domingo, 7 de mayo de 2017

JUICIO PARTICULAR




 Petición: Santo temor de Dios.
 Punto 1   ¿QUIÉN ES EL QUE JUZGA?

  Cristo Dios y hombre, Juez del género humano, que, como sapientísimo, conoce todos los actos de mi vida.
  Como justísimo, viene a premiar o castigar conforme a los méritos de cada uno.
  Como poderosísimo, tiene autoridad para dar la sentencia definitiva.
  Es, además, Juez inapelable, incorruptible.

Punto  2   ¿A QUIÉN JUZGA?
  Al hombre en cuanto cristiano, sacerdote, religioso, investido de este o aquel oficio, deudor de innumerables beneficios divinos.

Punto 3   ¿DE QUÉ JUZGA?
  De toda la vida, pensamientos, palabras, obras, omisiones, gracias recibidas.
  ¿Quién podrá calcular los millón
es de actos de nuestra vida? Todos, uno por uno, desfilarán ante nuestros ojos con la misma evidencia abrumadora que si fuera uno solo, iluminado por la claridad del juicio de Dios.

Punto 4   ¿CÓMO JUZGA?
  Con una iluminación sobrenatural instantánea, pero clarísima y justísima de toda nuestra vida; desde el primer acto responsable hasta el último de nuestra muerte.
  Con esa luz se verán nuestras acciones, sus consecuencias, sus circunstancias que ahora no vemos. Las palabras de mala intención, los pensamientos en que tuvimos alguna culpa.
  ¿Qué nos parecerán entonces los pecados veniales?
  No podremos excusarnos con nuestra ignorancia, pues debimos no tenerla.
  Ni en nuestra inconsideración, pues nuestro primer deber es pensar en Dios y en nuestra alma.
  Ni con el ambiente que nos rodeó, pues estábamos obligados a huir de él o a precaver sus influencias.

 Punto 5    SENTENCIA
   En el mismo instante de morir somos juzgados.
  ¡Qué horror si caemos en las manos de Dios vivo para condenarnos!
  Mas qué consolación escuchar: Ven, siervo bueno y fiel; entra en el gozo de tu Señor. Ningún mérito, ni obra buena, ni sacrificio, aun el más pequeño, quedará sin premio.
  Seamos rigurosos con nosotros mismos para que Dios no lo sea entonces con nosotros.
  Lo que nosotros ahora nos castiguemos por nuestras culpas, no se castigará después.
  “Señor, no quieras juzgarme según mis obras; nada digno hice en tu presencia; suplico, por tanto, a tu Majestad que borres mi iniquidad.
Ignacianas
Meditaciones según los métodos diversos
De San Ignacio de Loyola
Angel Alaya, S.J.