sábado, 30 de marzo de 2019

ESPOSA CRISTIANA: El espíritu de sacrificio



  EL ESPÍRITU DE SACRIFICIO
  El sacrificio, esposa cristiana, es la sumisión y abnegación llevadas a sus últimos límites.  Es esa disposición de ánimo que nos fuerza a inmolar sobre el ara del corazón nuestro parecer, preferencias, comodidades, salud y hasta la vida, tratándose del cumplimiento del deber para conseguir la felicidad del prójimo y hacernos agradables a Dios.

  La mujer fuerte y cristiana, al contrario de tantas mujeres de cálculos mezquinos e ideas egoístas, que retroceden ante el sacrificio o se resignan de mal grado, no vacila en abrazarse a esta cruz, útil para la gloria de Dios y bien de la familia y de la sociedad.

  Para la mujer católica no existen los sacrificios forzosos, puesto que los suyos, o son voluntarios o los acepta con gusto; y todos, por lo mismo, le resultan meritorios para el cielo. Así que siempre tiene a Dios de parte suya,  y consigue de la bondad infinita los favores que demanda.

  ¡Ah, cuánto ama el Señor a esas almas, adornadas del espíritu de sacrificio! Las considera como a imagen de su Hijo amadísimo que no vino a la tierra sino con el fin de sacrificarse, y reconoce complacido que bien puede contar con ellas para completar la obra de la Redención.

  Examen.- ¿Estoy habituada a la idea de que mi misión en este mundo es una misión de sacrificio? ¿Reconozco que debo sacrificarme por Dios, por mi esposo y por los míos? ¿Tengo aversión a sacrificarme y murmuro al tener que someterme? ¿Olvido que para que sean meritorios los sacrificios debo aceptarlos generosamente? ¿Me doy cuenta que Dios, al imponérmelos, me concede los recursos y fuerza necesarios para sobrellevarlos, y que me los aligera y me dice: “Mi yugo es suave y mi carga ligera?” ¿He de desanimarme por las cargas de familia y de los hijos que el cielo me otorga?

  La vida es un manantial de sacrificios. Las contrariedades y el dolor, son nuestros inseparables compañeros, en todos y cada uno de los estados, pero más particularmente en el matrimonio.

  El Señor tiene medios de castigar nuestras debilidades o nuestra falta de conformidad, por eso es absolutamente necesario que nos abracemos a la cruz del sacrificio y la llevemos en pos de Nuestro Señor Jesucristo abnegadamente, y no arrastrándola, pues la carga sería más gravosa y pesada.

  ¿No lleva Él la mayor parte de la misma, dejándonos tan sólo  a nosotros la parte más ligera? No consiste la felicidad de este  mundo en esquivar el sacrificio, sino en sobrellevarlo con varonil constancia.

  Advierte, por otra parte, que no pesan únicamente sobre ti los trabajos de familia. También le toca una muy buena porción a tu esposo.

  Decídete, por lo tanto,  a aceptar los sacrificios que se te exigen.
  ¿Espero una vida cómoda, fácil, agradable,  colmada de satisfacciones y de goces? ¿He tenido valor para culpar a alguno de los míos, y aun tal vez a mi esposo, de causantes de todos mis sacrificios?

  ¿He comparado mi vida con la de tal o cual persona, que se me figura mucho más feliz que yo? Quizás mientras así la juzgo, viendo las apariencias, sufre ella mucho más. ¿Procuro unir  mis sacrificios a los del Señor, para aligerarme el peso y endulzar su amargura?

  Mujer cristiana, puesto que deseas cumplir tus obligaciones de esposa y de madre, no te niegues al sacrificio. Sopórtalo todo… ¡molestias, privaciones, contrariedades, vigilias, lágrimas, enfermedades! A precio tan costoso obtendrás todos los éxitos, todas las gracias que solicites. No, no lo olvides. Así lo dispuso Dios para su Hijo, y así quiere que lo hagamos también nosotros.

Misión y Virtudes Sociales de la Esposa Cristiana
Rdo. Lefevre
(Obra aprobada por 43 Cardenales Arzobispos y Obispos, honrada con carta de Su Santidad  Pío X)