lunes, 30 de octubre de 2017

CRISTO ES REY PORQUE ES NUESTRO REDENTOR Y NUESTRO DIOS




     Cristo es nuestro Rey, porque es nuestro Redentor y nuestro Dios
  Como Redentor, compró sus derechos sobre nosotros a muy alto precio. “Fuisteis rescatados…, no con algo caduco, oro o plata…, sino con la Sangre preciosa de Cristo, como de un cordero inmaculado y sin tacha” (I Pedro 1,18-19). Nuestro Señor Jesucristo nos compró  “a gran precio”.
  Cristo es nuestro Dios. Y Dios es “el único Soberano, el Rey de los reyes y Señor de los señores” (I Tim 6,15). Dios tiene derechos sobre nosotros.
  La primera revolución que se hizo en el mundo, llevada a cabo por Adán y Eva en el Paraíso  e inspirada por Satanás, no fue otra cosa que la proclamación de los derechos del hombre contra los de Dios. Los mismos fines han perseguido muchas otras revoluciones, como la Revolución francesa. Por esto, la Redención comenzó haciendo todo lo contrario, promulgando por encima de todo los derechos de Dios.
  Dios es mi Señor, mi Soberano absoluto.
  “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. (Mt 24,35; Mc 13,31).
  ¡Qué frase más impresionante! No hay frase que exprese mejor la realeza de Cristo.
  ¡Oh Cristo! Tú eres el Rey del tiempo y de la eternidad. Tus palabras me llenan de confianza y aliento. Cristo es el Rey de la vida eterna, y yo quiero tratar por todos los medios de serle fiel.
  Si Cristo es mi Rey, no puedo dar culto al dinero o a los placeres. Porque el espíritu está por encima de la materia, porque mi alma está llamada a vivir la vida de Dios.
  No aceptamos a Cristo Rey porque condena nuestro modo pagano de vivir.
  La fe religiosa vale más que mi carrera o mi quehacer profesional.
  La santa Misa tiene un valor infinito, que no se puede comparar con una película.
  Un rato de oración vale mucho más que una fiesta mundana…
  Todo esto significa la realeza de Cristo.
  Si Cristo es mi Rey, no puedo desterrarle de la vida pública, que es justamente lo que pretende el laicismo.
  Cristo es el Rey de la vida eterna, y yo quiero heredarla. Dios me ha creado para la vida eterna y allí me espera… con tal que persevere junto a Él.
  Con Cristo, la vida tiene sentido, aunque esté llena de luchas; sin Cristo, la vida no merece ser vivida. Escojamos, pues.
  Mons. Tihamer Toth

sábado, 28 de octubre de 2017

FIESTA DE CRISTO REY

                     


¿No tenéis paz? No la tenéis porque la buscáis por caminos errados.

   ¡Oh!, ¡Si tuviésemos la lámpara de Aladino para descubrir en qué piensan los hombres!...  Los pensamientos de muchos católicos durante el día; ¿son diferentes de los que pudieron tener los paganos honrados, los paganos rectos, antes de la venida de Cristo? Un poco de bondad natural, una honradez exterior, cortesía…; pero, en el fondo del alma, un mundo helado, un mundo sin Cristo.

   Y la gran apostasía se continuó en el hablar.
   Hablamos de las cosas que pensamos, de las cosas que llenan nuestro corazón. De la abundancia del corazón habla la boca. No pensamos en Cristo, en sus leyes, en su Iglesia; por este motivo, tampoco entran en  nuestros temas de conversación. ¡De cuántas cosas se habla hasta entre los católicos! Deporte, veraneo, diversiones, peinados, modas, clima, política, del dólar, del cine, de la salud, dietas, estudios… pero ¿y de Cristo? No hablamos de Él, sencillamente, porque no pensamos en Él.

   Estamos dispuestos a charlar largo y tendido de cualquier tontería; pero nos sonrojamos de hablar de Dios, que nos creó. Hacemos una lista de los propios méritos y, cuando llega el momento de hablar de Aquel ante quien han de hincarse todas las rodillas, cuando nos toca hablar de cosas religiosas, nos sentimos encogidos.

   ¿Cuántas veces al año se pronuncia el nombre de Cristo? ¡Menos todavía el de Cristo Rey! ¡Oh pobre Rey desterrado!
   Esta es la triste situación de la sociedad moderna.

   Hemos desterrado al Rey. “No queremos que éste reine sobre  nosotros” La política dijo: ¿A qué viene aquí Cristo? La vida económica exclamó: El negocio no tiene nada que ver con la moral. La industria proclamó: con Cristo no obtendríamos tantas ganancias.  En las ventanillas de los Bancos le  dijeron: Vete, nada tienes que buscar entre nosotros.  En las universidades: La fe y la ciencia se excluyen… Y, finalmente, hemos desembocado en la situación actual que parece escribir: ¡Cristo no existe! ¡El Rey ha muerto!

   El 11 de diciembre de 1925, Su Santidad el Papa Pío XI, en su encíclica Quas primas instituyó una nueva festividad; mandó consagrar que un domingo del año se celebrase la fiesta de la “Realeza de Cristo”.

   Cristo es Rey de todos nosotros: Es Rey de la Iglesia, Rey del sacerdocio, Rey de los confesores, Rey de los atribulados, Rey del individuo y de la sociedad. Política, matrimonio, deportes, costumbres, vida moral, infancia, juventud, mujer, familia, ¿a dónde llegan cuando siguen a Cristo? ¿Cuál es su resultado si prescinden de Él?

   Una noche fría, una noche sin Cristo envuelve las almas. Cristo no es más que un vago recuerdo que no influye apenas en sus vidas.
   Cristo es Rey de mi corazón, Cristo es el Rey de mi hogar, pero ¡no basta! Cristo es Rey… también en la escuela, en la prensa, en el Congreso, en la fábrica, en el pueblo…

   Si Cristo bajara de nuevo a la tierra, volvería a ser rechazado como ocurrió en la noche de Belén, cuando sus padres le buscaban hospedaje.

   Cristo no cuenta para nada en este mundo. ¡”Cristo Rey”! ¡Oh pobre Rey sin tierra!
   Hace siglos que los bacilos de la peste de la inmoralidad se han infiltrado solapadamente en la sangre de la humanidad; a costa de ir diluyendo cada vez más la doctrina de Cristo, ¡ahora nos encontramos que está todo corrompido!

   El destierro de Cristo empezó en el mundo de las ideas.
   Día tras día íbamos pensando en todo menos en Dios. Nuestra fe se debilitaba cada vez más.

   Jesucristo debe tener voz y voto en mis pensamientos, en mis planes, en mis negocios, en mis diversiones. Pero esto nos resulta muy duro y no queremos admitirlo. Porque si Cristo tiene razón, es patente que nosotros no la tenemos; no tiene razón mi orgullo, mi afán de gloria,  mis ansias de placeres, mis idolatrías de tantas cosas terrenas, mi culto al becerro de oro.

   Esta es la causa por la que nos resistimos a someternos al yugo de Cristo.
  No quiero a Cristo, porque su humildad condena mi jactancia.
 No quiero a Cristo, porque su pobreza reprueba mi afán de bienestar y de placeres.

   No quiero a Cristo, porque su confianza en la Providencia condena mi materialismo y autosuficiencia.
   Pero si Cristo es mi Rey y mi Dios, entonces no pueden ser mis ídolos la razón, el placer ni el dinero.
   ¡Señor vuelve a ser nuestro Rey!
   ¡Tú eres nuestra vida!

   Cristo Rey

   Mons. Tihamer Toth

jueves, 26 de octubre de 2017

GENTE DOBLE CARA, PELIGROSA QUE PACTA CON LOS ENEMIGOS DE LA IGLESIA


NDB: Presentamos extracto del opúsculo Las pequeñas historias de mi larga historia de Mons. Lefebvre. Descrito por el mismo cuando tenía 82 años de edad. Queda demostrado con las propias palabras del Arzobispo Lefebvre que condenaba el acuerdismo con los liberales, catalogando a esas personas como dobles caras, que hacen amistad con los enemigos de la Iglesia; gente peligrosa que se llama católica que no soporta la Verdad. 
Esas palabras fuertes deberían resonar en las conciencias de todos aquellos que apoyan directa o indirectamente (acción u omisión) el acuerdismo y liberalismo de la Nueva FSSPX. 
La nueva FSSPX usa de bandera el prestigio y santidad de su fundador pero no sigue su ejemplo: LA CONSTANTE LUCHA CONTRA EL LIBERALISMO. VIVIR EN CONSTANTE CRUZADA.

Entre estos grupos que hacen o hicieron componendas con los enemigos de la Iglesia están la Fraternidad San Pedro que acepta el Vaticano II, Instituto del Buen Pastor de Aulagnier, los adeptos de mons Rifan en Brasil y los adeptos de mons Fellay y sus superiores mayores.

Pero mucho cuidado con aquellos que son la falsa resistencia de Mons Williamson, que bajo la apariencia de ultra-derecha, bajo apariencia simplista de falange franquista, propagan errores liberales de forma solapada. Sobre la FALSA RESISTENCIA SE PUEDE LEER AQUI


Las pequeñas historias de mi larga historias (Pag 7). Mons Lefebvre.

...Así pues a pesar de mis aprensiones fui conducido al Seminario Francés junto a mi hermano. Este seminario confiado a la Congregación de los Padres del Espíritu Santo, se encontraba bajo la dirección del Reverendo Padre Le Floch. Como ya les he dicho, para mí el seminario Francés fue una verdadera revelación y una luz para toda mi vida sacerdotal y episcopal: ver los acontecimientos en el espíritu de los Sumos Pontífices que se sucedieron durante casi un siglo y medio, más particularmente los acontecimientos desde la Revolución Francesa y todos los errores que nacieron con esas corrientes de ideas contrarias a la doctrina de la Iglesia. Los papas los denunciaron, los papas los condenaron y por consiguiente también nosotros debíamos condenarlos.

Pero como suele suceder en esos, los defensores de la Iglesia, los defensores de la Verdad, los defensores de la Tradición de la Iglesia, atraen la ira contra sí. Atraen la ira de todos los que estiman que hay que hacer componendas con el mundo, que hay que adaptarse a su tiempo, que no hay que condenar los errores: pero no condenemos los errores> un tipo de gente de doble cara. Es gente peligrosa, que se llama católica, pero que al mismo tiempo pacta con los enemigos de la Iglesia. Esa gente no puede soportar la Verdad, la Verdad íntegra y firme. 

No puede soportar que se combatan los errores, que se combata el mundo y a Satán, y a los enemigos de la Iglesia, y que siempre se esté en estado de cruzada. Estamos en una cruzada en un combate contínuo. También Nuestro Señor proclamó laVerdad. ¡Pues bien! Le dieron muerte. Le dieron muerte porque proclamaba la Verdad, porque decía que El era Dios. !Sí lo era¡ No podía decir que no lo era. Y todos los mártires prefirieron dar su sangre y su vida antes que entrar en compromisos con los paganos.








miércoles, 25 de octubre de 2017

miércoles, 18 de octubre de 2017

LA PSEUDO-RESTAURACIÓN (CAPITULO V): R.P. TAM


NDB: En este capítulo el R.P. Tam expone las intenciones revolucionarias del entonces Cardenal Ratzinger, ejecutadas durante el pontificado de Juan Pablo II y por él mismo en su pontificado. El entonces teólogo Ratzinger fue ideólogo del Concilio Vaticano II junto con Karl Rahner y otros pseudo-teólogos de triste memoria. 

El mismo Cardenal Ratzinger es autor intelectual de la macabra estrategia de poner una cuña entre los fieles que sólo quieren la misa tradicional y sus mieles [*], contra los que quieren conservar todos los ideales de la Iglesia Católica y el reinado social de NSJ. A éste tipo de católicos fueron llamados integristas o radicales.  

[*La misa católica tradicional no es el único baluarte del catolicismo en juego. Lo es primordialmente la defensa de la fe y defender los sacrosantos derechos de Dios y de la Iglesia].

De la misma forma siguen siendo así llamados, integristas, radicales etc.. por los adeptos de la nueva FSSPX y por los adeptos de la falsa resistencia [adeptos de Mons. Williamson]. Respecto, a ésta falsa resistencia, no se sabe exactamente a que resisten pues no sostienen, sus obispos posturas doctrinales públicas, recomiendan las misas de la FSSPX [critican pero recomiendan sus misas, vaya contradicción], favorecen indirectamente la misa nueva etc..; eso sí, son enemigos públicos y no recomiendan a los católicos integristas, radicales o tradifariseos, neologismo acuñado por ellos mismos. 

Las únicas posturas públicas que se pueden encontrar son la de sus adeptos por medio de sus sitios de internet, ellos mismos se erigieron como defensores oficiosos de la falsa resistencia. Se reúnen en círculos privados y cuentan con apoyo económico para viajar internacionalmente a sus áreas de influencia.

Los aliados de la Seudo-Restauración:
el Opus Dei y compañía


Monseñor Delassus, citando a San Gregorio el Grande en el sermón no 10 sobre la Epifanía dice: “...hay herejes que creen en su divinidad, pero que no admiten de ningún modo que sea Rey en todos los lugares. Sin duda le ofrecen incienso, pero no quieren ofrecerle también el oro.” De este tipo de herejes aún los hay, llevan el nombre de católicos liberales." (38).



A) El Opus Dei.



El Opus Dei encarna y realiza, probablemente, el modelo “católico” deseado por la Seudo-Restauración. Hay que distinguir dentro del Opus Dei a las personas de buena fe de la “base”, de los dirigentes y sus doctrinarios católico-liberales. La adopción por parte del Papa del Opus Dei como instrumento de gobierno, se hace cada día más evidente.



Durante el Sínodo de 1987 se vió como la corriente progresista se lamentaba de la falta de obediencia de algunos movimientos al ordinario del lugar, lamentando el uso de pastorales paralelas, el encerrarse en sí mismos sin participar en los problemas de la diócesis (Cardenal Lorscheider, O.R. 9-11 Octubre 1987); y como los conservadores exponían argumentos en favor de dichos movimientos. (Cardenal Ratzinger O.R. 7 Octubre 1987).



La doctrina del Opus Dei puede conocerse a través de sus mismos libros. El documento utilizado es un texto en español, publicado en Madrid. Se trata de una antología de textos de autores reconocidos y aprobados por el mismo Opus Dei, cuyos libros son editados por Rialp. (39)


“... el modo de dirigir las obras... apostólicas promovidas por el Opus Dei. Estas labores –como es sabido– responden a una finalidad sobrenatural. Pero se proyectan y gobiernan con mentalidad laical,... Por eso no son confesionales...” (“Monseñor Escrivá de Balaguer”, Salvador Bernal. Ed. Rialp. pág. 309).


Las residencias del Opus Dei son interconfesionales “donde viven estudiantes de todas las religiones e ideologias”. (“Conversaciones con Escrivá de Balaguer”. Ed. Rialp, pag. 117).



“La afirmación del pluralismo entre los católicos fue en los primeros años del Opus Dei novedad ininteligible para muchos, porque habían sido formados en una línea justamente contraria...” ("Monseñor Escrivá...", pág.311).



“La Obra era, así la primera asociación de la Iglesia que abría fraternalmente sus brazos a todos los hombres sin distinción de credo o confesión.” ("Tiempo de caminar", Ed. Rialp, Ana Sastre, pág. 610).



“Amamos la necesaria consecuencia de la libertad: es decir, el pluralismo. En el Opus Dei el pluralismo es querido y amado, no sencillamente tolerado y en modo alguno dificultado.” (pág. 127).

“No son sólo palabras: nuestra Obra es la primera organización católica que, con la autorización de la Santa Sede, admite como Cooperadores a los no católicos, cristianos o no. He defendido siempre la libertad de las conciencias.” (Mons. Escrivá..., pág. 296)


“Cuando, en 1950, el Fundador obtuvo finalmente de la Santa Sede el permiso para admitir en la Obra a los sacerdotes diocesanos y para poder nombrar a no católicos e incluso no cristianos Cooperadores de la Obra, se “completó” la familia espiritual del Opus Dei.” (pág. 244).



“... que la Santa Sede admitiera como cooperadores a todas aquellas personas (católicos, no católicos, y hasta no cristianos) que desearan colaborar, material o espiritualmente, en los apostolados de la Obra. Era algo inaudito en el acontecer pastoral de la Iglesia, aquel descorrer cerrojos y abrir puertas de par en par, integrando almas de benefactores: protestantes, cismáticos, judíos, musulmanes y paganos. Sólo al pasar los lustros e iniciarse una

nueva corriente ecuménica, ese paso audaz, que pudo haberle engendrado muchas incomprensiones, fluía ya con naturalidad en la historia contemporánea.” (“El Fundador del Opus Dei” Andrés Vázquez de Prado, Ed. Rialp, pág. 235).


“Para mantenerla (la Obra) además de los miembros del Opus Dei, hay otras personas que ayudan; algunos no son católicos, y muchos, muchísimos, que no son cristianos” (de labios mismos de Mons. Escrivá de Balaguer, “Tiempo”, pág. 615).

“Los organismos competentes de la Santa Sede han llegado al convencimiento de que tal concesión es, de momento, imposible. 


La Obra no encaja en ninguna de la formas asociativas reconocidas por el Derecho de la Iglesia. Un alto personaje de la Curia ha dicho a don Alvaro: “Ustedes han llegado con un siglo de anticipación.” (“Tiempo...”, pág .326)



“El Concilio Vaticano II ha promulgado solemnemente lo que Monseñor Escrivá de Balaguer y el Opus Dei ya enseñaban y practicaban, con su espiritualidad y con su vida, desde hacía varios decenios.” (pág. 14)



El Fundador del Opus Dei, después de muchos años de incomprensiones, tuvo la satisfacción de que destacados Padres conciliares, como los Cardenales Frings (Colonia), Künig (Viena), Lercaro (Bolonia) y otros, le reconocieran, como un verdadero precursor del Vaticano II, sobre todo respecto a aquellos puntos capitales que, para el Concilio, marcaban el camino a seguir en el futuro. (pág. 303).



Ante periodistas, Mons. Escrivá comentó que, con ocasión de una audiencia, había dicho al Papa Juan XXIII: “En nuestra Obra siempre han encontrado todos los hombres, católicos o no, un lugar amable: no he aprendido el ecumenismo de Su Santidad...” (pág. 246) [Nos gustaría saber donde lo aprendió... n.d.l.r.].



“Para los Papas Juan Pablo I y Juan Pablo II, el Opus Dei y su Fundador eran hechos objetivos que anunciaban el comienzo de una nueva era del cristianismo.” (“Opus Dei, Peter Bergler. Ed. Rialp, pág. 243).



“Hemos de estar al acabar este Concilio. Hace treinta años, a mí me acusaron algunos de hereje, por predicar cosas de nuestro espíritu, que ahora ha recogido el Concilio de modo solemne, en la Constitución dogmática “De Ecclesia”. Se ve hemos ido por delante, que habéis rezado mucho”. (“Tiempo”, pág. 486).



“...que el Fundador del Opus Dei es un “conservador”... con una profundidad y una convicción tales que, a la vez, le convierten en el mayor “revolucionario católico” de los últimos doscientos años.” (“Opus...”, pág. 243).



“Esta realidad "ecuménica" de Camino obliga a preguntarse cómo unas páginas, cuyo origen redaccional tiene contextos tan marcados, han podido difundirse entre personas pertenecientes a medios culturales, no ya diferentes al originario de Camino, sino tan diversos entre sí. (“Estudios sobre Camino”, Mons. Alvaro del Portillo).



“Esta dimensión humana de Camino explica la capacidad demostrada por el libro de conectar con las esperanzas y aspiraciones de cualquier hombre o mujer que sienta verdaderamente su propia dignidad, independientemente de sus convicciones religiosas, ofreciendo al lector ilusión e impulso para llevar una vida humanamente más limpia y más noble”. (pág. 52).



“Durante mi trabajo en las comisiones del Concilio Vaticano II pude comprobar cómo se abrían paso en sus documentos, a veces muy trabajosamente, enfoques de la vida cristiana y criterios pastorales que son como la atmósfera de Camino.” (pág. 55).



“Camino ha ido preparando en este tiempo a millones de personas para entrar en sintonía y acoger en profundidad algunas de las enseñanzas más revolucionarias que, treinta años después, promulgaría solemnemente la Iglesia en el Concilio Vaticano II.” (pág. 58).



El Papa: “Es ciertamente grande vuestro ideal, que desde sus comienzos ha anticipado la teología del laicado que caracterizó luego a la Iglesia del Concilio y del PostConcilio...” (Discurso del 19 de Agosto de 1979).



Escrivá de Balaguer y su obra eran, por tanto, progresistas, pero habiendo sido rebasados por la izquierda en el Concilio y en el post-Concilio, y ahora son atacados como conservadores.



Sabiendo esto, la beatificación de Escrivá de Balaguer nos deja perplejos, pues es presentado como el modelo de la nueva cristiandad; este cristiano que calla, esconde, y ataca las consecuencias públicas de la Divinidad de Nuestro Señor

Jesucristo.

B) Los compañeros de ruta.
La Seudo-Restauración también tiene sus pequeños aliados; por ejemplo Comunione e liberazione que, de entre todos los movimientos parece ser el más doctrinal.
Aquellos que han conocido los orígenes de este movimiento, como por ejemplo al grupo Gioventú studentesca, saben del espíritu revolucionario y liberal que imprengna a Comunione e liberazione. 


Para terminar de convencernos nos bastara citar el testimonio de Formigoni, uno de los responsables de dicho movimiento:



“Los Estados Unidos son nuestro futuro, es la primera tierra en donde la modernidad ha tomado cuerpo en plenitud, de forma radical, con todos sus valores. (O.R. 27-8-1984).



Otro aliado es la revista “30 Giorni” que parece tener como misión la coordinación mundial de la metamorfosis de la Iglesia Conciliar.



Entre los objetivos de “30 Giorni” también figura el de quitarles a los “lefebvristas” el máximo de argumentos posibles, como podemos constatar fácilmente leyendo el índice de la revista: temas que antes trataban en exclusiva la Hermandad San Pío X. Se trata de cumplir con la tesis del Cardenal Ratzinger expuesta a los

Obispos de Chile: “El fenómeno (lefebvrista).... hubiese sido impensable sin los elementos positivos, que no han encontrado espacio en la Iglesia de hoy.”


“Deberíamos abrir un espacio para aquellos que buscan y claman en la Iglesia, llegando así a reconvertir el cisma en el interior de la Iglesia y convertirlo en superfluo.”



Por supuesto que para el Cardenal la supresión de la Realeza Social de Cristo, el Estado Confesional no es ningún problema: son “...los valores mejor expresados por dos siglos de cultura liberal”. 



El trabajo de “30 Giorni” nos obliga a centrarnos en lo esencial, sobre el corazón del combate y de la fe, reconocido también por

el Cardenal Ratzinger: “...el punto central está en el ataque contra la libertad religiosa y contra un pretendido espíritu de Asís.” (Discurso a los Obispos de Chile, 1988)

(38) Monseñor Delassus, “La misión póstuma de Santa Juana de Arco y el Reinado Social de N.S.J.C.”, pág. 52. Ed. Ste. Jeanne d’Arc, “Les Guillots”, Villegenon. 18260 Vailly-sur-Suldre.
(39) “El Opus Dei, su verdadera faz”, Juan Morales, pro manuscripto, Madrid 1991.62

domingo, 15 de octubre de 2017

El milagro del Sol R. P. Jesús Mestre 3a Parte 1997

EL MILAGRO DEL SOL Y LA VIDA EJEMPLAR DE LOS VIDENTES DE FÁTIMA. CONFERENCIA DEL PADRE JESÚS MESTRE EN 1997. EN AQUELLOS TIEMPOS LA FSSPX LUCHABA POR EL REINADO SOCIAL DE NSJ SIN ACUERDISMO NI CONCESIONES DOCTRINALES

El milagro del Sol: R. P. Jesús Mestre 1a Parte 1997

EL MILAGRO DEL SOL Y LA VIDA EJEMPLAR DE LOS VIDENTES DE FÁTIMA. CONFERENCIA DEL PADRE JESÚS MESTRE EN 1997. EN AQUELLOS TIEMPOS LA FSSPX LUCHABA POR EL REINADO SOCIAL DE NSJ SIN ACUERDISMO NI CONCESIONES DOCTRINALES

viernes, 13 de octubre de 2017

SE CUMPLEN LOS 100 AÑOS DE FÁTIMA: ¿2017 Año del Gran Castigo?


"Al fin mi Corazón Inmaculado triunfará. El Santo Padre Me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz."



Revista Roma N° 99 Mayo de 1987
EL TESTAMENTO DE FÁTIMA: ÚLTIMO RECURSO
Aria Daniele
La reunión de los "representantes de las grandes religiones del mundo", convocados en Asís por Juan Pablo II para rezar por la paz, fue el espectáculo, televisado en toda la Tierra, del congraciamiento de la Iglesia conciliar con las creencias, las logias, las sinagogas y las idolatrías que celebran a los dioses y a los hombres en el Panteón del mundo.
Al acto abominable, que parece haber contado con un consenso general de la Jerarquía y al agrado indiferenciado de un público indefinible, se le puede aplicar el lamento del profeta Jeremías sobre la decadencia y corrupción de la Jerusalén antigua: "Cosas espantosas y extrañas sucedieron en esta tierra: los profetas profetizaban la mentira y los sacerdotes aplaudían con sus manos; y mi pueblo amó esas cosas. ¿Qué castigo no vendrá sobre esta gente al fin de todo esto?"
La gravedad del hecho presente, sin embargo, no puede encontrar un equivalente en el Antiguo Testamento porque aconteció después de la venida de Nuestro Señor, en el recinto de su Iglesia y promovido por Su Vicario. Es un acto extremo en la Historia que, ciertamente, así estaba profetizado. Es la abominación de la desolación puesta en el Lugar Santo de que habló Jesús. Es el culto del hombre y la Apostasía general descrita a los Tesalonicenses.
Nuestra generación entera está envuelta en lo que fue apenas el espectáculo público de un largo y devastante terremoto espiritual que, desde hace mucho, viene destruyendo a nuestra Iglesia. La acumulación de errores y ofensas humanas contra Dios en los últimos siglos fue visible a través de sus resultados en guerras y revoluciones, pero sólo ahora es visible también a través de la destrucción de la Viña espiritual, de la "Religio depopulata".
Jamás fue tan evidente el estado lamentable del hombre decaído como en este siglo, en que pretendió extender su dominio hasta en el espacio cósmico con la soberbia que no entiende ni siquiera el alcance de sus delitos que, ciertamente, no puede reparar. Pero algo podemos hacer. Podemos reconocer la infinita gloria de Dios, cuya Misericordia también en este siglo nos dio una Señal extraordinaria que quedó ignorada.
Debemos entonces reparar y hacer penitencia con todo nuestro corazón, comenzando por un examen de conciencia hecho con toda nuestra mente. Y tratándose de cuestiones que envuelven a la humanidad entera, debemos recurrir al conocimiento histórico, con la certeza moral de que así como en todas las épocas los pueblos recibieron avisos y señales celestes que los ayudaron, nosotros también los recibimos.  No sólp esto, sino que como los avisos deben ser proporcionales a los peligros, nuestra generación recibió señales incomparables.
Si somos incapaces de reconocer esas señales dadas para la preservación de la Fe, la carencia no está ciertamente en ellas sino en nuestra fe miope y anémica. De cualquier modo, siendo los designios divinos inmutables, seremos valorados, temprano o tarde, en función de la ayuda recibida. Veamos entonces rápidamente cómo ésta fue dada desde hace tres siglos, esto es, desde un siglo antes que estallase la Revolución Francesa, para llegar al "Signum Magnum" presente, que todavía espera la atención de nuestra fe.
En 1689, el rey de Francia Luis XIV, en el auge de su poder, recibió a través de su confesor, P. La Chaise S. J. (o de la princesa María Beatriz d'Este), un pedido transmitido por el Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María Alacoque, para que Le consagrase su Reino sobre el cual descendería la protección celeste.
En aquellos mismos años, Dios suscitaba la vocación sacerdotal de un joven que sería uno de los mayores apóstoles franceses del yugo suave a Nuestro Señor, en contraposición a la liberación de cuño filosófico y anticatólica que se esparcía por el país. En la contemplación de la Cruz y en la devoción a Nuestra Señora, S. Luis Grignion de Montfort fue un precursor y profeta de la intervención final de María Santísima para la salvación de la Iglesia.
Pues bien, Luis XIV, aunque heredero de una tradicional devoción católica, a la cual es atribuida la gracia de su nacimiento, no correspondió al pedido divino y, exactamente cien años después, en 1789, la Revolución despojaba de sus poderes a la monarquía de los Borbones. Luis XVI y familia intentaban hacer en la prisión la consagración pedida, pero era tarde, las cabezas reales cayeron como la cruz grande del Calvario de Pont-chateau que S. Luis María había levantado con los campesinos, pero que Luis XIV mandó demoler. La única resistencia real contra la Revolución vino de aquellos campesinos de la Vendée donde el gran Santo de la devoción a la Santísima Virgen había evangelizado.
Al recordar estos hechos en nuestro siglo, fue Nuestro Señor diciendo a la Hermana Lucía, la vidente de Fátima: "Haz saber a Mis ministros que como ellos sigan el ejemplo del Rey de Francia en retardar la ejecución de Mi pedido, ellos lo seguirán en la desgracia. Nunca será tarde por demás para recurrir a Jesús y a María." La referencia era al pedido de consagración de Rusia hecho a través de Nuestra Señora de Fátima, ya no a los reyes sino a los papas. Pero veamos la evolución histórica de esa "escalada".
La victoria de la Revolución sobre la Francia católica produjo el caos del terror y a éste sucedió, naturalmente, un gran dictador. Y fue así que, a través de Napoleón, los "ideales revolucionarios" fueron de frente, triunfalmente por el mundo, hasta que las imposiciones liberales encontraron la resistencia de un orden social abatido, pero todavía capaz de defenderse. La Francia volvió entonces a los Borbones con Luis XVIII, seguido de su hermano Carlos X. Con ellos volvía la obra de colonización centrada sobre las misiones católicas, contraria a cualquier revolución. Pero el mundo estaba minado.
En la noche entre los días 18 y 19 de julio de 1830, la joven religiosa Catalina Labouré, que se volvió santa conociendo poco del mundo y de la política, vio en la Capilla de la "Rué du Bac", a Nuestra Señora que, con los ojos llenos de lágrimas, profetizó grandes desgracias que estaban por descender sobre el mundo.

Días después, el 30 de julio, una nueva revolución llevaba al poder a Luis Felipe, duque de Orleáns, que, aunque religiosamente fuese un escéptico, sería conducido por los poderes que lo condicionaban a hacer una política siempre más hostil a la Iglesia y a su acción evangelizadora y misional. No era más la revolución abierta y frontal, sino una larga y sutil demolición de las bases católicas de Europa. La Jerarquía y el Clero, ayudados por los extraordinarios milagros de la Medalla de Nuestra Señora, resistían, aunque diezmados e infiltrados por las nuevas ideas.

El día 19 de septiembre de 1846, en la deshabitada montaña de La Salette, dos pastorcitos que apenas conocían el dialecto local ven y oyen a la Señora que llora. Reciben un gran Mensaje sobre los peligros que amenazan a Francia y al mundo, con el pedido de que lo hicieran pasar a todo Su Pueblo, y revelar el Secreto en 1858.

Era la víspera de acontecimientos históricos que condicionarían las épocas futuras, como ser la publicación del manifiesto de Karl Marx y las revoluciones europeas de 1848, que transformarían la vida de las naciones de casi todo el mundo. Nuestra Señora avisaba contra el poder masónico que, a través de Napoleón III, iría a desencadenar un ataque directo contra Roma católica, preludio de una abertura apocalíptica.

Quien lee el Mensaje de La Salette, cuya mensajera fue perseguida continuamente y murió exiliada en Italia, encontrará allí el aviso del comienzo de las profecías de San Juan, cuando habla de la abertura del pozo del abismo. El Mensaje conmovió al Papa Pío IX y a su sucesor León XIII, que hospedaron a Melania en Roma para que escribiese los pormenores de la Orden de los Apóstoles de los últimos tiempos, dictados por Nuestra Señora.

La ayuda maternal fue acogida, sin embargo, de modo muy limitado. Se puede imaginar qué victoria habría sido para la Religión católica si durante las Apariciones y milagros de Lourdes el fervor católico hubiese sido dirigido, por la Jerarquía y Clero, a la oración y penitencia para reparar a Dios y evitar los males profetizados en La Salette, que Nuestra Señora pedía fuese conocida en aquel mismo año de 1858. Pero el proyecto de muchos obispos y padres era diverso. Aquel mensaje ofendía la frialdad religiosa de tantos y la vidente Melania fue enclaustrada en Inglaterra para asegurar mejor su silencio.

Y he aquí que Roma católica fue duramente atacada durante el Concilio Vaticano I, por dentro y por fuera. Los masones promovían anticoncilios en el campo de las ideas y la toma de Roma en el campo militar. El Papa volvióse un prisionero en su Palacio. Lo que había sido profetizado para la historia de los pueblos había acontecido, pero lo que había sido profetizado para la Iglesia acontecía sólo en el plano material, como ser un ataque externo. Pío IX exigía barreras doctrinales sólidas contra los errores del mundo, así como el Papa León XIII que lo sucedió y que tuvo la visión del ataque demoníaco a la Iglesia, razón por la que estableció que fuesen acrecentadas oraciones y exorcismos después de las misas.

La Misericordia divina se manifestó después de la muerte de este Papa enviando al mundo, a través de la Iglesia, a un santo Pastor que no se cansó de predicar la verdadera paz que consiste en instaurar todo en Cristo. Pero el odio revolucionario que tramara la destrucción de todo poder católico todavía precisaba desmembrar a Austria. Un mundo sordo a los llamados de S. Pío X marchó entonces para la terrible 1* Gran Guerra.
El Papa santo murió en vísperas de ese horrendo conflicto que marcaría el principio del fin de la Civilización cristiana que llevara al mundo toda la Ley revelada.

El año crucial: 1917

Entre las principales maquinaciones actuales, laicas o eclesiásticas, para socavar el sentido cristiano de la historia humana, está la difusión de la idea de que las eventuales señales celestes (hasta que no encuentren otra explicación) sean todas más o menos iguales y fortuitas. Así serían, por ejemplo, las Apariciones marianas, de las cuales mencionamos las principales, ampliamente reconocidas por la Iglesia.
Como se vio a través de los sucesos históricos, justamente lo contrario es verdadero. A los pedidos del Sagrado Corazón de Jesús que quedaron sin atender, dando libre curso a los proyectos revolucionarios, sucediéronse en la escalada de los sucesos anticristianos las intervenciones proféticas y taumatúrgicas de la Virgen Inmaculada. Que éstas estaban en los designios de Dios desde el Génesis nos lo demuestran las Escrituras y la Tradición, además de la constante recordación venida por boca de los Santos, de entre los cuales S. Luis María.
La visión de María Santísima, más terrible para el Demonio y sus secuaces que un poderoso ejército equipado para la guerra, se fue develando a los cristianos, siempre más abatidos y asediados, en una secuencia perfectamente ordenada hasta el acontecimiento de Fátima. Por el conocimiento de la historia podemos verificar esto. No solamente esto, sino que en la profundidad de los mensajes y de sus avisos podemos entender mejor la Historia.
Después de haber visto cómo, en el curso de los acontecimientos mundiales, por haber los hombres ignorado los llamados en nombre de la Verdad y de la Justicia, se llevó a un conflicto enorme y sin salida, precisamos entender cada detalle de la Aparición de Fátima, que nada tiene de fortuita, siendo suscitada por Quien es la Causa de las causas.
Esto puede ser hecho a la luz de la historia reciente, observando la importancia del año 1917 en que Nuestra Señora apareció y habló para preparar acontecimientos insuperables por la importancia esjatológica. Y debe ser hecho en el reconocimiento de la causa próxima de esa intervención celeste, que pasa siempre por la Sede de intervención permanente: la Iglesia,
En la primavera de 1917, la Gran Guerra, que ya había cobrado millones de muertos, parecía no tener fin, tan lejos estaban los hombres de solucionar sus problemas. Sucedió entonces que el Papa Benedicto XV fue llevado a pedir pública y umversalmente la intervención celeste a través de María, dando instrucciones a su Secretario de Estado a fin de que todos los Obispos del mundo hiciesen añadir a una de las más frecuentes oraciones de los fieles, la Letanía lauretana, la imprecación —Regina Pacis, ora pro nobis—. Esa carta es del día 5 de mayo de 1917.
El día 13 de mayo, ocho días después, la Reina de la Paz se aparece a tres pastorcitos, en Fátima, para traer un gran Mensaje conteniendo la causa de las guerras y los medios necesarios para evitarlas, tanto como los males crecientes que estaban por desencadenarse en el mundo. Eran los pedidos y las promesas del Inmaculado Corazón de María que, debido al enfriamiento de la fe y de la caridad en la Iglesia, quedarían hasta hoy olvidados.
El Papa había pedido la ayuda celeste y recibió una pronta respuesta, en mayo de 1917, a través de las Apariciones que se repitieron, por seis veces, hasta el 13 de octubre de 1917, cuando el extraordinario milagro del sol, hecho —para que todos diesen fe— delante de millares de personas, mostró el sello divino del Acontecimiento de Fátima. Para quien precisase de un sello histórico, helo aquí: días después la Revolución bolchevique tomaba el poder en Rusia, condicionando desde entonces la vida social del mundo.
Esa estrecha sucesión de fechas ya podría bastar para mostrar al Acontecimiento de Fátima como la mayor señal profética de la Era cristiana, después de los tiempos apostólicos. Pero aquella fecha fue crucial para otros diversos acontecimientos. La Masonería había conseguido tal poder que sus adeptos fueron a desafiar a la Iglesia en la propia Plaza de S. Pedro, con un pequeño paseo que exaltaba a Satán reivindicándole el trono papal, en el aniversario de Giordano Bruno. Se formaba la Sociedad de las Naciones, basada sobre los derechos humanos masónicos. Se daba la señal verde para la formación del Estado de Israel con la Declaración del ministro inglés Balfour, evocando en esto el fin del tiempo de las naciones, conforme a S. Lucas (21, 24).
La cuestión principal para los católicos, que podrían añadir tantos otros acontecimientos de orden político y social en esa fecha, es saber si a la sólida embestida externa a la Iglesia, de los poderes del mundo, en esa fecha crucial, no correspondía también una subterránea demolición interna. Esto había sido previsto por S. Pío X, quien, años antes, había condenado y combatido el modernismo, sumidero interno de veneno y herejías.
Pues bien, hoy sabemos que también dentro de la Iglesia, desde 1917, si no hubo una revolución radical, hubo una mutación caracterizada por el espíritu de concordato que pronto daría lugar al espíritu de compromiso, precursores del espíritu conciliar. Y esto quedó luego evidenciado por el comportamiento eclesial ante el extraordinario Acontecimiento de Fátima que, desde el comienzo, fue una piedra de tropiezo, una señal de contradicción. Era un aviso salvador de la Iglesia Celeste que la Iglesia militante tenía dificultades de recibir, entender y cumplir. ¿No es ésta una señal premonitoria de tiempos apocalípticos? He aquí que hemos llegado al encuentro ecuménico de Asís. Consideremos la actitud de los Papas, desde 1917, en relación a Fátima. Benedicto XV pidió la intervención de María Santísima por la paz, en modo universal, y fue atendido. No dio señal alguna, sin embargo, de reconocer la respuesta. Pío XI, citado en el Mensaje, apoyó el culto de Fátima e instituyó la fiesta de Cristo Rey, pero no atendió a la consagración pedida. Pío XII, llamado el Papa de Fátima, atendió personalmente a ese pedido, pero sin ordenarlo a los Obispos. Promulgó el Dogma de la Asunción y tuvo cuatro visiones del milagro del sol en los Jardines Vaticanos, pero su consagración de Rusia fue incompleta.
Mientras tanto, el Tercer Secreto del Mensaje de Fátima había sido llevado al Vaticano para ser conocido en 1960. Pío XII murió en 1958, parece, sin conocerlo; Juan XXIII leyó el Secreto, pero debe de haberlo considerado por demás inverosímil o nocivo a sus proyectos conciliares porque mandó archivarlo. Más tarde inauguraría el Concilio Vaticano II diciendo querer apartarse de los profetas de desgracias. Paulo VI continuó y concluyó ese concilio, cuya respuesta a Fátima veremos enseguida.
Este Papa fue a Fátima en 1967 (50 años de las Apariciones), después de haber ido a la ONU, pero les habló de justicia y paz sin mencionar los medios ofrecidos por Nuestra Señora de Fátima para obtenerlas. Fue el Papa que adaptó la Santa Misa a los protestantes, que transfirió la libertad de la Iglesia a las conciencias de los ciudadanos del mundo y, la Tiara, símbolo de la soberanía de Cristo Rey, a los pobres. No escondió que ponía toda su esperanza de paz en la ONU y murió angustiado por el aumento de las matanzas y terrorismos.
Veamos ahora cómo el Concilio de los Papas Juan y Pablo se comportó en relación a Nuestra Señora de Fátima. Había en este sentido cuatro grandes cuestiones: —Las Apariciones venían a evidenciar la verdad siempre acreditada por la Iglesia, acerca de la Mediación de María Santísima. Este era el asunto de un esquema especial preparado sobre Nuestra Señora; —Los Novísimos se tornaban una prioridad pastoral para nuestra época incrédula e indiferente y habían sido recoedados con fuerza en Fátima, por la visión del infierno a los pastorcitos; —El mayor mal de nuestra época es el comunismo "intrínsecamente perverso" que multiplica sus opresiones y persecuciones. Es el gran error esparcido por Rusia, como había avisado Nuestra Señora de Fátima; —La gran promesa y única salida para esos errores impuestos por una potencia militar sin precedentes históricos fue ofrecida en Fátima a través del pedido de la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María hecha por el Papa junto con todos los Obispos católicos.  El Concilio era la ocasión ideal.
Estas cuestiones fueron recordadas también por centenares de Padres Conciliares, lo que agrava todavía más la sistemática censura que recibieron del principio al fin del Concilio. Veamos. Ya desde el comienzo, se levantó la oposición de las fuerzas neo-ecumenistas a todo lo que recordase a la Madre de Dios que los Protestantes no aceptan. —El esquema especial fue reprobado y fundido con el esquema sobre la Iglesia, evitando tratar acerca de la Mediación de María;[1] —El recuerdo de los Novísimos: Muerte, Juicio, Infierno y Gloria, debe de haber sido considerado por demás infantil para ser repetido en sede tan alta, porque en los documentos conciliares poco o nada se habla de eso, pero especialmente del Infierno, que Nuestra Señora quiso hacer recordar por la Iglesia con las Apariciones de Fátima; —Sobre el comunismo, se supo después que había un veto implícito de discutirlo y, más todavía, de condenarlo, resultado de un compromiso para obtener la presencia de los representantes del Patriarcado de Moscú que, desde hacía mucho, era una "filial religiosa" del gobierno soviético; —Está claro que en esas circunstancias la Consagración pedida era irrealizable. El Mensaje ya había sido dejado de lado y puesto en un cajón antes, mostrando que el espíritu del Concilio es antagónico al espíritu de Fátima, a pesar de todos los engaños y apariencias.
Cuando después se analizaron mejor los documentos de ese Concilio antimariano, quedó clara la acción de un espíritu herético y cismático que estaba contra Fátima como estaba contra la misma doctrina católica. La gravedad del hecho se mostró enteramente por los frutos conciliares que llevaron a la inexorable autodemolición de la Iglesia.
—"Las cosas más espantosas y extrañas sucederán en este siglo —los profetas profetizaban la mentira y los sacerdotes aplaudían con sus manos; y los católicos simpatizaron con esas cosas...". Se completaba el cuadro monstruoso que vivimos: El mundo poseído por una potencia atea, por los poderes masónicos y panteístas, por la Sinagoga anticristiana y por el Islam antitrinitario y todos en contubernio con la Babilonia conciliar. He aquí la dimensión del aviso de Fátima que no supimos ver.
Al fin, el triunfo de María
En la miopía espiritual que envuelve a multitudes de católicos, parece imposible ver que el Acontecimiento de Fátima, que ya demostró su dimensión en la historia de la Iglesia, está apenas en el principio. Las palabras del profeta Daniel, cuando habla de la piedra que se desprende del monte sin intervención de manos humanas y va a abatir al coloso que domina sobre los pueblos, deben parecer inverosímiles hoy, como la conversión del Imperio Romano al Cristianismo debería parecer a los paganos en el tiempo de Constantino. Y con todo, el designio de triunfo del Reino de Dios no sólo fue como es, una realidad viva en la Historia, sino que es la razón misma de la historia de los hombres.
Es la Fe que ilumina esta verdad repetida en el Mensaje de Nuestra Señora de Fátima.   Pero la verdad se sustenta por sí sola, igualmente sin nuestros sentimientos y devociones. Vamos entonces a preparar un razonamiento sobre la situación presente, para que consideremos mejor lo que los católicos deben pensar, esperar y hacer en relación al mundo, en el momento actual.
La gravedad de la degeneración moral y cultural presente se revela por el desorden, la discordia y la destrucción del ambiente, que nunca fue tan global e insoluble porque los hombres nunca estuvieron tan armados y equipados para la autodestrucción y tan indiferentes o desviados de los valores vitales que sólo la Religión puede dar. De hecho, el meollo de todo problema humano es de orden religioso. Y cuando predomina el desamor por la verdad, se instaura la operación del error que hace que los indiferentes a la verdad crean en la mentira y se complazcan en la iniquidad.
Esa decadencia religiosa lleva al estancamiento final de que habló Nuestro Señor: "Y por la multiplicación de la iniquidad se enfrió la caridad en muchos." Ahora, como sólo la caridad en la verdad puede vencer la iniquidad, cuando falta no hay más salida humana posible. En otras palabras, cuando la sociedad está en crisis moral, sólo la caridad de la Iglesia puede ayudarla, pero si ésta se enfrió, no hay más recursos en la tierra. En el diálogo con el mundo, muchos pastores hoy llegan a justificar sus males y errores.
Esto quedó claro ante el Mensaje de Fátima, donde Nuestra Señora había hablado de los errores esparcidos por Rusia, o sea, del ateísmo y del comunismo soviéticos, que ya habían sido acusados y condenados por la Iglesia antes del Concilio como doctrinas intrínsecamente perversas con las que cualquier forma de cooperación era imposible. Si esos males avanzan en el mundo sin la resistencia de la Fe y de la Caridad, ¿no pueden destruirlo?
Con esas consideraciones, podemos decir que la situación presente es de una gravedad sin precedentes históricos, sea por las dimensiones de los males que amenazan a los hombres, sea por la carencia de las defensas reales de que disponemos. Pero, ¿no es justamente esto lo que fue profetizado por Nuestra Señora de Fátima? ¿Y no fue justamente por esto que nos fueron ofrecidos medios sobrenaturales imprescindibles para salir de ese espantoso estancamiento?
Volvamos a la profecía de los males presentes, dada el día 13 de julio de 1917, después que la Madre de Dios mostró el Infierno a los tres niños para acentuar la gravedad de Sus palabras: "Si hicieren lo que Yo voy a deciros, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar, pero si no dejan de ofender a Dios... [El] va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Padre Santo." Notemos en par­ticular: el condicional "si" [repetido más de tres veces]; el castigo del mundo por medio... de persecuciones a la Iglesia y al Padre Santo.
El condicional configura ahí la única salida, que no hace más que confirmar el análisis de la situación objetiva presente, sin mencionar el hecho de que esa ayuda celeste ha sido necesaria y ha entrado en los designios de Dios, tornándola única y suprema. Negarlo sería considerar los consejos divinos como superfluos, coyunturales o mutables. Porque no se supo leer y atender el Mensaje, estalló la Segunda Guerra y Rusia esparció sin obstáculos sus errores por el mundo, como fuera profetizado.
En cuanto al castigo del mundo por medio de persecuciones a la Iglesia y al Papado, sólo puede ser comprendido a la luz de la realidad arriba descrita: esto es, en la doctrina católica y en el testimonio valiente de la verdad por parte del Papa y de los Fieles consagrados están las únicas barreras verdaderas a los males que destruyen las sociedades humanas. Faltando éstas debido a una persecución destructora externa o, peor todavía, interna, los errores y los males avanzarán en el mundo hasta destruirlo. Atacando la verdad, el mundo perece por la mentira. Y con esto tenemos también la confirmación de que los últimos recursos no están más en este mundo.
Pasemos entonces a lo que debemos esperar y hacer para que esa tragedia cese.
Los católicos saben que las puertas del Infierno no prevalecerán Jamás sobre la Iglesia, a pesar del estado decadente de sus miembros jefes, pues Ella fue ordenada por Dios para salvación de los hombres y para testimonio perenne de Su gloria. Pero saben también que serán puestos a prueba, a fin de que la fe, la esperanza y la caridad se libren de todo vínculo de voluntades humanas y busquen solamente hacer la voluntad de Dios.
El auge de esa prueba fue para el Pueblo elegido el dominio extranjero de Jerusalén y la destrucción del Templo. En la reedificación de éste y en la victoria final, cuando todo parecía humanamente perdido, se manifestó para todo el mundo la gloria del Dios de los ejércitos. No será diferente hoy para la Iglesia. Sus victorias no dependen de los hombres, sino del cumplimiento, por parte de éstos, de los designios victoriosos del Salvador.
He aquí, entonces, que la aparente destrucción de la Iglesia por parte de su propia Jerarquía y Clero entra ciertamente en los insondables consejos divinos manifestados en este siglo, en Fátima. Nuestra Señora dijo, el 13 de julio de 1917: "Al fin mi Corazón Inmaculado triunfará. El Padre Santo Me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz." Y "al fin" evidencia un largo vacío.
Años más tarde, cuando el Mensaje de Fátima continuaba ignorado, el Divino Maestro manifestaba nuevamente Su voluntad a la vidente Lucía, diciendo: "Quiero que toda Mi Iglesia reconozca esa consagración como un triunfo del Corazón Inmaculado de María, para después extender Su culto e introducir, al lado de la devoción de Mi Divino Corazón, la devoción de este Inmaculado Corazón."
Como se ve, el triunfo no consiste en la conversión de Rusia, sino que ésta es la consecuencia de algo que la determina, la consagración, y el reconocimiento del poder de ésta es la condición puesta por la voluntad divina para conceder todo lo demás. Con esto queda claro que el triunfo del Inmaculado Corazón está en una conversión anterior a la de Rusia y que tornará ésta posible por la consagración. ¿Cuál sino la reconversión de la propia Iglesia a la Fe íntegra y pura que puede mover montañas y convertir una potencia atea?
Sabemos que esa consagración ya fue intentada, desde 1942, con Pío XII. Pero, o faltó la mención explícita de Rusia o la participación de todos los Obispos católicos.
No se cumplió el pedido de la Santísima Virgen, y esta situación hizo que la situación de la Fe a la cual debería ser convertida Rusia empeoró con el nefasto ecumenismo conciliar. Y aún así el recurso ofrecido continúa lo mismo: es el primero y será el último. ¿Cómo hacer para recordarlo y testimoniar el poder único de la consagración delante del mundo?
También para esto nos fue dado un medio por el Mensaje de Fátima. Es el Tercer Secreto que está oculto en el Vaticano[2], de cuya existencia se sabe en toda la Tierra. Ese texto es misterioso sólo en los términos, pues tanto por el orden en que está colocado en el Mensaje, después de las palabras "el Dogma de la fe", como por el hecho de haber sido omitido justamente en vísperas del Concilio Vaticano II, como por la devastación eclesial que se desencadenó justamente a partir de los años 60, cuando debería haber venido a la luz, podemos tener la certeza moral de que habla de la persecución interna de la Iglesia, por obra de autoridades decaídas en la Fe. Este es el mayor castigo del mundo.
El acontecimiento de Fátima mostró desde el comienzo su sello divino por el milagro del sol. Lo mismo el Mensaje, por la realización de la profecía sobre los males del mundo actual. Esto, sin embargo, no bastó para un mundo incrédulo y una Religión enfriada. He aquí que el último recurso está en el Secreto que, como un testamento reservado para el fin, mostrará todavía la profecía sobre la devastación religiosa que se operó ignorando Fátima y hará luz sobre todos los desvíos y errores que traspasaron el Corazón de María y de la Iglesia, "para que fuesen develadas las intrigas que muchos disimulaban en sus ánimos".
Debemos, pues, recurrir a Dios para que revele plenamente el Mensaje salvador. Y no puede haber medio mejor para hacerlo que por la Santa Misa, en el venerable Rito en uso en los días de las Apariciones. El reconocimiento y amor por la Señal de la voluntad divina es el comienzo de toda obra de caridad, que sólo así volverá a ser ardiente.
Conmemoremos entonces los setenta años (NDB Ahora 100) del Acontecimiento de Fátima en reparación por la ingratitud con que fue recibido y pidiendo con fuerza que sea plenamente conocido y difundido para la salvación de muchos hombres y para mayor gloria de Dios.

Fuente: Revista "Roma" N° 99, Pg. 8