jueves, 23 de mayo de 2019

MARTIR CARDENAL ALOJZIJE STEPINAC

NdB: Presentamos breve resumen de la vida heroica, del gran defensor de la Fe, de la Iglesia Católica y de Cristo; nos referimos  al Cardenal Stepinac. Que su ejemplo nos sirva para enardecer el espíritu, defender la Fe y Doctrina Católica como este gran paladín de la Iglesia. 
Hoy mas que nunca nos viene a bien recordar su heroísmo, ya que en estos tiempos algunos "paladines" de la Tradición (SSPX) hacen amigos con el enemigo irreconciliable de Cristo (secta modernista). Hay otros falsos paladines, como los son la Falsa Resistencia, que cuenta con 4 obispos flamantes que se ocupan mas del control de fieles, que de atacar los errores de Francisco y sus huestes modernistas. Estos falsis fratribus no van a comprometer sus posturas cómodas defendiendo públicamente la Fe.



El beato y martir croata, Cardenal Alojzije Stepinac, nació el 8 de mayo de 1898  en un pequeño pueblo de Croacia llamado Krašić. Sus padres, campesinos humildes, lo educan en la verdad y en el amor a la vida. Cuando era aún joven, Alojzije, decide consagrar su vida al servicio de Dios. Los tiempos no eran fáciles. Europa había pasado la primera Guerra Mundial y todos conocían el hambre, la desolación y la pérdida de los valores fundamentales.

El 26 de octubre de 1930, a los 32 años de edad, Stepinac es ordenado sacerdote en Roma. Tan solo 4 años después, es consagrado Arzobispo, con derecho a la sucesión para la ciudad de Zagreb. Así se convirtió en el Arzobispo mas joven de toda la Iglesia en el mundo. Ese cargo lo asumió por mérito propio. Tenia 36 años pero se destacaba por defender los derechos de todos los que sufrían, sin importarle su religión, su bandera, o color de piel.

También se destacó como defensor de su patria, atacada por todos los frentes y todos los sectores. Durante la cruenta Segunda Guerra Mundial, protegió a los perseguidos y necesitados, levantando la voz cuando había una injusticia, sin preocuparle las consecuencias.

Dar de comer a las familias de su tierra castigada por el hambre, por defender su territorio, fue una preocupación de este hombre de Dios, pero que también conocía las necesidades de los hombres.
En mayo de 1945, ya terminada la Guerra Mundial, su nación fue incorporada por la fuerza a Yugoslavia, aboliendo todos los derechos humanos y obligándolos a renunciar a sus creencias.

Para dominar a este pueblo Croata fiel a su religión, el Mariscal Tito le propone a Stepinac, que gozaba de gran prestigio, que se separe de Roma y forme una nueva iglesia.. Le pide que forme la “Iglesia Nacional”, dependiente de la autoridad comunista, dándole poderes y riquezas. Pero no pudo tentar a un hombre íntegro desde la cuna y que había jurado fidelidad al Papa.

No pudieron doblegarlo y tampoco pudieron callarlo ya que seguía denunciándolos públicamente.
Pronto comienza la persecución religiosa y el Arzobispo Stepinac carga sobre sus hombros la defensa del rebaño católico a él confiado, permaneciendo firme en la defensa de “los derechos divinos de la Iglesia” y denunciando públicamente el asesinato de sacerdotes por militantes comunistas.
El 22 de septiembre de 1945, siendo presidente de la Conferencia Episcopal yugoslava, inspira la carta pastoral colectiva de los Obispos en la que se declara que la Iglesia no puede y no debe renunciar a “la plena libertad de la prensa católica, la plena libertad de las escuelas católicas, la plena libertad para enseñar el catecismo en los cursos básicos y medios, la plena libertad para las asociaciones católicas y para su acción caritativa, la plena libertad de la persona humana y el respeto de sus derechos inalienables, el pleno reconocimiento del matrimonio católico y la restitución de todas las instituciones y propiedades de la Iglesia expropiadas”.

El régimen comunista teme a la gigantesca figura moral de Mons. Stepinac y evita en un primer momento un choque frontal, optando por lanzar una larga campaña de difamación a través de los medios de comunicación y de hostilidad policial de su persona.
Consigue escapar ileso a un intento de asesinato. Un año después, en 1946, es arrestado. El 30 de septiembre de ese año se inicia un fraudulento proceso judicial en su contra. Formaron un absurdo tribunal e iniciaron un juicio que reprochó el mundo entero. A los defensores, nombrados por el gobierno se les otorgó seis días para examinar el caso. Los fiscales se tomaron mas de un año. A la defensa se le autorizó presentar 20 testigos de los cuales a 14 no se les permitió presentarse. Los fiscales tenían un numero ilimitado de testigos. La defensa no podía interrogarlos, pero sí los acusadores. A los abogados defensores se les permitió exponer sólo en 20 minutos, los acusadores tenían 2 días.

El 3 de octubre Mons. Stepinac pronuncia ante el tribunal un valiente discurso en el que acusa al régimen comunista por sus injusticias, por sus crímenes y por el cercenamiento de los derechos de Dios, de la Iglesia y de los hombres. El prelado afirma con admirable entereza: “Estoy preparado para dar mi vida en cualquier momento”, “no pido clemencia pues mi conciencia está en paz”. El tribunal, en vergonzosa resolución, lo sentencia a 16 años de trabajos forzados.

La respuesta de Stepinac fue: “Yo se cual es mi deber. Con la Gracia Divina lo cumpliré hasta el final, sin odio contra nadie, pero también sin miedo a nadie”.
Toda la prensa mundial condenó a los jueces y al gobierno. ¿Cómo demostrar que es culpable aquel que merece el elogio universal? Después se supo de varios testigos que fueron encontrados torturados y otros muertos. Entonces presionaron a su madre para hacerlo callar. Esta se dirigió al jefe de policia exclamando:
“¡Cómo el Arzobispo fue siempre toda bondad! ¿ Por qué presiona a mi hijo para que mienta?” Cuando terminaron torturándola dijo entre llantos:”Precisamente yo, tu madre te prohíbo decir lo que te piden. Piensa en tu alma y cállate, no digas una sola palabra”. Luego ella murió en un campo de concentración como mártir, silenciosa al igual que su otro hijo, hermano de Stepinac, que al dia de hoy permanece desaparecido.
El 19 de octubre de 1946 es internado en la terrible prisión de Lepoglava. “Me lo han quitado todo”, exclama, “menos una sola cosa: la posibilidad de alzar mis brazos al cielo como Moisés”.
El 29 de noviembre de 1951, el Papa Pio XII lo ordenó Cardenal estando preso en la cárcel. “La púrpura cardenalicia significa la disposición de ofrecer inclusive la sangre”, es el comentario del nuevo Purpurado, manifestando así su decisión de perseverar en la fe hasta el martirio.
Como seguía defendiendo a su patria y a los derechos de los pobres, y como no se lo podía matar porque toda la iglesia seguía su martirio, decidieron torturarlo silenciosamente. En la celda contigua instalaron unos aparatos de rayos x para radiarlo todas las noches y de esta forma debilitarlo poco a poco hasta provocarle una muerte dolorosa.
Siguiendo el modelo de Cristo, soportó sin odio todo su martirio, ofreciendo su dolor por su pueblo.
Transcurrieron los años. La injusticia cometida contra el Arzobispo de Zagreb va quedando patente de tal manera, a los ojos de sus compatriotas y del mundo entero, que el 5 de diciembre de 1951 sus carceleros deciden trasladarlo a su parroquia natal, Krasic, donde vivirá en régimen de prisión domiciliaria hasta su muerte. Desde Krasic, ejercerá una acción apostólica de dimensiones colosales, a través de más de 5.000 cartas y mensajes clandestinos, confirmando en la fe al rebaño católico en toda la ex Yugoslavia, denunciando las tácticas del comunismo para volver atea la sociedad civil y alertando firmemente contra aquellos sacerdotes que tristemente deciden colaborar con el régimen.

El 10 de noviembre de 1955 escribe proféticamente, al referirse a las persecuciones comunistas y al triunfo final de la Iglesia y de la civilización cristiana: “Presenciamos la mayor persecución contra la Iglesia que jamás haya habido. Tenemos el derecho de concluir, por tanto, que sobrevendrá el mayor triunfo de la Iglesia en toda su historia”. El 3 de octubre de 1956 añade en el mismo sentido:
Estoy vivamente confortado por el hecho de que la devoción a la Santísima Virgen María, que posee hondas raíces en nuestro pueblo, crece en la medida en que se acentúa la persecución del comunismo satánico”.
En mayo de 1959, pocos meses antes de su muerte, el Cardenal Stepinac corona en su prisión domiciliaria una imagen de la Virgen de Fátima que le es enviada por S.S. Pio XII. La escena resulta altamente simbólica, pues el santo Cardenal tiene la certeza del aplastamiento final del “comunismo satánico” y de que sobrevendrá una esplendorosa “era marial”: “Aquello que rezamos y proclamamos sobre la Madre de Dios –‘Tú sola aplastaste todas las herejías en el universo entero’– será nuevamente una realidad, en su pleno esplendor” (carta del 27 de septiembre de 1958).

Pudieron matarlo un 10 de febrero de 1960, pero no pudieron doblegarlo ni callarlo. Antes de morir declaró:
“Al pueblo Croata en cuyo seno nací, he tratado de serle útil hasta donde me fue posible y ahora, en la hora de mi muerte, cuando las cosas se ven de un modo diferente que en otros momentos, le encomiendo encarecidamente que permanezca siempre firme a su Santa fe católica y fiel a la Sede Apostólica de Pedro”.
Sus restos descansan, ahora en su patria, Croacia, en la Catedral de Zagreb a la que nunca pudo ingresar como cardenal, con un epitafio que reproduce sus propias palabras:


“ODIAR LA INJUSTICIA Y AMAR LA JUSTICA, ESTO HA SIDO MI REGLA”.

Fuente