miércoles, 11 de marzo de 2015

MEDITACIONES: Lunes tercero de Cuaresma



Meditación
Por el P. Alonso de Andrade
De la doctrina del Evangelio
   Estando  Cristo en su patria entró en la sinagoga y leyó un capítulo de Isaías profeta, que hablaba de su venida, y le declaró a los presentes los cuales indignados de oírle, le echaron con violencia de ella, y sacándole fuera de la ciudad, le quisieron despeñar de un monte abajo, mas pasando por en medio de ellos salió libre de sus manos.
   Punto I.- Considera cuánta verdad es lo que dice Cristo, que en todas partes es oído y hace provecho el profeta, si no es en su patria, pues el mismo Cristo que le hizo tan grande en todas no le hizo entre los suyos. No te ciegue el amor de los parientes, ni el celo de los amigos, sino retírate de ellos y cree que en ninguna parte aprovechará menos que entre ellos, y que para tu aprovechamiento y el de tus prójimos te conviene el retiro de todo lo que es carne y sangre como lo enseña Cristo.
   Punto II.- Considera aquella sentencia del Salvador, que dice: médico, cúrate a ti mismo. ¡Oh qué grande engaño es curar a los otros y no a ti mismo! Echar agua en la casa ajena estándose quemando la propia. Toma el consejo del Salvador y pon la mano en tu pecho y mira tus llagas y cuida de curarlas y deja las ajenas, pues tu salud es la primera y la que debes procurar ante todas las cosas.
   Punto III.- Considera la ira que engendró la doctrina de Cristo Señor nuestro en los corazones de los fariseos, porque en los de los buenos engendra devoción y santos deseos, y en los de los malos ira, envidia y obstinación por su malicia; atiende a lo que pasa por ti y considera qué efectos causa en tu corazón la palabra del Señor, y cuántas has oído y qué frutos has sacado de ellas, y llora las pérdidas pasadas, y pídele con humildad, que tenga en ti su divina palabra los efectos que pretende el que la dice y los que tiene en los corazones de los buenos.

   Punto IV.- Considera el poder infinito de Cristo Redentor y Señor nuestro junto con su paciencia y mansedumbre; pues por una parte se dejó atropellar y maltratar, echándole a empellones de la sinagoga, y llevándole a la cumbre del monte para despeñarle; y por otra se libró de sus manos solo con su voluntad, pasando por en medio de ellos; aprende mansedumbre y paciencia en las contrariedades que padecieres y grande confianza en el poder infinito de Dios que te librará de todos con suma facilidad, como libró en esta ocasión a su Santísimo Hijo, reservándole de la muerte que pretendieron darle sus enemigos.