viernes, 19 de mayo de 2017

LO QUE EL COMUNISMO NOS DEPARA: CARD. MINDSZENTY




 QUERIDO LECTOR

  Actualmente existen en el mundo muchos “casos Mindszenty”, fieles discípulos de Cristo hoy día que a pesar de las múltiples dificultades por las que atraviesan, no renuncian a su fe en Cristo Jesús.
  Inquebrantable, íntimamente convencido de la fuerza moral de su postura, Mindszenty nos ofrece en estas MEMORIAS uno de los testimonios más apasionantes de la Historia de este siglo.

  …mis memorias dirán la verdad. Es la primera vez que rompo el silencio después de muchas décadas. El lector puede preguntarse si lo cuento todo. Mi respuesta es la siguiente: explicaré todo y sólo guardaré silencio cuando así lo exijan la dignidad y el honor, tanto en el aspecto meramente humano como en el sacerdotal. No hablo, empero, para sacar provecho de mis dolores y mis heridas. Publico todo esto para que el mundo conozca el destino que el comunismo les prepara. Quiero mostrar tan sólo que no respeta la dignidad del hombre y sólo deseo describir mi propia cruz para que las miradas del  mundo se dirijan sobre la cruz de Hungría y su Iglesia.

  .. el sacerdocio me proporcionaba profunda dicha. Muchos fieles acudían al confesionario y la Misa. Especial dicha eran para mí aquellos casos en que conseguía reavivar la fe en quienes parecían apartados, y sin esperanza de remisión, de Dios y la Iglesia.

  Mis adversarios estaban al acecho. Se me consideraba enemigo del gobierno.

  En  marzo de 1919 los comunistas tomaron el poder e implantaron la dictadura del proletariado.
  ¡Queda usted detenido! En la capital reinaba el terror.
  A primeros de agosto de 1919 y tras la caída de la dictadura del proletariado regresé a Zalaegerszeg. El 1 de octubre el obispo diocesano me honró con la parroquia de Zalaegerszeg.

  … estaba decidido a luchar con la palabra y con la pluma contra los adversarios de la Iglesia y apoyar  a todos los políticos cristianos mediante instrucciones claras y decisivas que daba a mis fieles. Pero por lo que a mi persona respecta, quería seguir siendo un simple pastor de almas. Para mí, la política era un ejercicio quizá necesario de vez en cuando en la vida de un alma, pero sólo en la medida de que la política podía derribar los altares y amenazar a las almas inmortales.

  El 4 de marzo de 1944, el Santo Padre me nombró obispo diocesano de Veszprém.
  Al  despedirme de  Zalaegerszeg pronuncié en la iglesia parroquial el siguiente sermón:

  “Mis queridos fieles:
  … la conciencia de que tengo que despedirme de vosotros me llena de dolor. Hace 27 años llegó un joven sacerdote para dar clases a los alumnos, bajé del tren con la preocupación de si estaría preparado para aquella tarea. Durante tan dilatado tiempo he cumplido todo cuanto la Iglesia carga sobre la espalda de un sacerdote: he difundido la voz de Dios, he celebrado la Santa Misa y he administrado los sacramentos.

  … entre católicos no puede haber divisiones. No ha habido nadie por cuya absolución haya dejado de rogar en mi confesionario, no hay familia a la que no haya conocido, no hay criatura a la que no haya mirado a los ojos y no ha habido dolor familiar que no haya procurado mitigar.

  Y ahora voy a rogaros una cosa: ocurra lo que ocurra, no creaís nunca que el sacerdote puede ser enemigo de sus fieles. El sacerdote pertenece a cada familia y él a su vez pertenece a la gran familia unida de sus fieles. He intentado servir, en el sentido de Nuestro Señor Jesucristo, a los humanos de todas las clases y posiciones. Si he cometido algún error, ruego que me perdonéis en el nombre del Señor. Si he podido molestar a alguien, lo he hecho a causa de la apasionada preocupación por aquello que me parece bueno para vosotros. Si he exagerado o extremado en algo la nota, ha estado siempre presidido por la buena fe. Aquellos que buscan a Dios cometen también errores por exceso de celo…”

  El 29 de marzo de 1944, fecha de mi 52 cumpleaños llegué a Veszprém. Los nazis habían ocupado Hungría. Reinaba la inquietud y la inseguridad. Rechacé todas las solemnidades y entré silencioso y casi inadvertido. (continuará)