arder sobre él, es el amor a Jesucristo; el soplo vivificante y fecundo que inspira y mantiene este fuego sagrado del amor es la Eucaristía.

   Regocijémonos en nuestras tribulaciones y midamos nuestra grandeza venidera por nuestras amarguras presentes y por la dificultad de nuestra prueba.

   Unos instantes todavía y todo lo que debe terminar habrá terminado; todavía algunos esfuerzos y habremos llegado al fin; todavía algunos combates y tocaremos la corona; todavía algunos sacrificios y nos encontraremos en Jerusalén, donde el amor es siempre nuevo y donde no habrá otro sacrificio que la alabanza y el gozo. 

   Se acerca el tiempo en que sonará la hora suprema de la partida y en la que el celestial Esposo, a quien hemos amado y servido, nos dirá: Pasa, ven a mí, entra en la felicidad y en el reposo eterno.  
   ¡Que así sea!

El Fin del Mundo y los Misterios de la Vida Futura
Charles Arminjon
(1824-1885)