sábado, 7 de marzo de 2015

MEDITACIONES: Jueves tercero de Cuaresma


Meditación
Por el P. Alonso de Andrade

Del rico avariento y Lázaro pobre

   Dice Cristo que hubo un hombre rico, a cuyas puertas estaba un pobre Lázaro lleno de llagas, deseando las migajas que sobraban en la opulenta mesa del rico. Murió este y fue sepultado en el infierno, y Lázaro fue llevado en palmas de ángeles al seno de Abraham, a donde viéndole el rico, pidió que le diese una gota de agua para refrigerar su tormento, y no le fue concedida, etc.

   Punto I.- Contempla cómo Cristo carea al rico y al pobre, la vida del uno a vista de la del otro, y el fin tan diferente que tuvieron; para declararnos lo que pasa en la farsa de este mundo y en la retribución del otro. Cómo los pecadores pasan aquí en gustos y delicias el tiempo de su vida, que es un soplo, y bajan en un punto al infierno; y los justos pasan en pobreza, mortificación y penitencia, y suben en manos de ángeles al cielo. Contempla despacio cómo pasa esta comedia, cuán pronto termina y cómo todo es como un sueño, y un engaño aparente sin verdad, sin ser y sin sustancia; y qué ceguedad es, por hacer este o aquel papel, perder los  bienes eternos, y da de mano a todo lo perecedero, por lograr lo verdadero que nunca se acaba.

   Punto II.- Considera la vida del rico y la del pobre, y el papel que hace cada uno en esta comedia. Al rico no le nombra Cristo y al pobre sí; porque aunque los poderosos tienen grande nombre en el mundo y los pobres ninguno, pero en el acatamiento de Dios se truecan las manos, y el pobre es muy nombrado y conocido, y el rico como si no fuera; porque cada uno es apreciado conforme a sus merecimientos y no conforme a sus riquezas: mira qué aprecio tendrás tú en su presencia. Pondera que el rico vivió muy bien vestido y regalado; el pobre mendigo, enfermo, llagado y deseando las migajas que caían de la mesa del poderoso. Mira con cuán poco se contentaba, y no podía alcanzarlo; el rico era muy estimado de todos, y el pobre por el contrario despreciado; de esta manera pasaron el curso de esta vida mientras duró esta comedia, y en acabándose se acabó la grandeza del uno y la miseria del otro, y se trocaron las suertes; el rico y regalado quedó pobre, miserable y en eternos tormentos, y el pobre rico y glorioso en felicidad eterna. De esta manera pasa la farsa de esta vida. Abre los ojos al desengaño, y mira a  cuál de los dos quieres seguir.

   Punto III.- Después de considerada la vida del uno y la del otro, considera su muerte, y mira cómo al mendigo Lázaro le asistieron  los ángeles confortándole en aquel tránsito, y no le dejaron hasta colocarle en el seno de Abraham; y al rico le asistieron los demonios, y no le dejaron hasta sepultarle en el infierno. Contempla cómo al uno y al otro  los desnudaron al salir de este mundo de sus ropas y de todo cuanto tenían; al pobre le quitaron la mendiguez, las llagas y la pobreza que padecía, y le vistieron de gloria, enriqueciéndole opulentísimamente, y al rico le quitaron los vestidos, los regalos, los bienes temporales, los criados y las cosas, y le dejaron en suma pobreza. Contempla cuál sería el gozo del uno y cuál el tormento del otro, pasando aquel de suma pobreza a suma opulencia, y este al contrario de suma riqueza a suma mendiguez. ¡Oh, cuán preciosa es la muerte de los justos a los ojos de Dios y qué despreciada la de los pecadores! Aquella está llena de dulzura y esta de amargura; aquella rica, esta pobre; aquella felicísima, esta infelicísima. Dadme Señor, que yo os sirva en esta vida en pobreza, paciencia y humildad, para que merezca morir la muerte de los justos y no la de los pecadores!


   Punto IV.- Considera la gloria de Lázaro en el seno de Abraham, y ahora reinando en el cielo; y el tormento del rico padeciendo en el infierno; y cómo para mayor tormento le fue mostrado a Lázaro en su gloria, para que viese lo que había perdido por no apiadarse de él, y la felicidad que pudo comprar con las migajas de su mesa. Mira a Lázaro tan lleno de gozo, sin rastro de pena, ni deseo que no le fuese cumplido; y al rico por el contrario, en los fuegos del infierno, tan pobre y miserable, que no le fue concedida una gota de agua; porque ni a este se le ha de disminuir en una gota la gloria, ni a aquel el tormento. Considera la eternidad de su duración, y haz lo que quisieras haber hecho cuando mueras.